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Memoria Histórica

Católicos y fascistas

Desde 1941 el régimen fascista de Franco y el Vaticano pactaron la santificación de los curas-guerreros más significados en la historia española del crimen. En su mayoría esos curas-guerreros eran fascistas destacados en su defensa del nacional-catolicismo y de la Cruzada anti-roja. A pesar de la “democracia”, después las cosas siguieron igual. Juan Pablo II, por ejemplo, celebró varias canonizaciones y santificó a los personajes más reaccionarios y fascistas de la historia española.

Uno de de los 498 sacerdotes fascistas elevados a la santidad eterna por el Vaticano hace diez años fue el beato Gabino Olaso Zabala, un asesino, torturador y chivato reconocido por su propias víctimas. El cura filipino Mariano Dacay, fue una de las personas brutalmente torturadas por dicho criminal. En su libro autobiográfico dice Dacay: “El padre Gabino Olaso Zabala contemplaba mi martirio en las torturas con signos visibles de placer. Llegó a pedir a los guardias que me tratasen con más clueldad. Me propinó una brutal patada en la cabeza, que me dejó sin sentido”.

Lo mismo cabe decir del golpe de Estado de Pinochet en Chile en 1973. Como quedó demostrado en la investigación que realizó el Senado norteamericano 30 años después, el plan golpista fue organizado conjuntamente con agentes de la CIA. Según la documentación desclasificada, Nixon decidió que el régimen de Allende no era aceptable para Estados Unidos y pidió a la CIA que evitara la llegada de Allende al gobierno o que lo derrocara, autorizando la entrega de 10 millones de dólares para este objetivo. La CIA debía llevar a cabo su misión sin el conocimiento de los Departamentos de Estado o Defensa. Edward Korry, embajador estadounidense en Santiago de Chile entre 1967 y 1970, reveló que además Frei, el candidato opositor a Allende, democristiano, consiguió sumas enormes del Vaticano, de los partidos democristianos alemán e italiano y de las casas reales de Holanda y Bélgica.

El papa Pío XII bendijo al franquismo como obra de dios, elevó la Guerra Civil a la categoría de Cruzada y condecoró al general Franco con la Orden Suprema de Cristo, la más alta institución vaticana, condecoración que le impuso el nuncio apostólico Antonicetti, delegado en la zona franquista durante el alzamiento militar. El Vaticano y la Iglesia española participaron directamente en las atrocidades cometidas por el régimen español, del cual la Iglesia española formó parte esencial. La Iglesia católica siempre mantuvo excelentes relaciones con la España del criminal Franco, con la que firmó otro Concordato en 1951.

El cardenal Isidro Gomá desde el primer momento de estallar la Guerra Civil se colocó al lado de los sublevados, reorganizando la Iglesia en la zona franquista para la lucha contra la República y la democracia. Su apasionada defensa del franquismo en las pastorales y en la Carta colectiva del episcopado español, tuvieron gran repercusión internacional. Cuando terminó la guerra, dando un nuevo reconocimiento al franquismo, publicó “El Catolicismo y la Patria”, verdadera apología del terrorismo de Estado.

Cuando estalló la Guerra Civil, el obispo de Salamanca Enrique Pla y Daniel, como todos los jefes católicos, se colocó también en el bando de los sublevados. En septiembre de 1936 apoyó al bando franquista con su pastoral “Las dos ciudades”. En colaboración con la propaganda franquista, en 1939 publicó el documento El triunfo de la ciudad de Dios y la resurrección de España. En 1940, sustituyendo al cardenal Gomá, fue nombrado Arzobispo de Toledo y Primado de España. En 1946 fue nombrado Cardenal. Gobernó la Iglesia española durante más de veinte años, dejando claro su total colaboración con todas y cada una de las brutalidades del régimen franquista contra los demócratas que luchaban contra el fascismo.

Cuando Himmler viajó a España en octubre de 1940 para crear la policía española a imitación de la Gestapo alemana que él dirigía, visitó el monasterio de Montserrat, donde fue recibido por el abad y toda la comunidad monástica en pleno. Durante décadas, cada domingo, en las misas los curas rogaban por su Caudillo; la defensa del franquismo estuvo en cada plegaria, en cada rezo, en cada discurso y en cada púlpito. La Iglesia española controlaba casi la mitad de la prensa de la época y jamás emitieron ni una sola voz crítica hacia los desmanes del régimen.

A raíz de la ocupación alemana de Bohemia y Moravia -la actual República Checa-, Eslovaquia se independizó, convirtiéndose en un satélite de la Alemania nazi. Gobernaba el país -de mayoría católica- un partido nazi cuya cabeza era el primer ministro, Bela Tuka, pero el presidente de la República era un sacerdote católico, Josef Tiso, un reaccionario antisemita. En 1942 empezaron las deportaciones de los 80.000 judíos que había en Eslovaquia. En el verano de 1944 hubo una sublevación popular y, para sofocarla, entraron las tropas alemanas en el país. El Vaticano envió al sacerdote Tiso un telegrama en nombre de Pío XII en la que pedía que ajustara sus sentimientos y sus decisiones a las exigencias de su dignidad y de su condición sacerdotal. En su contestación Tiso minimizó la gravedad de lo que sucedía, dando a entender que las deportaciones tenían como destino las fábricas alemanas, e incluso se deslizaba alguna expresión antisemita. En 1947 el cura Tiso fue capturado por el Ejército Rojo y fusilado.

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Estampas de la reconciliación nacional


Carrillo saluda al decrépito dirigente nazi Serrano Súñer, cuñado de Franco
Rusia dejaba de ser culpable
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Los fascistas italianos crearon el Vaticano

Todas las religiones son el opio del pueblo. Están para embaucar a las masas, someterlas e impedir que se levanten contra sus opresores. Pero entre todas las religiones, el catolicismo destaca como un conglomerado singularmente reaccionario y pernicioso para los trabajadores.

Ninguna religión está encabezada por un único tirano espiritual y material; ninguna religión tiene un Estado propio y es a la vez un poder espiritual, económico y político en todo el mundo; ninguna religión dispone de los medios financieros y monopolistas de los que disponen el Vaticano y los obispos católicos; ninguna religión ha tan estado apegada al poder dominante como los católicos ya desde la época del imperio romano; ninguna religión ha recurrido a feroces guerras exterminadoras para imponerse como el catolicismo desde la época de la Cruzadas.

Los católicos disponen de un Estado propio gracias al fascismo, gracias a Mussolini, a la vieja Italia fascista. Con la firma en 1929 del Tratado de Letrán entre el gobierno de los camisas negras y el Vaticano, Mussolini regaló a la iglesia católica su propio Estado soberano y toda una serie de garantías y medidas de protección diplomáticas de las que ninguna otra religión disfruta. Se le concedió inmunidad y sus diplomáticos empezaron a gozar de privilegios internacionales. Por eso el Vaticano es el único Estado teocrático del mundo, una reliquia de la más siniestra reacción mundial en el mundo del siglo XXI.

Desde sus mismos orígenes el Vaticano demostró su habilidad para entablar lucrativos negocios con los gobiernos fascistas. Los tres grandes defensores de la fe católica fueron Hitler, Mussolini y Franco; los tres firmaron sus respectivos concordatos con el Vaticano. Al concordato de 1929, firmado con Mussolini, le siguió otro con el III Reich de Hitler. Su gestor, Francesco Pacelli, fue una de las figuras clave del pacto con Mussolini; su hermano el cardenal Eugenio Pacelli, futuro Papa Pío XII fue el encargado de negociar como Secretario de Estado vaticano, la firma del tratado con la Alemania de Hitler, que era de origen católico, como Goebbels, Von Pappen y muchos otros jerarcas nazis. El cinturón de la Wehrmacht decía así: Gott mit uns (Dios está con nosotros). Dios estuvo siempre con los campos de concentración y las cámaras de gas, en la cavernas de la Gestapo y en el búnker hitleriano en Berlín.

