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Los trabajadores inmigrantes son el futuro de la clase obrera

Los datos del informe sobre el impacto socioeconómico de la inmigración en Euskadi elaborado por el observatorio vasco Ikuspegi desmienten la tan repetida como falsa idea de que el colectivo de nacionalidad extranjera aporta menos de lo que recibe a través de los sistemas de protección social y que, por tanto, supone un coste para las arcas públicas. Los inmigrantes gastan menos de lo que aportan y menos que los autóctonos y contribuyen a que la sociedad pueda pagar, al menos por el momento, el gasto social.

Dicho planteamiento es además contrario a la realidad tanto en épocas de bonanza como de crisis e incluso más allá del mismo balance, que ya sitúa los aportes del colectivo por encima del gasto -631.586.692 millones de ingresos por 593.3888.923 de gastos en 2012- o, por el contrario, de que el capítulo de aportaciones a la protección social procedentes de los inmigrantes haya crecido solo un 1,1% en los últimos cuatro años (del 3,3% del total de 2008 al 4,4% de 2012) frente al 2,4% (del 5% al 7,4% del total) en que se ha incrementado el porcentaje de gastos que se les atribuye.

La inmigración aporta a la sociedad vasca otros beneficios que no son intangibles aun si así se pretende desde ciertos ámbitos, especialmente en el aspecto demográfico y de relevo generacional en una sociedad envejecida como la nuestra, al contribuir al aumento de la tasa de natalidad o reducir la tasa de envejecimiento y de dependencia.

A pesar de que también en Euskadi la fuerza de trabajo inmigrante ha sufrido más el impacto de la crisis, ha contribuido a disminuir la diferencia entre ingresos y gastos con los autóctonos, hasta dejarla en apenas 41 euros por persona y año, de los 3.906 euros de coste por persona inmigrante a los 3.947 por persona autóctona.

Los trabajadores inmigrantes no solo gastan menos de lo que aportan sino que gastan menos que los autóctonos, mayormente por una menor utilización de ciertos servicios, al tiempo que contribuyen a frenar el envejecimiento de la población. Por eso el futuro de la clase obrera pasa por ellos.

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El euro nos ha vaciado los bolsillos

Cuando en 2002 el euro sustituyó a la peseta, el gobierno aseguró que los precios no iban a subir. Pues bien, hasta el año pasado los precios han subido un 32,5 por ciento desde entonces. Por el contrario, los salarios se han desplomado… si es que el trabajador conserva su trabajo.

Todo es mucho más caro. Gran parte de los productos de primera necesidad registran actualmente valores por encima de la inflación general: el pan, el arroz, la leche, el cine, el alcohol, el tabaco, la gasolina, los transportes, la carne, la fruta… todo. El impacto sobre el poder adquisitivo de los salarios ha sido impresionante, ya que ha afectado a lo más necesario.

Un periódico que en 2001 costaba apenas 150 pesetas, con el euro pasó a costar un euro (unas 166 pesetas) debido al redondeo.

El precio de la taza de café ha pasado de las 120 pesetas a costar 1,20 euros: 80 pesetas más, un incremento del 40 por ciento.

En Madrid un abono de transporte de 10 viajes antes costaba 785 pesetas y ahora 12,20 euros, un incremento de 1.240 pesetas.

Las cañas de cerveza también han sufrido el peso del euro. Una cerveza costaba 150 pesetas como mucho antes de los tiempos del euro, pero pasó en poco tiempo a costar 1,5 euros, y hoy en día de 2 euros no baja en muchos sitios.

En cuanto al menú, si antes un buen almuerzo en la calle costaba 1.000 pesetas, con el redondeo pasó a los 7 euros, y hoy en día es mejor ni preguntar.

En términos de inflación, los alimentos han subido casi un 32 por ciento, el transporte casi un 47 por ciento, la hostelería más de un 41,5 por ciento, la vivienda (a pesar de la crisis inmobiliaria) el 53 por ciento, la enseñanza se sitúa en el 44,5 por ciento y la pareja tabaco-alcohol cuesta hasta un 80 por ciento más.

