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Autor: Redacción (página 1012 de 1361)

Escuadrones de la muerte, desapariciones y torturas

Greg Grandin

El mundo se divide, como lo describe el capitán Segura en la novela de Graham Greene de 1958 “Nuestro hombre en La Habana”, en dos clases: los torturables y los no torturables. Hay gente, explicó Segura, que espera ser torturada y otros que se indignarían ante la idea. Y claro pensaba Greene, los católicos, en particular los católicos latinoamericanos, eran más torturables que los protestantes. Ahora, por cierto, los musulmanes gozan de esa distinción, víctimas de una red mundial, de encarcelamiento extraterritorial y subcontratado, coordinado por Washington y entrelazado por vuelos secretos, campos de concentración, y centros ilegales de detención. El despliegue por la CIA de Unidades Especiales de Remoción orwellianas para secuestrar a presuntos terroristas en Europa, Canadá, Oriente Próximo, y otros sitios y el envío rápido de esos prisioneros fantasma a países del Tercero Mundo para ser torturados, son descritos hoy en día con el término “entrega extraordinaria”, una frase inquietantemente certera.

Entregar [render] significa en inglés no sólo transferir, sino extraer la esencia de algo, así como pasar un veredicto y devolver o retribuir buenas descripciones de lo que ocurre durante sesiones de tortura.

En los decenios después que Greene escribiera “Nuestro hombre en La Habana”, los latinoamericanos acuñaron una palabra igualmente resonante para describir el terror que había llegado a reinar sobre gran parte del continente. Durante toda la segunda mitad de la Guerra Fría, los aliados anticomunistas de Washington asesinaron a más de 300.000 civiles, muchos de ellos simplemente desaparecidos. La expresión ya era bien conocida en Latinoamérica cuando, al aceptar en 1982 su Premio Nobel de Literatura en Suecia, el novelista colombiano Gabriel García Márquez informó que en la región los desaparecidos a causa de la represión eran casi 120.000, que es como si hoy no se supiera donde están los habitantes de una ciudad como Uppsala.

Cuando los latinoamericanos usaban la palabra como verbo, usualmente lo hacían de un modo considerado gramaticalmente incorrecto en la forma transitiva y a menudo en la voz pasiva, como en ella fue desaparecida. El implicado (pero ausente) actor/sujeto indicaba que todos sabían que el responsable era el gobierno, incluso si se confería al gobierno un poder inconfesable, omnipotente. Los desaparecidos dejaban atrás familias y amigos que gastaban sus energías tratando con burocracias laberínticas, sólo ser enfrentados por el silencio o para que se les dijera que su pariente desaparecido probablemente se había ido a Cuba, sumado a las guerrillas, o escapado con un(a) amante. Las víctimas a menudo no eran las más políticamente activas, sino las más populares, y generalmente eran escogidas para asegurar que su repentina ausencia generara un escalofriante efecto dominó.

Una vilísima trinidad

Como las entregas, las desapariciones no pueden ser realizadas sin una infraestructura sincronizada, sofisticada, y cada vez más transnacional, en la que Estados Unidos jugó un papel decidido en los años sesenta y setenta. En los hechos, agentes de inteligencia militar de Estados Unidos y la CIA, trabajaron en Latinoamérica, trabajando en estrecha colaboración con aliados locales, ayudaron primero a establecer la vilísima trinidad del terrorismo patrocinado por el gobierno que ahora se ve en Iraq y otros sitios: escuadrones de la muerte, desapariciones y tortura.

Escuadrones de la muerte

Unidades paramilitares clandestinas, nominalmente independientes de las agencias de seguridad establecidas, pero en condiciones de utilizar las capacidades de los servicios de inteligencia y logísticas de esas agencias, son las piedras de base de todo sistema efectivo de terrorismo de Estado. En Latinoamérica, Washington apoyó el asesinato de presuntos izquierdistas por lo menos ya en 1954, cuando la CIA realizó con éxito un golpe en Guatemala, que derrocó a un presidente democráticamente elegido. Pero su primer patrocinio continuo de escuadrones de la muerte comenzó en 1962 en Colombia, un país que entonces competía con Vietnam por la atención de Washington.

Después de haber terminado una brutal guerra civil de 10 años de duración, el recién consolidado gobierno de Colombia, enfrentado a un campesinado todavía intranquilo, se volvió hacia Estados Unidos para pedir ayuda. En 1962 desde la Casa Blanca, Kennedy envió al general William Yarborough, conocido más tarde por ser el padre de los boinas verdes (así como por dirigir la vigilancia militar interior de destacados activistas por los derechos cívicos, incluyendo a Martin Luther King). Yarborough asesoró al gobierno colombiano en el establecimiento de una unidad irregular para ejecutar actividades paramilitares, sabotaje y/o actividades terroristas contra conocidos defensores comunistas, una de las mejores descripciones de un escuadrón de la muerte.

