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Autor: Redacción (página 1012 de 1368)

Fascistas, racistas y supremacistas en Estados Unidos

Cuesta creer que en Estados Unidos, en pleno siglo XXI, sigan siendo legales las esvásticas, los saludos nazis y realizar marchas por la supremacía blanca en las que el odio y la violencia son las atracciones principales. Un pasado manchado por el racismo y masacres en nombre de la raza blanca no han sido suficiente razón para poner límites a la libertad de expresión.

El supremacismo blanco y el terrorismo blanco siguen siendo un problema para Estados Unidos. Se hizo creer que las capuchas blancas y las antorchas, emblemas del Ku Klux Klan, quedaron enterradas en los años 60 tras la firma del Pacto International de Derechos Civiles y Políticos. Sin embargo, la realidad es muy distinta. Desde que se pusiese fin a la segregación racial en Estados Unidos, los ataques y manifestaciones por la supremacía blanca han demostrado que una alarmante parte de la sociedad sigue siendo fiel a estos pensamientos.

Muestra de ello es que el ataque terrorista más sangriento de la historia estadounidense antes del 11S fue llevado a cabo por un extremista antiestatal en nombre de la raza blanca. En abril de 1995, Timothy McVeigh hacía detonar una bomba que derribaba un edificio en el centro de Oklahoma City. El atentado ponía fin a la vida de 168 personas, incluyendo niños, y hería a casi 700 personas.

Después de más de dos décadas del atentando, el panorama no parece haber mejorado. La crisis económica, la reciente llegada de inmigrantes y refugiados en busca de un futuro mejor, así como la amenaza yihadista, han servido de excusa para la reavivación de movimientos de supremacismo blanco. La victoria de Donald Trump, además, ha creado un ambiente en el que estos movimientos se sienten cómodos para luchar por su causa. Lejos de aparecer como una figura sólida en la lucha contra el racismo, Trump ha conseguido con sus discursos de odio crear el caldo de cultivo perfecto para avivar las polaridades.

El pasado 19 de agosto se hacía evidente esta realidad. Lo que comenzaba como una “marcha pacífica” por la supremacía blanca en Charlottesville acababa con la muerte de Heater D. Heyer tras ser atropellada por un simpatizante nazi que decidió dirigir su coche a toda velocidad hacia un grupo de personas que se manifestaban en contra de la marcha Unite the Right.

Saber quiénes componen actualmente el movimiento por la supremacía blanca en Estados Unidos y qué es lo que desean puede ayudar a procurar un futuro mejor en la lucha contra el racismo.

Los orígenes del supremacismo blanco

El supremacismo blanco está tan arraigado en la historia de Estados Unidos que parece complicado determinar la fecha exacta en la que comenzó, pero parece acertado empezar con la caída de los estados de la Confederación y la creación del Ku Klux Klan.

Son motivos puramente económicos los que dan pie al racismo en el país. Las colonias europeas en Estados Unidos comenzaron a traer esclavos para potenciar la economía del país, y del siglo XVI al XIX la supervivencia de la nación dependía totalmente de ellos. Así, los estados del país, especialmente los del sur, crearon un sistema económico basado en la mano de obra no remunerada esclava que les permitía obtener ganancias exorbitantes. Pero en 1865 la derrota de los estados de la Confederación en la guerra de Secesión, la implementación de Gobiernos liderados por republicanos y el Decreto de Reconstrucción, que por primera vez en la Historia de los Estados Unidos de América liberaba a esclavos y otorgaba ciertos derechos políticos a los ciudadanos afroamericanos en el sur, acababa con la bicoca de la que tanto se habían beneficiado los sureños. Este nuevo panorama no fue aceptado con júbilo por los estados de la antigua Confederación; no bastaba con presenciar la caída de sus ejércitos, ahora también serían testigos del derrumbe de su sistema socioeconómico.

Es así como una noche de diciembre de 1865 seis jóvenes veteranos de la Confederación con ganas de matar su aburrimiento se reunían en Pulaski, Tennessee, para crear un club social secreto. Su idea inicial era crear un grupo que fuese inusual y sonase misterioso para despertar la curiosidad de unos cuantos y gastar bromas a la población afroamericana. Para ello consideraron que el nombre Ku Klux Klan (KKK), procedente de la palabra griega kuklos —de donde derivan ‘círculo’ y ‘ciclo’—, hacía la función perfecta. Por las noches cubrían sus cuerpos con sábanas y capuchas blancas y, conscientes de la fama de supersticiosos de la población afroamericana, se dedicaban a ir de puerta en puerta haciéndose pasar por militares sedientos caídos en la guerra de Secesión. Pero lo que comenzó como un pasatiempo pronto pasaría a convertirse en una organización seria, con un gran número de simpatizantes, y dejarían las bromas a un lado para apabullar a la sociedad afroamericana y hacer de su historia una macabra.

Los miembros del KKK pronto se dieron cuenta de que sus atuendos eran un mecanismo eficaz para asustar no solo a afroamericanos, sino también a la población blanca.