Al que le llega para comer fuera de casa, la broma le sale cara, pero cocinar en casa también: un 7,5 por ciento más para ser exactos. Este porcentaje se computa entre el precio del aceite, que cuesta un 12,5 por ciento más, de la carne de ternera, que ha aumentado su precio en un 4,5 por ciento, del pescado, que cuesta casi un 3 por ciento más y de las legumbres y verduras, que han subido hasta un 5,5 por ciento.

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La economía de Suecia crece gracias a la emigración

Una inmigración sin precedentes está ayudando a alimentar el auge económico más grande de Suecia de los últimos cinco años.

La economía registró una notable expansión del 4.5 por ciento anual en el cuarto trimestre, la más alta en cinco años. Es más del doble del crecimiento de la vecina Alemania, la cual, como Suecia, depende de las exportaciones a Europa para sostener gran parte de su prosperidad.

Para albergar a todos los recién llegados, el año pasado Suecia comenzó a construir más casas que en cualquier año desde 2006. El primer ministro, Stefan Loefven, dice que el ritmo se debe acelerar todavía más a lo largo de la próxima década para que el país optimice el crecimiento.

El paro está cayendo, mientras el gobierno está aumentando el gasto en bienestar social y cuidando a una ola récord de solicitantes de asilo provenientes de países arrasados por guerras, como Siria, Irak y Afganistán.

El otro factor de crecimiento son los estímulos del banco central, que el mes pasado bajó su principal tasa de crédito al récord de -0.5 por ciento, con lo cual se llega a más de un año con tasas negativas para la economía más grande de la región nórdica.

Las tasas de interés bajas impulsaron el gasto y los préstamos a consumidores. Los precios de las casas rompieron registros históricos.

La última pieza del rompecabezas, las exportaciones, cerraron el año al ritmo más veloz en diecinueve trimestres. Los esfuerzos del Riksbank para mantener bajo control la corona sueca sin duda están jugando un papel. Son las ventajas de no estar en el euro.

Ahora Suecia espera que esta breve ola de prosperidad se alargue un poco más, para lo cual necesita un imposible: que la economía mundial no descarrile.

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El euribor entra en negativo por primera vez en su historia

Al acabar el mes de febrero el euribor ha entrado en negativo por primera vez en su historia. Ha cerrado con una tasa media del -0,008 por ciento mensual, su mínimo histórico.

En marzo del año pasado, el Banco Internacional de Pagos alertó sobre la posibilidad de que los tipos negativos desencadenen “disturbios sociales” (*).

Desde que en el siglo XIX comenzaron las estadísticas, los tipos de interés nunca habían llegado hasta este punto, incluso teniendo en cuenta que no nos estamos refiriendo a tasas de interés reales, es decir, contando con la deflación.

“Unos tipos de interés negativos, aplicados a la deuda pública, podrían generar el mayor impago en la historia del mundo”, pronostican algunos.

Es una de las más claras demostraciones no sólo de que el capitalismo ha tocado fondo, sino de que las teorías económicas burguesas se han ido con él. “Nuestros patrones de pensamiento se han dado la vuelta”, reconoce Nicolas Gaussel, el cabecilla de Lyxor Asset Management.

Los economistas profesionales ya no esconden el pánico y hablan como si estuviéramos en plena guerra termonuclear. A los tipos negativos las califican de “armas de destrucción masiva”.

En VozPopuli Juan Ramón Rallo habla de “armas nucleares monetarias en manos del BCE”, el Banco Central Europeo.

Un artículo del Business Insider dice que los tipos negativos ponen al Banco Central Europeo y a la banca en rumbo de colisión.

En un informe al Deutsche Bank, David Bianco expone que “la escalada bélica en la guerra de divisas traerá la destrucción mutua asegurada”.

(*) http://www.telegraph.co.uk/finance/economics/11479425/Low-rates-will-trigger-civil-unrest-as-central-banks-lose-control-BIS.html
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Vivienda

Aznar y los buitres carroñeros del capitalismo

La Sareb, el llamado banco “malo”, nació a finales de 2012 para evitar la quiebra del capital financiero español con un claro reparto del pastel: lo “bueno” se lo quedaban los bancos privados de siempre y lo “malo” iba a parar al Estado por medio de la Sareb.

El bocado de la Sareb es del orden de los 50.000 millones de euros, pero el reparto que llevó a cabo el Estado no refleja muy bien la realidad: la Sareb se quedó con la parte “mala” que, sin embargo, sigue siendo administrada por los mismos que la estropearon.