Pero dios no era omnipotente; el Ejército Rojo fue más fuerte que todas la plegarias y liberó a toda Europa de la peste parda.

La Santa Sede se benefició de la exención impositiva de sus bienes en beneficio de sus curas, misioneros, parroquias, fundaciones, empresas y todo su gigantesco imperio monopolista. Los beneficios que recibió el Vaticano del fascismo fueron enormes pero, entre ellos, los beneficios fiscales fueron preponderantes. El Vaticano es el más grande paraíso fiscal del mundo: no pagan derechos arancelarios por sus importaciones. Se ahí que uno de sus negocios más lucrativos sea el blanqueo del dinero negro proveniente del tráfico de armas y del narcotráfico, muy por delante de Panamá, las islas Caimán, Suiza, Bermudas o Liechtenstein.

Pio XI siempre se deshacía en elogios hacia Mussolini. Llegó a afirmar que era un hombre enviado por la divina providencia. Por su parte, Mussolini se comprometió a introducir la enseñanza de la religión católica en todas las escuelas del país y dejó el matrimonio bajo el patronazgo de las leyes canónicas, que no admitían el divorcio.

Los regímenes fascistas de Europa estuvieron siempre apoyados de manera entusiasta por los católicos. El régimen nazi en Alemania bajo Hitler, el fascismo italiano bajo Mussolini, el fascismo español bajo Franco, la dictadura salazarista en Portugal, el régimen clerical-fascista de Tiso en Eslovaquia, los rexistas en Bélgica, los vichystas en Francia, el régimen de los ustachis en Croacia y el de los militares golpistas en Argentina son pruebas contundentes del compromiso católico con la más negra reacción mundial.

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‘Quieren desvincular el robo de niños de los crímenes del franquismo’

Sol Luque Delgado
Desde que estalló en 2009 el caso de los bebés robados en maternidades, entre los años 60 y 90, las víctimas han conseguido dar pasos importantes, pero se han topado con el Gobierno y la justicia española.

El robo de niños sí ha sido reconocido como un delito de lesa humanidad por Naciones Unidas y el derecho internacional, y sigue en marcha la querella contra los crímenes del franquismo, causa penal abierta en Argentina. Charlamos con Sol Luque Delgado, hermana gemela de un niño robado en 1965, presidenta de la asociación Todos los Niños Robados Son También Mis Niños, vicepresidenta de la Federación X-24 y portavoz de la Coordinadora Estatal de Apoyo a la Querella Argentina por los crímenes del franquismo (CeAqua).

En abril de 2012, Sol Luque estaba en la puerta del Ministerio de Justicia. No le permitieron entrar. Tampoco a Eduardo Raya, representante de la asociación ADN-D y padre de una niña robada. El ministerio, entonces con Alberto Ruiz-Gallardón al frente, creía que estas dos víctimas no eran representativas. ¿Por qué? Sol Luque responde: «Seguramente sabían que estoy muy vinculada a la memoria histórica. Desde las instituciones del Estado se quiere desvincular el robo de bebés de los crímenes del franquismo».

En ese día frío, junto a otras asociaciones y más de treinta medios de comunicación –muchos de ellos extranjeros–, Gallardón, Ana Mato (Sanidad), Jorge Fernández (Interior) y el fiscal general del Estado, Eduardo Torres-Dulce, escenificaron su compromiso de investigar el robo de niños. Las promesas se las ha llevado el viento.

Pero las asociaciones no han parado. Las víctimas se han organizado y han conseguido logros importantes. «En junio de ese año nos constituimos como Federación X-24», explica Luque. La X-24 agrupa a la casi totalidad de organizaciones de víctimas del robo de niños en el Estado español. Cada una, en sus  territorios, ha conseguido documentar y poner nombre propio a quienes robaban y vendían bebés desde el final de la dictadura hasta los años 90, ya en democracia.

Un relato propio de una investigación policial, pero hecho por madres y hermanos con mucho trabajo. Tienen una gran base documental que prueba que las madres no estaban locas. En varias comunidades autónomas han conseguido normativas para avanzar en ausencia de actuaciones del Estado.

Ése es el caso de Canarias, donde su Parlamento acaba de aprobar una proposición no de ley (PNL) que dará luz verde a la primera ley sobre el robo de niños en España. Con esa normativa se abrirán archivos, una comisión de investigación con víctimas y policía, incluso se incluirá estos hechos en los libros de texto. Además, el Cabildo ha pedido perdón a las víctimas como institución del Estado.

«Si esa ley se pudiera llevar al Parlamento español, sería muy importante. Pero la predisposición del Gobierno es nula», dice Luque. Mientras, otras comunidades están respaldando también a las víctimas. «La Asamblea de Madrid ha aprobado en octubre, por unanimidad, otra PNL que insta a investigar el  robo de niños. Todos los grupos votaron a favor, salvo un diputado del PP que ‘se había equivocado con el teclado…’, dijo», explica Luque. Lo más  representativo «es la creación de una comisión documental que instará a organizaciones públicas y privadas que custodian documentación de los niños  robados a entregarla. También podrá instar al Gobierno a actuar», aclara Luque.

Otra actuación prevista es dar más recursos al Instituto del Menor y la Familia para que aceleren los trámites cuando una persona adoptada quiera saber su origen biológico. Aunque no queda claro si la Iglesia abriría sus archivos, «se instaría a que lo hagan».

La artífice de esta PNL ha sido Carla Antonelli, diputada del PSOE comprometida con las asociaciones de Madrid: Adelante Bebés Robados, SOS Bebés Robados Madrid y Todos los Niños Robados Son También Mis Niños. «No todas las comunidades están colaborando. Pero sí hay logros, como en Andalucía, donde se ha elaborado una ley de memoria histórica propia, y en ella se recoge un apartado sobre bebés robados; Valencia, con grupos políticos sensibilizados con la causa; Cataluña, donde también hay avances. En otras, como País Vasco, no se atienden las demandas de SOS Bebés Robados Euskadi», dice Luque.

Y es rotunda: «La implicación del Gobierno en aclarar el robo de niños es nula. Las fiscalías y audiencias provinciales están siguiendo las instrucciones de la última circular, de octubre, de la ex fiscal general del Estado, Consuelo Madrigal, quien ordena a los fiscales no atender los requerimientos de la jueza María Servini en la causa argentina, en la que también está incluido el caso de los bebés robados».

A la pregunta de si esta actitud podría cambiar ahora, la portavoz de las víctimas se muestra pesimista: «Precisamente acaba de ser nombrado fiscal general del Estado José Manuel Maza. Este magistrado fue quien pidió condenar a Garzón por intentar investigar los crímenes del franquismo, ya al final [del proceso], cuando todo el Supremo lo absolvía en esa causa, tras condenarle por la Gürtel».

A pesar del desánimo de las víctimas, porque se han topado «con un muro en la justicia», en este tiempo se ha conseguido convencer a la sociedad de que estos hechos ocurrieron, gracias a la tarea de visibilización de las asociaciones.

Una de esas acciones es la que lleva a cabo todos los meses la asociaciones Adelante Bebés Robados y Todos los Niños Robados Son También Mis Niños. Todos los primeros domingos de mes se dan cita en la Puerta del Sol para dar vueltas en la plaza. «Siguiendo el ejemplo de las Abuelas y Madres de la Plaza de Mayo en Buenas Aires, ejemplo que también replican aquí los compañeros de la Ronda de Sol, de la Plataforma contra la Impunidad del Franquismo, que se concentran todos los jueves», dice Luque. Esto mismo se lleva a cabo en ciudades como Cádiz, Granada o Málaga.

