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Categoría: Salud (página 27 de 88)

‘Estáis asustando a la gente para nada’, denuncia la médico que ha descubierto la variante ómicron

Angelique Coetzee, la doctora sudafricana a la que atribuyen el descubrimiento de la variante ómicron, cree que los científicos y los medios de comunicación de todo el mundo están sembrando el pánico en la población, mientras que los casos positivos de la nueva variante son actualmente “leves y fáciles de tratar en casa”.

En una entrevista para la BBC, la doctora Coetzee afirma que los casos registrados en Sudáfrica son “extremadamente leves”.

El 29 de noviembre en una entrevista con el medio estadounidense CNBC, Coetzee volvió a reiterar su postura e insistió en que “por el momento tenemos casos leves, fácilmente tratables en casa”.

Coetzee también denuncia la cobertura mediática sensacionalista de la nueva variante. Durante la última semana, los medios de comunicación y las burocracias sanitarias de todo el mundo han sumido a los ciudadanos en un terror indescriptible.

Cuando la periodista le preguntó si había un pánico innecesario, respondió con una sonrisa: “Sí, en este momento yo diría que sí. Tal vez dentro de quince días sea diferente”.

La histeria mediática sigue, pues, su curso desde hace dos años, cada vez con argumentos menos verosímiles por lo que la aparición de la nueva variante no es otra cosa que una campaña deliberada de terror por parte de las cadenas de comunicación.

“Lo que estamos viendo en África, y les recuerdo que somos el epicentro, es extremadamente suave. Para nosotros, se trata de casos leves y hasta ahora no hemos hospitalizado a nadie. He hablado con colegas míos. Es lo mismo”, dice la doctora.

Los cameruneses no se fían de las vacunas del hombre blanco

Los cameruneses no se quieren vacunar. Sólo el 4 por cien de la población mayor de 18 años se ha vacunado desde que se administraron las primeras dosis hace siete meses, según el Ministerio de Sanidad, muy lejos del objetivo declarado del 40 por cien, a cinco semanas de la Copa de África prevista en el país.

Ante la reticencia de los cameruneses, en noviembre el gobierno ha lanzado dos campañas de vacunación, una dirigida a toda la población y otra especial para los funcionarios.

Junto con ONG como Médicos Sin Fronteras, han instalado carpas y contratado personal para que aborden a los transeúntes por la calle y les convenzan de que se inyecten. “El gobierno anima con fuerza y firmeza a toda la población a vacunarse”, alega el ministro de Sanidad, Manaouda Malachie, en la radio pública. “Tenemos suficientes dosis para todos”, añade.

Dos mercenarias, Irene y Lucienne, se posicionan a primera hora del día frente a un pequeño hospital público de Odza, un barrio de Yaundé, donde se ha abierto un puesto de vacunación.

Su despliegue, en plena calle, en una carretera muy transitada que lleva al aeropuerto, pretende despertar el interés de los que pasan. Pero, dice Lucienne, muy pocos aceptan la propuesta. “Es muy difícil convencer a la gente. Hay una verdadera psicosis entre los cameruneses”, admite.

El día anterior, dice, “una persona me amenazó con pegarme si persistía en ofrecerle la vacuna”. Los cameruneses de la diáspora envían mensajes a los que están en el país para criticar las vacunas, añade la otra mercenaria.

El hombre blanco no inspira confianza. “Los europeos quieren matarnos”, dice uno al rechazar la vacuna. “No me fío de la vacuna”, dice otro. “Los blancos no nos quieren. Quieren matarnos con vacunas en las que introducen productos ilegales”, afirma.

“No me interesa la vacuna porque todavía no he visto a nadie que esté enfermo. Dudo de la existencia de esta enfermedad”, afirma Jeannette Aboudi, de 53 años, vendedora de naranjas en el mercado de Nfou, una pequeña ciudad del centro de Camerún.

Ómicron: la leyenda continúa

En el abecedario griego, tras la letra delta tocaba recurrir a otras, como la xi, que la OMS no ha querido utilizar para que Xi Jing-ping no se enfade. Bastante tiene ya con la cantinela del “virus de Wuhan”.

Una de las leyes de la epidemiología es que nunca aparecen en las grandes potencias imperalistas. Para eso tienen al Tercer Mundo, que es el foco de todos los males. A causa de la nueva variante, España ha cerrado las fronteras con África, a pesar de que Holanda la detectó varios días antes de la notificación de Sudáfrica a la OMS (1). Pero, como es natural, España no puede cerrar las fronteras con Holanda.

Se cumplen hoy 40 años de “lucha contra el sida” y llevamos el mismo camino, que sólo es posible por la falta absoluta de memoria histórica. Los movimientos populares que deben preservarla no cumplen su función y eso permite que cualquiera deslice su propia versión de 40 años de una historia tan falseada como la actual.

La versión oficial de esta pandemia hubiera sido imposible de sostener si el recuerdo del sida se hubiera preservado vivo. Al no ser así, ha sido muy fácil sustituir el condón por la mascarilla y los antivirales por las vacunas.

No obstante, hay interesantes diferencias, la más importante de las cuales es que en 40 años nunca se pusieron a fabricar vacunas contra el sida, mientras que ahora las producen en serie. A partir de ahí, las diferencias son pocas y, sobre todo, los antivirales son tan innecesarios como las vacunas.

