Argelia rompe relaciones diplomáticas con Marruecos (al otro lado del Estrecho la guerra está cada vez más cerca)

Como informamos ayer, Argelia había advertido de su intención de “revisar” sus relaciones con Marruecos, y durante una conferencia de prensa celebrada a última hora de la tarde, el ministro argelino de Asuntos Exteriores, Ramtane Lamamra, anunció oficialmente la ruptura de relaciones diplomáticas con el vecino.

Argelia apunta al gobierno marroquí como responsable último de los incendios que asolaron parte del país del MAK (Movimiento por la Autonomía de Kabilya), apoyado por Marruecos y la entidad sionista.

Las relaciones diplomáticas entre Rabat y Tel Aviv se han “normalizado”, dicen los medios en su típico lenguaje vacío. Dicho más claramente, como el gobierno argelino se ha ido acercando cada vez más a Irán, Estados Unidos ha puesto a su peón marroquí en manos de Israel, lo que ha tensado la cuerda de las contradicciones.

En la rueda de prensa Lamamra deploró la admisión de Israel como miembro observador de la Unión Africana, mientras que “todos los Estados norteafricanos […] se oponían a la decisión”, excepto Marruecos.

“No puedo predecir lo que sucederá en el futuro, pero espero que las razones despierten”, continuó el responsable de la diplomacia argelina, añadiendo no obstante que ”los consulados continuarán su trabajo [y que] la ruptura de relaciones no afectará a los argelinos que residen en Marruecos ni a los marroquíes que residen en Argelia”.

La situación ya era muy tensa entre Argel y Rabat desde hace varios años, y especialmente desde que el Frente Polisario, asentado en territorio argelino, anunció en noviembre del año pasado la ruptura del alto el fuego y la reanudación de las hostilidades con Marruecos.

Aparte del comercio, que continuó, las relaciones políticas, diplomáticas y de seguridad entre los dos vecinos llevaban mucho tiempo en un estado de casi muerte cerebral. En cuanto a las fronteras terrestres, llevan 27 años cerradas.

Sobre el otro lado del Estrecho no sólo pesan la maraña de contradicciones de Oriente Medio, sino también las del Sahel, donde la escala de la guerra ya no se puede disimular, lo mismo que en el Sáhara.

La guerra está servida; sólo es cuestión de tiempo.

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