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35 años después de la reunificación, la mitad de los alemanes del este siguen descontentos

El 34 por cien de los alemanes del oeste y el 46 por cien de los del este están insatisfechos con el estado de la reunificación, con un tercio (34 por cien) de todos los alemanes “menos satisfechos” o “nada satisfechos”, según una encuesta del instituto Infratest dimap realizada para ARD.

Realizada en la víspera del 35 aniversario de la reunificación de Alemania en 1990, la encuesta, que entrevistó a 1.306 personas elegibles, también reveló que el 74 por cien de los alemanes del oeste y el 84 por cien de los del este están descontentos con el gobierno actual del país.

La satisfacción con la reunificación es más baja entre los partidarios de los partidos de izquierda y de AfD (53 y 52 por cien, respectivamente), frente al 75 y 70 por cien entre los partidarios de la CDU/CSU y del SPD.

El resentimiento de los alemanes del este sobre la reunificación se debe a que están siendo tratado como ciudadanos de segunda clase.

La privatización masiva y la destrucción sistemática de la industria de Alemania del este, devastó gran parte de la economía de la antigua República Democrática Alemana, incluidos sectores competitivos como la construcción de maquinaria pesada, la informática y la energía, sumiendo a amplios sectores de la población en la pobreza

El desmantelamiento de las instituciones de Alemania oriental, incluido el ejército, llevó a una situación en la que los antiguos militares cobran pensiones inferiores a las de los antiguos soldados del ejército nazi de la Segunda Guerra Mundial.

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La Unión Europea se abona a los golpes de Estado en el este de Europa

Los imperialistas no descansan para instalarse en las fronteras de Rusia. El Cáucaso no es una excepción. Tras la aplastante derrota de su candidato a las elecciones a la alcaldía de Tiflis, la capital de Georgia, la Unión Europea está promoviendo graves disturbios. Como en la República Checa, los euroescépticos de Sueño Georgiano han ganado las elecciones y denuncian un Golpe de Estado, al estilo de Ucrania en 2014.

Kaja Kaladze, candidato del partido gobernante Sueño Georgiano, obtuvo una victoria contundente en las elecciones a la alcaldía de Tiflis con el 77,4 por ciento de los votos, según las encuestas a pie de urna difundidas por la cadena Imedi.

El candidato opositor Irakli Kupradze apenas alcanzó el 8,8 por ciento, lo que representa una derrota aplastante para los partidos que lo postularon como candidato único.

La jornada electoral quedó eclipsada por violentos disturbios en la capital, donde manifestantes irrumpieron en los jardines de la residencia presidencial tras forzar las vallas de seguridad. El presidente Mijail Kavelashvili se vio obligado a reforzar la protección del palacio con brigadas adicionales de fuerzas especiales que desplegaron cañones de agua y gas pimienta para contener a los manifestantes.

Los enfrentamientos dejaron al menos 14 agentes de policía heridos, según informó Alexandr Darajvelidze, viceministro del Interior. Las fuerzas de seguridad dispersaron a los manifestantes de la Plaza de la Libertad y la calle Gueorgui Leonidze, aunque posteriormente los grupos se reagruparon en la avenida Rustaveli, frente al edificio del parlamento, donde continúan los enfrentamientos.

Kaladze, quien ostenta además el cargo de secretario general de Sueño Georgiano y permanece como alcalde desde 2017, no dudó en calificar los acontecimientos como un “intento directo de golpe de Estado”. Durante una rueda de prensa, advirtió que los responsables “serán castigados”.

Las autoridades georgianas instalaron barreras metálicas reforzadas alrededor de la residencia presidencial al conocerse que los manifestantes planeaban marchar desde la Plaza de la Libertad hasta el edificio presidencial. A pesar de las medidas, decenas de personas lograron superar el cordón inicial antes de ser repelidas por los antidisturbios.

La jornada electoral transcurrió de manera simultánea en 64 municipios y distritos del país, donde más de 3,5 millones de georgianos estaban convocados para elegir alcaldes en cinco ciudades autónomas —Tiflis, Kutaisi, Batumi, Rustavi y Poti— además de 59 municipios y los diputados de los consejos locales.

