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En la Wikipedia la manipulación la lleva a cabo un robot infomático

La Wikipedia es una gran iniciativa, una de las mejores de internet, heredera de los viejos sueños de la Enciclopedia del gran D’Alembert y los materialistas franceses finales del siglo XVIII.

Todo sería muy bonito si la Wikipedia no estuviera manipulada. Cualquiera no puede escribir o modificar una entrada, por falsa que sea. Muchos colaboradores que intentan corregir algunas de las descarados manipulaciones han tenido que desistir, por lo que la Wikipedia se ha convertido en una de las fuentes menos fiables de cultura general en internet.

En 2012, durante una ceremonia Londres a la que asistieron numerosos políticos reaccionarios, el director de la Wikipedia, Jimmy Wales, se casó con Kate Garvey, la secretaria privada de Tony Blair, que también estuvo presente en la ceremonia. A Garvey su propio marido la considera como “la mujer mejor conectada de Londres”.

Tras pasar por Downing Street, Garvey trabajó para la Tony Blair Faith Foundation, la Reina Rania de Jordania y Bono, el cantante de U2, entre otros. Luego fundó Project Everyone, una de esas ONG dedicadas a la beneficencia (“desarrollo sostenible”) que incluye entre sus socios a la Fundación de Bill Gates.

Garvey había sido administradora de una importante empresa de relaciones públicas, Freud Communications, fundada en 1985 por Matthew Freud, un bisnieto del conocido psicoanalista.

Es necesario recordar que en la familia Freud hay otro miembro, Edward Bernays, que está considerado como “el creador de las relaciones públicas”, es decir, de la manipulación propagandística.

Tras la Segunda Guerra Mundial, Bernays utilizó el término “relaciones públicas” para sustituir a la palabra “propaganda” que había adquirido connotaciones de manipulación masiva, en la que él era un experto. Por lo tanto, ambos nombres son sinónimos.

Freud es un intoxicador, un especialista en comunicación publicitaria aplicada a la política y al periodismo. En su documental “The Ego Century”, el director de la BBC Adam Curtis considera a Matthew Freud como “una estrella en la nueva cultura de relaciones públicas y marketing en política, negocios y periodismo dedicada durante los años de Clinton-Blair”.

La institucionalización de la censura

En la Wikipedia la censura está institucionalizada y mecanizada informáticamente. Entre otros, la llevan a cabo bajo la apariencia de un sujeto llamado “Philip Cross”, que se dedica a perseguir a los que introducen textos contra las guerras imperialistas, o a favor de los palestinos o contra Israel o proclive a la desaparecida Unión Soviética.

Un político británico, George Galloway, ofreció públicamente 1.000 libras esterlinas a cualquiera que pudiera darle alguna indicación de la identidad de ese censor, que no parece ser un personaje individual, como hace creer, sino todo un equipo de profesionales de la intoxicación.

La respuesta no se hizo esperar y el tal “Philip Cross” desapareció de la Wikipedia, afirmando en su cuenta falsa de Twitter (@philipcross63) que habían puesto precio a su cabeza. Ahora figura como colaborador “inactivo” pero no “prohibido” por Wikipedia y, además, eliminó su cuenta de Twitter e inmediatamente abrió otra bajo el nombre de “Julian” (@Wikipedianhidin) y se lanzó a escribir una serie de mensajes disparatados.

Su comportamiento en Twitter corrobora lo que sugerían sus modificaciones obsesivas de las entradas de Wikipedia.

En los 15 años que estuvo activo en la Wikipedia, el tal “Cross” realizó un promedio de 175 modificaciones diarias de diversas entradas, lo cual es notoriamente excesivo para una persona individual.

Todo parece indicar que no existe tal sujeto y que la censura la lleva a cabo un robot informático. Las correcciones se hacen tanto a altas horas de la madrugada, como en días festivos tan señalados, como la Navidad.

—https://wikipedia.fivefilters.org/

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Las falsas noticias como armas de guerra del imperialismo estadounidense

Nadie piense que valerse de falsedades como pivote para la proyección y ejecución de la política exterior estadounidense es una innovación o un aporte novedoso de Donald Trump. Ésta ha sido una tradición en la política exterior de Washington desde la voladura del acorazado español Maine en 1898, en La Habana, que sirvió para que Estados Unidos declarara la guerra a la monarquía hispana y cuya secuela fue el surgimiento del imperialismo norteamericano.

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La actual propaganda anti-rusa de los imperialistas está copiada de la que difundían los nazis bajo el III Reich

A comienzos de 1935 los nazis desataron en Alemania una campaña de intoxicación propagandística contra la URSS y sus peligros de dominación mundial. El cartel de portada corresponde a una exposición itinerante que se abrió en Karlsruhe, la capital de Baden.

