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El bloqueo imperialista ha fortalecido a la agricultura rusa

William Engdhal

Uno de los comentarios que más a menudo se escuchan por parte de los economistas occidentales tradicionales es que la economía rusa es demasiado dependiente de las exportaciones de energía, y no puede ser competitiva en terrenos diferentes a la exportación de materias primas básicas.

Mientras que las exportaciones de petróleo y de gas siguen siendo una fuente esencial de ingresos para el Estado, está lejos de ser la única. Debido a las sanciones económicas de Estados Unidos y de la Unión Europea contra el sector energético de Rusia en 2014, el Kremlin respondió en agosto del mismo año con sanciones sobre una amplia gama de productos alimenticios de importación de la Unión Europea y los Estados Unidos. Algunos meses más tarde, en noviembre de 2015, cuando Turquía derribó un avión ruso en el espacio aéreo sirio, Moscú también prohibió las principales importaciones de productos alimentarios procedentes de Turquía, especialmente tomates y pepinos. La fuerte reducción de las importaciones de estos productos y los estímulos gubernamentales selectivos a la agricultura han supuesto un espectacular aumento de la producción agrícola rusa.

Antes de la prohibición de las importaciones rusas, el 40% de todas las ventas al por menor de productos alimentarios en Rusia procedía de las importaciones. Todo en las baldas del supermercado, desde los tomates hasta el pollo, era susceptible de haber sido importado. Las marcas multinacionales tales como Nestlé, Kraft y Danone estaban en todas partes.

En lo esencial, los rusos han olvidado el gusto original de sus propios alimentos. La agroindustria occidental estaba lanzada a la producción nacional de artículos de alimentación de calidad bajo importaciones baratas. Esto ha cambiado ahora de forma espectacular, en el corto lapso de tiempo de dos años. Hoy, la agricultura rusa conoce un renacimiento tranquilo y espectacular, un nuevo nacimiento, de hecho.

El presidente Putin, en su discurso presidencial anual a la Asamblea Federal, el 3 de diciembre de 2015, anunció el objetivo nacional de autosuficiencia alimentaria en los cuatro años que van hasta 2020. Esto significa reemplazar completamente el 40% del consumo alimentario en seis años. Y lo más notable es que este objetivo hoy parece modesto, como poco.

Tras haber introducido las prohibiciones de importación de productos alimentarios de Turquía en noviembre de 2015, Putin declaró: “Rusia puede llegar a ser el mayor suministrador de productos alimentarios sanos, ecológicamente limpios y de alta calidad nutricional, que los productos occidentales no proporcionan desde hace muchos años”. El año pasado Rusia también anunció una prohibición total de plantación de cultivos OMG o de importación de productos OGM de Occidente.

Como consecuencia de la combinación de prohibiciones y de medidas para aumentar la producción alimentaria nacional, Rusia ha disminuido sus compras internacionales de productos alrededor de un 40% desde el año 2013, no suponiendo más que unos 26,5 mil millones de dólares a finales de 2015.

Primer productor mundial de trigo

Hoy, la Federación Rusa es uno de los líderes mundiales de exportación de productos agrícolas. El valor total de las exportaciones en 2015 hacia unos 140 países se ha estimado en unos veinte mil millones, cinco mil más que en 2014, representando un aumento de más de un tercio, tras un año de sanciones. Esta suma supera en un 25% los ingresos por exportación de armas y un tercio de los beneficios de la exportación de gas natural.

Muchos tienen la imagen de un sistema alimentario soviético ineficaz y obsoleto, con granjas colectivas gigantes y productores no motivados. Este modelo ha desaparecido desde hace mucho. Hoy, el 70% de todas las tierras agrícolas rusas son privadas. La principal forma de privatización en los años 90 fue la distribución de la tierra a los antiguos empleados de las granjas colectivas estatales. Desde entonces, la mayoría de la tierra, especialmente las ricas tierras de “suelo negro”, el tchernoziom del sur de Rusia y cerca del Mar Negro tiene oficialmente status de propiedad privada.

Con parte de los suelos más ricos en tierra negra del mundo, Rusia, con los incentivos apropiados, ha sido campeona en el aumento considerable de su producción. Engloba una de los dos únicos cinturones de suelo negro del mundo, conocidos como cinturones de tchernoziom. Va desde el sur de Rusia hasta Siberia, a través de los distritos de Kursk, Lipets, Tampov y Voronozeh. El suelo contiene un porcentaje elevado de humus, ácidos fosfóricos, fósforo y amoniaco, son muy fértiles y proporcionan un rendimiento agrícola elevado. Otro cinturón de tchernoziom se extiende desde el sur de Rusia hacia el Oeste: el norte de Ucrania y los Balcanes, a lo largo del Danubio.

