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Categoría: Memoria Histórica (página 12 de 37)

Para quien quiera pensar: ¿cómo se ha frenado la masacre de la población civil del Donbas?

Entre 1983 y 1990 el coronel Jacques Baud fue miembro del Servicio de Inteligencia Estratégica Suiza, especializado en el este europeo y el Pacto de Varsovia. En 2002 se incorporó al Centro de Política de Seguridad Internacional (CPSI) del Departamento Federal de Suiza de Asuntos exteriores. En 2005 las Naciones Unidas le pidieron que liderara el primer centro multidisciplinario de inteligencia civil-militar “Joint Mission Analysis Center” (JMAC) de la Misión de las Naciones Unidas en el Sudán. En 2009-2011 regresó a Nueva York como Jefe de Política en la Oficina de Asuntos Militares del Departamento de Operaciones de Mantenimiento de la Paz (DPKO). Después de dirigir el Departamento de Investigación del Centro Internacional de Formación de Apoyo a la Paz (IPSTC), fue nombrado Jefe de Lucha contra la Proliferación de Armas Pequeñas y Minas de la División de Asuntos Políticos y Política de Seguridad de la OTAN, en Bruselas.

¿Porque esta breve biografía de un militar suizo? Pues por qué se trata, al igual que Jean Ziegler, de una “rara avis”, dentro de la boca del lobo imperialista; para que algunas de las consideraciones que haré, extraídas de escritos de Baud, alguna persona malintencionada o alienada televisiva, no se piense que están escritas por un “agente de Moscú”. Todo lo contrario, están hechas por una persona integrante de uno de los organismos de que dispone la OTAN.

En el último libro escrito por Baud, “Poutine: Maître du Jeu?” explica con pelos y señales unos hechos que a pesar de estar muy documentados, los están escondiendo, borrando o cambiando los apologistas del moderno nazismo europeo, entre ellos políticos y mercenarios televisivos de nuestro país.

¿Empezamos por Crimea?

En primer lugar, hay que recordar que la cesión de Crimea a Ucrania en 1954 no es legal. Es cierto que había recibido la aprobación del Praesidium del Soviet Supremo el 19 de febrero de 1954 (1), pero no fue aprobado ni por el Soviet Supremo de la URSS ni por el de la República de Rusia, ni tampoco por el de la República de Ucrania con motivo del 300 aniversario de sus vínculos con Rusia, este traslado parece haber sido motivado, de hecho, por el interés personal de Khrushev que quería el apoyo de Ucrania dentro del Politburó, como explica Mark Kramer de Wilson Center (2).

Sea como fuere, esta cesión nunca fue percibida como legítima por la población de Crimea, que nunca antes había estado bajo la autoridad de Kiev. De hecho, ilustra las disfunciones del sistema comunista de la época, que extrañamente parecen encontrar la aprobación de los “expertos” de hoy.

El 20 de enero de 1991, antes de la independencia de Ucrania, se pidió a los habitantes de Crimea que escogieran entre dos opciones: quedarse en Kiev o volver a la situación anterior a 1954 y ser administrados por Moscú. La pregunta que se planteó a las papeletas fue: «Estáis a favor de la restauración de la República Socialista Soviética Autónoma de Crimea como sujeto de la Unión Soviética y miembro del Tratado de la Unión?».

Este es el primer referéndum de autonomía en la URSS, y el 93,6% de los habitantes de Crimea aceptaron afiliarse a Moscú.

A continuación, Ucrania organiza “su” referéndum por la independencia, donde la participación de los habitantes de Crimea fue extremadamente baja, porque ya eran independientes y ya no se sintieron sujetos de dicho referendum. Los años siguientes estuvieron marcados por un enfrentamiento entre Simferopol y Kiev, que quería mantener Crimea bajo su control” (3).

El 17 de marzo de 1995 Kiev derogó por su cuenta la Constitución de Crimea en un golpe de estado en el cual el ejército de Ucrania destituye al presidente de Crimea Yuri Mechkov y anexa “manu militari” la república de Crimea a pesar de las manifestaciones de rechazo de la población, y es gobernada desde entonces por decretos de Kiev, a lo que los medios de comunicación occidentales no hicieron la más mínima mención. El nuevo Parlamento de Crimea impuesto por Kiev, en octubre de 1998 aprueba una nueva Constitución que es confirmada por el Parlamento de Ucrania que incluye el “principio de inviolabilidad de fronteras” a cambio de una garantía para la “protección de la originalidad étnica, cultural, lingüística y religiosa de las minorías nacionales de su territorio”.

El 27 de febrero de 2014, después del golpe de estado en Ucrania impulsado y financiado por la Unión Europea y Estados Unidos, el Parlamento derogó las leyes sobre la protección de las varias lenguas oficiales, vetando el ruso.

En una conferencia de prensa del Presidente de Rusia, el 4 de marzo de 2014 ante la pregunta: ¿Cómo veis el futuro de Crimea?, ¿Creéis que volverá a Rusia?, contestó. “No, no lo estamos teniendo en cuenta. En términos generales, creo que solo los residentes de un país determinado son libres de decidir y pueden y tienen que determinar su futuro. Si este derecho se ha concedido a los albaneses de Kosovo, si ha estado posible en muchas partes del mundo, nadie excluye el derecho de las naciones a la autodeterminación, que, por lo que yo sé, está fijado por varios documentos de las Naciones Unidas. Sin embargo, de ninguna forma provocaremos esta decisión y no alimentaremos estos sentimientos” (4).

