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Mes: agosto 2021 (página 3 de 10)

Un antiguo preso de Guantánamo es el nuevo ministro de Defensa de Afganistán

Los talibanes aún no han formado un gobierno, pero ya han nombrado un ministro de defensa interino. Se trata de Abdul Qayyum Zakir, una figura militar del movimiento y antiguo preso de Guantánamo, informó el martes el canal de televisión Al-Jazira.

Fue capturado por el ejército estadounidense en 2001 tras la invasión militar del país. El Pentágono no ha querido comentar la información.

Tras permanecer detenido en la prisión estadounidense, Zakir fue trasladado a Afganistán en 2007, a una prisión de Kabul gestionada por el gobierno afgano de entonces.

Fue liberado dos años después, una decisión que aún hoy no se entiende, dado su perfil. “Es uno de los que nunca deberían haber sido liberados de Guantánamo”, comentó Bill Rogio, experto en el movimiento talibán, para el periódico New York Times.

Zakir no tardó en volver a desempeñar un papel de dirección militar, primero en la provincia suroccidental de Helmand y luego para todo el movimiento talibán. Sin embargo, en 2014, el Wall Street Journal informó de que dejó de ser comandante debido a las tensiones entre él y otros dirigentes.

Siempre conservó una amplia influencia entre los dirigentes del movimiento, ya que fue puesto al mando de las tropas que asaltaron el palacio presidencial de Kabul este mes, según el sitio de noticias Alarby.

Zakir también se opuso durante mucho tiempo a los acuerdos de paz entre los talibanes y el gobierno afgano, hasta que tomaron el poder.

Según Reuters, los dirigentes talibanes han iniciado conversaciones para formar un nuevo gobierno, que promete ser más “inclusivo”, con “personas altamente competentes y educadas”, como les gusta a las televisiones occidentales.

También han promulgado una amnistía general para los miembros del antiguo gobierno cómplice que colaboró con la ocupación militar del país, pero a las ONG nada les parece suficiente porque quieren seguir manteniendo a las tropas extranjeras en Afganistán indefinidamente.

Los colaboradores de la ocupación militar de Afganistán quieren abandonar el país lo más rápidamente posible

La evacuación del aeropuerto de Kabul parece uno de esos “desastres humanitarios” que tanto gustan a las televisiones para explotar las lágrimas del espectador.

No hay ni una palabra sobre el fracaso político y militar de Estados Unidos y la OTAN.

En Afganistán llegaron a estar presentes casi 130.000 mercenarios de Estados Unidos en 2012, imprescindibles para ocupar el país militarmente. En el momento de la evacuación aún quedaban 17.000 en nómina de empresas privadas que complementan la tarea del ejército estadounidense.

En otras palabras, en Afganistán había más mercenarios que soldados regulares. De ellos, 6.147 son estadounidenses, 6.399 son de otros países y 4.286 son afganos. Oficialmente 2.856 estaban a cargo de la “seguridad”, de los que 1.520 portaban armas.

Un mes después del acuerdo de Doha entre Estados Unidos y los talibanes, el número de mercenarios ya había descendido un 40 por ciento.

Además de los 17.000 mercenarios había unos 1.000 contratistas que realizaban misiones encubiertas en nombre de la CIA y otras instituciones públicas estadounidenses. Pero la proporción era entonces de casi seis contratistas privados por cada soldado regular.

Durante esos años, los contratistas se encargaron de asegurar los objetivos sensibles de los aviones y ejércitos de ocupación. A menudo eran el objetivo de la acción militar de los talibanes.

En muchos casos, participaron en operaciones encubiertas a fin de que los resultados negativos se les atribuyeran a ellos y no a las tropas regulares de los distintos Estados de la OTAN que participaron en la ocupación militar.

Estas personas son las que el puente aéreo “humanitario” intenta sacar de Afganistán, aunque las imágenes de los canales de televisión muestran sólo a las mujeres y los niños, familiares de los mercenarios y colaboradores de los ejércitos de la OTAN.

Las noticias prefieren hablar de “intérpretes”, que son imprescindibles en una guerra que ha durado 20 años. En un país ocupado el intérprete es el que habla y hace hablar a la población sometida. Interroga y mediante el fusil exige una respuesta que, a menudo, se convierte en una delación, una detención o una ejecución.