Ambas pandemias han supuesto un festín para las grandes multinacionales famarcéuticas. Muchos beneficios al bolsillo y resultados contraproducentes para las víctimas de los experimentos. “El 85 por ciento de los enfermos ingresados en los hospitales de Pontevedra con covid están vacunados y dos pacientes en UCI vacunados con la pauta completa”, reconocía ayer el Diario de Pontevedra (2).

Uno de los ingresados en la UCI no sólo recibió las dos dosis reglamentarias, sino también la tercera y lo mismo ocurre con la variante ómicron: “Los dos casos de ómicron aparecidos en España tenían la pauta completa de vacunación”, decía Telecinco esta misma mañana (3).

Estos casos los médicos los diagnostican como “covid” porque no hay un diagnóstico llamado “vacunas”. Los enfermos hospitalizados van a parar a la unidad de neumología porque no hay tal “covid”. En la mayor parte de los casos son infecciones respiratorias comunes y corrientes, conocidas y tratadas desde siempre en la historia de la medicina.

La variante ómicron se está utilizando para volver a la casilla de salida, a las mascarillas y a las vacunas. La histeria se ha multiplicado otra vez rápidamente. Vuelven las carreras para ponerse la tercera dosis y los indecisos comienzan a pincharse. En la última semana se han administrado 13.000 primeras dosis más que la semana anterior. Este dato supone un aumento del 20 por ciento (4).

El circo de las variantes viene poniendo el acento en el virus, pero nadie ha formulado la pregunta más elemental: ¿se han encontrado los médicos con alguna enfermedad nueva y desconocida desde marzo del año pasado?

La respuesta también es elemental: no.

(1) https://actualidad.rt.com/actualidad/412184-paises-bajos-casos-omicron-antes-oms
(2) https://www.diariodepontevedra.es/articulo/pontevedra/85-pacientes-ingresados-covid-estan-vacunados-tienen-media-71-anos/202111301323161174041.html
(3) https://www.telecinco.es/informativos/nacional/ultima-hora-coronavirus-01-12-2021-espana-informacion-directo-contagios-restricciones-vacunas_19_3243735001.html
(4) https://www.antena3.com/noticias/salud/imposicion-pasaporte-covid-variante-omicron-aumentan-ritmo-vacunacion-espana_2021113061a7106a9e04bd0001941831.html

Manual del golpe de estado farmacéutico

A finales de abril 2020, en el comienzo de La Pandemia, escribí: “Hasta el covid-19, la doctrina del miedo cerval (mega-shock) a escala planetaria no funcionaba con las viejas excusas: religión, patria, oro. Ahora han encontrado la Sanidad como excusa humanitaria inapelable y el pánico ante la pandemia ha sido universalizado mediante una campaña promocional que es una siniestra obra de arte – degenerado, Entartete Kunst en jerga nazi. Rebuscando en la Historia, no encuentro un episodio de credulidad y de obediencia que se aproxime siquiera a la actual histeria colectiva. Claro que, hasta ahora, no había una perversa globalización mediática, ni tanto pánico biológico inducido, ni tanto terror estatal o Gran Miedo en estado cristalino”.

Poco tiempo después, redacté un largo trabajo sobre La Pandemia (LP) titulándolo “Un potlatch (casi) universal”. Usé la palabra potlatch, un tecnicismo etnográfico, porque estaba destinado a un seminario de antropología ámbito donde es un término asaz conocido –i.e., ceremonia donde el poder se demuestra destruyendo valiosas pertenencias. Con ello, quería significar que LP iba a suponer un descenso de la actividad económica, un fenómeno impensable pues era absurdo que fuera provocado por los grandes capitalistas, perpetuos idólatras de la producción perpetuamente incrementada -esa entelequia suicida a la que llaman “progreso económico”. Insólita situación para cuyo análisis no necesitábamos recurrir al acrisolado sintagma de la “sobreproducción inherente al capitalismo”. En primer lugar porque sería una caída efímera –léase, especulativa, la cancha preferida por el capital financiero-, y, en segundo lugar, porque el Poder no es monolítico sino policéntrico. En este Golpe de Estado, el capital cibernético-financiero (improductivo, nómada y clandestino) condujo el proceso puesto que estaba en su mejor momento pero, como “nuevo gran poder”, necesitaba una socia y/o aliada para demostrar su fuerza frente a sus parientes tradicionales. Y vaya si les demostró quién era el Jefe…

La Organización Mundial de la Salud, OMS, como agente capitalista

Evidentemente, “descartadas las viejas excusas religión, patria, oro”, el poder farmacéutico, la Big Pharma (BF), fue la afortunada socia del Golpe de Estado. Pero, como también BF es policéntrica, ha debido repartir calderilla entre sus subalternos: empresas medias, recicladores de desechos orgánicos, charlatanes esotéricos, mascarillas, gel alcohólico, laboratorios de baratillo enriqueciéndose con los azarosos –por no decir asesinos, lo sé por amarga experiencia- PCR y con los superfluos antígenos. Etc.

[Todo lo anterior será tildado de conspiranoico, un descalificativo que sólo se utiliza contra los-de-abajo, nunca contra la componenda perpetua de los-de-arriba, esa conspiración anti-popular denominada “alianza estratégica”, “fusión bursátil”, “tratado de amistad” y otros eufemismos generalmente radicados alrededor de una palabra clave: optimización. Todo lo posterior eludirá considerar la gravedad o benignidad del covid-19 -cuestión elemental que pondría en tela de juicio los protocolos epidemiológicos instalados para quedarse. Sin embargo, he preferido que cada cual saque o confirme su conclusión a partir de las siguientes notas. Sólo añadiría que, recordemos, el mundo materialmente próspero goza de menor mortalidad a cambio de una inmensa morbilidad ¿inducida?]

