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Un neonazi en la Comisión de Libertades del Parlamento europeo

Juan Manuel Olarieta

El eurodiputado Udo Voigt, de 62 años, antiguo presidente de la organización neonazi alemana Partido Nacional Democrático (NPD), ha sido elegido hace unos días para formar parte de la Comisión de Libertades Civiles del Parlamento de Bruselas. Eurociudadanos, habéis leído bien: vuestra libertad depende de un nazi como Voigt.

El 20 de noviembre de 2010 Voigt fue invitado por los fascistas hispanos a celebrar los actos de conmemoración de la muerte de Franco, e incluso llegó a pronunciar un discurso en la Plaza de Oriente de Madrid.


Voigt es un militar de profesión que alcanzó el grado de capitán tras 12 años de servicio en la Luftwaffe, las fuerzas aéreas alemanas, de donde le expulsaron en 1984 por negarse a abandonar el NPD. Su padre también era nazi y luchó en las SS durante la Segunda Guerra Mundial, lo que le costó cuatro años de cárcel en la Unión Soviética. En 1968, cuando sólo contaba con 16 años, el hijo se afilió al NPD, que presidió entre 1996 y 2011. Una de sus campañas políticas más conocidas es la petición de que le concedieran el Premio Nobel de la Paz a Rudolf Hess, entonces preso en la cárcel de Spandau por crímenes de guerra.

El europarlamentario ha sido encausado en 15 procesos judiciales acusado de “incitación al odio racial y a la violencia”, “negación del Holocausto” y “ostentación de propaganda y símbolos nazis”. En 1998 los tribunales alemanes le condenaron a cuatro meses de prisión por pedir a sus votantes durante un mitin que se involucraran en un “combate armado”.

Voigt cuestiona el número de muertos del Holocausto. En un cartel electoral de 2011 se le veía subido a una moto con el lema “Gas geben!”, que se puede traducir como “¡A todo gas!”, una referencia directa a los campos de exterminio nazis. En 2010 tuvo que pagar una multa de 1.000 euros por hacer apología de las SS en un discurso durante la celebración del 65 aniversario del final del III Reich. El año pasado publicó un libro que presentó en un conocido bar de Berlín famoso por ser el centro de reunión de los nazis de la capital germana.

En Alemania Voigt es muy conocido por sus declaraciones imperialistas, chovinistas y racistas. En unas declaraciones a «El Mundo» (1) exigió la anexión de los territorios polacos fronterizos que Alemania perdió tras la Segunda Guerra Mundial. Para él “Europa es el continente de los blancos” y Hitler «un gran hombre de Estado” que “consiguió algo fantástico, eliminó el paro en muy pocos años”.

El NPD se fundó en 1964 para reagrupar a los naonazis alemanes, que hasta entonces estaban muy divididos. Entre ellos estaba el Partido Socialista del Reich de Otto Ernst Remer, heredero del NSDAP que presidió Hitler. El nuevo dirigente del NPD, Udo Pastörs, ha calificado a Alemania como “república de judíos”. Voigt, Pastörs y el NPD representan fielmente al típico movimiento nazi, esclareciendo la verdadera naturaleza del fascismo, que es inseparable del Estado burgués al que sirve y del que se sirve, por lo que merece la pena prestar un poco de atención a asuntos de este tipo.

Hace 10 años 16 Estados Federados alemanes -nada menos- presentaron un demanda colectiva ante el Tribunal Constitucional alemán exigiendo la ilegalización del NPD. La sentencia falló a favor de los nazis al asegurar que los servicios secretos alemanes (BND) estaban tan ligados a ellos que era imposible diferenciar las actividades realizadas por los espías de las propias del partido.

Actualmente hay un segundo intento de ilegalizar al NPD a través del Tribunal Constitucional que está pendiente de sentencia. En Munich un tribunal alemán juzga a la NSU (Clandestinidad Nacionalsocialista), un grupo de matones del que formaba parte Ralf Wohlleben, un antiguo dirigente del NPD en Turingia. Entre 2000 y 2007 la NSU asesinó a 10 personas, entre ellas 8 de origen turco.

Pero lo realmente importante es tomar nota de lo siguiente: además de la complicidad de los aparatos represivos del Estado, se ha vuelto a demostrar que la NSU estaba asociada al espionaje del gobierno de Turingia. Los fascistas no son nada sin el Estado que está detrás suyo. Para cometer sus crímenes los nazis tenían documentación falsa, tarjetas, pisos francos, dinero, vehículos, armas e información proporcionados por el Estado. Como han reconocido algunos parlamentarios alemanes, el movimiento neonazi está a sueldo del Estado (2).

La imagen de fuerza electoral de los neonazis que están transmitiendo los medios burgueses es errónea. Su apoyo electoral es insignificante: el uno por ciento de los votos. Para que Voigt llegara al Parlamento de Estrasburgo ha necesitado que el Tribunal Constitucional alemán rebaje el suelo mínimo necesario (tres por ciento de los votos) para obtener representación parlamentaria. Lo mismo que Hitler en su época, que trepó gracias a los centristas católicos, los nazis trepan gracias al apoyo que le dan otras fuerzas políticas.

Los nazis izan las velas pero son otros los que soplan. ¿Quién ha votado en Bruselas a favor de que Voigt forme parte de la Comisión de Libertades del Parlamento? Cuando contestemos a esta pregunta sabremos quiénes están impulsando al fascismo en Europa y se lavan las manos como Pilatos.

