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En Islandia el Estado arrebata a los bancos la emisión de moneda

El Primer Ministro de Islandia ha encargado un informe titulado “Un sistema monetario mejor para Islandia” que recomienda que el Estado tome la riendas de la emisión de moneda en el país, una facultad que ahora está en manos de los bancos privados.

El estudio analiza que desde 1875 la Isla ha conocido 20 crisis bancarias, de las que seis se califican como grandes, que se producen cada 15 años aproximadamente. Los bancos centrales no han mostrado capacidad para controlar el crédito, lo que ha disparado la inflación, la asunción excesiva de riesgos y la especulación, debilitando a los bancos y conduciendo a costosas intervenciones del Estado.

El estudio asegura que los bancos comerciales en Islandia han creado alrededor de un 91 por ciento del dinero en circulación, frente al l9 por ciento del banco central islandés. Los investigadores plantean que ahí reside un problema de democracia, a saber, que el poder de creación de moneda aparece separado del poder de decidir cómo se utilizará esa moneda.. Del mismo modo que en la elaboración del presupuesto público, el Estado tiene que debatir la propuesta del gobierno sobre el reparto de la nueva moneda que se emita.

En sus conclusiones aseguran que es sorprendente que aún no se funcione de esa manera y que se haya concedido a los bancos el poder de emitir la moneda del país.

Las corrientes monetaristas tan en boga sostienen que la emisión de moneda se ha confiado a los bancos centrales, concebidos como “independientes” del gobierno pero en manos de unos burócratas propensos a defender los intereses de los bancos privados y el sector financiero, en general. La moneda, dicen, es un problema de democracia porque muchas veces se ha convertido en materia del debate político, oponiendo a dos campos diferentes. Pone el ejemplo de Estados Unidos hace un siglo y el del gobierno japonés de Shinzo Abe.

El informe defiende el cartalismo como base de la reforma monetaria de Islandia. Es una vieja teoría económica burguesa expuesta hace un siglo por el economista alemán Georg Friedrich Knapp que, como conseciencia, de la crisis vuelve al primer plano.

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En el imperialismo el tamaño tampoco lo es todo

Juan Manuel Olarieta

Los imperialistas, decía Lenin, se reparten el mundo según su fuerza, su influencia y su poder. En las sociedades por acciones ocurre lo mismo. No existe el principio “un accionista, un voto” sino que tienes tantos votos como acciones. No votan los accionistas sino las acciones.
Pero si en una empresa capitalista las acciones son una forma de medir la fuerza de cada accionista, en el mundo eso no está tan claro. ¿Quién es el más fuerte?, ¿aquel cuyo PIB es mayor?, ¿el que exporta más?
Bajo el imperialismo la fuerza no es sólo económica sino también militar. Pero a esa tesis también se le puede dar la vuelta: la potencia dominante es aquella que tiene un ejército más poderoso y se lo puede pagar. No basta tener muchos tanques sino que es necesario llenarlos de gasolina para que funcionen. El pez grande no siempre se come al pequeño. La historia conoce casos de grandes ejércitos que acabaron derrotados frente a otros más pequeños.
Un ejército pequeño bien parapetado en un punto estratégico puede hacer frente a uno más grande. También puede crecer y superar en tamaño a su rival.
Pero aunque es importante, el tamaño tampoco lo es todo, ni en el terreno económico ni en el militar. En última instancia, la potencia de un ejército sólo se puede medir en el campo de batalla. Mientras ese momento no llegue, los rivales nunca ceden el terreno por las buenas al contrario. Se aferran a las posiciones que tienen adquiridas.
Es lo que está haciendo hoy Estados Unidos. Desde hace cinco años el Congreso bloquea la reforma del Fondo Monetario Internacional porque es una institución que manejan cómodamente desde la posguerra. Pero 60 años después la correlación de fuerzas en el mundo ha cambiado. Los grandes han decrecido y los pequeños, como China, se han hecho mayores. Quieren tener más votos en las reuniones. y los mayores se resisten.
Los orientales son pacientes, pero no tanto. Si no pueden entrar por la puerta, entran por la ventana. Si el Fondo Monetario Internacional no refleja la nueva correlación de fuerzas, crean uno nuevo y lo llaman Banco Asiático de Inversiones en Infraestructuras.
Este Banco se creó en octubre del año pasado y ahora China ha puesto encima de la mesa 50.000 millones de dólares, una cantidad que parece poco frente a los 223.000 millones del Fondo Monetario Internacional. Es una comparación engañosa. El Fondo tiene mucho dinero pero muchas más necesidades. El dinero del Fondo no es tanto como parece porque se trata de una institución agobiada por los mendigos que le piden cada vez más préstamos. En fin, hace años que el Fondo parece haber llegado a su máximo.
Por el contrario, al Banco Asiático se han unido ya 27 países que están hartos del chantaje permanente de Estados Unidos y los préstamos del Fondo. Pero lo más interesante es analizar quiénes son esos 27 países que han entrado en el proyecto, porque es posible que la etiqueta de “asiático” que lleva el Banco le de un aire regional que no tiene. Sobre todo, hay que tener en cuenta que hoy el centro de gravedad del capitalismo ya no está en Wall Street, ni en la City, ni en Frankfurt. Está en el Pacífico.
En paralelo hay más detalles imprescindibles a tener en cuenta. Uno de ellos es que Estados Unidos está impulsando el TTIP, el Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones, para dejar a China fuera de juego hasta tal punto que exigió a los países europeos, y en particular al Reino Unido, que no se sumaran al Banco Asiático.
En consecuencia, el TTIP y el Banco Asiático son proyectos rivales y el primer país europeo que ha hecho caso omiso a las exigencias de Estados Unidos ha sido su más fiel socio, Inglaterra, que ha corrido a entrar en el Banco Asiático como socio fundador. Todos los países se han apresurado para hacerse un hueco en el nuevo Banco como fundadores, un plazo que acabó ayer. A Estados Unidos le han traicionado todos y cada uno de sus socios, incluidos los más serviles. Australia es otro ejemplo, pero también Alemania y Francia.
Hasta Suiza se ha unido al nuevo Banco. En el comunicado de adhesión como socio fundador, los suizos dicen: “El Banco [Asiático] tiene el potencial para convertirse en una importante parte nueva de la arquitectura financiera internacional y desempeñar un papel clave en la financiación de una infraestructura urgentemente necesaria en Asia”.
La sede de la nueva criatura financiera no está en Nueva York, ni en Ginebra, ni en Londres, sino en Pekín. No sólo se postula como una alternativa al Fondo Monetario Internacional, sino también al Banco Mundial y al Banco Asiático de Desarrollo, controlado por Tokio y Washington.
En su descomposición, el capitalismo es cada vez más una economía financiera, es decir, de papel, préstamos, deudas, acciones y billetes, por un lado, y de oro, por el otro. En esa carrera el dólar se está quedando arrinconado y con él la potencia que lo emite: Estados Unidos. En la medida en que la exportación de capitales se haga en divisas como el yuan, los demás países dejarán de pagar las ingentes deudas de Estados Unidos y, por lo tanto, los gastos que conlleva su hegemonía. Tendrán muchos tanques, pero no podrán llenar sus depósitos de gasolina.
A partir de hoy los papeles se escribirán en caracteres chinos.
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Las colas del hambre en Cádiz

