“La OTAN apuesta por una guerra nuclear contra Rusia en un año, si los rusos no aumentan su capacidad de defensa en la zona del Báltico”, ha declarado Richard Shirreff, uno de los más altos generales retirados de la OTAN al diario británico The Independent (*).
Shirreff, que fue comandante adjunto de la OTAN en Europa entre 2011 y 2014, expuso que un ataque contra Estonia, Lituania o Letonia, todos ellos miembros de la OTAN, es una posibilidad que habría que tomar en serio y que occidente debería “actuar inmediatamente” para evitar una eventual catástrofe. En el lenguaje de los generales de la OTAN, a crear una catástrofe le llaman al revés: “evitar una catástrofe”.
El general también es autor de un libro de ficción “2017: la guerra contra Rusia”. En una entrevista con radio BBC ha dicho que los acontecimientos que describe en la obra eran “completamente verosímiles”.
“Lo realmente terrorífico es que Rusia está a punto de reunir toda su capacidad militar y defensiva. Por consiguiente, si hay una guerra, sería nuclear”.
“Tenemos que juzgar al Presidente Putin por sus actos y no por sus palabras”, añade. “Putin ha invadido una parte de Georgia, ha invadido Crimea, ha invadido una parte de Ucrania. Ha utilizado la fuerza y ha tenido éxito”, asegura Shirreff.
El general de la OTAN considera que un momento de tensión, un ataque ruso contra los Estados bálticos es “completamente verosímil”.
En virtud del artículo 5 del Tratado, los miembros de la OTAN están obligados a defender a otro miembro, si resulta atacado.
La OTAN ya ha reforzado su presencia militar en los países bálticos, pero el general Shirreff considera que la Alianza imperialista debería “poner el listón los suficientemente alto para que todo agresor asuma que el riesgo no merece la pena. Yo diría que por el momento el listón no está lo suficientemente alto”, añade.
Tania Sánchez, diputada de Podemos, procedente de Izquierda Unida, se ha tomado muy en serio su papel de portavoz en materia de Defensa de su grupo. De hecho, se ha sometido a una auténtica inmersión en temas castrenses, apuntándose a una de las “joyas” que aún le quedan a los diputados tras los recortes: los cursos del Centro Superior de la Defensa Nacional (CESEDEN).
En el monográfico sobre ciberseguridad que ha realizado, Tania Sánchez ha tenido la posibilidad de realizar un viaje de convivencia junto a sus compañeros, un elenco compuesto por militares de alta graduación (no menos que generales), altos cargos de la Administración, diplomáticos y directivos de empresas del sector de la Defensa.
Los diputados que conocen a Tania Sánchez de sus tiempos en la Asamblea de Madrid se frotan los ojos aún al ver la entrega con que se ha introducido en su papel. De hecho, Tania Sánchez es la representante de Podemos en la Asamblea Parlamentaria de la OTAN, una palabra, el acrónimo de la Alianza Atlántica, contra la que ha peleado Sánchez durante toda su vida política.
El CESEDEN, organismo que depende directamente del JEMAD –el actual es el almirante general Fernando García Sánchez– tiene entre las funciones atribuidas por el Ministerio de Defensa el fomento de la “cultura de Defensa” y el acercamiento entre cuadros de las Fuerzas Armadas y lo que se denomina “la vida civil”. Así surgen los cursos como al que se ha alistado Tania Sánchez, en condición de “colaboradora concurrente”, en el que hay contadas plazas para diputados, senadores altos funcionarios y demás concurrentes. El número de alumnos por curso suele de ser unos 60. La calidad de los ponentes y la confidencialidad de las conferencias se unen a las visitas a instalaciones críticas y el ansiado viaje de convivencia.
Tania Sánchez, al igual que el resto de “colaboradores concurrentes”, cobra dietas por asistir a ese viaje, en el que todos los gastos corren a cargo de Defensa.
Tras superar un trabajo hecho en equipo y expuesto ante profesores y compañeros, Tania Sánchez será Alta Diplomada en Estudios de la Defensa Nacional. Su curso es el llamado monográfico. Hay otro más extenso, llamado de Defensa Nacional, que dura seis meses. La singularidad de esta legislatura ha hecho que los planificadores del CESEDEN aceleraran la constitución y alteraran hasta las fechas de este monográfico –que se suele impartir de septiembre a noviembre– para que les diera tiempo a hacerlo a los parlamentarios antes de la disolución de las cortes.
Tania Sánchez, como sus compañeros “colaboradores concurrentes”, podrá lograr créditos universitarios por hacer este curso, con los que hacer postgrado a los estudios de Educación Social que constan en su currículo.
Según la cadena televisión Fox (*), la Fuerza Aérea de Estados Unidos se enfrenta a una carencia de piezas de repuesto para sus aviones y las busca en chatarrerías, vertederos y museos.
Ante el déficit de piezas de repuesto para sus aviones, los técnicos de las bases aéreas se ven obligados a desmontar las piezas necesarias de aviones que ya han sido dados de baja.
Para encontrar componentes el personal visita periódicamente el cementerio de aviones militares en el estado de Arizona. El comandante de una escuadrilla de aviones B-1 Travis Lytton indicó que algunos técnicos han llegado a acudir a museos de aviación de todo Estados Unidos para encontrar las piezas que necesitan.
Además, las Fuerzas Aéreas también están experimentando una grave escasez de personal calificado que afecta también a los pilotos de los aviones de combate.