Luego el cartel lo reprodujo el diario británico The Guardian, cuyo dibujante Steve Bell demuestra una falta absoluta de originalidad, aparte de que sus fuentes de inspiración nazis quedan al descubierto, lo mismo que el periódico:

Este otro dibujo es más de lo mismo, una portada de The Economist, el portavoz de los bancos y las grandes multinacionales británicas que le tienen pánico a Putin y sus ansias de dominar el mundo (lo quieren dominar ellos solitos a su antojo). Otro plagio de la propaganda del III Reich:

A la propaganda imperialista se la nota atascada desde 1945, falta de nuevas ideas y de originalidad, a pesar de que el gobierno de Obama presupuestó 160 millones de dólares para propaganda negra de este tipo, que es la que financia a The Economist y The Guardian, entre otros.

El más ferviente y estúpido plumilla antiruso de The Guardian, Luke Harding, tuvo que disculparse públicamente por haber plagiado pasajes enteros de The Exile, una revista rusa en inglés.

En 2015 un informe divulgado precisamente por The Guardian admitía la existencia de un fondo de reptiles contra Rusia destinado a los medios de la Unión Europea. El informe había sido redactado por la agencia de propaganda RFE/RL de Estados Unidos (*).

Todo esto es tan zafio que los medios ya ni se molestan en disimular su papel: un artículo de propaganda del gobierno de Wasgington sobre un fondo de reptiles para los medios de la Unión Europea termina convirtiéndose en un artículo de The Guardian, como si el dinero no fuese para sobornarles a ellos.

(*) https://www.theguardian.com/world/2015/jun/25/eu-russia-propaganda-ukraine

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Los que persiguen las ‘noticias falsas’ son los inquisidores de siempre

En castellano, “pasquín” es una palabra tomada del italiano “pasquino”, que es el nombre de una estatua de Roma en la que se fijaban escritos satíricos anónimos, generalmente de carácter político.

La palabra se comenzó a usar a principios del siglo XVI, que es cuando surgió la costumbre de colocar las críticas en público, dirigidas contra el gobierno o la Iglesia católica.

Con el tiempo pasó a describir el cartel anunciador, un hoja de papel con publicidad, propaganda o cualquier otro mensaje pero, dice la Wikipedia, siempre conservó un significado peyorativo, lo mismo que cualquier otra modalidad de expresión de las opiniones, como el “libelo”.

En una de sus acepciones la Academia de la Lengua no se corta un pelo a la hora de definirlo: “Diario, semanario o revista con artículos e ilustraciones de mala calidad y de carácter sensacionalista y calumnioso”.

Desde hace 500 años todos los gobiernos del mundo han combatido los pasquines, los libelos y demás formas espontáneas de expresión con la misma excusa: porque sus contenidos son falsos, engañosos, fraudulentos, calumniosos, exagerados…

Ya conocen Ustedes el axioma “Tu libertad acaba donde empieza la mía”, al que le falta la parte más importante: “Tu libertad es muy pequeña porque mis derechos llegan muy lejos”.

A los pasquines les ocurría entonces como a las redes sociales hoy. Recurrían a ellos quienes carecían de cualquier otra posibilidad de expresarse. Las dianas también eran las mismas: los monarcas, los aristócratas, los obispos, los militares, los banqueros, las autoridades, los potentados…Los detentadores del poder siempre fueron “víctimas” de la ironía, el sarcasmo y la sátira del populacho y la chusma, que nunca tuvieron ninguna razón para quejarse porque todo lo que hacían sus protectores era por su propio interés (bien entendido).

Los pasquines, las octavillas y los libelos se quemaban y sus autores siempre dieron con sus huesos en la cárcel, o en el destierro. La mayor parte de los impresos desaparecieron para siempre y la historia lo lamenta. Hoy aquellos papeles despreciados son un tesoro. Todas las bibliotecas del mundo pagan millones por ellos, mientras que nadie se acuerda de las víctimas de sus insultos.

La política, la verdadera política, es así y siempre se ha hecho con ese tipo de materiales, serios y satíricos, falsos y verdaderos, mordaces y misericordiosos.

En China la Revolución Cultural llenó las calles de pasquines (dazibaos) y lo mismo ocurre hoy en Israel a causa de una estricta censura política y religiosa.

La transición también llenó las paredes de pasquines, pintadas y pegatinas porque a los antifascistas nunca los dejaron aparecer en televisión, ni en la radio, ni en los periódicos. Hoy es un delito hacer una pintada en un muro de la calle o en las paradas de autobús porque cada vez que la plebe encuentra una manera de expresar su mala leche, se lo impiden.

Ni siquiera tenemos derecho a disfrutar de nuestra válvula de escape. Las redes sociales, que son los pasquines cinco siglos después, están sometidas a vigilancia. Hay quien vela porque sólo nos enteremos de mensajes que sean ciertos, veraces y auténticos, pero nadie nos ha preguntado si, además, no preferimos los bulos, los rumores o las groserías de nuestro tuitero favorito.