Es una foto tomada en la provincia de Cádiz, pero podría ser en cualquier otra provincia o ciudad de Andalucía y el resto del estado.
Mientras los partidos tradicionales tratan de centrar el debate político en lo que ocurre a miles y miles de kilómetros del estado español, mintiendo, manipulando y engañando descaradamente sobre la realidad de aquellas tierras, y los grandes medios incluso mandan a sus reporteros a hacer programas-show en los cuales mostrar todo lo que de negativo pueden encontrar -y deformar de forma sesgada- en esas tierras, las imágenes de las diversas “colas del hambre” y otras muchas similares que a diario se dan en este estado, son ocultadas de forma sistemática.
Esto es solo un ejemplo de los miles que se podrían citar y todo el inmenso material que los medios podrían encontrar, si quisieran, para hacer un programa sobre la “Tierra hostil” que es hoy para millones de persona el estado español.
El hambre, el desempleo, la marginación social, la pobreza, los desahucios, son el pan nuestro de cada día. Por eso mismo a los medios del capital les interesa tanto que se hable -y se mienta- sobre Venezuela.
Pero estas imágenes, que no lo duden, aunque no salgan en Antena 3, El País o el ABC, están en la mente de quienes las ven, las sufren y las viven a diario. Y eso no pueden ocultarlo ni con un millón de mentiras sobre Venezuela.
Fuente: http://www.larepublica.es/2015/03/las-fotos-de-tierras-hostiles-que-la-prensa-espanola-oculta-las-colas-del-hambre-en-cadiz/
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Alemania necesita 500.000 inmigrantes al año para completar su fuerza de trabajo

En el futuro el capitalismo alemán necesitará recibir más de medio millón de inmigrantes al año para cubrir sus necesidades de mano de obra, según un estudio del Instituto de Estudios sobre el Mercado Laboral encargado por la Fundación Bertelsmann.
Según el informe, la inmigración neta anual debería ser de 533.000 obreros para poder llenar el vacío que dejará la generación de trabajadores nacida en los años 50 y 60 al jubilarse.
El año pasado Alemania se aproximó a esa cifra al tener una inmigración neta de 470.000 personas. Sin embargo, el promedio de esa inmigración en los últimos 60 años ha estado en torno a las 200.000 personas al año.
El estudio calcula que, sin inmigración, el número de obreros en edad de trabajar baje en un 36 por ciento en los próximos 35 años: de los 45 millones actuales a 36 millones en 2050. Para cubrir esas pérdidas no bastará sólo con un aumento de la participación de las mujeres en el mercado laboral ni con una elevación de la edad de jubilación.
Incluso en el caso improbable de que hasta 2050 la participación de las mujeres en el mercado laboral fuera igual a la de los hombres y que la edad de jubilación se subiera a los 70 años, sólo se conseguiría un aumento de 4,4 millones de personas en edad de trabajar (la mitad del recorte estimado).
Si el capitalismo logra salir de la crisis, la reducción de la población en toda Europa hará que disminuya el atractivo de ir a Alemania, lo que hará difícil mantener el nivel de la inmigración llegada de otros países europeos (300.000 personas en 2013).
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Stalin en el nuevo orden mundial impuesto por el dólar