¿Se dan cuenta del truco? Los bancos se fueron a la quiebra por una “mala” administración pero siguen administrando igual que antes, con la circunstancia agravante de que ahora no tendrán inconveniente en administrar “mal” algo que ya no es de su propiedad.

La otra parte del truco es que esos que administraron “mal” van a cobrarse de la Sareb un precio por su “mala” gestión.

Por lo tanto, cambió la propiedad pero no la gestión del patrimonio inmobiliario, que sigue en las mismas manos de siempre.

El patrimonio “malo” se ha depreciado pero la gestión es muy valiosa, por lo que han aparecido los buitres carroñeros que se nutren de la descomposición del capital, en este caso de la Sareb.

Los buitres no quieren exactamente el patrimonio; lo que quieren es gestionarlo. Entre ellos está Aznar Jr. que, junto con Juan Manuel de Hoyos Martínez de Irujo, compañero de colegio de su padre, son los cabecillas de una inmobiliaria llamada Haya Real Estate que, a su vez, es un testaferro del fondo buitre internacional Cerberus.

La relación de la familia Aznar con los fondos buitre no es reciente. Tras dejar su cargo de Presidente del Gobierno, Aznar formó parte del consejo asesor de Centaurus, JER Partners y Doheny Global Group. Durante su estancia en Nueva York su hijo aprendió a nutirse de laa carroña en el Boston Consulting Group y SLS.

La naturaleza parásita de Aznar y sus socios no sólo se demuestra en su apoderamiento de la gestión inmobiliaria de la Sareb sino también de la de otro cadáver hediondo, Bankia, que en 2013 pagó 1,8 millones de euros a Aznar por asesoramiento.

La Sareb ha adjudicado a Haya Real Estate la gestión de préstamos al sector inmobiliario originados por valor de 18.000 millones de euros.

Ya ven que el banco “malo” no lo es tanto para algunos.

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Economía

El ayuntamiento de Los Ángeles no quiere viviendas para los sin-techo

El Ayuntamiento de Los Ángeles ha confiscado tres pequeños edificios de madera construidos por un particular para que los sin-techo abandonaran la calle.Ocurrió a comienzos de este mes de febrero en el paraíso del liberalismo, donde la propiedad privada es sagrada… según y como.

Además, esta misma semana el Ayuntamiento clausurará otros siete edificios, según ha anunciado Elena Stern, la portavoz municipal de saneamiento de Los Ángeles. El ayuntamiento se justifica invocando una campaña de “limpieza” de las calles, como si los sin-techo fueran parte de la porquería urbana. También adujo que las viviendas construidas con madera no reunían condiciones de seguridad para los ocupantes y para los vecinos.

El constructor de los edificios es Elvis Summers, que inició una campaña de recogida de fondos para que los sin-techo abandonaran su vida en las calles. Logró obtener casi 100.000 dólares, con los que inició la construcción de 37 edificios en los que el suministro eléctrico procede de placas fotovoltaicas. El motivo de la iniciativa es que él mismo perdió su vivienda y tuvo que vivir tirado en la calle.

Summers ha denunciado que el ayuntamiento desahució a los ocupantes de las viviendas sin ofrecerles ninguna alternativa.

El problema de los sin-techo se ha disparado en todo Estados Unidos, pero especialmente en Los Angeles, donde su número se estima en 26.000 personas. En setiembre del año pasado el ayuntamiento tuvo que imponer el estado de emergencia por el incremento acelerado de personas viviendo en las calles.

—http://www.latimes.com/local/lanow/la-me-ln-tiny-houses-seized-20160224-story.html

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La crisis nos ha hecho descender de clase social

Los sondeos son una de las mejores herramientas para conocer la ideología dominante porque no exponen la situación real de las masas, sino la manera en que se ven a sí mismas. Pero no retratan sólo a los encuestados sino -sobre todo- a los encuestadores. Al más puro estilo americano, lo que preguntan no es por elementos cualitativos sino exclusivamente cuantitativos.

Por ejemplo, ninguna encuesta pregunta a las masas por su adscripción de clase, si se siente miembro del proletariado o de la burguesía, sino por su encaje dentro de una “pirámide social” que el propio encuestador tiene previamente en su cabeza.

