Bangladesh y China establecieron relaciones diplomáticas en 1975 y desde entonces, en cincuenta años, solo han publicado dos comunicados conjuntos. El primero fue en 1975 y el segundo en 2005. El mes pasado, después de la visita del primer ministro bengalí, Tarique Rahman, a China, publicaron el tercero.
Durante la visita, una de las propuestas clave de China fue el Corredor Económico China-Myanmar-Bangladesh (CMBC). El plan es construir una ruta por carretera y ferrocarril desde Kunming en la provincia china sin salida al mar de Yunnan, a través de Mandalay en Myanmar, y luego a los puertos de Bangladesh en Chattogram y Mongla. Para China, esto crearía una ruta más rápida hacia el Océano Índico y reduciría su dependencia del Estrecho de Malaca. Para Bangladesh, el proyecto ofrece la promesa de más inversión, más empleos y una posición más fuerte en una de las rutas comerciales más importantes de Asia.
El plan no es nuevo. En 1999 la misma ruta se conocía como el corredor Bangladesh-China-India-Myanmar (BCIM). India era parte de ella. Pero Nueva Delhi se alejó más tarde porque estaba preocupada por la Nueva Ruta de la Seda y la creciente influencia de China cerca de sus fronteras. Por ello el corredor se replanteó evitar el paso a través de ella.
Para Bangladesh, forma parte de una estrategia muy utilizada por los países pequeños atrapados entre grandes potencias: sacar beneficio de todas partes sin someterse a ninguna de ellas.
China tiene mucho interés en el corredor, que ampliaría el China-Myanmar en 1.700 kilómetros. Sin embargo, Pekín está teniendo mucho cuidado con Myanmar, por la crisis que vive el país. Quedó claro cuando el jefe de la junta de Myanmar, Min Aung Hlaing, visitó China pocos días antes de que el primer ministro bengalí.
Para Bangladesh el panorama es más complejo. China ya es el mayor socio comercial de Bangladesh, pero la relación está muy desequilibrada. Bangladesh compra alrededor de cuatro dólares en productos chinos por cada dólar que vende a China. La brecha ha crecido alrededor de un 1.600 por cien en los últimos veinte años.
El nuevo gobierno bengalí se enfrenta a bajas reservas de divisas, una inversión débil y un crecimiento lento, que el Banco Mundial estima en alrededor del 3,9 por ciento.
El apoyo chino es importante pero una mayor dependencia de China también conlleva riesgos. Cuando al ministro de Asuntos Exteriores, Khalilur Rahman, le preguntaron por el apoyo económico que había obtenido en su visita a Pekín, respondió que Bangladesh no había ido allí a mendigar.
También dijo que el gobierno de Dhakar sólo estaba estudiando el corredor y que todavía no había tomado posición.
El problema es en la inestabilidad de Myanmar
El mayor problema con el corredor es Myanmar. Una gran parte tendría que pasar por un país envuelto en una guerra civil. Desde el Golpe de Estado de 2021, el gobierno militar de Myanmar ha perdido el control de gran parte del país, mientras que las organizaciones armadas controlan grandes áreas. La situación es aún más grave en Rakhine, por la que el corredor tendría que pasar. La resistencia controla 14 de los 17 municipios de la región.
Kyaukphyu, el puerto que China quiere desarrollar, está atrapado en medio de los combates, con batallas que tienen lugar muy cerca de las bases navales. Una planta de energía china por valor de 140 millones de dólares fue desmantelada y eliminada a medida que se acercaban los combates. El plan para construir un ferrocarril entre Muse y Mandalay, que tendría 431 kilómetros de largo y costaría casi 9.000 millones, podría tardar diez años en construirse, si es que alguna vez comienza.
También está el problema rohingya, la minoría musulmana de Myanmar. Bangladesh acoge a alrededor de 1,2 millones de refugiados rohingya que huyeron de la violencia en Rakhine. Para Bangladesh cualquier proyecto de conectividad debe garantizar su regreso. Pero es difícil de cumplir. El Ejército de Arakan, el movimiento armado que controla gran parte de Rakhine, también ha sido acusado de abusos contra los rohingya. Al mismo tiempo, China no quiere tratar el corredor como un proyecto con un componente humanitario, como exige Bangladesh.
En Myanmar Estados Unidos refuerza a los partidos de la oposición para desafiar al gobierno y el ejército. En los combates, los movimientos armados apuntan sistemáticamente a las inversiones chinas y al oleoducto Myanmar-China construido para permitir a China eludir cualquier posible bloqueo naval estadounidense sobre el Estrecho de Malaca, una arteria marítima esencial para China.
Los documentos políticos estadounidenses discuten detalladamente no sólo cerrar el Estrecho de Malaca para estrangular económicamente a China, sino también atacar militarmente el oleoducto Myanmar-China para evitar que China eluda el bloqueo marítimo estadounidense.
El documento de la Escuela de Guerra Naval de Estados Unidos de 2018 titulado “Un bloqueo petrolero marítimo de China”, sugiere un cierre capaz de interceptar el oleoducto Myanmar-China, que eventualmente podría transportar hasta 440.000 barriles de petróleo crudo desde Kyaukpyu en la costa de Myanmar hasta la provincia de Yunnan en el suroeste de China. Impedir que los petroleros descarguen en la terminal de Kyaukpyu sería el mejor ejemplo para el resto de embarcaciones.
La zona podría ser declarada zona de exclusión durante una guerra, y si el gobierno de Myanmar no cumple, la instalación podría quedar incapacitada por bombardeos aéreos o navales.
En resumen, las fuerzas estadounidenses probablemente podrían neutralizar rápidamente las rutas terrestres de China para las importaciones de petróleo por mar para evitar el Estrecho de Malaca y otros cuellos de botella más al este.
Estados Unidos es quien presiona
A India le preocupa el corredor, que atravesaría su frontera oriental, cerca de Siliguri que conecta India continental con sus estados del noreste. Los periódicos indios describen la visita bengalí a Pekín como un punto de inflexión muy importante en el equilibrio político del sur de Asia.
Las relaciones entre Dhakar y Nueva Delhi son tensas. Para India, el corredor no es un proyecto comercial sino un signo del creciente cerco estratégico de China sobre el país.
Estados Unidos también presiona a Bangladesh. Le preocupa cada paso que da China. En febrero Washington firmó un acuerdo comercial que redujo el arancel de Bangladesh al 19 por ciento, pero incluye condiciones que dificultan que Dhakar se acerque demasiado a China y Rusia. Por ejemplo, afectó a proyectos como la central nuclear de Rooppur, construida por Rusia.
Es importante porque Estados Unidos compra un gran volumen de ropa de Bangladesh y tiene alrededor de 12.000 millones de dólares en intercambios, que le dan a Washington una influencia considerable. Cada paso que Bangladesh da hacia el corredor aumenta las presiones de Estados Unidos.