OxyContin: primer ensayo

A la hora de articular su colosal estafa, los conspiradores (perdón, emprendedores) de LP contaban con varios antecedentes, unos exitosos y otros de inciertos resultados –ambos, desde el punto de vista del bolsillo elitesco. Entre los primeros, destacaba el caso del OxyContin (OX), un opiáceo legal en el origen de un cuasi genocidio de gringos pobres. El OX se basaba en el principio activo oxicodona (nombre comercial OxyContin o Percocet) o en su derivado la hidrocona (comercializada como Vicodin)

Este insidioso OX fue el más conocido de la multitud de opiáceos que inundaban la sanidad gringa. Es plausible suponer que los emprendedores LP se fijaron en él porque su éxito propagandístico y, sobre todo, la impunidad por la que se multiplicó su venta fue realmente espectacular. Pero, si era evidente que su frecuente sobredosis causaba la muerte, ¿cómo pudo venderse por millones?, ¿por qué se desinformó sobre sus 200 y más víctimas diarias? Desde hace una década, en los EEUU muere más gente por OX que por cualquier otra causa –incluyendo por armas de fuego, accidentes de tráfico, guerras interiores y exteriores y enfermedades. La explicación de este cuasi genocidio es sencillísima: OX disparó sus ventas porque era legal y porque los médicos lo recetaban y recomendaban (véase, Anna Lembke, Drug Dealer, MD: cómo los médicos fueron engañados, los pacientes se engancharon y por qué es tan difícil parar; 2016)

Este dato evidencia la letal mega-corrupción del estamento sanitario pero, en este caso y en cualquier otro, conviene señalar quiénes son los mayores beneficiarios –o los mayores corruptos: es la BF en su acepción de grandes detentadores de patentes. La BF en general, se lleva la parte del león. Pero en una minúscula proporción lo deriva a sus filiales pues de la producción y de la comercialización se encarga los carroñeros menores. Con los opiáceos, los productores más activos fueron SpecGx (38% de cuota de mercado), seguido de Actavis Pharma y Par Pharmaceutical con cuotas menores y por Purdue (3,2% de cuota) Y, en el último escalón, las cadenas de farmacias CVS Health, Walmart y Walgreens –únicas procesadas en algunos Estados.

Remedios dudosos contra la gripe ‘española’ de principios del siglo XX

BF se enriqueció –no ilícita sino algo más, criminalmente. Aliada con la Brigada Mediática (BM), eliminó el alcance de la pandemia OX y, en consecuencia, suprimió la mortandad, al contrario que la LP donde, al hipertrofiar las muertes, ha seguido una estrategia propagandística opuesta. Esta única diferencia de proselitismo entre las dos pandemias (OX y LP), es coyuntural. Sin embargo, la OX enseñó a la BF que administró LP un ingenioso argumento: la creación del concepto pseudoadicción o la convicción –científica, of course-, de que, aunque tenga todos los síntomas, un paciente no puede ser adicto si consume los opioides bajo receta médica. Mutatis mutandis, es probable que los magos de la LP hayan encontrado en este fantasmagórico protocolo la inspiración para cronificar la vacunación universal y las medidas colaterales que la siguen y seguirán ad infinitum, a menudo catalizadas por el miedo que causan las docenas de variantes del virus.

‘Verdades, mentiras y estadísticas’

Si me obligaran a escoger la disciplina que ha salido más desprestigiada de LP, diría que la Estadística. Ese bombardeo alfanumérico que BF aliada a BM nos ha infligido a toda hora, día y noche, era y es una yuxtaposición de entidades heterogéneas de imposible comparación entre ellas –no digamos homologación. En su papel de mamporrera de la BF, la BM nos ha alfombrado con detritus, explosivos e incongruencias con el claro propósito de abrumar a la ciudadanía mediante una ilusoria acumulación de guarismos incongruentes entre sí. El resultado ha sido angustioso puesto que el súbdito medio patalea su ignorancia (inducida) en medio del piélago “algorítmico” gubernamental.

El problema básico de la verosimilitud de las estadísticas LP estriba en que están viciadas desde el origen, allá donde sanitarios estresados y menospreciados clasifican síntomas y tratamientos parroquiales. No es cuestión de formación profesional ni tampoco de rigor sino que están coaccionados –científicamente, claro está, no politics, please, we’re europeans- para acomodarlos a categorías nacionales o mundiales que, generalmente, coinciden con el interés gubernamental pero no con las necesidades locales. Parece un obstáculo de menor cuantía pero es nefasto que un error en la primera línea sea integrado en la cadena nacional porque, en la práctica, ese error se multiplica en cada escalón administrativo. Lo comprobé in situ cuando, con la intención de alertar sobre ese peligro, estudié los datos de una ínfima medicatura (véase, AP, 1983, «Exorcismo contra una epidemia de sarampión que azota al Alto Río Negro»; en Actas de las I Jornadas de Antropología Médica, vol. I, pp. 152-183; Arxiu d’Etnografía de Catalunya, Tarragona, España. Pero, ojo, es un informe, deficientemente transcrito y peor editado).