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La letralleta

Nicolás Bianchi

No fue una decisión fácil. No para John Ezkerra, ”El Zurdo”. Vivía, no hacía muchas lunas, en un rancho modesto, propietario de pocos acres como pasto para cristianas reses bovinas y ovinas así como una huerta autárquica que abastecía a sus dos hijas y su laboriosa mujer de origen vasco (su fortísimo acento la delataba). Los sábados, John, bajaba al mercado local –vivían en un monte- a intercambiar quesos y leche de oveja (para hacer cuajadas), también lekas y puerros, por monedas bastantes para reparar un apero descompuesto u otro avatar imprevisto. Una economía mercantil, simple y descomplicada, preindustrial, sin plusvalía, fisiócrata, de trueque, yo qué sé. De John Ezkerra, ”El Zurdo”, nunca se oyó decir que fuera un reaccionario amante de relaciones feudovasalláticas ni que fuera cuáquero o metodista puritano, pues tenía transistor y televisión y gustaba de francachelas con camaradas. No desconectó, como suele decirse, del mundanal ruido (porque se dice así, no?) y le gustaba estar informado, aunque siempre pensó, desde que se cayó de un guindo, que la información veraz era para ingenuos y la información falsa dizque desinformación para ilusos. la verdad es ingenua, infantil, y la mentira ilusa, ilusionante, prestímana y para adultos. Así discurría nuestro héroe fumando su pipa al calor de su victoriana chimenea mientras leía –en inglés- al lakista poeta Wordsworth y acariciaba a su setter. Todo muy british, flemático, encantador, ciudadano. Sin pecar de escaso rigor, puede decirse que era un hombre feliz, de una felicidad agraria, descomplicada, ya se dijo esto. Las horas demoraban, cansinas, tac-tic y no tic-tac, casi aburridas en un tiempo abolido, que eso debe ser el paraíso y la parusía: una ritmia arrítmica.

Una vez a la semana, mirándose al espejo –se ignora con qué secreta intención- para recortarse el bigote donde se le pegaban los fideos, pensaba en lo dichoso y suertudo, puritita alacridad, apocatástasis y ataraxia, que era pues se había metamorfoseado –sin llegar a onerosas exageraciones kafkianas- en todo aquello que había combatido cuando era joya y líder, talentoso y carismático. Ya era cincuentón, canoso (herencia genética) y con caries (herencia desconocida). Sus ojos, según sus amantes, lindos (según los buitres, qué más da). La melena rebelde, pero la opinión pública no estaba con este sansón. Se volvió un buen hombre, un buen ciudadano, viendo crecer a sus hijas legítimas y bastardas como si fuera un Borgia antiabortista, aparentando pero sin disimulo, o al revés, según. Todo okey, all right, hasta que…

No lo hagas, John –imploró su bella esposa.
No, papá, no seas cabrón, joputa –suplicaron sus delicadas vástagas.
I’m sorry –dijo nuestro Hamlet-: debo hacerlo.

John Ezkerra cogió del vetusto arcón lo que más temía su familia: la pluma como caduceo y letralleta pues nunca tuvo valor para esgrimir otras armas más letales. Desempolvó el cálamo, entintó, y se fue a desfacer entuertos por polvorientos caminos defendiendo quijotescas causas perdidas rumiando ese tiempo en que llegue… el día menos pensado.

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La justicia del tendero

Nicolás Bianchi

Turiferarios, tertulianos, “todólogos” y demás fauna, cuando sueltan el latiguillo que versa “la gente no es tonta”, en realidad están pensando lo contrario, que sí lo es. O, si no lo es del todo, es susceptible de ser manipulable. Que eso son los medios de comunicación de masas bajo el capitalismo, salvo excepciones, al servicio de la ideología dominante: manipular a las masas y conformar eso que llaman “opinión pública” como si sus cerebros fuesen de plastilina. Y la manipulación no es otra cosa que ofrecer una mercancía ponzoñosa en contra de los intereses objetivos de las masas y/o el “público” convertido en espectáculotariado. La sociedad no se dividiría en clases sino, como lo presumía Ortega y Gasset, en élites y masas, en listos y purria.

De un tiempo a esta parte la prensa venal –sobre todo la más troglodítica- hace escrutinios aritméticos, en especial divisiones y cocientes, calculando a cuántos años de cárcel sale al criminal dizque “terrorista” cargarse a según cuántas víctimas. Lo han hecho ahora con el noruego Behring diciendo que la máxima pena que le puede caer, según la legislación noruega, es de 21 años que, divididos por los muertos que ha causado, le sale a este vikingo por sólo ¡82 días por occiso! Y saldría del trullo con “sólo” 53 añitos (tiene 32 ahora). Estas aritméticas penales me recuerdan al cáustico Swift (el autor de “Los viajes de Gulliver”) cuando decía aquello de que, si voy a ir a la horca lo mismo por un hurto famélico que por asesinar a alguien, pues no dudo en matar al sujeto y así no hay testigos que me delaten. En otras palabras, con tal de defender la sacrosanta propiedad privada, siendo indiferente que hubiera hurto o robo con intimidación, al margen de circunstancias agravantes o atenuantes o eximentes, se incitaba o inducía –indirectamente- al crimen pues, hicieras lo que hicieras, el resultado era el patíbulo y, claro, de perdidos al río.

El fascismo rampante al que, en realidad, le importa menos la vida de la víctima que su utilización política, por mucho que finjan, “descubrió” que a Iñaki de Juana Chaos o a Troitiño les salía la condena casi gratis. Dividieron el número de años cumplidos (una burrada de tiempo) entre el supuesto número de víctimas y les pareció poco y de ahí la “doctrina Parot” como némesis fascista. Por supuesto no estoy comparando al noruego con estos voluntarios antifascistas.

El Derecho Penal –español o no- no divide las condenas. Al contrario, no sólo se suman aritméticamente (que no dividen) los delitos sino también las penas, sean en el mismo o en diferentes sumarios. Las penas se acumulan (se refunden), pero se fija un máximo de cumplimiento, que antes era de 30 años y ahora de 40, cualquiera que fuese la pena impuesta, sean 200 ó 2.000 años. Se supone que la finalidad de la pena es la reinserción y, por tanto, que no cabe la perpetua porque si hay perpetua no hay reinserción que valga, ya me contarás. Algún día debería salir el penado. La pena no se divide, como les gustaría a estos vampiros, sino que se refunde. No les importaría morirse si se les garantizara que el penado viviera los 2.000 años de condena y los cumpliera íntegramente. Ni Satanás sería tan cabrón.

