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Día: 8 de agosto de 2021 (página 1 de 1)

Un virus desenmascara una supuesta ideología progresista de izquierdas y abertzale

En algún medio de comunicación vasco (“Sustatu”) y por parte de determinadas personas (Luistxo Fernández) se permiten el denostar a un medio digital como “Independentea”, y con ello, a todo aquel que haya escrito en este medio con un mínimo sentido crítico y por lo tanto muchas dudas razonables sobre lo que está aconteciendo con esta pandemia, cuando en realidad la duda razonable es un elemento esencial en el progresismo y la izquierda, por lo que este virus lo primero que ha hecho es desenmascarar a estos falsos progresistas de izquierdas y abertzales.

Algo parecido se puede decir con respecto a “Maldita” y “Newtral”, y otros medios de comunicación vascos, que con la vitola de ecuanimidad y progresista, lo que realmente están haciendo es servir fielmente al discurso oficial, que es quien les paga, y, al igual que ese mencionado medio de comunicación vasco, sin dar opción a debatir científicamente las diferentes posiciones. Siempre es más fácil denostar sin debatir que debatir sin denostar. Valga la ocasión para recordar que estas difamaciones antes de difundirlas hay que contrastarlas con la fuente, como así lo hice en su día con los medios españoles “Newtral” y “Maldita”, consiguiendo que al final –al no aceptar ellos dicho contraste de opinión– no lograsen calificarlo de bulo. Estos medios, como los citados junto con otros medios de comunicación vascos, lo que están haciendo es una praxis propia de estados dictatoriales donde se persigue la libertad de pensamiento a cambio del enriquecimiento crematístico utilizando herramientas propias de tiempos pasados que, yo por lo menos, en ningún momento deseo volver a tener que sufrir.

En dicho medio vasco se permiten calificar con epítetos de que los que somos críticos con la pandemia somos unos mentirosos, no teniendo la valentía de decirlo de frente y de estar dispuesto a un debate con el fin de saber quién es el que realmente miente, es decir, nuevamente este virus ha desenmascarado la cobardía de muchas personas que se las dan de luchadores vascos por la verdad, la justicia y la soberanía de nuestro pueblo.

La izquierda abertzale oficial en su momento nos dijo que tenía asesores científicos para la pandemia y, puedo decirlo alto y claro, en su momento me ofrecí para colaborar con los asesores que tuviesen, como lo había hecho en otras ocasiones en asuntos relacionados con mi profesión, siendo mi sorpresa que al final ni aceptaron mi colaboración ni realmente tenían asesor alguno, es decir, nuevamente el virus ha desenmascarado la realidad de lo que se ha convertido un partido político que se suponía diferente al resto, pero que al final no deja de ser como cualquier otro partido político, al utilizar la política como su medio de vida aparcando su ideario político esencial. Y ahí, en ese concepto de vivir de la política, es donde encajan perfectamente personas como la comentada anteriormente en relación a los medios de comunicación.

En esta pandemia, esta izquierda abertzale ha llegado a pedir mucha más dureza en las medidas restrictivas, a apoyar la vacunación de todo el mundo incluso haciendo campaña de ella, y no ha sido capaz de ponerse de frente a los despropósitos de los profesionales de la educación y la manera inaceptable desde el punto de vista humano con la que se ha tratado a los pequeños y a los adolescentes en las ikastolas y escuelas, es decir, nuevamente el virus ha desenmascarado la cara más controladora de un supuesto progresismo abertzale más propio de una opción ideológica conservadora y poco democrática.

Igualmente, durante esta pandemia esta izquierda abertzale nos ha trasmitido el mensaje de la necesidad más rastreadores y más test de PCR, es decir, cuanto más test más positivos, sin hacer la mínima crítica a cómo se ha utilizado la incidencia acumulada a catorce días, elevándola y bajándola a libertad de las medidas restrictivas que se iban adoptando. Claro, a una opción progresista que utiliza la demagogia economía vs. salud, parece ser que sólo le interesa la economía de los que tienen el sueldo y el puesto de trabajo asegurados, dejando de lado a sectores que precisamente con esas medidas restrictivas han dejado de tener tanto ese sueldo como ese puesto de trabajo fijo, es decir, nuevamente el virus ha desenmascarado a opciones que son propias del neoliberalismo y no del progresismo.