Además, una investigación reciente demuestra que la mitigación de LP se apoya en unas estadísticas no sólo viciadas de origen sino, asimismo, pésimamente diseñadas (ver Starnini M, Aleta A, Tizzoni Mand Moreno. 2021. “Impact of data accuracy on the evaluation of COVID-19 mitigation policies”, en Data & Policy, 3: e28. doi:10.1017/dap.2021.25)

Una vez aclarado dónde se incuba el huevo de la serpiente, observemos las fases elementales que se desarrollan en el proceso LP y en bastantes otros:

Fraccionar las entidades

Primer paso: el proceso LP es complejo ergo la BF conspiradora tiene que ofrecer un panorama en 360º pero fraccionando sus componentes pues pretende hacernos creer que el vulgo es incapaz de asimilar la perspectiva global. Entonces, la BM se encarga de distorsionar la geografía para que casos demográficamente mínimos parezcan casos extrapolables, extraordinarios y cuasi letales -en efecto, son casos literalmente extra-ordinarios pero la BM los muta en referencias mundiales.

Así, pues, el diablo está en los detalles y las particularidades son un buen punto de partida al que se abandona una vez haya colaborado en la estrategia mediática. De ahí que la BM sea alérgica a publicar porcentajes de manera que, a la postre, no pueden ser comparadas ni contrastadas con, por ejemplo, las cifras de población de cada país. Dícese hoy que Rumanía tiene el triple de contagios, muertes, etc. que España, pero ¿cuál es la población de Rumanía? Naturalmente, esta operación busca minimizar los daños, cansino leit-motiv de toda fontanería palaciega.

Escoger un chivo expiatorio

Si la campaña de LP tiene algún problema empresarial, es tradición corporativa recurrir al espantajo de un chivo expiatorio. Entonces, para anestesiar la irritación popular, la LP puede dirigir su atención al caso OX. En aquel reciente genocidio clasista, la familia Sackler, propietaria de Purdue Pharma y del OxyContin, fue condenada a pagar una multa calculada entre 12.000 y 8.300 m. US$ -como sucede en tantas quiebras fraudulentas, los Sackler se declaran en bancarrota y el Estado USA se hace cargo de los dispendios. ¿Por qué Sackler-Purdue y no otras BF igualmente culpables y, además, más grandes? Por eso mismo, porque no era la más poderosa –recordemos su escasa cuota de mercado. El orgasmo en el que vive BF la tiene tan drogada que todavía no asume que habrá problemas mediáticos pero estoy seguro de que alguna empresita acabará siendo purificada en la hoguera. Hasta es probable que se avergüence de su “error” y hasta es posible que se ofrezca voluntariamente (¿) en sacrificio para salvar la LP –léase, la BF.

Muchos daños y sólo un beneficio

Si algo en esta campaña mediática me irrita especialmente es el daño colateral (collateral damage) que inflige al sentido común. En una operación absolutamente torticera e insultante, la BM llega en su zafio descaro a crear la imagen del negacionista. Para inventarla, ha utilizado las identificaciones más canallas, desde igualarla con los negacionistas del Holocausto hasta volcar en el mismo saco a una patulea de irracionalistas, resentidos, esotéricos de toda laya, terraplanistas, marginales “anti-sistema” y quién sabe si hasta veganos. No cabe más suciedad mediática. Mientras que, apoyándose en datos estudiados críticamente, los negacionistas políticos –y parte de los científicos- se manifiestan por miles en las calles, nos sobrarían dedos para contar a los terraplanistas. Volvemos al escamoteo de los porcentajes.

‘No escupir’. ¿Profilaxis básica y/o control social?

El filón de esta pandemia de credulidad y de obediencia se renueva comercialmente con el incesante invento de accesorios vendidos como remedios indispensables. Sin tino ni camino, ya hormiguean las vacunas en forma de pastillas y luego vendrán en jarabes, lociones, infusiones, supositorios y hasta en caramelos. Al mismo tiempo, se solidifica un dislate característico del antropocentrismo: las nuevas enfermedades son producto exclusivo de los animales (zoonosis) olvidando así que, siendo esto parcialmente cierto, también existe otra vía de contagio, la causada por el Homo sapiens (antroponosis)

La exigencia de una mejor dotada sanidad pública, además de obvia, es un lema en el que se debe insistir pero de resultados revolucionarios –léase, imposibles. En el fondo, aletea una cuestión: si estuviera todo privatizado, ¿funcionaría mejor? No, esta pandemia público-privada donde lo público paga y lo privado cobra, demuestra que el saqueo de lo Común está férreamente enclavado en el sistema. De hecho, ni siquiera el pecado (mortal) del aborto escapa a la furia privatizadora puesto que se derrocha dinero para clínicas privadas –léase que, esas potentadas que nunca fueron a abortar a Londres porque abortaban en su país, verán abaratados sus trances.

Ante tanta calamidad inducida son escasos los beneficios. Pero, entre los logros intelectuales estará –si llega- un mayor sentido crítico frente a la Ciencia en general y frente a la epidemia de “expertos” en particular. Internet ha propiciado la publicación de miles de investigaciones deplorables tanto en su concepción como en su desarrollo con dinero público (improbable.com las denuncia y otorga a las más disparatas el Premio Ig-Noble). En Epidemiología, deberíamos recordar que uno de sus más prestigiosos científicos, John Ioannides, publicó en 2005 un cuidado ensayo semi estadístico con un título muy explícito (“Why most published research findings are false”, en PLoS Med 2005; disponible en internet), demostrando que la prisa, la corrupción académica y metodológica y no digamos la insana cópula BF-BM, estaba hundiendo el rigor científico.