La sociedad, pues, es como el ejército, tiene su escalafón, que se puede recorrer hacia arriba y hacia abajo. Naturalmente, que todos queremos “ascender” y si se cumplieran nuestras expectativas, todos estaríamos en lo más alto.

Recientemente MyWorld ha publicado la encuesta Mikroscopia correspondiente al año en curso. Ha entrevistado en línea a 8.500 personas sobre numerosos aspectos de su vida particular y sus sensaciones sobre la crisis capitalista.

De ella se desprende que más de la mitad de las personas cree que la bancarrota económica le ha hecho “descender de clase social”, lo cual las encuestas de pacotilla analizan desde el punto de vista del consumo porque para ellos somos eso exactamente: consumidores.

La directora de MyWorld, Belén Barreiro, afirma que la crisis nos ha transformado profundamente. Ahora nuestro patrón de comportamiento es el de “consumidores ahogados”: ahorramos en todo, tenemos nuevos valores post-crisis y somos exigentes con las empresas, pero ojo: no con las empresas que nos explotan sino con las que nos cobran las llamadas de móvil, la factura de la luz y los yogures caducados del supermercado.

Nuestros hábitos de vida y, sobre todo, de compra han cambiado, dice la encuesta. El 34 por ciento compramos marcas más baratas, de las que -cabe suponer- son peores que las más caras.

Quizá por eso la encuesta concluye que somos “menos materialistas” que antes de la crisis, más solidarios y más empáticos ante el sufrimiento ajeno. Un 66 por ciento creemos que la “desigualdad social” es uno de los problemas más graves de este país.

El 29 por ciento damos menos importancia a las cosas materiales, mientras que un 18 por ciento admite que ahora ayuda a los que lo necesitan y un 36 por ciento confiesa ponerse más en la piel de otras personas.

A final las conclusiones de la encuesta no pueden prescindir de los aspectos cualitativos de la sociedad post-crisis, que no es exactamente piramidal sino dual, ya que en ella convive una sociedad “acomodada, confiada y optimista” con otra “azotada, desconfiada y emocionalmente dañada”.

Si, vuelven las dos Españas de toda la vida: “Las marcas tienen por delante el reto de atender las demandas de dos Españas muy distintas”, ha añadido Barreiro. ¿Marcas?, ¿a qué marcas se refiere?

Las encuestas no dejan de sorprendernos. ¿No les parece maravillosa la sociología “made in USA” que hemos importado en nuestras universidades?

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China domina la fabricación mundial de drones de alta tecnología

En los años ochenta la mayor parte de los artilugios electrónicos (foto, vídeo, audio) los fabricaba Japón y eran sinónimo de calidad y buenas prestaciones. Como país avanzado, el Imperio del Sol Naciente estuvo asociado a la alta tecnología, aunque no sabemos las condiciones en las que trabajaban los obreros japoneses en las fábricas.

Hoy los artilugios de alta tecnología los fabrica China que, sin embargo, tiene una fama pésima: mala calidad, se estropean rápidamente, a los trabajadores se les explota como a esclavos…

La multinacional china DJI Technology, especializada en la construcción de drones, se ha adueñado del mercado mundial. Domina el 70 por ciento del comercio internacional de estos dispositivos voladores.

Incluso la mayor parte de las empresas estadounidense también recurren a ella. 61 de las 129 empresas que tienen autorización para utilizar aviones no tripulados están comprando drones a DJI: el 47 por ciento del total.

Otras 400 empresas (más de la mitad de las 695 que aún tienen pendiente su aprobación), están esperando para utilizar aviones no tripulados de la multinacinoal china.

Con sede central en la ciudad china de Shenzhen, él éxito más rotundo de DJI es el dron Phantom 2 Vision+, que Estados Unidos se vende en por unos 1.200 dólares. Se trata de un modelo básico, como es en general el mercado en el que se mueve el fabricante chino. Estos drones se utilizan para sacar fotografías, producir vídeos, inspeccionar áreas, etc.

En cuanto al mercado de los vehículos aéreos no tripulados más sofisticados, está siendo limitado por la política de la Administración Federal de Aviación que restringe los vuelos comerciales con drones a operaciones que se realicen dentro de la línea de visión a altitudes de 152 metros o menos.

