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Los monopolios alemanes escarban en las entrañas de Mongolia para llevarse las materias primas

Hace cinco años que Alemania trabaja duro en Mongolia, un país exhuberante en materias primas como pocos. Sólo tiene dos fronteras, con Rusia y con China, pero Berlín ha llevado otra a través del BGR, su servicio geológico.

Es un caso de manual de eso que llaman “expansión” o “zonas de influencia” traídos al siglo XXI. El BGR ha elaborado una especie de “guía Michelín” de 322 páginas con los planos del tesoro: estaño, tungsteno, tántalo…

Los geólogos son la avanzadilla de las multinacionales mineras y petroleras. El BGR trabaja a pleno rendimiento en la región de los Grandes Lagos, en el corazón de África, donde su presencia no llama la atención tanto como las bandas paramilitares. Sin embargo, una cosa no se puede entender sin la otra.

Aunque el BGR depende del Ministerio de Economía y Energía, tiene otro pie en el de Asuntos Exteriores, al que ahora los imperialistas les gusta añadir, como en España, otra de sus etiquetas: Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación. Es la “ayuda al desarrollo” de los países más pobres, como Mongolia, sin ir más lejos.

El instituto alemán de “cooperación internacional” se llama GIZ y sus inversiones tampoco se consideran como exportación de capital sino como esos fondos que generosamente se entregan “a fondo perdido”, o sea, que es un dinero que no se recupera.

Pero quien dirige la orquesta en Mongolia son otras siglas más reconocibles, el BDI, la patronal alemana, y otros grupos monopolistas que se agrupan en la “Allianz zur Rohstoffsicherung” (Alianza para Garantizar el Aprovisionamiento de Materias Primas), entre ellos nombres tan sonoros de la industria alemana como BASF / Bayer, Aurubis (antes Norddeutsche Affinerie), Chemetall, BMW / Daimler, Bosch y Thyssen Krupp.

Las visitas de los monopolistas van precedidas y seguidas de las de los políticos, como Merkel (2011) y el mismísimo Presidente Gauck (2015) para ponerlo todo por escrito: pactos, protocolos, contratos, memorándums, tratados… Tras la visita de Gauck, Aurubis firmó un contrato de suministro durante 15 años de concentrados de cobre con la empresa mongola MAK garantizado por un préstamo del gobierno alemán.

En 2014 se abrió la Nailakh Engineering School, el centro de ingeniería más moderno de Mongolia con la tarea de “expandir la educación alemana” en el país asiático. Alemania se encarga de la parte educativa y Oyu Tolgoi, la mayor empresa minera de oro y cobre de Mongolia, pone la pasta.

Un 66 por ciento del capital de Oyu Tolgoi es del grupo monopolista minero Río Tinto, número dos del mundo; el resto es de Mongolia. En mayo del año pasado Río Tinto volvió a invertir otros 5.300 millones de dólares en la vasta cantera de Oyu Tolgoi que está a punto de convertirse en una mina subterránea.

En las minas se aprecia que los camiones T264 son alemanes, de la marca Liebherr, la competencia de los estadounidesnes Caterpillar y los japoneses Koimatsu. Su patrón,  Willi Liebherr, es un hombre cercano al Presidente de Mongolia. Hay más de 350 gigantescos camiones Liebherr circulando por las rutas desérticas de Mongolia y cada uno de ellos lleva sobre su espalda 240 toneladas de mineral.

Naturalmente que la Unión Europea respalda este saqueo a través de otra obra de caridad: el BERD (Banco para la Reconstrucción y el Desarrollo), convertido en el inversor extranjero más importante de Mongolia, o sea, en las minas de Mongolia.

El BERD ha prestado 1.200 millones de dólares a Río Tinto para que intensifique las extracciones en Oyu Tolgoi, todas ellas dedicadas íntegramente a la exportación porque en Mongolia todo llega de fuera y se va para afuera.

