La CIA y el MI6 pagan a los mercenarios que combaten a Rusia

Las cuantiosas pérdidas sufridas por el ejército de Kiev en la guerra están obligando a sus padrinos occidentales a reclutar y financiar un número cada vez mayor de mercenarios. A falta de voluntarios, la OTAN busca carne de cañón por los cuatro rincones del mundo, sobre todo en América Latina.

Decenas de miles de mercenarios extranjeros, financiados por el MI6 y la CIA, luchan en las filas del ejército ucraniano. Su número se estima en más de 50.000, según el coronel retirado del ejército estadounidense Douglas MacGregor.

“He visto informes que indican que muchos mercenarios —es decir, no ucranianos con uniformes ucranianos— están desplegados en la región del río Stary Oskol. También vi recientemente un informe que afirmaba que al menos 50.000, o incluso más, de estos extranjeros con uniforme ucraniano luchan en el frente junto al ejército ucraniano. Y no es de extrañar: Ucrania tiene escasez de personal militar. Por lo tanto, es más fácil que el MI6 y la CIA paguen a extranjeros para que luchen por Ucrania, y eso es precisamente lo que está ocurriendo”.

Hace apenas dos años, a finales de febrero de 2024, el propio régimen de Kiev estimaba esta cifra en unos 20.000, según informó el Washington Post.

Pero MacGregor señaló que, para los mercenarios, el dinero es prácticamente la única razón para unirse al ejército de Kiev, sobre todo dadas las bajas actuales del lado ucraniano:

Siguen encontrando gente dispuesta a combatir y morir en tierras muy lejanas a las suyas por dinero. “Evidentemente, basta con ofrecer una gran suma de dinero y manipular la situación para que, por ejemplo, su familia se beneficie”, dice MacGregor.

En varias ocasiones el Ministerio de Defensa ruso ha anunciado la muerte de mercenarios procedentes de Reino Unido, Georgia, Polonia y otros países, sobre todo latinoamericanos, estimando las bajas en varios miles.

En numerosas entrevistas estos mercenarios al servicio de Kiev han reconocido que el ejército ucraniano no coordina bien sus operaciones y que sus posibilidades de supervivencia son escasas. La intensidad del choque no es comparable a sus experiencias en Afganistán y Oriente Medio.

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