El 16 de marzo la revista rusa Zavtra publicó un largo artículo del profesor Valentin Katasonov, del Instituto de Relaciones Internacionales de Moscú (МГИМО), sobre la conferencia celebrada en 1952 en la capital soviética para contrarrestar los planes económicos que el imperialismo puso en marcha en la posguerra, fundamentalmente los acuerdos de Breton Woods y el Plan Marshall.
La exposición que de aquella conferencia hace Katasonov tiene un sorprendente parecido con la actualidad. También en 1952 muchos países volvieron sus miradas hacia Moscú frente a las imposiciones financieras del imperialismo. Más en concreto, varios países, especialmente del Tercer Mundo, llamaron a las puertas de Consejo de Ayuda Mutua Económica, que fuera del bloque socialista se conoció con la siglas COMECON o CAME. Se trataba de crear una unión aduanera de varios países encabezada por la URSS.
En el otoño de 1951 los países miembros del COMECON y China declararon que era inevitable la colaboración los países que no quisieran caer en las redes financieras del imperialismo, para lo cual convocaron la conferencia de Moscú a través de los delegados soviéticos en la ONU. Además de los países socialistas y otros en vías de desarrollo, también participaron delegados de Suecia, Austria, Irlanda e Islandia por medio de sus ministros de asuntos exteriores o de comercio internacional.
La conferencia se celebró en Moscú del 3 al 12 de abril de 1952 con el propósito de contrarrestar la expansión política y económica de Estados Unidos y crear un mercado común de mercancías, servicios e inversiones. En los debates participaron 680 delegados en representación de 49 países, además de hombres de negocios y expertos. India envió 28 delegados y Argentina e Indonesia 15 cada uno.
Tras las discusiones y hasta finales del mes de abril, se firmaron en Moscú más de 60 acuerdos comerciales, de inversiones y científico-técnicos con una duración de tres a cinco años. De ellos 19 fueron firmados por la URSS. Otros comprometían a otros países socialistas, a países socialistas con países en desarrollo, a países capitalistas, a bancos internacionales y a grandes empresas.
Los principios que guiaron la firmna de aquellos acuerdos fueron las facilidades aduaneras y precios favorables para las mercancías de los países en desarrollo, condiciones mutuas más favorables en materia comercial, crediticia, de inversiones de capitales, al cooperación científica y técnica, los acuerdos políticos en pie de igualdad en las organiozaciones económicas internaacionales, así como en el plano mundial, la posibilidad de trueque para saldar deudas, los acuerdos mutuos sobre precios y la exclusión del dólar de todo tipo de transacciones.
En resumen, en 1952 nació en Moscú un mercado mundial al margen del dólar que reunía a países socialistas, países en desarrollo y otros plenamente capitalistas. Las propuestas de Stalin en la conferencia llegaron hasta Inglaterra, donde un comunicado informó: “En Londres se acaba de crear una sociedad llamada ‘Sociedad Internacional por Acciones’ de hombres de negocios que ponen en marcha los acuerdos comerciales firmados por los delegados ingleses que asisitieron a la conferencia internacional que se celebró en Moscú en abril de 1952”.
El primer presidente de esta empresa fue Sir Boyd Orr, que dirigió la delegación inglesa en la conferencia. La Sociedad declaró que su objetivo era “estimular y facilitar la entrada en vigor de los acuerdos comerciales firmados tras la conferencia económica celebrada en Moscú en 1952 y de todos los acuerdos del mismo tipo que se firmarán en el futuro. Todas las rentas y bienes de la empresa se consagrarán exclusivamente a alcanzar este objetivo”.
Según los archivos, en el otoño de 1952 Stalin estuvo reclamando continuamente información relativa a los planes y proyectos comerciales de los países, empresas y bancos extranjeros relacionados con la URSS, el COMECON y la República Popular de China, así como publicaciones, libros, comentarios de radio de los países capitalistas sobre este asunto. También se interesó por el ritmo y la gama de exportaaciones industriales de Occidente hacia los países en desarrollo y las solicitudes de éstos en materia de préstamos, inversiones y productos acabados.
Con el apoyo de todos los países socialistas, excepto Yugoeslavia, la conferencia fue un primer paso de la URSS para crear un nuevo orden económico a escala regional, junto con los países en vías de desarrollo y algunos países capitalistas, como Finlandia. La última participación de Stalin fue en la Conferencia de la Comisión Económica de la ONU para los países de Asia y Extremo Oriente que se reunió del 23 de febrero al 4 de marzo de 1953 en Manila, la capital de Filipinas.
Esta conferencia también se celebró a iniciativa de la URSS, con el apoyo de China, Mongolia, India, Irán, Indonesia, Birmania y Vietnam del norte. Las propuestas soviéticas recibieron el apoyo de la mayoría de los particpantes, que representaban a 20 países. Según las cláusulas finales de la conferencia, se trataba de crear un régimen de libre comercio en Asia y en la cuenca del Océano Pacífico al margen del dólar. Para ello, en sus intercambios los países introducirían una unidad de cuenta nacional.
Tras la conferencia de Manila, más de 10 Estados firmaron contratos comerciales y de inversiones con la URSS. El 2 de marzo, Stalin personalmente informó a la delegación soviética de algunos detalles exitosos de la conferencia, entre ellos que a lo largo de aquel año 1953, a iniciativa de la URSS se celebrarían fórums regionales intergubernamentales análogos de los de Manila en una serie de regiones del mundo y más concretamente en Teherán para Oriente Medio, en Addis-Abeba para África, en Buenos Aires para América Latina y en Helsinki para Europa.
La propuesta no se llegó a concretar por la muerte de Stalin pocos días después. Nadie en el Kremlin se volvió a acordar de aquellos proyectos y, lo que es peor, tanto los dirigentes soviéticos como los de los países del COMECON olvidaron aquellos principios establecidos por Stalin en materia de comercio internacional. En particular, la URSS y los países socialistas optaron, de manera casi exclusiva, por los acuerdos bilaterales con los países en vías de desarrollo, basados en la afinidad ideológica y política.
Es más, a partir de los años sesenta la URSS comenzó a suministrar energía y materias primas  a Occidente a buen precio. El COMECON siguió funcionando hasta mediados de los años setenta, es decir, hasta el momento en el que la URSS se convirtió en un suministrador de materias primas únicamente y, en particular, petróleo y gas. En tiempos de Stalin, los países del COMECON se habían especializado en determinados sectores productivos en función de su experiencia histórica, su situación geográfica, sus condiciones naturales y las exigencias en materia de seguridad. Dentro del COMECON la URSS se reservó un lugar particular, considerando que debía disponer de una gama completa de sectores económicos y no especialilzarse exclusivamente en la producción de petróleo, gas natural o materias primas con destino a otros países del COMECON.
Cuando se creó el COMECON en 1949 en Moscú, Stalin insistió a los países miembros en que la demanda de petróleo, gas y otras materias primas industriales y energéticas, iba a crecer en sus respectivos países y que la URSS se comprometía a suministrarlas en condiciones vetajosas. Sin embargo, añadió Stalin, cada país dispone de tales recursos, mencionando especialmente a Rumanía y Albania. Aunque su importancia sea menor que en la URSS, los países socialistas debían aprovechar al máximo sus propias materias primas y sus propios recursos energéticos. Debían llevar a cabo nuevas prospecciones porque la construcción de largos oleoductos desde la URSS hasta Europa oriental sería cara y dilatada. Eso les haría dependientes de los suministros soviéticos y, además, descuidarían sus propios sectores de prospección y transformación. Si la URSS tuviera problemas temporales de producción o transporte, o si las necesidades de los demás explotaban, podrían acusar a la URSS de haber interrumpido los suministros y pedirían aún más cantidad.
Stalin les recomendó que diversificaran los medios de transporte de materias primas en sus propios países, que no tuvieran en cuenta sólo uno de ellos, como los oleoductos. Los depósitos de carburantes no pueden aumentar como los champiñones tras la lluvia, sino que debían adecuarse a las necesidades del momento. De esa manera, concluía Stalin, cada cual dependerá de su sistema de gestión de la energía, del sistema de prospección geológica y utilizará sus propios recursos.
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Grecia se endeudó para comprar armamento a Alemania