El pasado año, la cosecha rusa de trigo ha superado a la de Estados Unidos, haciéndola así el mayor exportador del mundo. Se ha beneficiado también de los excepcionales rendimientos del maíz, del arroz, de la soja y del trigo sarraceno. Los principales compradores de trigo y cebada rusos son Egipto, Arabia saudí, Irán, Azerbayán, Yemen, Libia, Nigeria, África del Sur y Corea del Sur. Desde el fin de la Segunda Guerra, las exportaciones agrícolas de Estados Unidos han sido consideradas como un sector estratégico. Hoy, tras decenios de empleos de productos químicos pesados y métodos de cultivo intensivos, las grandes granjas de Estados Unidos en lugares tales como Kansas se enfrentan a un grave agotamiento del suelo y a la muerte de microorganismo vitales. El rendimiento de una cosecha no reemplaza la calidad, y aquí los cereales rusos “bio” se están convirtiendo en la principal  fuerza en los mercados mundiales de cereales.

Igualmente, Rusia permite hoy el alquiler de tierra agrícola a los extranjeros. El gobierno está en negociaciones con grupos alimentarios asiáticos, en China y Tailandia, para ayudar a invertir y modernizar sectores claves tales como la producción lechera. El Fondo Ruso de Inversión Directa (RDIF) dispone de una suma de dos mil millones, junto con China, para invertir en proyectos agrícolas. Ha formado recientemente en empresa en común con CP, un grupo tailandés, para construir el mayor complejo lechero integrado de Rusia. También trabaja con Egipto para crear una plataforma de exportación de cereales rusos a través del canal de Suez.

Hay que destacar que numerosos oligarcas rusos, en vez de gastar su riqueza fuera del país invirtiendo en el sector inmobiliario de Londres, en clubs de fútbol u otros proyectos que nada hacen por ayudar a construir la economía de Rusia, invierten ahora grandes cantidades en el sector agroalimentario ruso. Los incentivos fiscales y otras medidas que el gobierno ha establecido hacen esa inversión extremadamente rentable.


Evgenia Tyurikova, a la cabeza de la banca privada filial del banco estatal Sberbank, el más importante de Rusia, ha declarado recientemente a Bloomberg: “Las dos inversiones más atractivas para los rusos ricos son las tierras agrícolas y los hoteles europeos. Esta tendencia es muy nueva” […]

La siguiente etapa hacia el objetivo de autosuficiencia alimentaria rusa es la explotación de unos 40 millones de hectáreas de tierras agrícolas ociosas, en gran parte abandonadas durante el hundimiento de la economía en los años de Yeltsin en 1990. Estas tierras en barbecho representan la superficie de Irak. Putin ha exhortado al Estado a ceder algunas de ellas (que le pertenecen) para crear más explotaciones privadas […]

La astuta estrategia de las sanciones de Occidente les ha dado en pleno rostro. Rusia se orienta hacia el este y no hacia el oeste, y la agricultura es una parte importante de este giro.

Fuente: http://journal-neo.org/2016/06/15/russia-number-one-world-wheat-exporter/
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La biotecnología española ya factura tanto como el turismo

En su informe sobre la facturación de 2014, recientemente publicado, la patronal ASEBIO, Asociación Española de Empresas de Biotecnología, demuestra que este sector industrial ha igualado las cifras de facturación del sector turístico y colaboran con un porcentaje similar al PIB de España: un 10,9 por ciento el turismo y un 10,35 por ciento, la biotecnología.

En España la expansión de la industria biotecnológica es espectacular ya que en 2008 este sector apenas suponía un 2,9 por ciento del PIB y el empleo ha crecido el 2,91 por ciento hasta los 177.973 trabajadores.

A pesar de la fuerte crisis que hay en otros sectores económicos, en 2014 la biotecnología superó los 107.000 millones de euros de facturación, un 13,8 por ciento más que en el ejercicio anterior.

En las empresas del sector se está produciendo un evidente proceso de centralización de capitales, ya que aunque la facturación crece, el número de empresas se reduce. En 2014 la ASEBIO contabilizó 2.742 empresas, un ligero retroceso del 3,14 por ciento con respecto a las que había el año anterior.

Sin embargo en lo que respecta a las que tienen en la biotecnología su actividad principal, el número de empresas creció un 13,36 por ciento, hasta contabilizar 628 sociedades, lo que coloca a España como el segundo país del mundo con mayor número de ellas, sólo por detrás de Estados Unidos.

Como consecuencia de la monopolización, aunque la facturación de las empresas estrictamente biotecnológicas creció un 6,75 por ciento, el empleo se redujo un 6,90 por ciento.

Ya ven que el panorama es un poco distinto del que lamentan los científicos e investigadores. Cabe añadir, además, que la industria de la biotecnología se expande gracias a las inversiones de fondos buitre, de movimientos especulativos de capital riesgo porque las expectativas de beneficio en el sector son muy superiores a la cuota media de ganancia.

El 28 de mayo del pasado año el portal de información económica “Invertia” puso en titulares que los fondos de inversión en biotecnología eran los que más habrían crecido en bolsa aquel mes.

Para atraer a los fondos buitres, los “científicos” e “investigadores” que son a la vez capitalistas y especuladores de algunas de estas empresas, divulgan todo tipo de “informaciones” que hacen pasar como “ciencia”. Eso explica una parte de los fraudes, rumores y cotilleos que circulan en materias tales como transgénicos, vacunas o curas milagrosas de tales o cuales pandemias.

Algunas ciencias ya no son lo que eran. Ahora, además, son un negocio… como cualquier otro. También tienen sus pelotazos.