Es lógico que los colaboradores y los “intérpretes” quieran abandonar el país lo más rápido posible. ¿No saben que Roma no paga a los traidores?

Las guerras son como las pandemias: si no existen, hay que inventarlas porque el maná del dinero no puede parar

La salida de las tropas estadounidenses de Afganistán se lamenta o se celebra como una derrota. Esa es la parte política y militar de la cuestión. Pero hay otra parte, que es la económica y se mide por las cuentas de resultados. Esta parte es cada vez más importante porque los ejércitos cada vez están más privatizados, sobre todo el de Estados Unidos, y los traficantes de armas tienen un peso creciente en las políticas de guerra.

En ese sentido la Guerra de Afganistán ha sido una gran victoria: 2,2 billones de dólares de los contribuyentes han pasado de los presupuestos públicos a los bolsillos privados durante más de 20 años de guerra.

A los dirigentes del Pentágono les han acusado de carecer de una estrategia militar, lo cual es verdad. Sin una estrategia no se puede triunfar en una guerra. Ahora bien, si se han producido combates en Afganistán durante 20 años no ha sido sólo para vencer sino también para mantener el flujo del dinero.

Cada vez que el ejército estadounidense se retira de un campo de batalla en el extranjero, en Estados Unidos los medios auguran que los gigantescos presupuestos militares se reducirán. Pero nunca ha ocurrido nada parecido. Cuando cayó la URSS, el presupuesto del Pentágono apenas lo notó porque crece a un ritmo constante del 5 por ciento anual. Pase lo que pase. Cada vez que la cifra se reduce, en los medios aparece una nueva “amenaza” capaz de volverla a aumentar porque las guerras son como las pandemias: si no existen, hay que inventarlas.

El negocio de la industria de guerra estadounidense no consiste en vender armas, sino en vender costes. Dado que los beneficios de las empresas son un porcentaje del coste, cuanto más suban de precio los programas para los que estaban contratados, mayor será el beneficio.

Entre 2008 y 2018, al menos 380 funcionarios de alto rango del Pentágono y oficiales militares se pasaron a los grupos de presión, o a los consejos de adminisración, o se convirtieron en contratistas de defensa. James Mattis, por ejemplo, se jubiló como general de cuatro estrellas, pasó al consejo de administración del principal contratista de defensa, General Dynamics, donde estuvo tres años, llevándose al bolsillo 900.000 dólares. Luego pasó otros dos años como secretario de Defensa de Trump, antes de volver al consejo de General Dynamics.

Hoy la “amenaza” que garantiza el mantemiento del gasto militar es China y en marzo el almirante John C. Aquilino, Comandante del Mando Indo-Pacífico, se refirió a una posible invasión de Taiwán en un futuro próximo. La Armada estadounidense se ha tenido que inventar la Iniciativa de Disuasión del Pacífico para seguir manteniendo el flujo del dinero: 27.000 millones de dólares asegurados para los próximos cinco años.

En julio el Pentágono regaló 37 helicópteros UH-60 al ejército afgano cada uno de los cuales cuesta unos 12 millones de dólares. En total, el regalo de despedida ascendía a 450 millones de dólares, que se sumaban a los 3.300 millones de dólares ya presupuestados para apoyar al ejército afgano durante el próximo año.

La factura de las dos décadas de guerra es de 2,26 billones de dólares, que han caído en los bolsillos de empresas como Lockheed Martin, fabricante de los helicópteros Sikorsky. Los aviones se unen a los 53 UH-60 ya enviados a Asia central en los últimos años.

La mayor parte es chatarra. Pocos de ellos pueden seguir volando, ya que los mecánicos afganos no son capaces de mantener unas máquinas tan complejas. El trabajo lo realizan contratistas estadounidenses muy bien pagados.

Los afganos eran bastante capaces de manejar los helicópteros que habían pilotado antes: el MI-17 ruso, un aparato sencillo y robusto en el que los pilotos y mecánicos locales tenían décadas de experiencia. También tenía la ventaja de poder operar en las partes más altas del país montañoso, algo que el UH-60, deficiente en altitud, es incapaz de hacer.

