El proyecto antimperialista de Perón y sus relaciones con la URSS

 Darío Herchhoren
Corre el año 1945 en Argentina. En el mes de octubre, y concretamente el día 17, una enorme manifestación en las calles de Buenos Aires, sorprende al gobierno militar surgido del golpe del 4 de junio de 1943. Dicha manifestación tenía unas características distintas a las que se había sucedido antes en el país. En efecto, las gentes que marchaban por las calles en esa fecha, tenían un aspecto distinto. Muchos de ellos iban descalzos, y muchos otros vestían ropas propias del trabajo rural. Algunos venían a caballo, y se expresaban en su lenguaje con términos inusuales en la jerga porteña.

¿Qué estaba pasando? Simplemente, que la nueva clase obrera surgida de un proletariado de origen rural, y recién incorporado al desarrollo industrial estaba empezando a ocupar un lugar de enorme importancia en el devenir histórico argentino, donde todo ocurría en Buenos Aires y para la oligarquía argentina.

El gobierno militar que era presidido en ese tiempo por el General Edelmiro Farrell, muy presionado por la vieja oligarquía criolla, y por el embajador norteamericano Spruille Braden, había destituido y encarcelado al Secretario de Trabajo y Previsión Coronel Juan Domingo Perón, y para aislarlo más todavía lo había internado en una prisión militar en la isla de Martín García, en el Río de la Plata, en aguas argentinas, y muy cerca de la costa uruguaya de ese río.

Ante la popularidad que estaba adquiriendo Perón en sus contactos con los bisoños sindicatos de trabajadores, y con la nueva central obrera CGT (Confederación General del Trabajo), su persona estaba siendo peligrosa para el imperio USA, que acababa de salir victorioso de la guerra mundial, y gozaba de las mieles de su gran poder militar.

Hay que tener en cuenta que Estados Unidos no habían sufrido la guerra en su territorio, a diferencia de los actores europeos, que sufrieron importantes y muy graves daños en sus infraestructuras, y una importante mortandad sobre todo de hombres jóvenes. La URSS tuvo en esa guerra 27 millones de muertos, además de la ruina de ciudades como Stalingrado, Leningrado, Moscú, Minsk, Kiev, además de la destrucción de sus industrias y fábricas de máquina herramienta.

La enorme movilización popular del día 17 de octubre de 1945, hizo recular al gobierno del General Farrell que tuvo que liberar a Perón, reponerlo en la Secretaría de Trabajo y Previsión, y permitirle hablar a las masas desde el balcón de la Casa Rosada (Casa de Gobierno).

Esto significaba una grave derrota para el imperio y para su embajador Spruille Braden, ya que todos los embajadores USA, se ingieren en los asuntos internos de los países a donde son enviados.

A partir de ese momento, el paso siguiente de Perón es proponerse como candidato a la presidencia de la República. Pero Perón no tiene un partido político que lo proponga, y para eso un dirigente sindical de entonces, Cipriano Reyes, le ofrece un partido que había registrado como tal, pero que era totalmente desconocido. Se trataba del Partido Laborista, que inmediatamente se lanza a una campaña de recogida de apoyos y gana por goleada las elecciones que se celebran el 24 de febrero de 1946. Contra toda la prensa escrita y radiofónica (no había todavía televisión) y contra el importante apoyo financiero de la embajada USA, y contra también las encuestas, la candidatura de Perón y Quijano (vicepresidente), gana las elecciones. Entre otras cosas, la campaña electoral peronista, se basa en una apuesta, que la débil propaganda electoral peronista divulga, y que era «Braden o Perón». Y gana Perón.

Los inicios del nuevo gobierno encuentran a la República Argentina con un nuevo estilo de gobernar. La vieja oligarquía ligada a los intereses británicos y norteamericanos asiste impotente a la pérdida de muchos de sus privilegios, que estaban ligados al negocio de la venta de carnes y granos. Se crea la Junta Nacional de Carnes y la Junta Nacional de Granos, nuevos organismos estatales que fijan los precios de carnes y granos, siendo los únicos vendedores y monopolizando el comercio exterior de esos bienes. Se crea la empresa Yacimientos Carboneros Fiscales, que monopoliza para el estado la producción de carbón mineral y su venta, se nacionalizan los ferrocarriles y se crea la Flota Mercante del Estado; se crea la empresa Aerolíneas Argentinas.

