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Estados Unidos quiere paralizar la industria petrolera rusa

El gobierno de Biden está elaborando planes para ahogar los ingresos petroleros de Rusia con el objetivo a largo plazo de destruir el papel central del país en el mercado energético mundial, en una escalada que podría poner a Estados Unidos en conflicto con China, India, Turquía y otros países que compran petróleo ruso.

Las medidas propuestas incluyen la imposición de un tope de precios al petróleo ruso, respaldado por las denominadas “sanciones secundarias”, que castigarían a los compradores extranjeros que no cumplan con las normas de Estados Unidos, impidiéndoles hacer negocios con empresas estadounidenses y de países asociados.

Las sanciones económicas contra Rusia han fracasado estrepiosamente. Según un nuevo informe de la Agencia Internacional de la Energía las exportaciones rusas de petróleo aumentaron en abril, y el aumento de los precios significa que Rusia ha obtenido un 50 por cien más de ingresos este año que en el mismo periodo del pasado. Los miembros de la OTAN, India y Turquía, han aumentado sus compras. Corea del Sur compra menos, pero sigue siendo un cliente importante, al igual que China, que critica las sanciones estadounidenses.

A pesar de las sanciones económicas, Rusia cosecha casi 20.000 millones de dólares mensuales por la venta de petróleo. Se trata de privar a Moscú de ese dinero y, al mismo tiempo, garantizar que el suministro mundial de petróleo no caiga, lo que podría provocar un aumento de los precios que empeoraría la inflación en Estados Unidos y otros países. En vísperas de las elecciones estadounidenses, Biden ha declarado que la lucha contra la inflación es una prioridad absoluta.

De forma inmediata Estados Unidos no puede retirar grandes cantidades de petróleo ruso del mercado internacional. Lo que hace es presionar a los países para que se desprendan de estas importaciones en los próximos meses. La prohibición de Estados Unidos de vender tecnología crítica a Rusia pretende, en parte, paralizar a sus empresas petroleras durante muchos años. El mercado acabará ajustándose a medida que la industria rusa desaparezca.

La industria petrolera rusa ya está bajo presión. Estados Unidos prohibió las importaciones de petróleo ruso en marzo y la Unión Europea espera anunciar pronto una medida similar. Sus ministros de Asuntos Exteriores han debatido en Bruselas un posible embargo. El G7 acordó este mes eliminar gradualmente las importaciones de petróleo ruso, y sus ministros de Economía se reunirán esta semana en Bonn para discutir los detalles.

“No se va a acabar de la noche a la mañana, pero Europa está claramente en el buen camino para avanzar con decisión en esa dirección”, dijo ayer en Berlín el Secretario de Estado Antony J. Blinken al ser preguntado por las futuras sanciones energéticas en una conferencia de prensa de la OTAN.

El jueves la Secretaria del Tesoro, Janet Yellen, dijo que había discutido con sus homólogos extranjeros las opciones para reducir los ingresos petroleros rusos sin llegar a un embargo europeo total. “El objetivo es mantener una cierta cantidad de petróleo ruso en el mercado para mantener los precios mundiales bajos y no tener efectos negativos indebidos en terceros países”, dijo Yellen a los periodistas.

Yellen mencionó los topes de precios, los aranceles y las “sanciones secundarias” como posibles formas de reducir los ingresos petroleros de Rusia sin que los precios mundiales se disparen.

Estados Unidos estudia qué más puede hacer a corto plazo para reducir los ingresos que Rusia obtiene de las ventas de petróleo, y asegurarse de que los países que no forman parte de la coalición de sanciones, como China e India, no socavan las sanciones simplemente comprando más petróleo. El gobierno de Biden estudia diferentes tipos de “sanciones secundarias” y aún no ha decidido una línea de acción. Estados Unidos ha impuesto “sanciones secundarias” para cortar las exportaciones de Irán.

Las grandes empresas extranjeras suelen cumplir la normativa estadounidense para evitar las sanciones si comercian con empresas estadounidenses o con países asociados. La consigna es “si haces negocios con Rusia, no puedes hacer negocios con Estados Unidos”.

Pero las sanciones tienen un historial de fracasos. En 2020 el gobierno de Trump impuso sanciones a empresas de China, Vietnam y Emiratos Árabes Unidos por su papel en la compra o transporte de petróleo iraní. Pero el aislamiento económico nunca ha logrado cambiar la política de los gobiernos, desde Irán hasta Corea del Norte, pasando por Cuba y Venezuela.

Una de las medidas que están estudiando en Washington obligaría a las empresas extranjeras a pagar por el petróleo ruso un precio inferior al del mercado o enfrentarse a sanciones. Washington fijaría un precio para el petróleo ruso muy por debajo del valor del mercado mundial, que actualmente está en 120 dólares por barril. El último presupuesto de Rusia fijó un precio de equilibrio para su petróleo por encima de los 40 dólares. Un tope de precios reduciría los beneficios de Rusia sin aumentar los costes energéticos mundiales.

El gobierno estadounidense también podría cortar la mayor parte del acceso ruso a los pagos del petróleo. Para ello, Washington promulgaría una normativa que exigiría a los bancos extranjeros que gestionan los pagos que coloquen el dinero en una cuenta de depósito en garantía si quieren evitar las sanciones. Rusia sólo podría acceder a ese dinero para comprar bienes esenciales, como alimentos y medicinas.