El 6 de marzo de 2014 el Parlamento de Crimea, presionado por las movilizaciones populares acuerda organizar un nuevo referéndum el 16 de marzo para pedir a la población si quieren seguir dentro de Ucrania o volver a Rusia, en el cual solo podían votar las personas que disponían de pasaporte ucraniano. Un total de 1.274.096 ejercieron su voto en los 1.205 colegios electorales dispuestos. Dicho referéndum constaba de dos preguntas:

Pregunta 1: Está a favor de la unificación de la península de Crimea con Rusia como sujeto de la Federación?
Pregunta 2: Está a favor de la restauración de la constitución de Crimea de 1992 y del status de la península de Crimea como parte de Ucrania?

1.233.002 votantes optaron por la pregunta 1, es decir el 96,77%., un porcentaje más alto que el de 1991.

Continuamos por el memorándum de Budapest

El Memorándum de Budapest sobre Garantías de Seguridad es un acuerdo político firmado en Budapest, el 5 de diciembre de 1994, ofreciendo garantías de seguridad por parte de sus signatarios respecto a la adhesión de Ucrania al Tratado de No Proliferación Nuclear. El Memorándum fue originalmente subscrito por Ucrania, la Federación de Rusia, Estados Unidos y el Reino Unido (Leonid Kuchma, Borís Yeltsin, John Major y Bill Clinton). Más adelante, China y Francia firmaron declaraciones análogas individuales de garantía.

Ucrania cedió a Rusia 5.000 bombas nucleares y 220 vehículos de largo alcance, incluyendo 176 misiles balísticos intercontinentales y 44 aviones bombarderos de gran alcance, con capacidad nuclear. El memorándum incluye garantías de seguridad frente a las amenazas o el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de Ucrania, así como la de Bielorrusia y Kazajistán.

El memorándum tiene en el punto 6, un requisito de consulta que solo Rusia ha tenido interés al utilizar, mientras el resto de firmantes se ha negado. “Ucrania, la Federación Rusa, el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, y Estados Unidos de América consultarán en caso de que surja una situación que plantea una cuestión relativa a estos compromisos”. Los acontecimientos desde 2014 hacen poner en entredicho la credibilidad del mismo, puesto que Estados Unidos sostiene públicamente que “el Memorándum no es jurídicamente vinculante” (5).

Sanciones a Bielorrusia en 2013

Cuando el gobierno de Bielorrusia hizo frente a los intentos de golpe de estado y posteriormente obligó aterrizar un avión de pasajeros, después de recibir un aviso desde Suiza sobre la posibilidad que hubiera un artefacto explosivo, inmediatamente Estados Unidos y la Unión Europea llevaron a cabo una batería de sanciones, sin querer escuchar ningún tipo de explicación. Mientras que en Viena, en 2013 hicieron aterrizar el avión presidencial de Bolivia en el que iba el Presidente Evo Morales, con una vulneración clara del Derecho internacional respecto a los jefes de estado, sin que se tomara ningún tipo de medida punitiva hacia los responsables (6).

El gobierno de Bielorrusia dijo que las sanciones estadounidenses violaban el Memorándum de Budapest en el artículo 3 (de abstenerse de la coerción económica diseñada para subordinarse a su propio interés) pero el gobierno de Estados Unidos, respondió que “aunque no es legalmente vinculante, el Memorándum es compatible con su trabajo contra las violaciones de derechos humanos en Europa del este” (7).

Bruselas por su parte anunció un proyecto de financiación de 3.000 millones de euros para una “futura Bielorrusia democrática”, con un despliegue informativo vergonzoso y engañoso con la excusa de unos etéreos derechos humanos, cuando los tribunales de Bielorrusia condenaron a muerte los autores del atentado al metro de Minsk en abril de 2011 (Vladislav Kovaljov y Dmitri Konovalov) en el que murieron 15 personas y más de trescientas resultaron heridas (8). Al mismo tiempo que en Estados Unidos, en 2011 fueron ejecutados 43 presos y otros 43 al 2012.

Pero desde 1990 hasta el 2019 en estados Unidos se ejecutaron 1.380 personas, pobres y en su mayoría negras, sin que nadie pidiera imponer sanciones a los norteamericanos (9). Quién manda, manda, y el resto obedecen.

Los Acuerdos de Minsk

Otra persona, de la que hay que dar cuatro pinceladas para que nadie pueda tildarlo de pro-ruso, es Pascal Boniface, un miembro de la Legión de Honor francesa que había estado entre 1988 hasta 1992 de consejero de Jean-Pierre Chevènement mientras era ministro de defensa y posteriormente de Pierre Joxe en los ministerios de interior y defensa. Miembro del Partido Socialista francés hasta que se desvinculó en 2001 después de enviar una carta a la dirección de Partido Socialista en la que decía: “Querer mantener un equilibrio igualitario entre las fuerzas de seguridad israelíes y los manifestantes palestinos, hacer un paralelismo entre los ataques de los desesperados, que están dispuestos a suicidarse porque no tienen otros horizontes, y la política de represión prevista, implementada por el gobierno israelí, el PS y el gobierno son considerados por una parte creciente de la ciudadanía como ‘injustos’. Por qué lo que se aplica a los kosovares no se aplica a los palestinos?”. Fundador y director del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas (IRIS), fue miembro del Consejo Consultivo para el Desarme de la ONU hasta 2005. Ya antes había estado trabajando en el Instituto de Altos Estudios de Defensa Nacional de Francia (IHEDN) hasta el 2004 (10).