Marco Antonio Moreno

Mientras Grecia ha sido forzada a aplicar recortes masivos en los salarios, las pensiones y el gasto público, las presiones de la Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo para que no retarde sus pagos a los proveedores de armamentos, está conduciendo al país a un empobrecimiento sistemático. Grecia es el país que más gasta en armas en Europa y durante décadas su gasto militar fue el segundo más alto de la OTAN (solo detrás de Estados Unidos). Desde la crisis que estalló en 2008 el presupuesto en defensa se ha reducido de los 7.500 millones de euros de 2009, a 5.500 millones de euros en 2014, cuando la relación gasto militar/PIB se redujo al 2,3 por ciento y Grecia, por primera vez, ocupó el tercer lugar en gasto militar tras Estados Unidos y el Reino Unido.
Antes de la crisis, el gasto militar de Grecia llegaba al 4 por ciento del PIB, y era, de lejos, el más alto de Europa. La media para los países europeos está en el 1,6 por ciento del PIB, de acuerdo a la OTAN. Ha sido este elevado gasto militar lo que ha llevado al país a la bancarrota. Con 11 millones de habitantes, Grecia tiene un ejército de 150.000 soldados y la sorprendente cantidad de 1.620 tanques, en su gran mayoría, Leopard 1 y Leopard 2, de procedencia alemana.
Si Alemania tuviera un ejército de las mismas dimensiones, con sus 82 millones de habitantes debería tener 1.400.000 soldados y casi 10.000 tanques. Sin embargo, el ejército alemán tiene 180.000 soldados y la cuarta parte de los tanques que tiene Grecia: 400 unidades. Es decir, Grecia tiene más tanques que Alemania, Francia e Italia juntas. Esto confirma que el problema de Grecia no ha sido el despilfarro público, o que sus habitantes “vivan por encima de sus posibilidades”. El gran problema de las finanzas griegas es el enorme gasto militar que le impone la OTAN, para movilizar recursos financieros hacia Alemania y Estados Unidos.
En los últimos 10 años, Grecia ha importado equipamiento militar por un valor superior a los 12.000 millones de euros. Entre los años 2005 y 2009, el país heleno fue el número 5 en la lista de los mayores importadores de armas del mundo. Estas compras benefician principalmente a las empresas de Alemania y Estados Unidos. Casi el 70 por ciento de su armamento bélico, Grecia lo adquiere de empresas alemanas y estadounidenses. Las alemanas ThyssenKrupp y Krauss-Maffei Wegman (KMW), proveen los submarinos y los tanques de batalla Leopard, mientras la estadounidense Lockheed Martin los cazabombarderos F-16, y Boeing, los helicópteros de ataque Apache Longbow. Pese a los planes de austeridad y recortes presupuestarios, Grecia sigue siendo un sólido consumidor de la industria bélica de Alemania y Estados Unidos.
Fuente: El Blog Salmón, 20 de marzo de 2015, 
http://www.elblogsalmon.com/economia/grecia-y-lo-que-no-se-dice-de-su-gasto-militar

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La ley de la pauperización creciente

Hasta la crisis de 2007 la burguesía engañaba a los estudiantes de las Facultades de Economía asegurando que el capitalismo había creado una sociedad de abundancia que, además, nunca tendría fin. A diferencia del siglo XIX, vivíamos en la era del consumo y el bienestar.

Una vez más, las teorías burguesas se han dado de bruces con la realidad. Ya no engañan a nadie, por lo que todos vuelven sus ojos hacia Marx, quien demostró que el capitalismo es sinónimo de pauperismo, no como consecuencia de la crisis sino como una tendencia general e inevitable, es decir, como una auténtica ley del capitalismo. Marx la calificaba como una ley general de la acumulación capitalista.

El pauperismo no es un problema de nivel de vida, de comparación puramente cuantitativa de una época histórica con otra sino que tiene varias facetas distintas, de las que se pueden destacar tres.

1. El pauperismo internacional

El pauperismo supone, en primer lugar, un empeoramiento en las condiciones de existencia de los países dependientes. Son muchas las cifras que periódicamente se exhiben sobre esta cuestión, a cada cual más dramática y escandalosa. Con ello se demuestra que la diferencia entre las metrópolis imperialistas y los países dependientes se ensancha a pasos agigantados y que, además, las condiciones de existencia en estos países se deterioran progresivamente, con consecuencias que son sobradamente conocidas y no necesitan nigún tipo de aclaraciones.

El verdadero problema de los países dependientes no es sólo la carestía; no se trata de que no tengan sino de que deben. Con la crisis la deuda exterior de muchos países se ha multiplicado, asfixiando cualquier posibilidad de escapar del dogal en que están atrapados por las grandes potencias. La deuda exterior es un instrumento de dominación. Aprovechando su situación ruinosa, las potencias imperialistas y sus instituciones financieras (Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional) vienen imponiendo draconianas políticas de ajuste.