¿Por qué suponen que queremos saber la verdad?, ¿quién les autoriza a privarnos de nuestras mentiras más queridas? Les advertimos desde ahora que siempre nos quedará un último remedio: pintaremos en los retretes de los bares y de las gasolineras.

Retrete de un bar de Brooklyn, en Nueva York
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El Pentágono creó Google para dominar la guerra de la información en el mundo (1)

En el entorno de los ataques contra “Charlie Hebdo” en París, los gobiernos occidentales se están movilizando rápidamente para legitimar y expandir los medios de vigilancia masiva y los controles sobre internet, todo ello en nombre de la lucha contra el terrorismo. Los políticos europeos y estadounidenses han llamado a proteger el estilo de espionaje utilizado por la NSA, y a progresar en la capacidad de intrusión en la intimidad de internet, ilegalizando el cifrado. Una idea es el establecimiento de colaboraciones en la telecomunicación a fin de borrar de forma unilateral contenidos que se consideren “impulsores del odio y la violencia” en situaciones consideradas “convenientes”. A niveles parlamentarios y gubernamentales se plantean acerbas discusiones a fin de explorar la supresión de la confidencialidad en las conversaciones entre cliente y abogado.

Que algo de lo anteriormente mencionado hubiera servido para impedir los ataques a “Charlie Hebdo” sigue siendo un misterio, y especialmente teniendo en cuenta que los terroristas estaban en el radar de la inteligencia francesa desde hacía una década. No hay muchas novedades en esta historia. Las atrocidades del 11-S fueron las primeras de varios ataques terroristas, cada uno de ellos seguido por el incremento de draconianos poderes estatales a expensas de las libertades civiles, respaldado con el establecimiento de fuerzas militares en zonas identificadas como refugios terroristas. Pero poco indica que esta fórmula probada y comprobada haya hecho nada para reducir el peligro. En cualquier caso, parecemos estar atrapados en un progresivo círculo de violencia sin ningún fin claro a la vista.

Mientras nuestros gobiernos presionan para incrementar sus atribuciones, “Insurge Intelligence” puede revelar ahora el nivel al que la inteligencia norteamericana estuvo implicada en el origen de las plataformas de internet que hoy conocemos, con el propósito concreto de emplear la tecnología como mecanismo de lucha en la “guerra mundial de la información”, destinada a legitimar el poder de unos pocos sobre el resto de la población. El eje de esta historia es esa empresa que, en muchas formas, define el siglo XXI con su presencia discreta: Google.

El “estilo Google” es amable, divertido, una tecnología “user-friendly”, amistoso para el usuario, que llegó a destacar mediante una combinación de habilidad, suerte y auténtica innovación. Esto es cierto. Pero sólo es un mero fragmento de la historia. En realidad, Google es una cortina de humo tras la que acecha el complejo militar-industrial de Estados Unidos. La historia interna del ascenso de Google, que se revela aquí por primera vez, abre un bote de gusanos que va más allá de la empresa, encendiendo una luz de forma inesperada sobre la existencia de una red parasitaria que dirige la evolución del aparato de seguridad nacional de Estados Unidos, beneficiándose de forma obscena de su funcionamiento.

Durante las dos últimas décadas, la estrategia exterior y de inteligencia de Estados Unidos ha desembocado en una “guerra mundial contra el terror”, consistente en invasiones prolongadas del mundo musulmán y una vigilancia total de la población civil. Estas estrategias han sido incubadas, si no dictaminadas, por una red secreta dentro del Pentágono y más allá de él. Establecida bajo la administración Clinton, consolidada bajo Bush, y firmemente reforzada con Obama, esta red, en su mayoría formada ideólogos neoconservadores, selló su dominio sobre el Departamento de Defensa a principios de 2015, mediante las operaciones de una oscura entidad empresarial ajena al Pentágono, pero dirigida por éste. En 1999 la CIA creó su propia empresa de capital riesgo, “In-Q-Tel”, para la financiación de empresas emergentes, que pudieran crear tecnologías útiles para las centrales de inteligencia. Pero la inspiración para “In-Q-Tel” había llegado antes, cuando el Pentágono estableció su propio equipo en el sector privado.Conocido como Highlands Forum, esta red privada operó como un puente entre el Pentágono y las poderosas élites norteamericanas ajenas al Ejército desde mediados de los años 90. Pese a los cambios en la administración civil, la red alrededor del Highlands Forum se ha convertido de forma progresiva en la triunfadora por el dominio de la política de defensa de Estados Unidos.

Gigantescos contratistas como “Booz Allen Hamilton” y “Science Applications Internacional Corporation” son descritos a veces como la “comunidad influyente en la sombra”, debido a las puertas giratorias entre ellas y los gobiernos, y su capacidad para influenciar y aprovecharse de la política de Defensa, simultáneamente. Pero mientras estos contratistas compiten por poder y dinero, también colaboran entre sí cuando conviene. El Highlands Forum ha proporcionado durante veinte años los medios para que algunos de los más destacados miembros de esa comunidad en la sombra se reunieran con antiguos funcionarios gubernamentales, y con otros dirigentes de importantes empresas.

