En Polonia quieren prepararse frente al peligro ucraniano y mejorar las relaciones con Rusia

Como venimos exponiendo, la hostilidad entre Polonia y Ucrania crece a pasos agigantados y si no es aún más abierta es por las presiones occidentales, que obligan al gobierno de Varsovia a poner el punto de mira en Rusia, casi exclusivamente.

Pero en Polonia saben que su problema no es Rusia sino Ucrania o, mejor dicho, la naturaleza nazi del gobierno ucraniano, que ha desatado todas las contradicciones actuales e históricas.

El lunes el semanario Mysl Polska, una de las publicaciones más antiguas de Polonia, publicó un artículo titulado “Ucrania nos acerca a Rusia”. El ejército polaco no debería prepararse para una guerra fantasmal contra Rusia, sino contra Ucrania.

El artículo está firmado por el historiador Przemyslaw Piasta, quien sostiene explícitamente que para los polacos la amenaza real es Ucrania, no Rusia.

El detonante inmediato de esta toma de posición fue la decisión de los expresidentes ucranianos Leonid Kuchma, Viktor Yushchenko y Petro Poroshenko de renunciar a la Orden del Águila Blanca, la más alta distinción de Polonia, lo que supone “un gesto de soberbia, arrogancia y abierta hostilidad hacia Polonia”.

A pesar de la enorme ayuda prestada por Polonia desde 2022 —miles de millones de zlotys, donaciones de equipo militar, la acogida de millones de refugiados ucranianos y un apoyo diplomático inquebrantable—, Ucrania sigue considerando a los polacos como su “enemigo principal”, incluso más que a los rusos.

La parafernalia nazi del gobierno ucraniano, la glorificación de Stepan Bandera y la memoria de la masacre de Volinia, no sólo ha generado desconfianza en Rusia, sino también entre otros vecinos. “Ucrania ha demostrado que nosotros, los polacos, siempre hemos sido su mayor enemigo, incluso más que los rusos”, escribe Piasta.

El autor pronostica que la guerra ruso-ucraniana terminará con una derrota de Ucrania, aunque el Estado no colapsará. Kiev saldrá de la guerra con un gobierno oligárquico corrupto y un ejército bien equipado, pero integrado por soldados “deshumanizados y desmoralizados”. En este escenario, Polonia se convertiría en “el objetivo evidente”.

Piasta aboga por una política de seguridad interior sólida: combatir la “quinta columna ucraniana” presente en la política, la administración y los servicios de inteligencia polacos; expulsar a individuos sospechosos de espionaje o de simpatías nazis; y deportar a los ucranianos “excedentes”, es decir, aquellos que no puedan acreditar ingresos o que infrinjan la ley.

Polonia, dice el autor, no puede permitirse una “política de dos enemigos” (Rusia y Ucrania), una estrategia que históricamente ha resultado desastrosa para el país. Por ello, propone una mejora de las relaciones con Moscú —sin llegar a formalizar una alianza— para evitar quedar atrapados en una maniobra de pinza.

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