De ese modo, mientras los países dependientes padecen toda suerte de calamidades, cada vez más monstruosas, entre las grandes potencias aparecen sectores parasitarios y rentistas que acaparan fabulosas riquezas.

En las metrópilis imperialistas el pauperismo es compatible con la existencia de un reducido sector de obreros aristócratas. El imperialismo es un sistema de soborno de una parte de los trabajadores, de creación de una aristocracia obrera corrompida y cómplice de las maniobras de los monopolistas. Las crecientes dificultades del capital necesitan de auxiliares suyos dentro de las filas obreras: de los reformistas, de los sindicatos amarillos y otros colaboracionistas. El capitalismo actual ha entrado en su fase imperialista, caracterizada por la agonía, la decadencia y la putrefacción de todo el tejido social. En el plano político esta fase última del capitalismo sustituye la democracia por el fascismo, la paz por la guerra, la libertad por la reacción. La descomposición penetra por todos los poros de la sociedad y no deja ámbito exento de la podredumbre burguesa.

2. La pauperización de la clase obrera

En segundo lugar, bajo el capitalismo el proletariado experimenta un proceso creciente de pauperización, es decir, es cada vez más pobre. El principio establecido por Marx, según el cual el salario se fija por la cantidad necesaria para la reproducción de la fuerza de trabajo, no se puede identificar con la ley de bronce de los salarios, con el mínimo fisiológico imprescindible para el sustento cotidiano del trabajador. Para Marx los salarios oscilan entre un mínimo de mera supervivencia y un valor real por encima de él, ya que no depende sólo de las necesidades físicas, sino también de las necesidades sociales, tal como se hallan históricamente determinadas (1).

Las necesidades de la clase obrera son sociales, también las impone el capitalismo. Lo que los burgueses califican de incremento en el nivel de vida no es más que un cambio histórico en la estructura del gasto, del consumo de la clase obrera. El porcentaje que los trabajadores dedican a alimentación por ejemplo, se ha reducido, pero el resto no les sobra y no lo pueden ahorrar porque si el gasto ha cambiado es porque las necesidades han cambiado, y además de alimentarse los trabajadores tienen otras necesidades tan imprescindibles como la alimentación. Si disponen de lavadora no es en concepto de lujo o para mejora de su bienestar sino porque no pueden lavar la ropa en el río más próximo. El cambio en la estructura del gasto demuestra un cambio en las necesidades de los trabajadores y no una mejora en su situación objetiva.

La condición material de la clase obrera no es hoy mejor que hace 150 años; es simplemente distinta porque el capitalismo ha creado necesidades distintas. Desde ese punto de vista no cabe duda que la situación de la clase obrera sigue siendo la misma: el salario sigue siendo una medida de las necesidades de reproducción de la fuerza de trabajo. Las previsiones de Marx sobre la proletarización y el empobrecimiento creciente de la clase obrera son, pues, absolutamente exactas y responden a leyes inexorables del capitalismo. La condición de la clase obrera empeora con el avance del capitalismo.

La acumulación tiene que incrementar el sector de la producción dedicado a fabricar bienes de consumo; una parte de la acumulación se tiene que destinar a incrementar el capital variable; el desarrollo de ese sector dedicado a la fabricación de bienes de consumo es también fundamental porque contribuye a abaratar el coste de la mano de obra. Esta es la clave para analizar la cuestión de la pauperización de la clase obrera: el sector dedicado a la fabricación de medios de producción crece más rápidamente que el dedicado a fabricar bienes de consumo, pero eso no significa que éste no crezca en absoluto.

El que los salarios reales aumenten no significa que no sea válida la ley general de la acumulación capitalista; sólo significa que ha aumentado el valor de la fuerza de trabajo o, lo que es lo mismo, que han aumentado sus necesidades de reproducción. Cada vez las necesidades son mayores y cada vez, por tanto, hay menos posibilidades de satisfacerlas: “Justamente porque la producción crece, y en la misma medida en que esto sucede, se incrementan también las necesidades, deseos y pretensiones, y la pobreza relativa puede crecer en tanto se aminora la absoluta” (2). La prueba más evidente de ello es que los trabajadores no pueden ahorrar, que sus ingresos se consumen casi diariamente. Si los obreros pudieran ahorrar cantidades importantes de dinero, no irían a trabajar y eso es justamente lo primero que ocurre cuando les toca la lotería. Está comprobado, por ejemplo, que los salarios no pueden subir indefindamente, porque por encima de un determinado nivel salarial, los obreros lo que hacen es reducir su jornada de trabajo o aumentar su periodo de vacaciones. El capitalismo necesita permanentemente un volumen de población en busca de empleo y eso sólo es posible cuando no tienen otra cosa que ofrecer que su fuerza de trabajo, cuando el proletariado está desposeído de toda propiedad sobre los medios de producción: “La existencia de una clase que no posee nada más que su capacidad de trabajo es una premisa necesaria para que exista el capital”, dice Marx (3).

Hay toda una serie de indicadores estadísticos para demostrar la pauperización creciente de la clase obrera. La evolución de los salarios reales se utiliza para comprobar la evolución en el tiempo de la remuneración de los trabajadores. Así en España, entre 1994 y 2007 se produjo una caída importante de los salarios reales, es decir, perdieron poder adquisitivo de forma sistemática: se empobrecieron.

Pero las estadísticas burguesas tienen su trampa. El nivel de los salarios es un promedio de la remuneración de los trabajadores ocupados. Por tanto, no tiene en cuenta a los desempleados ni, en consecuencia, al volumen de los desempleados. De aquí se deduce que si se calculara el salario medio sobre la base de toda la fuerza de trabajo, esté ocupada o no, el descenso de los salarios resultaría verdaderamente vertiginoso.