Me topé por primera vez con la existencia de esta red en noviembre de 2014, cuando informé para “Vice’s Motherboard” que la nuevamente anunciada “Defense Innovation Initiative” del secretario de Defensa Chuck Hagel trataba en realidad sobre la construcción de Skynet, o algo similar, esencialmente para dominar la inminente era de una guerra robotizada. Esta historia estaba basada en un informe poco conocido financiado por el Pentágono, publicado dos meses antes por el NDU (National Defense University) en Washington, una institución dirigida por militares que, entre otras cosas, genera investigación para el desarrollo de la política de defensa de Estados Unidos a los más altos niveles. Ese informe clarificaba el pensamiento tras la nueva iniciativa, y los revolucionarios adelantos científicos y tecnológicos que se esperaban capitalizar.

Un coautor de este informe del NDU es Linton Wells, un funcionario de Defensa de 51 años que actuó como jefe de información del Pentágono con la administración Bush, supervisando la NSA y otras agencias de espionaje. Aún mantiene el control sobre materias reservadas, y según un informe de una publicación del ejecutivo, presidió el Highlands Forum, fundado por el Pentágono en 1994.

La revista “New Scientist” ha comparado este Foro con los encuentros elitistas de Davos, Ditchley y Aspen, describiéndolo como “mucho menos conocido, pero… tan influyente como ellos”. Los encuentros regulares del Forum unen “gente innovadora para evaluar interacciones entre la política y la tecnología. Sus mayores éxitos han estado en el desarrollo de redes bélicas basadas en alta tecnología”. Dado el papel de Wells en este Forum, tal vez no sea sorprendente que su informe fuera capaz de tener un impacto tan profundo en la política del Pentágono. Pero si eso fue así, ¿por qué nadie se dio cuenta? Pese a estar patrocinado por el Pentágono, no lo pude encontrar en la web del Departamento de Defensa sobre el Forum. Actuales y antiguas fuentes militares y de inteligencia nunca habían oído hablar de ello, así como tampoco los periodistas sobre seguridad nacional. Yo estaba perplejo.

Nafeez Ahmed https://medium.com/insurge-intelligence/how-the-cia-made-google-e836451a959e https://medium.com/insurge-intelligence/why-google-made-the-nsa-2a80584c9c1

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Alienación, cortina de humo, fábrica de sueños

La película “Cortina de humo” (Wag de dog) del director Barry Levinson, estrenada en 1997, es un fiel retrato del modo en que funcionan en Washington las altas esferas: poco antes de las elecciones, acusan al presidente de Estados Unidos de la violación de una menor, un asunto que amenaza con hundir la candidatura para su segundo mandato.

Antes de que el escándalo trascienda, la Casa Blanca prepara la típica cortina de humo. El asesor Conrad Brean (Robert De Niro) desvía la atención de los votantes creando una “historia” ficticia: la guerra contra Albania.

Con la ayuda de Stanley Motss (Dustin Hoffman), un famoso productor de cine y televisión afincado en Hollywood, Brean reúne un gabinete de crisis que trama un conflicto universal muy distinto de los vistos hasta entonces.

Ya saben lo que son los famosos “efectos especiales” en el cine: sustituyen el mundo real por el virtual. La película está basada en una novela de Larry Beinhart que se parece demasiado a la realidad, ya que su estreno coincidió con el Caso Monica Lewinsky y una nueva intervención de Estados Unidos en el Golfo Pérsico.

Además de los medios de comunicación, el cine (la fábrica de sueños) es el mejor ejemplo moderno de lo que Marx calificaba como alienación. Los vemos cada día día cuando preguntamos a nuestro colega: “Pero tú, ¿en qué mundo vives?” Deberíamos repetirnos la pregunta a nosotros mismos: ¿realmente sabemos en qué mundo vivimos?

La película muestra que la capacidad de los medios de comunicación y el cine para contar “historias” no se detiene. Según avanza la trama, el contrincante del presidente no desmiente la farsa sino que la da por terminada. Entonces los farsantes suben un peldaño en la escalada de engaños: crean la continuación de la “historia” por medio de un héroe (que nunca puede faltar en Estados Unidos).

Sí, la guerra que nunca empezó ya ha terminado. Pueden sentirse aliaviados porque han ganado los de siempre, los buenos, pero ha quedado un soldado atrapado tras las líneas enemigas…

La angustia vuelve a atrapar a los consumidores y productores de noticias.