El primer ministro georgiano fue más allá al responsabilizar directamente al embajador de la Unión Europea de alentar los disturbios en Tiflis y de participar en un intento de derrocar al gobierno. Esta acusación evidencia las tensas relaciones entre Tiflis y Bruselas, deterioradas significativamente en los últimos meses.

“Algunas personas del extranjero incluso apoyaron directamente el intento de derrocar el orden constitucional, incluido el representante de la UE. En este contexto, el embajador de la UE en Georgia tiene una responsabilidad especial”, declaró Kobajidze en una rueda de prensa.

La victoria de Kaladze consolida el control de Sueño Georgiano sobre la capital y refuerza la posición del partido gobernante. Los nueve candidatos que compitieron por la alcaldía representaban un espectro político amplio, y la diferencia de más de 68 puntos porcentuales entre el primero y el segundo lugar refleja la debilidad actual de la oposición georgiana.

—https://www.telesurtv.net/sueno-georgiano-golpe-de-estado-victoria/

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Un nuevo revés para la Unión Europea: los euroescépticos ganan las elecciones en Chequia

Los resultados de las elecciones parlamentarias en la República Checa han confirmado una contundente victoria para las fuerzas euroescépticas, encabezadas por Andrej Babis, lo que supone otra derrota para la Unión Europea.

Con más del 65 por cien de los votos escrutados, el movimiento ANO de Babis se alza con un 37,3 por cien de los apoyos. Esta formación, junto con sus potenciales aliados para formar gobierno —el SPD, con un 8,2 por cien, y el partido AUTO, con alrededor de un 10 por cien—, pueden asegurar una mayoría sólida en el parlamento.

Frente a este bloque, los partidos abiertamente proeuropeos, la coalición Juntos (21 por cien) y STAN (10,6 por cien), se ven abocados a la oposición. Este giro político tendrá consecuencias inmediatas y profundas, especialmente en la política exterior.

La principal implicación internacional recae sobre Ucrania. Andrej Babis se ha declarado abiertamente en contra del envío de ayuda militar al ejército de Kiev. Chequia, que hasta ahora era un proveedor crucial de armamento para la guerra, podría congelar los suministros en breve.

Esta decisión es un duro golpe para las fuerzas ucranianas en un momento crítico de la guerra, al tiempo que refleja y alimenta la fatiga y las divisiones existentes dentro de la Unión Europea respecto al apoyo incondicional a Kiev.

La victoria de Babis no es solo un terremoto político interno, sino un evento internacional que debilita la posición europea y fortalece a los sectores críticos con las políticas actuales de Bruselas.

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El Banco Central Europeo tiene prisa para imponer el euro digital

Los bancos centrales se crearon hace cien años como un instrumento de los estados capitalistas en su fase más avanzada, imperialista. Pero finalmente, con el invento de su “independencia” ha ocurrido lo contrario: los estados capitalistas se han puesto al servicio de los bancos centrales.

Ahora eso ya no basta; llega otra etapa del capital financiero contemporáneo, las monedas digitales, que “no pueden esperar a un debate parlamentario interminable”, como ha expuesto Christine Lagarde recientemente. Hay que acabar con las polémicas políticas, estériles por naturaleza.

La jefa del Banco Central Europeo tiene prisa porque el caos es inminente. El tiempo se acaba. La rapidez es “esencial” para la implementación de su euro digital. “Este proyecto es urgente para el futuro de Europa, y confío en que las instituciones democráticas compartirán esta visión y actuarán con la celeridad necesaria, sin por ello saltarse los procedimientos”.

Por eso quieren eludir un debate sobre el asunto, en particular los relativos a las dos causas de la implementación del euro digital.

Es lo mismo que ya hemos explicado hace unos pocos días para la Ley Genius en Estados Unidos: necesitan ocultar que el objetivo del euro virtual es evitar que la deuda y la destrucción del dinero fiduciario, como en cualquier otro corralito, provoquen un estallido social.

El euro digital es un mecanismo imprescindible para gestionar el caos que se avecina a pasos agigantados. Es un mecanismo para mantener el control, en la medida de lo posible. Hay que prevenir el desplome de las bolsas, las insolvencias bancarias, congelar el dinero en efectivo y mantener el dominio sobre las reservas de valor. Ya no pueden hacer lo mismo que en 2008: dar otro salto adelante.