A medida que se pongan en marcha esos mecanismos, Estados Unidos presionará a los países para que reduzcan gradualmente sus compras de petróleo ruso, como han hecho con el petróleo iraní. No habría una prohibición del petróleo y el gas rusos en sí mismos porque subiría los precios de forma drástica y Rusia puede beneficiarse de esa subida.

Pero la aplicación de los pagos en custodia o los límites de precios a escala mundial podría resultar difícil. Con las nuevas medidas, Estados Unidos tendría que enfrentarse a países ajenos a la actual coalición de sanciones que, como India y China, quieren mantener buenas relaciones con Rusia.

Estados Unidos necesita orquestar una provocación de falsa bandera para pasar a las “sanciones secundarias”, como un ataque con armas químicas. También necesita que sus socios europeos y asiáticos acepten su política sancionadora, lo cual no es sencillo. En Bruselas creen que algunas medidas, como la limitación de precios o los aranceles al petróleo ruso, serían ineficaces o demasiado complicadas de aplicar.

En Bonn, Yellen reconoció que todas las propuestas tenían “dificultades prácticas” y que los países europeos aún no se habían puesto de acuerdo en una solución. “Creo que mucha gente, incluida yo, lo encuentra atractivo desde un punto de vista económico general, pero hacerlo operativo es un reto”, dijo Yellen.

Mientras tanto, en la Casa Blanca calculan los ingresos que dejaría de percibir Rusia si los principales compradores pagaran sólo una fracción del precio de mercado del petróleo. Si la Unión Europea decide imponer un tope de precios a sus compras en lugar de un embargo total, los compradores asiáticos y de Oriente Medio de petróleo ruso podrían pretender pagar el mismo precio reducido.

El gobierno de Biden tampoco descarta recurrir al expolio descarado de los activos del Banco Central ruso que fueron congelados en cuentas extranjeras al principio de la Guerra de Ucrania, así como los de los magnates rusos, y dárselos a Ucrania con el pretexto de “pagar la reconstrucción”.

Las grandes potencias planean la creación de un cártel anti-OPEP

Estados Unidos, Reino Unido y la Unión Europea han iniciado las conversaciones preliminares para crear una organización de países importadores de petróleo, ha anunciado la secretaria del Tesoro de Estados Unidos, Janet Yellen.

Las conversaciones, que calificó como “muy activas”, tratan de formar un cártel de consumidores de petróleo entre Washington y sus aliados occidentales. 

Este es uno de los principales objetivos de un viaje a Europa de varios funcionarios del Tesoro estadounidense este mes. La intención es recuperar cierto control sobre la evolución de los precios mundiales. Se supone que el G7, que celebrará una cumbre en Alemania a finales de mes, proporcionará el marco para este acuerdo de compra de petróleo, aunque todavía no está claro cuáles podrían ser exactamente los términos de la intervención en el mercado.

El mes pasado, durante una visita a Estados Unidos, el Presidente del gobierno italiano, Mario Draghi, ya utilizó el término “cártel de compradores” para persuadir a la OPEP de que aumente la producción.

Las conversaciones determinarían que el nuevo organismo contrataría las compras a granel y luego asignaría los volúmenes a cada estado consumidor.

Hace casi 50 años se creó la Agencia Internacional de la Energía (AIE) para defender los intereses petroleros de los paises capitalistas más poderosos. Sin embargo, nunca se ha hablado de contratos colectivos, y sus miembros habrían tenido que acordar un mecanismo conjunto para recurrir a sus reservas estratégicas.

Europa se planteó la puesta en común de la demanda en 2014, tras el Golpe de Estado en Ucrania. Entonces la AIE dijo que la Unión Europea no debería pensar en un cártel de compradores, sino en construir un verdadero mercado único europeo de la energía y trabajar para desconectarse gradualmente de los suministros rusos. Esta última recomendación quedó en papel mojado hasta este año.

Una organización de países importadores de petróleo sigue teniendo grandes obstáculos. En primer lugar, los europeos se enfrentarán a un dilema político, ya que Bruselas se vería obligada a situar su seguridad energética por encima de su doctrina fundamental de la libre competencia, ya que atacar los cárteles de cualquier tipo forma parte de la construcción de Europa, y por tanto de la identidad de las instituciones de los 27.

Pero el plan es inviable, fundamentalmente porque la OPEP sólo tiene dos millones de barriles diarios de capacidad de reserva, en el mejor de los casos, lo que evidentemente está lejos de cubrir el actual suministro ruso, del que los europeos pretenden prescindir.

Por ello, la grandes potencias ha ideado otro plan, junto con el cártel de compradores, que supuestamente permitirá vender petróleo ruso a China e India en el futuro sin demasiada vergüenza, es decir, sin aplicarles las llamadas “sanciones secundarias” de Occidente por su cooperación con Moscú.

Yellen ha declarado que quiere que el crudo ruso pueda “seguir fluyendo hacia el mercado mundial, para contener los precios mundiales y tratar de evitar un pico que provoque una recesión internacional”.

