China ha estropeado el gran pelotazo que tenían preparados los monopolios tecnológicos con la inteligencia artificial. Si se trata de competir, no hay nadie como los chinos. Ningún otro consigue más con menos. Primero fue el chatbot Deepseek, recientemente le sucedió Kimi (Moonshot.ai) y ahora vuelve Deepseek con la fórmula mágica: “todo gratis”.
La inteligencia artificial china está en la cresta de la ola. No hace mucho que Facebook quiso comprar otro chatbot chino, Manus, y el gobierno de Pekín lo vetó. Mientras Estados Unidos ha inflado una burbuja económica para no quedarse atrás, China lo elabora mucho más barato y lo vende a precio de saldo. Eso significa que las empresas tecnológicas estadounidenses no van poder vender lo que tenían pensado y, en consecuencia, nunca van a poder recuperar las gigantescas masas de capitales que habían invertido.
El plan de los especuladores consistía en vender aplicaciones informáticas de inteligencia artificial capaces de convertirse en imprescindibles para millones de empresas, organismos y usuarios particulares, por las que tendrían que pagar un precio sustancial.
Era la reproducción del modelo tecnológico ya existente (que para nada participa de eso que llaman “neoliberalismo”): los cobradores serían las empresas estadounidenses, las bases de datos estarían en Estados Unidos… Todo pasaría por Estados Unidos.
Pero eso no va a ocurrir por dos razones: por la superproducción de chatbots, porque los chinos lo regalan y porque sus aplicaciones no son propiedad privada, no se han patentado y cualquiera puede reproducirlos y mejorarlos.
La burbuja tecnológica no se parece a la de las puntocom del 2.000. Ni siquiera a la de 2008 porque corre a una velocidad doble que la explosión hipotecaria. La primera crisis acabó con los gigantes de la epoca. Casi nadie se acuerda ya de IBM, Intel, Cisco, Nokia, Yahoo… Se esfumaron cinco billones de dólares.
La agencia Bloomberg habla de “guerra de precios” sólo porque el lenguaje utilizado depende de la ideología política de quien escribe. En realidad se llaman “mercado” y “competencia” y los chinos han ganado la partida.
La inteligencia artificial ha sido tan manipulada que resulta difícil explicar que no se trata sólo de fuerzas productivas (tecnología) sino también de relaciones de producción. Los que se van a hundir no son sólo capitales industriales, sino también financieros. En la inteligencia artificial no sólo las bases de datos son gigantescas sino también las deudas.
Una burbuja es un caso singular de superproducción en el mercado financiero. Se la podría calificar como un empacho de deudas. No hay ninguna manera de devolver los créditos que han contraído las grandes empresas tecnológicas. Pero es importante recordar otro aspecto importante cuando se habla de tecnología: la inteligencia artificial no se ciñe a Silicon Valley sino que extiende a Hsinchu, su equivalente en Taiwán, donde tiene su sede TSMC, la gigantesca empresa de fabricación de chips.
Lo mismo que en la bancarrota de las puntocom, el hundimiento no se va a ceñir a Wall Street, ni a los bancos, ni a los fondos de pensiones privados, ni a las aseguradoras…