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Ucrania ha puesto a Rusia en guerra con Estados Unidos

Óscar Miguélez

Así lo manifestó públicamente Sergei Glazyev, consejero económico de Putin, el 31 de mayo (1) en referencia a la presencia de consejeros militares del Pentágono en Ucrania. Pero las declaraciones de Glazyev, quien expresa lo que Putin no puede decir abiertamente, fueron mucho más allá, entrando en el terreno geoestratégico e histórico. «Cualquier guerra en Europa supone grandes beneficios para Estados Unidos, en el fortalecimiento de su influencia geopolítica, y se están aferrando a su tradición», dijo Glazyev.

En declaraciones posteriores a la BBC (2) Glazyev atacó también a la Unión Europea tras el acuerdo firmado con Ucrania el 27 del mes pasado. Calificó al presidente ucraniano y al primer ministro, Yatseniuk, de nazis y fascistas y al primero le llamó Frankenstein nazi: «Organizaron un golpe militar en Ucrania, ayudaron a los nazis a ocupar el poder. Este gobierno nazi está bombardeando la región más grande de Ucrania». El asesor de Putin dijo que Europa quiere como vecino a un Frankenstein nazi.

Glazyev considera a Ucrania como un país ocupado por Estados Unidos, que está «desplegando una guerra en Ucrania, después de organizar un golpe de Estado y poner a su propia gente al mando, para usar a Ucrania como un detonador en contra de Rusia y Europa. El caos se extiende por Ucrania y el caos adquiere cada vez más las características de una catástrofe general». De hecho la situación en Ucrania ya es de guerra, agregó Glazyev, y la misma no se dirige sólo contra Rusia, sino también contra la propia Europa.

En cuanto a las sanciones económicas impuestas a Rusia, Glazyev las calificó como una «guerra económica total» en la que Alemania y los países bálticos perderían un billón de euros.

El objetivo del nuevo gobierno ucraniano es el mismo que el de Estados Unidos, y no se trata de los ucranianos a los que la prensa imperialista denomina «prorrusos» sino de la misma Rusia. Frente a cada una de las trampas y provocaciones tendidas por el ejército ucraniano junto a la frontera, Glazyev preconiza una línea estratégica a largo plazo contra Estados Unidos, que debe tener su expresión en el terreno militar. La situación en Ucrania, concluye Glazyev, conduce a la Tercera Guerra Mundial.

En Ucrania Estados Unidos está movilizando todas las fuerzas disponibles. El Pentágono controla las armas, controla las finanzas, controla al gobierno y, finalmente, controla a las bandas nazis, un término que Glazyev no rehuye utilizar. Las tropas ucranianas ascienden ya a unos 50.000 soldados, que en setiembre serán 200.000, una militarización total del país. Está renovando el equipamiento de los carros de combate, que ya se han utilizado en la lucha contra los insurgentes en el este.

No obstante, Glazyev afirma que el objetivo es la recuperación de Crimea, lo cual puede ser la excusa, el propósito inmediato, pero no el verdadero proyecto de Estados Unidos, que parece ser el que defendió el 13 de marzo el senador John McCain cuando le exigió a Obama que instalara el escudo antimisiles en los países de Europa del este.

En el oeste, durante su etapa al frente del gobierno, Zapatero ya introdujo a España en dicho escudo, poniendo a la base naval de Rota y al resto de la Península en el ojo del huracán.

(1) Vídeo: US is militarizing Ukraine to invade Russia, http://www.youtube.com/watch?v=nWT5HM_NMlI
(2) Asesor de Putin califica de «nazi» al gobierno de Ucrania, http://www.bbc.co.uk/mundo/ultimas_noticias/2014/06/140627_ultnot_rusia_ucrania_nazis_men.shtml
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El imperialismo orquestó la Primavera Árabe

Juan Manuel Olarieta

Un documento confidencial elaborado en 2010 por el Departemento de Estado confirma que la denominada Primavera Árabe no sólo no fue espontánea sino que estuvo promovida de forma activa por el imperialismo estadounidense después de un largo periodo de maduración.

El documento, que tiene cinco páginas, lo ha publicado la organización Middle East Briefing (1), que pudo tener acceso al mismo recurriendo a la legislación sobre libertad de información. Se titula «Middle East Partnership Initiative: Overview» y está fechado el 22 de octubre de 2010.

La Primavera Árabe comenzó en diciembre de aquel año con el derrocamiento del gobierno en Túnez, denominada «Revolución de los Jazmines» y desde entonces sacudió a varios países, afectando a Egipto, Libia, Yemen y Siria y causando cruentas guerras civiles y una conmoción sin precedentes en el mundo árabe.


No obstante, los preparativos empezaron varios años antes, cuando en 2002 la Casa Blanca empezó a elaborar los planes de desestabilización que forman parte del programa regional «Middle East Partnership Initiative» dirigido contra países del norte de África y Oriente Medio apoyándose en ONG locales que son los tentáculos de la diplomacia imperialista.

El gobierno de Obama no escatimó en gastos para interferir sobre los asuntos internos de los países árabes. En 14 años se han gastado 600 millones de dólares en unos 1.000 grandes proyectos políticos. La financiación de las ONG ha supuesto más de la mitad de los proyectos del plan, señala el documento. Los agentes de enlace con las ONG locales los designa la embajada de Estados Unidos en cada país.

La Iniciativa «no suministra fondos a los gobiernos extranjeros y no negocia acuerdos bilaterales de asistencia», señala el informe, que establece una lista de los países destinatarios con prioridad: Yemen, Arabia Saudita, Túnez, Egipto y Bahrein. Libia y Siria fueron añadidos un año después de la elaboración del informe por el Departamento de Estado.

En Egipto el gobierno de Estados Unidos se centró en la Hermandad Musulmana, a la que consideraba compatible con la política imperialista de Estados Unidos. El gobierno de Obama aseguraba incluso el «servicio post-venta» de las ofensivas de desestabilización, que forman parte de la remodelación del «Gran Oriente Medio».

En septembre de 2011 la Iniciativa creó una oficina especial de coordinación de las transiciones políticas en aquella región estratégica, poniendo a William B. Taylor al frente. Se trata de un diplomático con experiencia en campañas de desestabilización ya que fue el embajador de Estados Unidos en Ucrania durante la «revolución naranja» de 2006 a 2009.