Del KKK al intelectualismo ‘alt right’

La historia del KKK viene marcada por tres grandes etapas que han ido adaptándose a los acontecimientos de la Historia. La primera etapa fue tras su fundación en 1865. Su objetivo principal era aterrorizar a republicanos y la población afroamericana para evitar que participasen en las elecciones y, así, que los demócratas volviesen a hacerse con las riendas del sur. En 1867 los representantes de las diferentes facciones del Klan se reunían en Nashville, Tennessee, para acordar que la filosofía de la supremacía blanca sería el credo del KKK. Esta se basa en que la raza blanca, debido a su superioridad genética, debe estar por encima de las demás razas y que para ello se deben crear sociedades puramente blancas. Pero la violencia, el descontrol del grupo y la victoria de los demócratas en los estados sureños hicieron que a finales de 1869 el Klan dejase de existir.

En los años 20 la llegada masiva de inmigrantes de Europa, la recesión económica tras la Primera Guerra Mundial, la migración de afroamericanos del sur al norte del país y la llegada de libertades políticas y sexuales hicieron que el KKK volviese a emerger. En 1915 William J. Simmons, inspirado por la película “The Birth of a Nation”, reaviva el Klan y amplía la lista de enemigos a todas las personas que no fuesen blancas o que, aun siéndolo, fueran inmorales, es decir, que llevaran a cabo prácticas contra el cristianismo protestante o antipatrióticas. Así, el grupo, debido a su mezcla explosiva de xenofobia, prejuicio religioso, supremacismo blanco y conservadurismo moral, comenzó a tener una mayor aceptación social, pues no solo apelaba a racistas, sino también a cristianos que perseguían una reforma moral que frenase la modernización desbocada del país. Pero a partir de los años 30 este momento apoteósico se vio frustrado por la Gran Depresión, las portadas de periódicos plagadas con las inmoralidades cometidas por los líderes del Klan y la multa de casi 700.000 dólares al grupo por evasión de impuestos. Las antorchas del KKK se apagaban una vez más.

En los años 50 resurge de nuevo durante el movimiento por los derechos civiles. Esta nueva etapa supone una época de transformación para el grupo. En primer lugar, se vuelve más violento que nunca; se empieza a hablar del “terrorismo blanco”. En segundo lugar, su retórica racista durante un periodo de auge para la segregación motivó a personas ajenas al movimiento a participar en sus campañas de terror. Y, en tercer lugar, la llegada de ideas nazis al país debido a la Segunda Guerra Mundial hizo que el KKK no se llevase todo el mérito en la lucha por la supremacía blanca. Grupos neonazis, paramilitares y cristianos extremistas, tan fragmentados como el KKK de esta etapa, comenzaron a trabajar reclutando a personas que el Klan falló en atraer por ofrecer un abanico reducido de posibilidades en su odio. Debido a esto, el movimiento por la supremacía blanca ha tomado desde los años 70 diferentes aspectos y direcciones.

Además, la victimización que el movimiento adopta a partir de los años 80 es un factor esencial que tener en cuenta para poder entender su ideología actual. Inicialmente, su objetivo era luchar para mantener el dominio blanco, pero, a medida que la realidad política y social comenzó a evolucionar, el movimiento supremacista también lo hizo. Vieron que luchar para prevenir su extinción parecía una causa más noble para justificar sus actuaciones. Por eso, el eslogan que hoy impera entre ellos es el de “las 14 palabras”: “We must secure the existence of our people and a future for white children”, esto es, “Debemos asegurar la existencia de nuestra gente y un futuro para los niños blancos”. Este victimismo resulta en lo que califican de “genocidio blanco”.

La extrema derecha actualmente está compuesta principalmente por supremacistas blancos, que creen que la raza blanca es biológica y culturalmente superior al resto; nacionalistas blancos, que apoyan la idea de crear sociedades exclusivamente blancas; neonazis, admiradores de Hitler y que sienten un odio especial hacia los judíos, todas las personas no blancas, la comunidad LGTB y las personas con discapacidades; facciones que siguen los valores clásicos del KKK, y el movimiento “alt right”. Este último, presente también en la manifestación de Charlottesville, es una corriente que está ganando mucho peso por considerarse el movimiento intelectual del supremacismo blanco. El termino “alt right” —derecha alternativa— fue inventando por Richar Betrand Spencer en 2008, un nacionalista blanco que aboga por una “limpieza étnica pacífica” en Estados Unidos. El éxito del movimiento viene dado por su divulgación en las redes sociales, sus memes y su presencia en internet, que permite que seguidores con diferentes creencias puedan participar de manera anónima. Apela al victimismo típico del supremacismo —consideran que la identidad blanca está en peligro y que hay que preservar los valores tradicionales occidentales— e intentan incrementar la calidad del movimiento captando a jóvenes intelectuales conservadores.

Antifas y ‘Black lives matter’: ¿sus opuestos?