Bien, pues Boniface, conocedor de primera mano de los entramados internacionales, el 10 de enero de 2021 en una entrevista en YouYube (11) decía que los acuerdos de Minsk “no se han implementado a causa de Rusia, sino a causa de Ucrania. El hecho de clamar contra Rusia es simplemente erróneo”. Del mismo modo que en Estados Unidos, el 11 de febrero de 2022 el periódico Washington Post revelaba que eran los ucranianos los que rechazaban aplicar los acuerdos: “Según diplomáticos familiarizados con la cuestión, un obstáculo importante fue la oposición de Kiev a negociar con separatistas pro-rusos con los cuales han estado en un conflicto mortal pero de baja intensidad durante los últimos ocho años” (12).

Desde el año 2014 el gobierno de Ucrania paró cualquier ayuda económica en Donetsk y Lugansk , ni para la reconstrucción de infraestructuras, de viviendas, de servicios, etc., y también bloqueó los pagos de las pensiones y prohibió cualquier actividad bancaria dentro de estos territorios, en un intento de forzar un estallido social debido a las necesidades de casi cuatro millones de personas, hasta que el 24 de Abril del 2019, el Presidente de Rusia firmó un decreto autorizando la emisión de pasaportes rusos a los habitantes del Donbass que lo solicitaran, lo cual daba derecho a percibir las prestaciones sociales de Rusia (13).

En mayo de 2014, las Repúblicas de Donetsk y Lugansk se afirmaron como autónomas según el referéndum de autodeterminación (que no independientes), y que a pesar de sus demandas, Rusia siempre rechazó que se integraran dentro de la Federación. Pero en Febrero de 2022, la situación cambia. El ejército ucraniano había realizado una inmensa acumulación de material militar ofensivo y tropas a lo largo de línea de demarcación establecida en los acuerdos de Minsk II, al mismo tiempo que se iniciaba una campaña propagandística desde los medios europeos que repiten por todas partes la misma canción: “ataques inminentes de Rusia”.

Así, viendo la campaña difundida desde Europa hasta Estados Unidos, que llevaba aparejada una deriva peligrosa ya que avalaba la ruptura total de los acuerdos de Minsk y el inminente ataque a la región de Donbass, el 15 de Febrero de 2022, el Parlamento de Rusia vota una resolución en la que pide al Presidente que: “examine el tema del reconocimiento por parte de la Federación de Rusia de la República Popular de Donetsk y de la República Popular de Lugansk, en cuanto que Estados autónomos, soberanos e independientes” (14).

El 16 de febrero de 2022, el mismo día que los norteamericanos anunciaban falsamente que había empezado la invasión rusa, el ejército ucraniano empezó a bombardear intensamente las poblaciones civiles de Donetsk y Lugansk, ocasionando centenares de muertos y heridos y una masiva evacuación de personas refugiadas hacia Rusia, con la mirada complaciente de toda Europa y el silencio de los medios de comunicación al respeto.

A raíz de estos hechos, el Presidente de Rusia respondió afirmativamente a la demanda del Parlamento basada en que la OSCE (Organización para la Seguridad y Cooperación Europea) no hacía ningún intento de calmar la situación. Que Ucrania nunca había querido aplicar los acuerdos de Minsk para adaptar la Constitución según estos acuerdos. Que Alemania y Francia, como garantes del cumplimiento de estos acuerdos, nunca habían hecho el más mínimo intento de exigir su cumplimiento por parte Ucrania. Que los norteamericanos siempre habían rechazado los acuerdos de Minsk y habían infiltrado pelotones clandestinos de la CIA en la región del Donbass que fueron los causantes de los atentados terroristas de comienzos de febrero de 2022. Y finalmente que Rusia no quiere invadir Ucrania, pero que tiene el deber de ayudar a la población del Donbass una vez constatado que las fuerzas ucranianas mercenarias intensifican los ataques terroristas hacia las dos repúblicas.

Y así, el día 21 de febrero de 2022, Rusia reconoce por primera vez las dos Repúblicas y firma con ellas un Tratado de Amistad, Cooperación y Asistencia Mutua, el cual es ratificado por la Duma al día siguiente. Y el día 23 de febrero las dos Repúblicas hacen una demanda oficial de ayuda a Rusia para poder responder a las agresiones que están sufriendo.
Desde el 14 hasta el 22 de febrero de 2022, y según los datos de la Misión de Observación de la OSCE, se realizaron 7.400 bombardeos sobre la población civil del Donbass por parte del ejército de Ucrania (15), dato público, pero escondido por parte de la prensa canalla europea y en primer lugar la española.

