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Huawei supera la guerra tecnológica desatada por Estados Unidos

Desde 2019 Huawei se enfrenta a una ofensiva sin precedentes por parte de Estados Unidos. Con Trump el gigante chino de las telecomunicaciones fue incluido en la lista negra, negándole acceso a tecnologías estadounidenses cruciales. Luego Biden reforzó las medidas, bloqueando el acceso de Huawei a los chips avanzados de Intel y Qualcomm, esenciales para el desarrollo de la inteligencia artificial.

Esta guerra tecnológica, una extensión de una creciente rivalidad política entre Washington y Pekín, tenía como objetivo frenar el acceso de Huawei al mercado internacional.

Ante lo que parecía un golpe fatal, Huawei logró recuperarse espectacularmente. Como un fénix que resurge de las cenizas, la empresa supo transformar el bloqueo en una oportunidad. Su estrategia se estructura en torno a tres ejes principales: innovación forzosa, diversificación estratégica y retirada táctica a su mercado interno.

La innovación bajo restricciones se ha convertido en la fuerza impulsora del renacimiento de Huawei. Privada de sus socios tecnológicos estadounidenses, la empresa ha redoblado sus esfuerzos en investigación y desarrollo. Con una inversión faraónica de 23.000 millones de dólares el año pasado, Huawei ha ascendido al rango de privilegio mundial en investigación y desarrollo. Este enfoque les permitió desarrollar soluciones internas para reemplazar las tecnologías estadounidenses de las que se vio privado.

El ejemplo más llamativo de la capacidad de adaptación es el desarrollo del sistema operativo HarmonyOS. Ante la imposibilidad de utilizar Android, Huawei creó su propia plataforma en un tiempo récord. Hoy en día HarmonyOS tiene una importante cuota de mercado en China, rivalizando con el iOS de Apple en su propio territorio. Aunque la adopción sigue siendo limitada a escala mundial, el éxito local habla de la capacidad de la empresa para innovar bajo presión.

La diversificación empresarial también ha demostrado ser una estrategia ganadora para Huawei. La empresa ha redirigido inteligentemente sus recursos hacia sectores prometedores menos afectados por las sanciones. Se ha posicionado como un actor clave en la revolución de la movilidad inteligente, ofreciendo soluciones tecnológicas avanzadas a los fabricantes de automóviles chinos. Este enfoque le permite capitalizar su experiencia en telecomunicaciones e inteligencia artificial, evitando al mismo tiempo los obstáculos de la producción directa de vehículos.

Al mismo tiempo, Huawei ha reforzado su presencia en el campo de la computación en la nube y apuesta por el mercado de la transición energética. Estas nuevas direcciones permiten a la empresa diversificar sus fuentes de ingresos y reducir su dependencia del mercado de teléfonos inteligentes, particularmente afectado por las sanciones estadounidenses.

La retirada estratégica al mercado chino ha desempeñado un papel crucial en la supervivencia y el renacimiento de Huawei, que se ha convertido en el estandarte mismo del nacionalismo chino. La empresa ha aprovechado el agravio para consolidar su mercado.

El lanzamiento del Mate 60, equipado con un chip 5G de diseño chino ha marcado un punto de inflexión. Este teléfono inteligente se ha convertido en el emblema de la resistencia tecnológica frente a las presiones estadounidenses.

Este espectacular éxito no está exento de desafíos. La mayor dependencia del mercado chino y las persistentes dificultades internacionales plantean dudas sobre la sostenibilidad a largo plazo de esta estrategia. El bloqueo tecnológico de China en el mercado mundial, del que Huawei se ha convertido en símbolo, podría tener profundas repercusiones en la economía mundial.

La reactividad de Huawei frente a las sanciones occidentales es uno de las mejores muestras de fracaso e impotencia de los grandes frente a los emergentes. Huawei sigue navegando sobre aguas turbulentas. Deberá mantener su ritmo de innovación y al mismo tiempo intentar recuperar su lugar en el mercado internacional.

Pero la capacidad de adaptación que ha demostrado hasta ahora indica que no ha dicho su última palabra.

La burbuja de la inteligencia artificial

La inteligencia artificial no ha tardado mucho en decepcionar. Alucina mucho y aporta poco, aunque ha inflado una importante burbuja económica, e incluso ha puesto a ciertas empresas, como Nvidia, en la cresta de la ola.

Por primera vez las inversiones en inteligencia artificial han superado a los sectores que tradicionalmente acaparaban el dinero: medicina y la biotecnología. Aumentaron a 24.000 millones de dólares de abril a junio de este año, más del doble que el trimestre anterior. La financiación de las empresas emergentes aumentó un 16 por cien de forma secuencial para alcanzar los 79.000 millones de dólares en el último trimestre, impulsada principalmente por las inversiones en inteligencia artificial.

Es complicado descifrar ahora mismo qué parte de especulación hay en esta nueva tecnología, pero los comentarios de la prensa especializada son cada vez más negros porque hay mucho dinero invertido, dice Goldman Sachs, y las espectativas de recuperarlo se van desinflando.

Durante el año pasado Amazon, Meta, Microsoft y Alphabet invirtieron 357.000 millones de dólares en el desarrollo de la inteligencia artificial. Es casi una cuarta parte del índice S&P 500 en gasto de capital, una cantidad muy difícil de recuperar.

Si las inversiones no generan los beneficios previstos, la cotización bursátil de las grandes empresas tecnológicas podría empezar a caer.

SenseTime: la fiebre de la inteligencia artificial en China

En China ocurre otro tanto, con una empresa protagonista, SenseTime, fundada hace apenas una década. Su último modelo, el SenseNova 5.5, representa un salto tecnológico que compite directamente con la tecnología estadounidense, desafiando la supremacía de Silicon Valley.

En lugar de centrarse únicamente en el procesamiento del lenguaje, SenseTime ha desarrollado un ecosistema integral de herramientas y tecnologías, una estrategia que recuerda al enfoque adoptado por Huawei o Xiaomi, con el objetivo de ofrecer una experiencia integral.

El modelo SenseNova 5.5 destaca por su carácter multimodal, capaz de analizar e integrar simultáneamente texto, imágenes y vídeos. Esta versatilidad le permite adaptarse a multitud de tareas complejas, que van desde la optimización financiera hasta la mejora del rendimiento agrícola. Intenta armonizar diferentes fuentes de información para producir resultados coherentes e innovadores.