Tras la manifestación en Charlottesville, son muchos los que no han tardado en asegurar que “White lives matter” (WLM), movimiento que reivindica “los derechos de los blancos”, ha surgido como oposición al racismo y la violencia del movimiento “Black lives matter” (BLM) y que los antifascistas o antifas son el grupo de la extrema izquierda homólogo a “alt right”.

Primeramente, los movimientos de “White lives matter” y “Black lives matter” no se pueden comparar. El primero es un movimiento racista y violento; el segundo, no. BLM existe porque en la actualidad la población afroamericana sigue siendo víctima de la discriminación y recibe un trato diferente que la población blanca. Sus manifestaciones son pacíficas e incluyen gente de diferentes etnias y orientación sexual. Por el contrario, WLM está liderado por grupos supremacistas, como el KKK y el Partido Nazi Americano, que lo que pretenden es crear una sociedad en la que no haya cabida a la diversidad de razas, sexualidades y culturas, por lo que en sus manifestaciones solo se verán personas blancas, occidentales y, en principio, heterosexuales. De ser violento el BLM, resultaría contraproducente para sus objetivos: optar por la violencia para acabar con la violencia sería como echar piedras sobre su propio tejado. En cambio, los defensores de WLM no necesitan hacer mérito de los medios que utilizan para conseguir sus metas para ser conscientes de su brutalidad.

Por otro lado, el presidente Trump hacía responsables de la tragedia de Charlotessville a “ambas partes”, con lo que se refería tanto a “alt right” como a una supuesta izquierda alternativa —“alt left”—. Sin embargo, aún no existe un movimiento autodenominado “alt left”; a lo que el presidente probablemente se quería referir es al movimiento antifascista —comúnmente conocido como antifa—, ­presente desde hace décadas en Europa, pero nuevo para Estados Unidos Este movimiento está compuesto por anarquistas, socialistas y comunistas que comparten una causa común: acabar con la extrema derecha y el supremacismo blanco. Es por esto que pueden dar la sensación de ser aliados en la lucha contra el supremacismo. No obstante, tampoco dudan en utilizar la violencia para conseguir sus fines y consideran que está moralmente justificado el uso de la fuerza contra la extrema derecha, por lo que al final del día, según sus detractores, no dejan de ser distintos a los defensores de los supremacistas. El Centro Legal para la Pobreza Sureña, conocido por su labor contra el racismo, afirmaba que el uso de la violencia no es la herramienta más eficaz para acabar con los racistas y antisemitas.

Pero la realidad es que, por mucho que se intente comparar BLM y los antifas con WLM, los niveles de violencia ejercidos los supremacistas impiden una comparativa objetiva.

Indudablemente, lo que más fuerza ha dado a estos movimientos fanáticos es que legalmente tienen el derecho a manifestar y hacer apología de sus creencias. La Primera Enmienda de la Constitución restringe la capacidad del Gobierno de limitar el ejercicio de la libertad de expresión; de ahí que la marcha en Charlottesville fuese totalmente legal. Las esvásticas, saludos nazis y cantos de violencia como “Fuera los judíos” o “Sangre y tierra” pueden resultar chocantes en la actualidad por los actos cometidos en nombre de la ideología que estos símbolos sustentan, pero se consideran amparados por la libertad de expresión.

Andrea Moreno http://elordenmundial.com/2017/09/25/racismo-y-fanatismo-el-supremacismo-blanco-en-ee-uu/

Cae muerto un general ruso combatiendo a los yihadistas en Siria

El general ruso Valeri Assapov
El general ruso Valeri Assapov murió durante un bombardeo de artillería de los terroristas del Califato Islámico cerca de la ciudad de Deir Ezzor, según anunció ayer el Ministerio de Defensa ruso.

“El general de división Valeri Assapov murió en la explosión de un obús durante un bombardeo con morteros realizado por combatientes del Califato Islámico”, indicó el Ministerio.

Assapov se desempeñaba como asesor militar de las tropas del régimen sirio de Bashar al Assad.

El general “estaba en el puesto de mando de las tropas sirias y ayudaba a los comandantes sirios a dirigir las operaciones destinadas a conseguir la liberación de la ciudad de Deir Ezzor”, agregó el comunicado.

El Ministerio de Defensa ruso aseguró que el militar será condecorado a título póstumo.

Aunque la nota oficial no dice nada, en la misma acción murieron dos coroneles rusos que estaban junto al general. Tampoco dice de que el general estaba dentro de la lista de rusos sancionados por Estados Unidos a causa de la Guerra de Ucrania.

Deir Ezzor, última provincia siria en manos del Califato Islámico, es el blanco de dos ofensivas independientes, una a cargo de tropas sirias con asesoramiento de oficiales rusos y apoyo de la fuerza aérea de Moscú, y la otra a cargo de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) sostenidas por Estados Unidos.

Desde hace dos años, la muerte en combate de soldados y oficiales rusos en Siria ha despertado el aprecio de la población, que hoy es superior incluso a la de Irán, aunque también un general iraní, Hussein Hamadani, ha caído combatiendo en Siria.