Naturalmente que Alemania no ha esperado la llegada de la Ruta de la Seda, pero su presencia en Mongolia forma parte del mismo plan. Está en Mongolia con el aval de Rusia y China. Un ramal del ferrocarril transiberiano ya enlaza Berlín con Ulan Bator, la capital mongola. Otro ramal saca las materias primas por los puertos costeros de China en el Pacífico.

El año pasado Deutsche Bahn, la Renfe alemana, transportó más de 40.000 contenedores por el transiberiano y quiere multiplicar el tonelaje para 2020. Uno de sus clientes es BMW, que funciona al revés de como creen muchos: envía piezas fabricadas en Alemania a su fábrica china de Shenyang.

http://gresea.be/spip.php?article1646

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Rusia recurre al dinero público para rescatar a uno de los mayores bancos privados

Ayer el Banco Central de Rusia anunció su decisión de rescatar el banco Otkritie, el octavo en tamaño dentro del escalafón de las finanzas privadas. Se ha convertido así en su principal accionista.

Recientemente informábamos de que, en menos de tres años, Rusia había cerrado la mitad de sus bancos pero, como es natural, la crisis del capitalismo es imparable en todo el mundo.

Otkritie se fundó en 1992 y tenía 3,6 millones de clientes. Desde hace dos meses la agencia rusa de calificación bursátil AKPA venía reduciendo la evaluación de sus acciones, hasta el punto de que el banco ya no podía trabajar con empresas públiccas ni con fondos de pensiones.

Lo mismo que en otros países, en Rusia el Estado interviene preventivamente para frenar la crisis de todo el capital financiero en su conjunto porque la banca es como los tres mosqueteros: la crisis de uno es la crisi de todos.

De ahí que el anunció oficial del Banco Central asegure que la medida trataba de “mejorar la estabilidad de la banca”, es decir, no de un banco sino de todos ellos.

El dinero público asegurará que un banco privado pueda seguir funcionando (casi) con toda normalidad, temporalmente, para lo cual hoy ha entrado en funcionamiento un nuevo consejo de administración con más burócratas que “emprendedores”.

El Estado se apodera del 75 por ciento del accionariado recurriendo por primera vez al fondo público de socorro a la banca creado en mayo, lo que ha impulsado al alza los valores cotizados en la bolsa de Moscú.

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La precariedad laboral siega la vida y la salud de los trabajadores

Leandro García Fernández trabajaba en la logística de una cadena de franquicias de pizzas. Levantaba manualmente entre 5.000 y 6.000 kilos al día, a veces durante 20 horas seguidas. El 1 de julio de 2015, se le diagnosticó una hernia discal entre las vértebras L4 y L5 como consecuencia del sobresfuerzo continuo. Se sometió a inyecciones, una resonancia magnética e infiltraciones, hasta que finalmente se le cedió el grado de discapacidad, inicialmente del 36 por ciento y que subió a un 47 por ciento en la última revisión médica.

Denunció a la empresa y tramitó la petición de “recargo de prestaciones”, para que se le proporcionase el 45 por ciento restante del cobro de la baja, ya que los menores de 55 años solo reciben el 55 por ciento de la base reguladora de la Seguridad Social.

La empresa no contaba con el Informe de Prevención de Riesgos Ergonómicos, que debería regular las cargas máximas de los trabajadores y demás aspectos relativos a la protección de la seguridad y salud laboral. Inspección de Trabajo resolvió la denuncia a favor de Leandro García y multó a la empresa con 9.000 euros, la cual recurrió la denuncia con la finalidad de retrasar los trámites lo máximo posible. A día de hoy, el trabajador sigue pendiente de juicio y cobrando el 55 por ciento de la baja correspondiente.

Este es uno de los múltiples casos que reflejan que la poca atención de las empresas a los riesgos laborales puede acabar afectando de por vida a un trabajador, sin llegar a los desenlaces más trágicos que acaban en fallecimiento.