Según el Wall Street Journal, el G7 está buscando a las compañías de seguros de carga, principalmente británicas y de Europa Occidental, para obligarlas a fijar un tope de precios a los envíos de petróleo ruso. Un cliente que aceptara pagar más del límite acordado estaría sujeto a medidas punitivas euroamericanas. Otro supuesto que sugiere, en todo el mundo, que el G7 no es más que otro cártel más, con el poder de sancionar financieramente a los países de siempre: Rusia, China…

Argelia revisará todos sus acuerdos de cooperación con España

Todo comenzó el 18 de marzo después de que, por presiones de Estados Unidos, el gobierno de coalición del PSOE y Podemos anunciara su decisión de apoyar el plan de autonomía marroquí para el Sáhara Occidental, y terminó el 8 de junio con la suspensión por parte de Argel del tratado de amistad que ha enmarcado las relaciones entre los dos vecinos mediterráneos durante 20 años.

El mismo día, Argelia decidió congelar las operaciones de domiciliación bancaria para las importaciones y exportaciones con España. En menos de tres meses, varios anuncios sucesivos han reducido las relaciones entre Argelia y España a su forma más simple.

El dramático giro del gobierno de Pedro Sánchez sobre el Sáhara Occidental ha sido calificado por Argelia como una segunda traición al pueblo saharaui, siendo la primera el hecho de haber dejado que Marruecos ocupara el territorio tras su retirada en 1975.

Argelia retiró por primera vez a su embajador en Madrid el 19 de marzo, y luego anunció que modularía sus relaciones con otros países del sur de Europa, especialmente en materia de cooperación energética.

La crisis con España se produjo en un contexto de tensión mundial por el gas debido a la Guerra de Ucrania. España e Italia, conectadas por gasoductos a Argelia, pidieron a esta última entregas adicionales que aseguraran su abastecimiento inmediato y que les permitieran convertirse en un centro de gas para Europa.

Por ello, Argelia ha optado por Italia, con quien se firmó un contrato el 11 de abril para aumentar las entregas a 9.000 millones de metros cúbicos de aquí a 2023-2024.

El acuerdo se firmó con motivo de la visita a Argel del Primer Ministro italiano Mario Draghi. A esta visita seguirá la del Presidente Abdelmadjid Tebboune en Italia, el 25 de mayo, durante la cual se firmaron acuerdos que afectan a otros sectores y se reafirmó la excelencia de las relaciones argelino-italianas.

Mientras tanto, las relaciones con el otro vecino mediterráneo se deterioraban. Argelia se ha comprometido a respetar sus compromisos contractuales de suministro de gas a España, su segundo cliente mundial, pero nada más.

A finales de abril, el Ministerio de Energía llegó a amenazar con suspender estos suministros si España abastecía a Marruecos de gas argelino. Siguiendo con el plano económico, los medios de comunicación españoles informaron de que Argelia había cerrado su mercado a la carne de vacuno española, mientras que los importadores argelinos se quejaron en una reciente sentada frente al Ministerio de Comercio de que sus productos importados de España estaban bloqueados.

Argelia acabó formalizando estas represalias económicas con la simple congelación del comercio exterior con España, que es uno de sus principales socios comerciales en el mundo. La decisión de congelación fue anunciada el miércoles por la Asociación de Bancos e Instituciones Financieras de Argelia (Abef). Un duro golpe para la economía española.

Ayer Pedro Sánchez justificó ante el Parlamento la traición al Sáhara y eso ha precipitado la suspensión por parte de Argel del acuerdo de amistad.

El giro del 18 de marzo se produjo tras el chantaje de Marruecos sobre la cuestión migratoria y la de los enclaves españoles de Ceuta y Melilla. El gobierno de coalición de PSOE y Podemos no se tomó en serio la reacción de Argel, que ahora está socavando seriamente esos mismos intereses. Sin embargo, las advertencias de Argelia no han faltado a lo largo de este periodo.

“Lo que está ocurriendo entre Argel y Madrid no es sólo una nube otoñal que se disipará rápidamente. Los que hablan de un enfado temporal de Argelia, no están en fase con la realidad”, dijo a mediados de abril Amar Belani, enviado especial argelino encargado del Sáhara Occidental y los países del Magreb.

Por su parte, el Secretario General del Ministerio de Asuntos Exteriores argelino declaró a un periódico italiano a finales de marzo que Argelia “revisará todos los acuerdos con España”.

El endeudamiento de África procede de capitales privados

China no ha endeudado a África, dice una investigación de las Universidades de Columbia y Oxford (*). Los acreedores privados occidentales han sido el principal motor de la acumulación de deuda en el Continente Negro desde 2004. Se trata de fondos de inversión, bancos comerciales, fondos de cobertura e incluso gigantes de las materias primas, como Glencore, que posee más de una cuarta parte de la deuda de Chad.

El estudio, publicado a finales del mes pasado, fue realizado por dos investigadores, Nicolas Lippolis, del Departamento de Política y Relaciones Internacionales de la Universidad de Oxford, y Harry Verhoeven, del Centro para el Estudio de la Política Energética Mundial de la Universidad de Columbia.

Los medios de comunicación y los gobernantes occidentales han venido sosteniendo lo contrario durante años: que China utiliza la “trampa de la deuda” para ejercer influencia sobre sus socios africanos, o incluso para obligarles a ceder el control de ciertos activos cuando ya no pueden pagar.

El 27 de mayo, durante una visita a Níger, el canciller alemán, Olaf Scholz, también advirtió sobre la “trampa de la deuda” china en África, llegando a decir que la “generosidad” de Pekín con el continente corre el riesgo de provocar una crisis financiera mundial.

