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Día: 30 de septiembre de 2021 (página 1 de 1)

No se trata de vacunas sí o no, sino de que unas están la lista negra y otras en la lista blanca

Desde el primer momento de la pandemia hemos venido sosteniendo su naturaleza política imperialista. Las grandes potencias han intentado bloquear a determiados países, sacándolos del comercio internacional mediante un cierre controlado de las fronteras y su posterior reapertura condicional, caso por caso.

El cierre de fronteras no sólo ha afectado a las mercancías, provocando una carestía típica de tiempos de posguerra, que va seguida de una inflación galopante. También ha afectado a las personas, culminando con restricciones de viaje que la propaganda intenta justificar por razones sanitarias, para impedir la propagación del virus, pero que en realidad obedecen a motivaciones claramente políticas.

Lo ha vuelto a poner de manifiesto Reino Unido, que ha restringido la llegada a los viajeros no en función de las vacunas que hayan recibido, sino de la región en la que las hayan recibido (1). Los CDC africanos han declarado que la decisión es discriminatoria (2) y lo mismo pueden decir los países que han recurrido a cierto tipo de vacunas y no a otras.

La cuestión no es, pues, vacunas sí o vacunas no, sino que las grandes potencias han colocado a ciertas vacunas en la lista negra porque consideran que sólo son válidas las suyas, las que ellos han homologado.

A partir del 4 de octubre, a las personas que se hayan vacunado en África se les impondrán nuevas medidas preventivas antes de que puedan acceder a Reino Unido, según se desprende de una nota informativa publicada por el gobierno de Londres.

“A partir del lunes 4 de octubre de 2021, a las 4 de la mañana, las normas para los viajes internacionales a Inglaterra cambiarán del sistema de luces rojas, ámbar y verdes a una única lista roja de países y medidas de viaje simplificadas para las llegadas del resto del mundo. Las normas para viajar desde los países y territorios no incluidos en la lista roja dependerán del estado de vacunación”, dice el anuncio.

Aunque se presenta como una simplificación del régimen de viaje al territorio británico, la decisión afecta a todos los Estados miembros de la Unión Africana.

El gobierno británico sólo tiene en cuenta a las personas totalmente vacunadas que se hayan vacunado “en el marco de un programa de vacunación aprobado en Reino Unido, Europa, Estados Unidos o un programa de vacunación británico en el extranjero”. La lista se amplía a las personas vacunadas con una “serie completa de vacunas Oxford/AstraZeneca, Pfizer BioNTech, Moderna o Janssen suministradas por un organismo de salud pública competente en Australia, Antigua y Barbuda”, Arabia Saudí, Barbados, Bahréin, Brunei, Canadá, Dominica, Emiratos Árabes Unidos (EAU), Israel, Japón, Kuwait, Malasia, Nueva Zelanda, Qatar, Singapur o Taiwán.

Esta lista excluye a los países africanos y suponen gastos adicionales para los viajeros procedentes de África. Se trata de hacer la vida imposible a ciertas regiones del mundo.

“Las medidas adicionales incluyen dos pruebas adicionales (antes de la salida y la ‘prueba del día 8’) y una cuarentena de diez días. Las fuentes no proporcionan ninguna otra explicación o justificación para estas nuevas normas”, dicen los CDC de África en una nota oficial.

Las restricciones británicas van contra los intentos de ampliar la vacunación en África, donde sólo el 4 por ciento de la población está totalmente vacunada. Podrían aumentar “la indecisión sobre las vacunas en África y crear desconfianza en la comunidad”.

El hecho de que el gobierno británico sea uno de los principales contribuyentes al plan Covax hace aún más discriminatoria la resolución.

(1) https://www.gov.uk/guidance/red-amber-and-green-list-rules-for-entering-england
(2) https://africacdc.org/news-item/statement-on-uk-travel-restrictions-september-24-2021/

Turquía comienza a retirar sus tropas del norte de Siria

Tras la reunión entre Putin y Erdogan, se ha detectado una actividad muy elevada del ejército turco en la provincia siria de Idlib, dicen fuentes militares de Damasco. Se trata de una retirada de las tropas turcas de la región.