La trama se complica cuando los productores eligen mal al héroe, que no resulta tan heroico como en la gran pantalla, sino todo lo contrario, un criminal que muere antes de aparecer triunfalmente, dar ruedas de prensa, aparecer en los platós, las portadas de las revistas…

Pero tanto Hollywood como la CNN pueden convertir un funeral en otro “show” más para seguir manteniendo la farsa hasta el final de tal manera que los pecados del presidente se mantengan en un segundo plano.

Es verdad que siempre hay quien no se deja engañar y sabe que detrás de una frase mil veces repetida hay una mentira. Pero incluso los que nadan contra la corriente, se dejan arrastrar por ella: es más fuerte. Tienen que entrar al trapo de las cortinas de humo, los bulos y ficciones como la guerra contra Albania, las armas de destrucción masiva, los tirantes con la bandera “nacional” que causaron la muerte a un “patriota” en Zaragoza…

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Por medio de las redes sociales Estados Unidos quiere desestabilizar Cuba

Estados Unidos creará una nueva Fuerza de Tarea en internet para difundir mensajes desestabilizadores contra Cuba. La decisión se corresponde con lo dispuesto en el Memorando Presidencial de Seguridad Nacional del 16 de junio de 2017, emitido por Trump en Miami.

Rodeado por gusanos de origen cubano, Trump anunció entonces un cambio de política hacia la mayor de las Antillas con el fin de fortalecer el bloqueo y limitar los viajes entre ambos países.

El departamento de Estado ha reunido una Fuerza de Tarea en internet para Cuba compuesta de funcionarios gubernamentales y no gubernamentales con el objetivo de “promover el libre flujo de información” y “ampliar el acceso a internet y los medios independientes” en la isla.

Una fuerza de tarea es un término propio de las Fuerzas Armadas estadounidenses, y define una unidad temporal para trabajar en una operación o misión específica.

La primera reunión pública del grupo de trabajo tendrá lugar el 7 de febrero en la propia sede del Departamento de Estado en Washington.

En 2014 la agencia Associated Press publicó documentos que probaban la itervención de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid) en el proyecto ZunZuneo -creado en 2009-, con el que se pretendía estimular una plataforma de mensajería entre los jóvenes cubanos similar a Twitter, pero cuyo verdadero propósito era promover acciones contra el gobierno cubano.

Poco después el Programa Piramideo promovió la creación de una red de amigos, ofreciéndoles la posibilidad de que una persona enviara a los miembros de su pirámide un mensaje de texto masivo por el valor de un solo mensaje.

Otra iniciativa de la Usaid preveía entregar a diversas empresas subcontratadas 4,3 millones de dólares para montar redes inalámbricas clandestinas en Cuba, como parte del proyecto denominado Conmotion.

La finalidad era ofrecerles a supuestos emprendedores tecnológicos cubanos el equipamiento necesario para sus propias redes, y posteriormente enlazar éstas a otras en el exterior, creando una red de usuarios para intoxicarlos y convocar manifestaciones.

—http://www.cubadebate.cu/noticias/2018/01/23/eeuu-crea-una-fuerza-de-tarea-en-internet-para-subversion-en-cuba/

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La única historia de las conspiraciones y las teorías de la conspiración empieza con la CIA

Sobre la expresión “teoría de la conspiración” conviene saber tres cosas. La primera es que surgió en Estados Unidos; la segunda es que surgió en 1964; la tercera es que la propagó la CIA.

Cuando en 1964 la Comisión Warren dio la versión oficial de que el asesinato de Kennedy había sido obra de un asesino actuando en solitario, el mundo estuvo al borde de extinguirse de un ataque multitudinario risa. Pero en la Casa Blanca las carcajadas de los demás siempre han importado muy poco.

Tras publicarse el informe, el New York Times aludió a cinco teorías sobre el magnicidio, conspiranoicas todas ellas, pero mucho más verosímiles de que las de la Comisión Warren. A partir de entonces la plaga se fue extendiendo.

En los años recientes, el término “teoría de la conspiración” aparece anualmente en 140 artículos del New York Times como promedio. En Amazon hay una categoría de libros dedicada a las “teorías de la conspiración” que incluye 1.300 obras. Una búsqueda en internet muestra millones de resultados para dicha expresión.

El profesor Lance de Haven-Smith, antiguo presidente de la Florida Political Science Association, publicó su libro “La teoría de la conspiración en Estados Unidos”, inaugurando el tratamiento académico del asunto (*).

Esta obra incorporó documentos confidenciales obtenidos gracias a la Ley de Libertad de Información que sugerían que fue la CIA quien generalizó el término “teoría de la conspiración”, al que le dio un sentido peyorativo como instrumento de manipulación de las opiniones políticas.

Cuando las implicaciones de las altas esferas de Washington, incluido el Presidente Lyndon B. Johnson, empezaban a salir a la luz como responsables del magnicidio, la CIA sacó su conejo de la chistera e inventó la “teoría de la conspiración” como algo peyorativo.