Según el informe del Departamento de Estado, su tarea es la de coordinar la asistencia de Estados Unidos a las «democracias emergentes» el norte de África y Oriente Medio, incluyendo a Egipto, Túnez y Libia.

Contra viento y marea, Santiago Alba Rico y otros miembros significados de Izquierda Anticapitalista siempre sostuvieron el carácter espontáneo de la Primavera Árabe (2) que, según dijeron, sirvió luego de detonante para que estallara el movimiento de los indignados del 15-M en la Puerta del Sol. Esther Vivas llegó a decir que la Primavera Árabe tuvo un carácter «internacionalista», pero eso nunca lo entendí muy bien. En aquel momento pensé que la indignación estaba dirigida -entre otras cosas- contra la Casa Blanca. Ahora mismo me da la impresión de que la indignación no era de unos contra otros, sino que es muy posible que se tratara de la misma indignación, es decir, que la Casa Blanca y los indignados compartieran el mismo estado de ánimo.

Uno de los motivos que me lleva a pensar de esa manera es que tras la «Revolución de los Jazmines», el Foro Social Mundial se pudo reunir en Túnez en marzo de 2013. Creo que es a eso a lo que Vivas llama «internacionalismo»: el imperialismo abría las puertas a la «democracia», no sólo en el interior de aquel país árabe, sino a 5.000 indignados procedentes de todas las partes del mundo, que dos años después se pudieron congregar allá en paz y libertad para que luego Vivas nos lo pudiera contar a nosotros (3).

No sólo los árabes; todos los pueblos del mundo debemos sentirnos deudores de la política benefactora del Departamento de Estado, el Pentágono, la CIA y la Casa Blanca.

(1) U.S. State Dept. Document Confirms Regime Change Agenda in Middle East, http://mebriefing.com/?p=789
(2) Santiago Alba Rico, Libia, el caos y nosotros, Gara, 19 de septiembre de 2011, http://www.anticapitalistas.org/Libia-el-caos-y-nosotros
(3) Esther Vivas, Del Foro Social Mundial a las Revueltas Árabes, http://cemsenmoviment.wordpress.com/tag/movimiento-antiglobalizacion/

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El primer levantamiento popular contra el fascismo

Juan Manuel Olarieta

El Partido Comunista de Bulgaria fue uno de los primeros que se formó en el mundo y, desde luego, siempre fue uno de los más fuertes, si por tal se entiende que era muy numeroso y con más de 200.000 votantes. En 1922 tenía más de 3.000 concejales, que en un país tan pequeño es una cifra gigantesca.

En junio de 1923 Bulgaria también fue uno de los primeros países en padecer un golpe de Estado fascista que, como el de España, estuvo promovido por altos oficiales del ejército organizados de manera secreta en torno a la Liga Militar. Pero los fascistas no impusieron un régimen de partido único ni suprimieron las elecciones sino que, lo mismo que hoy en España, aprobaron una ley de partidos y cambiaron la ley electoral para dejar fuera a los comunistas y concurrir ellos y sus cómplices bajo denominaciones tales como «concordia democrática», «bloque constitucional» y similares.

Otro de sus rasgos comunes es que, a pesar de que justificaban sus acciones en nombre de la lucha contra el bolchevismo, en realidad la política fascista en Bulgaria también estaba enfilada contra las amplias masas populares, en general, cuyas condiciones de vida después de la Primera Guera Mundial, eran calamitosas.

En fin, lo mismo que en la España de hoy, entonces Bulgaria también era una monarquía fascista, que tras la abdicación de Fernando estaba capitaneada por su hijo Boris III.

Los ataques fascistas contra el PCB empezaron antes del golpe de 1923. Por ejemplo, en 1921 arrasaron con dos locales comunistas. Los grupos de autodefensa del PCB lograron rechazar el primero pero no el segundo, cuando los fascistas quemaron la Casa del Pueblo de Sofia, donde el PCB tenía su sede central. En aquella época el lema de los comandos de autodefensa era «golpe por golpe».

El PCB denunció que la ofensiva fascista preparaba un golpe de Estado y que en el mismo participarían las unidades de guardias blancos del general Wrangel, una parte de las cuales, unos 10.000 mercenarios, se habían replegado a Bulgaria tras ser derrotadas en la guerra civil rusa.

Espontáneamente el golpe de Estado suscitó un levantamiento en armas de cientos de miles de obreros y campesinos por todo el país, que llegó a tomar ciudades parcialmente, como Pleven. El Presidente del gobierno derrocado, Stamboliski, se puso al frente de la resistencia, siendo derrotado después de varios días de combates. Como muchos otros, el propio Stamboliski fue detenido, torturado y finalmente asesinado por los fascistas.

Frente al golpe el PCB adoptó una posición errónea de neutralidad que fue criticada por la Internacional Comunista, lo que los comunistas búlgaros no aceptaron, hasta que en agosto rectificaron, lanzando un llamamiento a la insurrección contra el fascismo, a cuyo fin empezaron los preparativos militares correspondientes: entrenamiento militar, organización de comandos y almacenamiento de explosivos.

Para impedir la insurrección el gobierno fascista empezó a detener en masa a los comunistas, a cerrar sus locales, a prohibir la prensa, los sindicatos y las cooperativas agrarias. Los fascistas no lograron su propósito y la insurrección estalló de manera precipitada.

El gobierno fascista tuvo que recurrir a la ayuda de las grandes potencias imperialistas para que le autorizaran a movilizar tropas contra las masas, lo cual estaba prohibido por el Tratado de Neuilly que había puesto fin a la Primera Guerra Mundial.

El levantamiento antifascista de Bulgaria fue el primero del mundo dirigido contra el fascismo (1), pero el PCB no pudo coordinar bien sus fuerzas, por lo que no estalló de una manera simultánea en todas las regiones. En el noroeste se llegó a formar un poder paralelo obrero y campesino, pero en otras zonas ni siquiera se formó una fuerza guerrillera capaz de atacar al enemigo en su retaguardia. Tampoco se llevó a cabo un trabajo de zapa dentro de las unidades del Ejército, que pudieron mantener su unidad y concentrarse contra los insurrectos.