El caso de Ascensión López ha movilizado a todas las organizaciones: «Su historia demuestra la injusticia que se vive en España con el robo de bebés. Ella es una afectada, una niña que cree que fue robada. En su investigación se ha encontrado con una religiosa que es familiar de su padre adoptivo y cuenta con papeles que revelan su presunto robo», dice Luque.

«Las víctimas no somos abogados y podemos cometer errores cuando hablamos. Fruto de la impotencia, Ascensión dio el nombre de la monja y ella la denunció por ‘daños en su honor’. Y es curioso que, mientras para las víctimas las denuncias se alarguen en los juzgados hasta ser archivadas, en este caso, en un periodo cortísimo, el juzgado condenó a Ascensión a una multa y una indemnización de 40.000 euros, y pena de cárcel si no pagaba», relata Luque. La movilización ha conseguido parar el ingreso en la cárcel y está pendiente de un indulto solicitado al ministro de Justicia, Rafael Catalá, que no llega.

Mientas, la Justicia da carpetazo. «No sólo nos archivan las denuncias, es que la Fiscalía General del Estado no nos da la información que solicitamos», denuncia Luque.

Se calcula que han sido interpuestas más de 2.000 denuncias de víctimas sobre el robo de niños y más del 90% han sido archivadas. «En aquella reunión de febrero de 2012, uno de los compromisos era darnos información. Sólo contamos con un documento oficial que en 2014 se filtró a un medio de comunicación y que habla de unas 1.900 denuncias, de las cuales casi 400 más o menos estaban en activo entonces».

Sobre la prescripción de los robos de niños, Luque dice que «ya no sigue vigente tras la circular de diciembre de 2012 a las fiscalías provinciales dictada por Torres-Dulce». La portavoz de las víctimas de niños robados apunta que ésta es la única actuación «avanzada».

«Mantiene que es un delito de detención ilegal de carácter permanente, es decir, hasta que la persona robada no tenga consciencia de que fue desaparecida y denuncie no corren los 15 años», explica. «Si ahora mi hermano Francisco, que tiene 51 años, se da cuenta de que es una persona desaparecida, el juzgado tiene que investigar», continúa.

La portavoz cuenta que en Huelva se siguen cerrando casos por prescripción. Esa circular también permite «exhumaciones, pruebas de ADN, etc., pero no se está haciendo». No se hacen ilusiones porque asegura que igualmente las denuncias se cierran «por falta de pruebas, pero la investigación la tiene que hacer el Estado y el Gobierno no hace nada», concluye.

«En el ministerio ha habido un giro radical. Fue cuando en el Senado, en 2014, se presentó una PNL para conseguir apoyos. Las asociaciones estábamos en el palco de invitados y Catalá tuvo una intervención indignante diciendo que se estaba investigando y que la oficina que creó Gallardón en la calle de La Bolsa, en Madrid, estaba teniendo éxito», relata Luque.

Comenzaron a protestar durante la intervención del ministro «porque eso era falso», y fueron desalojados. «A partir de ahí, el ministerio nos ignora. Eso demuestra su falta de aceptación: si protestas eres el enemigo», dice Luque.

Además, «no quieren que seamos una causa, mejor caso a caso, individualmente. Cuando llega la denuncia masiva de bebés robados en 2011, dan traslado a las fiscalías provinciales, para investigar como si no hubiera lazos comunes. Si el robo de bebés fuera una causa, debería ser considerado un crimen de lesa humanidad», dice Luque.

Señala que Torres-Dulce también insistió en que no tenían nada que ver con los crímenes del franquismo. Justo lo contrario que dicen Naciones Unidas y la querella argentina. «Si hay algo claro es que el robo de niños empieza en la dictadura y continúa en el tiempo en la democracia. No sólo hemos convencido a la sociedad de que esto ocurrió, también a las propias víctimas del franquismo de que somos parte de ellas«.

Hoy el relato del robo de niños impregna la memoria histórica. Por ello, «la querella qrgentina era el camino lógico, aunque no sabíamos si nos iban a admitir tras la experiencia aquí». En el caso de la dictadura argentina fueron robados cerca de 500 niños. En el Estado español, hasta 1952 se estima que  fueron 30.000 los bebés robados. Desde ese año hasta los 90, las asociaciones de afectados calculan que hay miles de casos más. Luque recuerda que cuando se trasladó a Buenos Aires y se entrevistó con Estela de Carloto, Nora Cortiñas y con la propia Servini, «tenían clarísimo que el robo de niños es un crimen del franquismo. Ellas habían pasado por lo mismo».

A pesar de las más de 2.000 denuncias por robo de bebés y la gran cantidad de médicos implicados, sólo está previsto que se siente en el banquillo del Juzgado 46 de Madrid Eduardo Vela, por el caso de Inés Madrigal. Está acusado por decenas de víctimas. El ginecólogo Abelardo García Balaguer, de la Línea de la Concepción, en Cádiz, está imputado en la querella argentina. La jueza Servini mandó un exhorto para que se le tomara declaración o se extraditara. La Fiscalía hizo una circular en octubre y pidió que se ignorara.

Fuente: https://www.diagonalperiodico.net/saberes/32482-se-ha-querido-desvincular-robo-ninos-la-memoria-historica.html
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Telecinco se burla de las víctimas del franquismo

El criminal Serrano Súñer
La pervivencia del fascismo en España, a cara descubierta, hace que 80 años después las televisiones sigan haciendo una apología aberrante del genocidio y las matanzas nazis en los campos de concentración.
La asociación Amical Mauthausen considera que con su miniserie “Lo que escondían sus ojos”, Telecinco se burla de las víctimas del franquismo. La ficción, estrenada la semana pasada y basada en la novela homónima de Nieves Herrero, está centrada en la figura del ministro -y cuñado- de Franco Ramón Serrano Suñer, que protagoniza una historia de amor.

La entidad, sin embargo, lamenta que la producción “olvida mencionar que el enamoradizo Ramón de la serie es poco menos que un genocida”. “No sabemos qué escondían sus ojos, pero sí sabemos de primera mano que se esconde en esta serie sobre su protagonismo: el fascismo, el odio y la muerte”.

En un comunicado, la junta directiva de la Amical Mauthausen recuerda que Serrano Suñer, que era “admirador del nazismo”, quiso “borrar” el hecho de que 9.000 ciudadanos españoles pasaron por los campos de concentración nazis, y que de éstos, unos 5.500 perdieron la vida. “5.500 muertos que son responsabilidad directa de Serrano Suñer”, dice la entidad, que señala que el ministro fue “el responsable” que muchos republicanos se convirtieran en presos de Hitler.

“Él y su cuñado, Francisco Franco, permitieron los asesinatos del nazismo, observaron tranquilamente como miles de republicanos eran encerrados y masacrados, sin mover un dedo”, añade el comunicado, y subraya que “los que sobrevivieron, el tétrico ministro no les puso ninguna facilidad”, ya que “consiguió que el régimen franquista no los reconociera como españoles y les negó el regreso al hogar que muchos anhelaban”.

Por este motivo, la entidad considera que “Lo que escondían sus ojos” constituye “una afrenta directa a las víctimas del franquismo y del nazismo y sus familiares”, y “una falta de respeto a todas las personas que trabajan por la recuperación de la memoria histórica”. En palabras de la Amical, el intento de “edulcorar” una figura como la de Serrano Suñer -a quien define como uno de los personajes “más negros” de la historia de España- “es un ataque a todos los principios democráticos”. En consecuencia, la entidad pide “la retirada inmediata” de la serie y una disculpa por parte de Telecinco.

