El Estado de Israel ha perdido para siempre su aura en Europa

En una medida impensable hace tan solo unos meses, más de 350 exdirigentes de la Unión Europea, entre ministros, embajadores y altos cargos, han pedido la suspensión del acuerdo de asociación con Israel.

Israel apesta. Los firmantes del llamamiento denuncian la “política de subyugación” y la “ocupación ilegal” de los territorios palestinos. Consideran imperativo que “Europa actúe y exija responsabilidades a Israel” y subrayan la necesidad de “poner fin al comercio de material militar”.

El llamamiento se hace eco de una iniciativa que exige la suspensión del acuerdo de asociación entre la Unión Europea e Israel, que ha conseguido ya más de un millón de firmas.

Antes del 7 de octubre de 2023 los caciques europeos defendían, casi al unísono, el “derecho” de Israel a “defenderse” de sus vecinos. Desde la guerra de exterminio contra Gaza o se pueden presentar ante los micrófonos con su vieja retórica.

El sionismo se enfrenta a una creciente oposición en las sociedades europeas y algunos cabecillas europeos no quieren que nadie les pueda asociar a las imágenes de Gaza que, con el tiempo, serán cada vez más relevantes porque el destino del Estado de Israel está sellado para siempre.

No lo van a poder superar con más películas de Hollywood porque el victimismo ya no da más de sí. No obstante, durante un tiempo querrán imputar las matazas a Netanyahu, que por un tiempo podrá ejercer el papel de chivo expiatorio.

El cambio no se ha producido de la noche a la mañana; se ha impuesto mediante la acumulación y la saturación. Lo que cambió, sobre todo, fueron las imágenes que inundaron las pantallas de la televisión, los medios de comunicación y las redes sociales, convirtiendo las matanzas en parte de la vida cotidiana de los europeos.

Es difícil no experimentar empatía cuando, día tras día, barrios enteros de Gaza y Líbano quedan reducidos a escombros, familias vagan entre las ruinas y niños heridos son filmados, desconcertados y en silencio.

Es imposible apartar la mirada e ignorar la inaceptable y, sobre todo, sangrienta realidad de los palestinos y libaneses, que caen por decenas, incluso por cientos algunos días.

La emoción suscitada por la masacre de Gaza no ha desaparecido. Nada Yafi, antigua embajadora francesa en Kuwait, constata “un claro cambio en la opinión pública, iniciado entre 2023 y 2024, se ha acelerado desde la guerra contra Irán y la masacre del 8 de abril en Líbano”.

Considera que los Estados europeos “mantienen lazos estratégicos con Israel, independientemente de las tensiones diplomáticas en sus relaciones”. Según ella se enfrentan a “la contradicción entre su declarado compromiso con el derecho internacional, con los valores europeos de respeto a los derechos humanos y la democracia, por un lado, y su realpolitik, por el otro”.

La contradicción es “insostenible desde que el Parlamento israelí aprobó la pena de muerte, que se aplica únicamente a los palestinos”.

El malestar surge de la creciente brecha entre un principio considerado legítimo y una realidad atroz. Matar a miles de civiles, arrasar barrios enteros y desplazar masivamente a poblaciones termina inevitablemente conmocionando las conciencias.

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