Está surgiendo los mecanismos de un sistema de vigilancia y control financiero total. Se acabó aquello de comprar lo que a uno le da la gana, donde le da la gana y cuando le da la gana. Ya es posible bloquear cualquier gasto de cualquier persona pulsando un botón.

El segundo motivo de la prisa tiene como objeto preservar la soberanía monetaria del Banco Central Europeo en unos mercados cada vez más internacionalizados y digitalizados. Perder la carrera del euro supone perder la posibilidad de tener una política monetaria propia frente a dos adversarios: China (con su yuan digital) y las criptomonedas privadas.

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Merz contra Von der Leyen: la jaula de grillos europea ya no oculta sus divergencias internas

El canciller alemán, Friedrich Merz, busca recuperar el poder de decisión de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, según informa Bloomberg. Cada vez más crítico con Bruselas, Merz quiere que Berlín tenga mayor influencia en asuntos que afectan directamente a los miembros de la Unión Europea.

Ya se ha opuesto a las propuestas de von der Leyen de nuevos impuestos para la Unión Europea y a su plan de enviar fuerzas de paz a Ucrania, además de discrepar con ella sobre un acuerdo arancelario con Estados Unidos y las regulaciones climáticas.

“Ahora tenemos que poner freno a este mecanismo en Bruselas”, les dijo Merz a los empresarios el viernes”, señala Bloomberg.

El miércoles, antes de una cumbre informal de dirigentes europeos en Copenhague, volvió a pedir una “reforma fundamental” de lo que calificó como una reglamentación excesiva de Bruselas, como han venido lamentando todos los “euroescépticos” desde hace décadas.

La Comisión Europea ha introducido varias medidas para reducir la burocracia este año, incluyendo el “Defense Readiness Omnibus”, cuyo objetivo es simplificar los procedimientos en el mercado de adquisiciones de armamento de la Unión Europea. Esta iniciativa forma parte del plan de rearme de Von der Leyen, que quiere gastar hasta 800.000 millones de euros en inversiones para la adquisición de armas y municiones para 2030.

Nada más llegar a la Cancillería, Merz se ha hundido en las encuestas. El índice de aprobación ha alcanzado un mínimo histórico y continúa bajando, según una nueva encuesta publicada el sábado. Casi dos de cada tres alemanes están decepcionados ahora con su canciller, un aumento de 20 puntos respecto al 45 por cien de principios de junio.

La crisis interna de la Unión Europea no sólo explica los delirantes planes de rearme de Bruselas y la paranoia antirrusa, sino también eso que llaman “auge de la extrema derecha”. Alternativa para Alemania (AfD) sigue por delante de la coalición gobernante entre la CDU, el CSU y la socialdemocracia. El bloque se mantiene estancado en el 25 por cien, mientras que la reacción pura y dura se mantiene en el 26 por cien, lo que lo convierte en la mayor fuerza política del país.

La encuesta también muestra que los socios de coalición del canciller Merz están pasando apuros: los socialdemócratas, los verdes y la izquierda se hunden y corren el riesgo de convertirse en plataformas extraparlamentarias.

Merz, quien asumió el cargo en mayo, se ha comprometido a reactivar la economía alemana, fortalecer el ejército y garantizar el apoyo continuo a Ucrania, a la vez que impulsa recortes drásticos en los derechos de los trabajadores y jubilados.

Sus promesas de campaña están cada vez más desfasadas de las preocupaciones públicas. Los alemanes citan el aumento del coste de la vida, los elevados impuestos y los recortes a las prestaciones sociales como sus principales preocupaciones.

Como en otros países europeos, las campañas belicistas que airean los medios de comunicación, cuyo fundamento es virtual, sirven para ocultar los problemas reales de amplios sectores sociales.

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La Unión Europea quiere levantar un ‘muro antidrones‘ en las fronteras de Rusia

Los cabecillas europeos persiguen sus propios fantasmas, en forma de drones rusos que aparecen por doquier. El comisario europeo de Defensa, Andrius Kubilius, está decidido a levantar un “muro antidrones” para proteger los márgenes orientales de la Unión Europea. La idea fue presentada el 10 de septiembre por Ursula von der Leyen en Estrasburgo, durante su discurso anual sobre el Estado de la Unión.