Fuente: http://www.ara.cat/media/LAmical-Mauthausen-Telecinco-burlar-se-franquisme_0_1696630450.html

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La guerrilla antifascista en Getafe

Luis Arroyo

Getafe es uno de los pueblos industriales de Madrid de mayor historia revolucionaria. De allí salieron importantes dirigentes obreros de los años treinta, que durante la guerra civil participaban activamente en la defensa de Madrid. De la fábrica de construcciones aeronáuticas, actualmente CASA, salieron aviadores del Ejército Republicano, precisamente escogidos entre los mecánicos y los obreros de la factoria, alguno de los cuales estuvo entrenándose en la Unión Soviética.

Ellos fueron los que formaron luego el número fundamental de la aviación republicana. imponiéndose, incluso, a los aviadores profesionales alemanes e italianos que apoyaban a Franco.

De la tradición y fortaleza revolucionaria de los obreros de Getafe es buena prueba el que, tras la derrota republicana en 1939, donde la mayoría de los dirigentes antifascistas tuvieron que huir o fueron fusilados, se volviera a organizar de nuevo el Partido Comunista local en 1942, precisamente con los pocos obreros comunistas que consiguieron escapar en las cárceles y volver.

“En 1942 éramos sólo trece -nos explica uno de los supervivientes, que tiene ahora un pequeño taller de carpintería- pero en seguida conseguimos el apoyo de muchos más, prácticamente de todo el pueblo. Los nazis comenzaban a ceder ante la ofensiva de los pueblos antifascistas, sobre todo de la Unión Soviética, y eso animaba mucho a la gente. Cuando comenzó el año 1944, repartiamos más de tres mil periódicos comunistas entre otros tantos obreros y antifascistas que estaban ligados de alguna manera a nosotros. Habíamos triplicado la organización y en algunos sitios, como en CASA, el apoyo y la simpatía hacia el PCE era masiva”.

La propia policía tiene datos de que todo esto era verdad. Angel Ruiz Ayúcar -un ex-policía historiador- en su libro “El Partido Comunista. 37 años de clandestinidad”, dice del Comité Comarcal de Getafe: “Del desarrollo de la organización es indice la siguiente relación de radio y efectivos:

Radio número 1. Construcciones Aeronáuticas. 80 militantes.
Radio número 2. Leganés. 30 militantes.
Radio número 3. Telefunken. 16 militantes.
Radio número 4. Varias empresas. 20 militantes.
Radio número 5. Telma. 35 militantes.
Radio número 6. Ericson. 16 militantes.
Radio número 7. Móstoles. Se ignora.
Radio número 8. Varias empresas. Se ignora.

En total, 197 afiliados seguros a los que si añadimos 20 por cada uno de Radios restantes, suman 237 afiliados, de los que la tercera parte pertenecen a una sola empresa. Cada militante cotizaba 0,50 pesetas semanales. Una parte de la cotización iba al Comité Central”.

La población laboral de Getafe y su comarca en aquellos años rondaba los nueve mil trabajadores, que trabajaban preferentemente en una serie de fábricas de gran tradición también en la zona: CASA, Telefunken, Ericson, Telma, Ildea, la fábrica de harina, etc.

La policía preocupada por el auge del Partido Comunista en la zona, desplazó desde Barcelona a un ex comisario político del Ejército Republicano que se había convertido en confidente de la policía, para la cual había estado trabajando desde entonces en la Ciudad Condal. Mucho antes de su traslado, la dirección política de Getafe había ya recibido un informe detallado sobre el ex comisario político Germán Alonso, lo cual demuestra la perfección con la que trabajaban los comunistas a esos niveles en aquellos días.

Como la policía consideró que Germán Alonso podría hacer un buen trabajo en Getafe, le trasladó dejando Barcelona, donde estaba ya “quemado”. Otro motivo para este traslado debió ser que el ex comisario político conocía a dos obreros que la policía consideraba podían estar relacionados con el Partido Comunista. A pesar de todos los cuidados con que actuaron los miembros de la organización comunista, más tarde se pudo deducir que Germán Alonso llegó a saber bastante más de lo que se suponían, “lo cual demuestra cierto mal trabajo de la dirección que no supo tomar verdaderas medidas”, según uno de los antiguos comunistas que dejó el partido cuando Santiago Carrillo fue nombrado Secretario General.

Uno de los temas que más preocupaban a los comunistas en aquellos años, era precisamente el de contrarrestar la acción de la policia. Abundaban los chivatos, y la vigilancia era tremenda. Para resolver el problema, tuvieron que montar un servicio de contraespionaje muy perfecto que les permitía conocer con anterioridad los movimientos de la policía. Por ejemplo, “en caso de una redada solíamos conocer más o menos cuando tendría lugar, de tal manera que durante unas semanas o días dejábamos bien limpias nuestras casas de propaganda e incluso a veces no íbamos a dormir”.

Entre 1942 y 1945 se llegaron a instalar en Getafe tres imprentas clandestinas para sacar la propaganda del Partido Comunista. Hay que tener en cuenta que entonces no existían las multicopistas actuales y los tipos y la impresión debían hacerse a mano. “La propaganda se daba casi siempre en mano a los simpatizantes o a las personas de confianza, muy pocas veces se tiraba por las calles. Únicamente en Madrid se hacía de vez en cuando ‘una siembra’. También nos fabricamos unos tampones de caucho para poner en las paredes la hoz y el martillo”.

A veces, la policia descubría algunos militantes, casi siempre por algún fallo en el reparto de propaganda. Así ocurrió en la fábrica de harinas, donde a un trabajador se le cayó del mono un periódico que le había pasado un miembro de la célula de la fábrica. El trabajador fue detenido y como consecuencia de ello, dos militantes fueron apresados. Uno de ellos era Leonardo Hervás, que formaba parte de la “troika” de dirección de la organización (el esquema entonces era de una dirección formada por tres miembros: responsable politico, responsable de agitación y responsable de propaganda). Fue un duro bache el que tuvo que superar el Partido Comunista de la zona a consecuencia de esta detención.

Durante el tiempo que duró, los militantes se veían exclusivamente en lugares abiertos y concurridos, como en la verbena, y se hablaban por señas. Pero Hervás, ni su compañero dijeron nada a la policía. Al cabo de cierto tiempo les pusieron en libertad, ya que no consiguieron demostrarles nada. A pesar de todo, se mantuvieron alejados de la organización, por si acaso la policía les utilizaba como cebo. Entonces, los interrogatorios eran muy duros y los detenidos podían estar semanas o meses enteros a disposición de la policia, si necesidad de que un juez se hiciera cargo de ellos bajo alguna acusación concreta.

Durante toda esta época, la principal preocupación de los comunistas de Getafe estaba en organizarse, crecer y tomar contactos con otras organizaciones del interior. El contacto con el exterior era prácticamente imposible. En realidad se actuaba autónomamente y siguiendo las experiencias aprendidas durante la guerra.

Fue a partir de 1945, cuando se reanudó el contacto con el exterior, con la dirección nacional y se constituyó el Comité Central local de la zona de Getafe. Algunos de los comunistas del cinturón industrial de Madrid, fueron enviados también a pueblos de La Mancha y de Castilla a organizar allí el Partido.

Hasta el momento de comenzar las guerrillas, el trabajo principal de los comunistas fue el sabotaje, sobre todo de los materiales de guerra para que la industria militar española no estuviese en condiciones de entrar en guerra al lado de Alemania e Italia. De hecho, durante un año se saboteó sistemáticamente la fabricación de los “Junker” en la factoría de CASA. El sabotaje consistía preferentemente en arrojar trozos de cristal en los hornos de la fundición, con lo que el cristal quedaba adherido al acero y éste se partía al llegar al torno.