(1) https://digitalarchive.wilsoncenter.org/document/119638
(2) Mark Kramer, Why Did Russia Give Away Crimea Sixty Years Ago? Cold war International History Project e-Dossier nº 47, Wilson Center, 2014
(3) Jacques Baud, Poutine: Maître du Jeu?, pàgs. 151-152
(4) http://en.kremlin.ru/events/president/news/20366
(5) https://web.archive.org/web/20140419030507/http://minsk.usembassy.gov/budapest_memorandum.html
(6) https://www.elmundo.es/internacional/2021/05/26/60ae07c9fc6c83c1148b4630.html
(7) Bielorussia: Memorandum de Budapest. Ambaixada dels Estats Units a Minsk. Comunicat de premsa. 12 d’abril de 2013 https://hmong.es/wiki/Budapest_Memorandum
(8) https://www.dw.com/es/ejecutados-acusados-de-terrorismo-en-bielorrusia/a-15816179
(9) https://es.statista.com/estadisticas/633991/pena-de-muerte-en-estados-unidos-ejecuciones-al-ano/
(10) Pascal Boniface: Biographie & informations www.babelio.com Ouvrages IRIS www.iris-france.org
(11) https://youtu.be/IJyEcuR0v4?t=203
(12) John Hudson & David Stern “Facing maximun pressure from Russia, Zelensky refuses to blink at the negotiating table. The Washington Post, 11 Febrer de 2022
(13) Jacques Baud. Poutine, maître du jeu?, pàg. 172
(14) https://sozd.duma.gov.ru/bill/58243-8
(15) https://www.osce.org/special-monitoring-mission-to-ukraine)

Con las tropas rusas vuelven a Ucrania las banderas rojas y los monumentos a Lenin

Así lo dice un reportaje del diario británico The Guardian: las tropas rusas llevan a Ucrania las banderas rojas y los monumentos a Lenin, lo cual es lo peor que cabía esperar de la guerra. Lo de Rusia es más que imperialismo y expansionismo: es un colonialismo que ha suplantado a la desnazificación que se había propuesto Putin.

Por aquí nuestros “expertos” dicen que la guerra ha fortalecido a la OTAN, y da la impresión de que en el otro lado de la trinchera lo que se fortalece es… la Unión Soviética. Es posible que veamos renacer el Pacto de Varsovia y el muro de Berlín. Según los entendidos, la historia da marcha atrás.

Ya ocurrió en 2015 tras la anexión de Crimea. La población se puso a custodiar los monumentos a Lenin día y noche para que nadie pudiera derribarlos. Lo mismo que ahora, no se trataba de los alcaldes, ni del ejército, ni de la policía, ni de ningún funcionario público, sino de los vecinos de los barrios, apegados a los símbolos que consideran como suyos propios. Hay pueblos que sí tienen memoria histórica, y muy fresca, por cierto.

El reportaje del Guardian se refiere a la ciudad costera de Henichesk, donde Lenin volvía a su pedestal con su calva y su perilla característica frente al edificio principal del Ayuntamiento. Las banderas soviéticas y rusas ondeaban en el techo. Fue el 22 de abril, el cumpleaños de Lenin, que se celebra como el de uno más de la familia.

Por lo demás, el reportaje se llena de las típicas falsedades, históricas y políticas, a cada cual más rocambolesca. El nudo de la crónica del periódico no puede ser más simple: Rusia invade a un país vecino para apoderarse de sus territorios porque es expansionista, lo mismo que la URSS y aquel brazo llamado Tercera Internacional.

A través del sur de Ucrania, Rusia quiere llegar a Moldavia, donde tiene un caballo de Troya, que es Transnistria otro territorio “separatista” parecido al Donbas, “prorruso”, etc.

Con el regreso de la hoz y el martillo, dice The Guardian, la policía militar rusa ha destruido la literatura y los libros de texto ucranianos, como hicieron los nazis en su tiempo, una comparación que nunca falla, por más ridícula que resulte.

La prensa imperialista es así de zafia y no le hace ascos a dar un giro completo a cualquier relato. En 2014 los nazis ucranianos derribaron los munumentos a Lenin, y ahora reaparecen. Reescribieron la historia de Ucrania a su manera y ahora tienen que restituir los hechos en su sitio. Prohibieron la lengua y la literatura rusas, que ahora regresan otra vez a donde siempre estuvieron, porque nadie debería admitir que los nazis se salgan con la suya, ni en el siglo pasado ni en éste.

Esta guerra no va de ucranianos y rusos sino de fascistas y antifascistas.

(*) https://www.theguardian.com/world/2022/apr/23/back-in-the-ussr-lenin-statues-and-soviet-flags-reappear-in-russian-controlled-cities

El FBI revela nuevos informes sobre la intervención del gobierno saudí en los atentados del 11-S

Aprovechando que las miradas están puestas en Ucrania, el FBI ha desclasificado un informe de más de 500 páginas que elaboró en 2017 sobre los ataques terroristas del 11-S. El documento confirma algo ya sabido: la intervención del gobierno saudí en los atentados.

El atentado del 11 de septiembre fue un acontecimiento traumático que configuró de forma irrevocable la política exterior e interior de Estados Unidos durante todo el siglo, provocando la mayor ola de desastres para el mundo que se ha conocido. Sin embargo, cuando salen a la luz nuevas informaciones que implican a un gobierno aliado en la ejecución del atentado, a casi nadie parece importarle.

La publicación del informe rompe 70 años de una complicidad que comenzó con el Pacto del Quincy. Es un toque de atención hacia el gobierno de Riad, cada día más enfrentado a Estados Unidos y más proclive a escuhar al Kremlin.