Desde la guerra del Golfo de 1991 el número total de personal de la Fuerza Aérea de Estados Unidos se ha reducido en un 30 por ciento.
El número de aviones militares se ha reducido en un 40 por ciento. En las bases aéreas que Estados Unidos tiene repartidas por todo el mundo, menos de la mitad de los aviones serían capaces de despegar en caso de emergencia.
Así lo reconoce el coronel Stephen F. Jost, que trabaja en la base aérea de Shaw (Carolina del sur), quien señaló que sólo el 42 por ciento de los casi 80 cazas F-16 estacionados en la base están en condiciones de alzar el vuelo.
Por su parte, el sargento Bruce Pfrommer, de la base aérea estadounidense de Ellsworth, en Dakota del Sur, reconoció que de sus 20 bombarderos estratégicos supersónicos B-1 solo nueve son capaces de despegar.
Desde el punto de vista tecnológico, los aviones estadounidenses se han quedado obsoletos. Su edad media es de 27 años.
Pfrommer se lamenta de la baja moral de los aviadores. “No solo nuestro personal está cansado, toda nuestra aviación lo está”, afirmó.
“Jo, a éste se lo han cargado ya”. Y luego risas. Esto es lo que sucede al final de un vídeo en el que se ve a cinco soldados españoles moler a patadas y a golpes a dos prisioneros en una base militar española en Irak en 2004.
Las imágenes son escalofriantes: un legionario le pide a uno de los prisioneros que se levante mientras otros lo pisan con violencia y los colocan para poder pegarles mejor. Si alguien les pidiera a estos legionarios que explicaran lo que hicieron, ¿cómo justificarían sus actos? ¿Qué puede pasar por la cabeza de estos hombres para hacer algo así?
Registros de detenidos perdidos, testigos que se retractan, testimonios que la justicia no utiliza… Estos elementos podrían formar parte de una película de suspense; pero son la realidad, concretamente la que tuvo lugar en la “Base España” de Diwaniya, Irak, en 2004, y en años posteriores.
En 2013 Amnistía Internacional se dirigió al ministro de Defensa, Pedro Morenés, expresando su preocupación por los hechos reflejados en el vídeo y pidiendo que se realizara una investigación en la justicia ordinaria, no en la militar.
A finales de 2015 la ONG tuvo acceso a parte del expediente y a los autos que dictaron las distintas instancias militares: transcripciones de escuchas telefónicas, de testimonios, e incluso fotos de quienes podrían haber sido los presuntos autores de la brutal paliza.
La investigación sobre torturas está repleta de irregularidades. Por ejemplo, hay dos testigos que reconocen a los soldados que dieron la paliza. Uno de ellos (el que filmó los hechos) posteriormente se desdice y afirma que no sabe nada de lo que pasó y que, cuando declaró lo contrario, estaba confundido.
También se abrió una investigación por amenazas al testigo, que quedó archivada. Las sospechas de irregularidades quedaron más claras. El otro testigo, que vio el vídeo sin pixelar, simplemente no fue tenido en cuenta por la justicia militar. Así, sin más.
El libro de detenidos, con el que se permitiría identificar a las víctimas de los malos tratos, se perdió. Esta pérdida no se ha investigado. Además, parte de la información de los detenidos en la base española fue proporcionada por un informe del Estado Mayor del Ejército de Tierra. En este documento aparecen nombres, número de pasaporte, domicilio y otros datos de las personas detenidas. Pues bien, la justicia militar no ha hecho nada para preguntarles a estos detenidos si son ellos los que aparecen en el vídeo.
Un caso de tortura como éste no puede quedar impune. No entendemos quién se puede reír después de preguntar si se han cargado a una persona.
Ya se está luchando en la Tercera Guerra Mundial. ¿Cuánto tiempo pasará antes de que alcance el nivel bélico?
En la actualidad Washington está llevando a cabo acciones de guerra económica y propagandística contra cuatro de los cinco países del bloque conocido como BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). Brasil y Sudáfrica se ven desestabilizados por escándalos políticos instrumentados. En ambos países abundan los políticos pagados por Washington y ONG. Washington urde un escándalo, envia sus agentes políticos a pedir acciones contra el gobierno y sus ONG salen a la calle para protestar.
Washington intentó esto contra China, con la campaña estudiantil de protesta orquestada en Hong Kong. Washington esperaba que la protesta se extendería hacia China, pero el plan falló. Washington intentó esto contra Rusia, con sus protestas organizadas contra la reelección de Putin, y de nuevo fracasó.
Para desestabilizar Rusia, Washington necesita un firme bastión dentro de Rusia. Para hacerse con ese bastión, Washngton trabajó con los grandes bancos de Nueva York y con los saudíes para reducir el precio del petróleo desde los 100 dólares por barril hasta los 30 dólares. Esto colocó bajo presión a las finanzas rusas y al rublo.
En respuesta a las necesidades presupuestarias rusas, los aliados de Washington en el interior de Rusia están haciendo palanca para que el presidente Putin privatice sectores económicos importantes a efectos de conseguir capitales exteriores que cubran el déficit presupuestario y apoyar el rublo. Si Putin cediera, importantes activos pasarían de control ruso al control de Washington.
En mi opinión, los que presionan a favor de estas privatizaciones bien son traidores o completos estúpidos. En cualquier caso, son un peligro para la independencia de Rusia.