Por el contrario, la investigación universitaria concluye que “aunque China es el mayor acreedor bilateral del continente, la mayor parte de la deuda de los países africanos está en manos de acreedores privados occidentales”.

Las deudas pendientes de los Estados africanos con China ascendían a unos 78.000 millones de dólares a finales de 2019, lo que representa aproximadamente el 8 por cien de la deuda total del continente, que asciende a 954.000 millones de dólares, y el 18 por cien de la deuda externa de África.

Según los investigadores, alrededor de la mitad de la deuda pública africana se emitió a escala nacional, y la otra mitad se debió a actores externos.

De la deuda externa, un tercio se debía a socios bilaterales oficiales, un tercio a instituciones financieras internacionales (FMI, Banco Mundial, BAfD, etc.) y un tercio en forma de eurobonos denominados en una moneda distinta a la del Estado emisor.

Cerca de la mitad de la deuda bilateral se debe a China. El continente africano tiene una deuda externa de unos 427.000 millones de dólares. La deuda africana en manos de China representa casi el 50 por cien de la deuda bilateral pendiente de los países africanos.

Pekín ha prestado unos 150.000 millones de dólares a los países africanos desde 2000, principalmente a través del China Eximbank (60 por cien) y el China Development Bank (25 por cien). Esto indica que ya se han devuelto unos 75.000 millones de dólares. “Se trata de una cantidad considerable, pero no lo suficientemente grande como para considerarla el principal motor de la acumulación de deuda en África desde 2004-2005”, dice el estudio.

Los préstamos chinos están muy concentrados en cinco países africanos: Angola, Etiopía, Kenia, Nigeria y Zambia.

Los investigadores también señalan que las discusiones sobre el alivio de la deuda, o al menos el aplazamiento de los reembolsos de los países más frágiles, están estancadas debido al creciente peso de los acreedores privados, que están esperando que se cancele parte de la deuda pública, para que el margen presupuestario liberado les permita cobrar.

“En contra de las narrativas sobre la trampa de la deuda tendida por China para África, si se materializa en un futuro próximo una oleada de impagos por parte de los Estados africanos, como temen los responsables de las instituciones financieras internacionales desde al menos 2015, será más el resultado de las maniobras y la intransigencia del sector privado que de los chanchullos chinos”, resume el estudio.

(*) https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/00396338.2022.2078054

El capitalismo va hacia una etapa de inflación y recesión

Cuando la inflación comenzó a dispararse, ya antes de la Guerra de Ucrania, los “expertos” acompañaron a los ministros del ramo para tranquilizarnos: era transitoria.

Ahora Janet Yellen, la anterior responsable de la Reserva Federal y actual Secretaria del Tesoro de los Estados Unidos, entona el mea culpa por haber engañado a su público, o mejor dicho, por haberse equivocado.

Tanto la Reserva Federal como la Secretaría del Tesoro tienen miles de “expertos” que cobran un dineral por analizar cada uno de los aspectos de la economía de Estados Unidos, y no son capaces de acertar… No hay quien se lo crea.

En Estados Unidos la inflación ha alcanzado ya un máximo en 40 años y Yellen dice ahora a los senadores que es un nivel “inaceptable”. Por lo tanto, hay que lograr la cuadratura del círculo: cambiar la política fiscal sin dañar la economía.

“Actualmente nos enfrentamos a retos macroeconómicos, entre los que se incluyen niveles inaceptables de inflación, turbulencias relacionadas con las interrupciones de las cadenas de suministro inducidas por la pandemia y el impacto de las interrupciones de suministro en los mercados del petróleo y de los alimentos resultantes de la guerra rusa en Ucrania”, dice Yellen.

Pandemia, Guerra de Ucrania… Rectificar es de sabios. Lo primero, la pandemia, no tiene remedio; lo segundo sí: en lugar de enviar armas a Ucrania podían iniciar negociaciones con Rusia, eliminar las sanciones económicas y bajar los precios del petróleo comprando a los rusos.

Con ello no es que la inflación vaya a desaparecer, pero podría bajar.

Pero no es eso lo que quieren en Washington. “Para mitigar las presiones inflacionistas sin socavar la fortaleza del mercado laboral, es necesario adoptar una postura fiscal adecuada que complemente las medidas de política monetaria de la Reserva Federal”, propone Yellen.

¿Qué es una “postura fiscal adecuada”? Es lo de siempre: recortes presupuestarios, aumento de los tipos de interés y, en definitiva, entrar en la recesión económica.

Blanco y en botella: el capitalismo va de cabeza hacia una etapa de inflación y recesión.

Biden viajará al Golfo Pérsico para aislar a Rusia de los países de la OPEP

Decíamos que Rusia estaba a punto de ser expulsada de la OPEP+ o, por lo menos, que quedaría privada de fijar las cuotas de oferta de petróleo. Ahora Biden ha anunciado que a finales de este mes viajará a Riad para atar el plan: aumentar la oferta para bajar los precios de los carburantes. El resto del plan es aislar a Rusia e Irán de los países del Golfo Pérsico y, de rebote, aplastar a los yemeníes.

En su campaña elctoral Biden dijo que Arabia saudí es un “Estado paria”, una etiqueta de moda que se adhiere a demasiados países del mundo que no aceptan las indicaciones que proceden de Washington.