En la provincia de Córdoba se crea la primera fábrica de aviones militares, y se fabrica el primer avión caza argentino a reacción con el nombre de Pulqui, que curiosamente es casi igual al Mikoyan (Mig 15 soviético). En ese mismo año 1946, se pone en marcha el Primer Plan Quinquenal, que relanza la economía nacional con el objetivo de logar la independencia económica. El nuevo gobierno se propone tres objetivos fundamentales a saber: Soberanía Política, Independencia Económica y Justicia Social. Pero para todo ello necesitaba apoyo exterior que le ayude a romper el asedio imperial y con esa necesidad comienzan a explorarse las posibilidades de lograr la ayuda de la URSS.

Las primeras exploraciones se llevan a cabo entre el Ministro de Economía argentino Miguel Miranda que viaja a Moscú, y el entonces ministro de Asuntos Exteriores de la URSS Viacheslav Molotov.

Es así, que en el mes de febrero de 1948 una delegación argentina viaja a Moscú, invitada por el gobierno soviético para comenzar a intercambiar productos alimenticios por material ferroviario, máquina herramienta, material de exploración petrolífera, camiones y automóviles, rieles, artículos de piel, muebles, etc.

La delegación estaba integrada por el ministro de AAEE que era Atilio Bramuglia, un hombre brillante, el ministro de comercio que era el Doctor Ramón Cereijo, el ministro de economía que era Miguel Miranda y el ministro de asuntos agrarios de la Provincia de Buenos Aires que era mi padre, el ingeniero agrónomo Gregorio Herchhoren.

A raíz de ese viaje, en el año 1949 se celebró en Buenos Aires, y concretamente en el puerto, una exposición de la industria soviética enorme que ocupó casi 20 kilómetros cuadrados, y que estaba programada para durar un mes, y que gracias a la enorme afluencia de interesados duró dos meses más.

Sin ninguna duda, el gobierno de Perón significó una auténtica revolución, y la importancia de la misma quedó de resalto, cuando la delegación argentina que viajó a la URSS, fue recibida en el Kremlin en el salón Catalina por el mismo Stalin. Mi padre que era hijo de un capitán de fragata que tuvo que emigrar a Argentina en 1910 por haber sido uno de los dos oficiales que se plegaron a los marineros en la famosa sublevación del acorazado Potemkin, concitó la atención de Stalin, que le hizo depositario de un abrigo de piel para que se lo entregara a Evita.

Pero, ¿qué clase de revolución era esa? Era una revolución burguesa que había desplazado a la vieja y parasitaria oligarquía rural vinculada a los frigoríficos ingleses y al negocio de la carne.

Esos frigoríficos manejaban el principal renglón de la economía nacional, y fueron nacionalizados, y en la provincia de Buenos Aires, se crearon los frigoríficos regionales, que pertenecían al estado provincial, y que estaban gestionados por el ministerio de asuntos agrarios como medida de protección a los pequeños ganaderos.

Pero, ¿dónde estaba la «izquierda» argentina durante los gobiernos de Perón? Estaba enfrentada al gobierno peronista en un ejercicio de torpeza y ceguera absoluta. La clase obrera estaba masivamente apoyando a Perón y su gobierno y el Partido Comunista Argentino acusaba a Perón de fascista, aplicando categorías impropias de un país dependiente como era Argentina en esos tiempos. Mientras tanto, por la red ferroviaria nacional circulaban trenes arrastrados por las locomotoras soviéticas que llevaban en su frente una estrella roja, que era un emblema de la URSS. Ese era el gobierno fascista de Perón.

En 1955, el día 16 de septiembre, se produce un golpe contra el gobierno legítimo de Perón, este si de matriz fascista, que desata una represión contra la clase obrera e inaugura la cadena de muertes y desapariciones. Ese gobierno contó con un apoyo pasivo del PCA, con la única excepción de una fracción liderada por el escritor Rodolfo Puiggrós, que renuncia a la afiliación al PCA, y apoya firmemente al gobierno depuesto de Perón.

La clase obrera pagaría muy caro ese apoyo, y perdería todos los beneficios que había logrado en toda la historia de la Argentina reciente.

Al día de hoy, la clase obrera sigue siendo peronista; pero al día de hoy hay que decir sin ambages que la burguesía argentina ya no apoyaría un proyecto político como el de 1946, y que la clase obrera de estos tiempos usando la figura de Perón ya no se plantea asociarse con la burguesía cipaya de 1955, sino que el peronismo ha evolucionado y su objetivo es ahora el socialismo. La izquierda desde hace ya muchos años, está en la clase obrera peronista y no peronista, y sabe que su liberación pasa por una argentina revolucionaria, que yugule definitivamente a la vieja oligarquía que ahora ya no es terrateniente solamente, sino que es financiera y que está ligada a los bancos extranjeros, y a los organismos internacionales de crédito como el FMI y el Banco Mundial.

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