Los motivos son las diferencias religiosas entre chiítas y alauitas. En una reciente entrevista para la televisión rusa, Bashar Al-Assad declaró contundente: “Miramos hacia Rusia”, añadiendo también: “El pensamiento sirio no es fácil de ser comprendido por nuestros socios en Teherán, especialmente cuando no se tiene una comunión religiosa y cultural necesaria para ganar apoyo nativo”.

Más de la mitad de los sirios prefieren a los rusos que a los iraníes ya que no comparten las políticas de la República Islámica del ayatollah Alí Jamenei.

En lo que va de año han muerto 10 rusos combatiendo en Siria, según cifras oficiales que la agencia Reuters cuadruplica basándose en fuentes procedentes de familiares y allegados de los fallecidos obtenidas de las redes sociales.

Muere en la cárcel un militante de las FARC

El militante de las FARC, Roberto Antonio Sepúlveda Muñoz, ha fallecido en la cárcel del Barne, en el departamento de Boyacá, donde se encontraba recluido a la espera de que le aplicaran la ley de amnistía, aprobada hace nueve meses en virtud de los acuerdos de paz firmados entre la guerrilla y el gobierno de Colombia.

Sepúlveda, conocido como “Arturo” y “Catire”, llevaba preso desde hace nueve años y, a pesar de que padecía una enfermedad terminal y su salud se deterioraba, el gobierno no procedió a su liberación.

Un comunicado de las FARC detalló que el militante falleció en el hospital San Rafael de la ciudad de Tunja, debido que la enfermedad no fue tratada de manera eficiente y se convirtió en una bronconeumonía crónica.

En el documento las FARC exigen que se tomen medidas y se realice una investigación “exhaustiva” para determinar las causas reales del fallecimiento de Sepúlveda Muñoz y establecer las sanciones penales pertinentes.

También instan al gobierno a que garantice la atención médica y que de manera “definitiva” libere a todos los miembros de las FARC que aún se encuentran encarcelados.

También alertan sobre el “complejo cuadro médico” de otros tres militantes encarcelados: Bernardo Mosquera, José Ángel Parra y Jan Carlo Amaya.

La amnistía se puede conceder a los presos políticos colombianos tanto por vía judicial, es decir, por los jueces ordinarios, como por vía administrativa, a cargo del Presidente de la República.

El pasado 11 julio, el Gobierno informó que beneficiado a 7.696 exguerrilleros de la FARC con amnistías e indultos como parte del acuerdo de paz.

En el mes de julio, Seusis Pausias Hernández, alias “Jesús Santrich”, uno de los dirigentes de la FARC, finalizó la huelga de hambre que mantuvo durante 25 días en solidaridad con los presos de las FARC que permanecen en las cárceles del país, y pidió su liberación “de manera expedita”.

“Santrich” explicó en una conferencia transmitida por NC Noticias que la decisión obedecía al decreto 1252 expedido el 19 de julio por el Gobierno.

Rohingyas: ¿se acerca la hora de la provocación?

Desde hace unos días centenares de mujeres musulmanas con velo de la cabeza a los pies se manifiestan ante la embajada de Birmania en Yakarta, la capital de Indonesia, uno de los Estados con mayor número de musulmanes. Portan pancartas firmadas por una organización hasta ahora desconocida, Sahabat Muslim Rohingya (Amigos de los Musulmanes Rohigyas) con una consigna preocupante: “Soldados musulmanes, liberad a vuestros hermanos musulmanes rohyngyas”. Es un llamamiento directo a la provocación yihadista, a la desestabilización regional. Se acaba una guerra en Siria y estamos a las puertas de otra en Birmania.

El 3 de setiembre lanzaron cócteles incendiarios contra esa embajada y el ejército indonesio ha tenido que cerrar los accesos.

Comienzan a menudear las explicaciones de todo tipo. Un dirigente de la organización juvenil indonesia Ansor asegura que en el Estado de Arakan (Rajin) que habitan los rohingyas ha aparecido petróleo y gas natural (*), por lo que pretenden expulsar a los rohingyas de sus tierras. ¿Quiénes? Las grandes multinacionales, las grandes potencias… los de siempre.

Otra explicación apunta a la situación interna en Birmania, un país que en 2015 salió de una dictadura militar que trata de camuflarse en el nuevo gobierno pelele de la laureada Aung San Suu Kyi, aunque los militares conservan todas sus prerrogativas. Ellos serían los responsables de la matanza contra los rohingyas que han puesto contra la pared al gobierno civil.

Hay quien asegura que el ejército birmano no solo ha tolerado las acciones armadas en el Estado de Arakan (Rajin), sino que las ha incentivado para poder lanzar la limpieza étnica. La organización que ha reivindicado dichas acciones en nombre de los rohingyas carece de capacidad para poder acometerlas.