El anuncio se produce pocas horas después de la reunión de la OPEP+ que acordó aumentar la oferta en cerca de un 50 por cien, hasta los 648.000 barriles diarios, bastante más de lo previsto. Pero el precio del petróleo apenas ha caído y sigue por encima de los 110 dólares el barril.

En un año han subido más de un 60 por cien, la inflación se ha disparado y las protestas han comenzado a estallar por los cinco continentes.

Además, Biden reunirá con otros dirigentes de países árabes, como Egipto, Jordania, Irak y Emiratos Árabes Unidos.

Por su parte, los sátrapas saudíes siguen cada vez más enfangados en Yemen y han visto que los huthíes son capaces de atacarles en su propio suelo. El mismo día del acuerdo de la OPEP+, la coalición que encabezan los saudíes en Yemen prorrogó el alto el fuego durante dos meses.

La OPEP+, que agrupa a 13 países exportadores de petróleo (los miembros más otros 10 países, incluida Rusia), lanza al mercado mundial casi la mitad del crudo y se apoya en el vínculo entre Arabia saudí y Rusia.

En abril la OPEP+ incumplió su objetivo de llevar su oferta hasta un millón de barriles diarios, y desde entonces la situación ha empeorado por las sanciones a Rusia. Además, las sanciones han tenido otra consecuencia: romper el acuerdo interno en la OPEP+, donde cada país tiene su propia cuota de participación, que Rusia no puede cumplir.

Tanto si Rusia es expulsada de la OPEP, como si se rompe el equiibrio interno entre los países prouctores de petróleo, las consecuencias serían imprevisibles.

Los capitalistas alemanes no quieren participar en la guerra económica contra China

Una importante asociación empresarial alemana ha advertido explícitamente contra las nuevas sanciones a China. Quien pida tales sanciones debe ser consciente de la extrema importancia del mercado chino para la industria alemana, dijo Siegfried Russwurm, presidente de la Federación de la Industria Alemana (BDI). La intensificación de la guerra económica contra la República Popular podría infligir graves daños adicionales a la economía alemana, que -directa o indirectamente- ya se ha visto gravemente afectada por las sanciones contra Rusia. Los políticos y los medios de comunicación alemanes piden ahora sistemáticamente nuevas sanciones, como reacción a la reciente publicación de documentos que denuncian violaciones de los derechos humanos en la región china de Xianjiang. Además, por primera vez, el gobierno alemán ha tomado medidas para dificultar las nuevas inversiones en China, rechazando las medidas respaldadas por las antiguas normas.

El debate sobre las nuevas sanciones se inició cuando la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, obtuvo los primeros resultados positivos en las negociaciones con la República Popular China. Durante el fin de semana, la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, presentó los principales objetivos y resultados de su misión de seis días en China, que también la llevó a la región noroccidental de Xianjiang. Bachelet subrayó que el propósito de su visita no era una investigación detallada de la situación de los derechos humanos allí, sino mantener “conversaciones directas” no sólo con el Presidente Xi Jinping, el Ministro de Asuntos Exteriores Wang Yi y representantes de la Región Autónoma Uigur de Xinjiang (XUAR), sino también con representantes del poder judicial y de las fuerzas del orden. También se reunió con activistas de ONG: “China tiene una tradición de compromiso con las bases”, señaló Bachelet.

El Alto Comisionado de la ONU acogió con satisfacción los cambios en las leyes que protegen los derechos de las mujeres, imponiendo penas más duras para el acoso sexual y condenando la violencia doméstica. También destacó los notables logros en la erradicación de la pobreza. Bachelet criticó que, aunque la reciente ratificación de dos convenios internacionales sobre el trabajo forzoso es un punto de partida importante, ahora hay que vigilar su aplicación y prevenir la violencia.

En cuanto a la situación en Xinjiang, Bachelet subrayó que aunque el terrorismo está teniendo un impacto terrible en la sociedad -Xinjiang ha sido durante mucho tiempo la cuna del terror yihadista mortal- las respuestas antiterroristas del gobierno “no deben, sin embargo, dar lugar a violaciones de los derechos humanos”. Planteó “preguntas y preocupaciones” sobre las medidas oficiales de lucha contra el terrorismo y de desradicalización y “su amplia aplicación” contra las minorías musulmanas.

En este contexto, también se habló de la falta de supervisión judicial independiente de estas medidas. Bachelet también dijo que el gobierno de Pekín le había asegurado que el sistema de centros de formación profesional (VETC) -el nombre oficial de los campos que han sido muy criticados en Occidente- había sido “desmantelado”. Animó al Gobierno a realizar una inspección de todas las medidas antiterroristas. Acordaron establecer un compromiso regular entre la Oficina de Derechos Humanos de la ONU y el gobierno chino y crear un grupo de trabajo para facilitar “intercambios y cooperación sustantivos” en el futuro. Pekín aceptó invitar a altos funcionarios de la Oficina de Derechos Humanos de la ONU.

Aunque el informe de Bachelet -su visita fue la primera de un comisionado de derechos humanos de la ONU en 17 años- promete al menos algunos avances en las conversaciones entre ambas partes, su visita ha sido sistemáticamente torpedeada por Occidente. El portavoz del Departamento de Estado de Estados Unidos dijo el martes que la visita de Bachelet a la República Popular China fue “un error”. Ese mismo día se hicieron públicos documentos e imágenes que parecen dar cierta credibilidad -al menos en parte- a la tortura en los campos de Xinjiang, mientras que otras imágenes difundidas se limitan a mostrar medidas de entrenamiento policial.