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El FMI advierte contra el proteccionismo y el peligro de guerra mundial

En su entrevista al “Financial Times” de 5 de julio la directora del Fondo Monetario Internacional ha acabado por aclararnos más que todos los grupos seudorrevolucionarios en las últimas décadas: el verdadero significado de todo ese nuevo diccionario que -de mala manera- han ido inventando con términos como globalización, neoliberalismo, transnacionales y otros.

Como los grandes monopolistas, Lagarde habla para los suyos y no se muerde la lengua: las tendencias económicas proteccionistas se imponen en el mundo, lo cual conduce a una nueva guerra mundial. Sin embargo, la directora “confía” en que no vuelva a reproducirse otra vez algo como lo que ocurrió en 1914, cuando estalló la Primera Guerra Mundial.

A diferencia de los viejos y nuevos reformistas, Lagarde no pretende distraer la atención de nadie. Ni las preguntas ni las respuestas se anduvieron con rodeos. El periodista le preguntó muy claramente por las consecuencias del crecimiento de los “conflictos comerciales” y el proteccionismo. En el pasado las olas de proteccionismo han causado numerosas guerras, respondió Lagarde.

Menos mal que tenemos a buitres como Lagarde para aclararnos las cosas que otros quieren nublar. Lagarde cumple cinco años al frente del FMI y quiso celebrar la renovación de su mandato con una entrevista al portavoz por excelencia de los buitres financieros. La directora cuenta lo que hay en el mundo ahora mismo, aunque lo envuelve en el paquete de las mejores intenciones. Pero no confunde sus deseos con la realidad. Lo que hay no es lo que le gustaría.

A pesar de que el imperialismo lucha contra el proteccionismo desde 1945, el proteccionismo se vuelve a imponer porque, como decía Marx, cuando tratas de arrojar a la historia por la puerta, vuelve a entrar por la ventana. La consigna de Lagarde es favorable al “neoliberalismo”: hay que resistir al proteccionismo, dice recordando el informe de la Organización Mundial de Comercio publicado hace un mes, en el que constata que entre octubre del año pasado y mayo del actual los Estados miembros aprobaron 145 medidas restrictivas del comercio mundial.

Sin ninguna duda, el proteccionismo conducirá a una severa depresión en todo el mundo, pero todas y cada una de las instituciones monopolistas mundiales están sumidas en el descrédito más absoluto desde su fundación en la posguerra, empezando por la Unión Europea. El referéndum del Brexit, la campaña de Donald Trump a la presidencia, las elecciones en Austria y Australia así lo demuestran de forma dramática.

En el terreno político se ha impuesto una cierta desmundialización. Predominan el nacionalismo, el racismo, la xenofobia y, en fin, todas las taras de la burguesía han aparecido encima de la mesa. Pero la burguesía se preocupa por sí misma: “Debemos implementar políticas para que todo el mundo comprenda las ventajas de la mundialización, de manera que no se entienda como ventajosa para quienes ganan con ella, no para los que pierden y son abandonados a la deriva y nadie les presta atención”.

¿Se dan cuenta? Nada menos que la presidenta del FMI se preocupa por los parias de la tierra. Sólo le faltaba hablar del incremento de las “desigualdades sociales” para que su discurso se confunda con el de Errejón.

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La guerra de Irak fue una guerra por el petróleo de Irak

Los gobiernos estadounidense y británico se pelearon con dureza por el control del petróleo iraquí tras el derrocamiento de Sadam Hussein, según ha revelado el informe Chilcot. Tony Blair parecía más preocupado que los estadounidenses por la idea de que los críticos vieran la invasión como una guerra por el petróleo: les decía que sería muy perjudicial que se viera que los dos países “se llevaban el petróleo de Irak”.

Pero sir David Manning, asesor en política exterior de Tony Blair, dijo a Condoleezza Rice, la asesora de seguridad nacional de Estados Unidos, el 9 de diciembre de 2002 en Washington que Reino Unido aún quería más parte del botín.


“Sería inapropiado que el Gobierno entrara en debates sobre ningún reparto de la industria del petróleo iraquí”, dijo. “Sin embargo, es esencial que nuestras empresas [británicas] tengan acceso en igualdad de condiciones a este y otros sectores”.

Altos cargos del gobierno británico convocaron a un equipo de BP a una reunión sobre las perspectivas para el sector de la energía de Irak el 23 de enero de 2003, dos meses antes de la invasión, que acabó en mayo.

Más adelante en ese mismo año, la empresa petrolera británica comenzó una revisión técnica del campo de Rumaila, el segundo más grande del mundo. Para 2009, BP se había hecho con un contrato de servicios para aumentar la producción del campo, que tiene 20.000 millones de barriles de petróleo extraíble.

Edward Chaplin, el embajador británico en el Irak ocupado, habló de favorecer “los intereses de BP y Shell” cuando mantuvo conversaciones con el primer ministro provisional de Irak, Ayad Allawi, el 13 de diciembre de 2004.

Blair le había dicho al presidente de Estados Unidos, George W. Bush, en una reunión en mitad de la invasión el 31 de marzo de 2003, que hacía falta tener una imagen más clara de cómo sería un Irak post-Sadam para “esbozar un futuro político y económico y disipar el mito de que estábamos ahí para hacernos con el petróleo”.