La guerrilla comienza a actuar

Al constituirse el Ejército Guerrillero de Extremadura-Centro, a finales de 1944, el Comité de Getafe del PCE, junto con el Comité de la Unión Nacional donde se agrupaban las fuerzas antifascistas, apoyó la formación de un grupo guerrillero de ciudad -antecedentes de las guerrillas urbanas- coordinado con el núcleo central de Madrid, que entonces mandaba Vitini Flores. A las guerrillas urbanas se las llamaba entonces “cazadores de la ciudad”.

Como responsable directo de los “cazadores de Getafe” fue nombrado José Camacho Díaz. que había sido responsable de agitación del Comité Comunista de Getafe, de 32 años y natural de El Gordo (Cáceres), desde donde habia emigrado a Madrid. Poco después fue sustituido por Francisco Gascó Santillana, “Berenjena”, un obrero mecánico de 45 años, natural de Getafe, que sería el que dirigiera la mayor parte de las acciones armadas de esta guerrilla.

La guerrilla de Getafe tenía dos importantes misiones: sabotear la línea férrea Extremadura-Madrid a su paso por la zona, y facilitar el aprovisionamiento de bombas al Ejército Guerrillero del Centro. En aquellos años, la falta de material adecuado para la fabricación de bombas era bastante acuciante. La dinamita se consiguió a través de los antifascistas presos que trabajaban en los destacamentos de penados como el de Valdemancos, donde construían la línea férrea Madrid-Burgos. o en otros lugares donde levantaban presas. Un perfecto servicio de espionaje y de audacia de los presos políticos, conseguían sustraer la dinamita necesaria para las bombas.

Pero hacía falta el material para la carcasa y los detonadores. Este material se consiguió fundamentalmente a través de los obreros de CASA y procedía del aluminio y de otros materiales que se utilizaban allí para construir el avión “Junker” de las fuerzas aéreas españolas.

Las bombas que los obreros fabricaban con el material de los aviones salía clandestinamente de la fábrica e iban a parar a una tienda de zapatos -entonces era de alpargatas- muy conocida en Getafe: “La tienda de Gomas de Meseguer”, que ya ha desaparecido. Allí trabajaba como dependienta la novia de un militante comunista, y era ella la encargada de entregar las bombas a los enlaces de la guerrilla. Uno de éstos entraba en la tienda y fingía comprar unas alpargatas de tal color y de tal número, al mismo tiempo que daba la contraseña. La dependienta le entregaba entonces una caja de zapatos que contenía una o dos bombas.

La policía detectó la aparición de estas bombas en las explosiones que destruyeron por entonces a la Delegación de la Falange del distrito de Chamberí y una vivienda de un falangista en la calle de Fuencarral. Y precisamente, siguiendo con el hilo del material utilizado para hacer las bombas, que sólo existía entonces en Getafe y en Cuatro Vientos, fue como la policía consiguió detener a varios guerrilleros, entre ellos a “Berenjena”, que fue fusilado.

La última operación de los “cazadores de Getafe” falló por poco. Se les había encargado sabotear la línea férrea en el momento que se esperaba el paso de un canvoy militar que llevaba armamento y soldados a los Pirineos, donde el fascismo español temía se recrudeciese la lucha guerrillera. La bomba mal colocada, cayó en medio de las vías sin llegar a estallar siendo localizada, intacta. por los servicios de vigilancia de la RENFE. Ello permitió a la policía localizar exactamente la procedencia del material.

La represión que siguió en CASA fue tremenda y bestial, a pesar de lo cual la mayoría de los militantes consiguieron ponerse a salvo. Cientos de trabajadores de CASA fueron torturados y uno de ellos, Morales, un maestro industrial, murió en la cárcel a consecuencia de los golpes recibidos. Otro comunista, Farinas, murió durante los interrogatorios y Lucas y Alfonso, en la cárcel. Varios más que fueron condenados a treinta años de cárcel por el “célebre” coronel Aymerit que dirigía los tribunales terroristas, estuvieron encarcelados hasta el año 1962.

La epopeya de los comunistas de Getafe, es recordada aún por gran parte de sus habitantes que vivieron aquella época. Al igual que recuerdan a las escuadras falangistas que rapaban el pelo a las pobres mujeres de los antifascistas huidos o encarcelados, y que en seguida comenzaron a especular con el suelo y con el desarrollo monstruoso de la ciudad, que en los años setenta tiene ya más de cien mil habitantes y sigue siendo el principal núcleo industrial de Madrid.

Fuente: Crash, mayo de 1978, pgs.20 a 22.
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Por fin se publica un poema contra la Guardia Civil censurado durante 70 años

La Academia de la Llingua acaba de publicar el poemario “Sol en Los Pomares”, escrito en el exilio por el gijonés Matías Conde, incluyendo “El Romance de los cuatro morangos”, que narra como una mujer mata a dos guardias civiles que se presentaron en su casa para detener a su marido.

Se trata de la segunda vez que se publica en España la obra. La primera fue en 1976 y corrió a cargo del Instituto de Estudios Asturianos (actual Ridea), aunque suprimiendo el citado poema, lo que el académico Xosé Lluis García Arias, en el “entamu” de esta nueva versión, tacha de “grave censura”. El poema “Sol en los pomares” vio la luz por primera vez en México en 1948.

La de “El Romance de los cuatro morangos”, también titulado “El solar de Don Pelayo”, no es la única diferencia que la Academia destaca entre esta nueva edición y la del 1976 del IDEA. La que acaba de salir a la luz incluye igualmente todas las ilustraciones en color que Germán Horacio, hijo del escritor Pachín de Melás, realizó para cada uno de los poemas que componen esta colección. Se conserva también el prólogo a la primera edidión de José Vasconcelos y la justificación de propio autor.

Poemas sobre la nostalgia y el recuerdo de su tierra, la infancia, el paisaje o de carácter costumbrista se entremezclan en este documento con otros de carácter más crítico o reivindicativo, tales como el mencionado “El Romance de los cuatro morangos” o “Elamu”. Al respecto Arias, y también el historiador Rafael Rodríguez Valdés, en un artículo publicado sobre el autor gijonés en el número 91 de la revista Lletres Asturianes, destacan la militancia izquierdista de Conde, miembro de izquierda republicana, y responsable de Comercio en el Consejo de Asturias y León en el año 1937, en plena Guerra Civil. Posteriormente se vio obligado a exiliarse en Francia y después en México, donde falleció en 1982.

Sobre esta obra cuenta Valdés en su artículo que el autor presumía de haber recibido la felicitación de la poeta chilena, premio nobel de literatura, Gabriela Mistral, en una carta personal dirigida al propio Conde. En los versos de Conde están los ecos del romance de Federico García Lorca contra la Guardia Civil:

Tricornios de los ceviles,
negros tricornios, más negros
que la cara de los moros
que vinieron de tan lexos
a manchanos esti suelu
qu’en xamás pisaron ‘perros’

Matías Conde nació en Gijón en 1896, fue profesor de la Escuela de Estudios Mercantiles de su ciudad natal, además de trabajar en la banca. Militante de Izquierda Republicana, el partido de Manuel Azaña, ejerció como secretario de la Consejería de Comercio del Gobierno de Asturias y León. Tras la caída del frente norte republicano, con la toma de Gijón por las Brigadas Navarras en octubre de 1937, marchó al exilo. Primero se refugió en Francia y más tarde en México.

Los versos de “Sol en los pomares”, volumen que incorpora el explícito subtítulo “Poemas de Asturias”, están regidos por ese sentimiento de nostalgia que los asturianos llaman “señaldá”. Así lo subraya García Arias en su introducción, donde analiza también algunas de las peculiares características del asturiano que escribe Matías Conde. “Es la expresión de una cultura que lucha por su desaparición”, dijo Begoña Díaz González en el artículo “La literatura asturiana de posguerra (1934-1974)”, un trabajo incluido en la “Historia de la literatura asturiana” que coordinó Miguel Ramos Corrada.