A partir de entonces la CIA demostró que es la mejor universidad del mundo. Sus doctrinas, sus palabras y sus informaciones sientan cátedra en todo el mundo, aprovechando el norme número de gregarios sumisos que proliferan por doquier.

En 1967 empezó a enviar directrices a sus sicarios en las redacciones y salas de prensa ridiculizando como “teorías de la conspiración” a todas aquellas hipótesis que contradecían la versión oficial del asesinato de Kennedy. Pero había que “matar al mensajero” y los autores de las mismas eran sujetos paranoicos, irracionales y padecían todo tipo de taras psiquiátricas.

Pero en su obra Lance de Haven-Smith va un poco más allá, asegurando que para que la campaña de la CIA triunfara, mucho antes se había preparado el terreno teórico que era necesario para ello. En la década de los cuarenta, dice, se dieron cambios importantes en la metodología política dominante en Estados Unidos que rebajaron la importancia de las explicaciones conspirativas en la historia.

Hasta entonces uno de los teóricos más influyentes en las teorías políticas de Estados Unidos era el historiador Charles Beard, que ponía el acento en el papel nefasto de las conspiraciones en el seno de la oligarquía dominante de Washington, favorables a un sector reducido aunque perjudiales para la gran mayoría.

En Estados Unidos las teorías políticas siempre han sido cutres y superficiales. No obstante, nunca pretendieron que todos los acontecimientos históricos tuvieran causas ocultas o secretas. No obstante, la existencia de tramas y conspiraciones siempre fue admitida por tratarse de una evidencia hisorica, de manera que investigarlas era unan de las tareas de los historiadores, absolutamente loable.

Pero Beard fue uno de los oponentes a la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial y al acabarse resultó marginado en el mundo académico, hasta que falleció en 1948. Lo mismo les ocurrió a otros historiadores que seguían las corrientes académicas tradicionales.

Dos intelectuales mediocres como Karl Popper y Leo Strauss se convirtieron en las nuevas estrellas de la bazofia política imperialista. Estados Unidos necesitaba un refuerzo ideológico y desde su nacimiento la CIA se encargó de ello, tanto en la biología, con la delirante campaña contra Lysenko, como en la sicología, la economía, la política o la historia.

Como buen lacayo ideológico de la burguesía monopolista, Popper negaba la existencia de conspiraciones en las altas esferas y criticaba a los historiadores que investigaban sobre ellas. Consideraba que la creencia en conspiraciones era una “enfermedad social” que había conducido al surgimiento del fascismo “y otras ideologías totalitarias”.

Leo Strauss es aún peor que Popper. No obstante, su crítica se basa en motivos totalmente opuestos. Las conspiraciones de las oligarquías son necesarias para mantenerlas alejada de la chusma y la gentuza ignorante que pretende influir sobre los asuntos políticos de un Estado.

Las conspiraciones les protegen de “la anarquía y el totalitarismo”, pero hay que tratar de que se mantengan secretas, alejadas de las miradas indiscretas de las masas. Según Strauss el problema de las conspiraciones no es que existan, ya que sí existen, sino que las masas las conozcan.

No hay nada mejor para el buen funcionamiento de la sociedad capitalista que mantener alejadas a las masas de los asuntos públicos mediante una buena y permanente conspiración, siempre que se mantenga en secreto. Incluso es conveniente para ello que el gobierno imponga una regulación estricta de los secretos oficiales. Eso es algo sobre lo que no se puede ni se debe investigar, de tal manera que si a algún curioso se le ocurre meter las narices en los secretos del Estado, hay que desacreditarlo como un loco, un bicho raro.

Hay cosas que los gobernantes no pueden decir y otras que siempre deben negar. “No hay pruebas ni las habrá”, dijo Felipe González en referencia a la conspiración del gobierno del PSOE y de los Estados español y francés en la creación y dirección de los GAL.

Ideológicamente Popper siempre fue un tendero cuya eficacia nunca dependió de la calidad de sus argumentos sino de que su insignificancia mide el tamaño intelectual de una clase social, la burguesía imperialista, y de sus académicos y universitarios, en la segunda mitad del siglo XX. Pero aunque las ideologías mediocres necesitan de autores igualmente mediocres, también necesitan influencias, enchufes y patrocinadores, que en el caso de Popper proceden de fuentes, como el magnate Soros.

La colusión de la insignificancia intelectual con las grandes fortunas causa los estragos a los que asistimos cada día, tanto en las universidades como en los medios.

En 1964 un inepto rematado como el profesor Richard Hofstadter criticaba lo que calificaba como un “estilo paranoico” muy asentado en el pensamiento político estadounidense propenso a creer en toda clase de conspiraciones. Eso era cierto y sigue siéndolo. No obstante, el propio Hofstadter tenía sus propias paranoias que, como es lógico, para él no eran tales. Creía que en México se escondían decenas de miles de tropas comunistas chinas preparadas para conquistar San Diego al asalto.