Durante unos años, el ejército estadounidense compró helicópteros rusos revisados por 4,5 millones de dólares cada uno (como máximo) para pasárselos a los afganos, pero el trato se torció cuando el coronel del ejército a cargo del programa, Norbert Vergez, hizo tratos corruptos con elementos siniestros en Rusia para subir el precio. Vergez se declaró culpable de conflicto de intereses y recibió una ondena simbólica, y el ejército aprovechó para transferir el contrato a Sikorsky/Lockheed.

Los afganos se vieron así obligados a cambiar un arma útil por otra que resultó ser efectivamente inútil. Las tropas estadounidenses, incluso cuando huyeron en medio de la noche de su enorme base de Bagram, no abandonaron descuidadamente el armamento y equipo a quien pudiera necesitarlo. Si dejaron cientos de camiones e porque se llevaron las llaves.

En 2012 el Congreso de Estados Unidos creó una oficina para frenar el despilfarro militar en Afganistán que ha redactado vistosos informes anuales sin ningún efecto práctico. El despilfarro de fondos asociado a la guerra ha sido impresionante.

El Pentágono compró para los afganos 20 aviones bimotor G-222 italianos para el transporte por un coste de 500 millones de dólares. Eran buenos aparatos, pero no podían volar en Afganistán por la altitud y el clima. Tampoco pudieron entrenar a los afganos para que los pilotaran, por lo que los abandonaron inmediatamente después de comprarlos.

Con el paso de los años, el Pentágono comenzó a destinar discretamente su presupuesto de guerra hacia otros destinos, como la financiación de nuevos programas de armamento. El año pasado el desvío de fondos se hizo oficial. La solicitud de dinero para ese año reconocía que 98.000 millones de dólares se destinaban a gastos rutinarios, no a ninguna batalla en el extranjero.

—Andrew Cockburn https://spectatorworld.com/topic/pentagon-rich-afghanistan-military-budget/

Argelia rompe relaciones diplomáticas con Marruecos (al otro lado del Estrecho la guerra está cada vez más cerca)

Como informamos ayer, Argelia había advertido de su intención de “revisar” sus relaciones con Marruecos, y durante una conferencia de prensa celebrada a última hora de la tarde, el ministro argelino de Asuntos Exteriores, Ramtane Lamamra, anunció oficialmente la ruptura de relaciones diplomáticas con el vecino.

Argelia apunta al gobierno marroquí como responsable último de los incendios que asolaron parte del país del MAK (Movimiento por la Autonomía de Kabilya), apoyado por Marruecos y la entidad sionista.

Las relaciones diplomáticas entre Rabat y Tel Aviv se han “normalizado”, dicen los medios en su típico lenguaje vacío. Dicho más claramente, como el gobierno argelino se ha ido acercando cada vez más a Irán, Estados Unidos ha puesto a su peón marroquí en manos de Israel, lo que ha tensado la cuerda de las contradicciones.

En la rueda de prensa Lamamra deploró la admisión de Israel como miembro observador de la Unión Africana, mientras que “todos los Estados norteafricanos […] se oponían a la decisión”, excepto Marruecos.

“No puedo predecir lo que sucederá en el futuro, pero espero que las razones despierten”, continuó el responsable de la diplomacia argelina, añadiendo no obstante que ”los consulados continuarán su trabajo [y que] la ruptura de relaciones no afectará a los argelinos que residen en Marruecos ni a los marroquíes que residen en Argelia”.

La situación ya era muy tensa entre Argel y Rabat desde hace varios años, y especialmente desde que el Frente Polisario, asentado en territorio argelino, anunció en noviembre del año pasado la ruptura del alto el fuego y la reanudación de las hostilidades con Marruecos.

Aparte del comercio, que continuó, las relaciones políticas, diplomáticas y de seguridad entre los dos vecinos llevaban mucho tiempo en un estado de casi muerte cerebral. En cuanto a las fronteras terrestres, llevan 27 años cerradas.

Sobre el otro lado del Estrecho no sólo pesan la maraña de contradicciones de Oriente Medio, sino también las del Sahel, donde la escala de la guerra ya no se puede disimular, lo mismo que en el Sáhara.

La guerra está servida; sólo es cuestión de tiempo.