Además, la autenticidad de algunos documentos plantea, como mínimo, dudas. La ministra de Asuntos Exteriores alemana, Annalena Baerbock, en reacción a la publicación de estos documentos, aumentó la presión de Berlín sobre Pekín exigiendo en una videoconferencia a su homólogo chino, Wang Yi, que el gobierno chino expresara públicamente su posición. El Secretario de Estado Antony Blinken volvió a cuestionar la visita de Bachelet durante el fin de semana, diciendo que le “preocupaba” que hubiera sido “manipulada”. Así, por segunda vez en poco tiempo, las potencias occidentales han saboteado los esfuerzos de la ONU por desescalar y mediar en un conflicto agudo mediante negociaciones.

Y eso no es todo. En Alemania, los políticos y los medios de comunicación han empezado a agravar aún más las ya crecientes tensiones entre Occidente y China pidiendo nuevas sanciones. Ya el miércoles, Reinhard Butikofer (Verdes), jefe de la delegación del Parlamento Europeo para China, dijo que las sanciones de la Unión Europea impuestas a la República Popular China en marzo de 2021 habían sido “sanciones de crucero”, y que era el momento de “dar un paso adelante”. Los altos cargos deben ser el objetivo”. Además, hay que instar a las empresas alemanas a “retirarse de Xinjiang“; esto no debería ser un problema; después de todo, desde la invasión rusa de Ucrania, “muchas empresas europeas se han retirado de Rusia”. El Ministro de Economía alemán, Robert Habeck, confirmó poco después que, aunque la República Popular China es un importante socio comercial, el gobierno alemán sigue intentando reducir su dependencia comercial de China. El sábado pasado, Spiegel Online, uno de los mayores portales en línea de Alemania, pidió un punto de inflexión en la política de Alemania y Europa hacia China: “¡Sanciones contra los criminales de China!”

El gobierno alemán ha comenzado a dar los primeros pasos concretos -aún por debajo del nivel de sanciones- con el objetivo de dificultar aún más las inversiones alemanas en China. Como se supo a finales de la semana pasada, el Ministro de Economía alemán se negó a aprobar “cuatro solicitudes” presentadas por una empresa alemana para una “ampliación de la garantía de inversión” rutinaria para proyectos costosos en China. Según los informes, el Grupo Volklwagen es la empresa en cuestión. Según ha confirmado el Ministerio, la denegación se mantendrá “por motivos de derechos humanos”. Las acusaciones se centran en la fábrica de Volkswagen en Xinjiang. El grupo alemán no tiene intención de invertir en la planta de Xinjiang, sino en otras zonas. Sin embargo, no se puede excluir una relación con esta planta, según el Ministro de Economía, lo que es suficiente para rechazar la solicitud de garantía de inversión.

Según se ha informado, Volkswagen mantendrá su plan de inversiones.

En cuanto a las posibles peticiones de sanciones más amplias contra China, la Federación de la Industria Alemana (BDI) se pronuncia ahora públicamente: “Si sólo hacemos negocios con democracias liberales”, advierte el presidente de la BDI, Siegfried Russwurm, “el mundo será un lugar bastante pequeño para la nación exportadora alemana”.

De hecho, las sanciones contra Rusia, con sus efectos directos e indirectos, ya están perjudicando los beneficios de la industria alemana. Los expertos no descartan que se produzcan daños estructurales e incluso la pérdida total de industrias clave. Cómo, en estas condiciones, podrían evitarse nuevos colapsos en caso de renovarse las sanciones a China, sigue siendo una incógnita. El sector del automóvil, por ejemplo, un sector clave de la industria alemana, vende una media de un tercio de sus coches a la República Popular. Cualquiera que se tome en serio la imposición de nuevas sanciones a China debe ser consciente de la extrema importancia del mercado chino para la industria alemana, advierte Russwurms: “Las consecuencias serían dramáticas”.

Rusia podría ser expulsada de la OPEP

La OPEP+ podría excluir a Rusia de los acuerdos de producción, lo que tendría importantes consecuencias sobre la oferta de petróleo en el mercado mundial, según el Wall Street Journal.

Eso significa que las presiones de Estados Unidos están presentes en todo tipo de organismos internacionales, tanto políticos como económicos.

La posición de la OPEP+ respecto a Rusia está cambiando, a pesar de que el Kremlin es la punta de lanza de los aliados de la OPEP. Por encargo de Estados Unidos, algunos países productores están presionando para que Rusia sea excluida de los acuerdos de producción. El plan es aumentar las exportaciones y bajar los precios rápidamente.

Los acuerdos de la OPEP exigen tener en cuenta todos los intereses económicos de los países miembros de la organización y de sus aliados. Al excluir a Rusia, los intereses se modificarían a favor de los demás países productores, que podrían aumentar su producción no para modificar la oferta total del mercado, sino para cumplir las promesas de extracción diarias anunciadas por el cártel.

De cualquier manera la oferta en el mercado mundial aumentaría. Algunos países no han anunciado un embargo sobre el petróleo ruso que, además, se vende a un precio que es casi un 30 por cien menor que el Brent.

Por lo tanto, a los países que siguen haciendo negocios con Rusia les interesa dirigirse primero al Kremlin, mientras que la producción de la OPEP+ aumentaría para satisfacer la demanda de los países que han optado por las sanciones económicas.