Lo mismo podríamos decir sobre el desenmascaramiento de este virus al progresismo abertzale si hablamos de los confinamientos y la poca altura de miras, para no ver que científicamente no era lo acertado (claro, no tenían asesores) y que desde el punto de vista social y económico es lo menos progresista que se puede dar, o bien del cierre de la atención primaria en la sanidad pública, elemento esencial en una ideología progresista. Pero la reivindicación versaba sobre hacer más test a los sanitarios y ponerles más medios de seguridad o bien que se quedasen en casa trabajando, eso sí, estos cobrando, mientras que otros trabajadores se tenían que quedar obligadamente en casa sin cobrar. Si la propuesta es que éstos últimos entren en la rueda del subvencionismo, además de ser pan para hoy y hambre para mañana, eso supone acabar dependiendo del poder instituido, lo cual acaba siendo un voto cautivo. Señores de la izquierda abertzale, ¿saben a favor de quién va a ir ese voto cautivo? Supongo que ya saben la respuesta: a quien tiene el poder en Euskadi, no hace falta ser muy listo.

La izquierda abertzale en ningún momento se ha opuesto a las medidas restrictivas llevadas a cabo por el Gobierno Vasco, es más, en muchas ocasiones le han parecido suaves, como en ningún momento se ha opuesto al chantaje del pasaporte verde de la vacuna de la covid, que, además de utilizarla para penalizar el ocio, se puede utilizar para conservar los puestos de trabajo, y lo que es todavía más impropio de una opción de izquierdas: el que se pueda utilizar para el control de la inmigración, como ya se está haciendo en algunos países de Europa. Señores de la izquierda abertzale, ¿es que alguien que venga escapando en un cayuco va a tener el pasaporte verde en regla? Es decir, nuevamente este virus ha desenmascarado las opciones del progresismo abertzale.

Si hablamos de la ley antipandemia que se quiere aprobar en el Gobierno Vasco, aunque la izquierda abertzale no esté de acuerdo, los argumentos que utiliza no son sobre la falta de contenido democrático y de respeto de los derechos individuales y colectivos, sino sobre tener una ley más soberana para, en su caso, poder adoptar medidas más restrictivas. Y mi parecer es que yo, que me considero soberanista, no quiero una soberanía basada en la falta de respeto a los derechos y con total sesgo antidemocrático; mi concepto de soberanía es el del total respeto de las ideas y derechos, y por supuesto plenamente democrática.

Es curioso que, con esta ley antipandemia y otras medidas que se han adoptado durante esta pandemia, muchos ciudadanos que fuimos partícipes del no apoyo a la Constitución y por tanto al régimen del 78, posición avalada por la izquierda abertzale, en este momento estemos deseando que el Constitucional declare la ilegalidad de esta ley. Señores de la izquierda abertzale, como sigan así, van a conseguir que España logre que los vascos acepten el sistema constitucional y, por ende, den un respiro al régimen del 78.

Cuando los partidos abertzales no creen en su propio país, es decir, cuando pervierten el concepto de soberanía y aceptan lo que podríamos considerar que es una soberanía mal entendida.

Realmente tanto PNV como EH Bildu nos han transmitido que se necesita una verdadera soberanía, pero muchos, creyendo en la soberanía, nos preguntamos: ¿para qué queremos tener una República Vasca soberana si esta no me respeta mis derechos y libertades? ¿Es que queremos la soberanía para plantear más dureza en las restricciones con la demagogia de economía vs. salud, como se ha venido haciendo por parte de ciertas opciones políticas?

La realidad es que en esta pandemia, con un verdadero asesoramiento científico, sin la utilización demagógica de la estadística epidemiológica, realizando políticas de salud pública y sanitarias propias y con una dosis importante de pedagogía en la población, se hubiese establecido un marco diferente donde los partidos abertzales (mayoría de la cámara de Gasteiz) podrían haber hecho valer y haber ejercido una verdadera soberanía con estrategias propias y diferentes a las del estado español, de manera que el Gobierno de España no hubiese tenido capacidad de maniobra salvo la de la fuerza, la cual hubiese significado el principio del fin de la sumisión de los vascos al estado español, pero la realidad es que hemos perdido una ocasión inmejorable para hacerlo por la sumisión a lo que establecía el Estado español y al globalismo neoliberal.

De verdad que, cuando estos medios de comunicación nos colocaban a los críticos con la pandemia al lado de posturas de ultraderecha como Bolsonaro o Trump (ahora curiosamente es Biden, candidato por el que apostaba precisamente la izquierda), la realidad es que esa falta de visión, en la que los árboles no les han dejado ver el bosque, es la que ha colocado a la izquierda abertzale, con la defensa de su postura durante esta pandemia, en la defensa de las posturas del globalismo neoliberal más profundo.