Como lo indica el historiador Michael McClintock en su indispensable libro Instruments of Statecraft, Yarborough dejó un programa virtual para crear escuadrones de la muerte dirigidos por militares. Fue implementado de inmediato, gracias a la ayuda y al entrenamiento de Estados Unidos El uso de semejantes escuadrones de la muerte se convirtió en parte de lo que los teóricos de la contrainsurgencia de la era gustaban de llamar contraterror un concepto difícil de definir ya que reflejaba tan de cerca las prácticas que trataba de refutar.

Durante todos los años sesenta, Latinoamérica y el Sudeste Asiático funcionaron como los dos laboratorios primordiales para los contrainsurgentes de Estados Unidos que iba y venían entre las regiones aplicando perspectivas y afinando las tácticas. A comienzos de los años sesenta, las ejecuciones por los escuadrones de la muerte eran una característica normal de la estrategia de contrainsurgencia de Estados Unidos en Vietnam, que pronto se consolidaría en el infame Programa Phoenix, que neutralizó entre 1968 y 1972 a más de 80.000 vietnamitas 26.369 de los cuales fueron permanentemente eliminados.

Como en Latinoamérica, así también en Vietnam, el propósito de los escuadrones de la muerte no fue sólo eliminar a aquellos de los que se pensaba que trabajaban con el enemigo, sino mantener a los simpatizantes potenciales de los rebeldes en un estado de miedo y ansiedad. Para lograrlo, el Servicio de Información de Estados Unidos en Saigón suministró miles de copias de un panfleto impreso con un ojo de aspecto fantasmagórico. Los escuadrones del terror depositaban ese ojo sobre los cadáveres de los que habían asesinado o lo colocaban en las puertas de casas sospechosas de albergar ocasionalmente a agentes del Vietcong. La técnica era llamada articular la amenaza una manera de generar un rumor aterrador de boca en boca.

En Guatemala, una táctica semejante comenzó aproximadamente al mismo tiempo. Allí, dejaban una mano blanca sobre el cuerpo de una víctima o la puerta de una víctima potencial.

Desapariciones

El paso siguiente en el currículo de la contrainsurgencia fue Centroamérica, donde, en los años sesenta, consejeros de Estados Unidos ayudaron a establecer la infraestructura requerida no sólo para asesinar sino para desaparecer a grandes cantidades de civiles.

Después de la Revolución Cubana, Washington se había lanzado a profesionalizar las agencias de seguridad de Latinoamérica de un modo muy similar a como trabaja ahora el gobierno de [Washington] para modernizar los sistemas de inteligencia de sus aliados en la guerra mundial contra el terror del presidente.

Entonces, como ahora, el objetivo era convertir a unidades letárgicas, mal entrenadas, de inteligencia de un alcance limitado, en una red internacional capaz de reunir, analizar, compartir, y actuar utilizando, información de un modo rápido y eficaz. Consejeros estadounidenses ayudaron a coordinar el trabajo de unidades en competencia de las fuerzas de seguridad de un país, instando a los militares y a los agentes policiales a superar sus diferencias y a cooperar. Washington suministró teléfonos, teletipos, radios, coches, fusiles, munición, equipamiento de vigilancia, explosivos, picanas eléctricas, cámaras, máquinas de escribir, papel carbón, y archivos, mientras instruía a sus aprendices en lo último en técnicas de control de disturbios, mantenimiento de antecedentes, vigilancia, y arrestos masivos.

Ni en El Salvador, ni en Guatemala existía ni siquiera un indicio de una seria insurrección rural cuando los Boinas Verdes, la CIA, y la Agencia de Desarrollo Internacional de Estados Unidos comenzaron a organizar las primeras unidades de seguridad que después crecerían a una densa red de paramilitares de escuadrones de la muerte en toda Centroamérica.

Una vez creados, los escuadrones de la muerte operaron bajo sus propios nombres pintorescos: Ojo por ojo, Ejército secreto anticomunista, Mano Blanca pero eran esencialmente apéndices de los mismísimos sistemas de inteligencia que Washington había ayudado a crear o a fortalecer. Como en Vietnam, se puso cuidado en asegurar que los paramilitares parecieran no estar afiliados a las fuerzas regulares. Para permitir una posibilidad plausible de negación, la eliminación de los agentes [enemigos] debe ser lograda rápida y definitivamente instruye guerra de contrainsurgencia, un texto clásico de 1964, por una organización que de ninguna manera debe ser confundida con el personal contrainsurgente que trabaja por lograr el apoyo de la población. Pero en Centroamérica, a fines de los años sesenta, los cadáveres se apilaban tan alto que hasta responsables de las embajadas del Departamento de Estado, a menudo mantenidos fuera de la onda sobre lo que hacían sus homólogos en la CIA y el Pentágono, se veían obligados a admitir los vínculos obvios entre los servicios de inteligencia respaldados por Estados Unidos y los escuadrones de la muerte.