Esta expectativa explica el importante cambio en el precio de mercado del crudo el martes. Una vez que se anunció el acuerdo europeo sobre el embargo del petróleo ruso, el precio del crudo Brent se disparó hasta los 124 dólares por barril. El WTI, el petróleo estadounidense, hizo lo propio, acercándose a los 120 dólares, el máximo desde 2008.

Pero tras la publicación del artículo del Wall Street Journal, el mercado entró en pánico y se produjo un desplome de los precios del crudo. En la sesión del martes el crudo Brent bajó de 124 a algo menos de 116 dólares el barril, y el WTI cayó al mismo nivel.

Al día siguiente, antes de la apertura de los mercados europeos, el WTI y el Brent cotizaban a un precio muy cercano, con una diferencia de menos de un dólar por barril entre ambos productos. Se trata de una situación poco frecuente, ya que el Brent suele ser varios dólares más caro que su homólogo estadounidense.

El racionamiento de combustible atenaza el futuro de Europa

La actual crisis energética podría ser una de las peores y más largas de la historia, y Europa podría verse especialmente afectada, declaró ayer el director de la Agencia Internacional de la Energía, Fatih Birol en una entrevista concedida a la revista alemana Der Spiegel.

Las consecuencias de la Guerra de Ucrania pueden hacer que la actual crisis energética sea peor que las crisis de los años setenta, añadió Birol.

“En aquel entonces todo era cuestión de petróleo. Ahora tenemos una crisis del petróleo, una crisis del gas y una crisis de la electricidad al mismo tiempo», declaró Birol a la publicación, añadiendo que antes de los actuales acontecimientos en Ucrania, Rusia era «una piedra angular del sistema energético mundial: el mayor exportador de petróleo del mundo, el mayor exportador de gas del mundo, un proveedor líder de carbón”, dijo.

Como parte de sus sanciones relacionadas con Ucrania, la Unión Europea ha introducido restricciones a los combustibles fósiles rusos y se ha comprometido a eliminarlos gradualmente. Birol advirtió que los países europeos más dependientes del gas podrían enfrentarse a un invierno difícil, ya que “es posible que haya que racionar el gas”, incluso en Alemania.

Los comentarios se producen en un momento en el que Gazprom ha cortado el suministro a algunas empresas energéticas de Alemania, Dinamarca, Holanda y otros países después de que no pagaran el combustible en rublos de acuerdo con las nuevas condiciones rusas.

Para intentar mitigar el impacto, Europa necesita abastecerse de todo el gas adicional posible, por ejemplo, el procedente de Noruega o Azerbaiyán. Según Birol, las centrales eléctricas de carbón también podrían sustituir en parte a las de gas.

El verano será difícil en Europa y Estados Unidos debido a la escasez de los mercados de crudo. Cuando comience la temporada de vacaciones, aumentará la demanda de combustible, lo que provocará “cuellos de botella, por ejemplo con el gasóleo, la gasolina o la parafina, especialmente en Europa”.

En marzo de este año, la Agencia Internacional de la Energía elaboró un plan que incluye la introducción de la circulación sin coches en las ciudades los domingos, la reducción de los precios del transporte público y, en Alemania, importantes límites de velocidad en las autopistas.

Por su parte, Bloomberg pronostica que el mercado mundial de gas natural licuado podría enfrentarse a una escasez histórica este invierno, ya que el mundo se apresura a comprar este combustible superfrío.

El plan de la Unión Europea de reducir las importaciones de gas por gasoducto ruso en dos tercios para finales de año y sustituirlas por gas licuado procedente de Estados Unidos y África está aumentando considerablemente la competencia por el combustible para las centrales eléctricas y la calefacción.

En un año normal, los importadores de gas licuado se abastecen durante el verano para preparar la temporada alta de invierno. Las empresas empezaron a reponer sus existencias a principios de este año y la inminente escasez de suministro probablemente hará subir las facturas de electricidad y la inflación.

“La llegada del invierno pone en vilo a todo el mundo”, declaró James Whistler, responsable mundial de derivados energéticos de Simpson Spence Young. “Todo indica que la oferta será escasa en condiciones normales, pero también hay riesgos adicionales”, añadió.

Rystad Energy estima que la demanda mundial alcanzará los 436 millones de toneladas este año, superando la oferta disponible de 410 millones de toneladas. Los intermediarios están desviando los cargamentos de gas licuado de Asia y optando por vender a Europa, donde los precios son más atractivos.

“No hay exceso de capacidad en el complejo gasístico mundial, lo que deja a Europa y Asia en un tira y afloja por la oferta disponible”, dijo Michael Stoppard, jefe de estrategia global de gas y asesor especial de S&P Global Commodity Insights.

Los precios del gas en Europa han bajado desde su máximo a principios de marzo, pero siguen estando muy por encima de los niveles medios para esta época del año. Los descensos podrían dar a los compradores de la región más margen para reponer las existencias en los próximos meses, aunque señalan que mucho dependerá de la rapidez con que vuelva la demanda china.

El consumo en la mayor economía de Asia, que está comenzando a salir de los confinamientos, sigue siendo bajo, pero hay que esperar un fuerte repunte de las compras a finales de año.