Sin embargo, ese mismo año, una comunicación interna del Gobierno para Geoff Hoon –el entonces ministro británico de Defensa– antes de unas conversaciones con su homólogo estadounidense, Donald Rumsfeld, hablaba de la necesidad de “igualdad de condiciones: grandes contratos para reconstruir Irak. Puesta a salvo de las vidas británicas. Expectativas de igualdad de condiciones para las empresas de Reino Unido en el petróleo y otros sectores”.

El embajador británico en Naciones Unidas, sir Jeremy Greenstock, identificó los presupuestos y el petróleo como los dos ejemplos más claros de asuntos en los que Reino Unido no fue consultado por la autoridad provisional establecida para gobernar Irak por la coalición coordinada por Estados Unidos.


“No vimos nada en absoluto en el sector del petróleo, la autoridad provisional lo mantuvo en manos estadounidenses, porque querían gestionarlo ellos”, dijo a los investigadores de Chilcot, según se cita en el informe final.

Al mismo tiempo, una comunicación entre dos funcionarios británicos el 6 de septiembre de 2004 se titulaba “Estrategia energética para Irak” y destacaba que Reino Unido sacaría provecho de Irak, que tiene algunas de las mayores reservas de petróleo del mundo. “El desarrollo del sector energético de Irak será complementado con la implicación creciente de las empresas británicas, que llevará a una inversión sostenida en los próximo cinco o diez años y un negocio considerable para Reino Unido”.

BP ha declinado hacer declaraciones.

Fuente: http://www.eldiario.es/theguardian/EEUU-Reino-Unido-pelearon-petroleo_0_535096840.html

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Estados Unidos pierde la hegemonía en la fabricación de alta tecnología

El Pentágono ha contratado la fabricación de los microprocesadores electrónicos que llevan los satélites espías, los misiles y los aviones de combate a una empresa pública radicada en Abu Dhabi.

En 2004 el Departamento de Defensa firmó un contrato de 10 años con IBM para fabricar los componentes electrónicos para las fuerzas armadas y la Agencia de Seguridad Nacional.

Las fábricas que elaboraban los semiconductores especializados se calificaban “Trusted Foundries” porque los militares los podían utilizar con plena confianza en todos los equipos militares y de seguridad.

Pero en julio del año pasado IBM vendió su división de semiconductores a Global Foundries, una empresa del emirato de Abu Dhabi.

El nuevo contrato de 7 años firmado con Global Foundries, que vence en 2023, pone fin a meses de incertidumbre sobre el suministro de microprocesadores al ejército de Estados Unidos, concluyendo así una primera etapa dedicada a proteger los sistemas de defensa, que se han mostrado muy sensibles a ciberataques y otras manipulaciones informáticas.

Durante este tiempo el Pentágono ha buscado nuevos suministradores y va a extender las precauciones necesarias para impedir que los componentes electrónicos sean trucados o caigan en manos poco fiables.

Global Foundries forma parte de cuatro empresas identificadas en el mundo como fabricantes de semiconductores avanzados para el Pentágono. A ella se suman TSMC de Taiwan, Samsung de Corea del sur e Intel, que no fabrica microprocesadores específicos para la seguridad y la defensa.

El organismo de supervisión del Congreso ha expresado su inquietud por la dependencia del Pentágono de una única fuente de suministro de semiconductores, una industria que se desplaza progresivamente hacia las fábricas asiáticas, que producen centenares de millones de componentes para los aparatos electrodomésticos de gran consumo en todo el mundo.

China ha anunciado una inversión gigantesca de 200.000 millones de dólares en tecnología de semiconductores, una plan para convertirse en autosuficiente en un sector que es estratégico para la guerra comercial.

En lugar de desarrollar su propia industria de semiconductores, muy dependiente de las importaciones de otros países, China ha decidido crear su propia industria empezando por comprar empresas microelectrónicas por todo el mundo, incluido Estados Unidos, para llevar la técnica a su propio país.

El Pentágono ha perdido influencia en una industria puntera que lleva financiando desde 1960. Las fuerzas armadas dependen de microprocesadores especializados que, a diferencia de los de consumo doméstico, se fabrican en muy pequeñas cantidades.

La nueva generación de aviones de combate F-35 tiene centenares de microprocesadores, cuyo número exacto se desconoce, que nada tienen que ver con los centenares de millones que integran los ordenadores, las lavadoras o los móviles.

Las multinacionales que los fabrican están volcando su interés por la producción civil en masa, un mercado en el que la competencia obliga a una renovación casi mensual, mientras que los componentes militares tienen un plazo de actualización mucho mayor y se fabrican en cantidades micho menores.

Esta situación ha conducido a que el Pentágono no pueda contar sólo con una única empresa estadounidense que trabaje en componentes militares, sino que extienda sus proveedores al terreno por todo el mundo.

El director de Darpa, la sección tecnológica del Pentágono, William Chappell hace de la necesidad virtud y asegura que al abrirse a las empresas civiles, las fuerzas armadas modernizarán su tecnología.

Pero no pueden estar seguros de que los nuevos componentes sean fiables. No es la primera vez que el Pentágono descubre “puertas traseras” en los microprocesadores que compra a terceros países, como China.