El impacto de SenseTime se extiende mucho más allá de las fronteras de China. Con una cartera de más de 3.000 clientes institucionales y empresariales que utilizan sus tecnologías en campos tan variados como la salud, las finanzas y el turismo, la empresa se está consolidando como un protagonista del mercado.

Su rápida expansión redefine los cánones de la industria. Al ofrecer su modelo a un precio inmejorable, la empresa allana el camino para la adopción masiva de inteligencia artificial en el “internet de las cosas”, haciendo que esta tecnología sea ubicua y accesible.

El surgimiento de SenseTime es un serio competidor de los gigantes estadounidenses. Demuestra que China ya no es simplemente un seguidor, sino un verdadero innovador capaz de competir con las mejores tecnologías estadounidenses.

La OTAN busca una alternativa a internet por si acaso cortan los cables submarinos

La OTAN financia el Proyecto Heist para encontrar vías alternativas de acceso a internet en caso de ataques a las comunicaciones submarinas europeas, dice la agencia Bloomberg.

La voladura del gasoducto Nord Stream ha sentado un precedente para las demás instalaciones submarinas. El programa de la OTAN ha subvencionado con 433.000 dólares para estudiar la manera de seguir transmitiendo datos sin interrupción desde los cables submarinos a los sistemas de satélite en caso de ataques o catástrofes naturales.

El proyecto lo desarrollan científicos de Islandia, Estados Unidos, Suecia y Suiza y está dotado con un total de 2,5 millones de dólares.

El director de Heist confirmó que el proyecto había sido aprobado recientemente e indicó que su ejecución comenzaría en breve.

El 16 de abril, Didier Malter, vicealmirante del Mando Naval Conjunto de la OTAN, declaró que la red de comunicaciones submarinas de la que depende la seguridad europea era extremadamente vulnerable. Señaló que la Alianza debía protegerse y hacer un uso estable de las infraestructuras submarinas vitales.

El 99 por cien del tráfico digital circula por cables submarinos no más anchos que una mangueras de regadío, que a veces se encuentran en el fondo del mar, a más de diez kilómetros de profundidad.

Son propiedad privada de grandes monopolios, aunque están estrechamente vigilados por los ejércitos de las grandes potencias, que aprovechan la ocasión para interceptar los mensajes que circulan por ellos.

En 2014 Snowden fue el primero en revelar que la Agencia de Seguridad Nacional interviene masivamente los datos que circulan por los cables. Un antiguo miembro de la DGSE francesa confirmó que desde 2007-2008 también ellos vigilan muy de cerca los mensajes de los cables.

En total hay casi 500 cables que atraviesan los mares del planeta, con dos vías principales: bajo el Atlántico, entre Europa y Norteamérica, y bajo el Pacífico sur, entre el Sudeste Asiático y Estados Unidos.

El mapa de cabales se puede ver en la web Submarine Cable Map.

La carrera de Silicon Valley hacia la guerra robótica

Las empresas de capital de riesgo y las nuevas empresas militares de Silicon Valley han comenzado a vender una versión de guerra automática con inteligencia artificial. Esas empresas se lanzan ahora de lleno a la nueva tecnología, descartando en gran medida el riesgo de fallos de funcionamiento que podrían conducir a la masacre de civiles en el futuro, por no hablar de la posibilidad de peligrosos escenarios de escalada entre las principales potencias militares. Las razones de esta precipitada carrera incluyen una fe equivocada en las “armas milagrosas”, pero, sobre todo, la ola de apoyo a las nuevas tecnologías militares está impulsada por la lógica última del complejo militar-industrial: enormes sumas de dinero para ganar.

Si algunos soldados y miembros del Pentágono están realmente preocupados por los riesgos futuros relacionados con el armamento de inteligencia artificial, los cabecillas del Departamento de Defensa están completamente de acuerdo. Su contundente compromiso con las nuevas tecnologías se reveló por primera vez al mundo en un discurso pronunciado en agosto de 2023 por la subsecretaria de Defensa Kathleen Hicks ante la Asociación Industrial de Defensa Nacional, el grupo comercial de la industria armamentista más grande del país. Aprovechó la oportunidad para anunciar lo que llamó la “Iniciativa Replicante”, un proyecto mundial para crear “un nuevo estado de la tecnología, tal como lo ha hecho antes Estados Unidos, aprovechando sistemas robustos y autónomos en todas las áreas, que son menos costosos, que ponen a menos personas en la zona de fuego y que pueden modificarse, actualizarse o mejorarse en un período de tiempo mucho más corto”.

Hicks se apresuró a señalar la razón principal de tal carrera hacia la guerra robótica: adelantar e intimidar a China. “Debemos asegurarnos de que los dirigentes de la República Popular China se despierten todos los días para considerar los riesgos de agresión y concluir que ahora no es el momento, y no sólo hoy, sino todos los días, para 2027, 2035, 2049 y más allá”, dijo.

La confianza de Hick en la capacidad del Pentágono y los fabricantes de armas estadounidenses para librar futuras tecnoguerras ha sido reforzada por un grupo de militaristas de la nueva era en Silicon Valley y más allá, encabezados por directivos de empresas como Peter Thiel, asesor de Trump, de Palantir, Palmer Luckey de Anduril, empresa de tecnología de defensa creada en 2017 en relación con Palantir y con SpaceX de Elon Musk, y capitalistas de riesgo como Marc Andreessen de Andreessen Horowitz, fundada en 2009 por Marc Andreessen y Ben Horowitz.

¿Patriotas o especuladores?

Las empresas que promueven una nueva forma de hacer la guerra también se ven a sí mismas como una nueva generación de patriotas, preparados y capaces de afrontar con éxito los desafíos militares del futuro. El largo manifiesto “Reiniciar el arsenal de la democracia”, publicado en el blog de Anduril, es un buen ejemplo. Pregona la superioridad de las nuevas empresas de Silicon Valley sobre los gigantes militares-industriales de la vieja escuela, como Lockheed Martin, a la hora de proporcionar la tecnología necesaria para ganar las guerras del futuro:

“Las empresas de defensa más grandes están formadas por patriotas que, sin embargo, no tienen experiencia en informática ni en el modelo de negocio para construir la tecnología que necesitamos […] Esas empresas construyeron las herramientas que nos han mantenido seguros en el pasado, pero no son el futuro de la defensa”.