Washington, desde luego, desmentía en público su apoyo del paramilitarismo, pero la práctica de las desapariciones políticas tuvo un gran salto adelante en Guatemala en 1966 con el nacimiento de un escuadrón de la muerte creado, y supervisado directamente, por consejeros de seguridad de Estados Unidos Durante los primeros dos meses de 1966, una unidad combinada de operaciones clandestinas de oficiales policiales y militares trabajando bajo el nombre de Operación Limpieza, un término que los contrainsurgentes de Estados Unidos luego reciclaron en otros sitios en Latinoamérica realizó una serie de ejecuciones extrajudiciales.

Entre el 3 y el 5 de marzo de ese año, la unidad cometió su máximo crimen. Capturó, interrogó, torturó y ejecutó a más de 30 izquierdistas. Sus cuerpos fueron colocados en sacos y lanzados al Océano Pacífico desde helicópteros suministrados por Estados Unidos. A pesar de ruegos del arzobispo de Guatemala y de más de 500 peticiones de habeas corpus presentadas por parientes, el gobierno guatemalteco y la embajada de Estados Unidos mantuvieron silencio sobre la suerte de los ejecutados.

Durante las siguientes dos décadas y media, fuerzas centroamericanas de seguridad financiadas y entrenadas por Estados Unidos hicieron desaparecer a decenas de miles de ciudadanos y ejecutaron a cientos de miles más. Cuando partidarios de la guerra contra el terror propugnaron el ejercicio de la Opción Salvador, se referían a esta matanza.

Después de los golpes respaldados por Estados Unidos en Brasil, Uruguay, Chile, y Argentina, los escuadrones de la muerte no sólo fueron institucionalizados en Sudamérica, se hicieron transnacionales. Durante el fin de los años setenta y en los ochenta, la CIA apoyó la Operación Cóndor un consorcio de agencias de inteligencia establecido por el dictador chileno Augusto Pinochet que sincronizó las actividades de muchas de las agencias de seguridad del continente y orquestó una campaña internacional de terror y asesinato.

Según el embajador de Washington en Paraguay, los jefes de esas agencias se mantenían en contacto los unos con los otros a través de una instalación de comunicaciones de Estados Unidos en la Zona del Canal de Panamá que cubre toda Latinoamérica. Esto les permitió coordinar información de inteligencia entre los países del cono sur. Justo este mes, el jefe de seguridad de Pinochet, el general Manuel Contreras, que sirve una condena a prisión de 240 años en Chile por una amplia variedad de violaciones de derechos humanos, dio una entrevista a la televisión en la que confirmó que el director adjunto de la CIA en aquel entonces, general Vernon Walters (que sirvió bajo el director George H.W. Bush), estaba plenamente informado sobre las actividades internacionales de la Operación Cóndor.

Tortura

La tortura es el espíritu animador de esta triada, el más vil de esta vilísima trinidad. En Chile, los esbirros de Pinochet mataron o desaparecieron a miles pero torturaron a decenas de miles. En Uruguay y Brasil, el Estado no sólo hizo desaparecer a cientos, pero el temor a la tortura y la violación se convirtió en un modo de vida, particularmente para los políticamente involucrados. La tortura, aún más que las desapariciones, tenía más que el propósito de hacer hablar a una persona, sino de hacer que todos los demás se callaran.

Ahora, Washington ya no puede negar que sus agentes en Latinoamérica facilitaron, excusaron, y practicaron la tortura. Desertores de los escuadrones de la muerte han descrito la instrucción dada por sus tutores estadounidenses, y los supervivientes han testificado de la presencia de estadounidenses en sus sesiones de tortura. Un manual de tortura del Pentágono, distribuido en por lo menos cinco países latinoamericanos, describía extensivamente procedimientos coercitivos desarrollados para destruir la capacidad de resistir.

Esos manuales para uso en el terreno fueron compilados utilizando información obtenida de experimentos de control de la mente y de choques eléctricos realizados en los años cincuenta por encargo de la CIA. Precisamente como los memorandos de la tortura de la actual guerra contra el terror teorizan sobre la diferencia entre dolor y dolor severo, daño psicológico y daño psicológico duradero, esos manuales se esforzaban por regular la aplicación del sufrimiento. La amenaza de infligir dolor puede provocar temores más dañinos que la sensación inmediata de dolor, decía un manual.

Sobre todo hay que ser eficiente, dijo el consejero policial estadounidense Dan Mitrione, asesinado por los revolucionarios uruguayos Tupamaros en 1970 por entrenar a las fuerzas de seguridad en los aspectos más refinados de la tortura: Hay que causar sólo el daño estrictamente necesario, ni un poco más. Mitrione enseñaba por demostración, según se dice torturando hasta la muerte a gente sin vivienda fija secuestrada en las calles de Montevideo. En todo caso tenemos que controlar nuestros caracteres, decía. Hay que actuar con la eficiencia y la limpieza de un cirujano y con la perfección de un artista.