Australia demuestra que la pesadilla de la ‘nueva normalidad’ no se acabará nunca… si no luchamos

Australia padece el más brutal ataque a los derechos y libertades fundamentales que ha conocido desde su nacimiento como Estado independiente. Es una sociedad fantasmal. No hay bodas. No hay servicios religiosos. Las mascarillas son obligatorias en todas partes para todos.

Las ciudades están completamente confinadas y sometidas a los toques de queda. No es posible viajar de un estado a otro, y mucho menos salir del país. Ni siquiera es posible alejarse más de cinco kilómetros de la casa de cada cual. No se pude salir después de las 9 de la noche o antes de las 5 de la mañana.

El ejército ha desplegado controles de las carreteras para comprobar la documentación de los viajeros y si se han vacunado. La policía irrumpe en los comercios no autorizados y multa a los propietarios, o va de puerta en puerta para asegurarse de que no hay nadie.

A las personas no vacunadas se les dice que no salgan de sus casas. A los que dan positivo en las pruebas de coronavirus les ocurre todo lo contrario: se les obliga a salir de sus casas para recluirse en “hoteles de cuarentena”. No saben cuándo podrán regresar con su familia.

El gobierno recomienda no hablar con los vecinos, no ir de compras, no hacer pedidos por internet y no quitarse las mascarillas, ni siquiera para beber un trago de agua.

La policía reúne a miles de niños en los estadios, sin sus padres, para realizar vacunaciones masivas “voluntarias”.

Los avisos del gobierno se clavan en las puertas de las casas de los que quedan aislados en cuarentena. Las manifestaciones no autorizadas están prohibidas, y si organizas una te arriesgas a una condena de 8 meses de cárcel.

No hay delirio en el que el gobierno australiano no haya incurrido, y cada día la televisión tiene que poner a un “experto” delante de las cámaras para que invente algún pretexto sanitario, que suenan ya absolutamente grotescos. Ha llegado la nueva normalidad.

“Tendremos que seguir viviendo con alguna medida de restricción”, dicen, a pesar de que más del 80 por ciento de la población esté totalmente vacunada. Aunque no haya ningún “caso positivo”, hay que preservar las mascarillas y la distancia social.

Ahora los “expertos” han cambiado de criterio. Dicen que los “hoteles de cuarentena” han sido ineficaces, por lo que están construyendo “campos de coronavirus”. No son temporales y no los llaman “campamentos” sino “centros internamiento”. Ya hay uno en los Territorios del Norte, se está construyendo otro en Melbourne y se acaba de aprobar la construcción de un tercero en Brisbane. Para subrayar que estas normas no son temporales, estos campos no comenzarán a estar operativos hasta el año que viene.

Por ahora, estos “centros de internamiento” están reservados a los viajeros que regresan, que deben someterse a una cuarentena supervisada obligatoria. Pero no es difícil que se conviertan en instalaciones casi permanentes para encerrar a los no vacunados.

El inicio de la revuelta

Pero los australianos han llegando al límite de lo que son capaces de soportar. El 24 de julio, Día Mundial de la Libertad, un gran número de personas salió a la calle a protestar y el pasado fin de semana se produjeron manifestaciones aún mayores en Melbourne, Brisbane y Sídney.

Las protestas públicas son la clave para ganar esta batalla. La negativa a cumplir con las restricciones funciona. El simple hecho de negarse a hacer lo que pretenden imponer, de manera masiva, es invencible. A las personas que tienen que acatar las normas por miedo y por presiones les muestra que no están solas.

Por eso los principales medios de comunicación se esfuerzan por desacreditar las movilizaciones con toda clase de adjetivos, especialmente el de “violentos”. Enumeran el número de policías heridos y no hacen referencia a los manifestantes heridos. Detallan el número de detenciones, manteniendo el anonimato para no humanizar a ningún disidente.

La policía australiana ha enviado cartas amenazantes a periodistas independientes, ha embestido a los manifestantes con sus coches, les han pisado la cabeza, les han rociado con gas pimienta y les han realizado maniobras de asfixia.

En Melbourne 1.500 policías salieron a la calle con equipo antidisturbios, levantaron barricadas por las calles, dispararon balas de goma contra la multitud y rociaron con gas pimienta a los manifestantes.

Huelga de los trabajadores del transporte

El movimiento de protesta es imparable y hay varias luchas en marcha. Los camioneros australianos, muy afectados por el confinamiento, planean una huelga a gran escala para el 31 de agosto y  aconsejan comprar provisiones (*).