Fue salvajemente aplastado, cobrándose los fascistas un tributo sanguinario. Según cifras de Dimitrov, más de 5.000 comunistas fueron asesinados, otros 15.000 fueron detenidos y torturados y muchos miles más se tuvieron que exiliar en los países limítrofes, hasta el punto de que ante la avalancha de refugiados Rumanía tuvo que cerrar la frontera. Sobre el país cayó «una negra y sangrienta noche», escribió Dimitrov (2). Ni bajo el yugo otomano Bulgaria conoció una cacería humana de tan vastas proporciones.

El PCB tuvo que pasar a la clandestinidad. Inició «un largo periodo de renovación interior», en palabras de Dimitrov porque «es preferible un fin horrible que un horror sin fin». Llamó a los comunistas a encabezar la lucha armada (3) y con las unidades guerrilleras que lograron replegarse, el PCB formó la OM (Organización Militar). Los comunistas se aprestaban a defenderse contraatacando, a pesar de que las condiciones eran muy difíciles por el clima de terror sembrado por el gobierno.

Una vez aplastada la sublevación, los fascistas convocaron elecciones, las ganaron -como estaba previsto- e ilegalizaron al PCB, que se vio oligado a reestructurar su Organización Militar, poniéndose al frente Jako Dorosiev. La OM se distribuyó en comandos que emprendieron audaces acciones armadas, como la ejecución el 10 de marzo de 1925 del alto dirigente fascista Valcho Ivanov, a la que el gobierno repondió 16 días más tarde con el asesinato de Dorosiev.

Entonces los guerrilleros diseñaron una de sus acciones más audaces. Se trataba de ejecutar al jefe de la policía Vladimir Nacev y preparar una trampa para sus funerales, a los que acudirían el rey y la plana mayor del gobierno, los partidos y el Estado fascista. Una bomba colocada en la catedral de Santa Dominga, en pleno centro de Sofia, daría un golpe contundente al fascismo.

La OM no pudo llevar a cabo la ejecución de Nacev, por lo que tuvieron que cambiar de objetivo, centrándose en el general Konstantin Georgiev, jefe de la Liga Militar fascista, diputado y uno de los cabecillas del golpe de Estado de 1923. Un guerrillero, Atanas Todovitchin, le disparó mortalmente cuando acudía a misa el 14 de abril de 1925.

Dos días después, jueves santo, se celebró su funeral en la catedral de Santa Dominga, donde la guerrilla había dispuesto 25 kilos de explosivos para que explotaran cuando la plana mayor del Estado fascista estuviera allí congregada. A las 15:20 de la tarde una brutal explosión desplomó la cúpula de la catedral sobre los asistentes, matando a 128 de ellos e hiriendo gravemente a cerca de 500 políticos fascistas, oficiales del ejército y grandes capitalistas.

El rey Boris III salvó su vida porque llegó tarde a la ceremonia fúnebre. Regresaba de otro funeral por otro atentado ocurrido el día anterior contra él en las montañas de Stara Planina. En la acción habían muerto dos personas muy cercanas. En aquella época Bulgaria vivía bajo el fascismo, que es tanto como decir: en medio de un funeral permanente. Durante las dos semanas siguientes la policía detuvo a 3.194 personas, de las que 1.182 fueron acusadas y 268 condenadas a muerte. Otras 450 personas fueron asesinadas sin condena judicial previa. En menos de dos años el fascismo había aniquilado a 20.000 obreros y campesinos revolucionarios: «El rasgo más característico del terror búlgaro reside en el exterminio sistemático y organizado de la vaguardia de la clase obrera y de las masas campesinas», escribió Dimitrov (4).

Notas:

(1) Nikifor Gorenski: La lucha del pueblo búlgaro contra el fascismo, Sofia, pg.19.
(2) Dimitrov, Después del levantamiento, Obras Escogidas, tomo I, pg.236.
(3) Dimitrov, Cómo actuar en el futuro, Obras Escogidas, tomo I, pgs.251 y 289.
(3) Dimitrov, La lección búlgara, Obras Escogidas, tomo I, pg.337.

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Los oportunistas no nacen: se hacen

Juan Manuel Olarieta

Ni siquiera eso es cuestión de cromosomas: los oportunistas se hacen. Pero no se hacen a sí mismos, como ellos creen, sino que el Estado burgués -quienes llevan sus riendas- los hacen porque los necesitan. Ellos sólo se dejan hacer. Son los sujetos pasivos.

Un Estado necesita su oposición, como el organismo necesita sus propios anticuerpos. Si la burguesía no tiene una oposición, la crea como un traje a la medida porque necesita un determinado tipo de oposición, una oposición domesticada, no una oposición verdadera. Si no hubiera oposición, tampoco habría democracia. Es más, lo que demuestra que hay democracia es que hay oposición, ese tipo de oposición leal que es tan necesaria para la supervivencia del moderno Estado monopolista.

Pero nadie se convierte en oposición de la noche a la mañana. Los aspirantes a opositores tienen que pasar su Via Crucis; no se lo dan todo hecho sino que tienen que poner algo de su parte. En fin, tienen que demostrar cierta valía, cumplir determinadas funciones que son paradójicas: pronunciarse en contra del Estado que defienden.

Se les llama oportunistas porque son gentes sin principios, o sea, que al principio son muy radicales pero acabarán adocenados. Los oportunistas aparecen cuando al Estado, lo mismo que al mando a distancia, se le acaban las pilas y se echa de menos un recambio. Su ascenso es el termómetro que detecta el malestar social. La gente está harta, descontenta y reniega de todo, pero sobre todo del viejo andamiaje oficial, de los gastados partidos e instituciones. Hacen falta caras nuevas, modernas, que digan cosas que no estamos acostumbrados a escuchar. A veces ni siquiera son necesarias migajas para ilusionar a la gente y que todo vuelva a su cauce.