Esta persecución, que ha llegado en algunos casos al acoso, es de tal nivel que no sólo se han dedicado a denostar a determinadas personas por tener un espíritu crítico de lo que estaba ocurriendo con la pandemia, sino que, no conforme con ello, se ha utilizado de forma peyorativa el término “negacionista” cuando este término tiene unas connotaciones claras de ideologías fascistas y que devienen de la época en que los nazis negaban el “holocausto”, siendo, por lo tanto, desde todo punto de vista rechazable por parte de aquellas personas que han colaborado con “Independentea” y motivo más que suficiente para querellarse contra determinadas personas de determinados medios de comunicación por haber practicado la calumnia y el acoso.

Fuente: EuskalNews

240.000 manifestantes en la cuarta jornada de movilizaciones contra el pasaporte de vacunas en Francia

Ayer salieron a la calle 240.000 manifestantes en Francia, de los cuales 17.000 en París, según las cifras oficiales del gobierno. Se trata de un nuevo récord para los opositores a los pasaportes sanitarios y la vacunación obligatoria.

Tras una gran movilización el 31 de julio, volvieron a hacerlo el 7 de agosto, al día siguiente de que el Consejo Constitucional emitiera su veredicto sobre el proyecto de ley promovido por el gobierno para acelerar la campaña de vacunación en Francia.

Tras reunir a 114.000 manifestantes el 17 de julio, 161.000 el 24 de julio y 204.090 el 31 de juli, siempre según las cifras oficiales, las movilizaciones contra el pasaporte sanitario han alcanzado un nuevo hito al sacar a la calle a más del doble de manifestantes que cuatro semanas antes.

Como en los tres sábados anteriores, se observaron puntos de concentración en casi 200 ciudades, donde volvieron a sonar consignas como “¡Libertad!”, “¡Macron, no queremos tu pasaporte!” o “¡No toques a nuestros hijos!”. Desde los discursos públicos hasta las pancartas reivindicativas, sin olvidar el himno nacional cantado espontáneamente varias veces en algunas marchas, esta nueva jornada de movilizaciones se desarrolló en buenas condiciones en general, con la excepción de algunas tensiones efímeras en la capital y de algunas refriegas en otras ciudades como Lyon y Toulouse.

En París se celebraron cuatro manifestaciones. En una de ellas el diputado de Essonne Nicolas Dupont-Aignan animó a los franceses a “apoyar a los que resisten”. A menos de un año de las elecciones presidenciales, el fundador de Francia en Pie también llamó a la población a “echar al oligarca [Macron] que está matando el espíritu de Francia”.

En otra manifestación François Asselineau, presidente de la Unión Popular Republicana, declaró que el pasaporte sanitario “no es algo científico, es algo político. Los franceses han comprendido que lo que hay detrás es una evolución de la sociedad hacia un control social cada vez mayor”.

A lo largo de la semana Asselineau ha recordado que Pfizer tiene “una larga historia de corrupción y fraude” y que financió al Partido Socialista francés clandestinamente.

Es algo conocido. Fue destapado por el antiguo ministro de Hacienda, Jérôme Cahuzac, en 2016. Interrogado durante su juicio por fraude fiscal sobre los pagos de Pfizer a una cuenta abierta en Suiza en 1992, Cahuzac admitió que en 1993 se habían realizado “dos pagos de los laboratorios Pfizer” para la financiación de los socialistas.

El dinero estaba destinado a financiar las actividades del Primer Ministro, el socialista Michel Rocard. “El dinero no pudo salir de las cuentas oficiales del laboratorio”, añadió Cahuzac durante su juicio.

No es de extrañar que los reformistas y la izquierda domesticada sean los principales sostenes de las medidas aprobadas durante la actual pandemia.

Truman sabía que en 1945 Japón se hubiera rendido sin necesidad de lanzar bombas atómicas

Durante 75 años en Estados Unidos se ha aceptado que el lanzamiento de las bombas sobre Hiroshima el 6 de agosto de 1945 y sobre Nagasaki tres días después fue la única forma de terminar la Segunda Guerra Mundial sin una invasión que habría costado cientos de miles de vidas estadounidenses y posiblemente millones de japonesas. Lógicamente, las bombas no sólo pusieron fin a la guerra, sino que lo hicieron de la forma más humana posible.

Sin embargo, las abrumadoras pruebas históricas de los archivos estadounidenses y japoneses indican que Japón se habría rendido en agosto incluso si no se hubieran utilizado las bombas atómicas, y los documentos demuestran que el presidente Truman y sus asesores más cercanos lo sabían.

La exigencia de los aliados de una rendición incondicional hizo que los japoneses temieran que el emperador, al que muchos consideraban una deidad, fuera juzgado como criminal de guerra y ejecutado. Un estudio del Mando del Pacífico Sudoccidental del general Douglas MacArthur comparó la ejecución del emperador con “la crucifixión de Cristo para nosotros”.