Un conductor dijo en un vídeo que los camioneros pretenden “quitar al gobierno de mierda”. Estoy dispuesto a ir a la cárcel para salvar a mi país y a mis hijos, añadió.

Las cadenas de suministro pronto se verán interrumpidas y los camioneros instan a los australianos a abastecerse de víveres para pasar las próximas dos semanas.

Los camioneros de todo el mundo han publicado en internet consejos para impedir que la policía pueda remolcar los vehículos y sacarlos de las autopistas.

Los huelguistas han abierto una página para apoyar económicamente la lucha, que ha sido censurada después de recaudar casi 4.000 dólares para la caja de resistencia.

No es la primera vez que los camioneros australianos bloquean las carreteras para protestar contra las restricciones sanitarias. El mes pasado, varios conductores protestaron por el cierre temporal de una obra en construcción en Sidney aparcando sus vehículos en la autopista y haciendo sonar sus bocinas.

(*) https://www.dailymail.co.uk/news/article-9917753/Australian-truck-drivers-prepare-stage-Covid-protest-blocking-highway.html

Los incendios forestales en Argelia han sido provocados por drones israelíes

A comienzos de agosto se produjeron mása de cien incendios forestales en la Kabilya argelina, con un saldo de 90 muertos, de los que 33 eran militares. A los medios les faltó tiempo para insistir en que la causa era el cambio climático.

Por el contrario, el gobierno argelino siempre dijo que los incendios eran intencionados y que los causantes pertenecían a MAK y a Rachad, dos movimientos independentistas kabileños, sostenidos por Marruecos e Israel.

Los argelinos califican a ambas organizaciones como “terroristas” y, además de provocar los incendios, les acusan de participar en el linchamiento de Djamel Bensmail, al que imputaron la responsabilidad de los estragos.

El 18 de agosto el gobierno de Argel anunció su intención de “revisar” sus relaciones con Rabat tras los “incesantes actos hostiles” cometidos en su suelo por los agentes del reino cherifiano.

“El Consejo Superior de Seguridad decidió, además de la atención a los heridos, intensificar los esfuerzos de los servicios de seguridad para detener al resto de los individuos implicados en los dos crímenes, así como a todos los miembros de los dos movimientos terroristas que amenazan la seguridad pública y la unidad nacional, hasta su total erradicación, incluido el MAK, que recibe apoyo y ayuda de partes extranjeras, encabezadas por Marruecos y la entidad sionista”, dijo la presidencia argelina en un comunicado oficial.

El ministro del Interior, Kamel Beldjoud, dijo que “es imposible que se produzcan cincuenta incendios al mismo tiempo. Estos incendios son de origen criminal”.

Por su parte, el Primer Ministro declaró en un comunicado: “Los análisis preliminares en la región de Tizi Ouzou han demostrado que los lugares donde se iniciaron los incendios fueron cuidadosamente seleccionados para dificultar el acceso de los servicios de rescate y causar el mayor daño posible”.

El conservador forestal local, Youcef Ould Mohamed, confirmó: «La aparición simultánea de una treintena de incendios, entre ellos diez de gran envergadura, en diferentes municipios de la wilaya […] no puede tener un origen natural […] Es imposible que el origen de estos incendios sea natural, son incendios provocados”.

Durante las investigaciones preliminares se han acumulado pruebas y los servicios de seguridad argelinos han efectuado detenciones. Además, en los últimos días se ha abierto una nueva pista: los restos de un dron de origen israelí descubierto recientemente en Túnez en un bosque devastado por un incendio.

Desde hace varios años Israel desarrolla la tecnología de un tipo específico de dron octocóptero, con ocho palas separadas, capaz de llevar y manejar un arma de fuego, un lanzallamas o un lanzagranadas. Se llama Tikad-17 y fue diseñado en 2017 por la empresa estadounidense. El ejército israelí ha llevado a cabo transformaciones tecnológicas en el aparato, equipándolo con una cámara frontal.

Su autonomía de vuelo es muy limitada debido a que porta una pesada carga explosiva. Es posible que sea un kamikaze, es decir, que incursione disparando o prendiendo llamas para luego explotar en vuelo, ya que sería incapaz de regresar a su base de lanzamiento.