Esas normas están complicando los esfuerzos de empresas como Amazon y Google para desarrollar drones de alta tecnología capaces de transportar paquetes a través de largas distancias y, en definitiva, estas limitaciones están haciendo que esta industria no sea aún rentable… para todos menos para la empresa china.

Mientras este mercado termina de despegar, en 2014 DJI ganó casi 500 millones de dólares de beneficios, frente a los 130 millones del año anterior y se espera que supere los 1.000 millones en ventas este año.

¿A pesar de la mala calidad de los drones?

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La emigración de los trabajadores irlandeses a Inglaterra

Federico Engels

En muchas ocasiones ya hemos tenido oportunidad de mencionar la existencia de los irlandeses que han venido a instalarse en Inglaterra; ahora examinaremos más detenidamente las causas y los efectos de esa inmigración.

El rápido desarrollo de la industria inglesa no hubiera sido posible si Inglaterra no hubiera dispuesto de una reserva: la población numerosa y miserable de Irlanda. Entre ellos, los irlandeses no tenían nada que perder, en tanto que en Inglaterra tenían mucho que ganar; y desde que se supo en Irlanda que en la orilla oriental del canal de St. George todo hombre robusto podía hallar trabajo asegurado y buenos salarios, bandas de irlandeses lo han atravesado cada año.

Se estima que alrededor de un millón de irlandeses han emigrado así a Inglaterra, y que todavía actualmente hay unos 50.000 inmigrantes por año. Casi todos invaden las regiones industriales y en particular las grandes ciudades, constituyendo en ellas la clase más inferior de la población. Hay 120.000 irlandeses pobres en Londres, 40.000 en Manchester, 34.000 en Liverpool, 24.000 en Bristol, 40.000 en Glasgow y 29.000 en Edimburgo. Esas personas, que han crecido casi sin conocer las ventajas de la civilización, habituadas desde temprana edad a las privaciones de todo género, rudas, bebedoras, despreocupadas del porvenir, arriban así, aportando   costumbres brutales en una clase de la población inglesa que, a decir verdad, tiene poca inclinación por la cultura y la moralidad. Demos la palabra a Thomas Carlyle (1):

“Se puede ver en todas las calles principales y secundarias, los huraños rostros ‘milesianos’ (2) que respiran la malicia hipócrita, la maldad, el desatino, la miseria y el escarnio. El cochero inglés que pasa en su vehículo lanza al ‘milesiano’ (2) un latigazo; éste lo maldice, tiende su sombrero y mendiga. Él representa el peor mal que este país tenga que combatir. Con   harapos y su risa irónica de salvaje, siempre se halla presto a realizar cualquier trabajo que no requiera más que brazos vigorosas y lomos sólidos; y eso por un salario que le permita comprar patatas. Por condimento, le basta la sal; él duerme muy feliz en la primera pocilga o madriguera que encuentra, y su ropa son harapos que el quitárselos y ponérselos constituye una de las operaciones más delicadas posibles y a la cual no se procede sino en los días de fiesta o en ocasiones particularmente favorables. El sajón que sea incapaz de trabajar en tales condiciones, está condenado al paro forzoso. El irlandés, ignorante de toda civilización, desplaza al sajón nativo, no por su fuerza, sino por lo contrario, y se apodera de su puesto. Así vive en su mugre y su despreocupación, en su falsedad y su brutalidad de borracho, verdadero fermento de degradación y desorden. Cualquiera que se esfuerce por subsistir, por mantenerse en la superficie, puede ver aquí el ejemplo de que el hombre puede existir, no nadando, sino viviendo en el fondo del agua… ¿Quién no ve que la situación de las capas inferiores de la masa de los trabajadores ingleses se asemeja cada vez más a aquella de los irlandeses que les hacen la competencia en todos los tratos? Todo trabajo que sólo exige fuerza física y poca habilidad no es pagado según la tarifa inglesa sino a un precio que se aproxima al salario irlandés, es decir, apenas lo necesario para no morir totalmente de hambre. 30 semanas en el año comiendo patatas de la peor calidad, apenas… pero esa diferencia disminuye con el arribo de cada nuevo vapor que viene de Irlanda”.