“La rendición incondicional es el único obstáculo para la paz”, envió el ministro de Asuntos Exteriores Shigenori Togo al embajador Naotake Sato, que se encontraba en Moscú el 12 de julio de 1945 tratando de convencer a la Unión Soviética de que negociara unas condiciones de rendición aceptables en nombre de Japón.

Pero la entrada de la Unión Soviética en la guerra el 8 de agosto lo cambió todo para los dirigentes japoneses, que reconocieron en privado la necesidad de rendirse rápidamente.

Los servicios de inteligencia aliados llevaban meses advirtiendo que la entrada de la Unión Soviética en la guerra obligaría a los japoneses a rendirse. Ya el 11 de abril de 1945, el Estado Mayor Conjunto de Inteligencia había predicho: “Si en algún momento la URSS entra en la guerra, todos los japoneses comprenderán que la derrota absoluta es inevitable”.

Truman sabía que los japoneses estaban buscando una forma de terminar la guerra; había descrito el cable interceptado desde Togo el 12 de julio como “un telegrama del Emperador de Japón pidiendo la paz”.

Truman también sabía que la invasión soviética dejaría a Japón fuera de la guerra. En la cumbre de Potsdam, en Alemania, el 17 de julio, después de que Stalin le asegurara que los soviéticos llegaban a tiempo, Truman escribió en su diario: “Estará en la guerra de Japón el 15 de agosto. No habrá más japoneses cuando eso ocurra”. Al día siguiente le aseguró a su esposa: “¡Ahora terminaremos la guerra un año antes, y piensa en los niños que no morirán!”.

Los soviéticos invadieron la Manchuria controlada por Japón en la medianoche del 8 de agosto y destruyeron rápidamente el venerable Ejército de Kwantung. Como era de esperar, el ataque traumatizó a los dirigentes japoneses. No podían librar una guerra en dos frentes, y la amenaza de una toma de posesión comunista del territorio japonés era su peor pesadilla.

El 13 de agosto, el primer ministro Kantaro Suzuki explicó que Japón debía rendirse rápidamente porque “la Unión Soviética tomará no sólo Manchuria, Corea y Karafuto, sino también Hokkaido”. Esto destruiría los cimientos de Japón. Debemos terminar la guerra cuando podamos tratar con Estados Unidos”.

Aunque la mayoría de los estadounidenses no estén familiarizados con esta historia, el Museo Nacional de la Marina de los Estados Unidos en Washington, afirma inequívocamente en una placa con su exposición sobre la bomba atómica: “La vasta destrucción causada por el bombardeo de Hiroshima y Nagasaki y la pérdida de 135.000 vidas tuvo poco impacto en el ejército japonés. Sin embargo, la invasión soviética de Manchuria […] les hizo cambiar de opinión”. Pero en internet, la redacción se modificó para presentar los bombardeos atómicos de forma más positiva, lo que demuestra una vez más cómo los mitos pueden superar las pruebas históricas.

En 1945, siete de los ocho oficiales de cinco estrellas del Ejército y de la Armada de Estados Unidos coincidieron con la vitriólica evaluación de la Marina. Los generales Dwight Eisenhower, Douglas MacArthur y Henry “Hap“ Arnold, así como los almirantes William Leahy, Chester Nimitz, Ernest King y William Halsey, declararon que las bombas atómicas eran innecesarias desde el punto de vista militar, moralmente reprobables o ambas cosas.

Nadie fue más apasionado en su condena que Leahy, el jefe de personal de Truman. Escribió en sus memorias “que el uso de esta arma bárbara en Hiroshima y Nagasaki no fue de ninguna ayuda material en nuestra guerra contra Japón. Los japoneses ya estaban derrotados y listos para rendirse […] Al ser los primeros en utilizarla, habíamos adoptado una norma ética común a los bárbaros de la Edad Media”.

MacArthur creía que el uso de las bombas atómicas era inexcusable. Más tarde escribió al ex presidente Hoover que si Truman hubiera seguido el consejo “sabio y estadista“ de Hoover de cambiar sus condiciones de rendición y decir a los japoneses que podían conservar a su emperador, “los japoneses lo habrían aceptado y con gusto, no me cabe duda”.

Antes de los bombardeos, Eisenhower había insistido en Potsdam en que “los japoneses estaban listos para rendirse y no había necesidad de golpearlos con esta cosa horrible”.

Las pruebas demuestran que tenía razón, y el avance del Reloj del Juicio Final nos recuerda que la violenta inauguración de la era nuclear debe quedar confinada al pasado.

Gar Alperovitz y Martin J. Sherwin https://news.yahoo.com/op-ed-u-leaders-knew-100525153.html

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