La crisis es a los oportunistas lo que la mierda a las moscas. Proliferan en esos ecosistemas. Por eso nunca hay sólo un único oportunista sino varios al acecho de su oportunidad, a la espera del momento de trepar. A medida que la crisis se profundiza, los oportunistas se multiplican como la gangrena. No debe sorprender que algunos de ellos logren un puñado de votos porque el gran oportunista de los tiempos recientes siempre fue Felipe González, que logró 10 millones de ellos en 1982.

Los del PSOE de hace 30 años sí que eran oportunistas de verdad, no los de ahora. Aquello sí que fueron campañas de imagen, no el circo de ahora. Para ser oportunista hay que ser joven, tener recorrido por delante, ya que, de lo contrario, no te da tiempo para dar el cambiazo. Los viejos no cambian, mientras que a Felipe González le pusieron de «primer secretario» con 33 años. Se preparaba la transición.

Hasta que ocupó su cargo, la secretaría del PSOE era colectiva, algo que está reñido con el marketing moderno, eso que procede de las universidades gringas y que llaman «liderazgo». La política burguesa es electoralismo puro; votamos a personajillos y fantoches, no a partidos, ni a programas. ¿Cómo promocionar a una dirección colectiva? De ahí que con Felipe González en el PSOE se acabaran los órganos colegiados de dirección.

El oportunista es fruto de un diseño. En la transición los oportunistas como Felipe González exhibían una cuidada imagen descuidada: pelo largo, patillas y chaqueta de pana. Lo de menos es lo que uno sea; lo que vale es una imagen que sea nueva, distinta. Por eso en tiempos de la transición al PSOE se le llamaba «renovado». Ya no era el de la guerra, sino un partido a la última moda, lo mismo que la movida madrileña y su lema «Enamorado de la moda juvenil» que cantaba Radio Futura:

Y yo caí enamorado de la moda juvenil
de los precios y rebajas que yo vi
enamorado de tí.
Sí, yo caí enamorado de la moda juvenil
de los chicos, de las chicas, de los maniquís
enamorado de tí.

En la transición la tele no era tan importante y quienes te vendían eran periódicos y revistas. Por ejemplo, el Congreso del PSOE en Suresnes lo promocionó hasta Pedro Rodríguez, un conocido columnista del diario de los sindicatos franquistas «Pueblo», que hizo una reseña del mismo en octubre de 1974. El PSOE necesitaba al franquismo casi tanto como el franquismo al PSOE.

Como toda la política burguesa y demás modas, los oportunistas son de usar y tirar. Tienen fecha de caducidad. Más tarde o más temprano se quedan obsoletos para que la rueda de la política siga funcionando. Son la respiración asistida: estiran un poquito más la agonía, necesitan ganar un tiempo precioso que les permita llegar hasta las próximas ilusiones.

Sí, he escrito ilusiones y no elecciones porque la política burguesa vive de ilusiones más que de elecciones. Me imagino que el lector se habrá apercibido, como yo, de lo siguiente: todos los partidos políticos quieren cambiar las cosas, lo cual significa que todos ellos reconocen que las cosas están mal. Es más, hay partidos y elecciones precisamente porque hay que cambiarlas. Sin embargo, las cosas no van a cambiar nunca mediante los votos, porque para eso están las elecciones: para que todo siga como hasta ahora. De lo contrario, ¿con qué cambio nos engañarían en las siguientes elecciones?

Para quienes votan, la verdadera elección es sólo una: o bien votas a alguien que nunca va a poder poner en marcha su programa electoral, porque nunca va a gobernar, o bien votas a alguien que va a traicionar su programa electoral en cuanto gobierne. Ésta última es siempre mayoritaria, es decir, que la mayoría vota a un oportunista que le va a engañar. Pero casi todos saben que hablar de elecciones y engaños es un redundancia. Lo importante es la ley de la transformación de los cambios cuantitativos en cualitativos: el engaño es mayor cuantos más sean los votos. No me refiero a hayan engañado a más votantes sino al aspecto cualitativo del fraude, que se convierte en un fiasco. Las elecciones de 1982 son el mejor ejemplo de ello.

Pero, ¿como lograr muchos votos? Los que buscan votos en la blandenguería política se equivocan de estrategia. En la transición Felipe González, el PSOE y la UGT eran extremistas y radicales, la izquierda de la izquierda. A nadie se les calentaba la boca tanto como a ellos. Cuando Felipe González se oponía a la reforma del franquismo para exigir la ruptura, le acusaban de incitar a la violencia, o sea, al terrorismo. Pero en la política burguesa no importa lo que digan de tí; el caso es que hablen. En eso los tiempos no han cambiado nada: si los franquistas te atacan es para promocionarte.

No hay más que recordar los mítines de Felipe González en contra de la OTAN, entonces el asunto de moda: «OTAN de entrada no», fue el lema de la campaña electoral que recaudó 10 milones de votos. Naturalmente que muy poco después Felipe González nos metió en la OTAN de cabeza y otro del mismo equipo, Javier Solana, fue secretario general de la OTAN, que fue el criminal que ordenó el bombardeo de Yugoeslavia con armamento radiactivo, y así sucesivamente.

De Suresnes (1974) al gobierno (1982) sólo transcurrieron ocho años. Pero mientras en París prometieron construir el socialismo, en Madrid lo que hicieron fue iniciar la reconversión industrial. En Suresnes el PSOE se pronunció en contra de la Unión Europea, pero quien introdujo a España en ella fue el gobierno de Felipe González…

Etcétera. ¿O hay que seguir contando batallitas?
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Kyrie Eleison

Nicolás Bianchi

Nací y crecí bajo dos polos: el yo y el Absoluto. Mi búsqueda de lo Último no era una especulación filosófica ni científica sino una liberación y una autorrealización, una religión, un nirvana tras sucesivas metempsicosis y karmas. Al principio, invocaba muchos dioses pero en especial a uno por encima del resto, una suerte de henoteísmo védico, un Absconditum. Ni mitos ni leyendas, ni animismos ni primordiales: lo Último dizque Lo Más de lo Más. Un cristiano diría: la Hostia Bendita.