Los últimos datos del Ministerio de Empleo del primer semestre de 2017 hablan de un total de 300 muertes por trabajo, 245 durante la jornada laboral y 55 in itinere. Los accidentes suman ya un total de 657.169, con un incremento de 17.765, un 2,7 por ciento, respecto al primer semestre de 2016, con una tendencia al crecimiento desde 2012.

Hay una clara relación de la reforma laboral de febrero de 2012 con el aumento de los accidentes de trabajo. Los síntomas se manifiestan en el auge de contratos por días y hasta por horas, las extensas jornadas de trabajo y los recortes en inspectores y medidas de prevención de riesgos laborales. La mayoría de incidentes ocurren con trabajadores con contratos muy breves, que carecen de formación sobre seguridad.

Pierden extremidades, son golpeados o aplastados por objetos o maquinaria, se precipitan al vacío, trabajan horas excesivas, padecen de estrés, dolores musculares o sufren infartos. Algunos casos son más sonados que otros, como el “accidente del trapecista” del festival Mad Cool, fallecido por un golpe de calor mientras asfaltaba en plena canícula o las protestas por la pésima situación laboral de “las kellys” o camareras de piso, pero la precariedad laboral es una realidad cotidiana para muchos trabajadores.

Estrés y ansiedad laboral

El aumento de la precariedad tiene como consecuencia directa la falta de inversión. Ha habido una reducción del 60 por ciento en inversión desde la aplicación de la reforma. Además, la negociación de convenios actual es extremadamente lenta e inefectiva para abordar este área.

La deplorable situación de muchos trabajadores conlleva estrés y ansiedad, patologías directamente relacionadas con infartos y enfermedades cardiológicas, principal causa de accidentes y fallecimientos en el trabajo pero cuyo diagnóstico se desvía con demasiada frecuencia.

Araceli Mateo Barreno lleva trabajando para una gran superficie comercial desde 1983, inicialmente como personal administrativo. En 2012, con motivo de la Ley de Dinamización de la Actividad Comercial de la Comunidad de Madrid que permitió libertad de horarios, se obligó a todos los empleados a trabajar domingos y festivos, lo que desencadenó en una huelga por parte de los empleados. Como respuesta, la empresa recolocó a Mateo en la sección de pescadería, aún sabiendo que tenía una protrusión discal.

El supermercado no contaba tampoco con el Informe de Prevención de Riesgos Ergonómicos y Mateo debía levantar pesos excesivos a diario. Como consecuencia, los dolores aumentaron y la protrusión derivó en una hernia discal.

En 2012 empezaron los juicios. Se le denegó la razón a la trabajadora y se calificaron las dolencias como “enfermedad común” y no relacionada con su puesto de trabajo. “Es la propia Seguridad Social, que supuestamente debe velar por la salud de los trabajadores, la que evita establecer filtros que asocien dolencias y accidentes a las condiciones laborales”, explica Araceli.

Finalmente, el Tribunal Superior de Madrid aprobó la demanda y está pendiente la resolución del Tribunal Supremo. “Una cosa es la ley y otra muy distinta, la realidad práctica”, añade en referencia a la Ley de Prevención de Riesgos Laborales.

Precisamente es en el comercio y en la industria manufacturera donde se concentra un mayor número de accidentes laborales. Pero los mayores incrementos en este año se han dado en la construcción y la agricultura.

El caso de Nati Carmona Hernández escenifica lo difícil que es convencer a una empresa de que debe adaptar el puesto de trabajo a las limitaciones físicas del trabajador. Carmona llevaba 13 años siendo oficial de jardinería en Móstoles. Hace tres años, empezó con quejas por escrito y petición de una adaptación de su puesto a su condición física: lesión en las cervicales y en el hombro derecho a causa del sobresfuerzo constante. A esto se suma el daño psicológico causado por su situación laboral.