En Washington el portavoz de la mayoría del Senado, Mitch McConnell, ha atacado al gobierno de Birmania y amenaza con intervenir bajo la coartada de la “responsabilidad de proteger” a la minoría rohingya en otra de esas “crisis humanitaria”.

Un comunicado de Al-Qaeda difundido el día 13 llama a los rohingyas de Arakan (Rajin) a la yihad y pide a los musulmanes que les ayuden.

(*) https://nasional.tempo.co/read/news/2017/09/04/078905673/mengapa-harus-hati-hati-sikapi-kasus-rohingya-catatan-ansor

El mayor campo de gas de Siria cae en poder de las FDS

Miliciano de las FDS cerca de Deir Ezzor
Con el apoyo del ejército de Estados Unidos, las FDS se apoderaron ayer el campo de Conoco, el campo de gas más importante de Siria en la provincial de Deir Ezzor.

Nasser Haj Mansour, portavoz de las FDS, declaró que el campo y la fábrica de gas de Conoco estaban bajo el control de sus tropas, que también se habían apoderado del de Al-Izba, situado en las cercanías.

Por su parte, el “general” Talal Sillo, también de las FDS, ha declarado que los combates causaron la muerte de 65 miembros del Califato Islámico, mientras que otros 100 se han rendido.

El “general” ha dicho que sus tropas partieron de la ciudad próxima de Jsham bajo la cobertura del fuego de artillería de la “coalición internacional”.

El Observatorio Sirio de Derechos Humanos fue mucho más lejos, asegurando que las FDS controlan la totalidad de la provincial de Deir Ezzor, aunque el Califato Islámico había lanzado una contraofensiva para recuperar el terreno perdido.

Las FDS han marchado sobre la orilla oriental del río Éufrates, mientras que el ejército regular ganaba posiciones en la otra orilla. Aunque esta semana lograron cruzar el río, han concentrado sus operaciones sobre la orilla occidental.

Deir Ezzor, en la frontera con Irak, es una provincial rica en yacimientos de hidrocarburos. El próximo paso será la captura del campo de Al-Omar, en la orilla oriental.

La batalla por los campos petrolíferos es vital para obtener fondos con los que abonar la futura reconstrucción de Siria.



http://abcnews.go.com/International/wireStory/us-backed-sdf-syrias-largest-gas-field-50040682

Situación de los frentes en las dos orillas del río Éufrates ayer a la altura de Deir Ezzor

Aumenta el número de personas que duermen en las calles de Europa

El empeoramiento del mercado laboral y el insuficiente acceso a la vivienda han motivado un aumento de las personas que tienen que dormir en la calle en todas las ciudades importantes de Europa, según han denunciado el Observatorio Europeo de Sinhogarismo y la European Federation of National Organisations Working with the Homeless (Feantsa).

El viernes ambas organizaciones analizaron en Barcelona el aumento del fenómeno del “sinhogarismo” en todas las grandes ciudades del continente en el 12 Congreso Internacional de Sinhogarismo.

Sin ir más lejos, en Barcelona, donde se celebra la reunión, el pasado mes de mayo, había 3.000 personas sin hogar, de las que 1.026 duermen en la calle, un 56 por ciento más que en 2008, aunque el número de recursos residenciales ha aumentado en un 64 por ciento.

En diciembre de 2012 en Madrid había oficialmente 2.041 personas que viven en la calle, aunque las ONG aseguran que la cifra alcanza los 2.500 vagabundos.

Esta realidad es compartida por países como Austria, Bélgica, Francia, Alemania, Irlanda, Suecia o Reino Unido, con aumentos del número de personas que duermen en la calle por encima de los dos dígitos en todas las capitales.

En España, en total hay casi 50.000 personas viviendo en la calle, aunque el Instituto Nacional de Estadísitca sólo reconoce la mitad de esa cifra.

Las cifras aumentan bastante si tenemos en cuenta que el número de personas que no tienen vivienda es de 300.000, a pesar de lo cual todos los esfuerzos van dedicados a que haya más deshauciones y más rápidos.

La intoxicación no se detiene ante nada: ‘Putin quiere romper España’

Putin quiere romper España a través de Julián Assange, quien ha publicado una decena de tuits mostrando su apoyo al independentismo en Cataluña, asegura El Confidencial. No es un apoyo nada despreciable, añade esta gacetilla, ya que Assange tiene más de 368.000 seguidores. “Por su relevancia, es como un medio de comunicación en sí mismo y, además, de gran repercusión internacional”, subraya.

La cadena de intereses es evidente: Assange se reunió en una ocasión con el congresista estadounidense Dana Rohrabacher, que es un defensor público de los intereses de Rusia. Al mismo tiempo, el pasado mes de abril Rohrabacher se entrevistó con el presidente catalán, Carles Puigdemont.

Otro silogismo característico del sofisma más demagógico: el referéndum de Catalunya está dirigido contra la Unión Europea; los intereses rusos también estan dirigidos contra la Unión Europea; luego los intereses de los secesionsistas catales y los de Rusia son los mismos.