A diferencia del enfoque industrial que critican, Palmer Luckey y sus compatriotas en Anduril buscan desarrollar y vender armas de una manera completamente nueva: “La informática cambiará la forma en que se libra la guerra. El campo de batalla del futuro estará lleno de sistemas no tripulados con inteligencia artificial que luchan, recopilan datos de reconocimiento y se comunican a velocidades impresionantes”.

A primera vista, Palmer Luckey parece un candidato totalmente improbable para haber llegado tan alto en las filas de los ejecutivos de la industria armamentística. Hizo su fortuna creando el dispositivo de realidad virtual Oculus, una novedad que los usuarios pueden colocar en su cabeza para experimentar una variedad de escenas en 3D (con la sensación de estar inmersos en ellas). Sus gustos en cuanto a vestimenta van desde sandalias y camisas hawaianas, pero ahora se ha trasladado por completo al ámbito militar. En 2017 fundó Anduril, en parte con el apoyo de Peter Thiel y su empresa de inversión, Founders Fund. Anduril actualmente fabrica drones autónomos, sistemas automatizados de comando y control y otros dispositivos destinados a aumentar la velocidad a la que el personal militar puede identificar y destruir objetivos.

Peter Thiel, mentor de Palmer Luckey, ilustra la diferencia entre los cabecillas de las nuevas empresas armamentistas y los titanes de la era de la Guerra Fría. Hubo un tiempo en que los ejecutivos de importantes fabricantes de armas como Lockheed Martin trabajaron para mantener buenas relaciones con demócratas y republicanos, haciendo contribuciones sustanciales a las campañas electorales de ambos partidos y sus candidatos, y contratando cabilderos con conexiones en ambos campos. La lógica de este enfoque no podría haber sido más clara en ese momento. Querían cimentar un consenso bipartidista a favor de un gasto cada vez mayor en el Pentágono, una de las pocas cosas en las que estuvieron de acuerdo la mayoría de los miembros clave de ambos partidos.

Las empresas emergentes de Silicon Valley y sus representantes también son mucho más virulentas en sus críticas a China. Son los más fríos (¿o debería decir los más calientes?) de los nuevos guerreros fríos de Washington, y emplean una retórica más dura que la del Pentágono o las grandes empresas. En contraste, las grandes empresas normalmente ocultan sus críticas a China y su apoyo a las guerras mundiales que han ayudado a inflar sus ganancias a través de equipos de análisis que han financiado con decenas de millones de dólares al año.

La principal empresa de Peter Thiel, Palantir, también ha sido criticada por proporcionar sistemas que permitieron a la ICE, la policía de emigración y aduanas, llevar a cabo operaciones de control fronterizo de mano dura e implementar una “vigilancia policial predictiva”. Esto último implica la recopilación de enormes cantidades de datos personales, sin autorización, sobre la base de algoritmos con prejuicios raciales incorporados que conducen a la selección y el tratamiento injustos y sistemáticos de las personas de color.

Acortar la ‘cadena de la muerte’

Para comprender plenamente cómo los militaristas de Silicon Valley imaginan la guerra de próxima generación, es necesario consultar el trabajo de Christian Brose, director de estrategia de Palantir. Es un innovador militar desde hace mucho tiempo y exasesor del fallecido senador John McCain. Su libro (“Kill Chain: Defending America in the Future of High-Tech Warfare”) es una especie de biblia para los partidarios de la guerra automática. Su tesis principal es que el ganador de una pelea es aquel que puede acortar de manera más efectiva la “cadena de la muerte” (el tiempo entre la identificación y la destrucción de un objetivo). Su libro supone que el adversario más probable en la próxima guerra tecnológica será China. Para ello infla la fuerza militar de Pekín, al tiempo que exagera sus ambiciones militares e insiste en que superar a ese país en el desarrollo de nuevas tecnologías militares es el único camino hacia una victoria futura.

La propuesta de Brose de acortar la “cadena de la muerte” conlleva inmensos riesgos. A medida que disminuye el tiempo necesario para decidir las acciones a tomar, la tentación de sacar a los humanos “fuera del circuito” no hará más que aumentar, dejando las decisiones de vida o muerte en manos de máquinas vulnerables a un mal funcionamiento catastrófico, inherente a cualquier aplicación informática compleja.

Gran parte de las críticas de Brose al complejo militar-industrial actual son ciertas. Unas pocas grandes empresas se están enriqueciendo fabricando plataformas de armas gigantescas y cada vez más vulnerables, como portaaviones y tanques, mientras el Pentágono gasta miles de millones en una vasta y costosa red de bases militares que podrían ser reemplazadas por un establecimiento militar mucho más pequeño y más disperso. Desafortunadamente, esta visión alternativa plantea más problemas de los que resuelve.

En primer lugar, no hay garantía de que las aplicaciones informáticas promovidas por Silicon Valley funcionen como se anuncia. Hay una larga historia de “armas maravillosas” fallidas, desde el campo de batalla electrónico en Vietnam, hasta el desastroso escudo antimisiles en la Guerra de las Galaxias del presidente Ronald Reagan. Incluso cuando la capacidad de encontrar y destruir objetivos más rápidamente ha mejorado, guerras como las de Irak y Afganistán, libradas utilizando estas mismas tecnologías, han sido fracasos estrepitosos.

Según una investigación reciente del Wall Street Journal, “los drones estadounidenses no lograron cambiar el rumbo en Ucrania”. La nueva generación de tecnología militar está sobrevalorada. El Wall Street Journal descubrió que los nuevos drones estadounidenses pequeños y de alta gama suministrados a Ucrania para su guerra defensiva contra Rusia resultaron demasiado “defectuosos y caros”, hasta el punto de que, irónicamente, los ucranianos optaron por “comprar drones chinos más baratos y fiables”.

El enfoque defendido por Brose y sus acólitos hará que la guerra sea más probable, porque la arrogancia tecnológica fomenta la creencia de que Estados Unidos puede realmente “vencer” a una potencia nuclear rival como China en una guerra, si tan solo invirtiéramos en una nueva fuerza de vanguardia de alta tecnología.