Tras una evaluación de la Inspección de Trabajo, se certificó la necesidad de una adaptación para la trabajadora, que establezca limitaciones respecto al peso máximo que puede levantar o las maniobras que puede realizar. La empresa debe redactar un informe específico dirigido a Nati, todavía pendiente y sin fecha exacta de tramitación. “Las empresas son bastante reticentes a conceder adaptaciones y la falta de personal incentiva el aumento de accidentes laborales”, explica la trabajadora.


Empresas fuera de control

Estos casos ocurren en sectores bajo un cierto control. Pero aún es más complicado sortear los riesgos laborales en sectores donde se trabaja en la economía sumergida. En el sector de los cuidados, con las empleadas en un hogar, es casi imposible vigilar que se cumplen unas condiciones básicas de seguridad.

Muy pocos de estos casos salen a la luz. El 18 de agosto una trabajadora doméstica falleció en el domicilio donde trabajaba al caer dentro de un pozo. Con la ley de inviolabilidad de domicilios particulares, resulta muy difícil determinar los riesgos en el trabajo en hogares. Además, la falta de regulación y el carácter generalmente forzoso de estas actividades incentivan la precariedad. No hay convenios, no hay negociación ni hay información sobre seguridad. Mucho menos, opción a reclamaciones.

Como las personas que trabajan en las casas, la mayor parte de los accidentes laborales de trabajadores “en negro” se oculta, como se tapa su relación laboral y que de darse a conocer en su totalidad, hincharían bastante las cifras oficiales.

Casos trágicos como el del hombre que perdió un brazo al manejar maquinaria para la que no tenía formación en la panadería dónde trabajaba sin contrato, o el del trabajador sin papeles al que ofrecieron darse de alta en la Seguridad Social tras una amputación por un atrapamiento con una máquina de ignifugación son la punta del iceberg. La contratación ilegal afecta especialmente a mujeres e inmigrantes sin papeles, sectores más vulnerables en los que la mayoría de accidentes y fallecimientos quedan en el anonimato.

http://www.eldiario.es/economia/accidentes-trabajo-ministerio_0_678582350.html
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¿Corre Wall Street hacia su inminente desastre?

Si el “ladrillo” (especulación inmobiliaria) arrastró al capital financiero por los suelos, hay otro “ladrillo” mucho peor a la vuelta de la esquina y a punto de reventar: el de las acciones de los grandes monopolios internacionales.

La cotización en bolsa de las acciones de las grandes multinacionales no tiene nada que ver con sus beneficios reales; son precios absolutamente inflados por la especulación. Marx diría que su valor no tiene nada que ver con su precio (valor de mercado) y, coo siempre, se acabará imponiendo el primero sobre el segundo.

Desde que hay índices bursátiles se sabe que cada vez que la cotización se dispara, el desplome llega inmediatamente después. En Wall Street el índice S&P500 se ha multiplicado por 3,7 desde 2009, favorecido por una política monetaria de la Reserva Federal de bajos tipos de interés a largo plazo.

Las multinacionales incluídas en dicho índice cotizan a unos valores que multiplican por 15 los beneficios aproximadamente, lo que no parece excesivo a primera vista si no se tiene en cuenta que estamos hablando de un plazo de tiempo de 8 años.

La relación entre la cotización y los beneficios se mide por el índice PER, que es bastante engañoso. Para corregirlo, el Premio Nóbel de Economía Robert Shiller elaboró otro diferente que depende del ciclo económico, es decir, no tiene en cuenta tanto los beneficios anuales como la inflación y, sobre todo, el promedio de beneficio en los últimos diez años.

Pues bien, teniendo en cuenta la corrección de dicho índice, el desfase entre la cotización en bolsa de los grandes monopolios y sus beneficios se duplica, alcanzado un 30, lo que en el siglo pasado en Wall Street sólo se logró en dos ocasiones.

La primera fue en el famoso hundimiento de 1929 que marcó el inicio de la Gran Depresión y la segunda a finales de los noventa, cuando el PER corregido llegó hasta 44, su máximo registro histórico.