Les ocurre a todos los que despotrican contra los demás, acusándoles de conspiranoicos, empezando por el senador MacCarthy, que convirtió en política de Estado una pesadilla personal: el Comité de Actividades Antimericanas. Los comunistas se habían adueñado de las instituciones públicas y había que desalojarlos de ellas.

Todos esos charlatanes que en sus blogs despotrican contra las teorías de la conspiración están cortados por el mismo patrón impuesto por la CIA desde 1964. Quieren forjar intelectos a su imagen y semejanza: gregarios, dóciles, aborregados. A veces se atreven a llamarlo “comunidad científica”. El más minimo asomo de pensamiento crítico, diferente, debe desaparecer por completo.

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‘¡Matadlos a todos, Dios reconocerá a los suyos!’

En el mundo hay poblaciones que están condenadas a no ser conocidas porque nos referimos a la humanidad como si toda ella no fuera más que este occidente “civilizado”, una parte insignificante. Lo que no ocurre aquí, no ocurre, no existe.

También hay poblaciones que necesitan ser masacradas para ser conocidas, con muchas dificultades, como Armenia o Ruanda. En el país africano asesinaron a 800.000 personas y nosotros llenos de “humanidad”, muy pocas veces lo recordamos. Eso es lo que a cada paso nos permite llenarnos la boca con frases altisonantes, como “genocidio”, en cuanto mueren unas pocas personas (siempre muy cercanas a nosotros mismos).

Ocultamos las grandes matanzas detrás de la fraseología y con ellas ocultamos a los pueblos que las padecen. Eso en plena era de viralidad, cuando -según dicen- hay mucha “información” circulando muy velozmente. Nada más lejos de la verdad. Occidente, es decir, “la humanidad”, nunca ha sido más analfabeta que ahora y el analfabetismo es la plaga más contagiosa que existe.

En los seis años de guerra en Siria no se han conocido matanzas como las que en época de paz están padeciendo los rohingyas en Myanmar (Birmania), donde los desplazados suman unos 300.000. Nos preocupa mucho más “el problema” por antonomasia del mundo: Corea del norte y sus misiles. ¿Cuántas personas han muerto a causa de los misiles que lanza Pyongyang?

Algunos gobiernos estúpidos, como los de Perú o México, han roto relaciones diplomáticas con Corea del norte a causa del lanzamiento de misiles, pero ¿por qué no han hecho lo propio con el de Myanmar?

Dado el desgaste de palabras, como “genocidio”, el año pasado la ONU calificó las matanzas de rohingyas como un “crimen contra la humanidad”, que es otro vocablo en auge para los amantes de las sensaciones fuertes que no apartan sus manos del teclado del ordenador.

El canal Al Yazira, preocupado porque los rohingyas son correligionarios, asegura que el ejército birmano no se ha detenido en asesinar a los recién nacidos, como Herodes en las narraciones bíblicas. La soldadesca tiene orden de matar a todo el que no se largue de sus casas.

El llamamiento desesperado del Primer Ministro bengalí para que alguien frene el río de sangre no ha llegado a ninguna pantalla de televisión.

El gobierno de Myanmar tiene carta blanca para matar porque está dirigido por alguien impecable, Aung San Suu Kyi, la Premio Nobel de la Paz de 1991 cuya imagen las grandes cadenas no pueden ensuciar sin ensuciar el Premio mismo y todos los Premios habidos y por haber, como el Sajarov, otorgado por el Parlamento Europeo en 1990 que, hay que recordarlo, es un Premio a la Libertad de Pensamiento.

Los repugnantes gobiernos de la Unión Europea siempre están por encima de cualquier sospecha, aunque sostengan las matanzas del gobierno birmano. Por eso condecoran el genocidio, la limpieza étnica, los crímenes contra la humanidad, las matanzas, las decapitaciones, las violaciones, las torturas y los saqueos.

Los rohingyas han tenido muy mala suerte porque Myanmar tampoco es Venezuela; los medios nunca van a hacer del país asiático la diana de su baboseo y sus tertulias. Incluso China está ocultando las matanzas en un país donde el budismo es la religión oficial.

Por eso el gobierno de la Sra. Premio Nóbel de la Paz se permite el lujo de impedir el acceso de la prensa al Estado de Rajin, el lugar de los hechos, e incluso a los delegados de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. Hay muy poca información y lo que se conoce es gracias al testimonio de quienes han logrado escapar de la muerte.

A través de satélites espaciales, algunas ONG han observado los incendios y las devastaciones que ha llevado a cabo el ejército en las aldeas rohingyas del norte. Los refugiados cuentan que el ejército, la policía y milicias budistas llegan a las aldenas rohingyas, encierran a la población en recintos improvisadas de bambú y les prenden fuego.