Los tanques y otros vehículos blindados turcos han abandonado la parte de Idlib al sur de la autopista M4 y se han desplegado varios kilómetros al norte, aunque la presencia turca en la zona de la autopista M4 se mantiene.

Anteriormente, el ejército sirio anunció que esta semana los ejércitos sirio e iraní, junto con el ruso, tenían la intención de lanzar una operación militar a gran escala contra los terroristas en Idlib.

Esto implica una ofensiva desde varias direcciones a la vez. Esta es precisamente la razón de los ataques a gran escala de un mes de duración por parte de la aviación rusa contra objetivos terroristas clave, que provocaron un éxodo masivo de militantes al norte de Idlib.

En las negociaciones con Erdogan sobre Siria, Putin ha dejado claro que tiene serias intenciones de ayudar al ejército sirio a recuperar el control de la región de Idlib al sur de la autopista M4.

Hasta la fecha Turquía se había negado a cumplir los acuerdos con Rusia para desescalar la situación en el noroeste de Siria.

El ejército sirio también ha capturado la cuenca de Yarmuk, en la provincia de Quneitra, y en cualquier momento alcanzará las alturas del Golán, que han permanecido en poder de los yihadistas desde 2013.

Además del ejército sirio, en Quneitra se están desplegado tropas iraníes, así como milicianos de Hezbolah.

Recientemente el gobierno de Siria logró desmilitarizar la zona de Deraa, después de llegar a un acuerdo de rendición con las milicias yihadistas que operaban allá desde el inicio de la guerra hace once años.

El acuerdo comprende el levantamiento de las barricadas en el barrio de Deraa Al-Balad, la entrega de armas y la expulsión de los terroristas que se oponen al compromiso.

La rendición ha permitido que el gobierno de Siria tome el control de los puestos fronterizos con Jordania.

Eslovenia suspende el uso de la vacuna de Johnson & Johnson tras la muerte de una joven de 20 años

El gobierno de Eslovenia ha suspendido temporalmente la administración de la vacuna contra el coronavirus elaborada por Johnson & Johnson después de que una joven de 20 años falleciera dos semanas después de ser vacunada, según revela el comunicado del ministro de Sanidad del país, Janez Poklukar (1).

De acuerdo con el comunicado, el Ministerio de Salud de Eslovenia actuó de conformidad con el consejo del Instituto Nacional de la Salud Pública que sugirió suspender la vacunación con el fármaco de Johnson & Johnson, registrado sin restricción para grupos de edad, hasta que se aclare la situación en vista de “un acontecimiento adverso grave” tras una inoculación con dicha vacuna.

Según Pokluklar, de momento en Eslovenia solamente se ha registrado un caso con un vínculo comprobado entre la vacunación y la muerte. Al mismo tiempo, añadió que hasta ahora aproximadamente 120.000 personas se han inyectado la vacuna de Johnson & Johnson.

La muerte de la mujer esta semana fue el segundo caso de fallecimiento de una persona vacunada con Johnson & Johnson. No obstante, Pokluklar repitió el mantra de que los beneficios de la vacunación superan los riesgos potenciales.

Paralelamente, las noticias provocaron que miles de eslovenos salieran a las calles para demandar la suspensión de los pasaportes sanitarios y la igualdad de derechos para todas las personas, independientemente de si están vacunadas o no.

Antes de la manifestación, la policía colocó vallas metálicas e instó a los participantes a mantener la calma aunque finalmente empleó gas lacrimógeno y cañones de agua para dispersar a las multitudes que instaban a poner fin al “fascismo del coronavirus”.

En el país balcánico la vacuación era obligatoria para los funcionarios civiles y miitares, y poder trabajar en todas las empresas públicas. No obstante, a finales de setiembre el Tribunal Constitucional también suspendió esa imposición, tras una demanda de un sindicato de la policía (2).

De momento, aproximadamente el 48 por ciento de la población de Eslovenia ya se ha vacunado por completo. Aparte de la vacuna de Johnson & Johnson, la vacunación en el país se realiza con los fármacos de Pfizer, AstraZeneca y Moderna.

A pesar de la vacunación, Eslovenia ha experimentado en las últimas semanas un aumento de “casos positivos” de coronavirus.