El informe gira en torno a Omar Al-Bayumi, un espía saudí que operaba en San Diego bajo la cobertura de una empresa de aviación propiedad del gobierno de Riad. Al-Bayumi ayudó a dos de los secuestradores del 11-S a trasladarse a Estados Unidos mientras se preparaban para llevar a cabo su ataque. La mayor parte de los responsables directos de los atentados eran saudíes y sólo quedaba conocer los detalles concretos de la intervención del dirigentes de Riad.

El verdadero papel de Al-Bayumi era conocido desde el primer momento de los atentados, tanto por sus vínculos con yihadistas, como por un empleo que nunca tuvo, como por el hecho de que conoció a dos de los secuestradores en un restaurante, antes de encontrarles un piso en San Diego, firmar su contrato de alquiler, actuar como avalista, pagar su primer mes de renta e integrarlos en la comunidad saudí local.

Según un comunicado del FBI de junio de 2017, desde finales de la década de 1990 hasta el 11 de septiembre de 2001, Al-Bayumi “recibió un sueldo mensual como ayudante de la Presidencia General de Inteligencia saudí (GIP)”, la principal agencia de espionaje del país. Sin embargo, su participación en la inteligencia saudí no fue confirmada en el momento del informe oficial de la Comisión del 11-S. En otro documento de 2017, el FBI dijo que “hay un 50% de posibilidades de que [Al-Bayumi] tuviera conocimiento de los atentados del 11-S”.

Al-Bayumi cobraba del antiguo embajador saudí en Estados Unidos, el príncipe Bandar Bin Sultan Alsaud, amigo de la familia de Bush desde hace mucho tiempo, a la que informaba directamente. Toda la información que Al-Bayumi reunía sobre “personas de interés en la comunidad saudí de Los Ángeles y San Diego y otros asuntos, se transmitía a Bandar”.

Esta revelación es especialmente explosiva porque Bin Sultan no sólo era miembro de la Casa Real saudí, sino también un amigo íntimo de Bush y, en general, muy cercano a la clase política estadounidense, hasta el punto de que se le apodaba “Bandar Bush”. Amigo íntimo del padre de Bush durante más de dos décadas (“Me siento como un miembro de tu familia”, le escribió en 1992), posteriormente donó un millón de dólares a la biblioteca presidencial del padre de los Bush.

Esta amistad se extendió al joven Bush, cuyo padre le aconsejó que consultara a Bin Sultan cuando se preparaba para lanzar su campaña presidencial. Su relación era tan estrecha que Bin Sultan fue una de las primeras personas con las que habló Bush cuando decidió invadir Irak. Los dos hombres se reunieron en la Casa Blanca dos días después del atentado del 11-S y fumaron puros en el balcón. Luego unos aviones fletados, violando una prohibición de aterrizaje en todo el país, recogieron a 160 miembros de la familia real, miembros de la familia Bin Laden y otros dignatarios saudíes y los sacaran del país.

Si Al-Bayumi tenía conocimiento previo de los atentados, también lo sabía Bandar Bin Sultan, lo que significa que puso sobre aviso al gobierno de Estados Unidos y, seguramente, al propio Bush en persona.

Los últimos descubrimientos sobre el asesinato del secretario general de la ONU en 1961

En unos archivos franceses desclasificados ha aparecido una carta de la OAS (Organización del Ejército Secreto) de 1961 amenazando de muerte al Secretario General de la ONU, Dag Hammarskjöld, seis semanas antes de que muriera en un “accidente” de avión en el norte de Rodesia, la actual Zambia.

El diplomático sueco murió el 18 de septiembre de 1961, junto con otras quince personas, en un DC-6 que le llevaba a Ndola, Rodesia del Norte, para poner fin a los combates en la provincia secesionista de Katanga, en el Congo, donde luchaban muchos mercenarios franceses.

La OAS fue un grupo terrorista partidario del colonialismo francés en Argelia. Se fundó en Madrid en febrero de 1961 y, a partir de esa fecha, los atentados se multiplicaron en Argelia y en Francia. Entre 1961 y 1962 la OAS asesinó a unas 2.000 personas, en su mayoría civiles, en atentados en Francia y Argelia, e incluso intentó asesinar a De Gaulle en dos ocasiones. Tras desaparecer, volvió a Madrid, donde por encargo de los gobiernos, cometió algunos de los atentados de la transición política.

Más de sesenta años después de que su avión se estrellara en el norte de Rodesia, la muerte de Hammarskjöld sigue siendo un misterio. Las circunstancias de aquella “catástrofe aérea” nunca se han aclarado. Durante sus ocho años al frente de la ONU, de 1953 a 1961, se había ganado muchos enemigos entre las potencias coloniales. Se había distanciado de Francia y Gran Bretaña al interferir en la crisis del Canal de Suez en 1956 para conseguir un alto el fuego entre las tropas egipcias y las británicas y francesas. También fue condenado por Francia por pedir la remisión de la guerra de Argelia al Consejo de Seguridad. Estados Unidos y Reino Unido también cuestionaron su futuro al frente de la ONU.

ONU: 60 años mirando para otro lado

Desde París la OAS envió una carta a la sede de la ONU en Nueva York, a la atención de Hammarskjöld. Era una sentencia de muerte. Un facsímil de la carta estaba latente en el fondo documental del antiguo Secretario de Asuntos Africanos y Malgaches del Elíseo, Jacques Foccart. El expediente contiene la correspondencia del Servicio de Documentación Exterior y de Contraespionaje (SDECE), la antigua denominación de los servicios de inteligencia franceses de 1944 a 1982.