El Último Principio es absoluto misterio. No es comprensible ni se compadece con las categorías humanas. Ve pero no es visto. Conoce, pero es incognoscible. Está más allá de todo ser empírico.Es la verdadera realidad de todo ser. El resto es sólo un fenómeno subjetivo de Él. Es el principio cósmico y antrópico que llena el universo y pluriverso. Los católicos dirían: el Pantócrator o teofágicas eucaristías.

Los que creemos fanáticamente en ÉL, es decir, LO MÁS DE LO MÁS, el non plus ultra, el finisterre místico, los que libamos el soma iniciático, también practicamos oraciones y doxologías contemplativas, como si nos guiáramos por Upanishad leídos por gurús y yoghis con sus mantras y hare krishnas, hare, hare, rama hare…

Meditamos sobremanera luego de años de contemplación, oración y renuncia al mundo y sus vanidades. Como el santo Antonio en el desierto egipcio o Simón el Estilita, moda que hizo que el desierto –morada de peligros y demonios que vivían tranquilamente- se poblara de eremitas como hoy el Everest está lleno de alpinistas aficionados para sacarse una foto restando emoción y mérito a la proeza. Yo no. Yo me llamo Jeremías que viene del griego “Jeremian”: soledad, llanto, devoción.

Los, vale decir, mandamientos de lo ÚLTIMO ULTIMÍSIMO, lo ulterior y transmundano y sobrenatural, se condensa en estas tesis (que no son de Feuerbach, precisamente): ÉL es el yo y la conciencia pura. ÉL es el fundamento y la base del mundo. ÉL transciende todo nombre y forma visible. ÉL es el centro de unidad y es omnipotente. ÉL es no-dualista en su autoconciencia. ÉL es la esencia de todas las cosas. ÉL es el valor supremo. ÉL es alcanzable sólo místicamente. ÉL está más allá de toda definición y categoría humana. Y, por último y décimo, ÉL es el origen creador, sustentador y controlador de todas las cosas. Estos preceptos se resumen en uno solo, a saber: ÉL es la HOSTIA. Y no decimos “ELLA” porque hasta las Bernardas Albas de este país están a su servicio.

Como epopte de ÉL, capitidisminuido, mi “yo” es espástico y estocástico, apofántico y antífono, apocatástico y anagnórico, paroxístico y apocalíptico (sobre todo para los no integrados y ni ganas). ¿Y quién es ÉL? ¿A qué dedica su tiempo libre? ÉL es el ESTADO DE DERECHO “sub specie aeternitatis”. ¿De qué pensaban que hablaba? ¿De la FIFA?

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Pequeño homenaje a Labriola 110 años después

Juan Manuel Olarieta

Es una excusa tan buena como cualquier otra, aunque no sea una cifra redonda: se cumplen 110 años de la muerte del marxista italiano Antonio Labriola que -supongo- seguirá pasando desapercibido para que la manipulación de su obra, lo mismo que la del marxismo, continue su camino.
¿Se dejarían algo en el tintero los clásicos del marxismo? Si podemos transitar de Marx y Engels a Lenin, ¿para qué queremos a Labriola? Lo tenemos casi todo ya cocinado, no hay más que repetir las citas de unas obras muy completas…
Con el pensamiento de Labriola ocurre lo mismo que con el cálculo infinitesimal 150 años antes: existían todas las condiciones necesarias que apareciera una nueva ciencia y, naturamente, apareció de forma paralela e independiente en la obra de dos científicos como Newton y Lebniz. Siempre ha ocurrido así en cualquier tipo de disciplina científica. En palabras de Marx se puede decir que la tarea del científico no es la de una parturienta sino la del partero: sacar a la luz algo que está en pleno proceso de gestación.
Es algo que confirma el carácter científico del marxismo: en el siglo XIX existían las condiciones materiales e intelectuales suficientes para alumbrar una nueva ciencia, la historia, a la que Marx y Engels llamaron materialismo histórico. Tenía que aparecer otra ciencia y apareció, no por obra exclusivamente de Marx y Engels sino de ellos y de otros autores de manera paralela e independiente.
Uno de ellos fue Labriola, un autor que es casi una generación más joven que Marx y Engels y que tuvo la fortuna de encontrar en ellos lo que personalmente andaba buscando tiempo atrás: una explicación científica de la historia, que era la asignatura que impartía en las universidades de Nápoles y Roma. Labriola nunca fue un filósofo ni un historiador sino un científico de la historia, alguien que buscaba una explicación a la historia.
Hasta el siglo XIX los historiadores eran como hoy los periodistas: coleccionistas de hechos, más o menos fantásticos, atribuidos a personajes que también eran más o menos del tipo del Cid Campeador en el poema épico. Desde un principio todo el esfuerzo de Marx y Engels estuvo volcado en acabar con ese tipo de relatos que, como Hollywood, «se basaban en hechos reales», pero ahí acababa todo parecido con la realidad. Marx y Engels llevaron a cabo una «revolución intelectual», escribe Labriola. Su gigantesco esfuerzo por desentrañar los resortes del capitalismo, el mayor que ha conocido la historia del pensamiento humano, con diferencia, no tiene otro sentido que el de explicar la historia, lo cual encierra dos descubrimientos decisivos. El primero es que vivimos en la historia, es decir, que toda la realidad es histórica, cambiante. El segundo es que si el hombre es capaz de entender la historia también es capaz de dirigirla, lo cual -como siempre- hay que entender a la inversa: sólo podemos dirigir la historia si la entendemos.
Lo histórico se opone a lo natural, si esto se concibe -erróneamente- algo como fijo e inmutable, otro viejo esquema que también se había derrumbado en el siglo XIX, la «segunda revolución intelectual», dice Labriola. Es un punto en el que resulta imprescindible recordar aquello que Marx escribe en El Capital: la diferencia entre la naturaleza y la historia es que podemos actuar sobre la segunda pero no sobre la primera.
Es la esencia misma del materialismo, que ahora los seudomarxistas combaten. El marxismo defiende el materialismo y, por consiguiente, no sólo pone en el centro a la materia (y no a la práctica) sino que la pone al principio. Para que haya madera antes tiene que haber un árbol. El trabajo, dice Marx, metaboliza las condiciones naturales y las convierte en condiciones sociales. Eso signifca que hay lugares a los que el ser humano no ha llegado, y ni siquiera conoce de su existencia, aunque cada vez llega más lejos y conoce más. Lo que está al principio, pues, no es la práctica sino la materia. No es casualidad que la economía hable de materia «prima», o sea, de la primera materia.
La historia empieza cuando los seres humanos transforman el árbol en madera con su trabajo. Después la práctica no acaba nunca, de tal modo que sigue transformando unas condiciones sociales en otras diferentes, mejores, más favorables. Por eso Labriola pone a la práctica en el centro no sólo de la historia sino de la ciencia de la historia.
La filosofía de la praxis, que es la esencia del materialismo histórico, todo lo pone a ras de suelo. En una comparación muy típica del siglo XIX Labriola pone el ejemplo de la fisiología, cuyo objeto no es el estudio de la vida sino de los seres vivos. De ahí que la historia no sea otra cosa que «la historia del trabajo», entendiendo que eso «abarca a todo el hombre histórico y social» y que no es una pura actividad sino «conocer en tanto obramos». Podríamos decir que no es tanto la vida sino las condiciones de vida, que se componen de pequeñas cosas, no de hazañas ni grandes aventuras. La historia y la ciencia de la historia empiezan cuando alguien como Engels escribe acerca de algo que a nadie le había interesado jamás: la situación de clase obrera en Inglaterra.
El problema de la historia es que padece el pernicioso influjo de la actualidad, que nos arrastra con el espejismo de toda esa inmundicia de personajes y personajillos a los que ponen en primera plana de las noticias. La historia se escribirá en contra de todas esas noticias y no recordará a ninguno de esos energúmenos que aparecen en ellas. La historia empieza a convertirse en ciencia cuando busca a los verdaderos protagonistas de la misma, que son las masas, o sea, esos millones de trabajadores anónimos que están haciendo la historia ahora mismo en las oficinas del paro, en los polígonos industriales, en los desahucios, en las pequeñas reuniones, en las minúsculas concentraciones… en todas esas cosas, en fin, a las que nadie presta ninguna importancia, salvo los marxistas.