Eric Draiser nos da algunos detalles del asalto de Washington contra Rusia:
Como a menudo he señalado, los neoconservadores han enloquecido en su arrogancia y orgullo. En su carrera por una hegemonía norteamericana sobre el mundo han apartado toda precaución en su decisión de desestabilizar Rusia y China. Poniendo en marcha políticas económicas neoliberales bajo el consejo de economistas educados en la tradición neoliberal occidental, los gobiernos de Rusia y China se ponen a disposición de Washington. Tragando el anzuelo de la “globalización”, empleando el dólar, participando en los sistemas de pagos occidentales, abriéndose a la desestabilización de los flujos y reflujos del capital foráneo, permitiendo bancos norteamericanos y permitiendo la propiedad a los extranjeros, los gobiernos ruso y chino se han madurado ellos mismos para una desestabilización.
Si Rusia y China no se desenganchan del sistema occidental y despiden a sus economistas neoliberales, tendrán que guerrear a fin de defender su soberanía.
Mientras Yudenitch atacaba por el norte a Petrogrado, Denikin, ex militar zarista, dirigía su ataque desde el sur. Su ejército que se decía el salvador de Rusia, era conocido como el sádico, por sus métodos de hacer la guerra.
Ucrania era un punto estratégico al igual que el Don en cuanto a recursos se refiere; al establecerse la república soviética ucraniana en diciembre de 1917, el general Simón Petliura, antisoviético, instó a los alemanas a derrocar junto a él el régimen soviético.
Nikolai N. Yudenitch
Las tropas alemanas inundaron Ucrania, las fuerzas soviéticas fueron desalojadas de Kiev y Kharkov, quedando un estado títere, a la cabeza contaba con Petliura, pero dominado por las tropas alemanas de ocupación. Se iniciaron unas medidas punitivas para acabar con obreros y campesinos revolucionarios.A pesar de esto, el movimiento revolucionario seguía en ascenso. Se sustituyó al gobierno de Petliura por una dictadura militar, al mando, Skoropadski. Pero este, a finales de 1918 huyó de Ucrania junto con el ejército alemán de ocupación, que había sido diezmado por el ejército rojo y por los guerrilleros ucranianos.
Pero esto no supuso el fin de los problemas, los aliados también habían apoyado a los antisoviéticos en la Rusia meridional. Un ejército de voluntarios de cosacos del Don al mando de Kaledin, Kornilov y Denikin y otros ex generales zaristas. Al principio, la campaña emprendida por este ejército sufrió fuertes contratiempos, Kaledin y Kornilov no aguantaron, y Denikin tuvo que tomar el ejército, que se batía en retirada, hostigado por los soviéticos.
En este momento oscuro para los blancos, aparecieron los aliados, franceses e ingleses, con armamento y provisiones en su ayuda. Se le repuso su ejército y se armó para iniciar una nueva ofensiva. En las últimas semanas de 1918 Odesa y Sebastopool fueron tomadas por ingleses y franceses. Denikin emprendió una ofensiva contra Moscú. Su más cercano compañero era Wrangel, un despiadado asesino y de repugnantes métodos bélicos. Marchando hacia el norte tomaron Tsaritsyn, la futura Stalingrado.
A unas 120 millas de Moscú, se inició una magnífica contraofensiva trazada por el miembro del Comité Militar Revolucionario, Stalin, el Ejército Rojo respondía. El ejército blanco, sorprendido, iniciaba la retirada hacia el Mar Negro, el ejército terminó por desintegrarse. Los restos de este llegaron a Novorossisk; a su llegada a esta ciudad del Ejército Rojo fue recibido por bombardeos de ingleses y franceses, Denikin huyó en un buque, y la ciudad fue tomada por los soviéticos.
La campaña oriental
Al mismo tiempo que se trazaba el plan de Denikin, el almirante Kolchak debía sitiar la ciudad desde el este. Los periódicos occidentales aclamaban las grandiosas victorias del Almirante, pero a mediados de 1919 emprendió la huida, en vanguardia tenía al Ejército Rojo, en retaguardia a las guerrillas. En noviembre evacuó la capital que había establecido, Omsk. En su retirada llegó a Irkurtsk, cuyo pueblo se le rebeló, estableció un soviet y lo arrestó; en el juicio se justificó con la falta de ayuda extranjera. Fue condenado a morir fusilado.
La cuestión polaca y Wrangel
Piotr Wrangel
Los aliados, ingleses y franceses, lanzaron dos ofensivas más contra Rusia. Los polacos invadieron Ucrania, gracias a la generosa financiación de Estados Unidos, llegando a ocupar Kiev. Allí fueron detenidos y rechazados por el ejército rojo. Este aprovecha y consigue llegar a las puertas de Varsovia. Con motivo del fuerte avance soviético, los aliados fortalecieron las ayudas a los polacos, pero debido a la mala organización militar de Trotsky y Tujachevisky, los soviéticos se vieron obligados a firmar la Paz de Riga, Polonia se quedó con una parte de Bielorrusia y Ucrania.
Esta paz había posibilitado la concentración de las fuerzas soviéticas hacia el barón Wrangel, que reemplazó a Deniki, quien junto con el apoyo francés había marchado hacia el norte desde Crimea hasta Ucrania. Pero en 1920 se le rechazó hasta Crimea, y se vio embotellado por las fuerzas rojas, que asaltaron el Perekop, se extendieron por toda Crimea y lazaron al ejército de Wrangel hacia el mar.