Esperemos que el Ministerio del Interior no encarcele a los académicos de la llingua asturiana por enaltecimiento del terrorismo y haya que esperar otros 70 años para ver el poema en las librerías.

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‘¿Creéis que el camino de la Revolución está sembrado de rosas?’

Juan Manuel Olarieta
Lo mismo que Marx, Lenin era extremadamente minucioso. Para escribir su obra “El imperialismo fase superior del capitalismo” llenó 15 cuadernos con notas tomadas de múltiples lecturas. Los enumeró con letras griegas y hacen referencia a 106 libros publicados en alemán, 23 en francés, 17 en inglés y 2 traducidos al ruso, además de 232 artículos publicados en 345 periódicos alemanes, 8 ingleses y 7 franceses.

A esos cuadernos de notas hay que sumar otros cuantos que tituló “Sobre el marxismo y el imperialismo” que en total tienen unas 700 páginas más que ponen de manifiesto el estilo de trabajo leninista: documentado, profundo y exhaustivo. Para escribir su obra Lenin leyó prácticamente todo lo que se había escrito previamente y condensó sus conclusiones en 150 páginas que no son más que la punta de un gran iceberg.

Pero lo más importante, con diferencia, es que Lenin escribía con una mano y trabajaba con la otra. Mientras escribía su obra, rompía con la II Internacional, estallaba la Primera Guerra Mundial y la Revolución de Febrero de 1917. El folleto no podía ser de más actualidad, pero entonces ocurrió lo mismo que ahora: los árboles no dejaban ver el bosque; el problema era tan evidente que se hizo invisible.

Las frases de Lenin sobre el imperialismo se han repetido muchas veces. Forman parte ya de la retórica y ayudan poco a entender algo que no aparece en ningún párrafo de ninguna obra de Lenin: eso que solemos llamar “el posicionamiento”, que es algo que va más allá de la práctica y de lo concreto. Es la “toma de partido”, algo que en referencia al imperialismo resulta imprescindible… o eso es lo que cabe esperar de alguien que se califica como leninista.

Sin embargo, no es así. Bajo el imperialismo, al mismo tiempo que las grandes potencias forman bloques rivales, algunos de los pequeños Estados impulsaron el movimiento de los “no alineados” y ciertos grupos comunistas hacen lo propio, justificándose con extravagantes frases extraídas de acá y de allá, así como llamamientos a la paz que son otros tantos brindis al sol.

Es evidente que dicha neutralidad es impostada; no existe como tal. No es más que un alineamiento camuflado, como cuando Poncio Pilatos se lavó las manos ante la matanza de los niños inocentes.

Es cierto que la posición de Lenin durante la Primera Guerra Mundial se enfrenta a la de la II Internacional, que deja de ser “internacional” para alinearse con la propia burguesía. La socialdemocracia descubrió así su carácter nacionalista o, en palabras de Lenin, eran “socialpatriotas”. A partir de ahí algunos interpretan que la posición de Lenin fue la de lavarse las manos como Poncio Pilatos: ni unos ni otros, no existe imperialismo bueno, se le hace el juego a unos o a otros, etc.

Es evidente que eso, por su propia abstracción, no tiene nada que ver con el leninismo, que siempre es partidista. Lo que Lenin sostuvo a partir de 1914 es lo opuesto a la II Internacional, es decir, la derrota de la propia burguesía. No puede haber mayor toma de partido que esa, que en Rusia se interpretó como una traición a la patria, o sea, al zarismo y a la burguesía, que acusaron a los bolcheviques de ser espías de los alemanes, de trabajar para el bando contrario en la guerra. Lo mismo que ahora, en 1917 la burguesía rusa lanzó esa típica pregunta: “¿A quién beneficia la política bolchevique?” y cuando la burguesía (y los grupos oportunistas) hacen ese tipo de preguntas se quieren referir a qué país, a qué potencia imperialista estaban beneficiando los bolcheviques, es decir, que todos ellos (burgueses y oportunistas) entienden estos problemas en términos nacionales exclusivamente.

Si esa discusión ya era intelectualmente apasionante en 1914, tras la Revolución de Octubre se hizo acuciante, no sólo porque los bolcheviques habían prometido sacar a Rusia de la guerra sino porque Alemania atacó Petrogrado, la capital revolucionaria por excelencia. No había tiempo para folletos; ni siquiera para discursos. Había que hacer algo y las propuestas iban mucho más allá del Partido bolchevique porque concernían a los soviets, es decir, a los demás partidos, y al gobierno de coalición con los eseristas de izquierda.

En aquel momento, enero de 1918, se puso de manifiesto que nadie había entendido a Lenin, ni siquiera dentro del propio Partido bolchevique, donde sus posiciones eran muy minoritarias, hasta tal punto que las dos mayores organizaciones, las de Moscú y Petrogrado, le desautorizaron y le atacaron violentamente. Es muy significativo recordar que menos de dos meses después de la Revolución, el 28 de diciembre de 1917, la organización bolchevique en Moscú aseguraba en un comunicado que había perdido su confianza en el Comité Central.

¿Por qué motivo? Porque Lenin le estaba haciendo el juego al imperialismo alemán, una opinión muy extendida entonces. Los escritos de aquella época de Lenin sólo reflejan una parte ínfima de la multitud de reuniones que tuvo que mantener con unos y otros para sacar adelante sus tesis. No se conservan actas de la mayor parte de ellas, sino sólo algunos recuerdos escritos posteriormente, muchos de ellos procedentes de militantes de otros partidos, especialmente eseristas, que estaban presentes en aquellas reuniones.

Por ejemplo, el 8 de enero los bolcheviques convocaron una Conferencia especial para aprobar la salida de la guerra mundial, en la que se pusieron de manifiesto las tres posiciones internas. La primera fue la de Bujarin, entonces un izquierdista furibundo que defendía la continuación de la guerra, cambiándole el nombre por el de “guerra revolucionaria”. Fue la mayoritaria, ya que alcanzó 32 votos. La segunda fue la de Trotski, una propuesta insustancial que se podía resumir en “ni guerra ni paz”, que reunió 16 votos. La de Lenin fue la más minoritaria, ya que sólo logró reunir 15 votos.

Tres días después se reunió el Comité Central para discutir lo mismo. Lenin volvió a perder la votación de nuevo y así podríamos seguir relatando reuniones, tanto internas como del gobierno o los soviets, en las que la mayoría estaba en su contra. En más de un debate el Partido bolchevique estuvo al borde de la escisión. Incluso los militantes de mayor confianza no aceptaban las posiciones leninistas. Uno de ellos fue Dzerzhinski, que en una reunión le reprochó a Lenin que alentaba al imperialismo alemán y en otra de sostener las mismas posiciones que Zinoviev y Kamenev, es decir, que le calificaba a Lenin de revisionista, nada menos. Lo mismo se puede decir de otros militantes de enorme prestigio, como Alejandra Kolontai o Elena Stasova.

Las reuniones eran maratonianas. A altas horas de la madrugada las discusiones continuaban en medio de humaredas insalubres de tabaco, y los intentos de Sverdlov y Stalin antes de las reuniones para inclinar el voto a favor de Lenin nunca fructificaron. Tampoco las amenazas de Lenin de dimitir del gobierno y abandonar el Partido bolchevique. Todo invita a pensar que incluso quienes votaban a su favor no lo hacían convencidos de su posicionamiento sino por la confianza personal que les inspiraba.

El contexto no podía ser más dramático porque el ejército alemán estaba a las puertas de Petrogrado. Los que querían la guerra no tenían un ejercito para luchar en ella y los que querían la paz no tenían tiempo para evacuar la capital, cuya población hubiera podido resultar aplastada literalmente. Sólo pudieron preparar lo mismo que cien años antes en Moscú cuando vieron acercarse a las tropas napoleónicas: destruir Petrogrado, quemar los edificios y volar los puentes y las fábricas.