Desde Helsinki, donde participó en una reunión virtual con los ministros de Defensa de nueve Estados miembros (Polonia, Estonia, Letonia, Lituania, Rumanía, Eslovaquia, Finlandia, Hungría, Bulgaria) y Ucrania, Andrius Kubilius propuso priorizar las técnicas de detección y rastreo de drones.

El ejército ucraniano se ha ofrecido para echar una mano: “Estamos listos para compartir nuestra experiencia en la interceptación de aviones no tripulados rusos con la UE, la OTAN y los países vecinos”, dijo el viernes el ministro de Defensa ucraniano, Denys Chmyhal.

Antes que nada Europa tiene que aprender a interceptar drones. En la actualidad muy pocos Estados miembros saben cómo fabricarlos. Algunos fabricantes de armas están trabajando en láseres capaces de derribarlos.

Como siempre, queda el siempre espinoso asunto de la financiación del muro. Los Veintisiete podrán utilizar un nuevo programa de préstamos que acaban de aprobar y que permitirá asignar 150.000 millones de euros para proyectos conjuntos de armamento entre los Estados miembros. Polonia, que ya gasta el 5 por ciento de su PIB en defensa, es el primer beneficiario: debe recibir 43.000 millones de euros.

El Primer Ministro finlandés, Petteri Orpo, ha mostrado mucho interés en levantar el muro porque la frontera con Rusia mide de 1.300 kilómetros y tiene malas experiencias desde que en 1939 se unió al III Reich para provocar la guerra de invierno contra la URSS. “Esta es la frontera de Europa de la que estamos hablando. Defendemos a Europa aquí”, dijo el jefe de gobierno de Finlandia.

“Hemos demostrado nuestra solidaridad económica con el sur de Europa durante 20 años. Ahora estamos esperando la solidaridad en materia de seguridad”, agregó. El argumento no le vale en Grecia, donde no olvidan que el ministro finlandés de Finanzas fue muy duro con Atenas en el momento álgido del rescate de la deuda griega.

El viernes Suecia propuso que Dinamarca proporcione sistemas de defensa aérea capaces de derribar drones y aviones.

El tema del muro estará el miércoles en el menú de la cumbre informal de los Veintisiete en Copenhague, centrada en el fantasma de la seguridad europea.

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‘Si ganamos, las elecciones han sido limpias y si perdemos denunciamos un pucherazo’

El partido de Maia Sandu, Acción y Solidaridad (PAS), actualmente en el gobierno, se arriesga a perder la mayoría en el Parlamento moldavo tras las elecciones parlamentarias de hoy. La Unión Europea se ha volcado para impedir la constitución de una mayoría opuesta a sus designios. a la que la propaganda occidental llama “prorrusos”.

En 2021 el PAS obtuvo el 52,8 por cien de los votos con la típica promesa que nunca falla: luchar contra la corrupción. Como cabía esperar, nunca cumplió y ahora la intención de voto ha bajado hasta el 36 por cien.

Sandu y su partido necesitan demostrar dos cosas. La primera es que en el tiempo que llevan en el poder no han fracasado y que su línea europeísta es el camino correcto. La segunda, que la injerencia electoral no procede de Bruselas sino de Moscú.

En esta segunda tarea cuenta con el inestimable apoyo de la agencia Bloomberg se (*) y el plan es el mismo que en Venezuela y el mismo de siempre: si ganamos nosotros, las elecciones han sido limpias (a pesar de todo), y si perdemos denunciamos un pucherazo de Rusia.

El lunes la policía moldava realizaba redadas en más de 250 localidades de todo el país y detenía a más de un centenar de personas, 74 de las cuales han sido imputadas por diversos delitos relacionados con acciones desestabilizadoras.

Según el asesor de seguridad nacional Stanislav Secrieru, los detenidos habían sido “entrenados en Serbia por instructores rusos en tácticas violentas contra la policía y en el uso de armas de fuego”. De acuerdo con la investigación, la formación incluía técnicas para romper cordones policiales, dispersar multitudes y cómo utilizar “medidas especiales” como bates y armamento.