La última resistencia
El último ejército en suelo ruso era el del Japón imperial, en Siberia para ser exactos. Los japoneses, junto con los blancos, iniciaron una última campaña desde Vladivostok contra los soviets. Uno de los barones a cargo de fuerzas blancas y japoneses se creyó la reencarnación de Gengis Khan, sentía la necesidad de recuperar los antiguos territorios del Imperio Mongol.
Pronto emprendió su campaña contra el ejército rojo desde Siberia. Su táctica era más bien el de razias, pasaba a cuchillo a todo aquel judío, comunista o simpatizantes de la democracia. En julio de 1921, el Ejército Rojo emprendió una contraofensiva destinada a terminar con este ejército. Tras varios encontronazos, se alcanzó la victoria soviética con la ayuda de guerrillas. Las tropas del reencarnado huyeron, su guardia personal se le amotinó y lo entregaron a las fuerzas soviéticas.
Fue juzgado y sentenciado a ser fusilado, acto que ocurrió en el mes de septiembre de ese mismo año (1921). Al año siguiente el Ejército Rojo cercó Vladivostok, los japoneses que estaban allí se rindieron, fueron expulsados y la bandera roja ondeó sobre la ciudad. Poniendo fin así al último ejército extranjero en suelo soviético.
Situación posterior a la Guerra Civil
Durante los dos años y medio que duró la sangrienta y cruel guerra civil, unos siete millones de rusos, niños, hombres y mujeres, murieron. Las pérdidas materiales, calculadas por el futuro gobierno soviético, ascendieron a sesenta mil millones de dólares; añadir que ningún invasor pagó reparaciones.
Los gastos aliados ascendieron por parte de Gran Bretaña a casi cien millones de libras esterlinas; Francia entre 30 y 40 millones de la misma moneda, estos dos gastos en tan solo ayudar a Denikin. La campaña inglesa del norte costó otros 18 millones de libras, y los japoneses se gastaron 900 millones de yenes en la manutención de sus tropas en Siberia.Y el porqué de gastar tanto en una guerra no declarada, tan inútil como costosa. Principalmente los aliados querían los recursos que Rusia ofrecía, y vieron la oportunidad de restaurar el sistema anterior a la Revolución si ayudaban a los blancos. Grandes intereses imperialistas por parte de los imperios, como por ejemplo del Británico, que quería cerrar el paso de Rusia hacia la India.Recordar que las primeras medidas que se tomaron en el gobierno soviético fue la nacionalización de los grandes trusts económicos del imperio zarista.
En palabras del propio Lenin: “Al combatir con amplitud en todos los frentes a la contrarrevolución patria, hemos aprovechado un momento difícil para la burguesía internacional y asestado a tiempo un poderoso golpe al cuerpo de la contrarrevolución, hoy aplastada. Puede afirmarse con toda seguridad que la guerra civil se ha acabado en lo fundamental”.
La creación del Ejército Rojo
Hubo una transición entre un ejército imperialista hacia uno revolucionario, la construcción de este último ha de ser desarrollada bajo los principios básicos de los planteamientos de la Revolución de Octubre de 1917. El ejército ha de ser uno de los principales instrumentos en político; el Ejército Rojo es el instrumento de la Revolución Bolchevique, como afirmaba Lenin.
Acerca de cuáles han de ser las condiciones para la creación de una fuerza que defienda al proletariado escribió Lenin: “Tal como han insistido frecuentemente Marx y Engels, el primer precepto para los que quieran llevar a cabo una revolución exitosa es lograr la destrucción y desintegración del viejo ejército y su reemplazo por uno nuevo. Una nueva clase, que por primera vez toma las riendas del gobierno, jamás podrá conquistar el poder y consolidarlo, sin la desintegración (o, como lo llaman los reaccionarios y los cobardes filisteos, la ‘desorganización’) del viejo ejército; sin soportar necesariamente un difícil y doloroso período de transición sin ningún ejército y sin construir, gradualmente, en el curso de una dura guerra civil, una nueva organización militar como fuerza de defensa de la nueva clase”.
Ya antes de la Revolución de Febrero de 1917 el ejército ruso había comenzado un proceso de desintegración. Durante la Gran Guerra fueron 19 millones los hombres llamados a combatir, pero no había el armamento ni el material suficiente ni necesario para cubrir sus necesidades. Los procesos y lo sucedido en el período revolucionario entre febrero y octubre sirvieron para acelerar este proceso de desintegración ya iniciado.
No hubo formación antes de la revolución para la construcción de un futuro ejército. El Partido Bolchevique contaba con sus propias organizaciones militares, clandestinas evidentemente, dentro del ejército zarista, cuyo destino era la extensión de la propaganda y la preparación de la insurrección armada. Pero tras la revolución y su triunfo, su función cambiaría, ahora serían los defensores del país y de la patria socialista, como afirmaba Lenin. Pasaron de ser desorganizadores de un ejército, a tener que configurar uno nuevo. Ahora tenían que evitar la formación de ejércitos contrarrevolucionarios. Petrogrado sería el centro de trabajo militar bolchevique.
Para desintegrar por completo el ejército zarista, cada soldado debía volver a su ocupación civil, y a partir de ahí, de los trabajadores, campesinos y soldados construir un nuevo ejército, popular y revolucionario. Las células bolcheviques serían las cumplidoras de un importantísimo papel a la hora de organizar este nuevo ejército.