Florencio Caballero, después de escapar del tristemente notorio Batallón 316 hondureño al exilio en Canadá en 1986, testificó que los instructores estadounidenses le instaron a infligir dolor psicológico, no físico, para estudiar los temores y debilidades de un prisionero. Obligue a la víctima a estar de pie, enseñaron los estadounidenses a Caballero, no la deje dormir, manténgala desnuda y aislada, ponga ratas y cucarachas en su celda, déle comida mala, sírvale animales muertos, tírele agua fría, cambie la temperatura. ¿Suena conocido?

Sin embargo, como demostró de modo tan claro Abu Ghraib y como los vídeos destruidos de interrogatorios de la CIA habrían indudablemente dejado por lo menos igual de claro, no es siempre posible mantener una distinción entre la tortura psicológica y la tortura física. Como lo admitió un manual, si un sospechoso no reacciona, hay que realizar la amenaza del dolor directo. Una de las víctimas de Caballero, Inés Murillo, testificó que sus aprehensores, incluyendo a por lo menos un agente de la CIA su participación fue confirmada en un testimonio en el Senado del director adjunto de la CIA la colgaron desnuda del cielo raso, la obligaron a comer pájaros muertos y ratas crudas, la hicieron estar de pie durante horas sin dormir y sin permitirle que orinara, le lanzaron agua helada a intervalos regulares durante períodos prolongados, la golpearon hasta ensangrentarla, y le aplicaron choques eléctricos en su cuerpo, incluyendo sus genitales.

Todo vale

Inés Murillo pertenecía indudablemente a la clase torturable de Greene. Sin embargo, Greene escribió en tiempos más corteses. Actualmente, cuando se trata de tortura, todo vale.

Los ideólogos de la guerra contra el terror, como el profesor de derecho en Berkeley, John Yoo, han trabajado duro para limitar la definición de lo que es tortura, expandiendo así las posibilidades para su aplicación. Han trabajado por lo menos igual de duro por aumentar la cantidad de personas en todo el mundo que puedan ser sometidas a la tortura definiendo a cualquiera que les de la gana como  combatiente enemigo apátrida, y por lo tanto desprotegido por las leyes nacionales e internacionales que prohíben el trato cruel e inhumano. Hasta el antiguo Fiscal General John Ashcroft se declaró potencialmente torturable, al decir recientemente a una audiencia en la Universidad de Colorado que estaría dispuesto a someterse al submarino si fuera necesario.

Las cosas están tan descontroladas que el profesor de derecho de Harvard, Alan Dershowitz quien, en su posición privilegiada en Harvard seguramente se indignaría si lo fueran a torturar, piensa que hay que regular esa práctica, como si se tratara de un acto médico rutinario. Ha sugerido que se faculte a los jueces para que expidan mandatos que permitan a los interrogadores para que inserten agujas estériles bajo las uñas de los dedos para causar un dolor extremadamente agudo sin poner en peligro la vida.

Pinochet, que no temía justificar sus acciones en nombre de la civilización occidental, nunca habría soñado de defender la tortura de un modo tan descarado como Dick Cheney, respaldado por teóricos legales como Yoo. Al mismo tiempo, historiadores revisionistas, como Max Boot, y eruditos como Robert Kaplan de Atlantic Monthly, reescriben la historia, pretendiendo que operaciones como el Programa Phoenix en Vietnam o los escuadrones de la muerte en El Salvador, fueron tácticas efectivas, moralmente aceptables y deberían ser emuladas en la actual Guerra contra el Terror.

Pero este tipo de promiscuidad tiene sus riesgos. En Latinoamérica, la palabra desaparecido llegó a denotar no sólo la persecución sino el repudio moral, cuando madres e hijos de los desaparecidos condujeron un movimiento continental para restaurar el vigor de la ley. Llevan a tener la esperanza de que algún día la red mundial de represión armada por el gobierno de [Washington] sea tan desacreditada como lo es actualmente la Operación Cóndor en Latinoamérica. Como escribiera Greene hace medio siglo, en la víspera de la caída de otro famoso torturador, Fulgencio Batista de Cuba, es un verdadero peligro para todos cuando cambia lo que es aterrador.

http://www.tomdispatch.com/post/174873/greg_grandin_on_the_torturable_and_the_untorturable

La ONU presenta las ‘pruebas’ sobre el empleo de armas químicas por el ejército de Siria

En la Guerra de Siria se ha cumplido una ley a rajatabla: cada vez que el gobierno de Damasco ganaba una batalla, es decir, cada vez que la paz estaba un poco más cerca, aparecen los rumores sobre el empleo de armas químicas.

De esa manera, aunque el ejército gane una batalla, el gobierno perdía de cualquier manera porque los medios que empleaba (armas tóxicas) empañaban sus éxitos militares.

Así ha vuelto a ocurrir tras la ruptura del cerco del cerco en Deir Ezzor: se ha filtrado a los medios el informe de la ONU sobre el ataque químico ocurrido el 4 de abril en Jan Cheijun.

