Suecia roba un buque ruso y se lo entrega a Ucrania junto con el cargamento

El martes el Tribunal Supremo de Suecia rechazó la apelación interpuesta por el armador de un buque, legalizando así la piratería marítima. Dos sentencias anteriores de los tribunales inferiores ordenaban la entrega del buque y su carga a Ucrania.

A partir de ahí, la información procedente de Suecia es un cúmulo de despropósitos, que empiezan con la calificación del buque entre la “flota fantasma” rusa, que justifica cualquier atraco. Luego sólo queda acusar a las víctimas de ser los ladrones.

El buque fue incautado a principios de marzo y, según Kiev, transportaba trigo ucraniano robado de los territorios ocupados. El Tribunal Supremo sueco rechazó la apelación interpuesta por el armador, ratificando así las dos sentencias anteriores que ordenaban la entrega del buque y su carga a Ucrania.

El Caffa, un buque de 96 metros de eslora, zarpó de Casablanca el 24 de febrero y se dirigía a San Petersburgo, Rusia, cuando la guardia costera sueca lo abordó frente a la costa de Trelleborg, en el sur de Suecia, el 6 de marzo. La fiscalía sueca incautó el buque tras una solicitud del gobierno ucraniano. El capitán del barco fue detenido con el pretexto de “violar las leyes marítimas” y estuvo encarcelado hasta finales de abril.

El ministro sueco de Defensa Civil, Carl Oskar Bohlin, no ha ahorrado mentiras para justificar el expolio. Dice que el propietario del buques es difícil de identificar y que “sospecha” que carecía de seguro.

Los suecos se hacen los suecos. La propiedad de cualquier buque, como la de un inmueble, se identifica en menos de cinco segundos en internet. Pero por si acaso el gobierno sueco no tuviera ordenadores, podía haber preguntado al Tribunal Supremo: ¿quién es el armador que recurrió contra el robo del barco? Seguro que es el propietario o le conoce de cerca.

El Caffa transportaba un cargamento de grano (según fuentes suecas) o de naranjas (según fuentes rusas) y, a pesar de que diez de los once tripulantes eran rusos, navegaba bajo pabellón guineano y, en consecuencia, la víctima del atraco no es sólo Rusia. Posiblemente ni siquiera tuviera nada que ver con Rusia, ya que no procedía de San Petersburgo sino que se dirigía hacía allá.

Bohlin se vio obligado a decir que el buque figura en la lista de sanciones de Ucrania popr una razón interesante: porque no figura en las sanciones de la Unión Europea, es decir, porque Suecia no actuaba siguiendo normas europeas sino ucranianas. Por eso el jueves el ministro de Asuntos Exteriores de Ucrania, Andriy Sybiga, celebró la decisión del Tribunal Supremo sueco.

“Esta decisión histórica sienta un precedente importante, demostrando que la acción decidida de las fuerzas del orden y los fiscales, combinada con la independencia e imparcialidad del poder judicial, puede dar expresión concreta al principio de rendición de cuentas”, comentó Sybiga. “Continuamos nuestros esfuerzos para combatir la flota fantasma rusa y su capacidad para generar ingresos con los que financiar su guerra”, añadió.

Por su parte, el encargado de sanciones de Ucrania, Vladyslav Vlasiuk, siguió con el cúmulo de falsedades del ministro sueco. Dijo que el buque había estado involucrado “anteriormente” en el robo de grano en los territorios ucranianos ocupados, en particular en el transporte de un cargamento desde el puerto de Sebastopol, Crimea, en julio del año pasado. Posteriormente, el buque descargó su cargamento en el puerto de Tartus, en Siria.

Los piratas europeos dan un paso al frente

Da la impresión de que el Caffa ha sido asaltado y pirateado por sus pecados anteriores. En cualquier caso, como bien dice un portal ruso, “la confiscación cambia las reglas del juego”. Hasta ahora los abordajes eran temporales; ahora el saqueo es permanente.

El 3 de mayo, pocos días después de la confiscación del Caffa, la guardia costera sueca detuvo a otro buque, el petrolero Jin Hui, que navegaba bajo pabellón sirio. Fue el quinto barco en dos meses en ser detenido en aguas suecas.

“Las leyes marítimas están siendo reemplazadas por una interpretación políticamente motivada de las sanciones, donde los pabellones pueden cambiar para siempre y en cualquier momento. Los riesgos ya no se limitan a un seguro adicional y a un cambio de pabellón: existe la posibilidad de perder el activo en los puertos europeos. Y las autoridades europeas se sienten tentadas de convertir la confiscación de buques con pretextos convenientes en una herramienta legalizada de presión económica, que recuerda cada vez más no a la lucha contra los delitos, sino a la piratería”, comenta otro medio ruso.

Rusia ha empezado a reaccionar, lo que supone una seria advertencia para los países como Suecia. En abril, la fragata Almirante Grigorovich, de la Flota rusa del Mar Negro, empezó a escoltar a dos petroleros a través del Canal de la Mancha. La Marina Real Británica observó el convoy, pero no se atrevió a intervenir.

Las escoltas armadas también han llegado al Océano Pacífico, donde Japón ha comenzado a imitar a los piratas europeos. Entre los días 9 y 10 de mayo, un convoy de seis buques fue abordado en el Estrecho de Tsushima, en el Mar de China Oriental. La Flota rusa del Pacífico ha tenido que empezar a escoltar por primera vez a los mercantes rusos.

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