En el máximo de 1987 que precedió al “lunes negro” del mes de octubre, con una caída del 23 por ciento del Dow Jones, el PER corregido fue de sólo un 18, muy parecido al actual. La serie histórica se puede ver en el siguiente gráfico:

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La guerra comercial entre Estados Unidos y China es la antesala de la guerra de verdad

Para evitar una catástrofe económica sin parangón en la historia, a finales del mes que viene el Congreso de Estados Unidos deberá aprobar una ley para ampliar el techo de deuda pública. Si no se amplía, Estados Unidos no podría pagar sus gigantescas deudas; iría a la quiebra de manera inmediata y arrastraría consigo a una buena parte de las finanzas mundiales, el desplome de las bolsas…

Pero los diputados no se ponen de acuerdo. En la Casa Blanca son partidarios de una expansión neta de la deuda, es decir, una anulación -que califican de temporal- del techo de deuda; algunos congresistas se oponen y pretenden un alza del techo hasta un cierto nivel.

Son distintas formas de anunciar la quiebra y de disolver sus efectos en el tiempo. Trump ha cancelado sus vacaciones, pero no para enfrentarse al problema sino para abordar el verdadero problema de fondo, la guerra comercial con China, que asume distintos formatos según el momento.

Ahora el formato es que China roba (a Estados Unidos) los derechos de propiedad intelectual; China responde que eso no es más que un instrumento de presión para que ellos -a su vez- presionen a Corea del norte.

Según la explicación simplista de Trump, China fabrica mercancías (“reproduce” son sus palabras exactas) con técnicas industriales estadounidenses, y luego las revende en Estados Unidos a precios muy bajos. Las exportaciones “made in USA” se reducen y las importaciones aumentan, el déficit exterior crece…

Si la cosa se pone fea, Estados Unidos recurrirá a la guerra comercial y las barreras arancelarias causarán a China un perjuicio económico que en Washington estiman -muy alegremente- en 600.000 millones de dólares. Naturalmente, la cifra es muchísimo más elevada, indicador de una gran catástrofe que ni siquiera son capaces de imaginar en sus peores pesadillas.

La Comisión Americana sobre Robo de Propiedad Intelectual calcula que las pérdida a causa de las falsificaciones chinas, pirateo informático y robo de secretos industriales alcanzan cotas comprendidas entre los 225.000 y los 600.000 millones de dólares. Según dicen, China es responsable del 87 por ciento de las mercancías  pirateadas o falsificadas que llegan a Estados Unidos.

Lo de menos es si eso es cierto o algo parecido a las “armas de destrucción masiva”; tampoco interesa saber si los datos están inflados o no. En cualquier caso es capitalismo en su más puro estado, competencia, un terreno que Estados Unidos ha perdido desde hace tiempo. Ya no les interesa la “globalización”, ni el “neoliberalismo”, ni el libre mercado, ni la Organización Mundial de Comercio.

Si Estados Unidos inicia una guerra comercial con China, los mayores perjuicios serán para los grandes monopolios estadounidenses, como Apple, que ensamblan sus mercancías en China para venderlas en Estados Unidos. Pero hay otros capítulos muy alejados de las nuevas tecnología en los que China ha liquidado a la competencia mundial: la mitad de la soja que se consume en Estados Unidos procede de China.

Ante tal situación, en Pekín han quedado los últimos defensores del librecambismo y de los viejos principios de la Organización Mundial de Comercio. Pero si no es posible triunfar con el librecambismo, dicen en Pekín, triunfaremos con el proteccionismo exactamente igual; tomaremos contramedidas.

A la vista aparece el fantasma de una drástica reducción del comercio internacional, uno de los pilares que han fundamentado el raquítico crecimiento del capitalismo desde 1945 en todo el mundo. No hay más que analizar la situación económica de Japón, en otro tiempo paradigma de que el capitalismo podía obrar milagros. Desde finales de los ochenta es una foto fija, la del estancamiento y la del fracaso de todos los remedios puestos en funcionamiento para salir del atasco, el último de los cuales lo dice todo: el lanzamiento en cantidades infinitas de dinero fiduciario.