Por fin, después de dos meses de debates agotadores, en febrero de 1918, en una reunión del Consejo de Ministros hasta Trotski se inclinó a votar a favor de Lenin, que obtuvo una mayoría pírrica. Redactaron al momento un oferta de paz dirigida a Alemania y Lenin la firmó en su condición de Presidente del Gobierno, pero cuando se la pasó a Trotski para que hiciera lo propio, éste se negó. El entonces ministro de Asuntos Exteriores era de los que tiraba la piedra y escondía la mano. No quería comprometerse; había votado a favor de Lenin a regañadientes. No quería que su firma constara en algo en lo que no creía en absoluto. Dijo que bastaba con la firma del Presidente del Gobierno y Lenin insistió en que también el ministro de Asuntos Exteriores debía firmar.

Lo mismo ocurrió cuando se formó la comisión encargada de negociar la tregua con los alemanes. Le designaron a Trotski, que se volvió a negar. Tuvieron que recurrir a Chicherin, que entonces era miembro del Partido menchevique. Era preferible alguien así, un menchevique, antes que un “bolchevique” como Trotski que votaba una cosa cuando quería hacer la contraria.

Uno de los pocos discursos de Lenin que se conservan de aquella época es aquel en el que tanto a sus amigos como a sus enemigos les pregunta: “¿Creéis que el camino de la Revolución está sembrado de rosas?, ¿que no hay más que marchar de victoria en victoria, al son de ‘La Internacional’ y con las banderas al viento? Así sería fácil ser revolucionario. No, la Revolución no es un juego divertido. No, el camino de la Revolución está lleno de zarzas y espinas. Aferrándonos al suelo que se nos escapa, con nuestras uñas y nuestros dientes, arrastrándonos si es necesario, cubiertos de lodo, debemos marchar, a través del fango, hacia adelante, hacia el comunismo y saldremos vencedores de la prueba”.

Estas palabras las pronunció Lenin en el Comité Ejecutivo de los soviets. Lo que las obras completas no cuentan es que había tomado la palabra cuando no le correspondía y que su discurso fue el único que nadie aplaudió.

En la medida en que hoy el mundo se encamina de nuevo hacia la guerra imperialista, aquellos debates de hace un siglo se vuelven a reproducir, no sólo porque la noción de imperialismo no está clara sino -sobre todo- porque los posicionamientos siguen siendo erróneos. Cuando en uno de aquellos debates a Lenin le reprocharon que sus posiciones beneficiaban al imperialismo alemán, les reconoció que, en efecto, así era. Pero las posiciones contrarias beneficiaban a los imperialistas del otro bando. Por lo tanto, decía Lenin, no preguntemos a qué país beneficia nuestro alineamiento; preguntémonos si beneficia a nuestra clase, al proletariado. Es así como Lenin resumía la consigna de transformar la guerra imperialista en guerra civil.

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Las contrarreformas laborales durante los gobiernos de Felipe González (y 5)

Raúl Navas

Un informe del FMI sobre España publicado en octubre de 1993 recomendaba facilitar el despido, el empleo temporal, la movilidad geográfica y el poder empresarial para modificar jornadas y funciones al trabajador. Mientras tanto, la patronal volvió a la carga insistiendo en las “rigideces del mercado laboral” y la “dificultad de despedir”. Aunque un informe de CC.OO. de 1993 señalaba que en los últimos 10 años habían sido despedidos 2.3 millones de trabajadores.

El gobierno siguiendo los dictados del FMI y la CEOE volvió a la carga con más precarización y a finales de ese año presentó una nueva y profunda reforma laboral (Ley 11/94 y la Ley/1994 de Medidas urgentes de fomento de la ocupación) que ponía patas arriba el Estatuto de los Trabajadores y otras normativas laborales. Se incluía la puesta en vigor de una nueva modalidad de contratación más precaria para los jóvenes en paro. Esto significaba la generalización de “los contratos basura” y la legalización de la precarización gracias a la Ley 14/94 que legalizaba las Empresas de Trabajo Temporal. El gobierno quería justificar estas medidas alegando que la tasa de paro era muy alta (24 por ciento), mientras que la CEOE achacaba el alto índice de paro a la retirada del plan de empleo juvenil de 1988. José María Cuevas lo resumía así:

“Al dinamitar el Plan de Empleo, Juvenil, el 14-D contribuyó a que hoy estén parados 25 de cada 100 españoles (proporción que llega al 40 por ciento entre los jóvenes). Precisamente ahora uno de los puntos clave de la reforma laboral es resucitar el Plan de Empleo Juvenil a través de los llamados ‘contratos de aprendizaje’. ¿Volveremos a permitir que unos sindicatos insolidarios y cegatos vuelvan a oponerse a cualquier reforma que nos saque del atolladero actual?”(5).

Por tanto, la excusa era la misma y una vez más se utilizaba en la exposición de motivos de las leyes, la crisis económica y la promesa de crear empleo para recortar derechos. En resumen, la reforma laboral consistía en aprobar la tabla reivindicativa de la CEOE:

– romper con el monopolio del INEM para colocar a parados
– aumento de las causas de despido objetivo, como las organizativas y de producción
– se facilitaba la introducción en los convenios de nor más basadas en la precarización y se allanaba el camino para aplicar movilidad geografía o funcional
– se reducía la eficacia y generalización de los contenidos de los convenios colectivos, apuntando a una convergencia a la baja en derechos laborales
– potenciación de las relaciones individuales en detrimento de la negociación colectiva
– legalización de las ETT (Empresas de Trabajo Temporal)
– creación de un contrato precario, llamado de aprendizaje

El capital acusaba a quienes se oponían a estas medidas de despreocuparse de los parados. Esta es y ha sido la excusa preferida de los capitalistas para atacar la estabilidad en el empleo. Incluso el gobierno del PSOE decía que la reforma laboral era “progresista”. José Antonio Griñán, entonces el ministro de trabajo, decía que se pretendía “evitar despidos” y justificaba así la nueva agresión a los trabajadores: “Se trata de enriquecer la negociación colectiva; eliminar obstáculos al mantenimiento y creación de empleo”(6).

La nueva normativa contó con el apoyo de la CEOE y el Círculo de Empresarios. En diciembre de 1993 el real decreto-ley que modificaba la contratación fue aprobado en el parlamento con 317 votos a favor (PSOE-PP-CiU-PNV-PAR), 22 negativos (IU, ERC y CC), y dos abstenciones (EA-UV).

El ataque fue respondido con una huelga general convocada por UGT, CC.OO y CGT para el 27 de enero de 1994. Un grupo de 500 personas compuestas por catedráticos, inspectores de trabajo y abogados laboralistas elaboraron un manifiesto contra la reforma laboral y en favor de la huelga general. El documento alertaba de que la nueva normativa iba a generar indefensión entre los trabajadores.

La huelga tuvo una gran incidencia y seguimiento, aunque sin llegar a los niveles del 14-D. CiU amenazó con retirar el apoyo parlamentario al gobierno del PSOE en minoría si Felipe González daba marcha atrás. IU ofreció negociar su texto alternativo sin éxito. La huelga no consiguió sus objetivos de retirar la reforma laboral y los sindicatos mayoritarios UGT y CC.OO. no sacaron la conclusión de que era necesario endurecer la movilización, sino todo lo contrario. Desde entonces las cúpulas sindicales profundizaron en una política sindical basada en los pactos, la desmovilización y en el “mal menor”. Mientras tanto el mercado laboral se precarizaba a pasos de gigante en un ambiente de retroceso en la conciencia social y de clase. Se abandonó cualquier planteamiento movilizador, lo que ocasionó el surgimiento del sector crítico en CC.OO. y el enfrentamiento de la cúpula de este sindicato con el PCE y Julio Anguita. Tras la huelga general, se puede destacar la manifestación de enero de 1995 convocada por la Plataforma Cívica por los Derechos Sociales, aprovechando el primer aniversario de la Huelga General, con el lema: “Por los derechos sociales y contra la reforma laboral y el ataque a las pensiones”. El manifiesta estaba firmado entre otros por Julio Anguita, Marcelino Camacho, Luis Eduardo Aute, Rafael Alberti o Antonio Gala.