“Quod erat demostrandum”, diría Euclides. aunque finalmente los plumillas que fabrican esta intoxicación vuelven sobre sus pasos y reconocen que “no hay pruebas de que el apoyo de Assange a la causa independentista catalana esté impulsado por Rusia”. No obstante, en el último año el fundador de WikiLeaks solo ha apoyado causas rusas.

Lo mismo titula El País en primera plana: Putin promueve la independencia catalana por medio de su maquinaria de fabricar noticias falsas. Es como el aquel ladrón que para despistar a sus perseguidores huía deprisa gritando “¡al ladrón!, ¡al ladrón!”

La prueba de El País es la misma que la de El Confidencial: Julian Assange, convertido en portavoz de las oscuras maniobras del Kremlin. ¿Cuál es la prueba de la prueba? No existe. Es un “obiter dicta” que sostiene la “ratio decidendi” de la misma manera que las nubes cuelgan del techo sujetas por un cordel divino.

Entre Putin y Puigdemont no hay una gran distancia; por medio está Podemos, cómplices de este contubernio ruso-catalán, del que se aprovechan para “debilitar a la democracia”, propósito último de la extrema izquierda que representan Pablo Iglesias y los suyos.

¿Alguien estaba denunciando noticias falsas?, ¿teorías de la conspiración?, ¿fenómenos paranormales?, ¿chemtrails?, ¿avistamientos de ovnis?, ¿telekinesis? ¡Lea la prensa fascista hispánica!, ¡todos los días grandes y maravillosas sorpresas!

Un paracacidista francés ha muerto en combate en la frontera entre Siria e Irak

Esta tarde el Elíseo ha anunciado la muerte de una paracaidista francés que formaba parte de la Operación Chammal en la frontera entre Siria e Irak.

El paracaidista formaba parte del 13 Regimiento de Dragones y cayó en combate, según la información oficial.

Es un camelo que el paracaidista haya caído justo “en la frontera” entre ambos países. Ha muerto en Siria, pero el gobierno francés no quiere admitir que ha invadido el país militarmente.

Francia inició abiertamente la Operación Chammal en Irak en setiembre de 2014 y un año después en Siria, tras varios años de mentiras y engaños oficiales sobre la invasión militar de Siria, tomando como excusa los ataques terroristas cometidos sobre suelo francés.

El recorrido de las mentiras empezó admitiendo que el ejército había atacado a ambos países, pero sólo mediante bombardeos y otros ataques aéreos. Además empezaron diciendo que intervenían “a petición del gobierno irakí”.

Luego continuaron admitiendo que también adiestraban tropas irakíes y kurdas sobre el terreno. Era la coartada de los “consejeros militares” que invocaron Estados Unidos y Gran Bretaña.

El dispositivo admite que hasta el año pasado habían realizado 4.000 horas de vuelo, 2.000 avituallamientos en el aire y 116 misiones de reconocimiento.

También admitieron que había al menos un buque de guerra emplazado en el Mediterráneo oriental, una fragata de defensa aérea Forbin, y otra en el Golfo Pérsico, la Jean Bart. Según datos oficiales, el despliegue supone un total de 1.000 militares operando desde Jordania y Emiratos Árabes Unidos, lo cual es falso. Al menos, hay 3.500 y un centenar de ellos se reparten entre Bagdag y Erbil, donde dirigen los pasos de los pershmergas kurdos.

Hay más bombardeos franceses en Siria de los que hubo en Líbano en 2011 con menos aviones, hasta el punto de que a finales de 2015 Francia tuvo que pedir más municiones a Estados Unidos porque las que tenía en Siria se habían entregado a Arabia saudí para que bombardeara Yemen.

En árabe “chammal” es un viento característico del norte del Irak. A los franceses les gusta poner nombres locales a sus operaciones de agresión contra terceros países.

Los dirigentes de Al-Qaeda son estrellas de las televisiones saudíes

A comienzos del año pasado apareció un vídeo en Youtube de Abdulmajid al-Zindani, un dirigente yemení de Al-Qaeda (AQAP), fichado como tal en Estado Unidos desde 2004, junto el dirigente religioso saudí Aid al-Qarni.

Durante años Zindani fue el preceptor espiritual de Osama Bin Laden y se encargó de llenar los fondos de Al-Qaeda con el dinero saudí. El yemení es un protegido de la camarilla regia de Riad. En el vídeo le informa al wahabita sobre la marcha de la Guerra de Yemen en una aparición pública que se ha hecho corriente en la televisión pública de Arabia saudí.

Al menos cinco yemenitas fichados por Estados Unidos coordinan las operaciones militares del ejército saudí en Yemen, en colaboración con sus aliados locales. Los saudíes han invadido el país para reponer al frente del gobierno al Presidente Abd Rabbo Mansour Hadi, que fue derrocado en 2014 por una revuelta popular.