Aquí Carlyle tiene toda la razón, si se exceptúa la condenación exagerada y parcial del carácter nacional irlandés. Por 4 peniques, los trabajadores irlandeses hacen la travesía hacinados como ganado y se instalan por todas partes. Las peores viviendas son suficientemente buenas para ellos; la ropa es harapienta; ignoran el uso del calzado; su alimentación consiste únicamente de patatas, lo que ganan extra se lo gastan en bebida. ¿Qué necesidad tienen tales seres de un buen salario?

Los peores distritos de todas las grandes ciudades están poblados de irlandeses; por todas partes en que un distrito se señala particularmente por la suciedad y su deterioro, puede esperarse ver que los rostros célticos son mayoría, que al primer vistazo se distinguen de las fisonomías sajonas, y puede escucharse el acento irlandés cantante y aspirado que el irlandés auténtico no pierde jamás. He tenido ocasión de oír hablar el celtoirlandés en los barrios más populosos de Manchester. La mayoría de las familias que viven en sótanos son casi por todas partes de origen irlandés.

En suma, como dice el doctor Kay, los irlandeses han descubierto en qué consiste el mínimo de las necesidades vitales y ahora se lo enseñan a los trabajadores ingleses. Ese desaseo que entre ellos, en el campo, donde la población no se aglomera, no tiene consecuencias demasiado graves, desaseo que resulta una segunda naturaleza para ellos, es verdaderamente una tara horrorosa y peligrosa en las grandes ciudades debido a la concentración urbana.

Del mismo modo que acostumbraba hacerlo en su país, el ‘milesiano’ (2) arroja toda la basura e inmundicias frente a su casa, provocando así la formación de charcas y montones de cieno que enmugrecen los barrios obreros y corrompen la atmósfera. Tal como lo hace en su país, construye su porqueriza junto a su vivienda; y si ello no es posible, el cerdo duerme en la propia habitación. Esta nueva y anormal especie de cría de animales practicada en las grandes ciudades es puramente de origen irlandés. El irlandés es apegado a su cochino como el árabe a su caballo, si es que no lo vende, cuando está cebado para ser matado; por lo demás, come con él, duerme con él,   hijos juegan con él montan sobre su lomo y retozan con él en el fango, de todo lo cual se pueden ver mil ejemplos en todas las grandes ciudades de Inglaterra.

Y en cuanto a la suciedad a la incomodidad de las casas, es imposible hacerse una idea. El irlandés no está acostumbrado a los muebles; un montón de paja, algunos trapos absolutamente inservibles como vestido, y esa es su cama. Un trozo de madera, una silla rota, una vieja caja a guisa de mesa, y no necesita nada más; una tetera, unas ollas y escudillas de barro eso le basta para su cocina que sirve a la vez de habitación para dormir y sala.

Y cuando carece de combustible echa mano a todo lo que puede arder: sillas, marcos de puertas, molduras, tablas del piso, suponiendo que las tenga, todo va a parar a la chimenea. Y, además, ¿para qué necesita espacio? En su país, en su cabaña de argamasa y paja, una sola pieza era suficiente para todos los menesteres domésticos; en Inglaterra, la familia tampoco tiene necesidad de más de una pieza. Ese apiñamiento de varias personas en una sola habitación, actualmente tan extendido, ha sido introducido principalmente por la inmigración irlandesa.

Y como es muy necesario que ese pobre diablo tenga al menos un placer, ya que la sociedad lo excluye de todos los demás, se va a la taberna a beber aguardiente. El aguardiente es para el irlandés la única cosa que le da sentido a su vida, el aguardiente y desde luego también su temperamento despreocupado y jovial: he ahí por qué se entrega al aguardiente hasta la embriaguez más brutal.

El carácter meridional, frívolo, del irlandés, su rudeza que lo sitúa a un nivel apenas superior al del salvaje, su menosprecio de todos los placeres más humanos, que es incapaz de disfrutar debido precisamente a su rudeza, su desaseo y su pobreza, son otras tantas razones que favorecen el alcoholismo; la tentación es demasiado fuerte él no puede resistir, y todo el dinero que gana pasa por su gaznate. ¿Cómo podría ser de otro modo? ¿Cómo puede la sociedad que lo pone en una situación tal que se convertirá casi necesariamente en un bebedor, que lo deja embrutecerse y no se preocupa en absoluto de él, acusarlo cuando después se convierte efectivamente en un borracho?