El 12 de enero de 1918 el Consejo de Comisarios del Pueblo estableció un decreto concerniente a la “formación del Ejército Socialista” que debía construirse “desde abajo en base a los principios de elección de los oficiales y del mutuo respeto y disciplina entre camaradas”. No fue hasta febrero de 1918 cuando se crearon las primeas formaciones del Ejército Rojo, cuando las fuerzas imperialistas alemanas marcharon sobre Petrogrado.
Entonces sería un ejército de voluntarios, que en mayo sumaba unos 300.000 hombres, a los que se les incorporaron la mayor arte de los guardias rojos. La carestía de armas aún era evidente y marcaba la tendencia; no todos los voluntarios pudieron ser armados debidamente. Esto era debido a la parálisis que sufría la industria armamentística del país debido a la guerra civil, sumada a las consecuencias de la Gran Guerra.
Como consecuencia de la Guerra Civil y los motivos anteriormente recogidos la creación fehaciente de un verdadero ejército pleno y funcional, bien equipado y con una instrucción no fue hasta 1924. Se construiría a partir de los principios generales definidos por el programa militar del 9 Congreso del Partido Bolchevique.
Primeramente hay que mencionar el miedo, el terror, que tenían los países capitalistas al poder incipiente de la Revolución Bolchevique y de los ideales que en ella habitaban. Como por ejemplo se tiene constancia de la creación de soviets en países capitalistas como Alemania, en Berlín, Hamburgo y en toda Baviera. También presente en Hungría, y por toda Europa recorre un fantasma que pedía el fin de la guerra con aires revolucionarios.
A pesar del triunfo de la revolución en Rusia, todavía sigue existiendo una serie de generales, la Remanente Zarista, que tienen a su cargo, sus ejércitos correspondientes, liderados por los almirantes Alexandr Kolchak y Denikin. Se configuraban como un estado paralelo al estado soviético.La victoria de los soviéticos liderados por Lenin en la Revolución de Octubre es la principal razón de los acontecimientos que transcurren a posteriori, debido a sus acciones políticas revolucionarias, que iniciaron la nacionalización de los servicios vitales del antiguo estado zarista, para hacerlos del estado.
A la llegada del verano de 1919, ya las fuerzas armadas de catorce estados habían penetrado en territorio ruso, sin previa declaración de guerra. Eran los ejércitos de los siguientes países: Francia, Japón, Alemania, Italia, Estados Unidos, Checoslovaquia, Gran Bretaña, Serbia, China, Finlandia, Grecia, Polonia, Rumanía y Turquía.
La posición de los ejércitos blancos es la siguiente: al norte y al noroeste, en Arkángel, Murmansk y en los estados del Báltico están los británicos y las tropas blancas del general Yudenitch; al sur, en el Cáucaso y en el Mar Negro está el general Denikin con los franceses; al este, está Kolchak acampado a lo largo de los montes Urales, junto con los ingleses; al oeste, están los franceses y los polacos, bajo la dirección del general Pilsudski.
La justificación que plantearon los invasores fue la siguiente: evitar que las provisiones de guerra cayeran en manos de los alemanes, ayudar a los checoslovacos a retirarse de Rusia y ayudar a los rusos a restaurar el poder en agitado país.
El joven gobierno soviético se enfrentaba a una defensa en una situación muy complicada. El país a consecuencia de la I Guerra Mundial había quedado estéril y exhausto, había hambrunas por las que millones morían, fábricas paradas, tierras sin labrar, transportes parados. Daba la impresión que un país en estas condiciones no podía ser capaz de resistir las embestidas imperialistas, de un enemigo dotado de granes y bien equipados ejércitos, de amplios recursos económicos, reservas de alimentos y provisiones.
Sitiado en todas direcciones por los invasores extranjeros, amenazado por las incesantes conspiraciones internas, el Ejército Rojo se retiró lentamente a través del país, pero luchando valientemente a medida que se retiraba. El territorio controlado por Moscú quedó reducido a un dieciseisavo del área total de Rusia.
La evolución de la Guerra Civil
La guerra civil ya estaba presente antes de la Revolución de Octubre en las manifestaciones de Lenin. Cuando la burguesía atropellaba los derechos de los proletarios, de los obreros, estos lo tomaban como una guerra civil. Tras 1917 los términos guerra civil y lucha de clases cobraron un mismo significado, y lo utilizaron dentro del proceso de expropiación de fábricas y fincas agrícolas.
La guerra civil es la forma más enconada de la lucha de clases. Una lucha entre la burguesía y el proletariado. La sublevación de Kornilov, apoyada por los terratenientes y los capitalistas, junto con los kadetes (partido demócrata constitucionalista), condujo al comienzo de la guerra civil. Lenin sostuvo que en abril de 1917 se llegó al acercamiento de la guerra civil.
El partido bolchevique habló alto y claro de la finalidad de la guerra civil proletaria: la dictadura del proletariado y de los campesinos pobres, la paz y la propuesta inmediata de paz y la confiscación de las tierras de los latifundistas.El enemigo exterior de la Rusia Soviética es el imperialismo anglo-francés y el norteamericano-nipón. Atacan, saquean y penetran en suelo ruso, también derriban el poder establecido. Como veremos más adelante con la sustitución de los poderes locales por los imperialistas. Lenin siguió exponiendo: “los capitalistas anglo-nipones quieren restaurar el poder de los terratenientes y los capitalistas en Rusia, para repartirse el botín de guerra, para someter a los obreros y campesinos rusos al capital anglo-francés”. Siguiendo la división que establecieron M. Sayers y A. E. Kahn la Guerra Civil Rusa se compuso de cuatro campañas.