NB. La proliferación de las siglas BF y BM hace difícil la lectura. Lo lamento pero refleja el hecho de que BF y BM son primas “univitelinas”. Por ende, no es grave fusionarlas y confundirlas.

Nònimo Lustre http://loquesomos.org/manual-del-golpe-de-estado-farmaceutico/

Los vacunados llenan las camas de los hospitales israelíes

Los vacunados representan el 95 por ciento de los casos graves y el 85-90 por ciento de las nuevas hospitalizaciones por coronavirus en Israel, afirma un alto funcionario de sanidad.

El doctor Kobi Haviv, director médico del principal centro de atención respiratoria de Israel, explicó al Canal 13 las últimas cifras sobre las hospitalizaciones de vacunados. Según Haviv, los vacunados representan el 85-90 por ciento de todas las nuevas hospitalizaciones y el 95 por ciento de los “casos graves” del Centro Médico Herzog de Jerusalén (1).

Un solo paciente infectado contagia el virus a “un gran número de personas”, lo que no sólo ocurre “aquí o allá”, sino que es frecuente.

La mayoría de los israelíes han sido vacunados en su totalidad, incluido el 85 por ciento de los que cumplen los requisitos. De los 9,3 millones de ciudadanos estimados, 5,8 millones han recibido al menos una vacuna y 5,4 millones están totalmente vacunados.

A pesar de que la mayoría de ellos se ha vacunado, el país ha experimentado un rápido repunte de casos que ha dado lugar a más resultados positivos diarios que el mismo día del año pasado. El jueves se registraron 3.843 nuevos casos.

El Ministerio de Sanidad israelí utilizó los datos para justificar el endurecimiento de las restricciones sanitarias. Tras su votación de emergencia del jueves, los ciudadanos están ahora obligados a presentar una prueba de vacunación, un test positivo o una prueba de que se han recuperado recientemente del virus para participar en la mayoría de las actividades en interiores y exteriores.

Esto incluye gimnasios, restaurantes y parques. Las sinagogas y los lugares de culto estaban incluidos originalmente en las restricciones sanitarias, pero se eliminaron en el último momento.

Las observaciones de Haviv, combinadas con la alta tasa de vacunación, confirman la completa ineficacia de la vacuna contra la propagación del virus. El médico israelí afirma que la eficacia de la vacuna está “desapareciendo realmente”.

En un artículo publicado en el periódico británico The Telegraph, el profesor de Epidemiología de la Universidad de Oxford, Sunetra Gupta, ha insistido en lo mismo: las vacunas no pueden eliminar el “covid” porque su función es otra (2).

En declaraciones a la CNN, el director de los CDC, Rochelle Walensky, ha repetido idéntica tesis: las vacunas no pueden prevenir la transmisión (3). Da igual que alguien se vacune o no.

Otro médico israelí, Eitan Werthein, ha resumido al Jerusalem Post la ineficacia de las vacunas (4), a pesar de que han inoculado a más del 90 por ciento de la población: “Vamos a estar en el mismo punto que hace un año. Estamos en la misma ruta”. A eso se le llama “eficacia cero”.

(1) https://twitter.com/JCConradson/status/1424035882454065155
(2) https://www.telegraph.co.uk/news/2021/11/24/vaccines-never-route-eliminating-covid-entirely/
(3) https://www.thegatewaypundit.com/2021/08/cdc-director-tells-cnn-covid-vaccines-cant-prevent-transmission-video/
(4) https://m-jpost-com.cdn.ampproject.org/v/s/m.jpost.com/health-science/israels-two-week-window-to-halt-the-4th-covid-19-wave-675199/amp

Las nuevas enfermedades que se inventa la OMS

En 2018 la OMS decidió añadir una nueva enfermedad a su catálogo, llamado CIE-11 y también Clasificación Internacional de Enfermedades. Se trataba de la adicción al juego, que se convirtió en un “trastorno del juego”, en especial por internet, que definió por la prioridad que establece el ludópata sobre otros intereses de la vida, con consecuencias negativas sobre el adicto.

Como cualquier enfermo, el ludópata debe recibir tratamiento. En Corea del Sur hay centros de rehabilitación. Curar se convierte en un negocio que empieza a repartir mucho dinero, subvenciones, cargos, cátedras, másters… Es un medio de vida para los curanderos y los estudiosos de la “enfermedad”.

La adicción al juego y a los videojuegos no es una enfermedad porque no está definida y, por lo tanto, no se puede diferenciar de cualquier otro comportamiento compulsivo. La OMS tomó su decisión como toma tantas otras: por las presiones políticas de China y otros países asiáticos.

Los videojuegos preocupan a varios países de Extremo Oriente, a la vez productores y consumidores. En Japón y Corea del Sur llaman “hikikomori” a los adultos que se aíslan, viven en casa de sus padres, no salen a la calle, comen comida rápida, navegan por internet y compiten con videojuegos.

Recientemente China ha aprobado una ley que prohíbe a los menores de 18 años utilizar juegos de internet entre las 10 de la noche y las 8 de la mañana. En 2011 Corea del Sur prohibió a los menores de 16 años jugar a internet entre la medianoche y las 6 de la mañana para mejorar el sueño. La prohibición se anuló poco después. Una investigación demostró que era contraproducente: aumentaba el tiempo que los niños pasaban en internet y no tenía ningún efecto significativo en la mejora del sueño.

En torno a la “nueva enfermedad”, la OMS está tratando de crear el típico “consenso” de especialistas. Para ello ha encargado una serie de “estudios científicos” bien remunerados, capaces de justificar la decisión que ya ha tomado previamente.