A pesar de su triunfo militar, el gobierno de Damasco está condenado al aislamiento político y diplomático. Quedará apestado para siempre, como el de Corea del norte. A veces el imperialismo no necesita misiles; le basta con el control de los medios comunicación internacionales (que desempeñan el mismo papel).

Tras el ataque químico de Jan Sheijun, el gobierno de Bashar Al-Assad fue el primero que exigió una investigación internacional, pero imparcial, lo cual supone dos cosas como mínimo: que se tengan en cuenta todas las pruebas, no sólo las de los yihadistas, y que los investigadores acudan al lugar en el que ocurrieron los hechos.

El informe de la ONU, elaborado por expertos de la OIAC, el organismo encargado de supervisar la prohibición de las armas químicas, no cumple ninguno de esos dos requisitos. Han justificado que los investigadores no se desplacen al lugar para velar por su su seguridad. Pero si lo que quieren seguridad lo tienen muy fácil: que renuncien a investigar nada.

Queda el segundo aspecto: el informe lo han elaborado teniendo en cuenta única y exclusivamente testimonios indirectos de los yihadistas. En pocas palabras: una vergüenza, otra más, de la ONU y la OIAC.

La galaxia informativa que tanto alardea de “luchar” contra las falsedades y las mentiras, tiene aquí un buen material de trabajo. Pueden empezar por la fuente de la “noticia” que dentro de poco veremos como primicia en todos los canales de televisión para tratar de impedir lo que es ya inevitable: el gobierno de Damasco ha ganado la guerra y las “noticias” falsas no van a resucitar a los yihadistas para llevarlos otra vez al campo de batalla.

El resto es la misma música celestial que llevamos escuchando desde 2011 (por lo menos).

Estados Unidos prepara a la OTAN para una guerra nuclear en Europa

El Congreso de Estados Unidos quiere retirarse del Tratado de Washington o FNI (Fuerzas Nucleares de Alcance Medio), un acuerdo firmado en 1987 con la URSS que afecta los misiles estacionados en Europa con un radio comprendido entre los 800 y los 8.000 kilómetros.

En Europa las grandes movilizaciones de los ochenta contra la escala armamentista y las bases de la OTAN alcanzaron entonces un máximo, logrando la retirada de los misiles Pershing II.

Pero ya no existe la URSS y las luchas contra el imperialismo están en sus horas más bajas, lo que suelta las manos del Pentágono y la industria de guerra, que son hermanos siameses.

Estados Unidos quiere volver a traer los misiles a Europa y habrá que esperar las reacciones que provoca en unos y otros, sobre todo en Alemania, donde la prensa ya asegura que, treinta años después, vuelve el horror de la Guerra Fría y se abre una nueva era nuclear.

En medio de la crisis económica, las grandes potencias están embarcados en ambiciosos proyectos de rearme, incluida la modernización del arsenal nuclear, mientras critican por ello a Corea del norte.

En Washington las cadenas de televisión se escandalizan por la maniobras militares de Rusia, que afectan al enclave de Kaliningrado. La intoxicación mediática asegura que se trata de una cortina de humo para almacenar armas e invadir los países Bálticos.

De esa manera justifican que el Pentágono haya desplegado siete cazas F-15C en Lituania y 600 soldados de una unidad aerotransportada, al tiempo que asaltan varias delegaciones consulares de Rusia en Estados Unidos en busca de unos explosivos que no aparecen, lo mismo que las armas de destrucción masiva.

Las promesas de Trump de mejorar las relaciones con Rusia se han acabado tras seis meses de golpe de Estado, en medio de una de las mayores olas de histeria vividas desde los años cincuenta, cuando la caza de brujas buscaba comunistas debajo del felpudo.

A Estados Unidos no le basta con haber tensado la cuerda en el Extremo Oriente y ahora encamina sus torpes pasos hacia Europa, donde no va a ser bien recibido, especialmente en Alemania, sobre todo si aterriza con pretensiones de instalar más misiles, aparte de los que ya tiene en las mismas narices de la frontera rusa.

Alemania no es un país sicario, como Estonia. Buena prueba de ello es que, para preparar la ofensiva, ha puesto en circulación documentos secretos con los planes de la OTAN contra Rusia, que comprenden 39 opciones militares diferentes. De ellas más de una docena son compatibles con el FNI, aunque exacerbarían aún más las relaciones con Rusia.

Entre las alternativas que baraja la OTAN están la “señalización nuclear” y la preparación de un golpe de represalia también de tipo nuclear. Se trata de identificar los objetivos de un ataque nuclear dirigido contra Rusia y preparar a las bases aéreas en Europa para lanzar un ataque de ese tipo, así como a los bombarderos B-2 y B-52.

Los planes de la OTAN van en sintonía con la anulación del Tratado de Washington, ya que muchas de las opciones que hoy son imposibles a causa del mismo, pasarían a ser posibles.

Las tropas británicas se retiran del sur de Siria y dejarán de apoyar a los terroristas

Vehículos militares británicos en Al-Tanf
Reino Unido ha retirado a sus tropas de la base estadounidense de Al-Tanf, en el desierto del sur de Siria, acabando con la asistencia militar que venía prestando a los yihadistas del denominado “ejército libre de Siria” desde el inicio de la guerra en 2011.