La campaña septentrional
A comienzo de 1918 unos agentes del servicio secreto inglés planeaban un levantamiento armado contra el gobierno soviético local en Arkángel. Trabajando bajo la dirección de G. Ermolaevich Chaplin, ex oficial zarista, a quien los ingleses le habían dado trabajo.
El levantamiento estalló un 2 de agosto. El general Frederick C. Poole, inglés, desembarcó en Arkángel con el apoyo de buques ingleses y franceses. Al mismo tiempo, tropas serbias y rusos blancos al mando del coronel Thornill iniciaron una marcha para atacar a la retaguardia de los bolcheviques en retirada.Tras derrocar al soviet, Poole organizó un gobierno títere encabezado por Nikolai Tchaikovsky. Pero no fue muy duradero este gobierno antisoviético hasta que fue demasiado liberal para las pretensiones del general Poole y de sus aliados zaristas. Decidieron disolver el gobierno y establecer una dictadura militar.Este golpe de estado se hubo perpetrado tal que así: el presidente Tchaikosvky había sido secuestrado junto con todos los miembros de la Administración, y llevados a un apartado monasterio, custodiado por guardias armados.
Estados Unidos no apoyó este golpe de estado, y al día siguiente fueron reinstaurados en sus puestos los miembros del gobierno y el presidente, quedando restablecida la democracia a ojos de Estados Unidos.
En los primeros meses de 1919 las fuerzas británicas en Arkángel y Murmansk eran de 18400 hombres. Que junto a ellos estaban 5100 americanos, 1800 franceses, 1200 italianos, 1000 serbios y unos 20000 rusos blancos.
Los norteamericanos se comenzaron a preguntar por qué combatían contra Rusia, si ya la guerra había acabo. Los oficiales intentaron darles respuestas, pero no llenaron el vacío de sus preguntas. Comenzaron riñas entre soldados franceses, ingleses y rusos blancos, que provocaron motines. Pero amenazados con la ley marcial, se apaciguaron, pero no contuvieron sus preguntas acercas de su misión allí.
En Estados Unidos, a pesar de la propaganda antibolchevique, las madres, padres y familiares de los soldados desplegados en Rusia no paraban de preguntarse qué hacían allí si la guerra ya había concluido. A pesar también de la oposición del pueblo de Francia y Gran Bretaña, la guerra, sin ser declarada, prosiguió.
La campaña en el noroeste
En la firma del armisticio en noviembre de 1918 entre los aliados y las potencias centrales, se estableció que las tropas alemanas que estuvieran en territorio ruso ocupado, permanecerían por todo el tiempo que los aliados vieran necesario. Entendiéndose que estas tropas actuarían contra los bolcheviques. En las provincias del Báltico el ejército del Kaiser se desintegró rápidamente, soldados cansados ya del enfrentamiento, desertaron.
Ante la gran presencia del movimiento soviético en Lituania, Letonia y Estonia, el alto mando inglés concentró su actividad en esta zona, apoyando a los guardias blancos, al mando del general conde Rüdiger von der Goltz. Este emprendió una campaña contra la república finlandesa tras conseguir esta su independencia.
Como jefe de las fuerzas el general conde Rüdiger von der Goltz lanzó una campaña de terror para acabar con el movimiento soviético en Letonia y Lituania. Pueblo de estas dos naciones que no pudo resistir el embiste, el general se estableció como dictador virtual de las dos naciones.
Los aliados vieron que a pesar de que el control de la zona del Báltico había sito controlada, estaba en mano de un general alemán, por lo que veían peligro de que Alemania predominase estos estados. En 1919 los ingleses lo sustituyeron por otro general más cercano a sus directrices.
Yudenitch fue nombrado comandante de las fuerzas blancas reorganizadas; los británicos le facilitaron material bélico para su campaña contra Petrogrado. Los estadounidenses calcularon la cantidad necesaria de alimentos para que los “blancos” tomasen la ciudad de Petrogrado.
Bajo el mando de Yudenitch se lanzó una ofensiva contra Petrogrado, a mediados de octubre de 1919 su caballería se encontraba en los suburbios de la ciudad; los aliados pensaban que en cuestión de días o semanas se conseguiría la victoria. Pero gloriosamente fue detenido en las puertas de la ciudad; contra todo pronóstico, la revolucionaria ciudad asestó un importante golpe e hizo tambalear las tropas de Yudenitch.
Por su parte, Yudenitch huyó con 100 millones de marcos, abandonando a su ejército, el cual pereció, en medio de las hambrunas y enfermedades.
No cabe duda de que el general nazi Reinhardt Gehlen es uno de los personajes más fascinantes, no sólo de la Segunda Guerra Mundial sino, sobre todo, de la posguerra. Estuvo a las órdenes del III Reich, luego de Estados Unidos y, finalmente, de la República Federal de Alemania, lo cual, expuesto de esa manera, parece aludir a tres cosas muy distintas…
Es inevitable que un personaje así escribiera sus memorias tras jubilarse en 1968 como director del servicio secreto alemán (*), bastante decepcionantes por cierto porque no cuenta ni la décima parte de lo que sabía.
Cuando las escribió hacia 1970, el nazi quiso dejar bien claro que, antes que nada, era un anticomunista furibundo. Habría que haberle escuchado en 1940, en plena etapa de esplendor del hitlerismo.