Los israelíes han experimentado con estos drones en el sur del Líbano y en la franja de Gaza, pero también en la actual guerra en Siria. Marruecos también ha recurrido a los drones israelíes contra los saharahuis. El jefe de la gendarmería saharaui, Dah Bendir, fue asesinado con la ayuda de un dron Harfang, una versión de Airbus Defense and Space del dron israelí Heron.

Los testigos de los incendios de Tizi Ouzou y Bejaia afirmaron haber visto cómo se iniciaban espectaculares incendios por la noche, “de la nada”, como si un láser hubiera impactado en la maleza o en los bosques. “Fue como si alguien hubiera disparado llamas rápidas a un objetivo”, dijo un periodista que vive cerca de uno de los focos.

Hacia una sociedad de vigilancia, control y exclusión

El 85 por ciento de la población española tiene un dispositivo móvil “inteligente”. Entre la juventud el porcentaje es casi del cien por cien, porque ya están habituados al control y la vigilancia.

Hasta hace muy poco tiempo la población era reacia a constituirse en un objeto de la atención de terceros a los que no conocía. Hoy a casi todos les gusta exhibirse en público. La observación ajena es la norma y no la excepción. Las posibilidades de escapar del control son cada vez más pequeñas porque la vigilancia alcanza a lugares que antes eran de acceso imposible.

El pasaporte sanitario ha barrido con uno de esos escasos lugares que -hasta ahora- era imposible alcanzar: los historiales médicos. Lo mismo que el permiso de residencia o cualquier otro salvoconducto, el pasaporte sanitario es excluyente: sin él no puedes subir a un autobús o ir al teatro.

Quien establece los que pueden subir a un autobús o ir el teatro es el Estado. Por lo tanto, quien controla a los que viajan en autobús o van al teatro es el Estado. Los modernos Estados capitalistas tratan a sus nacionales como a los extranjeros. A cada paso el grifo se abre y se cierra. Un servidor comprueba automáticamente que el registro está en regla, que el certificado ha sido expedido por la autoridad competente, que no ha caducado, identifica al titular, si se ha vacunado, si tiene antecedentes penales, si ha pagado sus impuestos…

Cualquiera ejerce de policía, es decir, que todos se han convertido en policías. Les basta con tener un lector de códigos para saberlo todo sobre una persona. Los movimientos se siguen exhaustivamente, se comprueban una y otra vez: dónde ha estado, con quién, cuánto tiempo, con quién ha hablado…

A comienzos de los noventa comenzó el despliegue de cámaras de videovilancia en los lugares clave de las ciudades, que luego se extiendieron a las carreteras. El control era limitado. Sólo se podían observar determinados puntos en determinados momentos. La policía no podía permanecer detrás de cada cámara las 24 horas del día. La identificación de una persona en una grabación tampoco era nada sencilla.

La policía establecía controles de carreteras o se situaba en ciertos lugares críticos para exigir la documentación, comprobar si había una orden de busca y captura o si el permiso de residencia estaba vigente. El control separaba a unos de otros y la discriminación suponía exclusión. Hacía falta un pasaporte, un visado, un permiso de residencia para estar y otro de trabajo para trabajar.

Una montaña de papeles abre y cierra las puertas. Sin papeles no te puedes casar, no puedes votar, no puedes conducir, no te puedes matricular, no puedes tener un arma de fuego ni abrir una cuenta corriente… Te pueden echar del trabajo, e incluso te pueden echar al otro lado de la frontera como si fueras un perro callejero.

Hasta ahora el Estado burgués sólo había podido imponer el control sobre los extranjeros por la complejidad de la maquinaria burocrática. La informática les ha permitido ir un paso más allá y con la pandemia han dado ese salto: un control total e instantáneo. El pasaporte sanitario traduce en represión los avances técnicos que eliminan las viejas barreras y permiten que el control se extienda a toda la población, a una gran variedad de lugares y actividades.