La sucursal de Al-Qaeda en Yemen (AQAP) está considerada en Estados Unidos como una de las más mortíferas. Una de ellas es el asesinato de tres misioneros estadounidenses en 2002, cometido por alumnos de Zindani.

Uno de los dirigentes militares de AQAP es el yemení Nayef al-Qaysi, también fichado por Estados Unidos, nombrado gobernador de Bayda en diciembre de 2015 por Hadi. Ha convertido la provincia en el bastión por excelencia de Al-Aqeda en Yemen gracias al dinero saudí.

Qaysi es otro asiduo de la televisión saudí, donde anuncia la recolección de fondos para ayudar a la “resistencia” en Yemen. En abril de 2016, el canal Ekhbariya TV de Riad le presentaba como un “héroe de la resistencia” frente a los “agentes de Irán” en Yemen.

Otra cadena de televisión de la red Al Arabiya TV, Al Hadath, también le ha entrevistado varias veces.

Otro terrorista fichado desde 2013 que es asiduo en las televisiones saudíes es Abd al-Wahhab al-Humayqani, cuyo papel es el de canalizar los fondos saudíes hacia AQAP en Yemen. Es secretario de Al Rashad, una organización que Al-Qaeda creó para utilizarla como cobertura del reclutamiento y el entrenamiento de terroristas.

En julio de 2012 la dirección de Al-Qaeda cambió de planes y decidió poner a Humayqani a la cabeza de dicha organización para jugar un papel de portavoz y escaparate público a Al-Qaeda.

Para lavarse la cara, en junio de este año el gobierno de Riad ha puesto a Humayqani dentro de un listado de 50 terroristas financiados por… Qatar y ha pedido su extradición a Doha.

http://www.middleeasteye.net/news/hold-al-qaeda-terrorists-who-are-tv-celebs-saudi-arabia-337403360

Estados Unidos masacró a la población de Vietnam con gran cantidad de armamento químico

Phuong, una niña de unos ocho años, delgadita como casi todas las vietnamitas, no deja de abrazar al periodista. Es alegre y parlanchina y parece sufrir un síndrome muy similar al de Down. Pero puede decirse sin temor a equivocarse que es la más afortunada de estas varias docenas de criaturas que son atendidas en un ala especial del hospital Tû Dû de Ho Chi Minh City, la antigua Saigón. En este pabellón situado junto a la cantina del centro médico viven grupos de niños afectados gravemente por el terrible legado del Agente Naranja, el defoliante utilizado por Estados Unidos durante la Guerra de Vietnam –que terminó ayer hace 40 años– para destruir la jungla y dejar a los guerrilleros Vietcong sin posibilidad de camuflaje.

Cuatro décadas después del fin del conflicto aún siguen naciendo criaturas con deformidades terribles. “No podemos estar seguro todavía del tiempo durante el que se extenderán sus efectos, pero muchos científicos ya lo estiman en tres generaciones”, dice la doctora Lành.

En la misma habitación donde vive Phuong, hay varias cunas en las que vegetan críos que nunca podrán levantarse. Algunos tienen una cabeza hasta seis veces mayor de lo normal y aplanada, otros enormes ojos de pez… Un pobre adolescente muestra toda la piel de su cuerpo como si estuviera rayada y además padece un síndrome nervioso extremo que obliga a sus cuidadores a esposarlo a los barrotes de una cama para no autolesionarse. No cesa de llorar y gritar histérico.

“No es fácil asegurar la cifra de niños afectados por el Agente Naranja en Vietnam, pero se estima en unos 500.000 los casos que podría haber en los hospitales de todo el país y en muchas aldeas donde sobreviven con sus familias”, declara la enfermera Kim Hoa.

El Agente Naranja, del que se irrigaron más de cuarenta millones de litros entre 1962 y 1970 desde aviones estadounidenses sobre los bosques de Vietnam era un poderoso herbicida compuesto por una mezcla de dos productos químicos: el 2,4,5–T y el 2,4–D. El primero de ellos provoca la aparición de minúsculas cantidades de dioxina conocida como TCDD, el veneno más tóxico de los elaborados por el hombre, que en tiempos de la guerra nadie se preocupó de depurar.

El defoliante destruía la foresta prácticamente en 24 horas, pero sus efectos iban a perpetuarse mucho más allá de que en esos terrenos no volviera a formarse una jungla. En los primeros años de la posguerra se dieron la aparición de un número inusual de tumores raros de cáncer en las zonas donde se había irrigado con el herbicida. Paralelamente se dispararon los casos de bebés nacidos con malformaciones muy graves: cabezas enormes, brazos que eran muñones terminados en dos o tres dedos, bocas sin paladar, ojos ciegos, síndromes nerviosos, parálisis, etcétera. Y también se multiplicaron los inusuales nacimientos de siameses. En muchos casos, los padres no habían padecido ni un dolor de cabeza, pero su ADN había sido dañado por la dioxina, un veneno del que basta un microgramo ingerido directamente para causar la muerte.