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‘La roja’ desteñida

Nicolás Bianchi

Apodo, por cierto, –«La Roja»-, cuyo titular histórico es Chile. Nadie esperaba que España fuera eliminada a las primeras de cambio. ¿Nadie? El fútbol no es una ciencia exacta, pero sí ofrece ciertos sí­ntomas que pueden predecir un resultado.

No vamos a hacer un análisis exhaustivo del desastre «nacional» -no parece este sitio el más adecuado aunque este blog no hace ascos a nada y toca todas las teclas-, pero sí­ dar dos o tres pinceladas para terminar con lo que nos interesa y ya se verá.

Si a lo meramente deportivo vamos, lo primero que saltó a la vista del aficionado fue el precario estado fí­sico de los internacionales. El combinado estatal llegó al Mundial de Brasil con la lengua fuera, jadeante, luego de un Campeonato extenuante. Tal vez esto explique (?) la estratosférica prima ofrecida a los jugadores para «animarles». En este punto, el chascarrillo bien podría decir así: les ofrecemos una pingüe prima descomunal si ganan, y si pierden o hacen el ridículo, se pagan ustedes la estancia aquí o les multamos igual que se quitan puntos en el carné de conducir por infracción cometida. Es un chascarrillo, ya lo hemos dicho.

Por no hablar de los amistosos -promovidos por Villar, presidente de la FEF- jugados en tomar por saco para hacer caja. O la falta de liderazgo ni en el campo ni en el banquillo con un Xavi asfixiado, un Iniesta opacado, un Xabi Alonso despistado y un Casillas destartalado. El declive español ha ido en paralelo al declive detectado en el Barcelona a lo largo de una Liga que, por otra parte, pudo ganarla en el último partido. Del seleccionador, Del Bosque, sólo cabe decir que ha sido leal al esquema culé -el célebre «tiqui-taca»– y, también, al grupo de futbolistas que le encumbraron a lo más alto. Después del descalabro, se «humanizó» declarando que, así como él mira por el conjunto, los jugadores miran sólo por lo suyo, algo que ya intuíamos, ¿no es cierto?

Más se perdió en Cuba, lo que no es óbice para los desgarramientos patrióticos por semejante derrota en el planeta fútbol. Estamos acostumbrados hasta el extremo de que nos entra la risa. Quienes no se ríen tanto son los medios de comunicación -de alguna manera hay que llamarlos para entendernos- que han visto cómo se esfumaba el gran evento comercial del año. Desde enero los principales grupos de Comunicación han venido apostando por el Mundial de Fútbol en la confianza de que supusiera uno de los salvavidas publicitarios del año. Comercialmente hablando, no es lo mismo, ni muchí­simo menos, caer en la previa (tres partidos) que llegar a la final (siete partidos). Y es que con tres partidos el interés comercial decae ostensiblemente. Las grandes marcas planifican sus inversiones de manera creciente a medida que España va avanzando rondas.

El impacto inmediato será para Mediaset, dueño de los derechos, que dejará de ingresar unos quince millones de euros por la caída de la inversión en publicidad. Pero no será el único:los diarios verán volatilizarse una pasta gansa en euros en sus ingresos de junio-julio. Los más perjudicados serán los deportivos, ya que TVE (a excepción de la mentada Mediaset) no ha apostado por el Mundial y la radio puede asumir mejor el desplome por sus menores costes. En el caso de la prensa escrita, los más afectados serán Prisa Noticias y Unidad Editorial, por sus dobles ofertas de diarios generalistas y deportivos. Los presupuestos de «AS» y «Marca» (de ahí­ que últimamente inserten casi hasta porno) se desplomarán junto a los de «El País» y «El Mundo», dos empresas que ya tienen serios problemas de liquidez, aparte de los semisilenciados eres practicados, y que esperaban, como se dijo, el salvavidas del Mundial como agua de mayo.

A ver si va a ser esto lo que lamentan con trenos reales -la guita- mientras fingen jeremiadas dolientes dándose golpes en el pecho por la patria afligida.

Se ha acabado el circo, ahora hablemos del pan.