A pasos agigantados, Estados Unidos se está convirtiendo en un país dependiente en materia de tecnología y Darpa trabaja en un sistema de “marcado” de los procesadores que compra para comprobar su fiabilidad y seguridad.

Las técnicas de “marcaje” de Darpa han suscitado el interés de empresas civiles, como las financieras, para impedir el espionaje de la competencia y los ciberataques, dentro de una escalada de la paranoia de seguridad que es típica de Estados Unidos.

Pero para los estadounidenses lo único seguro es lo que fabrican ellos mismos, por lo que en el paraíso del neoliberalismo los fabricantes de microprocesadores se han agrupado para exigir al gobierno ayudas públicas que les permitan continuar con la producción  de alta tecnología en condiciones competitivas con otros países.

En todo el mundo la seguridad es un mercado cada vez más grande, el típico negocio de vendedores de humo del que se han apoderado los militares.

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El Deutsche Bank sigue en caída libre

No es la primera vez que hablamos aquí sobre el hundimiento del Deutsche Bank, que es uno de los mayores damnificados por la quiebra del capital financiero de 2007. Ahora un informe del Fondo Monetario Internacional lo ha vuelto a calificar como “el mayor peligro” para el sistema financiero mundial.

Es el mayor banco de Alemania y la banca alemana es el pilar central del euro. Sólo en lo que va de año las acciones de Deutsche Bank acumulan un desplome superior al 40 por ciento, uno de los mayores de toda la banca europea. Pero si empezamos a contar desde 2007, antes del estallido de la última crisis financiera, cuando alcanzó un máximo cercano a los 100 euros por acción, el desplome roza el 90 por ciento.

Ahora su capitalización bursátil es de apenas 18.000 millones de euros. La cifra contrasta con las valoraciones de otros bancos europeos. Sin ir más lejos, en el Ibex Santander supera los 51.000 millones de euros, y BBVA los 32.000 millones. Incluso la suma de las capitalizaciones de CaixaBank y Bankia superaría la del mayor banco alemán.

El Deutsche Bank es un banco de inversiones fundado en 1870. Desde entonces ha crecido hasta posicionarse como uno de los bancos más relevantes del capitalismo. Además de cotizar en la bolsa de Frankfurt, la más relevante de Europa, también lo hace en la de Nueva York.

Como banco de inversiones, su campo de acción no está orientado al gran público sino a operaciones de capital, de compra y venta de valores o de financiación y asesoramiento de grandes empresas, entre otras actividades.

El hundimiento del Deutsche Bank expresa la profundidad de la crisis capitalista, que ya no es un corralito del Tercer Mundo, ni de Grecia, sino que ataca al corazón de las mayores potencias imperialistas.

El índice sectorial de la banca de la eurozona alcanza sus niveles más bajos en cerca de cuatro años, desde agosto de 2012.

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Brexit: el análisis del análisis más analítico

Con el Brexit ocurre como con las más recientes elecciones: lo más interesante de analizar no son las elecciones en sí mismas, sino las conclusiones a las que llegan los analistas, es decir, convertir a los sujetos analizadores en objetos del análisis para hacer una síntesis.

Se puede analizar cualquier análisis porque casi todos dicen las mismas vaciedades. Si se analiza, por ejemplo, el análisis que Rodas Vargas publica en La Haine (1), sacamos la impresión de que no sólo expresa un punto de vista de clase erróneo, sino un punto de vista nacional que es el propio de un español, es decir, un país marginal dentro de Europa y dentro del mundo.

El artículo empieza explicando los antecedentes de la situación, lo cual es correcto. Sin embargo, esos antecedentes ni son todos los antecedentes ni son suficientemente antecedentes, ya que no van más allá de las promesas electorales de Cameron de celebrar el referéndum.

Esa explicación es superficial: da por explicado lo que hay que explicar, que son -al menos- dos premisas. La primera es por qué Cameron convoca un referéndum y la segunda es por qué lo hace ahora.

En realidad deberíamos hacer muchas más preguntas y poner muchos más antecedentes encima de la mesa. Como en el caso de Grecia, habría que preguntar por qué entró Reino Unido en 1973 en lo que entonces se conocía como “Mercado Común Europeo”.

¿Por que Reino Unido pidió su incorporación a la Unión Europea en 1963?, ¿por qué la Francia de De Gaulle impuso su veto por dos veces, paralizando la integración durante 10 años?

Para contestar esas preguntas hay que llegar a saber qué es la Unión Europea, por qué surge, cuál ha sido su trayectoria y por qué lo que hasta la fecha era una “vaca sagrada” de los medios de comunicación se ha convertido en el saco de todos los golpes.

Sería bueno que los analistas fueran a las hemerotecas y leyeran lo que los medios de comunicación de toda Europa escribían en 1999, hace sólo 17 años, cuando se creó el euro como un símbolo de una era de prosperidad que nos prometieron que sería eterna. ¿Por qué entonces todos querían entrar y ahora todos quieren salir?

A falta de un análisis de clase, las explicaciones hacen recaer las decisiones en ese “factotum” llamado “la gente” que ha votado esto o lo otro. No sólo da la impresión de que son las votaciones las que resuelven (o empeoran) los problemas sino, además, que lo hace esa “gente”, los votantes.

