Tras descubrir petróleo en la costa, Jamaica dice adiós las energías ‘renovables’

La empresa británica United Oil & Gas ha anunciado el descubrimiento de un yacimiento petrolífero en aguas jamaicanas. El ministro de Energía, Daryl Vaz, describió estos resultados iniciales como muy positivos: “Aún no han visto ni tocado la sustancia en sí, pero [los resultados] son ​​significativos. Soy cautelosamente optimista y rezo fervientemente […] dado el impacto potencial de tal descubrimiento”.

Lo que está en juego para Jamaica es enorme. Al no producir combustibles fósiles, la isla importa todos su hidrocarburos. Esta dependencia le cuesta a las arcas públicas cerca de 2.000 millones de dólares anuales, dependiendo de las fluctuaciones de los precios mundiales, y supone una pesada carga para una economía fuertemente dependiente de su sector clave: el turismo.

Si se confirman estas reservas, Jamaica se unirá a Guyana y Surinam, que se han convertido en el nuevo maná petrolero de la región. Desde que Brasil descubrió vastos yacimientos en aguas profundas del Atlántico, casi la mitad de los países de América Latina y el Caribe se han embarcado en una frenética carrera por los hidrocarburos. Desde Venezuela hasta las islas del Caribe, la exploración está en pleno apogeo, tanto en tierra como en el mar.

Sin embargo, no se espera una producción significativa antes de mediados de la década de 2030.

El proyecto de perforación está generando críticas porque, hasta ahora, Jamaica presumía de estar a la vanguardia de las energías “verdes”. Jamaica firmó el Acuerdo de París para eliminar gradualmente el carbón, el petróleo y el gas.

El año pasado, el gobierno se comprometió a emprender amplios programas para restaurar y preservar las praderas marinas y los manglares en sus humedales costeros.

Actualmente, las fuentes de energía “verde” de la isla (eólica, solar e hidroeléctrica) cubren solo alrededor del 13 por cien de su producción de electricidad. El país se había fijado el ambicioso objetivo de aumentar esta proporción al 50 por cien para 2030.

Ahora en Kingston ven las cosas de otra manera. Las viejas energías “fósiles” pueden convertirse en una fuente de grandes beneficios y las “renovables” siguen siendo un lastre.

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