La prevalencia de la adicción a los juegos y videojuegos oscila bastante entre la población. Pero, según la bilbiografía seudocientífica disponible, resulta mucho más adictiva que el alcohol o los opiáceos, lo cual es inverosímil.

Algunas personas pasan mucho tiempo jugando ante la pantalla de un ordenador, con repercusiones desfavorables importantes. Algunos adolescentes surcoreanos se orinan encima para no levantarse de sus asientos. Pero las personas puede desarrollar relaciones problemáticas con casi cualquier forma de actividad humana: con el ejercicio, con el sexo, con el alcohol, con los somníferos…

En 2017 el doctor Andy Przybylski, psicólogo del Oxford Internet Institute, analizó a 6.000 personas que se calificaron como “adictas” a los juegos y comprobó si seguían siendo adictas seis meses después. De las 6.000 personas reclutadas, ninguna de ellas cumplía los criterios de diagnóstico de los trastornos de juego al inicio y al final del estudio. En otras palabras, nadie permaneció “adicto” durante seis meses. Ni uno solo.

La adicción al juego por internet no es como al tabaco o al alcohol, es decir, no es una adicción y, desde luego, no es una enfermedad, o no es una una enfermedad independiente. Sin embargo, es corriente leer todo lo contrario, incluso que es “un trastorno mental comparable con la adicción al alcohol y a las drogas” (*).

Todavía una parte importante de los especialistas sostienen que el trastorno del juego no existe, que es un invento y nadie aun les tacha de “negacionistas”, como ocurre con otras enfermedades ficticias, cada vez más abundantes. La Asociación Americana de Psiquiatría aún no la ha añadido a su catálogo oficialmente.

La creación de una enfermedad por la OMS otorga a los médicos, sicólogos, terapeutas y demás, la facultad de “tratar” un trastorno y de obligar a los que rodean al “enfermo” a buscar a un curandero que les quite el problema de enmedio… a cambio de 150 euros cada hora de consulta. Entonces cada vez que un niño pasa demasiado tiempo junto al ordenador, los padres se asustan y comienzan las consultas y las búsquedas.

La decisión de la OMS patologiza comportamientos normales, crea un mercado, profesionales, clientes y, finalmente, fármacos, tranquilizantes… Se escuda en la ciencia para hacerlo, pero ni hay enfermos, ni hay tratamientos, ni hay diagnóstico… Nada de nada.

(*) https://mind.se/es/datos/condiciones-relacionadas/adiccion-al-juego/

La revista médica The Lancet lanza un llamamiento para impedir la estigmatización de los no vacunados

“No hay peor ciego que el que no quiere ver”, dice el refrán y la avalancha de idiotización ha logrado que sean muchos los que se nieguen a abrir los ojos a las evidencias más simples. A medida que el número de mansos ha crecido, la insolencia de los gobiernos se ha multiplicado. Nunca hubieran sospechado que tanto poder estaba a su disposición y que podrían llevar a las ovejas al matadero con tanta facilidad.

Es la misma facilidad con la que estigmatizan a los chivos expiatorios, apropiándose además de la ciencia como los emperadores se apropiaban y saqueaban aquello que se ponía a su alcance.

Parecía que el recuento de fuerzas entre unos y otros lo iba a marcar la vacunación, pero al final su victoria les está pareciendo pírrica y quieren forzar la máquina expidiendo pasaportes. Quieren que todos se vacunen “voluntariamente”, por lo civil o por lo militar, haciendo la vida imposible a los recalcitrantes. Esta es una guerra que, como ha dicho el ministro alemán de Sanidad, no conoce prisioneros: o vacunados o muertos.

Es bastante fácil de enteder, incluso para los más sumisos: una persona que sobreviva sin vacunar a una pandemia que ha durado dos años, se convierte en un testigo del cretinismo de la mayoría.

El mensaje más extendido es que la minoría que no se vacuna es responsable del gran fracaso, a saber, los continuos “brotes” y “olas”. Los más idiotas hablan de una “pandemia de no vacunados” y aunque la revista médica The Lancet ha criticado este tipo de concepciones absurdas (*), suponemos que, una vez más, la ciencia de verdad no estará en las portadas de las cadenas de televisión, ni tampoco en las redes sociales.

En estos casos es impresicindible lograr que todos miren hacia otro lado para poder seguir baboseando, como Pablo Iglesias, acerca de la vacunación obligatoria, porque, en efecto, la ciencia son ellos y la sanidad pública también.

The Lancet sale a paso de la afirmación de que “los no vacunados amenazan a los vacunados”, como si la ciencia tuviera que ponerse a rebatir ese tipo de imbecilidades propias de la barra de un bar. La cuestión es que los clientes de los bares las repiten porque las han escuchado en la televisión de la boca de patanes como Iglesias.

“Cada vez hay más pruebas de que los individuos vacunados siguen teniendo un papel relevante en la transmisión”, dice The Lancet, añadiendo que tienen “una alta carga viral”. Si en lugar de sentarse frente al televisor, los sumisos leyeran la prensa científica de vez en cuando, se preguntarían para qué se han inyectado en vena una sustancia cuya composición ignoran.

El gobierno australiano ha anunciado que el ejército va a internar a quienes den positivo en un test de coronavirus en campos de concentración, tanto si se han vacunado como si no lo han hecho, es decir, que el factor discriminador sigue siendo el resultado de la prueba, no la vacuna. En dichos centros coincidirán tanto unos (vacunados) como otros (no vacunados), y los primeros se preguntarán sobre los motivos por los que cedieron a la inyección.