Los códigos de barras y los QR consiguen que la escritura y lectura de la información sean instantáneos. Como el cifrado permite, además, asegurar la integridad y autenticidad de dicha información, el Estado ha adoptado la técnica como propia, logrando resultados impensables hace sólo unos pocos años. En particular, permite a miles de personas que no son funcionarios públicos controlar a toda la población en numerosos lugares públicos, con un coste cero para el Estado, ya que la mayor parte de la infraestructura (los móviles) ya ha sido financiada de forma privada por los encargados del control o por las víctimas del mismo.

En consecuecia, el Estado burgués dispone de los medios materiales para regular el espacio público de manera casi completa. El reforzamiento de la dominación del Estado lleva varios años en marcha y su objetivo es transformar las ciudades regulando el espacio público y las personas que se mueven en él con el despliegue de las nuevas técnicas.

Los drones mejoran a las cámaras de videogilancia porque alcanzan cualquier lugar. El reconocimiento facial logra la identificación casi automática de las personas filmadas en los espacios públicos. No es necesario sentar a un policía detrás de cada cámara y de cada grabación.

La vigilancia del espacio público ni siquiera requiere un control de identidad. Cuando una grabación detecta que alguien hace un pintada en un muro o coloca una pancarta en puente, lo importante no siempre es el autor, sino también el lugar en el que se realiza.

Del mismo modo, originariamente el pasaporte sanitario se diseñó para funcionar sin el nombre del portador y eso mismo es lo que algunas empresas proponen. En otras palabras, lo que le importa al Estado es excluir a determinadas personas, sin que importe nada su nombre. Hay que excluir de la sociedad a quien no se vacune lo mismo que a quien hace una pintada. Finalmente, hay que lograr que las personas que no se someten a las normas, se autoexcluyan.

La adopción masiva del pasaporte sanitario forma parte, pues, de una batalla cultural para acostumbrar a la población a someterse al control y la vigilancia. El hábito facilita al Estado la dominación del espacio público. Lo importante no es tener el documento guardado en el móvil, sino la costumbre de exhibirlo, del mismo modo que lo importante de las mascarillas no es prevenir la ciculación del virus, sino acostumbrar a las personas a someterse a cualquier orden, por absurda que sea.

Hasta hoy los “expertos” de las ONG sólo calificaban a los parias como “personas en riesgo de exclusión social”. De ahora en adelante la “exclusión social” se va a ampliar considerablemente con nuevos parias que, además de mendigos, incluirá a otra categoría social: los reacios y desobedientes.

Pfizer violó el protocolo y adulteró las pruebas para obtener la aprobación de la FDA

Las pruebas de las vacunas Moderna y Pfizer se realizaron, como es habitual, con un grupo de control, es decir, con un grupo dentro del ensayo que recibió un placebo y no la vacuna de prueba. Sin embargo, durante el ensayo, las farmacéuticas decidieron romper el protocolo y notificar al grupo de control que no estaban vacunados, por lo que a casi todo el grupo de control se le administró la vacuna. Leer más

El artículo más leído y censurado por Facebook es la muerte de un médico a causa de la vacuna

Facebook ha silenciado un informe sobre los artículos más leídos durante el primer trimestre de este año porque el puesto número uno lo ocupaba una información sobre la muerte de un médico después de recibir la primera dosis de la vacua de Pfizer contra el coronavirus.

Se trataba de un artículo del South Florida Sun Sentinel, cuyo titular decía: “Médico sano muere dos semanas después de la vacuna covid-19; los CDC investigan el motivo”. El artículo fue reproducido por el Chicago Tribune, pero Facebook lo ha sacado del listado de noticias más leídas.

El artículo informaba de que el doctor Gregory Michael, un médico del sur de Florida de 56 años, había muerto en enero, en lo que podría ser la primera muerte relacionada con la vacuna en Estados Unidos, como ya informamos aquí en una entrada publicada el 7 de enero de este año.

Michael recibió su primera dosis de la vacuna de Pfizer el 18 de diciembre en el Centro Médico Mount Sinai, según publicó su esposa, Heidi Neckelmann, en Facebook. Falleció dos semanas después.

Tres días después de la primera dosis empezaron a aparecerle pequeñas manchas en los pies y las manos y acudió a urgencias del Monte Sinaí, donde ejerce la medicina privada desde hace 15 años, según su página web personal. El mensaje fue el más popular en Facebook en ese momento.

Las autoridades sanitarias de Florida y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades investigaron el papel de la vacuna en la muerte del doctor Michael, un obstetra de Miami Beach que, según su familia, estaba sano.