El resultado son miles de millones de dólares de dinero privado que ahora fluyen hacia empresas que buscan defenderse de las fronteras de la tecnoguerra. Las estimaciones oscilan entre 6.000 y 33.000 millones de dólares al año y, según el New York Times, 125.000 millones de dólares en los últimos cuatro años. Cualesquiera que sean las cifras, la industria tecnológica y sus patrocinadores sienten que se puede ganar mucho dinero con armamento de próxima generación y no permitirán que nadie se interponga en su camino.

Mientras tanto, una investigación de Eric Lipton del New York Times encontró que las empresas de capital de riesgo y las nuevas empresas que ya están a la vanguardia de la guerra basada en la inteligencia artificial también están reclutando a ex militares y oficiales del Pentágono para que les sirvan. El exsecretario de Defensa de Trump, Mark Esper, ocupa un lugar destacado en esa lista. Los vínculos pueden estar motivados por un fervor patriótico, pero una motivación más probable es simplemente el deseo de enriquecerse. Como señaló Ellen Lord, ex jefa de adquisiciones del Pentágono, “los vínculos entre la comunidad de defensa y el capital de riesgo ahora son fuertes. Pero también esperan poder cobrar grandes sumas de dinero y ganar toneladas de dinero”.

El rey filósofo virtual

El ex director ejecutivo de Google, Eric Schmidt, es otra figura central en la construcción de una máquina de guerra de alta tecnología. Sus intereses van mucho más allá del ámbito militar. Se ha convertido en un rey filósofo virtual cuando se trata de que las nuevas tecnologías remodelarán la sociedad y, de hecho, de lo que significa el ser humano. Ha estado pensando en estas preguntas durante algún tiempo y expuso sus puntos de vista en un trabajo de 2021 titulado modestamente “La era de la inteligencia artificial y nuestro futuro humano”, en coautoría nada menos que con el fallecido Henry Kissinger. Eric Schmidt es consciente de los peligros potenciales de la inteligencia artificial, pero también está en el centro de los esfuerzos para promover sus aplicaciones militares. Aunque renuncia al enfoque mesiánico de algunas figuras en ascenso en Silicon Valley, uno se pregunta si su enfoque aparentemente más reflexivo contribuirá al desarrollo de un mundo de armamento de inteligencia artificial más seguro y más razonable.

Comencemos con lo más básico: hasta qué punto Eric Schmidt cree que la inteligencia artificial cambiará la vida tal como la conocemos es extraordinario. En su libro y el de Kissinger, sostienen que la inteligencia artificial desencadenará “la transformación de la identidad y la experiencia humanas a niveles no vistos desde los albores de la era moderna”, argumentando que el funcionamiento de la inteligencia artificial “presagia un progreso hacia la esencia de las cosas, una progreso que filósofos, teólogos y científicos han buscado, con éxito parcial, durante milenios”.

Por otro lado, el grupo gubernamental de expertos en inteligencia artificial en el que formó parte Eric Schmidt reconoció plenamente los riesgos que plantean los usos militares de la inteligencia artificial. La pregunta sigue siendo: ¿apoyará, al menos, la implementación de fuertes salvaguardias contra el uso indebido de la inteligencia artificial? Durante su mandato como jefe de la Junta de Innovación de Defensa del Pentágono de 2017 a 2020, ayudó a preparar el terreno para las directrices del Pentágono sobre el uso de la inteligencia artificial que prometían que los humanos siempre estarían “al tanto” durante el lanzamiento de armas de nueva generación. Pero como señaló un crítico de la industria tecnológica, una vez que se elimina la retórica, las directrices “en realidad no impiden que se haga nada”.

La senadora Elizabeth Warren y otros defensores del “buena gobierno” han cuestionado si el papel de Eric Schmidt como jefe de la Junta de Innovación de Defensa representa un posible conflicto de intereses. Después de todo, mientras ayudaba a desarrollar directrices para aplicaciones militares de la inteligencia artificial, también invertía en empresas que podrían beneficiarse del desarrollo y uso de la inteligencia artificial. Su entidad de inversión, America’s Frontier Fund, invierte periódicamente en nuevas empresas de tecnología militar. Una organización sin fines de lucro que fundó, el Proyecto de Estudios Competitivos Especiales, describe su misión como “fortalecer la competitividad a largo plazo de Estados Unidos a medida que la inteligencia artificial remodela nuestra seguridad nacional, nuestra economía y nuestra sociedad”. El grupo está en contacto con muchos dirigentes de la industria militar y tecnológica y presiona, entre otras cosas, para que se regule menos el desarrollo de la tecnología militar. En 2023 Eric Schmidt incluso fundó una empresa de drones militares, White Stork, que, según Forbes, probó en secreto sus sistemas en Menlo Park, un suburbio de Silicon Valley.

La pregunta es si se puede persuadir a Eric Schmidt para que utilice su considerable influencia para frenar los usos más peligrosos de la inteligencia artificial. Desafortunadamente, su entusiasmo por utilizar la inteligencia artificial para mejorar las capacidades de combate sugiere lo contrario: “De vez en cuando aparece una nueva arma, una nueva tecnología y cambia las cosas. En la década de 1930 Einstein escribió una carta a Roosevelt diciendo que esta nueva tecnología –las armas nucleares– podría cambiar la guerra, lo cual claramente hizo. Yo diría que la autonomía [impulsada por inteligencia artificial] y los sistemas descentralizados y distribuidos [decisión tomada por múltiples nodos] son ​​igualmente poderosos”.

Comparar la inteligencia artificial armada con el desarrollo de armas nucleares no es tranquilizador. Hasta el momento se ha descartado la combinación de ambas (armas nucleares controladas por sistemas automáticos sin intervención humana), pero no se debe esperar que dure. Siempre es una posibilidad, en ausencia de salvaguardias sólidas y aplicables sobre cuándo y cómo se puede utilizar la inteligencia artificial.

La inteligencia artificial está llegando y es probable que su impacto en nuestras vidas, ya sea en la guerra o en la paz, capte la imaginación. En este contexto, una cosa está clara: no podemos darnos el lujo de permitir que las personas y empresas que más se beneficiarán de su aplicación desenfrenada tengan la ventaja a la hora de elaborar las normas relativas a su uso. ¿No es hora de enfrentarse a los guerreros de la nueva era?