(1) https://www.aljazeera.com/news/2021/9/29/slovenia-suspends-johnson-vaccine-over-death-of-20-year-old
(2) https://www.rte.ie/news/world/2021/0930/1249811-global-virus-latest/

Aumento histórico de los asesinatos el año pasado en Estados Unidos, en plena pandemia

El año pasado Estados Unidos registró un aumento sin precedentes del número de asesinatos. Crecieron cerca de un 30 por ciento con respecto al año anterior, hasta unos 21.500, según informó el FBI.

La pandemia sembró el miedo y las ventas de armas crecieron exponencialmente. El FBI asegura que el 77 por ciento de los asesinatos se cometieron con armas de fuego, el porcentaje más alto jamás registrado.

A principios de este año la Comisión Nacional del covid-19 y Justicia Penal de Estados Unidos ya había pronosticado un aumento del 30 por ciento en el número de asesinatos cometidos durante la pandemia, según datos de 34 ciudades. Varias de ellas ya habían informado de un aumento en el número de crímenes violentos, pero las cifras del FBI han ofrecido la situación en todo el país.

Se trata del aumento más pronunciado en el número de asesinatos desde que el FBI comenzó a recopilar datos en la década de 1960. Se registraron 6,5 asesinatos por cada 100.000 personas. En 2019 la tasa fue de 5 por cada 100.000.

El salto se produjo en todos los Estados del país, tanto en los grandes centros urbanos como en las pequeñas localidades y en los municipios gobernados tanto por demócratas como por republicanos.

El aumento de los asesinatos se produjo al mismo tiempo que la caída de otros tipos de delitos en 2020, como el robo. Asher señala que los delitos contra la propiedad registraron su decimoctavo año consecutivo de disminución el año pasado, un resultado probablemente influenciado por el cierre de los establecimientos comerciales debido a la pandemia.

El confinamiento creó un embudo social

No hay un único factor que explique el aumento histórico en un año marcado por la pandemia del coronavirus, la crisis económica, el auge de la venta de armas de fuego y las protestas contra el racismo y la brutalidad policial que causaron que millones de personas salieran a las calles en todo el país.

La pandemia extendió la ansiedad entre la población por el miedo a contraer la enfermedad. Fue como un gran embudo social. El aislamiento cerró escuelas, iglesias, bares e instalaciones de ocio, encerrando y aislando a las personas en sus propias viviendas, sin ninguna posibilidad de socialización.

La pandemia también provocó una reducción de los programas de prevención y asesoramiento de la violencia, suspendidos debido a la necesidad de preservar el distanciamiento social.

Además, millones de estadounidenses perdieron sus trabajos y enfrentaron problemas financieros como resultado de la pandemia.

Asustados y armados hasta los dientes

Desde el comienzo de la pandemia, los comerciantes de armas de todo el país informaron de un fuerte incremento en las ventas, con tiendas abarrotadas, largas colas en las aceras y temores de que las reservas de municiones no sean suficientes para satisfacer la demanda.

Se estima que casi 40 millones de armas se vendieron legalmente en el país en 2020, el número más alto desde que el FBI comenzó a recopilar estos datos en 1998.

Los datos preliminares señalan que esta año seguirá la tendencia. Los índices de aesinatos registrarán otro salto, aunque menor que el año pasado.

Una muestra de 87 ciudades de Estados Unidos con datos al menos hasta fines de junio, indica un aumento del 9,9 por ciento en el número de asesinatos en comparación con el mismo período del año pasado.

En Las Vegas el crecimiento ya supera el 62 por ciento. En Portland supera el 81 por ciento.

La vacunación es una práctica milenaria de la medicina tan criticable como cualquier otra

Uno de los rasgos diferenciadores del conocimiento científico es que no es reduccionista. No se empeña por obtener respuestas simples a fenómenos complejos, una categoría en la que entran aquellos que conciernen a la humanidad en su conjunto. La complejidad aumenta si hablamos de una práctica médica y social, como las vacunas, que tienen mil años de antigüedad, por lo menos.