Junto con las fuerzas del Pentágono estacionadas en la misma base, los comandos de operaciones especiales del ejército británico armaban y adiestraban a los yihadistas junto a la frontera de Siria com Irak y Jordania.

Los mercenarios que formaban parte del programa de adiestramiento militar aprobado por el Pentágono nunca llevaron a cabo ningún enfrentamiento con Al-Qaeda/Frente Al-Nosra o el Califato Islámico; los únicos choques que se conocen son el ejército regular, en los que combatían de manera coordinada con los anteriores.

Según el diario británico Daily Telegraph, el apoyo británico a los yihadistas acabó en junio de este año, al retirarse 20 soldados de las fuerzas especiales de la base de Al-Tanf.

Con posterioridad el resto del continegente también abandonó la base, privado de cualquier respaldo al “ejército libre de Siria”, cuyas unidades corren el riesgo de ser aniquilados si no deponen las armas, algo que ya han comenzado a llevar a cabo.

A lo largo de todo el desarrollo de la guerra de Siria, el gobierno británico siempre negó que sus tropas hubieran invadido el país, hasta que el año pasado la BBC publicó un reportaje fotográfico en el que aparecían vehículos militares británicos junto a la base de Al-Tanf.

A partir de entonces las mentiras siguieron tratando de disimular la agresión, asegurando que las tropas no participaban en combates armados y que sólo cumplían un papel “defensivo”.

El fraude volvió a ponerse de manifiesto cuando aparecieron fotos de misiles anticarro y fusiles de francotirador. La llamada “coalición internacional” no era otra cosa que una agresión y una violación internacional de la soberanía de Siria.

También quedó al descubierto las estrechas relaciones de las grandes potencias con la constelación de distintos grupos yihadistas, que se ponen y cambian los nombres según lo requiera la ocasión.

El 23 de noviembre de 2015 el entonces Primer Ministro, David Cameron, presentó el informe estratégico de la defensa, que supone un incremento del 15 por ciento en el presupuesto militar hasta 2020, cuando alcanzará los 56.000 millones de euros.

Teléfono Rojo: volamos hacia Catalunya

B.

Y es que la fraseología que se emplea en los titulares de los «mass mierda» o de desinformación y propaganda, son de tenor, si no militar, casi. El referéndum, anunciado pero nonato todavía, sobre la libre determinación del pueblo catalán -el «derecho a decidir» le llaman ahora rebajando la carga política- es intitulado de «desafío», «reto», «órdago» y, los más descarados, de «golpe de Estado». Que sepamos en este país se dio un golpe de Estado el 18 de julio del 36 y un autogolpe de Estado el 23-F. Términos paramilitares que rehusa una fascista emboscada como Victoria Prego -la del «a por ellos» en referencia a los «terroristas» de ETA, como si fuera una batida de animales o una caza de conejos- que dice que «no puede haber empate entre Cataluña y España, sino victoria de esta última dado lo que se juega». No le falta perspectiva, pues, objetivamente, si Catalunya se va, el Reino de España se medio desmorona. Estos fachas saben lo que se dicen. Y por eso critican a Rajoy, porque les parece «blando» y un «tibio». O sea, por no sacar los tanques, o, cuando menos, suspender la autonomía aplicando el artículo 155 de la Constitución que viene a ser la declaración del estado de excepción camuflado (aunque la Carta Magna, que se dice, también contemplan los estados de sitio y alarma, no dieron puntada sin hilo los «padres de la patria»). Pero Mariano, el taimado Rajoy, no caerá en esa trampa saducea que le tienden los pérfidos catalanes que, masocas ellos, lo que quieren es ver a los tanques de la Brunete española por la Diagonal barcelonesa -como desfilaron las hordas fascistas en la guerra civil «liberando» la ciudad condal- para que la prensa internacional pueda ver cómo son «oprimidos» por los gobiernos españoles. Y es que lo suyo es «hacerse las víctimas». Les puteas y se quejan, ¡descarao! Como decía Gila, si no tienen sentido del humor, ¡que se vayan a otro pueblo!

Para demostrar que no se muerde este anzuelo envenenado, el Gobierno está dispuesto a permitir ese referéndum. Lo dejo aquí porque hasta mi propia ironía me harta.

Bona tarda.

Las noticias contra Venezuela se fabrican a la medida y por un puñado de dólares

Premian a Cano, la periodista mentirosa
Un audio filtrado evidencia que la periodista Claudia Cano, del Canal Uno de la televisión colombiana, le indicó a un desertor del SEBIN (Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional) lo que necesitaba que dijera para construir “su noticia”.

El Canal Uno de Colombia emitió un reportaje sobre Edgar de Jesús Villanueva, un antiguo miembro del SEBIN que huyó a Estados Unidos y acusa al director del organismo y a otros funcionarios del gobierno venezolano de pertenecer a una inexistente banda de traficantes de drogas: el Cártel de los Soles (el Sol es la marca que distingue los uniformes de los militares venezolanos).