En el siglo XIII un cruzado cristiano que estuvo en la batalla de las Navas de Tolosa, Arnaldo Almaric, dijo aquello de “¡Caedite eos. Novit enim Dominus qui sunt eius!” (¡Matadlos a todos, Dios reconocerá a los suyos!) Lo que importa no son los inocentes, los daños colaterales. Ni siquiera importa lo que ocurra en este mundo sino el Más Allá.

Es algo común a los cristianos, los islamistas y los budistas. Gracias a dios, eso les permite matar impunemente a todos, incluidos a los suyos. Les hacen un favor llevándolos al Nirvana, o al paraíso.

Más información:
— Cuando el terror viste ropajes budistas
— El silencio sobre un crimen contra la humanidad muy inconveniente

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Google censura a los medios independientes de información

El 25 de abril Google anunció la modificación de su motor de búsqueda para que los usuarios tuvieran más dificultades para acceder a sitios de información independientes de las grandes cadenas mediáticas, esos que suministran información de mala calidad, conspiranoica, magufa y falsa.

Entre dichos calificativos están los sitios que se oponen al fascismo, al imperialismo, a la guerra, cuyo número de visitas ha empezado a descender progresivamente desde entonces en todo el mundo

Los buscadores de internet esconden su parcialidad detrás de complejos algoritmos informáticos (Search Quality Rater Guidelines) que son la expresión lógica y matemática de la ideología dominante, que sigue desarrollando su capacidad para analizar y censurar los contenidos de internet.

Eso que llaman “inteligencia artificial” es artificial pero es muy poco inteligente. No quieren que leamos noticias inconvenientes para nosotros, que nos confundan, que nos lleven al error porque somos así, gilipollas integrales, incapaces de discriminar lo que tenemos delante de nuestras narices.

El modelo es el que las revistas científicas anglosajonas han impuesto desde 1945: la creación de equipos de censores (“peer review”) que evalúan las noticias y los sitios de internet según su propio criterio ideológico. Son los modernos inquisidores, los censores de libros prohibidos, los nuevos martillos de herejes resucitados de la Edad Medieval y las peores épocas de oscurantismo.

El papel de los censores es el de toda la vida, elaborar listas negras, etiquetar a determinados sitios para que no aparezcan entre las dos primeras páginas de Google. De esa manera el buscador tiene la excusa para que no le acusen de censura: entierra la web de tal manera que su localización sea como buscar una aguja en un pajar.

Quien quiera una información de calidad debe acudir al Washington Post, Le Monde, The Guardian, Clarín o La Repubblica.

El mes pasado la Comisión Europea multó a Google con una sanción 2.700 millones de dólares precisamente por manipular los resultados de las búsquedas. La manipulación se lleva a cabo tanto por motivos comerciales como políticos.

Las páginas progresistas que más se leen han visto caer el número de visitantes muy fuertemente, en un promedio del 70 por ciento. Sitios conocidos de información, como Wikileaks, Counterpunch o Global Research han visto que sus índices de lectura se han desplomado. En nuestro caso, desde enero de este año la caída es del 77 por ciento.

El término “noticias falsas” que han creado los imperialistas para sostener su hegemonía ideológica, ha cuadruplicado el número de entradas desde noviembre, coincidiendo con la farsa de las elecciones presidenciales en Estados Unidos.

Para presionar a los buscadores (Google) y las redes sociales (Facebook), el 14 de noviembre el New York Times les acusó directamente de ser los responsables de la victoria electoral de Trump por difundir noticias falsas. Ahora los monopolios informáticos quieren congraciarse con los informativos.

Diez días después el Washington Post dijo lo mismo de una manera aún más clara en un artículo titulado “El esfuerzo de propaganda ruso contribuye a difundir noticias falsas sobre las elecciones”, en el que se apoyaba en PropOrNot, un colectivo anónimo que propaga las tonterías típicas de los informáticos y expertos digitales.

Hasta el Washington Post tuvo que rectificar la chapuza de sus expertos: “No ofrecemos ninguna garantía sobre la validez de los resultados de PropOrNot”. Pero el daño ya está hecho. La censura ha triunfado también en la red. El 7 de abril la agencia Bloomberg anunció que Google trabajaba con el Washington Post y el New York Times para “verificar artículos” y erradicar las “noticias falsas”.

Tres meses después de los 17 sitios etiquetados dentro de la lista negra de Google, el New York Times y el Washington Post, 14 habían experimentado una reducción promedio del 25 por ciento en el número de visitantes. El algunos casos la reducción era del 60 por ciento.

Lo mismo que los colectivos sociales progresistas promocionan sitios de información independientes, también deberían promocionar otro tipo de buscadores que no sea el mismo de siempre, como por ejemplo:

— DuckDuckGo (http://www.duckduckgo.com)
— Searx (http://www.metasearx.com)
— Yippy (http://www.yippy.com)
— Teoma (http://www.teoma.com)
— Gigablast (http://www.gigablast.com)
— Disroot (http://search.disroot.org/)
— Exalead (http://www.exalead.com/search)