“La interferencia rusa en Moldavia no es solo desinformación, ciberataques o compra de votos. Moscú también está preparando y dirigiendo acciones de violencia”, añadió Secrieru. Cada participante en esos cursos había recibido alrededor de 400 euros. Sandu los califica de “traidores” a Moldavía.

Como tienen por costumbre, los intoxicadores echan tanta leña al fuego como se les pasa por la imaginación. Por ejemplo, a Foreign Policy se le ocurre decir que no solo está en juego la incorporación de Moldavia a la Unión Europea sino que, si Sandu no obtiene a victoria, los rusos van a usar el país como una base bien situada para llevar a cabo ataques híbridos dentro de la Unión Europea.

Lo que los intoxicadores callan también es importante: la represión política de los etiquetados como “prorrusos”, la censura de los medios con el pretexto de la desinformación, el encarcelamiento de la Presidenta de la comunidad autónoma de Gagauzia, Evgenia Gutsul, o la acumulación de tropas de la OTAN al otro lado de la frontera con Rumanía.

Pero el verdadero problema de Moldavia no son los rusos ni los prorrusos, sino la lastimosa situación económica del país, que va a jugar contra Sandu mucho más que los “traidores”. En 2022 el PIB se desplomó un 4,6 por cien debido a su alineamiento con la política de Bruselas de bloqueo contra Rusia, algo completamente absurdo en Modavia, un país para el cual el gas ruso era la única fuente de suministro energético.

Ahora Moldavia compra al gas a Rumanía y a Grecia, lo que subió los precios de la electricidad y empujó la inflación al 34 por cien anual.

Por presiones de Bruselas, Moldavia también acogió 1,5 millones de refugiados ucranianos, una carga insoportable para un país de 2,4 millones de personas.

El país sigue siendo el más pobre de Europa, justo por delante de Kosovo, ya que el salario medio ronda los 650 euros al mes. Esto empuja entre 40.000 y 50.000 jóvenes moldavos a emigrar cada año para buscar trabajo en Alemania, Italia, Francia o Reino Unido.

Una cuarta parte de los moldavos vive en la emigración, una de las proporciones más altas del mundo.

(*) https://www.bloomberg.com/news/articles/2025-09-22/moldova-elections-russia-s-plan-to-hack-the-vote

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Regreso al punto de partida: ‘Drang Nacht Osten’

Si Estados Unidos se formó con la “conquista del salvaje oeste”, los Estados germánicos hicieron lo mismo en la dirección opuesta y lo llamaron “Drang Nach Osten”, una expresión alemana que se puede traducir como “presión hacia el este”. Expresa la política tradicional de los estados germánicos de expandirse hacia los territorios de Europa oriental.

Aunque se dio a conocer bajo el III Reich, es un viejo principio colonial justificado por un supuesto crecimiento demográfico que obligaba a los germanos a buscar un “espacio vital” (“Lebensraum”) en el este (“Ostsiedlung”), desplazando a las poblaciones eslavas, presentadas como “razas inferiores”, en comparación con los alemanes. Los pueblos del este de Europa jugaban el papel de los “indios” en la colonización americana.

El “Drag Nach Osten” de la modernidad es la expansión de la OTAN hacia el este de Europa, hasta instalarse delante de las mismas narices de Rusia. Ciertamente, la retórica es diferente. Excepto Putin, los eslavos ya no son “infrahombres” ni “salvajes”. La superioridad de occidente ya no es racial, sino política, porque no es la OTAN la que se expande, sino Rusia, una autocracia que no respeta los derechos humanos…

Sin embargo, los medios de intoxicación presentan los acontecimientos al revés, como reconoció el 9 de julio de 2023 el anterior secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, ante el Parlamento Europeo: la Guerra de Ucrania no comenzó con la invasión rusa en febrero de 2022, sino en 2014, cuando cayó el gobierno legítimo de Kiev a consecuencia de un Golpe de Estado organizado por Occidente.

Durante el golpe, los diplomáticos de la Unión Europea negociaron con los nazis ucranianos los asesinatos que debían cometer para derrocar a Yanukovich, el presidente ucraniano democráticamente elegido.

Ambas partes llegaron a un acuerdo sobre unos 100 asesinatos, que fueron llevados a cabo, según testigos presenciales, por ocho escuadrones de francotiradores de unos diez hombres cada uno, procedentes del oeste de Ucrania, Georgia, Polonia y Lituania.