En Alemania más de la mitad de los “casos sintomáticos” en pacientes de 60 años o más corresponden a personas totalmente vacunadas “y esta proporción aumenta cada semana”, asegura The Lancet. En consecuencia, los vacunados “siguen siendo una parte relevante de la pandemia”.

“Hago un llamamiento a los funcionarios de alto nivel y a los científicos para que dejen de estigmatizar de forma inadecuada a las personas no vacunadas, entre las que se encuentran nuestros pacientes, colegas y otros conciudadanos, y para que hagan un esfuerzo adicional para unir a la sociedad”, concluye la revista médica.

Pero ya verán ustedes que este llamamiento de la ciencia caerá en saco roto, porque se ha abierto la veda contra los recalcitrantes. No hay nada peor que dar un megáfono a un cordero que se encamina hacia el matadero por su propia voluntad.

(*) https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(21)02243-1/fulltext

¿Por qué no ha habido pandemia en el Tercer Mundo?

La OMS y el Imperial College de Londres guardan un bola de cristal en los despachos, que consultan de vez en cuando para “demostrar” que en en tal o cual lugar del mundo va a estallar un brote que contagiará a equis millones de personas, colapsando los hospitales…

Recientemente un reportaje periodístico narraba una expedición en barco de la Cruz Roja por el Amazonas peruano para vacunar a una remota tribu que vive aislada. Cuando llegaron, los nativos no habían oído hablar nada sobre “covid”, virus, pandemias, ni contagios. Pero había que vacunarles, por lo civil o por lo militar, como dice Revilla.

La memoria es muy corta y pocos recuerdan las previsiones de los “expertos” para países como Afganistán, donde habían pronosticado que, en medio de la guerra, los “brotes” causarían estragos. No ha ocurrido nada de eso, a pesar de que nadie lleva mascarillas.

Lo que está diferenciado a esta pandemia de otras es que los experimentos los están llevando a cabo en los países del centro: Estados Unidos, Australia, Europa y poco más. En África todas las previsiones de millones de muertes y desastres sin nombre sólo han estado en la bola de cristal de la OMS. Sólo ha habido pandemia donde hay un sistema sanitario mínimo, es decir, médicos, sanitarios, equipos, fármacos… Los demás se han librado de ella porque es una creación sacada de las cabezas de los “expertos” y promocionada a través de las revistas “científicas”.

Al principio de la pandemia, como la mayor parte de los hospitales no tenían PCR ni siquiera en los paises más avanzados, los “contagios” y “casos positivos” se detectaban mediante radiografías de tórax y algún síntoma, normalmente una neumonía o una infección bronquial. Lo mismo que con las mascarillas, para detectar más “brotes” hubo que instalar PCR y enseñar su manejo a algún sanitario con un breve manual que le enviaron por correo electrónico.

Lo llamaron “rastreo de contactos”, que es una especie de lotería. Cuantos más décimos compras, más posibilidades tienes de que te toque. Si hacían muchas pruebas, aparecía una “ola” y si hacían pocos, la pandemia estaba remitiendo.

En África no ha habido “olas”. Ninguna. Durante meses los informes oficiales de la OMS han descrito al Continente Negro como “una de las regiones menos afectadas del mundo” por la pandemia. Es normal. Las muertes en África representan sólo el 3 por ciento del total mundial, según la OMS. En Nigeria, el país más poblado de África, el gobierno ha registrado hasta ahora casi 3.000 muertes entre sus 200 millones de habitantes. En Estados Unidos se registra un número similar de muertes cada dos o tres días.

En los países del Tercer Mundo no hay infraesructra sanitaria para detectar ni rastrear nada, así que los “casos positivos” se diagnostican a ojo de buen cubero. Para que haya “brotes” hay que llevar a una ONG benéfica que empiece a realizar pruebas y siempre encuentran algún resultado favorable. También se puede recurrir a países relativamente avanzados, como Sudáfrica o Egipto, donde los sistemas sanitarios aún son capaces de hacer ese tipo de diagnósticos.

A los países del centro, las mascarillas llegaron tarde pero a los periféricos no llegaron nunca, así que los “expertos” pronosticaron que los muertos se contarían por millones. Pero no ha ocurrido nada de eso, por lo que los “expertos” buscan explicaciones pintorescas, como que la población es joven, vive al aire libre…

A los países del Tercer Mundo les interesa que haya muchas epidemias y brotes de lo que sea, porque es un reclamo para recibir “ayuda”. Si los gobiernos no ordenan el confinamiento, el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial les cierran el grifo. No hay dinero, no hay regalos, ni ONG, ni centros de salud costeados por fundaciones caritativas.

No han conseguido de ninguna de las maneras inflar las cifras de “brotes”, a pesar de que la población nunca ha llevado mascarillas, ni se ha confinado porque es materialmente imposible. No hay ERTE para dar de comer a los que se quedan en sus casas.

El viernes hubo una reunión de la Sociedad Americana de Medicina Tropical e Higiene en la que se pudieron escuchar toda clase de absurdos en boca de los “expertos”. Devi Sridhar, catedrático de salud pública mundial de la Universidad de Edimburgo, dijo que no se ha dado a los dirigentes africanos el crédito que merecen por haber actuado con rapidez, y citó la decisión de Malí de cerrar sus fronteras incluso antes de la llegada de la pandemia.