Al mismo tiempo, miles de veteranos estadounidenses, australianos o neozelandeses también empezaron a sufrir a dolencias idénticas a los de sus antiguos enemigos. Y también tuvieron una tasa disparatada de nacimientos de niños con minusvalías, efectos coincidentes con los que se se habían dado entre las víctimas del escape de dioxina en Seveso (Italia) en 1976.

Más de 230.000 veteranos de guerra reclamaron indemnizaciones a siete empresas químicas productoras del Agente Naranja –una ley norteamericana prohíbe querellarse contra el gobierno por acciones de guerra– y Víctor Yanacone, el abogado principal del consorcio de empresas que representaba a los veteranos, expuso ante los jueces una realidad incuestionable: durante la guerra las empresas Dow Chemical y Monsanto produjeron grandes cantidades del herbicida sin preocuparse por eliminar la dioxina; la Fuerza Aérea estaba pidiendo cantidad y no calidad.

Los ejecutivos de las empresas rechazaron cualquier conexión de su producto con el problema, que atribuyeron a causas psicológicas, el llamado síndrome Vietnam –que afectaba a miles de jóvenes que volvían derrotados y rechazados por su propia sociedad–, hasta que el número de afectados fue tan alto que hizo absurdas sus alegaciones.

Los directivos de la Dow alegaron que las autoridades se negaron a aceptar los peligros que corrían con su empleo. “Pero nos prohibieron hasta que etiquetáramos el producto con señales de advertencia”, declaró un directivo de la empresa.

Así, una hoja de instrucciones entregada en 1966 a las tripulaciones de los aviones encargados de fumigar la selva se afirmaba que “este defoliante no es tóxico para la vida humana o animal”.

Sin embargo, los efectos letales de la dioxina ya eran conocidas para la Administración estadounidense. Una explosión en la fábrica de herbicidas de la empresa Monsanto en 1949 en Virginia (EEUU) y un escape en 1964 durante su producción en una planta de la Dow Chemical habían mostrado las fatales consecuencias entre sus trabajadores.

En 1984 las siete empresas productoras del herbicida –Dow Chemical, Monsanto, Diamond, Uniroyal, TH, Hercules y Thompson– aceptaron en un tribunal de Nueva York la creación de un fondo de más de 162 millones de euros para cubrir los gastos médicos que requirieran las víctimas y sus hijos durante un período de 25 años.

Pero, aunque Vietnam también se ha querellado contra estas empresas químicas, sus alegaciones se han desestimado. Monsanto aduce en su página web que “crearon el Agente Naranja para salvar vidas de norteamericanos” y que es una cuestión “que corresponde debatir entre los gobiernos”.

Los vietnamitas no recibirán ni un dólar de compensación. Por su parte, el gobierno de Estados Unidos exige con presteza pagos por reparaciones de guerra cuando gana una contienda, pero no concede indemnizaciones si la pierde, como sucedió en Vietnam, de donde se retiró en 1973 con 58.000 de sus militares muertos y muchos más con graves secuelas.

Ni siquiera acepta pagos cuando ha cometido un error, o que se lo pregunten a las familias de los 290 pasajeros y tripulantes del avión comercial iraní abatido en 1988 por un misil de un buque estadounidense en el Golfo Pérsico, al confundirlo con un caza iraquí.

Además del Agente Naranja, Estados Unidos fumigó las selvas de Vietnam con unos 30 millones de litros de otros defoliantes de efectos dañinos: el Agente Blanco y Agente Azul. Todo un arsenal de armas químicas que acompañaron al tristemente célebre napalm que dejó a miles de victimas con gravísimas quemaduras en las aldeas de este hermoso país.

Al abandonar el hospital Tû Dû, que ya visité en 1995 con motivo del veinte aniversario del fin de la guerra, me despido de Nhung, un chico de unos catorce años cuyas piernas terminan abruptamente en las rodillas y su cabeza en pico. Me sonríe tristemente e intenta darme la mano con dificultad, porque tiene los dedos unidos por membranas.

En la calle, los vietnamitas se preparan para celebrar los festejos de los 40 años del fin de la guerra contra Vietnam del sur, una república títere de Estados Unidos. Y Minh Quân, un veterano del Vietcong, que regenta un puesto de frutas tropicales cerca del hospital, me recuerda orgulloso que su ejército ha vencido en todas las guerras a las que se ha enfrentado en el siglo XX: a Francia, Estados Unidos y hasta a los chinos que invadieron brevemente el norte del país en represalia a la victoria vietnamita sobre la Camboya de Pol Pot.

Pero hoy, Vietnam pasa casi por primera vez en su historia por un largo período de paz. Aunque los causantes del “síndrome naranja” no ayuden a las víctimas, varias asociaciones de otros países sí lo están haciendo, y Estados Unidos, al menos, ha comenzado recientemente a colaborar con la descontaminación de amplias zonas de terreno destruido por sus armas químicas.

Luis Mazarrasa http://www.eldiario.es/internacional/Agente-Naranja_0_383212103.html

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