La guerra comercial es, por lo demás, la antesala del otro tipo de guerra, la de verdad. Por eso los chinos tienen razón cuando la relacionan con Corea del norte. Lo uno conduce a lo otro.

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La banca francesa teme un levantamiento de la clase obrera en los países de la OCDE

El economista jefe del banco Natixis manifiesta su temor sobre un levantamiento de la clase obrera a causa de la creciente desigualdad y el reparto desigual de la riqueza en los países de la OCDE (*).

El informe se publicó el 18 de agosto y su primer firmante, Patrick Artus, es director de investigación del centro de estudios de la filial de BPCE. Desde las primeras líneas alerta a los inversores de una “revuelta de los asalariados” y de las consecuencia de una reducción de las inversiones a causa de ello.

Por una vez, el informe no es el típico análisis anodino que los técnicos al servicio del capital financiero publican periódicamente para dar muestras de que es imposible sacarles de la sobredosis de cifras con la que encubren su ignorancia.

El encabezamiento es ya una declaración de alarma: “¿Se puede producir una ‘revuelta de los asalariados’?” El foco de atención ya no son las tasas de interés, los índices de inflación o el “quantitative easing”. El lenguaje ha cambiado. Al capital financiero le empieza a preocupar la pobreza galopante, el paro o el ascenso de los índices de malestar.

¿Se levantarán los asalariados contra el reparto desigual de la renta?, ¿protestarán contra la pobreza, los elevados beneficios y el estancamiento de las rentas reales? Son las cavilaciones que los sicarios del capital financiero transmiten a sus jefes, muy diferentes, como ven, de la perpetua desmoralización con la que nos inundan los oportunistas.

Los gráficos ilustran al lector de que el capital ya ha arrojado a la calle todo el combustible necesario para que se produzca un incendio de grandes proporciones que, inevitablemente, se producirá más bien pronto que tarde.

(*) https://research.natixis.com/GlobalResearchWeb/main/globalresearch/viewdocument?id=rjugQliw612SREbMAza60g==
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Comienza el juicio del año en Moscú: un oligarca ocupa el banquillo

La prensa (incluida la rusa) asegura que Alexei Uliukaiev, que el miércoles (pleno mes de agosto, vacaciones) debutaba en los banquillos (de los tribunales) de Moscú, es un prototitpo del burócrata apolillado de los tiempos soviéticos. Lo cierto es que llegó al Ministerio de Economía en 1991, en los tiempos de Yegor Gaidar, el “gran reformador” de los gobiernos de Yeltsin, el hombre -hoy desacreditado- que completó la transición (del socialismo al capitalismo) o, mejor dicho, que casi subasta Rusia a los monopolios occidentales (en lugar de crear los propios).

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Moscú responde a las sanciones alejándose del sistema financiero de Estados Unidos

Rybakov, viceministro ruso de Asuntos Exteriores
Ante la guerra comercial desatada por Estados Unidos, Rusia ha decidido reducir su dependencia del dólar y del sistema de pagos del país norteamericano.

“Aceleraremos, por supuesto, las tareas de sustitución de importaciones, y reduciremos nuestra dependencia de los sistemas de pago de Estados Unidos, del dólar como moneda de pago, etcétera. Esto está adquiriendo una importancia vital”, dijo la semana pasada el viceministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguei Riabkov.

En declaraciones a la agencia estatal de noticias RIA Novosti, Ribakov denunció que Estados Unidos “usa su papel preponderante en el sistema monetario y financiero para imponer presiones a negocios extranjeros, incluidas las compañías rusas”.

Estas palabras siguen a la publicación, en Moscú por el diario local Rosiyskiy Dialog, de un artículo señalando la posición de fuerza de Rusia frente a Estados Unidos por su supuesta capacidad de hacer colapsar el dólar estadounidense como divisa internacional.

