El Banco de Pagos Internacionales se une a la ola de pánico financiero

En la London School of Economics, el gerente general del Banco de Pagos Internacionales (BPI), el español Jaime Caruana, pronosticó que el desplome del precio del petróleo puede hacer estallar la burbuja mundial de la deuda.
El Banco de Pagos Internacionales, considerado como el banco central de los bancos centrales, tiene su sede en Basilea, Suiza.
La información procede del director de asuntos internacionales del diario londinense Daily Telegraph, Ambrose Evans-Prichard, en un artículo publicado el 5 de enero.
Caruana aseguró que a los prestamistas y a los deudores les ha cegado una “ilusión de sostenibilidad”. Les ha dado la ilusión de una falsa seguridad cuando el crédito era fácil y el precio de los activos iba en ascenso. Esta ilusión puede morir en un parpadear de ojos. “El revés del ciclo financiero puede ser bastante abrupto”, dijo.

Los productores de petróleo han respondido al desplome de los precios produciendo más petróleo, en vez de menos petróleo, y la industria petrolera anda rascando por todos lados para pagar el servicio de la deuda (intereses y capital) que asciende a tres billones de dólares, una cantidad que es el triple de lo que era hace diez años, destacó Caruana. El diferencial de riesgo en los bonos petroleros de alto rendimiento saltó de los 330 puntos básicos a los 1.600 puntos en los últimos 18 meses.

Caruana también alertó sobre el incremento de la EC (emisión cuantitativa de papel moneda) por parte de la Reserva Federal, que desde la crisis del 2008 ha impreso billones de dólares para darlos a los bancos a casi cero tasas de interés. Esos fondos ahora están regresando a su sede de origen. Evans-Prichard comentó que “lo que parecía una apuesta de un solo sentido ha resultado un Pacto Fausto, ahora que la Reserva Federal está cerrando el grifo de la liquidez… Nos podríamos estar acercando al ojo de la tormenta.

Caruana se refirió precisamente a la política a la que Wall Street y Londres han recurrido desesperadamente durante las últimas 6 a 8 semanas: más EC y una presión gigantesca para imponer tasas de interés negativas. “Podría haber la tentación de tratar de mantener en marcha el auge financiero, o de darle una nueva vida de crédito, pero esto sería solo un paliativo a menos que se ajuste el inventario de deuda”, dijo Caruana. Y Evans-Prichard saca como conclusión que “parece que el BPI nos dice que el ajuste de cuentas puede ser ordenado si enfrentamos la realidad, o puede terminar en una ola caótica de incumplimientos si no la enfrentamos. De cualquier modo, la deuda se debe ajustar”.

El BPI no está solo en su pánico. El 4 de enero el estratega del Citibank, Johnathan Stubbs, informaba a los inversores que “parece que el mundo está atrapado en una referencia circular de espiral de muerte”. Aunque se centra muy estrechamente en lo que el denomina “oilmagedon”, una espiral que se retroalimenta con el desplome de los precios del petróleo, un dólar fuerte y una “recesión” económica, Stubss advierte que “esto es fundamental para evitar una recesión plena propiamente global y un peligroso desorden en todos los mercados financieros. Lo que está en juego es mucho, quizás más de lo que ha sido en toda la era de la posguerra”, según informó CNBC el 5 de enero.

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