Desde 2009 España no publica la tasa de cobertura del desempleo, es decir, la relación entre el número de parados registrados y los que reciben algún tipo de prestación, pero a partir de la crisis es obvio que el número de parados va en la dirección opuesta a las prestaciones que percibían. Como consecuencia de ello, más de 4 millones de parados registrados oficialmente no cobra ninguna clase de prestación.

Mucho más grave es el descenso del salario mínimo en términos reales. En los años ochenta perdió un 10 por ciento de su poder adquisitivo. En 2003 los trabajadores que percibían este salario tenían la capacidad adquisitiva correspondiente a 1975.

En España este salario mínimo afecta a unos 400.000 trabajadores en activo y a un número importante de parados que cobran el seguro de desempleo. El 27 por ciento de los trabajadores cobra salarios por debajo del mínimo, es decir, menos de 800.000 pesetas al año y casi tres millones de personas perciben ingresos inferiores a esa cuantía.

3. La pauperización relativa de la clase obrera

Si la pauperización se analiza relativamente, el acierto de la ley marxista es indiscutible, porque confirma la creciente penetración de las relaciones de producción capitalistas en todas las esferas de la vida y la desaparición de los modos de vida independientes, de la pequeña producción, del comercio individual y de las profesiones liberales, que es justamente la situación que, como hemos visto, se ha producido.

Relativamente, la situación de la clase obrera con respecto a la burguesía es infinitamente peor que hace siglo y medio; el abismo entre las condiciones de vida de ambas clases se ha ensanchado. Hay muchos más trabajadores que antes y muchos menos capitalistas pero, sin embargo, la parte de la renta que corresponde a los capitalistas crece, mientras se reduce la que corresponde a los trabajadores. El capitalismo exhibe un dramático contraste entre las condiciones de vida del proletariado y la gigantesca acumulación de riquezas alcanzada, de la cual únicamente pueden beneficiarse un puñado de oligarcas. La burguesía impide que el desarrollo de las fuerzas productivas se utilice para mejorar la calidad de vida y de trabajo de millones de trabajadores, que tienen vedado el acceso al tiempo libre, a la cultura, a los servicios y a la mayor parte de las posibilidades de expansión personal creadas bajo el capitalismo. Pero este modo de producción no puede entenderse de otra forma, no podría funcionar elevando los salarios y el consumo de las masas, disminuyendo la explotación y generalizando el disfrute de las riquezas obtenidas.

Marx explicó las razones por las que, aún en el supuesto de que crezcan los salarios reales de los trabajadores, se produce un empobrecimiento relativo: “Un aumento sensible del salario presupone un crecimiento veloz del capital productivo. A su vez, este veloz crecimiento del capital productivo provoca un desarrollo no menos veloz de riquezas, de lujo, de necesidades y goces sociales. Por tanto, aunque los goces del obrero hayan aumentado, la satisfacción social que producen es ahora menor, comparada con los goces mayores del capitalista, inasequibles para el obrero y con el nivel de desarrollo de la sociedad y los medimos, consiguientemente, por ella, y no por los objetos con que los satisfacemos. Y como tienen carácter social son siempre relativos […] Por tanto, si con el rápido incremento del capital, aumentan los ingresos del obrero, al mismo tiempo se ahonda el abismo social que separa al obrero del capitalista, y crece, a la par, el poder del capital sobre el trabajo, la dependencia de éste con respecto al capital […] Si el capital crece rápidamente, pueden aumentar también los salarios, pero aumentarán con rapidez incomparablemente mayor las ganancias del capitalista. La situación material del obrero habrá mejorado, pero a costa de su situación social. El abismo social que le separa del capitalista se habrá ahondado” (4).

Una comparación entre la evolución de los ingresos de burgueses y obreros tiene que tener en cuenta la evolución de la productividad que, al crecer, aumenta la parte de la plusvalía de la que se apropian los capitalistas. Como Marx previno, aunque los salarios suban, la productividad sube siempre mucho más; así en España entre 1975 y 1993 los salarios crecieron a un ritmo anual de 1’9 por cien mientras la productividad creció al 2’6 por ciento anual, por lo que los capitalistas se van quedando cada vez con una parte mayor de la producción.

Los capitalistas también se van quedando cada vez con una parte mayor de la renta nacional. La participación de los salarios en ella mide la situación relativa de los trabajadores en relación con las demás clases sociales. En España a principios de los ochenta los asalariados recibían el 73 por ciento de la renta, mientras que en 1992 el porcentaje bajó al 69 por ciento y en 2010 era sólo el 61 por ciento.

La creciente precariedad en el empleo es también otro indicador del empobrecimiento alcanzado por los trabajadores, ya que les impide realizar cualquier tipo de planes de futuro, dado su incierto porvenir laboral.

Los contratos basura, que no dan derecho al cobro del seguro de desempleo, suman medio millón, bajo las denominaciones de contrato de aprendizaje, en prácticas o a tiempo parcial. Los trabajadores a tiempo parcial cobran un 23 por ciento menos.

La creciente movilidad geográfica de los trabajadores es otro índice del progresivo deterioro de las condiciones de vida y trabajo de la clase obrera forzando a muchos trabajadores al desarraigo, al nomadismo.

La frustración profesional de los titulados es otro rasgo que ha aparecido en los últimos tiempos: sólo el 22 por ciento de los titulados trabaja en el oficio para el que se les ha capacitado; la mayoría o están en el paro o desempeñan tareas no cualificadas. Los académicos que afirman la creciente cualificación de la mano de obra en base al dato de que un porcentaje cada vez mayor de los obreros tienen estudios, silencian que, en realidad, esos estudios no tienen nada que ver con el trabajo que realmente desempeñan.