A partir de entonces el análisis se vuelve sicológico, una especie de catarsis o trance típico de santería que se disimula con aderezos de que si la extrema derecha crece, de que si la xenofobia, el “miedo” a la inmigración, el auge del racismo, del nacionalismo…

Otros le dan la vuelta a esa sicología de pacotilla y pasan la antorcha a “la izquierda”, el descontento por la política de recortes, el neoliberalismo, la era thatcherista y todo el estúpido discurso que venimos leyendo desde hace más de 20 años sobre la troika y demás entelequias.

Los analistas son más bien “analistos”; nos desprecian. La culpa la tenemos “la gente” porque votamos esto o lo otro. “La gente vota a los delincuentes”, ha dicho Mónica Oltra en referencia al triunfo del PP en España. No somos capaces de votar la opción correcta, que es la de votar a Mónica Oltra y gente parecida, que no son delincuentes.

El verdadero voto de castigo es el de los analistos: “tenéis lo que os merecéis”, nos han vuelto a repetir otra vez. En fin, el análisis nunca va más allá de las votaciones y de contar votos. Analizan un partido, un grupo o un grupúsculo para pasar luego a otro, hablando de todo un poco, excepto de lo que se debe poner encima de la mesa, es decir, callando u ocultando siempre lo esencial.

Hay otro aspecto que los analistos añaden al repaso de grupos, grupillos y grupúsculos, que es el análisis de las políticas, de las que exigen que deben ser “viables” (nada de utopías) y que Alejandro Nadal resume en eso que llama “neoliberalismo”(2), tanto el de la Thatcher en Londres, como el de la Merkel en Bruselas.

Pero Londres, Berlín o Bruselas ¿pueden implementar otras políticas diferentes a las que han implementado hasta hoy?, ¿keynesianas quizás?, ¿de aumento del gasto social?

Sobre todo: si la política económica de Londres, la de Berlín y la de Bruselas son idénticas, ¿por qué el Reino Unido abandona la Unión Europea? La explicación tiene que estar en otra parte.

Los “progres” y los analistos no son capaces de ir más allá de la banalidad, repitiendo que a partir de ahora el mapa de Europa va a cambiar, que los escoceses serán convocados a otro referéndum para salir del Reino Unido y entrar en el Reino Europeo… Veamos señores: saquen del cajón un mapa de Europa de 1990. ¿No empezó a cambiar a partir de entonces?, ¿ya no se acuerdan de la guerra de los Balcanes ni de la desaparición de Yugoeslavia?, ¿no es el Brexit una continuación de aquello mismo?

Si eso es así, como parece, ¿por qué no mencionan ni una sola vez la palabra “imperialismo”?, ¿acaso no saben lo que es?, ¿no saben de qué se trata?

(1) http://www.lahaine.org/mm_ss_mundo.php/reino-unido-sale-de-la
(2) http://www.lahaine.org/mundo.php/brexit-el-naufragio-del-neoliberalismo

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La Unión Europea no rescatará a la banca italiana de su quiebra

El gobierno italiano plantea inyectar hasta 40.000 millones de euros a los bancos más próximos a la catástrofe. En los test de estrés que hizo el Banco Central Europeo en octubre de 2014, de los 25 suspensos, 9 fueron para bancos italianos.

Los problemas son los mismos que el resto del capital financiero mundial: endeudamiento y recesión que, aunque se llame “alta morosidad”, es sinónimo de quiebra. Los bancos no están cobrando los préstamos que concedieron.

A diferencia de España, la banca italiana no sólo está cautiva de activos tóxicos procedentes del sector inmobiliario, sino de toda la economía. Otra diferencia es que el capital financiero italiano presume de lo que carece, de fortaleza, y no se reconoce en crisis. A lo máximo reconoce que son sólo algunos bancos los que tienen problemas.

La ceguera no puede ser mayor: mientras el nivel de morosidad -el reconocido de puertas afuera- en España es del 10 por ciento, en Italia es del 18 por ciento.

Como consecuencia de la quiebra, las acciones de los bancos italianos han caído más de un 20 por ciento de media desde principios de este año, hasta el punto de que Monte dei Paschi di Siena, el tercer banco del país, ha llegado a perder más de la mitad de su valor en bolsa.

A mediados de este mes la Bolsa de Milán tuvo que suspender la contratación de algunos de los mayores bancos del país a causa del desplome de sus cotizaciones.

El gobierno italiano ha gastado en sus bancos mucho menos que el español, apenas 3.600 millones de euros entregados a cuatro pequeños bancos regionales y otro poco más al Monte dei Paschi. No pasa nada. Son maestros en el arte del disimulo, aunque ahora piensen recapitalizar a otros.

Pero el verdadero problema es que, lo mismo que los bancos, el Estado también tiene la caja vacía. La  deuda pública es la segunda más alta de la Unión Europea, sólo por detrás de Grecia: el 132 por ciento del PIB.