William D. Hartung 25 juin 2024 https://tomdispatch.com/philosopher-kings-or-new-age-militarists/

Estados Unidos prohíbe la instalación del antivirus Kaspersky porque es ruso

Sigue la guerra económica. Estados Unidos ha decidido prohibir en su territorio Kaspersky, uno de los antivirus más difundidos del mundo. La decisión, que entrará en vigor el 29 de septiembre, marca un punto de inflexión en las relaciones entre Washington y Moscú. La Casa Blanca se ha inventado que la empresa rusa, especializada en ciberseguridad, es uno de los muchos peones que el Kremlin tiene repartidos por el mundo.

Fundada en 1997, la empresa rusa lleva años en el punto de mira de Estados Unidos, un caso parecido al de Huawei o TikTok. La paranoia no es nada original tratándose de materia informática. Se centra en los tópicoos de espionaje y ciberataques.

A una empresa que tiene por objeto la seguridad, Estados Unidos la ha convertido en una fuente de inseguridad. No habrá más contratos, ni más descargas, ni más actualizaciones, ni nada. Los usuarios actuales tienen unos meses para buscar una alternativa que aumentará los beneficios de las empresas estadounidenses.

El “libre mercado” funciona así: a golpe de decreto gubernativo.

La ciberseguridad se ha convertido en el nervio de “otra guerra”, de tipo informático, rodeada de un lenguaje vaporoso acerca de la “seguridad” de las aplicaciones digitales cuya conclusión es siempre la misma: las de los amiguetes son fiables, mientras que no debemos fiarnos de las procedentes de Rusia y China.

Washington también se ha inventado que Moscú interfirió en las elecciones presidenciales de 2016, así como de realizar campañas de desinformación en las redes sociales.

Las sospechas de que Rusia lleva a cabo ciberataques contra infraestructuras críticas estadounidenses es otro mantra recurrente que nunca puede dejr de aparcer en un reportaje periódistico.

Estados Unidos invoca esas acusaciones como otros tantos pretextos para justificar las sanciones económicas contra Rusia.

Kaspersky cuenta con oficinas propias en España, en Pozuelo de Alarcón, cerca de Madrid.

Japón promulga una ley antimonopolio contra Apple y Google

El gobierno japonés ha realizado una serie de cambios en la legislación para proteger la privacidad del usuario, la seguridad de los datos, la innovación y la propiedad intelectual.

El miércoles aprobó una nueva ley para impedir que los gigantes tecnológicos estadounidenses Apple y Google monopolicen las aplicaciones informáticas, informó la agencia de noticias Kyodo News.

La nueva ley prohíbe a los monopolios impedir que empresas de terceros vendan y operen aplicaciones en sus plataformas.

La ley promueve también impide que Apple y Google den prioridad a sus propios servicios en los resultados de búsqueda en Internet.

Cualquier violación de la ley por parte de estas empresas tecnológicas dará lugar a sanciones.

Se espera que la ley entre en vigor a finales del próximo año y las empresas deberán presentar informes de cumplimiento. Las violaciones las reglas se enfrentan a una multa de hasta el 20 por ciento de los ingresos nacionales específicos del servicio infractor, que aumenta al 30 por ciento en caso de reincidencia.

Una empresa ya está celebrando la noticia. Epic Games ha anunciado planes para llevar Fortnite y su plataforma de tienda de juegos a iOS en Japón a finales del año que viene. Actualmente, la empresa también está trabajando para llevar esos servicios de vuelta a iOS en la Unión Europea.

La comisión japonesa de la competencia aseguró que los sistemas operativos de teléfonos inteligentes, las tiendas de aplicaciones, los navegadores y los motores de búsqueda son un mercado oligopólico y aunque también tiene intención de imponer leyes antimonopolio en esos sectores, ello tomará “un tiempo notablemente largo”.

La dominación y la guerra (el lado más oscuro de las nuevas tecnologías)

En los últimos años, la intersección de la tecnología y la guerra ha sido objeto de críticas públicas, lo que ha planteado profundas cuestiones sobre el uso militar de herramientas tecnológicas avanzadas. El papel del análisis de datos avanzado y la inteligencia artificial en las guerras modernas está bajo escrutinio, particularmente cuando están en juego vidas civiles.

A medida que avanza el genocidio en Gaza, la atención se centra en las empresas cuyas tecnologías podrían facilitar las atrocidades cotidianas de Israel, entre ellas la empresa estadounidense Palantir Technologies.

Mientras el Tribunal Penal Internacional interviene para responder a las acusaciones de genocidio, los barones de la tecnología que diseñan y suministran las herramientas de guerra siguen en gran medida sin oposición.

Desde el 8 de octubre, más de 36.000 palestinos han muerto en una brutal guerra que se ha cobrado más vidas que cualquier otra en los últimos dos años. Estas impactantes pérdidas de vidas inocentes han provocado un renovado escrutinio de las tecnologías que apuntan sistemáticamente a civiles.

Empresas como Palantir Technologies, dirigida por Alex Karp, han estado implicadas en algunas de estas atrocidades. Sus herramientas avanzadas de análisis de datos y de inteligencia artificial, que supuestamente proporcionan “objetivos de precisión”, están matando civiles en masa y han transformado la guerra en una campaña de exterminio calculada y sistemática con poca supervisión humana.

Fundada en 2003 por Karp y Peter Thiel, Palantir Technologies ha pasado de ser una empresa emergente secreta de análisis de datos a una piedra angular de las operaciones militares y de inteligencia modernas. Inicialmente financiados por In-Q-Tel, el brazo de capital de riesgo de la CIA, los productos tecnológicos de Palantir se han convertido en una parte integral de muchas instituciones públicas de Estados Unidos, incluido el FBI, el Departamento de Defensa y otros aparatos represivos y militares.

Este profundo enredo con los servicios militares y de inteligencia estadounidenses allanó el camino para el alineamiento estratégico de Palantir con Israel.

La participación del gigante tecnológico en Israel es anterior a sus acuerdos formales por varios años. La empresa abrió una oficina en Tel Aviv en 2015, ubicada estratégicamente con vistas al bulevar Rothschild por un lado y a la calle Yehuda Halevy por el otro.