Pero con la derrota nazi y el paso del tiempo, el general se presentaba como un “nacionalista alemán”, quizá escorado hacia eso que llaman “extrema derecha” los que nunca llaman a las cosas por su nombre.
Veamos. Durante toda la guerra Gehlen luchó en el frente oriental contra el Ejército Rojo al mando de algo impropio de un “nacionalista alemán”: las unidades “extranjeras” incorporadas a la Wehrmacht.
En cuanto acabó la guerra se puso, con todos sus hombres y sus medios, al servicio de su anterior “enemigo” (pg.125), una potencia también “extranjera”, Estados Unidos, que ocupaba militarmente el suelo alemán, del que nunca se ha marchado. ¿Dónde está el nacionalismo de los fascistas?
Es ocioso insistir en la naturaleza ideológica de Gehlen. Su “nacionalismo” era como el de todos los fascistas, pura retórica, la misma que le impide referirse a su enemigo en el frente como “soviético”. Lo que él vio en las trincheras eran “rusos”.
Como buen oficial de Estado Mayor, Gehlen entendió a la perfección las causas de la victoria del Ejército Rojo en la Segunda Guerra Mundial: “Los rusos tenían una inteligencia estratégica y política de formidable calibre y gran astucia”, escribe (pg.81).
Si Gehlen no hubiera estado tan absorbido por su mentalidad chovinista podía haber añadido que en 1941-1945 los verdaderos “alemanes” fueron “los rusos”.
No es, pues, como lo pintan los documentales de la tele. La guerra no la perdieron “los alemanes”, a los que siempre presentan, por su propia naturaleza, como superiores a “los rusos” antes y ahora. Si, como explica Gehlen, la Segunda Guerra Mundial, como cualquier otra guerra, no es más que política (pg.93), la victoria soviética significa que políticamente la URSS estaba por encima del III Reich -faltaba más- y, consiguientemente, por encima de cualquier otro país de aquella época.
Cuenta Gehlen que el proyecto de Hitler era la “destrucción del estado ruso”, la “liberación” del comunismo, lo cual sólo era posible “con la ayuda del propio pueblo ruso” porque las guerras modernas no se entablan entre ejércitos sino entre pueblos (pg.92). “En la política y la guerra modernas no se puede prescindir del factor psico-político”, concluye el general nazi (pg.110) en un capítulo de sus memorias sugerentemente titulado “Cortejando a los rusos”.
Las alusiones de Gehlen ayudan a entender el verdadero proyecto político que los nazis tenían para la URSS tras su rápida victoria militar: ¿a quién cortejar?, ¿a quién poner al frente del nuevo Estado ruso?, ¿quiénes eran sus sicarios en Moscú?, ¿quiénes formaban parte de las redes de Gehlen en la URSS? El general reconoce que en la posguerra uno de sus espías llegó a ministro de la República Democrática Alemania. Pero no dice nada de la etapa anterior a la guerra, ni de sus infiltrados dentro de la URSS.
A la inversa, las redes de Gehlen explican las depuraciones políticas y militares inmediatamente anteriores a la guerra que se llevaron a cabo en el Partido, el Estado, el Ejército Rojo y todas y cada de las instituciones públicas y privadas de la URSS. Los depurados eran esos cómplices rusos que el III Reich pretendía “cortejar” para imponer sus planes de destrucción de la URSS. La conclusión es obvia: en la victoria soviética de 1945 tan importante como los disparos de la artillería fueron las previas depuraciones políticas de finales de los años treinta.
Lo que Gehlen recuerda en sus memorias no sólo es el abecedario de cualquier guerra sino, naturalmente, de cualquier desafío político moderno. Las batallas políticas no sólo las pierden quienes sostienen una estrategia equivocada, sino -sobre todo- quienes no tienen ninguna, quienes la reducen a seguir una táctica tras otra, a eso que ahora llaman “gestión”, a interpretar sondeos electorales y contar votos.
Si en las batallas políticas y militares no sólo triunfan los ejércitos sino las masas, quien se pone incondicionalmente, de verdad, a su servicio tendrá ganada la primera pelea y la más importante.
(*) Servicio secreto. Memorias del jefe del servicio de inteligencia alemán, Barcelona, 1972.
A petición directa de Obama, Rusia ayudó a la liberación de un ciudadano norteamericano en Siria, en donde entró de forma ilegal. Estados Unidos apreció el gesto, y lo olvidó de inmediato. Pero no se olvidó de enviar contingentes militares a Europa. El reparto de papeles se confirma: el policía contra el pacificador.
Como señala el ministerio ruso de Asuntos Exteriores, Obama solicitó de forma especial a Putin su ayuda para liberar un ciudadano norteamericano, detenido en Siria desde hacía cuatro años después de haber entrado ilegalmente y haber cometido varias infracciones. A instancias de Rusia, fue liberado y enviado a Moscú el 1 de abril, donde fue llevado a laembajada de los Estados Unidos.
El portavoz del ministerio de Asuntos Exteriores espera que Estados Unidos “sabrá apreciar” el gesto. Pero los norteamericanos parecen tener la memoria frágil, porque el portavoz de la Casa Blanca reconocía y agradecía la intervención rusa, pero no estaba al corriente de que hubiera una petición personal.