Todo ello, debido a la necesidad de reaccionar al reciente lanzamiento por el Congreso de Estados Unidos de duros embargos a Rusia (junto a Irán y Corea del norte), que podrían tener un grave efecto no sólo sobre la economía rusa, sino también sobre intereses de Europa occidental.

Tras responder con una reducción del personal diplomático estadounidense desplegado en Moscú y la confiscación de algunos inmuebles, la orientación de la réplica al ámbito monetario y financiero no es nueva: Rusia ya empezó a usar en 2015 un sistema nacional de pagos, el Mir, creado tras dejar MasterCard de prestar servicios sin previo aviso a siete bancos rusos.

La empresa de calificación de riesgos Standard & Poor’s ha estimado que las “sanciones” estadounidenses —justificadas por una supuesta injerencia de Moscú en las presidenciales estadounidenses del año pasado y en razón de la crisis de Ucrania— ha decidido por el momento no modificar su evaluación de la deuda soberana ruso.

http://www.es.awdnews.com/pol%C3%ADtica/mosc%C3%BA-replica-a-sanciones-alej%C3%A1ndose-de-sistema-financiero-de-eeuu
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La Unión Europea se prepara para una quiebra generalizada de todo el sistema bancario

Diez años después del desplome financiero de Lehman Brothers, con la entrega de cientos de miles de millones de dinero público a la banca a fondo perdido, la Unión Europea se prepara para una bancarrota generalizada del capital financiero.

Los planes de rescate no han servido para nada; ni siquiera han ganado tiempo. Los más grandes, sobre todo el Deutsche Bank, están a punto de hundirse y ya no hay más dinero que entregarles. El caso reciente del Banco Popular demuestra que no habrá más rescates.

El 28 de julio la agencia Reuters publicó un artículo titulado “La Unión Europea planea una congelación de las cuentas bancarias para prevenir el pánico por los bancos en dificultades”. El New York Timers habla de “colapso” del capital financiero europeo.

Desde comienzos de este año la Unión Europea prepara un plan para bloquear las cuentas corrientes en caso de que se desate el pánico entre los clientes, que no podrán sacar ni un céntimo del dinero que tengan depositado en los bancos por un periodo de cinco días, prorrogables por otros 15 más.

En el capitalismo es muy fácil acertar en todos los pronósticos; basta con hacer lo contrario de lo que enseñan en las facultades de economía: apostar por la quiebra siempre. Por lo tanto, los lectores deben empezar a visualizar lo que les ocurrirá cuando no puedan sacar su dinero del banco, ni acudir a los cajeros automáticos, ni utilizar sus tarjetas de crédito. Ni siquiera podrán pedir limosna pra coger el autobús porque nadie tendrá dinero contante y sonante.

Si creen que eso es ciencia ficción, no tienen más que recordar a Argentina, o a Chipre, o a Grecia. Si Ustedes han creído por un momento que el dinero que tienen en el banco es suyo, están totalmente equivocados: lo que tienen es un derecho de crédito contra el banco, es decir, Ustedes unos acreedores más. Para cobrar pónganse a la cola junto con los otros.

¿Confían Ustedes en que los depósitos están asegurados hasta los primeros 100.000 euro? En efecto, tienen razón, pero eso no les garantiza nada: en toda Europa no hay suficiente dinero, ni público ni privado, para garantizar el pago de esos depósitos.

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Las sanciones que impone Estados Unidos son papel mojado

Darío Herchhoren

Ambas cámaras del Congreso de los USA, han aprobado una serie de sanciones contra la Corea Popular, contra Irán y contra Rusia, en un nuevo «round» de la pelea entre Trump y el complejo militar industrial.

Si tenemos en cuenta las nulas relaciones económicas entre los USA y Corea e Irán, llegmos a la conclusión de que «perro ladrador poco mordedor». En cuanto a Rusia, sus relaciones económicas con los USA son muy escasas, y por lo tanto a Rusia, todo eso le hace cosquillas en términos de producir daños a la economía rusa. Es decir que en realidad son un brindis al sol. No pueden hacer mal. Se trata de una simple declaración sin capacidad alguna de agredir.