Este empobrecimiento brutal de las masas obreras anuncia el final próximo del capitalismo: “Para oprimir a una clase -escribieron Marx y Engels- es preciso asegurarle unas condiciones que le permitan, por lo menos, arrastrar su existencia de esclavitud. El siervo, en pleno régimen de servidumbre, llegó a miembro de la comuna, lo mismo que el pequeño burgués llegó a elevarse a la categoría de burgués bajo el yugo del absolutismo feudal. El obrero moderno, por el contrario, lejos de elevarse con el progreso de la industria desciende siempre más y más por debajo de las condiciones de vida de su propia clase. El trabajador cae en la miseria y el pauperismo crece más rápidamente todavía que la población y la riqueza. Es, pues, evidente que la burguesía ya no es capaz de seguir desempeñando el papel de clase dominante de la sociedad ni de imponer a ésta, como su ley reguladora, las condiciones de existencia de su clase. No es capaz de dominar, porque no es capaz de asegurar a su esclavo la existencia, ni siquiera dentro del marco de la esclavitud, porque se ve obligada a dejarle caer hasta el punto de tener que mantenerle, en lugar de ser mantenida por él” (5).

(1) Marx, El Capital, Fondo de Cultura Económica, III-50, págs. 793-794.
(2) Marx, Manuscritos, Filosofía y economía, Alianza Editorial, pág. 60.
(3) Marx, Trabajo asalariado y capital, en Obras Escogidas, tomo I, pg. 77.
(4) Marx, Trabajo asalariado y capital, en Obras Escogidas, tomo I, pgs. 80 y 84.
(5) Marx y Engels: Manifiesto Comunista, en Obras Escogidas, tomo I, págs. 30-31.

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Economía

Rothschild especula con la deuda soberana de Ucrania

Desde hace dos años el fondo estadounidense de inversiones Franklin Templeton, el mayor de Europa y uno de los mayores del mundo, viene comprando deuda soberana de Ucrania para la rama americana de la familia Rothschild (1), hasta el punto de que en pleno golpe de Estado, llegó a detentar una tercera parte de ella.

En aquel momento la agencia Bloomberg situaba a Ucrania como uno de los países en quiebra, lo cual indica que el objetivo de la adquisición de los Rothschild no puede ser de tipo económico, ya que sería una inversión ruinosa.

No es la primera adquisición de este tipo que realizan los buitres carroñeros del imperialismo. Ni la quiebra del Estado ni la posterior guerra han paralizado las maniobras especulativas de los Rothschild, sino todo lo contrario. Seguramente tienen una información sobre lo que va a ocurrir que todos los demás ignoramos.

El 10 de noviembre el Financial Times informó de que la compra de bonos ucranianos por estos especuladores internacionales ascendía a 5.000 millones de dólares. Al parecer, aumentaron discretamente las adquisiciones aprovechando las vacaciones de agosto.

Además ayer el Fondo Monetario Internacional aprobó un nuevo rescate financiero para los golpistas por valor de 17.500 millones de dólares y cuatro años de duración para sostener la economía de guerra y de paso revalorizar la cartera del clan Rothschild.

El rescate ha sido posible porque la ministra ucraniana de Finanzas, Natalie Jaresko, es en realidad una ciudadana estadounidense nacida en Chicago y funcionaria del Departamento de Estado de Washington a la que le concedieron la nacionalidad ucraniana cuando el año pasado se preparaba el golpe de Estado en Kiev.

Según algunas informaciones (2), hace dos años el diputado ucraniano Sergui Arbuzov y el antiguo ministro de Finanzas, Yuri Kolobov, visitaron de manera privada el San Mateo, la sede del fondo de inversiones Franklin Templeton para negociar el apoyo financiero de los Rothschild al anterior gobierno de Viktor Yanukovitch.

Se da la circunstancia de que el 5 de marzo de este año la policía española detuvo en un lujoso chalet de Altea (Alicante) a Yuri Kolobov, de quien la prensa dijo que había sido puesto en busca y captura internacional por el nuevo gobierno golpista.

“Más que una victoria en el campo de batalla, lo que Ucrania necesita es negociar con sus acreedores internacionales”, titulaba el Wall Street Journal el 5 de febrero. Pero negociar también es una tarea para los Rothschild, que han propuesto la creación de un consorcio de acreedores. Su filial francesa ha manifestado su voluntad de mediar en las negociaciones entre el Ministerio de Finanzas de Kiev y los acreedores para reestructurar la deuda, que es una de las principales condiciones para la concesión del segundo tramo de ayuda financiera aprobada por el imperialismo para seguir sosteniendo la guerra.

Los prestamistas están a la espera de las propuestas de Kiev, que se deberían conocer a mediados de este mes de marzo, según ha declarado el delegado de Rothschild en Rusia y los países de la Confederación de Estados Independientes, Giovanni Salvetti. Según él, los negociadores se preparan para afrontar condiciones muy difíciles.

Salvetti ha indicado que los puntos de vista sobre esta cuestión varían según los prestamistas. Algunos prefieren esperar a las propuestas del gobierno ucraniano, mientras que otros quieren establecer algunas reglas estrictas y rápidas.

“De momento la fundación y los prestamistas participan en un intercambio de puntos de vista y discuten sobre el reparto de las responsabilidades y el programa de acción”, ha manifestado Salvetti.

Según el Fondo Monetario Internacional, la deuda pública ucraniana se situará este año en el 94 por ciento del PIB y su deuda exterior en el 158 por ciento debido a la fuerte devaluación de la moneda local y de los créditos contraídos por el gobierno, cuyas arcas están vacías.

Hace dos años la deuda pública de Ucrania era de 73.000 millones de euros, un cifra que suponía el 41 por ciento del PIB del país. Diez años antes era de sólo 13.000 millones de euros, un 29,36 por ciento del PIB.

El año pasado la deuda per cápita fue de 1.211 euros por habitante; en 2003 la deuda por persona era de sólo 274 euros.

A pesar de la bancarrota, el gobierno golpista de Kiev se ha planteado como objetivo cumplir en 2020 con los requisitos necesarios para solicitar el ingreso en la Unión Europea.