La primera página de la carta dice lo siguiente: “París, Sr. D. Hammarskjoeld, Sus actividades en Oriente, en el norte de África, en el Congo y en todas partes nos han demostrado más de una vez su parcialidad y su falta de objetividad. Hace poco, su forma de actuar en Túnez, tomando la causa del gángster Bourguiba, como lo hizo con el asunto de Suez, con Nasser, suscitó la indignación de toda Francia, y de todo el mundo civilizado. En el Congo el miedo que tenías a los rusos te hizo cambiar de opinión y apoyarlos. Por supuesto que tienes una deuda de gratitud con los árabes por su depravada moral, y todo el mundo sabe que te joden cada vez que estás en los países árabes. Tus fiestas de pederastia en El Cairo y Beirut y Badgad son conocidas por todos y eres una vergüenza para la raza humana. Su posición hacia los rusos está dictada por el miedo, ¿y esto es notorio? Sin embargo, si usted tiene derecho a disponer de su cu, eso es asunto suyo, pero no tiene derecho a faltar a la verdad. En consecuencia, aplicando la sentencia que se aplicó a uno de sus predecesores (el conde Berdanotte, creo) la comisión de la OEA le ha juzgado y condenado a muerte. Se adjunta la sentencia. Se aplicará pase lo que pase. De profundis”.

La segunda página ofrece la sentencia: “O.A.S. El comité directivo reunido hoy en París tras haber escuchado el informe […] sobre la actuación del Sr. Hammarskjoeld en Túnez apoyando las tesis del gángster Bourguiba, como había apoyado los principios del otro gángster Nasser durante el asunto de Suez, constatando que es urgente poner fin a su nefasta intromisión, decide: el Sr. Dag Hammarskjoeld, Secretario General de las Naciones Unidas, es condenado a muerte en el día de hoy”.

Una investigación local, empañada por las anomalías, concluyó que el accidente fue causado por un error del piloto. Al año siguiente, una segunda investigación, encargada por la ONU, se negó a emitir un dictamen. La investigación fue relanzada en 2016 por el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, tras las declaraciones de testigos africanos que siempre fueron ignoradas. Encargado de llevar a cabo la investigación, el ex juez del Tribunal Supremo de Tanzania, Mohamed Chande Othman, instó a algunos Estados miembros a “realizar una inspección exhaustiva de sus archivos, en particular los de sus servicios de inteligencia”. En su informe, publicado en 2019, concluye que hay pruebas que sugieren que el avión fue atacado por “elementos externos”.

Sin embargo, varios países clave, Estados Unidos, Reino Unido y Sudáfrica, siguen reteniendo información, afirmando que han revisado sus archivos pero que no han encontrado nada concluyente. Francia también dio largas, antes de designar a Maurice Vaisse para llevar a cabo una investigación que no investigó nada.

Los mercenarios franceses de la OAS en Katanga

Si la sentencia de muerte de la OEA estaba en poder de la inteligencia francesa, la pregunta es obvia: ¿informó el gobierno francés a la ONU y al Secretario General de las amenazas que pesaban sobre ella? Pero hay otras dudas, también de calado, relacionadas con la intervención de mercenarios franceses en la Guerra del Congo. En 1961 la OEA estaba presente en Katanga entre la veintena de soldados y ex militares enviados al país centroafricano.

En junio de 1961 la inteligencia militar de la misión de la ONU en el Congo, la ONUC, alertó sobre esa presencia de “elementos peligrosos”. El teniente coronel noruego Björn Egge, jefe de la inteligencia militar de la ONU, y Conor Cruise O’Brien, representante de la ONU en Katanga, los enumeraron en un telegrama del 20 de junio: Roger Faulques, Yves de la Bourdonnaye, Léon Egé, Edgard Tupet-Thomé, Bob Denard, Roger Emeyriat y André Bousquet.

El comandante Faulques participó en la guerra de Indochina y la batalla de Argel. Le acusaron de las torturas a los prisioneros del FLN, el movimiento independentista argelino. Volvió a ser reclutado en febrero de 1961 por el ministro de Defensa Pierre Messmer y el coronel Roger Trinquier para participar en la guerra contra el Congo.

Yves de la Bourdonnaye, paracaidista que testificó en el juicio de los insurgentes por la sangrienta “semana de las barricadas” en Argel, el 30 de enero de 1960, asumió la dirección de la célula G5 (guerra psicológica) del ejército katangés y apareció como asesor oficioso del ministro del Interior katangés, Godefroid Munongo, al que Roger Faulques estaba muy unido.

Edgard Tupet-Thomé también fue asesor del ministro de Defensa katangués, Joseph Yav, y miembro de la OAS en Francia. Antes de abandonar Katanga, los testigos le oyeron decir en voz alta en el vestíbulo del hotel Leopold II de Elisabethville, actual Lubumbashi: “¿La ONU? No hay problema. 20 kilos de plástico y yo me encargo”.

Léon Egé era un veterano del BCRA, la Oficina Central de Inteligencia y Acción que asistía a De Gaulle en Londres, que luego participó en la guerra de Indochina. Le amenazó al coronel Egge en el consulado francés en Katanga, junto con Tupet-Thomé y La Bourdonnaye. Le llamaron “el último bastión de la influencia blanca en África”. Según el telegrama que envió Egge, los tres mercenarios consideraban “a todos los blancos de la ONU como traidores a su raza. Pronto entrará un cuchillo aquí”.