Las acusaciones de Villanueva se hicieron a petición de Cano, la presentadora, pero un archivo de audio muestra a la periodista indicando al antiguo agente del SEBIN lo que debe decir a cambio de dinero y para «ponerle picante a la noticia».

Cano no solo construyó la “noticia” con las declaraciones solicitadas a Villanueva, sino que omitió otras como la negación de torturas a ciudadanos detenidos por delitos en las protestas opositoras.

En el audio, Villanueva dice que haría las declaraciones solicitadas «porque necesita el dinero, pero no le gusta mentir en cámara». Por su parte, Cano le pide que diga que el director del SEBIN y el Diosdado Cabello son parte del Cártel de los Soles «porque es un secreto a voces».

El llamado Cártel de los Soles es una supuesta organización internacional de narcotráfico orquestada por militares venezolanos que hasta el momento solo ha existido en los medios de comunicación de la reacción y en la obsesiva retórica contra el gobierno de Venezuela.

Nunca se ha sido decomisado ni un gramo de droga de ese cartel, el cual señalan como «el más poderoso» de la región; incluso más poderoso que los de México y Colombia, que controlan cerca de 70 por ciento de las entradas de contrabando a Estados Unidos.

Naturalmente el Canal Uno cambia las cosas de sitio y niega las evidencias más evidentes: lo que es un montaje no son sus burdas informaciones contra Venezuela sino las que ponen de relieve su propia corrupción.

Yihadistas rusos mantuvieron el asedio contra Deir Ezzor en Siria

Ayer el ejército regular sirio logró romper finalmente el cerco a las tropas que defendían la ciudad de Deir Ezzor desde hace tres años. Encontraron que los miembros del Califato Islámico que mantenían el asedio eran rusos y de otras poblaciones de la antigua URSS.

Los terroristas intentaron detener la ofensiva de las tropas sirias con numerosos vehículos blindados conducidos por suicidas, hasta que finalmente cayó una importante posición fortificada.

Un comunicado del Ministerio ruso de Defensa detalla que durante la operación fueron destruidos 12 vehículos blindados, incluyendo cuatro tanques, seis puestos de tiro de artillería y de morteros, un puesto de mando y un centro de comunicación, así como tres depósitos de munición. Han sido eliminados más de 200 terroristas.

Ayer la fragata rusa Almirante Essen atacó con misiles de crucero Kalibr a objetivos del grupo terrorista en la zona de la ciudad y agregaron que los lanzamientos se realizaron contra objetivos del Califato Islámico establecidos a través de “varios canales”.

El ataque fue dirigido contra un área fortificada en las cercanías de la ciudad de Shula bajo el control del grupo terrorista y las tropas sirias aprovecharon el impacto de este ataque y rompieron el asedio que los terroristas mantenían sobre la ciudad desde hace tres años.

El territorio bajo control del Califato Islámico es ya residual. En 2015 controlaban un 70 por ciento de Siria y ahora han perdido sus posiciones más importantes.

Jruschov explica en la televisión ucraniana la situación histórica de Crimea

La península de Crimea formó parte de la Federación rusa hasta el 19 de febrero de 1954, en tiempos de Jruschov, cuando fue transferida a Ucrania de forma ilegal.

Secretario general del PCUS entre 1953 y 1964, Jruschov vivió en Ucrania y recientemente su hijo Serguei ha aparecido en la televisión ucraniana para explicar que en 1954 el cambio en la adscripción administrativa de Crimea se hizo por razones económicas: por la construccion del canal de Crimea del norte.

“El Gosplan aseguró que era mejor construir [el canal] bajo la autoridad de una única persona jurídica”, dijo Jruschov en la televisión, destacando que en la decisión no intervinieron factores políticos.

El hijo de Jruschov desmintió a los rusos que sostienen que fue un intento de engatusar a la burocracia ucraniana, ni tampoco un regalo a mi madre, nacida en Ucrania occidental. “Fue una decisión estructural y justa. Y Crimea conoció un renacimiento. Se plantaron muchos viñedos”, añadió ante las cámaras.

Al hijo de Jruschov le ocurre como a su padre: no le funcionan las neuronas como a los demás humanos. La construcción del canal comenzó en 1961, es decir, siete años después de que la península formara parte de Ucrania.

El canal fue cerrado definitivamente en 2014 y durante su funcionamiento llevaba el agua del río Dnieper a la península, que se utilizaba principalmente para la irrigación de los cultivos agrícolas.

La anexión de Crimea a Rusia ha sido rechazada por la mayor parte de los países del mundo, a pesar de que fue ampliamente aprobada en las tres consultas que se han celebrado desde la caída de la URSS en 1990. Sólo Corea del norte, Afganistán, Cuba, Venezuela, Siria y Nicaragua votaron a favor.