Esta ubicación pone de relieve la profunda integración de la empresa en el ecosistema tecnológico israelí. El propio Karp destacó los estrechos vínculos de Palantir con Israel en una entrevista de diciembre de 2023 en Fox Business y dijo: “Somos muy conocidos en Israel. Israel aprecia nuestro producto”.

La asociación de Palantir con Israel está formalizada

La asociación entre Palantir y el ejército israelí comenzó a solidificarse con un acuerdo formal firmado el 12 de enero de este año, tres meses después del inicio del genocidio de palestinos en Gaza, tras una visita de ejecutivos de la empresa a Israel, durante la cual celebraron su primera reunión de la junta directiva del año en Tel Aviv.

Como dijo el vicepresidente de Palantir, Josh Harris: “Ambas partes han acordado mutuamente aprovechar la tecnología avanzada de Palantir para apoyar misiones relacionadas con la guerra”, un eufemismo para lo que se ha descrito como acciones para ayudar en el genocidio.

El arsenal de herramientas tecnológicas de Palantir –similares a armas digitales de destrucción masiva– está actualmente desplegado por el ejército de ocupación, lo que no deja dudas sobre la complicidad de la empresa con el genocidio en curso.

El sistema Titán: la tecnología de precisión

La reciente matanza en Rafah el 26 de mayo, en la que Israel bombardeó un campo de refugiados, matando a decenas de palestinos, y la muerte de siete empleados de World Central Kitchen en abril en ataques aéreos, ponen de relieve el uso brutal de la llamada “tecnología de precisión” de Palantir.

El sistema Titán de la empresa, anunciado como un modelo de inteligencia artificial de alta precisión diseñado para mejorar la precisión, presenta problemas con las supuestas capacidades de alta precisión de Palantir. Aunque no hay evidencia directa de que Israel utilice Titán, en particular, los logros tecnológicos de la empresa son una parte integral de su oferta más amplia de productos, algunos de los cuales son empleados por Tel Aviv.

Comercializado para proporcionar inteligencia procesable en tiempo real e integrar datos de sensores para una precisión milimétrica, el sistema Titán de Palantir se promociona para reducir los daños colaterales. Sin embargo, en Gaza, el despliegue de la tecnología Palantir no ha impedido, sino facilitado, la destrucción y las víctimas civiles generalizadas. Las tragedias de Rafah y las muertes de trabajadores humanitarios revelan la grotesca ironía y el devastador costo humano de tal “precisión”.

La colaboración integró profundamente a Palantir en la infraestructura militar de Israel, proporcionando una columna vertebral tecnológica o digital a las brutalidades en Gaza y otros territorios palestinos ocupados.

Titanes de la tecnología de guerra: Starlink

Dado que Palantir ha estado activo en Israel desde 2015, el momento del acuerdo estratégico, denominado “Battle Tech Partnership”, a principios de 2024, plantea serias dudas. ¿Fue una medida calculada por parte de Palantir para utilizar la escalada de la guerra como una oportunidad para probar sus modelos de inteligencia artificial contra civiles, convirtiendo a Gaza en un horrible campo de pruebas para su tecnología?

La estrategia comercial de Palantir implica la explotación del sufrimiento humano para el avance tecnológico. La profunda participación de Palantir en la infraestructura militar israelí es parte de un patrón más amplio y preocupante de tecnología que permite la guerra. Esta conexión se extiende a otro gigante tecnológico: Starlink de SpaceX, encabezado por Elon Musk. Comprender esta compleja relación es crucial para comprender que los conflictos modernos se ven cada vez más alimentados por tecnologías avanzadas desarrolladas por empresas privadas.

En Ucrania la colaboración entre Palantir y Starlink ilustra vívidamente el profundo impacto de la tecnología integrada en la guerra. Los modelos de inteligencia artificial de Palantir proporcionan al ejército ucraniano análisis de datos críticos, transformando imágenes sin procesar de drones, satélites e informes terrestres en inteligencia procesable en tiempo real.

Este proceso, que Karp, director de Palantir, llama escalofriantemente una “cadena de muerte digital”, se ha vuelto central para la estrategia de defensa de Ucrania, permitiendo evaluaciones precisas de objetivos y del campo de batalla. Al mismo tiempo, Starlink de Elon Musk proporciona comunicación ininterrumpida a las fuerzas ucranianas, manteniendo un flujo continuo de información crítica vital para la guerra moderna.

La guerra en Ucrania, por supuesto, resultó catastrófica, con un número asombroso de bajas militares ucranianas, mientras que Zelensky –a pesar de la ayuda de los barones de las tecnologías de vanguardia– y sus aliados en las capitales occidentales afirman lo contrario.

Hoy, la guerra de Israel contra Gaza parece estar cayendo en un atolladero similar. Netanyahu, al igual que Zelensky, parece políticamente distanciado de las sombrías realidades militares sobre el terreno, confiando, al parecer, en la falsa ilusión de control proporcionada por los barones de la tecnología a través de un apoyo tecnológico “sofisticado”.

La controvertida intervención de Starlink en Gaza

El 12 de enero el gobierno israelí aprobó el uso de los servicios de Starlink en el Hospital Al Shifa de Gaza, aparentemente con fines médicos. Esta aprobación no debe verse como un gesto puramente humanitario. Más bien, sienta las bases para otra posible integración insidiosa de Palantir y Starlink, reflejando su colaboración en Ucrania.

Al permitir comunicaciones satelitales avanzadas, la aprobación de Starlink en Gaza potencialmente respalda operaciones militares, lo que sugiere el establecimiento de una “cadena de muerte digital” detrás de la hoja de parra de la ayuda humanitaria.

El brutal asedio del hospital Al Shifa por parte de las fuerzas israelíes, que implica atrocidades contra civiles y personal médico, contradice claramente cualquier supuesta intención altruista detrás del despliegue de Starlink. Después de un asedio de dos semanas que terminó el 1 de abril, el hospital Al Shifa quedó en gran parte destruido y cientos de palestinos muertos fueron encontrados dentro y alrededor del hospital, incluso en fosas comunes.

¿Fue este respaldo de alto perfil de Starlink a Al Shifa una ligera salva de relaciones públicas que allanó el camino para que los productos de la empresa se integraran en las operaciones militares israelíes dentro de la Franja de Gaza? El momento y el contexto de estos acontecimientos plantean preguntas inquietantes sobre las verdaderas intenciones de Starlink y Tel Aviv.