Después del rescate a Grecia y España, a Alemania, o sea, a la Unión Europea, ya no le quedan ganas de seguir poniendo dinero encima de la mesa. El 1 de enero entraron en vigor las nuevas normas de Bruselas sobre crisis bancarias, que ponen fin a la era de los rescates con dinero público. En adelante serán los accionistas, los acreedores y los depositantes los que se hundan junto con sus bancos.

Naturalmente que no todos se hundirán al mismo tiempo y en la misma medida. Los primeros en pagar la factura serán los pequeños ahorradores, esos ingenuos que, el estilo de los preferentistas en España, creen que el capitalismo es eterno y siguen guardando su dinero en un sitio “seguro”.

Además del empobrecimiento brutal de las masas, un verdadero atraco a mano armada, la segunda consecuencia será el fin del minifundismo bancario en Italia, la desaparición de las pequeñas cajas de ahorro y montes de piedad y la concenrtación nacional e internacional del capital financiero.

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El gobierno francés prohíbe una manifestación por primera vez desde hace decenios

Esta mañana el gobierno francés ha prohibido una manifestación contra la reforma laboral, un hecho inédito que no se producía desde hacía más de medio siglo.

La decisión la ha tomado el prefecto después de que siete sindicatos rechazaran limitar la protesta a una concentración que la policía podría controlar más fácilmente.

En un comunicado, los dirigentes de los sindicatos FO y CGT, Jean Claude Mailly y Philippe Martinez, han reaccionado exigiendo ser recibidos inmediatamente por el ministro del interior Bernard Cazeneuve.

Las amenazas de la policía no han surtido ningún efecto. Ayer 130.000 personas firmaron un manifiesto afirmando que no respetarán la prohibición de manifestarse impuesta por el prefecto.

La prohibición de una manifestación en Francia es un hecho sin precedentes, según ha reconocido el diputado socialista Christian Paul, uno de los que más enérgicamente se oponen a la reforma laboral de su partido.

Hay que remontarse a 1958 para encontrar la vez anterior que se prohibió una manifestación convocada por los sindicatos.

Mailly, el dirigente de FO (Fuerza Obrera), ha afirmado a la radio RMC que su el gobierno prohibía la manifestación, habría que incluir a Francia en el pelotón de países a los que no se puede calificar de democráticos.

Los dirigentes sindicales ponen de manifesto una increíble escalada “autoritaria” por parte del gobierno de Manuel Valls para hacer frente a las multitudinarias protestas obreras que recorren las calles francesas desde el mes de febrero.

Son varios los medios que han hablado abiertamente de “guerra civil” para describir el clima de enfrentamientos y sabotajes cotidianos, que ya han causado un número elevado de heridos y decenas de detenidos.

El clima de “guerra civil” en Francia se desata en medio del estado de emergencia impuesto desde hace meses por los atentados yihadistas de París, que el gobierno socialista de Hollande y Valls ha venido prorrogando sin ningún fundamento.

La socialdemocracia vuelve a demostrar que no sólo es la fuerza de choque encargada de intensificar la explotación de la clase obrera, sino también de imponer el clima de terror que necesariamente los acompaña.

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Las mujeres africanas se unen contra los microcréditos

Fátima Martín

Ser mujer, pobre y africana. Son los tres requisitos preferidos por los buitres de los microcréditos que, con la excusa de combatir la pobreza y con el beneplácito de organismos como Naciones Unidas, la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) o el Banco Europeo de Inversiones (BEI), las estafan, las endeudan y las arruinan. Sus víctimas han sufrido amenazas e incluso cárcel, como en Mali; han perdido a sus familias, han caído en la prostitución o se han suicidado, como en Marruecos; o se han sobreendeudado para no morir por no poder pagar una cesárea, como en Congo Brazzaville.

Pero las mujeres africanas de distintos países se están liberando, juntas, de la esclavitud de las microfinanzas. Tuvimos la oportunidad de conocer a varias de ellas en el transcurso de la Asamblea Mundial del Comité Por la Abolición de las Deudas Ilegítimas (CADTM), que tuvo lugar en abril en Túnez. Nos contaron sus experiencias.

Fatimata Boundy es una profesora jubilada de Mali. Asegura que en su país hay decenas de mujeres encarceladas por no poder hacer frente a las deudas provocadas por microcréditos de unos 150.000 francos CFA (unos 228 euros). Son mujeres que se dedican a la actividad informal, al pequeño comercio, al mercado ambulante, etc. En el momento en que no pueden devolver los intereses abusivos, son presionadas, se les quitan sus bienes e incluso son detenidas. Los juicios aún no se han producido. “He­mos pedido solidaridad internacional. Habrá un encuentro de mujeres en Mali en 2017”, anuncia.

El de Mali se producirá después de la caravana internacional reivindicativa de mujeres contra los microcréditos que se celebró en Ouarzazate (Marrue­cos) en 2014. Fatimata participó en ella y pudo escuchar los testimonios de las víctimas marroquíes. “Una mujer, por culpa de las deudas, perdió su trabajo, a su marido y su único hijo se fue a la aventura. Me puse en su lugar y me llené de dolor. Ese día lloré”, relata.