En abril de 2014, el nuevo gobierno golpista de Kiev, una vez asentado en el poder, atacó a la población del Donbas, donde el golpe había fracasdo. Fue el inicio de una guerra en la que 14.000 personas fueron asesinadas por los nazis ucranianos, instigados por sus jefes occidentales.

La OTAN convirtió los Acuerdos de Minsk, firmados para poner fin a la guerra en el Donbas, en una burla. Trataron de ganar tiempo y preparar a Ucrania para desatar una guerra contra Rusia, como reconocieron posteriormente.

Las propuestas de Moscú de diciembre de 2021 y enero de 2022 fueron rechazadas. Las negociaciones de paz de Estambul de principios de 2022 también se vieron frustradas por la OTAN.

Por lo demás, la Guerra de Ucrania se resume en un sencillo triángulo: los ucranianos ponen los muertos, los europeos las armas y Estados Unidos se lleva el dinero.

Rearme, guerra y militarización de las sociedades europeas

En Europa, la guerra y la fastiscización van de la mano, como antaño, como siempre. De la misma manera que el origen del fascismo está en la crisis del capitalismo tras la Primera Guerra Mundial, no se entiende la actual situación política sin la crisis en el Viejo Continente, que es tanto económica como política.

Los países miembros de la Unión Europea padecen una profunda crisis política que, estúpidamente, los medios achacan a la “extrema derecha” que, a su vez, camina del brazo de Moscú. En cualquier caso, las fuerzas centrífugas aumentan y los intereses de sus Estados miembros se distancian. Para estreechar filas, Bruselas ha fabricado un enemigo exterior. Necesita militarizar sus efectivos y transformar a su burocracia en una máquinaria de guerra.

El rearme europeo es un proceso paralelo al militarismo y la represión política. Sigue el ejemplo de Trump que ya ha desplegado 35.000 soldados en las principales ciudades de Estados Unidos. Los gobiernos europeos, donde las crisis son ya casi permanentes, sólo se van a poder mantener por la fuerza de las armas contra su propia población y ya han comenzado a amenazar con las reformas de los estados de crisis para justificar la anulación de los derechos fundamentales.

La antigua locomotora de la economía europea, Alemania, está al borde del colapso. Desde los años ochenta, la política económica ha creado un páramo industrial. Se han perdido cientos de miles de empleos. Mientras en plena guerra Rusia creció el año pasado un 4,5 por cien, la economía alemana se contrae.

El sabotaje del gasoducto Nord Stream, obra de Estados Unidos, y la ruptura de los suministros energéticos de Rusia, han dado el golpe de gracia a la economía alemana. Los miles de millones destinados a los gastos sociales se están desviando al rearme, en beneficio de la industria armamentística estadounidense.

Lo que está ocurriendo con los presupuestos europeos es un auténtico caso de malversación de fondos públicos. El dinero previsto para la agricultura, los fondos regionales y de cohesión fluyen hacia Ucrania, que es el desagüe hacia el que se escapan los presupuestos europeos.

El acuerdo alcanzado entre la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y Trump, en la disputa aduanera es claramente desfavorable para Europa, en general, y Alemania en particular. Ha sido una humillación que pone de relieve el papel subordinado del Viejo Continente.

La desconexión del capital financiero con las empresas industriales

En 2002 las reformas del gobierno de Schröder llevaron a los bancos alemanes a desconectarse de las empresas industriales. Vendieron sus acciones y comenzaron a especular con valores tóxicos. La crisis financiera de 2008 les sacudió de lleno.

Como en otros países, el Estado rescató al capital financiero, convirtiendo las deudas privadas en deudas públicas. Las deudas incobrables de los bancos adoptaron la forma de bonos del Estado. Los bancos sanearon sus balances y los bonos acabaron en manos de los fondos buitre.

El capital financiero engordó. La refinanciación del Estado cayó en manos de los buitres estadounidenses, que al mismo tiempo obtienen pingües beneficios con la guerra. Gigantes como Blackrock, Vanguard, State Street, JP Morgan y Goldman Sachs especulan con los bonos que emiten los países que “ayudan” a Ucrania.

No es ninguna casualidad que el canciller Friedrich Merz sea el gerente de la sucursal alemana del fondo buitre Blackrock.