Más información:
— El proceso de incorporación de Crimea a Rusia

Nikita Jruschov con Stalin en 1936

La policía alemana elabora una base de datos de más de 100.000 militantes políticos y periodistas

La BKA, policía federal alemana, recopila masivamente datos de forma ilegal sobre más de 100.000 personas que considera que cometen “infracciones de tipo político”, según informa la radio ADR. Los datos se integran en una lista negra informatizada llamada “Seguridad Interna”, aunque no haya ninguna clase de investigación sobre dichas personas.

La mayor parte de quienes forman parte de la lista negra son militantes antifascistas y periodistas. Las informaciones proceden tanto del servicio secreto como de los diferentes tipos de policías alemanas.

La existencia de dicha lista se descubrió como consecuencia de la cumbre del G20 en Hamburgo, cuando 32 operiodistas perdieron una acreditación que se les había concedido. Algunos de ellos exigieron acceder judicialmente a los datos que la BKA acumula sobre ellos y, tras comprobarlos, concluyeron que eran infundados.

Del fotoperiodista Frank Bründel aseguraba que sostenía o pertenecía a un movimiento violento. El origen de dicha información fue que el periodista acudió a una manifestación del Primero de Mayo en la que le pidieron la documentación, lo que quedó registrado informáticamente para siempre como persona de izquierda y violento.

El registro del periodista Björn Kietzmann le imputa 18 acciones violentas de las que jamás fue acusado, entre ellas la de causar una explosión incluida dentro de la categoría “violencia de carácter político”.

El motivo es que en una ocasión Kietzmann filmó una manifestación en la que un petardo explotó a su lado y le detuvieron, aunque fue inmediatamente puesto en libertad porque nada tenía que ver con lo sucedido.

El primero de los registros contra Kietzmann lleva fecha de 2002 y ninguno de ellos se ha borrado nunca, a pesar del transcurso de los años. Es como una maldición, el pecado original que le acompañará toda su vida, personal y profesional, aunque jamás haya sido juzgado ni condenado.

Como suele ocurrir, los periodistas son la parte visible del iceberg. Hay más de un millón de incidentes registrados en la base de datos, a pesar de que las estadísticas penales sólo registran 41.000 infracciones: 27 veces menos.

La conclusión es obvia: la policía ha sustituido los antecedentes penales, deducidos de sentencias judiciales, por los suyos propios, que son los que realmente importan y duran toda la vida.


Es tan inconstitucional como ilegal, pero ¿a quién le importan esas minucias?

El Pentágono prepara la invasión de Libia desde una base militar secreta al sur de Túnez

Lo había anticipado el diario argelino L’Expression en 2014: el Pentágono tiene una base militar secreta en Túnez. Sin embargo, la información fue desmentida oficialmente tanto por Túnez como por Estado Unidos. Era mentira; no existe tal base militar.

Ahora el diario Air Force Times alude a una investigación interna de la fuerza aérea como consecuencia de una violación cometida el año pasado en esa base que no existe.

Dentro de unos pocos días el teniente coronel de aviación Denis Paquette va a ser juzgado por violación en consejo de guerra. Dicho oficial pertenece al 722 Escuadrón Aéreo Expedicionario de la inexistente base de Sidi Ahmed, en Túnez, aunque el juicio se celebrará en la base de Ramstein, Alemania.

El año pasado el Washington Post informó de que, a partir de junio de 2016, el Pentágono ayudaría a las fuerzas gubernamentales libias con drones, que sólo podrían operar desde las cercanías de la frontera. La información también fue desmentida; era mentira.

Pero el diario francés Le Figaro también empezó a hablar el año pasado de una base militar secreta en Túnez cerca de la frontera con Libia desde la que preparaban un invasión.

El periódico francés añadía, de fuentes diplomáticas, que la base estaba situada en Tataouine, muy cerca de la frontera, siendo objeto del enésimo desmentido, tanto por parte de Estados Unidos como de Túnez.

La revista Jeune Afrique informó de que la creación de la base militar se discutió el 20 de noviembre de 2013 entre Ali Larayedh, antiguo presidente del gobierno tunecino, y el general David Rodríguez, capataz del Africom, el mando del Pentágono para el Continente Negro.

La base estaría localizada en Remada, al sur de Túnez, donde el gobierno local tiene un área militar de acceso restringido, lo que desató el correspondiente comunicado oficial desmintiendo la información.

No obstante, hay dos datos importante a retener. El primero es que la revista africana afirmaba que los trabajos de infraestructura habían comenzado dos años antes, en diciembre de 2011, lo que confirma las informaciones que publicamos aquí en febrero en el sentido de que Estados Unidos desencadenó la Primavera Árabe en 2011 en Túnez para instalar una base militar.

La segunda es la reacción que cabe esperar de Argelia, cuyo gobierno ha repetido hasta la saciedad que no admite bajo ningún concepto la presencia de bases extranjeras cerca de sus fronteras, y menos para atacar a otro país árabe, como Libia.

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