Dos días después del accidente que costó la vida a Hammarskjöld, Egé escribió desde Salisbury, ahora llamada Harare, la capital de Zimbabue, a un representante de Katanga en París informándole de la muerte del secretario general de la ONU. Era miembro de la OAS y reclutaba de mercenarios en Portugal.

Liquidar a los dirigentes de la ONU

El 30 de agosto de 1961, Conor Cruise O’Brien advirtió a sus superiores que su adjunto, el francés Michel Tombelaine, un antiguo periodista con fama de ser muy izquierdista, había recibido amenazas. “El siguiente mensaje acaba de llegar en un sobre, con matasellos de Elizabethville», escribió Cruise O’Brien. La carta decía: «28 de agosto de 1961 – Tombelaine UN Elisabethville. Ultimátum de 48 horas para abandonar Katanga o de lo contrario. O.A.S./Katanga”.

La amenaza se agravó unos días después. Ello precipitó una intervención armada de la ONU, preludio de 18 meses de violentos combates ocasionales entre las fuerzas de paz y los mercenarios katangueses. El 6 de septiembre de 1961, una secretaria local con la cara hinchada, Therese Erfield, se refugió en la sede local de la ONU y denunció que su amante, un mercenario francés llamado Henri-Maurice Lasimone, la había golpeado y amenazado con matarla, y que formaba parte de un grupo mercenario recién formado dirigido por el comandante Roger Faulques. Su intención, dice Therese Erfield, era colocar bombas de explosivo plástico contra los edificios de la ONU.

Según un relato de los servicios de inteligencia de la ONU, el grupo elaboró una lista de dirigentes de la ONU que debían ser asesinados, entre los que se encontraban Cruise O’Brien y Tombelaine. No se menciona al jefe militar de la ONU, el general irlandés Sean Mac Eoin, pero en la mañana del 17 de septiembre, su DC-6, el mismo que iba a transportar a Hammarskjöld esa misma tarde, fue blanco de disparos de ametralladora cuando despegaba de Elisabethville.

La conexión con el gobierno racista sudafricano

Las circunstancias del accidente apoyan la hipótesis de que la OAS fue responsable, aunque sea parcialmente. En la noche del 17 al 18 de septiembre de 1961, cuando el avión se estrelló en la selva, un joven sudafricano que pasaba por allí en moto, Wren Mast-Ingle, se acercó a los restos, para ser inmediatamente tiroteado por los mercenarios blancos que le precedían. Se fijó en los vistosos uniformes de los individuos y sus extrañas gorras con solapas. Confrontado 58 años más tarde con diversos tipos de uniformes camuflados, identificaría sin lugar a dudas las vestimentas que llevaban los paracaidistas franceses en Argelia y sus típicas gorras Bigeard.

Un veterano belga de Katanga, Victor Rosez, también vio esas vestimentas en la comisaría de Ndola unos días después del accidente. Media docena de mercenarios vestidos de civil los habrían entregado, de forma hilarante, a los complacientes agentes de policía de Rodesia del Norte.

Más tarde, una serie de testimonios enterrados durante mucho tiempo en los archivos belgas, británicos, suecos y de la ONU mencionarían también a un pequeño grupo de mercenarios franceses vistos en los alrededores de Ndola en el momento del accidente.

El 5 de abril de 1962, el antiguo Director de Información Pública de la ONU, el australiano George Ivan Smith, asesor de Hammarskjöld, escribió a Conor Cruise O’Brien: “Estoy cada vez más convencido de que hubo un vínculo directo con la OAS”. En diciembre siguiente, el diario escocés The Scotsman, al reseñar las memorias de Cruise O’Brien, recientemente publicadas, escribió sobre él que “sigue considerando posible que Hammarskjöld y su escolta fueran asesinados por miembros franceses de la OAS”.

“Ahora entiendo que durante todo este tiempo un comando de guerra psicológica dirigido por el notorio comandante francés Faulques estaba estacionado en Ndola”, escribió Knut Hammarskjöld, sobrino de Dag, al diplomático George Ivan Smith el 5 de febrero de 1963, en una carta.

Muchos años después, el 19 de agosto de 1998, en Sudáfrica, el arzobispo Desmond Tutu, reveló el descubrimiento en los archivos de los servicios secretos sudafricanos, de un complot en 1961 contra el avión de Hammarskjöld en el que participaron el MI5 británico, la CIA estadounidense y el director de esta última, Allen Dulles. El complot incluía una empresa de fachada, el Instituto Sudafricano de Investigación Marítima, una bomba escondida en el avión y un grupo de mercenarios en tierra comandados por un hombre conocido como “Congo Red”.

La comisión sudafricana entregó los documentos al Ministerio de Justicia, donde desaparecieron.

En 1961 Francia y el régimen sudafricano de apartheid adoptaron la misma posición ante la descolonización del Continente Negro y apoyaron militarmente a Katanga. Los mercrenarios franceses pasaron por Johannesburgo de camino a Elisabethville, donde se encontraron con sus homólogos afrikáners. El 9 de abril de 1962, George Ivan Smith escribió a Conor Cruise O’Brien: “Este mercenario francés, Lasimone, hablaba de un plan a largo plazo de Faulques para obtener apoyo a gran escala del extremo sur del continente. Por todo lo que pude corroborar, probablemente estaba en contacto con los estrategas de Salan y preveía las dificultades que se avecinaban para la OAS, cuando se agotaran las armas y las municiones”.