La visita de Musk a Israel el 27 de noviembre del año pasado, donde se reunió con Netanyahu, estuvo lejos de ser un simple evento diplomático. Musk, que ha cultivado meticulosamente una imagen de defensor de la libertad de expresión mediante la adquisición de X/Twitter.

Este escenario recuerda al mito de Ícaro que, a pesar del calor, volaba demasiado cerca del sol con alas hechas de cera y plumas. De manera similar, la participación de Musk junto a Netanyahu y el gobierno israelí, en medio de un creciente escrutinio de los crímenes de guerra, amenaza con destruir su imagen meticulosamente cultivada. En retrospectiva, a medida que se intensifica la investigación de crímenes de guerra del Tribunal Penal Internacional, esta reunión arroja una larga sombra sobre la personalidad de Musk.

La responsabilidad criminal de los cabecillas tecnológicos

Acciones legales recientes, como la iniciada en Reino Unido por el Centro Internacional para la Justicia Palestina contra ministros británicos, ponen de relieve los crecientes esfuerzos para hacer que los perpetradores de genocidio rindan cuentas.

Sin embargo, figuras destacadas de la industria tecnológica siguen siendo notablemente subestimadas, una situación que se hace eco de los juicios en la Alemania nazi de personas que permitieron las matanzas a través de su apoyo tecnológico y logístico, lo que destaca la necesidad de una rendición de cuentas mundial en los tiempos modernos.

Los estatutos del Tribunal Penal Internacional, el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia y el Tribunal Penal Internacional para Ruanda reconocen explícitamente diversas formas de complicidad. Estos incluyen la complicidad, que incluye proporcionar las herramientas y el apoyo necesarios para la comisión de crímenes de guerra y genocidio.

Este marco legal supone que los ejecutivos tecnológicos cuyas innovaciones facilitan la violencia a gran escala deben rendir cuentas ante el derecho internacional.

La intersección de la tecnología de punta y la guerra, encabezada por los poderosos magnates de la tecnología, ilustra una realidad aterradora: las herramientas diseñadas para conectar y proteger están siendo reutilizadas para destruir y devastar. Peor aún, parece que los campos de guerra como Gaza se consideran campos de prueba relativamente libres de riesgos para estos sistemas tecnológicos. Es hora de hacer de la colaboración comercial en el genocidio una tarea de alto riesgo, y estas acciones deben comenzar en los tribunales.

—Anis Raiss https://thecradle.co/articles/digital-kill-chains-the-dark-side-of-tech-in-warfare

La llamada ‘inteligencia artificial’ alucina

La llamada “inteligencia artificial” es un exceso retórico que se han inventado los informáticos, algo así como la “sociedad opulenta” de los economistas. Tras una fraseología ridícula lo que quieren decir es que hay un medio mecánico de ser creativo, lo cual es falso.

La creación es una facultad exclusivamente humana que consiste en elaborar algo que no existía previamente. La producción es completamente diferente de la reproducción. Un buscador de internet no inventa nada; reproduce algo que ya existe previamente. Brinda un listado de enlaces y obliga al usuario a una segunda acción: pulsar en alguno de ellos para localizar lo que busca.

Por el contrario, la “inteligencia artificial” es más cómoda porque ahorra ese segundo paso y muestra directamente una cierta información. La respuesta sigue inmediatamente a la pregunta, sin complicaciones intermedias.

La inmensa mayoría de los usuarios, en contra de lo que ellos mismos creen, lo que buscan realmente no es información sino atajos al conocimiento, resultados inmediatos y fáciles de obtener. Se guían por la ley del mínimo esfuerzo y, con el tiempo, preferirán recurrir a la “inteligencia artificial”. El resultado es que pronto los buscadores, que no son más que un negocio, se fundamentarán en ella.

Por eso todos los monopolios tecnológicos (Microsoft, Google, Facebook, Amazon) corren tras la inteligencia artificial. Las cifras de negocio no son pequeñas. El buscador de Google genera 150.000 millones de dólares, más de la mitad de la facturación de la multinacional. Desde el 14 de mayo los usuarios estadounidenses ya disponen de la función “AI Overviews” de Google.

Pero el conocimiento no conoce atajos. Como los demás chabots, “AI Overviews” devuelve respuestas simples a preguntas simples. De esa manera los algoritmos fabrican un universo intelectual simple, o sea, raquítico. Será un resumen de la “ideología dominante”. En una sociedad racista, como la actual, la “inteligencia artificial” fabrica respuestas racistas y suministra imágenes racistas.

Los chatbots se fundamentan en grandes modelos de lenguaje (LLM) que no elaboran textos cuyos datos sean ciertos, sino sólo probables estadísticamente. Es lo contrario de la lógica científica: una afirmación no es cierta ni falsa porque se corresponda con los hechos sino porque la mayoría así lo cree y así lo expresa en las cuentas que tienen en las redes sociales. En este sentido, la “inteligencia artificial” no es más que una colección de prejuicios muy extendida.

Ahora bien, para que el sistema responda, el contenido tiene que estar en internet. En caso contrario, el usuario no obtendrá ninguna respuesta o el chabot se la inventará. Lo mismo ocurre si el modelo de lenguaje no se ha actualizado. El sistema no responde o muestra explicaciones anticuadas. Es más parecido a una hemeroteca que al periódico de esta mañana.

Cualquier usuario de internet encuentra numerosa información falsa en la red y los chabots repiten y reproducen esas mismas falsedades exactamente. En la jerga informática lo llaman “alucinaciones”. Son textos que el sistema vuelca, escritos de manera coherente pero con datos incorrectos, sesgados o totalmente erróneos.

La coherencia del texto le otorga una apariencia de veracidad pero, una vez más, la coherencia tiene poco que ver con la lógica científica. A medida que el texto fabricado es más coherente, el engaño cuela más fácilmente.

Las alucinaciones de la “inteligencia artificial” no sólo ocurren con lo que habitualmente se consideran como opiniones subjetivas, como la existencia de milagros o las psicofonías, sino también con los documentos científicos. El 15 de noviembre de 2022 Meta presentó “Galactica”, un modelo de lenguaje LLM diseñado para combinar y razonar sobre el conocimiento científico.