La guerra cuesta dinero y la reconstrucción mucho más. Los países europeos han gastado ingentes cantidades de dinero desde 2022, pero esas cantidades palidecen al lado del coste de la reconstrucción de posguerra… si es que alguna vez llega.

Si por un milagro divino, la paz llega alguna vez a Ucrania, los capitalistas no perderán nada: si no se benefician de la guerra, se beneficiarán de la reconstrucción. La guerra aún no ha terminado y los gastos de la reconstrucción se calculan en 800.000 millones de dólares. El pago se disolverá en varias dosis dentro de la Unión Europea, que es la mejor manera de disimular la factura.

En tal caso, el capital financiero especulará masivamente con los bonos europeos, como ya hizo en la Primera Guerra Mundial, engendrando una crisis de un alcance que no son capaces de sospechar siquiera.

La Guerra de Ucrania es un fracaso para occidente

Alemania se dejó arrastrar a la guerra en Ucrania, a pesar de que desde el principio estaba claro que Ucrania no podía ganarla. A pesar de ello, la OTAN intentó doblegar a Rusia combinando la asistencia armamentista al ejército de Kiev, la presión económica, el aislamiento diplomático, los 19 paquetes de sanciones, la exclusión del canal Swift, la limitación de los precios del petróleo y el robo de activos rusos en el extranjero por unos 300.000 millones de euros.

La estrategia de asedio económico y diplomático ha fracasado. De los 193 Estados miembros de la ONU, 153 siguen comerciando con Rusia. Rusia ha reestructurado su economía y se ha orientado hacia Asia, tanto política como comercialmente.

Pero lo más importante es que la OTAN ha perdido la Guerra de Ucrania en los campos de batalla, con un saldo terrorífico de más de 1,7 millones de soldados ucranianos muertos o desaparecidos. Los rusos cuentan actualmente con más de 700.000 soldados en Ucrania. Son superiores en términos de armas, artillería y misiles. El colapso del frente es solo cuestión de tiempo.

‘Europeizar la guerra’

La cumbre entre Trump y Putin en Alaska demostró que Estados Unidos va a lo suyo. Quiere “europeizar la guerra”, es decir, vender armas a Ucrania y que la Unión Europea pague la factura. Cuando llegue la capitulación, los perdedores serán los europeos que, además, deberán pagar unos gastos de muy elevada cuantía.

Los países europeos han quedado marginados de los escenarios internacionales más relevantes. Entre la fauna de Bruselas, Kaja Kallas es el ejemplo más claro de impotencia e ineptitud y los medios de intoxicación ya no se esfuerzan por ocultarlo. Si algo ha demostrado la Guerra de Ucrania es que la Unión Europea no es capaz de presionar a países como Rusia o China, por más paquetes de sanciones que aprueben.

El futuro papel de Europa quedó sellado en Alaska, donde Trump y Putin discutieron la posibilidad de retirar los 300.000 millones de euros robados a Rusia para invertirlos en Estados Unidos, un acuerdo lucrativo para ambos países.

Los europeos salen perdiendo en todas y cada una de las hipótesis, tanto si la guerra continúa, como si Ucrania firma la capitulación.

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La guerra económica ataca el laberinto normativo de la Unión Europea

Como cualquier otra burocracia, Bruselas es un laberinto de circulares, directivas y reglamentos imposibles de descifrar, salvo para los especialistas que viven de ello. Son imprescindibles para que los monopolios puedan operar en 27 países diferentes como si fueran un mercado único.

Después de Estados Unidos, los 27 representan uno de los mayores mercados del mundo, por lo que muchos otros países han adoptado como propias las normas europeas para poder exportar sus mercancías al Viejo Continente. La Unión Europea no puede importar mercancías que no cumplan ciertas normas.

En definitiva, es una regulación extraterritorial, es decir, que se aplica a países fuera de la Unión Europea. Un monopolio que fabrica para 27 países prefiere hacerlo para 37, siempre que las reglas sean las mismas. Normalizar es más barato y, desde luego, más sencillo. Sobre todo es importante en determinados mercados, como alimentación, ambiental y nuevas tecnologías.