Fátima Zahra, estudiante marroquí de francés, de 30 años, explica que los agentes de las microfinanzas despachan microcréditos a mujeres que no saben leer ni escribir a intereses que pueden alcanzar el 45 por ciento. Como garantía, van a sus casas para ver si tienen algo de valor. Cuando ya no pueden pagar, vuelven a sus casas y las obligan a vender sus bienes.


“Algunas mujeres se han prostituido. Otras se han suicidado. O han escapado de sus casas por la humillación y pierden a sus familias. Sus problemas con los microcréditos se trasladan a sus hijos, que dejan de estudiar para ayudar a sus madres a pagarlos. Incluso han llegado a ofrecer préstamos a niños en el instituto. Esto provoca problemas psicológicos y sociales”, explica.

Con 12 instituciones y más de un millón de clientes activos con una exposición de 500 millones de euros, el sector de las microfinanzas en Marruecos es el más dinámico de la región de Oriente Medio y Norte de África, según el Fondo de Financiación de Or­ganismos de Microfinanzas en Marruecos (Jaïda). Su web informa sin pudor de que “la tasa de interés está liberalizada”.

Las instituciones locales de microfinanzas están amparadas por el régimen marroquí, el Majzén, financiadas por el sector financiero marroquí (Bank Al-Ma­ghrib o Cai­sse de Dépôt et de Gestion) y extranjero, y subven­cio­nadas por organizaciones internacionales como el Progra­ma de Naciones Unidas para el Desa­rrollo (PNUD), la USAID, el BEI o la Agencia Españo­la de Coo­peración Internacional para el Desarrollo (AECID).

Entre los accionistas fundadores de Jaïda figuran entidades presuntamente dedicadas al de­sarrollo, como la alemana KfW y las francesas Caisse de Dépôts et Consigna­tions y la Agencia Fran­cesa de Desarrollo. A menudo, detrás de estas instituciones de microcréditos hay importantes personalidades nacionales o internacionales.

La asociación de microcréditos INMAA está vinculada a la ONG AMSED y a PlanetFinance, del “capo” Jacques Attali, fundador de Acción contra el Hambre, mientras que Al Amana ha tenido como presidente de honor a Driss Jettu, ex primer ministro de Marruecos con Mohamed VI.

“La banca internacional tiene intereses estratégicos en el contexto global político y económico entre Norte y Sur. La pobreza es su mercado”, asegura Fátima Zahra. En su opinión, el movimiento de asociaciones de víctimas de los microcréditos es muy importante para “mujeres que han sido capaces de liberarse de todos los dogmas patriarcales, salir a la calle a luchar contra las políticas neoliberales y dejar de pagar. También para rebelarse contra la austeridad que impo­nen el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mun­dial (BM), auténticos respon­sables. No hemos ganado todas las batallas, pero seguimos”.

Amélie Kiyindou, representan­te farmacéutica de Congo Bra­zzaville, explica cómo su país aceptó el Programa para los Países Pobres Muy Endeudados del FMI y el BM, y cómo no invirtió en programas de salud, de modo que las mujeres o se endeudan con microcréditos para poder recibir asistencia sanitaria o mueren porque no pueden pagar una cesárea.


Los microcréditos se presentan como una vía para que las mujeres salgan de la pobreza, pero en realidad los intereses les obligan a devolver más de lo que ganan, de modo que encadenan un préstamo con otro. “Las que somos conscientes de estas nefastas consecuencias lo que hacemos es informar sobre los riesgos del círculo vicioso del endeudamiento”, añade. Es curioso cómo el FMI promueve conferencias que llevan por título “Finanzas para todos: promoviendo la inclusión financiera en África Central”, y que animan a mujeres pilares de sus familias a caer en las garras de las microfinanzas.

Émilie Atchaka, campesina de Benín, ha encontrado una salida autogestionaria a las necesidades de financiación de las mujeres de su comunidad. Tras los draconianos programas de ajuste estructural que impuso el FMI a su país desde 1989, su marido perdió el trabajo.

Madre de cuatro hijos, tuvo que ser ella la que llevara dinero a casa. Basándose en un sistema de colecta tradicional en África llamado “tontina”, creó el Círculo de Autopromo­ción para un Desarrollo Dura­dero, “nuestro propio banco de mujeres”, con intereses bajos “que se destinan a formación”. “Nosotras hemos creado esta alternativa porque el Gobierno no ha asumido su responsabilidad”, sostiene.

Émilie cuenta que la desfachatez de las empresas de microcréditos llega al punto de anunciar a través de la radio los nombres de sus morosas. Para ella, “todo esto nos lleva a mucha reflexión. El FMI y el BM han sobreendeudado mi país. Sus programas de ajuste estructural han hecho que las mujeres contraten los microcréditos, que están financiados por la banca mundial. Es una herramienta que arruina a las mujeres, las conduce al sobreendeudamiento y al empobrecimiento. No tienen nada de social, sólo de aprovechamiento. Ahora la misma austeridad se ha instalado en el Norte. Una austeridad que no hace de­sarrollar nada. Todos los pueblos tienen que tener mucho cuidado con estas instituciones de microcréditos, que son las migajas de la banca mundial. Hay que hacer un seguimiento estricto a esas instituciones y eliminarlas”.

Fuente: https://www.diagonalperiodico.net/global/30608-mujeres-africanas-unidas-contra-microcreditos.html