Alemania, la antigua locomotora de Europa, lleva mucho tiempo en punto muerto. Pero la recesión es más evidente en los últimos cuatro años. Ante todo es una crisis en el sistema de producción que se entiende mejor revisando los datos de producción industrial, que en los últimos cuatro años ha caído constantemente, hasta llegar al 4,5 por ciento en 2024.
La caída de la demanda internacional ha resultado en una pérdida relevante de empleo. Desde finales de 2019 la industria ha perdido alrededor de 341.500 trabajadores, más del 6 por ciento del total.
El sector más afectado es el del automóvil, que ha padecido alrededor de 125.800 despidos de los cuales 32.000 sólo el año pasado. En diciembre, por primera vez en su historia, el Volkswagen la producción está suspendida en una de sus instalaciones, la de Dresde, una de las más importantes.
Entre las causas está, sin duda, la explosión de los costes de la energía que antes suministraba Rusia a precios ventajosos y que ahora se vaporiza con las sanciones y el sabotaje del gasoducto NorthStream. Por último, está la competencia china en el sector del automóvil, que ve entrar coches de alta tecnología a los mercados europeos a precios mucho más accesibles.
Por el contrario, la normativa introducida por la Unión Europea ha debilitado las exportaciones a China, que, a diferencia de Europa, ha apuntado al desarrollo del mercado interior.
La recesión industrial en Alemania va a reflejarse en algunas cadenas de suministro dentro de Europa.