Contra un competidor de ese género es que debe luchar el trabajador inglés, contra un competidor que ocupa el peldaño más bajo de la escala que pueda existir en un país civilizado y que, precisamente por esa razón, se conforma con un salario inferior al de cualquier otro trabajador. Por eso es que el salario del trabajador inglés, en todos los sectores donde el irlandés puede hacerle la competencia, no hace más que bajar constantemente, y no podría ser de otro modo, como dice Carlyle.

Ahora bien, esos sectores son muy numerosos. Todos aquellos empleos que requieren poca o ninguna habilidad se ofrecen a los irlandeses. Desde luego, para los trabajos que exige un larga aprendizaje o una actividad duradera y regular, el irlandés disoluto, versátil y bebedor no sirve. Para convertirse en obrero mecánico (en Inglaterra todo trabajador ocupado en la fabricación de máquinas es un mecánico), para convertirse en obrero de fábrica, tendría primero que adoptar la civilización y las costumbres inglesas, en una palabra, convertirse en primer lugar en objetivamente inglés.

Mas cuando se trata de un trabajo simple, menos preciso, que requiere más vigor que destreza, el irlandés es tan bueno como el inglés. Y por eso tales oficios son invadidos por los irlandeses; los tejedores a mano, los ayudantes de albañil, cargadores, “jobbers” (3), etc., forman legión entre los irlandeses; y la invasión de esta nación ha contribuido, con mucho, en esas ocupaciones, a disminuir el salario y con él a la propia clase obrera.

Y aun cuando los irlandeses que han invadido otros sectores laborales han debido civilizarse, todavía les quedan suficientes vestigios de su antiguo modo de vida como para ejercer una influencia degradante sobre   compañeros de trabajo ingleses, para no hablar de la influencia del medio ambiente irlandés mismo. Porque si se considera que en cada gran ciudad, una cuarta o quinta parte de los obreros son irlandeses o descendientes de ellos, criados en la suciedad irlandesa, no es de asombrar que en la existencia de toda la clase obrera, en   costumbres, su nivel intelectual y moral,   caracteres generales, se halle una buena parte de lo que constituye el fondo de la naturaleza irlandesa, y se concebirá que la situación repugnante de los trabajadores ingleses, resultado de la industria moderna y   consecuencias, haya podido ser después de todo envilecida.

[…]

Otro factor que ha ejercido una influencia importante sobre el carácter de los obreros ingleses, es la inmigración irlandesa, de la cual ya hemos tratado en igual sentido. Es cierto que la misma, como vemos, de una parte ha degradado a los trabajadores ingleses, privándolos de los beneficios de la civilización y agravando su situación, pero por otra parte ha contribuido a ensanchar la brecha entre trabajadores y burguesía, y acelerar así el acercamiento de la crisis. Porque la evolución de la enfermedad social de la cual sufre Inglaterra es igual que la de una enfermedad física; evoluciona según ciertas leyes y tiene   crisis, de las cuales la última y más violenta decide la suerte del paciente. Y como es imposible que la nación inglesa sucumba a esta última crisis, y como debe necesariamente salir de ella renovada y regenerada, hay motivos para alegrarse de todo lo que conduce la enfermedad a su paroxismo. Y la inmigración irlandesa contribuye a ello además por ese carácter vivo apasionado, que ella aclimata en Inglaterra y que aporta a su clase obrera. Por muchos razones, las relaciones entre irlandeses e ingleses son las mismas que aquellas entre franceses y alemanes; la mezcla del temperamento irlandés, más informal, más emotivo, más caluroso, con el carácter inglés, calmado, perseverante, reflexivo, no puede ser a la larga sino beneficiosa para ambas partes.

El egoísmo brutal de la burguesía inglesa hubiera permanecido mucho más arraigado en la clase trabajadora si el carácter irlandés, generoso hasta el derroche, esencialmente dominado por el sentimiento, no hubiera venido a unirse al mismo, de una parte, gracias al cruzamiento entre razas y, de otra parte, gracias a las relaciones habituales, para suavizar lo que el carácter inglés tenía de frío y demasiado racional. Por tanto, ya no nos asombraremos más de saber que la clase trabajadora se ha convertido poco a poco en un pueblo muy diferente a la burguesía inglesa. La burguesía tiene más afinidades con todas las naciones de la tierra que con los obreros que viven a su lado. Los obreros hablan un idioma diferente, tienen otras ideas y concepciones, otras costumbres y otros principios morales, una religión y una política diferente a aquellas de la burguesía. Se trata de dos pueblos distintos, tan distintos como si fuesen de otra raza, y hasta aquí, conocemos una sola de ellas en el continente, la burguesía. Y sin embargo, es precisamente el segundo, el pueblo de los proletarios, el que es con mucho el más importante para el futuro de Inglaterra.