Ahora bien, cabe la pregunta de para qué entonces se aprueban por Estados Unidos sanciones que saben en realidad que no sirven para nada.

La pregunta no es retórica, y nos obliga a calar un poco más hondo para entender. Se trata de una patada a Corea Socialista, a Irán y a Rusia, pero en el culo de la Unión Europea. Esta es realmente la destinataria del mensaje.

Alemania que es reconocida por todos como la «locomotora» de la Unión Europea, necesita las materias primas de Rusia, y en especial sus hidrocarburos: el crudo y sus derivados y sobre todo el gas licuado para alimentar a sus industrias. No en vano, el ex primer ministro socialdemócrata de Alemania Gerhard Schroeder, es un alto ejecutivo de la gasística Gazprom en Moscú.

La principal perjudicada de las sanciones económicas a Rusia es sin dudarlo la Unión Europea, que ha sido siempre el niño obediente de Estados Unidos. Pero Estados Unidos han ido perdiendo fuerza sobre todo a manos de China y Rusia, que son potencias de primera línea. Rusia le ha «ganado» la guerra a Estados Unidos en Medio Oriente, y se ha producido un hecho de enorme importancia estratégica, que es la cooperación militar de Rusia con Siria, Irak, Líbano e Irán. Esto cambia el tablero del mundo, e inclina el fiel de la balanza contra Estados Unidos.

China, a raíz del abandono de Estados Unidos del tratado de libre comercio del Pacífico, ha pasado raudamente a llenar ese espacio, y hoy es la gran potencia económica y militar del Pacífico y también del Índico. Todo esto indica que en realidad es la Unión Europea dentro del área de influencia del espacio Otan UE (que son más o menos lo mismo) quien puede disputarle la hegemonía en la zona, y Estados Unidos lo sabe.

La reacción no se ha hecho esperar, y Alemania y Jean Claude Junker, presidente de la Comisión Europea han manifestado en forma airada, que no cumplirán las sanciones impuestas mientras ellas les perjudiquen.

Como prueba del enorme perjuicio que la aplicación de las sanciones a Rusia le producen a España, daremos una información tomada del Ministerio de Transportes y del Ministerio de Comercio españoles: España tiene aproximadamente un millón de camiones de gran tonelaje, que pueden cargar 50 toneladas métricas cada uno, de los cuales 250.000 llevan alimentos a Rusia, y Bielorrusia ¡por día!. Eso España lo ha perdido en beneficio de Alemania y sobre todo de Turquía.

Pero como España dirigida por el obediente Rajoy es el «buen chico» de Estados Unidos, de la Otan y de Angela Merkel, cumple escrupulosamente  sus «obligaciones» de socio leal a esos poderes.

Esta información que acabo de extraer de los medios oficiales nos lleva a plantearnos otras cuestiones como el uso del ferrocarril para el transporte de mercancías, infinitamente más barato que el transporte por carretera, y nos muestra una cara más de la dependencia española a los intereses transnacionales: cada camión transporta dijimos 50 toneladas, y un vagón de carga de ferrocarril transporta el mismo tonelaje. La diferencia es que un camión de carga necesita un motor de 500 caballos, y una locomotora diésel eléctrica, con un motor de 5000 caballos puede arrastrar entre 50 y 60 vagones, es decir lo que llevarían 50 o 60 camiones, sin necesidad de tantas carreteras, sin atascos, y a un coste mucho menor. Pero hay que contentar a las grandes multinacionales fabricantes de camiones, a las petroleras, a los fabricantes de neumáticos (ninguno de ellos español). Como conclusión debemos decir que Estados Unidos, se va quedando sin socios y que España es en realidad una semicolonia, que lucha por su soberanía solo con Cataluña.