¿Cómo podría reconocer que su país, la primera potencia mundial sea incapaz, sin la ayuda rusa, de repatriar a sus ciudadanos? Especialmente Rusia, que sigue siendo el mayor peligro de Europa, motivo por el cual, pese a todos los esfuerzos de De Gaulle para hacer salir a todos los soldados norteamericanos, esos soldados regresan. A Estonia, para proteger los países bálticos de una hipotética y fantasmagórica invasión rusa. Pero también a Europa del oeste. Nunca se sabe. Tanques, millares de efectivos y todo lo que lo acompaña.
Curiosamente, esto no proporciona seguridad. ¿Qué van a hacer todos estos militares extranjeros en nuestro territorio europeo? ¿Defendernos de Rusia? ¿Pero de que supuesta agresión?, ¿Del terrorismo? Para eso sería mucho mejor aliarse con Rusia, lo que va a ser más complicado con una presencia militar reforzada.
A principios de los años 50 el hotel Astoria, en la avenida de los Campos Elíseos, se ofrece a los oficiales norteamericanos, que estaban preparando la coordinación de las fuerzas aliadas en Europa. Un búnker, que costó 733 millones de francos de la época, se construyó en Mesnil-le-Roi. ¿Podría servirse de nuevo el mismo plato?
Crear un enemigo para, acto seguido, instalar sobre el terreno una defensa imaginaria; que bonita es la guerra moderna. E, igualmente, por esto, no combatimos demasiado violentamente.
Las dos intervenciones ante la comisión de las fuerzas armadas del Senado estadounidense de otros tantos generales del ejército han sido especialmente relevantes. Los generales McMaster (comandante adjunto para el TRADOC, el servicio de planificación e investigación prospectiva del ejército) y Milley (jefe del Estado Mayor) han dibujado una situación catastrófica para el ejército estadounidense, superado en capacidad de maniobras de efectivos y de fuego esencialmente por Rusia, con el riesgo de perder una guerra convencional de alto nivel.
Desde 2014 la exhibición rusa de capacidad militar (Crimea y Ucrania) ha traumatizado a los generales militares de Estados Unidos, que ahora cuentan una situación tan desastrosa de sus fuerzas que no se puede descartar la perspectiva de una grave derrota militar.
“Hay muy pocos jefes militares estadounidenses desde la Revolución (1771-1783) que hayan tenido que preocuparse por su inferioridad ante el enemigo, en número y en tecnología”, escribió el 7 de abril Sydney J. Freedberg, de “Breaking Defense”.
“Pero con las crecientes amenazas, los efectivos de Estados Unidos en declive y los drásticos recortes en los presupuestos de modernización -dijo el general McMaster al Senado- [el ejército] será superado en número y capacidad de fuego y deberemos detener como sea esta tendencia al hundimiento de nuestro ejército antes de que sea demasiado tarde”.
Refiriendo distintos ejemplos, McMaster fija el caso de los vehículos blindados Abrams y Bradley, previstos para seguir en servicio los próximos 50 ó 70 años y ahora mismo ya vulnerables a los nuevos sistemas anticarro (esencialmente rusos, ciertamente).
Desde la guerra de Corea en 1950, ningún soldado estadounidense ha muerto a causa de un ataque aéreo enemigo, según el axioma de la total superioridad aérea de Estados Unidos. Ahora los generales acaban de descubrir la capacidad antiaérea de defensa y de control del espacio aéreo, denominada Anti Access (Area Denial o A2/AD): “Hace ya muchos años que planteamos el principio de que éramos capaces de conseguir y mantener la superioridad aérea. La guerra en Ucrania ha puesto en cuestión este principio”.
No se trata de los habituales montajes de los generales para conseguir dotaciones presupuestarias. Esta vez, todos los índices van en el mismo sentido y muestran que, desde la crisis ucraniana, la anexión de Crimea y el apoyo ruso a los independentistas anti-Kiev en la misma Ucrania, con el “suplemento” de la campaña siria, los generales han tomado conciencia, por un lado, de la potencia militar rusa y, por el otro, de la disgregación de la capacidad militar de Estados Unidos.
En referencia a la capacidad rusa para localizar a las grandes unidades y sus cuarteles generales gracias a sus medios electrónicos, el general Milley ha hablado de la posibilidad de perder una guerra, sobre todo a partir del ejemplo del despliegue de grandes unidades en tiempo de guerra: “Si hay que desplegar una brigada o una división, la huella [electrónica] en el suelo del cuartel general de esta unidad es muy grande [y] si se emiten una gran cantidad de señales electrónicas procedentes de radios, de ordenadores y de toda esta categoría de útiles de los que disponemos […] Hemos visto en Ucrania que [los rusos] pueden identificar y situar la concentración de esta señal muy rápidamente, y enviar drones de reconocimiento localizar y hacerse con el objetivo, lanzar fuego de artillería masivo en contra, y estamos muertos. En las futuras guerras, las ‘pistas electrónicas’ importantes llevarán a pérdidas significativas, y potencialmente […] a la derrota en una batalla, en una campaña, y en la misma guerra”.
Aunque es un poco menos pesimista que McMaster, Milley añade más en función de las perspectivas de desarrollo, principalmente en efectivos, debidas a las restricciones impuestas por los recortes presupuestarios:
“Ni la apreciación de ‘alto riesgo’ que pesa sobre el ejército estadounidense toma en cuenta lo que podría suceder si la [ley de] recortes presupuestarios se aplica de nuevo el próximo año. Significaría que las fuerzas efectivas de combate disminuirían aún más de 450.000 a 420.000 hombres, lo que implicaría la posibilidad de un verdadero desastre en caso de tener que responder a una importante crisis mundial”.
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