(1) Rothschild Group предложила стать посредником в переговорах по украинскому госдолгу, 10 de marzo, http://business.vesti-ukr.com/91936-rothschild-group-predlozhila-stat-posrednikom-v-peregovorah-po-ukrainskomu-gosdolgu
(2) Valentin Katasonov, Financial Vultures Start to Circle Over Ukraine, 13 de noviembre de 2013, http://www.strategic-culture.org/news/2013/11/13/financial-vultures-start-to-circle-over-ukraine.html

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China y Latinoamérica forman una pareja estable

China está haciendo amigos justo delante de las narices de Estados Unidos. “Lo que estamos viendo no es simplemente un juego económico. Es un juego económico que también tiene un trasfondo político y estratégico”, dice Ilan Berman, vicepresidente del American Foreign Policy Council en Washington.
Fuera de los vínculos económicos, Berman señala que China ha ayudado a financiar la planta de energía nuclear de Argentina, a lanzar el primer satélite de Bolivia y se especula que está ayudando a Venezuela a iniciar su propio programa de aviones no tripulados.
Aunque Estados Unidos sigue siendo el socio comercial número uno de América Latina, China ya está superándolo en algunos lugares. El gigante asiático está por delante en comercio con Brasil, Argentina, Perú y Venezuela. China necesita de las abundantes materias primas de la región, como el petróleo y la soja, mientras que algunos países latinoamericanos están desesperados por el dinero en efectivo que China les proporciona.
En una señal de las cambiantes alineaciones, los países latinoamericanos formaron una alianza en 2010 llamada CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), que excluye a Estados Unidos y Canadá. Hace dos meses, los países de la CELAC celebraron una gran reunión. En vez de ir a Washington, fueron a Pekín para realizar la primera conferencia formal entre ambas partes.
Por supuesto, la nueva amistad no es totalmente alegre. Ambas economías se están desacelerando. La demanda de bienes está disminuyendo en China, y América Latina se encuentra al final de un auge de materias primas, lo que pone presión a la relación.
Pero el potencial de relaciones a largo plazo es fuerte. El presidente de China, Xi Jinping, se ha comprometido a duplicar el comercio entre su país y América Latina en la próxima década a 250.000 millones de dólares. “China es una fuente de financiamiento y mercados de exportación sin presiones para adherirse a prácticas de transparencia, mercados abiertos y democracia al estilo occidental”, dice Evan Ellis, experto en América Latina y profesor de la U.S. Army War College.
Venezuela es un buen ejemplo. A medida que la economía del país se tambalea -algunos incluso la han bautizado como la peor del mundo- China intervino, prestando miles de millones a la nación de América del Sur a cambio de petróleo. 
Los bancos chinos prestaron 22.000 millones de dólares a América Latina el año pasado. Eso es más de lo que el Banco Mundial y el Banco Interamericano enviaron a a la región en conjunto, según Margaret Myers, experta de Inter-American Dialogue. “Estos países realmente han dado la bienvenida a China con los brazos abiertos”, dice Myers.
Mientras tanto, las empresas estadounidenses están perdiendo interés en América Latina. La inversión directa de empresas estadounidenses en América Latina ha disminuido casi 20 por ciento desde 2011, según datos del Departamento de Comercio.
A pesar del reciente anuncio de restablecer relaciones con Cuba, América Latina sigue estando en un nivel bajo entre las prioridades políticas de Estados Unidos, dicen algunos. Su aletargada atención hacia América Latina ha permitido que China lo capitalice. “A medida que el capital occidental se retira de América Latina… hay un vacío allí. ¿Por qué no querrían los chinos llenarlo?” dice David Morton, un experto en mercados emergentes y director de estrategia de renta variable de Rocaton Investment Advisers.
Fuente: http://www.cnnexpansion.com/economia/2015/03/04/la-gran-jugada-de-china-contra-eu-america-latina
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Se vuelve a extender el hambre por toda España

Como consecuencia de la crisis capitalista, cada vez son más las familias obligadas a acudir a instituciones benéficas para recoger un plato de comida.
La pobreza se está cronificando. Todos los indicadores evidencian que la clase obrera está experimentando un importante deterioro en sus condiciones de vida debido al paro, los bajos salarios y los recortes en las pensiones.
Cada vez más familias trabajadoras dependen de la beneficencia para poder alimentarse. Son miles las familias sin trabajo ni vivienda que hacen cola en los comedores repartidos por todas las ciudades para poder saciar el hambre con un bocadillo o un plato de sopa caliente.
Aunque el fin de semana en Valencia las cifras oficiales registraron a unas 350 personas en las colas de los comedores públicos, fotos captadas por los medios de comunicación demostraron que más de 1.000 personas acudieron a hacer las llamadas “colas del hambre”. Los asistentes acudían a las filas para recoger un kit de leche, atún y mortadela.
No se trata solo de grupos indigentes ni personas de la calle, sino también pensionistas sin recursos, jóvenes sin trabajo y madres que acuden con sus hijos tras esperar un mes para poder hacer la cola.
En Valencia el presidente del grupo “Solidarios de la Noche”, Antonio Casanova, alertó sobre la pobreza en España, asegurando que cada vez más son los que tienen que recurrir a la caridad ajena. Dijo que se han incrementado en un 50 por ciento los usuarios que acuden a buscar alimentos, con relación a las cifras de 2010.
El pasado martes fue presentado por la referida institución, el IX informe sobre la Pobreza en Valencia, el cual denota que “las mujeres ya representan el 50 por ciento de sus comensales (casi el doble que en 2010), y los menores un 17 por ciento”.
Según datos del Ministerio de Empleo y Seguridad Social de España, el paro registrado en la Comunidad Valenciana alcanzó los 518.388 obreros.
Según el presidente del Banco Solidario de Alimentos, Jaime Sierra, unas 53.000 personas acuden al mes a la institución para recoger alimentos básicos para poder subsistir.