El lunes el periódico alemán Rheinpfalz titulaba en primera página: “El primer ministro británico, Andy Burnham, ha confirmado la injerencia de Rusia en el voto del Brexit de 2016 y ha advertido de las consecuencias de la influencia rusa en la política en Alemania”.
No es la primera vez que los europeos culpan a los rusos de Brexit, que los medios consideran como una mala decisión porque lo mejor es que Reino Unido siga dentro de la Unión Europea.
Como suele ocurrir, los electores votan mal; votan lo que no deben y se dejan engañar por los rusos. Entonces, las dudas resultan muy inquietantes porque si una potencia extranjera interfiere en un referéndum habría que anular las votaciones. En tal caso, Reino Unido seguiría dentro de la Unión Europea.
Ya ocurrió en Rumanía en 2024, cuando el Tribunal Constitucional anuló la primera vuelta de las elecciones presidenciales, ganadas por Calin Georgescu, un crítico de la OTAN y de la Unión Europea, con el mismo argumento de siempre: la supuesta injerencia rusa.
No obstante, lo mejor de la noticia viene luego, cuando los lectores se enteran de que el Primer Ministro británico no había dicho eso. Se había limitado a preguntar si había habido injerencias de Rusia en el referéndum.
Recibió una respuesta contundente: en efecto, así ocurrió, aunque nadie le proporcionó ninguna prueba de la injerencia rusa. A partir de ahí, Burnham lanza una parrafada, destacando que, lamentablemente, la población no está “suficientemente informada” sobre las injerencias en los procesos políticos desde el extranjero.
Por lo tanto, habría que ampliar aún más la ola de intoxicación sobre las manipulaciones rusas en terceros países, especialmente los europeos. “Los votantes en Alemania y Francia deben ser ayudados a entender que algunas de las políticas son instigadas por nuestros enemigos, a saber, Rusia”.
Toda esta basura hay que ponerla en relación con lo que dijo al día siguiente Neil Kinnock, un dirigente laborista que fue comisario en Bruselas: “Burnham nos llevará de nuevo a la Unión Europea”.
El Primer Ministro británico ha dejado abierta la reincorporación a la Unión Europea dentro del programa electoral laborista y ha prometido dedicarse a “preparar a la opinión pública” para ello, aunque eso suponga reforzar la campaña de intoxicación contra Rusia.
No lo va a tener fácil y no porque los rusos manejen los hilos. Algunos de sus colaboradores más cercanos se oponen a poner las relaciones con la Unión Europea en el centro de la estrategia del gobierno laborista. Cuando se enfrenten a Burnham es posible que les acusen de estar a sueldo de Moscú.