“Galactica” se formó con 48 millones de artículos científicos, sitios web, libros de texto, apuntes de conferencias y enciclopedias. Desde el principio “Galactica” advirtió que el resultado podía no ser fiable. Tres días después tuvo que retirarlo a causa de sus errores y alucinaciones (*).

Lo mismo le ocurrió a Google con su chatbot “Gemini”, que elaboraba verdaderas aberraciones. Con el primer modelo de ChatGPT las pruebas demostraron que el 20 por cien de las respuestas eran incorrectas.

El año pasado, durante un pleito en Estados Unidos un abogado le presentó al juez un escrito que contenía jurisprudencia generada por ChatGPT. Entre las sentencias citadas, seis eran falsas. En respuesta, el juez prohibió la presentación de documentos judiciales generados por “inteligencia artificial” que no hayan sido revisados ​​por un ser humano, señalando que “en su estado actual las plataformas de inteligencia artificial generativa son propensas a alucinaciones y sesgos”.

En fin, si creía que ya tenía bastante con la intoxicación mediática, los bulos y las noticias falsas en internet, la “inteligencia artificial” ha llegado para más de lo mismo. Eso sí, la diferencia está en la rapidez. Los chabots alucinan mucho más rápidamente que la agencia Efe, La Sexta o el New York Times.

(*) https://www.cnet.com/science/meta-trained-an-ai-on-48-million-science-papers-it-was-shut-down-after-two-days/

Orden de busca y captura del FBI contra cuatro piratas informáticos norcoreanos

El viernes el Departamento de Justicia de Estados Unidos emitió una orden de busca y captura contra cuatro piratas informáticos norcoreanos (*). Les acusan de robar información y generar ingresos para el programa de armas nucleares de Corea del norte.

Los perseguidos no necesitaron infiltrarse en las redes con métodos avanzados de piratería: simplemente fueron contratados por grandes multinacionales estadounidenses.

Los informáticos norcoreanos conseguieron trabajo en empresas estadounidenses, incluida una importante cadena de televisión, una empresa de Silicon Valley, un fabricante aeroespacial, un fabricante de automóviles estadounidense, una boutique de lujo y un grupo de medios de comunicación. Las empresas afectadas “se encuentran entre las más poderosas de Estados Unidos”, aseguran los fiscales.

Jiho Han, Haoran Xu, Chunji Jin y su gerente, Zhonghua, trabajaron como desarrolladores de aplicaciones informáticas para empresas. Crearon cientos de perfiles falsos en LinkedIn y postularon para diversos puestos técnicos en grandes empresas. Más allá del acceso a los datos que probablemente serán transmitidos al gobierno de Pyongyang, los piratas norcoreanos se embolsaron salarios porencima de los 300.000 euros al año.

Para obtener los puestos de trabajo, los piratas operaron a través de expertos en alojamiento digital. Una ciudadana estadounidense, Christina Marie Chapman, y un ciudadano ucraniano, Oleksandr Didenko, proporcionaron docenas de ordenadores instalados en Estados Unidos. Los norcoreanos podrían conectarse a esos servidores y hacer creer a su empresa que estaban teletrabajando en el campo.

“Tres granjas de ordenadores estaban ubicadas en Estados Unidos y albergaban aproximadamente 79 equipos. Fabricaron más de 60 identidades estadounidenses para engañar a los empresarios”, declaran los jueces. Christina Marie Chapman y Oleksandr Didenko fueron detenidos hace unos días.

El FBI ha publicado una requistoria con más información sobre cómo las empresas estadounidenses contratan a los técnicos norcoreanos.

Ahora el FBI busca a los cuatro ciudadanos norcoreanos. Es probable que tengan su domicilio fuera de Corea del norte.

(*) https://www.ic3.gov/Media/Y2024/PSA240516

Google deslocaliza sus instalaciones y despide a 200 trabajadores

A finales de abril Google deslocalizó su equipo Core, despidiendo a 200 trabajadores y trasladando una parte de las instalaciones a India y México.

El equipo Core es responsable de la base técnica de los servicios más importantes de Google, así como de la seguridad en línea de los usuarios. También mantiene la infraestructura de la informática mundial de la empresa y crea herramientas internas para el resto de la plantilla.

Un correo electrónico y otros documentos internos muestran que al menos 50 de los trabajadores despedidos eran ingenieros con sede en las oficinas de la multinacional en California y que muchos equipos centrales serán recontratados para puestos en México e India.

La medida se produce apenas un mes después de una ola anterior de despidos en la que cientos de trabajadores de Google fueron despedidos dentro de una reducción de plantilla destinada a incrementar los beneficios.

Un correo electrónico enviado la semana pasada por Asim Husain, vicepresidente de los desarrolladores de Google, a su equipo decía lo siguiente: “Tenemos la intención de mantener nuestra presencia mundial actual mientras nos expandimos a regiones de alto crecimiento para acercarnos a nuestros socios y comunidades de desarrolladores”.

Husain también dijo que esta era la mayor ola de despidos planificada para el equipo central este año. Los comentarios de Husain sobre la construcción de una fuerza laboral mundial están en línea con declaraciones anteriores realizadas por altos funcionarios del monopolio tecnológico.

A mediados de abril, la directora financiera, Ruth Porat, anunció planes para reestructurar la empresa trasladando puestos a Bangalore y Ciudad de México, lo que provocó despidos. En marzo el vicepresidente de búsqueda, Prabhakar Raghavan, dijo que Google tenía la intención de formar equipos en otros mercados clave, incluidos India y Brasil.

La reestructuración de plantilla y los despidos continúan, a pesar de un primer trimestre exitoso para Alphabet, la empresa matriz de Google, que informó un aumento del 13 por cien en sus acciones, así como su primer dividendo.

En un reciente evento organizado por la Universidad de Stanford, el director ejecutivo de Alphabet, Sundar Pichai, destacó el énfasis de la multinacional en la innovación para mantenerse a la cabeza del mercado mundial. La tecnológica está dispuesta a crecer a largo plazo, a costa de lo que sea, particularmente en áreas tecnológicas emergentes, como la inteligencia artificial.

La inversión de la empresa en inteligencia artificial va más allá de la mera infraestructura. Está remodelando su estrategia de mercado, mientras se prepara para su conferencia anual de desarrolladores Google I/O.

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