[…]

Los inmigrantes ingleses que hubieran podido elevar el nivel intelectual del pueblo irlandés, se han limitado a explotarlo de la manera más brutal; y mientras que la inmigración irlandesa ha aportado a la nación inglesa un fermento que producirá sus frutos más tarde, Irlanda tiene muy poco que agradecer a la inmigración inglesa.

Fuente: La situación de la clase obrera en Inglaterra, 1844
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El Banco de Pagos Internacionales se une a la ola de pánico financiero

En la London School of Economics, el gerente general del Banco de Pagos Internacionales (BPI), el español Jaime Caruana, pronosticó que el desplome del precio del petróleo puede hacer estallar la burbuja mundial de la deuda.
El Banco de Pagos Internacionales, considerado como el banco central de los bancos centrales, tiene su sede en Basilea, Suiza.
La información procede del director de asuntos internacionales del diario londinense Daily Telegraph, Ambrose Evans-Prichard, en un artículo publicado el 5 de enero.
Caruana aseguró que a los prestamistas y a los deudores les ha cegado una “ilusión de sostenibilidad”. Les ha dado la ilusión de una falsa seguridad cuando el crédito era fácil y el precio de los activos iba en ascenso. Esta ilusión puede morir en un parpadear de ojos. “El revés del ciclo financiero puede ser bastante abrupto”, dijo.

Los productores de petróleo han respondido al desplome de los precios produciendo más petróleo, en vez de menos petróleo, y la industria petrolera anda rascando por todos lados para pagar el servicio de la deuda (intereses y capital) que asciende a tres billones de dólares, una cantidad que es el triple de lo que era hace diez años, destacó Caruana. El diferencial de riesgo en los bonos petroleros de alto rendimiento saltó de los 330 puntos básicos a los 1.600 puntos en los últimos 18 meses.

Caruana también alertó sobre el incremento de la EC (emisión cuantitativa de papel moneda) por parte de la Reserva Federal, que desde la crisis del 2008 ha impreso billones de dólares para darlos a los bancos a casi cero tasas de interés. Esos fondos ahora están regresando a su sede de origen. Evans-Prichard comentó que “lo que parecía una apuesta de un solo sentido ha resultado un Pacto Fausto, ahora que la Reserva Federal está cerrando el grifo de la liquidez… Nos podríamos estar acercando al ojo de la tormenta”.

Caruana se refirió precisamente a la política a la que Wall Street y Londres han recurrido desesperadamente durante las últimas 6 a 8 semanas: más EC y una presión gigantesca para imponer tasas de interés negativas. “Podría haber la tentación de tratar de mantener en marcha el auge financiero, o de darle una nueva vida de crédito, pero esto sería solo un paliativo a menos que se ajuste el inventario de deuda”, dijo Caruana. Y Evans-Prichard saca como conclusión que “parece que el BPI nos dice que el ajuste de cuentas puede ser ordenado si enfrentamos la realidad, o puede terminar en una ola caótica de incumplimientos si no la enfrentamos. De cualquier modo, la deuda se debe ajustar”.

El BPI no está solo en su pánico. El 4 de enero el estratega del Citibank, Johnathan Stubbs, informaba a los inversores que “parece que el mundo está atrapado en una referencia circular de espiral de muerte”. Aunque se centra muy estrechamente en lo que el denomina “oilmagedon”, una espiral que se retroalimenta con el desplome de los precios del petróleo, un dólar fuerte y una “recesión” económica, Stubss advierte que “esto es fundamental para evitar una recesión plena propiamente global y un peligroso desorden en todos los mercados financieros. Lo que está en juego es mucho, quizás más de lo que ha sido en toda la era de la posguerra”, según informó CNBC el 5 de enero.