Durante la última etapa de Felipe González en el gobierno, tuvo lugar el inicio de la recuperación económica, con el efecto de detener el nivel destrucción de empleo. Según datos del Ministerio de Economía, en 1995 los empresarios despidieron a 322.314 trabajadores, un -11.8 por ciento más que en 1994. La tendencia de aumento del paro fue sustituida por la creación de empleo precario en un contexto de crecimiento económico. Pese a la promesa de que esta reforma laboral iba a crear empleo indefinido, los datos del INEM y la EPA señalan que de los 8.60 millones de contratos realizados en 1996, solo hubo 204.235 contratos indefinidos, mientras que el 96 por ciento fueron temporales. Además, según los datos que suministró el Ministerio de Trabajo en el informe titulado “La contratación y paro registrado en 1996”, el 70 por ciento de los contratos de 1996 tuvieron una duración inferior a tres meses y el 50 por ciento no llegaron a un mes. Sólo el 0.42 por ciento fue superior a doce meses. Las ETT hicieron proliferar contratos que incluso solo tenían la duración de un día, produciéndose trabajadores con cerca de 15 contratos al mes.

Con estos datos no es de extrañar que una encuesta del CIS publicada en enero de 1996 señalara que siete de cada diez españoles consideraban que la reforma laboral contribuía poco o nada en la creación de empleo.

Pero pese a que el gobierno del PSOE continuaba tomando medidas que beneficiaban al capital, la patronal empezó a apostar por un gobierno del PP que abordara de lleno sus reivindicaciones pendientes, como un abaratamiento del despido o privatizaciones masivas. Ya en 1994, Cuevas dio su apoyo públicamente a Abel Matutes como candidato a las elecciones europeas por el PP. Además comenzó a pedir elecciones anticipadas.

Durante los años 80 y principios de los 90, el PSOE no solo se había derechizado a sí mismo, sino que había trabajado duro para derechizar a la sociedad. Las políticas procapitalistas aprobadas durante casi 14 años, allanaron el camino a la victoria de la derecha de Partido Popular en las elecciones de 1996, que una vez en el poder, procedió a aplicar su agenda neoliberal y de recorte de derechos laborales.

Notas:
(5) José María Cuevas, Derecho a la huelga, derecho al trabajo, El País, 15 de enero de 1994
(6) José Antonio Griñan, Reforma laboral, un compromiso y una necesidad, El País, 26 de enero de 1994
http://info.nodo50.org/Las-contrarreformas-laborales.html
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Las contrarreformas laborales durante los gobiernos de Felipe González (4)

Raúl Navas

En el sistema capitalista ninguna victoria es eterna hasta el derrocamiento revolucionario del mismo. Por tanto siempre que un gobierno hace concesiones con una mano, intenta quitártelos con la otra en ese momento o más adelante, tal y como ocurrió en los años 90. En 1991 según la EPA había 2.463.700 parados, y desde el gobierno se aseguraba que era necesario recortar el subsidio de desempleo y precarizar los contratos para crear empleo. En esta situación, en abril de 1992 el gobierno aprobó un Real Decreto con el apoyo de CiU y la abstención del PP, que recortaba las prestaciones del paro, tanto en su cuantía como en su duración, y que endurecía las condiciones para acceder a cobrar el paro, en un momento en el que había 1.3 millones de parados que no recibían ningún tipo de prestación. La nueva normativa establecía que el requisito para cobrar el subsidio consistía en que debías haber trabajado al menos 360 días para cobrar seis meses de prestación como tope. Hasta entonces seis meses cotizados concedían el derecho a tres meses de prestación, por tanto se endurecía su acceso. Además se reducía el cálculo de la prestación para disminuir su cuantía. Estas medidas contradecían al programa electoral del PSOE de 1989 que prometía un aumento en la protección a los desempleados. También entraba en contradicción el hecho de que el propio PSOE se había opuesto en su día a la ley de empleo de UCD de 1980, mientras que doce años más tarde aprobaban en el gobierno una reforma parecida y con el mismo objetivo.

El objetivo consistía en disminuir el número de parados con derecho a prestación y disminuir el gasto público en subsidios en desempleo. En 1993 las prestaciones por desempleo dejaron de estar financiadas en los presupuestos, mientras que la cobertura del subsidio disminuyó sustancialmente entre el conjunto de parados.

El decretazo del gobierno también aumentaba la duración de los contratos temporales. Concretamente, el contrato temporal de fomento del empleo pasa de tener un tope de seis meses, a un año. También se suprimían las becas para que los parados participaran en cursos de formación.

El gobierno justificó esta reforma laboral alegando que se debía cumplir con el Tratado de Maastricht. Un Acuerdo europeo que exigía una reducción del gasto público. También se justificaba con argumentos parecidos a los que se utilizan ahora: “son medidas que no nos hubiera gustado tomar”, “no hay alternativa”, etc. El entonces ministro de Trabajo, Luis Martínez Noval, decía lo siguiente en El País: “Créanme que el Gobierno no toma esta medida alegremente, la toma con una cierta preocupación. Cuando decidimos las medidas concretas, después de una discusión bastante profunda en relación con muchas alternativas que barajamos, lo hicimos con preocupación, porque somos conscientes de que modificamos una ley que tiene incidencia social en colectivos que van a ver reducidas sus prestaciones. Pero hemos encontrado un equilibrio entre la incidencia social y el resultado económico, y la satisfacción que puede producir es que frente a ese desequilibrio financiero no dejamos a ninguna persona desprotegida”(4).

No fue una reforma pactada y CC.OO. advirtió con una respuesta más contundente que en 1988, aunque finalmente sólo fue contestada con una Huelga General de doce horas, para el 28 de mayo de 1992 (en Enseñanza fue de 24 horas por la reducción del gasto educativo), donde también se protestaba contra un proyecto de ley de huelga, exigiendo a su vez planes de reindustrialización. Los sindicatos mayoritarios tantearon con una huelga general en octubre de 24 horas si el gobierno no retrocedía, pero no cumplieron con las expectativas. Pese a la tibia respuesta sindical, la CEOE cargó contra la huelga, incluso exigiendo su ilegalización. La patronal mostró su apoyo al gobierno mientras que se intensificó una campaña contra los parados, con promesas de creación de empleo.

El gobierno, con el apoyo de la CEOE no dio marcha atrás. Se seguía al dictado las recomendaciones del FMI de 1992 que recomendaban reducir las prestaciones por desempleo, pese a que una encuesta del CIS de mayo de 1992 señalaba que el 73 por ciento de la población rechazaba los recortes en el gasto público en desempleo.

El ministro Solchaga aseguró que la reforma estimulaba que la gente buscara empleo. Pero pese a la promesa de creación de empleo, durante el primer trimestre de 1993 el número de parados se incrementó en 169.286 personas. Además según datos del Instituto Nacional de Estadística la tasa de desempleo paso del 20.3 por ciento en 1992 al 24.1 por ciento en 1994. Año en el que Solbes apuntaba a la creación de 150.000 empleos, mientras España se situaba como país de la OCDE con la tasa de paro más alta.

 Notas:

(4) El País, 22 de abril de 1992

Fuente: http://info.nodo50.org/Las-contrarreformas-laborales.html