Facebook decidió no publicar el informe sobre los artículos más leídos para continuar con la política de censura y silencio sobre la pandemia y las vacunas. No obstante, el informe está disponible en internet (*), al menos de momento.

“Nos planteamos hacer público el informe antes, pero como sabíamos la atención que iba a generar, al igual que vimos esta semana, se hicieron correcciones en el sistema”, dijo el portavoz de Facebook, Andy Stone, en un comunicado.

(*) https://docs.reclaimthenet.org/Q1-FB-Content-Report-V0-US-internal-copy.pdf

Matan a tiros a los perros encerrados en un refugio para imponer el confinamiento en Australia

Varios perros encerrados que iban a ser rescatados de un refugio para animales fueron abatidos a tiros por un ayuntamiento rural de Nueva Gales del Sur, en Australia, en virtud de las restricciones sanitarias, lo que ha alarmado a los defensores de los animales y ha dado lugar a la apertura de una investigación por parte del gobierno.

El Ayuntamiento de Bourke, en el noroeste del estado, mató a tiros los perros para evitar que los voluntarios de un refugio de animales con sede en Cobar acudieran a recuperar a los animales la semana pasada saltándose el confinamiento.

En la localidad no se han producido recientemente “casos positivos” de coronavirus, aunque se han encontrado fragmentos del virus en el sistema de alcantarillado de la zona.

“El Ayuntamiento decidió tomar esta medida para proteger a sus empleados y a la comunidad, incluidas las poblaciones aborígenes vulnerables, del riesgo de transmisión del covid-19”, declaró un portavoz municipal.

El portavoz añadió que el gobierno estaba examinando la matanza para averiguar si se habían infringido las leyes sobre animales de compañía y prevención de la crueldad.

Los voluntarios del refugio estaban angustiados y contaban con medidas de seguridad para manejar a los perros, uno de los cuales era una madre reciente.

La militante de Liberación Animal Lisa Ryan pidió una investigación urgente. “Estamos profundamente angustiados y completamente consternados por esta cruel matanza de perros y rechazamos totalmente las inaceptables justificaciones del ayuntamiento de que esta matanza se llevó a cabo aparentemente como parte de un plan seguro de covid”, dijo Ryan.

En marzo, durante un debate presupuestario, a Shelley Hancock, ministra de Administración Local, le preguntaron si sabía que los ayuntamientos disparaban a los animales para aplicarles la eutanasia. No lo sabía. “Si fuera una práctica, me preocuparía, si se tratara de un gato o un perro”, dijo.

En una respuesta posterior dijo que los ayuntamientos no estaban obligados a informar al gobierno de cómo mataban a los animales a su cargo.

Basándose en las respuestas de la ministra durante la audiencia, Ryan dijo que Hancock era “claramente ajena a la realidad de los graves problemas que afectan a muchas perreras de los ayuntamientos de Nueva Gales del Sur”.

La portavoz de los Verdes para el bienestar de los animales, Abigail Boyd, dijo que el gobierno no había emprendido ninguna acción desde que se plantearon las cuestiones a Hancock durante la audiencia parlamentaria.

“Las perreras municipales son pagadas por las comunidades locales, y está claro que disparar a los perros perdidos y no reclamados alojados en estas instalaciones financiadas con fondos públicos está muy por debajo de las expectativas de los vecinos”.

El portavoz de la oficina municipal dijo que la agencia emitió consejos a todos los ayuntamientos sobre el funcionamiento de las perreras durante la pandemia, incluyendo la modificación de los procedimientos para garantizar la continuidad de estos servicios y mantener la seguridad del personal y los voluntarios.

“También se anima a los ayuntamientos a que sigan trabajando con las organizaciones de realojamiento y los voluntarios para cuidar de los animales”, dentro de las restriccionnes sanitarias, dijo el portavoz.

El 30 de julio el gobierno dijo que las perreras y los refugios de animales podían permanecer abiertos al público y que, como personas implicadas en el bienestar animal, su personal estaba autorizado a trabajar en áreas cerradas.

—https://www.smh.com.au/national/nsw/rescue-dogs-shot-dead-by-nsw-council-due-to-covid-19-restrictions-20210821-p58ksh.html

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