A causa del yihadismo, las fronteras de Mali llevan cerradas 10 años, pero no se le pueden poner puertas al campo, y menos al desierto, donde los nómadas viajan de un lado a otro sin que nadie se lo pueda impedir.

Los “expertos” no dicen más que bobadas porque no pueden decir otra cosa.

Más información:

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La FDA quiere dilatar 55 años la divulgación de la documentación por la que aprobó la vacuna de Pfizer

La instituciones públicas de los países democráticos tienen un especial deber de transparencia, es decir, de poner a disposición de la población los documentos en los que se apoyan para tomar sus decisiones.

La transparencia debe ser especialmente rigurosa cuando se trata de la salud pública. Sin embargo, en Estados Unidos la FDA ha pedido a un juez federal que espere 55 años para divulgar la información en la que se basó para conceder la autorización de la vacuna contra el coronavirus de Pfizer (*).

Quieren hacer esperar hasta 2076, lo cual es una de las muchas tomaduras de pelo que viene conociendo el mundo desde hace un par de años.

Inmediatamente después de la aprobación de la vacuna de Pfizer, más de 30 académicos, profesores y científicos de las universidades de Estados Unidos solicitaron la información presentada a la FDA por Pfizer para la aprobación de su vacuna.

Como la FDA no respondió, en septiembre un grupo de abogados presentó una demanda contra ella para exigir la documentación. A día de hoy, casi tres meses después de aprobar la vacuna de Pfizer, la FDA todavía no ha publicado ni una sola página.

En respuesta, hace dos días la FDA pidió a un juez federal que le diera de plazo hasta 2076 para presentar la información. El pretexto es que el expediente tiene más de 329.000 páginas de documentos y que sólo puede aportar 500 páginas al mes.

Comparen los lectores: desde que Pfizer solicitó la aprobación de su vacuna, 7 de mayo, hasta que la FDA la aprobó el 23 de agosto, transcurrieron 108 días. Por lo tanto, los funcionarios llevaron a cabo la revisión de miles de documentos en un tiempo récord. Es más fácil estudiar todos esos papeles que llevarlos  al juzgado.

Es otro caso más de ocultación. Los gobiernos quieren imponer la obligatoriedad de la vacunación a ciegas.

(*) https://www.sirillp.com/wp-content/uploads/2021/11/020-Second-Joint-Status-Report-8989f1fed17e2d919391d8df1978006e.pdf

10.000 vacunados exigen indemnizaciones al gobierno australiano por los efectos adversos

El gobierno inició un programa para indemnizar a las personas vacunadas por los efectos adversos y ya ha recibido más de 10.000 peticiones. Se trata de afectados por las trombosis, miocarditis y otras afecciones.

En septiembre el Ministerio de Sanidad puso en marcha un sitio web con un plan de compensación incorporado para las personas que sufren los efectos adversos de las vacunas aprobadas por las autoridades sanitarias australianas (*).

Desde entonces se han inscrito en el programa más de 10.000 víctimas, que pueden reclamar hasta 20.000 dólares australianos. El objetivo del gobierno es indemnizar a los afectados que cumplan los requisitos sin necesidad de complejos procedimientos judiciales.

Aunque el número de australianos que han experimentado reacciones adversas a las vacunas es pequeño, el impacto en las víctimas es enorme. “No se trata sólo de unos pequeños síntomas persistentes. Algunas de estas reacciones han provocado coágulos sanguíneos, derrames cerebrales graves, amputaciones, problemas cardíacos importantes, tener que estar con oxígeno, dolores de cabeza graves y debilitantes y no poder volver al trabajo”, afirma una abogada. “Así que aunque es un porcentaje muy pequeño de personas que sufren una reacción adversa grave, el impacto en estas personas es realmente muy, muy significativo”, dice.

A fecha de 7 de noviembre se han registrado 78.880 efectos adversos tras la vacunación (dolores de cabeza, náuseas y dolor de brazos en su mayoría), de los 18,4 millones de vacunados.

El programa del gobierno australiano se dirige a los afectados que han sufrido las complicaciones más graves. Para las reclamaciones de entre 5.000 y 20.000 dólares, los solicitantes deben haber sido hospitalizados durante al menos una noche, y tendrán que aportar pruebas de la naturaleza de su problema, así como documentación de su probable relación con una vacuna.

Los eventos adversos cubiertos incluyen trastornos de la coagulación de la sangre, trombosis con síndrome de trombocitopenia, relacionados con la vacuna de AstraZeneca, y afecciones cardíacas, miocarditis y pericarditis, relacionadas con la vacuna de Pfizer. También se incluyen el síndrome de Guillain-Barré, una rara afección neurológica, y la trombocitopenia inmunitaria (sangrado excesivo debido a un bajo número de plaquetas).

Las reclamaciones de más de 20.000 dólares -incluidas las relativas a muertes relacionadas con las vacunas- serán evaluadas por un grupo de “expertos independientes” y las indemnizaciones se pagarán en función de sus recomendaciones. Según datos oficiales, nueve personas han fallecido como consecuencia de una reacción adversa a una de las tres vacunas utilizadas en Australia: AstraZeneca, Pfizer, Moderna.

(*) https://www.news.com.au/finance/work/at-work/more-than-10000-aussies-plan-to-claim-for-covid-injuries-under-the-governments-nofault-indemnity-scheme/news-story/4d4e8a1ff7489b6f0728766ebee5c8b2

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