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Los huthíes continúan cercando la tercera ciudad más grande de Yemen

Desde hace un mes los huthíes llevan a cabo una ofensiva relámpago. Cercan Taiz, la tercera ciudad más grande de Yemen, mientras siguen atacando objetivos en Arabia Saudí, incluido el aeropuerto de Riad. Además, se han apoderado de la costa yemení del Mar Rojo, reforzando así su capacidad para atacar los envíos de petróleo saudí.

Taiz ha estado en la línea del frente de la guerra de Yemen desde 2014, cuando los huthíes tomaron el norte y gran parte del oeste del país, incluida la capital, Saná. Entonces Arabia Saudí intervino en la guerra encabezando una coalición que respaldaba al gobierno —apoyado por Occidente—, que se había visto obligado a huir hacia el sur. Con la ayuda de Estados Unidos, los saudíes llevaron a cabo una campaña de bombardeos intensivos que causó numerosas víctimas entre la población yemení e impusieron un bloqueo al país. Cientos de miles de personas murieron de hambre. Arabia Saudí reclutó mercenarios extranjeros, yihadistas y fuerzas tribales del sur de Yemen para combatir a los huthíes. En el marco de un bloqueo aéreo, bombardearon el aeropuerto de Saná en más de 200 ocasiones.

Fue en vano. En 2022 se estableció un alto el fuego a lo largo de las líneas del campo de batalla. Los huthíes y sus aliados locales se establecieron como gobierno sobre aproximadamente el 70 por cien de la población yemení. Sin embargo, sabían que la guerra estaba lejos de terminar. Con la ayuda de Irán, lograron fabricar y almacenar miles de drones y misiles.

En octubre de 2023, en apoyo a los palestinos que combatían en Gaza, los huthíes comenzaron a atacar buques israelíes y estadounidenses en el Mar Rojo. En marzo del año pasado, el gobierno de Trump, con el respaldo de Reino Unido, lanzó ataques aéreos y navales contra objetivos de Ansarollah en Yemen. Esta campaña resultó un fracaso. Tras dos meses, Estados Unidos cantó victoria y se retiró.

El 14 de julio los saudíes rompieron el alto el fuego con Yemen al bombardear nuevamente el aeropuerto de Saná. Su objetivo era impedir el aterrizaje de un avión iraní que transportaba a una delegación yemení, que acudía a asistir al funeral de Ali Jamenei. El avión se desvió, aterrizando en el aeropuerto de Hodeida, ciudad portuaria yemení situada a orillas del Mar Rojo.

Los ataques se produjeron después de que la coalición dirigida por Arabia Saudí amenazara con represalias ante el aterrizaje de un vuelo iraní en Saná el 3 de julio. En aquel momento, Ansarollah declaró que sus fuerzas habían “repelido” a los aviones de combate saudíes que intentaban interferir en el vuelo; dos días después, los combatientes huthíes lanzaron una ofensiva contra las tropas respaldadas por Arabia Saudí, protagonizando los combates más violentos entre ambos bandos en años.

Aunque ambas partes acordaron un alto el fuego en 2022, el prolongado bloqueo impuesto a Yemen —que incluía restricciones en el aeropuerto de Saná— solo se levantó parcialmente, y en los últimos meses se han multiplicado en el país las exigencias para poner fin totalmente al cerco.

Los que nada tienen que perder

El ataque saudí, que desencadenó la reanudación de las hostilidades, fue un grave error. Arabia Saudí es un país frágil. El príncipe heredero Mohammed Bin Salman se mantiene en el poder únicamente mediante la fuerza. Se ha granjeado la hostilidad de algunos jefes tribales y de una parte de la población. Su mandato solo es legítimo mientras pueda garantizar la seguridad y la prosperidad.

A diferencia de Arabia Saudí, los yemeníes son pobres. No tienen nada que perder, pero poseen una ideología sólida. Son guerreros curtidos en el combate que han respondido a los ataques saudíes con drones y misiles de largo alcance.

Oleoductos e instalaciones petroleras saudíes han sido alcanzados por los ataques con misiles. La defensa antiaérea saudí, agotada tras haber consumido sus municiones frente a los misiles iraníes dirigidos a Israel, se encuentra en una situación crítica. Los yemeníes han aprendido a llevar a cabo ataques combinados con drones y misiles, desorientando así a la defensa antiaérea y permitiéndoles atacar objetivos en Arabia Saudí a voluntad.

Han anunciado un bloqueo aéreo contra Arabia Saudí en respuesta al bloqueo que se les ha impuesto a ellos. La semana pasada lograron alcanzar las terminales de pasajeros del aeropuerto internacional de Riad. Las principales aerolíneas han suspendido sus vuelos a Arabia Saudí, comprometiendo así los planes de Mohammed Bin Salmán de convertir el país en un centro internacional de negocios.

Los aeropuertos saudíes forman parte del teatro de operaciones

En los últimos días, el portavoz militar huthí, Yahya Saree, ha lanzado repetidas advertencias a las aerolíneas y a los viajeros, declarando que los aeropuertos saudíes son un “teatro de operaciones para nuestras fuerzas”.

Los ataques contra el aeropuerto se produjeron en vísperas de varios acontecimientos políticos y económicos importantes en Arabia Saudí, incluida la cumbre anual de inversiones del príncipe Bin Salmán, que quiere atraer a Riad a dirigentes mundiales, multimillonarios y empresarios.

El problema para los saudíes es que sufren más daños a causa de los ataques huthíes contra sus infraestructuras que a la inversa. Un ataque al aeropuerto de Riad disuade a cualquier inversor de establecerse en el país. En cambio, gran parte de Saná, la capital yemení controlada por los huthíes, ya ha sido destruida.

Nadie espera una victoria saudí en la guerra contra los huthíes

Nadie espera una victoria saudí en la guerra contra los huthíes. Los aliados de Riad son reticentes a involucrarse. Turquía y Pakistán, firmantes de los Acuerdos de La Meca, se niegan a combatir en Yemen. Estados Unidos proporciona información de inteligencia, pero carece de municiones para participar en los combates. Los mercenarios locales al servicio de Arabia Saudí en Yemen están desorganizados y son reacios a enfrentarse a Ansarollah.

A menos que Bin Salmán esté dispuesto a negociar la paz con Yemen, la guerra se intensificará y se transformará en una guerra más amplia y más prolongada. Se espera que las fuerzas terrestres yemeníes penetren pronto en las antiguas provincias yemeníes situadas en el sur de Arabia Saudí. Nuevos ataques contra aeropuertos saudíes dañarán su reputación internacional, mientras que nuevas ofensivas contra sus instalaciones petroleras reducirán sus ingresos.

La posición de Bin Salmán está lejos de ser tan sólida como parece. Tras asumir el título de príncipe heredero, encarceló a dirigentes tribales y a miembros rivales de su propia familia. Liberalizó el país en contra de la voluntad de una élite profundamente reaccionaria. Sus numerosos proyectos faraónicos, condenados al fracaso, han supuesto un coste colosal para unos resultados mínimos.

Es poco probable que Bin Salmán esté dispuesto a seguir en la guerra contra los huthíes, aunque probablemente sea la mejor —y única— manera de mantenerse en el poder.

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