“La fuerte demanda de GNL [gas licuado] en Europa es segura, pero el comodín es China, donde la demanda actual sigue siendo débil debido a los continuos cierres por el covid-19 y a la ralentización del crecimiento económico”, dijo Valery Chow, jefe de investigación de gas en Asia-Pacífico de Wood Mackenzie. “El mercado se estrechará a medida que se acerque el invierno, ya que los compradores europeos y del norte de Asia compiten por los volúmenes”, añadió.

Llega toda una época de carestía y privaciones

El FMI ha rebajado su previsión de crecimiento mundial para el año que viene al 3,6 por cien y antes de acabe el año volverá a reducirla aún más. No es una situación transitoria. La agencia Bloomberg asegura que llega toda una época que califica de “carestía”. Los partidarios del decrecimiento deben estar de enhorabuena; los que van a padecer el hambre, lo van a lamentar.

La era de la escasez, asegura Bloomberg, comienza con 1,6 billones de dólares de pérdidas para la economía mundial, agravados por la declaración de pandemia, las sancionnes económicas a Rusia y el confinamiento en China, que están interrumpiendo las cadenas de suministro, golpeando el crecimiento y empujando la inflación a máximos en cuarenta años.

Los lazos que unen la economía global y proporcionan bienes en abundancia en todo el mundo se están deshaciendo a un ritmo aterrador. El mercado mundial vuelve a los niveles anteriores a la Organización Mundial del Comercio (OMC). “La fragmentación continuará”, afirma Robert Koopman, economista jefe de la OMC.

Durante tres décadas el capitalismo se ha caracterizado por su capacidad de producir más y más bienes a precios cada vez más bajos, pero los últimos cuatro años han traído una serie creciente de perturbaciones. Los aranceles han aumentado durante la guerra comercial entre Estados Unidos y China. La pandemia ha provocado bloqueos. Ahora, las sanciones y los controles a la exportación están interrumpiendo el suministro de productos básicos y otras mercancias, lo que podría enfrentar a las economías avanzadas a un problema que creían haber superado hace tiempo: la escasez. Los países emergentes podrían enfrentarse a amenazas más graves para la seguridad energética y alimentaria, como las que ya están provocando disturbios en países desde Sri Lanka hasta Perú. Y todo el mundo tendrá que lidiar con el aumento de los precios.

En 1983 los flujos comerciales sujetos a prohibiciones de exportación o importación representaban sólo un 0,3 por cien del producto interior bruto mundial. En 2019 esa cuota se ha multiplicado por más de cinco. Los embargos generalizados provocados por la Guerra de Ucrania y los esfuerzos de los países por asegurar sus propios suministros prohibiendo las ventas al exterior -como la reciente prohibición de la India a las exportaciones de trigo- han hecho que esa cifra sea aún mayor.

El confinamiento en China ha puesto en riesgo cientos de miles de millones de dólares en exportaciones y ha interrumpido las cadenas de suministro de multinacionales, como Apple y Tesla.

La guerra comercial ha hecho que los aranceles estadounidenses a las mercancías chinas hayan pasado del 3 por cien a cerca del 15 por cien durante el gobierno de Trump.

Como es típico, Bloomberg divide el mundo en países democráticos (“nosotros”) y autocráticos (los que se oponen a “nosotros”) y calcula el intercambio de mercancías entre ambas partes en 6 billones de dólares, lo que equivale al 7 por cien del PIB mundial. La subida de los aranceles hará que el comercio internacional se reduzca en un 20 por cien, retrocediendo a su nivel de finales de los noventa, antes de que China entrara en la OMC, como porcentaje del PIB.

El capitalismo va a perder gran parte de la productividad asociada al comercio internacional. A largo plazo, la fragmentación del mercado mundial dejará al mundo un 3,5 por cien más pobre que si el comercio se estabilizara en su actual cuota de producción, y un 15 por cien más pobre en comparación con un escenario de relaciones mundiales más fuertes.

Un 7 por cien más de las relaciones comerciales existentes se desplazará hacia “el bloque que se opone a nosotros”. Eso significará que las fábricas que elaboran productos para los mercados estadounidenses se trasladarían de China a, por ejemplo, India o México.

La crisis afectará, sobre todo, al dominio de las grandes potencias occidentales sobre el mundo. En 1983, cuando Ronald Reagan calificó a la Unión Soviética como “el imperio del mal”, el bloque que se opone a “nosotros” representaba alrededor del 20 por cien del PIB mundial. Este año ese porcentaje habrá aumentado al 34 por cien y en los próximos años será aún mayor. Pero la transición llevará tiempo y causará graves cuellos de botella por el camino, preparando el terreno para un período de inflación alta y volátil.

La amenaza para el capitalismo en Estados Unidos y Europa no se limita a las repercusiones del confinamiento en China, ni a la reacción de sus propias sanciones contra Rusia. También podrían sufrir represalias directas.

La prohibición impuesta por China en 2010 a la venta de tierras raras a Japón, elementos esenciales para la fabricación de todo tipo de productos, desde teléfonos inteligentes a baterías de coches eléctricos, ilustra que los controles a las exportaciones pueden ser utilizados por ambas partes. El corte del gas de Rusia a Polonia y Bulgaria es otro. Si Putin va más allá y corta también el suministro a Alemania, Francia e Italia, pondría en peligro el 40 por cien del abastecimiento de la Unión Europea, lo que haría que el bloque europeo entrara en una profunda recesión.

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