Las descalificaciones contra los “antivacunas” son consecuencia de ese reduccionismo, cuyo efecto primordial es la inclusión en el coletivo de quienes simplemente expresan una opinión crítica hacia cierto tipo de vacunas o hacia los componentes de las mismas.

El movimiento “antivacunas”, que siempre fue muy pequeño, ha crecido espectacularmente con esta pandemia, al mismo ritmo que la insolencia de los gobiernos, que son los máximos interesados en (des)calificar cualquier opinión disidente. Oponerse a las campañas de vacunación es algo peyorativo en sí mismo, una irresponsabilidad que atenta contra la salud pública. Lo mismo que en el asunto de las mascarillas, algunos hablan de egoísmo, de poner sus propias opiniones por encima del colectivo.

El asunto es justo al revés, pero para eso hay que entender un principio tradicional de la medicina como la vacunación.

Una vacuna no es un fármaco cualquiera cuya ingesta ayuda a que un paciente supere su enfermedad. Normalmente los medicamentos están diseñados para los enfermos, mientras que las vacunas se aplican a los sanos, a quienes no padecen ninguna enfermedad. Antiguamente los manuales de medicina decían que las vacunas tienen un carácter preventivo. Se trata de que una persona no enferme o para que reduzca los síntomas de las enfermdad.

Lo que las vacunas no pueden conseguir de ninguna de las maneras es impedir ni frenar la circulación de ningún virus. No es posible crear un medio aséptico, libre de bacterias y virus, ni dentro ni fuera del cuerpo humano. La política de “cero covid” es imposible y, al final de esta pandemia, los “expertos” han claudicado: debemos “convivir con el virus”. Con mejor criterio deberían haber dicho: “la humanidad lleva conviviendo con los virus desde su mismo origen”.

Tanto las personas vacunadas como las que no lo están intercambian virus cotidianamente. Una persona no vacunada transmite los virus exactamente igual que una vacunada. Si las vacunas son efectivas, como dicen, lo que cambian son las consecuencias para los no vacunados, que son los únicos que deberían mostrar preocupación.

Sin embargo, ocurre al revés, como en tantas otras imposiciones de esta pandemia: sólo se preocupan los que llevan mascarilla y sólo se preocupan los que ya están vacunados. Esta paradoja es consecuencia del miedo, que a su vez es consecuencia de un engaño meticulosamente difundido, porque hasta el más inepto de los “expertos” sabe que ninguna vacuna puede prevenir eso que llaman “contagio”.

No es posible “luchar” contra los virus, ni mucho menos “vencer” a ninguno de ellos, como decían al principio de esta pandemia. Los espectáculos de desinfección que nos mostró el ejército el año pasado en lugares públicos fueron grotescos, lo mismo que los anuncios publicitarios de líquidos capaces de lograr lo mismo en casa o las ceremonias de lavado manos con hidrogel.

No obstante, en torno a los virus y bacterias los “expertos” han acabado engendrando toda una subcultura que se está transmitiendo entre generaciones, en la que se incluyen tanto doctrinas absurdas, pero muy arraigadas, como ciertas prácticas cotidianas de desinfección que han llegado a convertirse en un negocio.

A lo largo de la historia ninguna vacuna ha erradicado ninguna enfermedad, ni de las llamadas “infecciosas” ni de ningún otro tipo, porque hasta hace muy poco tiempo no se han administrado a los que ya están enfermos sino a los sanos. Nunca han tratado de curar sino de prevenir.

Ahora bien, con el tiempo estos principios elementales de la medicina se han ido sustituyendo por otros muy distintos y eso no es consecuencia de ningún “avance”, sino todo lo contrario. Ahora mismo están vacunando de una manera masiva e indiscriminada, sin ningún análisis previo de la persona que la recibe y del tipo de vacuna que se administra. Es algo que jamás había ocurrido a esta escala. Da lo mismo que sean jóvenes, adultos o ancianos, mujeres u hombres, sanos o enfermos…

Las consecuencias son más que evidentes para quien no cierre los ojos: jamás en la historia las vacunas habían producido tal cantidad de muertes ni de efectos adversos, lo que en cualquier otra circunstancia hubiera sido más que suficiente para suspender esta campaña.

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