Estados Unidos quiere desregular, pero Europa necesita regular porque las mayores multinacionales no son autóctonas. Cuando esa situación se produce, como en el mercado único, Bruselas necesita someter al monopolio. Desde la década de los noventa, la Comisión Europea impone multas a las tecnológicas estadounidenses, especialmente Microsoft y Google.

La normalización se disparó después de la aprobación en 2019 del Pacto Verde, con reglamentos sobre deforestación, sostenibilidad (RSE), descarbonización… Luego ha seguido al mismo ritmo en materia tecnológica: Reglamento de Mercado Digital (DMA), de Servicios Digitales (DSA) de 2022, de inteligencia artificial…

Se trata de normas que apuntan directamente a los monopolios tecnológicos estadounidenses y que Trump ha intentado quebrar. La guerra económica que ha desatado dispara contra los intentos de imponer las normas europeas a los monopolios estadounidenses. A su vez, al intento de acabar con su laberinto normativo de Trump, Europa ha respondido con una campaña en su contra.

Dicho de otra manera, la política económica de Trump no tiene que ver con su “neoliberalismo” sino con el intento de los monopolios estadounidenses de sacudirse las regulaciones europeas. Un monopolio estadounidense opera en todo el mundo, pero en Europa tiene que hacerlo bajo reglas diferentes a todos los demás mercados. Para ellos liberarse de esas reglas supone liberase del pesado corsé de las multas y las sanciones.

Las presiones estadounidenses están dando sus frutos. La declaración conjunta del 21 de agosto sobre el acuerdo aduanero pide explícitamente la “relajación” de los cuatro reglamentos del Pacto Verde.

El 1 de septiembre, durante un debate en la Comisión Europea, el comisario de Comercio, Maros Sefcovic, se opuso a una propuesta de la comisaria de Competencia, Teresa Ribera, para sancionar a Google.

Es un dilema. Si Bruselas saca a las multinacionales estadounidenses de su laberinto normativo, las demás querrán hacer lo mismo. Competir sin reglas es competir en condiciones más favorables. Para competir hay que jugar con las mismas reglas y, si Bruselas comienza a hacer excepciones con los monopolios estadounidenses, ningún país del mundo aceptará como propias las normas europeas, por ejemplo, las ambientales. Sería un golpe duro para los movimientos verdes.

Además, los laberintos tienen muchas recorridos equívocos. Puede ocurrir que a la Unión Europea le interese excluir a los monopolios tecnológicos de Estados Unidos de reglamentos, como el Fida, sobre intercambio de información económica. Lo explicaba el domingo el Financial Times: Google, Meta, Apple, Amazon y otros monopolios estadounidenses no podrán acceder a los datos económicos de los consumidores europeos.

Son las contradicciones las que crean estos laberintos. Bruselas quiere beneficiar a los bancos por encima de las empresas tecnológicas. En Estados Unidos la Ley Genius quiere justamente lo contrario, como explicamos en una entrada publicada el pasado mes de junio.

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La militarización de la economía europea está condenada al fracaso

El plan de la la Unión Europea de militarizar la economía está condenado al fracaso, dice la revista Foreign Affairs, porque el aumento del gasto no garantiza un retorno comparable de la inversión.

Muchos Estados europeos ya tienen una deuda pública insuperable y tienen dificultades para controlar el gasto en seguridad social, pensiones y educación, lo que limita su capacidad.

El simple aumento de los presupuestos no conduce automáticamente a la creación de fuerza militar. La compra de armas adicionales de Estados Unidos puede ser un buen negocio para Washington, pero no fortalece la seguridad europea.

La industria militar de Estados Unidos está rezagada. El tiempo de espera para la entrega del nuevo sistema Patriot es de siete años. Confiar en una industria extranjera es arriesgado: si Estados Unidos entra en guerra en otra parte del mundo, difícilmente dará prioridad al suministro europeo.

La industria europea de defensa está fragmentada, señala la publicación y sufre una costosa duplicación. Muchas empresas de diferentes países producen diferentes tipos de equipos idénticos. Esto se explica por el hecho de que cada estado busca sobre todo apoyar su propia base industrial.

Los compromisos financieros adquiridos por los europeos, concluye Foreign Affairs, no son suficientes para fortalecer una industria de guerra independiente de la de Estados Unidos.