Maurin Picard https://afriquexxi.info/article4967.html

El paraíso de los criminales de guerra: Estados Unidos

La impunidad por los crímenes de guerra es muy peculiar en un país, como Estados Unidos, que tiene la más alta tasa de encarcelamiento del planeta. Casi la cuarta parte de los presos del mundo están en las cárceles de Estados Unidos. Pero parece que no hay leyes suficientemente fuertes para encerrar a los criminales de guerra, que disfrutan de patente de corso.

Estados Unidos ha creado una zona de libre criminalidad. Ningún acto que cometan, no importa lo extrajudicial o ilegal que pueda ser, los llevará a responder ante un tribunal de justicia. Fundamentalmente, tienen total impunidad. Poco importa que hablemos de una gran operación extrajudicial de la CIA para secuestrar a “sospechosos de terrorismo” (que con bastante frecuencia han resultado ser civiles inocentes) y trasladarlos a las cámaras de tortura de algún brutal país aliado o al sistema de “sedes clandestinas” fuera del ámbito de una justicia normal.

Nadie ha sido castigado por acciones como ésas. Cuando es necesario, los funcionarios de la seguridad nacional recorren los pasadizos secretos del poder para movilizar a abogados que reinterpretan los textos legales para que encajen con sus gustos.

Nada más impresionante que el procedimiento obviamente ilegal de la tortura, eufemísticamente llamada “técnica de interrogatorio mejorada”, que ha sido utilizada contra prisioneros indefensos en el sistema global de prisiones secretas. ¿Desea usted crímenes de guerra? Después del 11-S, Washington podría haber exhibido el logo “Nosotros somos los crímenes de guerra”.

Desde la campaña presidencial [de 2016], los crímenes de guerra vuelven a estar en la agenda de Estados Unidos. En los últimos tiempos los funcionarios estadounidenses se han salido con la suya, y en el caso de la guerra con drones hoy continúan saliéndose con la suya. Aun así, no hay nada como la embriagadora combinación de la carrera por la presidencia de un “populista” republicano y la histeria nacional producida por el terrorismo para hacer que los estadounidenses quieran más de esas “técnicas mejoradas de interrogatorio”. Esto es lo que normalmente sucede, como vienen sosteniendo desde hace mucho tiempo los críticos, si los crímenes de guerra no se llevan a los tribunales.

Cuando en agosto de 2014 Obama admitió al fin que “hemos torturado a alguna gente”, agregó una advertencia. “Es necesario que se entienda y acepte”, dijo, la historia reciente de la tortura en Estados Unidos. “Como país, tenemos que hacernos responsables de ello para tener la esperanza de que en el futuro no volveremos a hacerlo”. Centrando la responsabilidad de la tortura en todos nosotros, “como país”, Obama evitaba que los torturadores tuvieran que responder por sus actos.

Desgraciadamente, la “esperanza” –así, sin más– no pone freno a una guerra criminal; ni el propio Presidente tuvo en cuenta su advertencia. Durante siete años su gobierno no hizo otra cosa que ayudar a que Estados Unidos se hiciera “responsable” de la tortura y de otros crímenes de guerra. El país miró hacia otro lado cuando debió pedir cuentas a quienes habían puesto en marcha y realizaban operaciones de tortura a gran escala en las “sedes clandestinas” distribuidas por todo el mundo. Nunca presentó cargos contra quienes ordenaron torturar en Guantánamo. No enjuició a nadie, mucho menos a altos funcionarios del gobierno Bush.

Ahora, en el interminable periodo anterior a las elecciones presidenciales de 2016, nos han ofrecido algunas extrañas humoradas épicas y nos prometen más de lo mismo. En ese espectáculo tan estadounidense, los candidatos republicanos se lanzan unos contra otros en un frenético esfuerzo por ser vistos como el aspirante con más posibilidades a la hora de ignorar la lánguida esperanza del Presidente y en lugar de ello “volver a hacerlo en el futuro”. Como resultado de la puja, están prometiendo cometer todo tipo de crímenes, desde la tortura hasta el asesinato de civiles, unas promesas por las cuales el dirigente de cualquier otra nación sería llevado a un tribunal internacional acusado de ser un criminal de guerra. Pero el de “criminal de guerra” es una acusación reservada exclusivamente para la gente de detestamos, no para nosotros. Parafraseando al ex presidente Richar Nixon: si lo hace Estados Unidos, no es un crimen.

En la estela de los brutales atentados de París y San Bernardino, las promesas abiertamente expresadas de cometer futuros crímenes no han hecho más que hacer crecer la franqueza. Ted Cruz garantiza que “destruiremos totalmente al Califato Islámico”. ¿Cómo lo haremos? “Lo someteremos a bombardeo de saturación hasta que no quede nada”, es decir, “saturaremos” de bombas una zona de modo que cualquier cosa o ser viviente sea totalmente destruido. De esa campaña de bombardeo contra el Califato Islámico habló Cruz a una multitud entusiasmada en la Rising Tide Summit: “No sé si la arena puede resplandecer en la oscuridad, pero encontraremos la manera de hacerlo” (es muy difícil no tomar estas palabras como una referencia al uso de armas nucleares, pese a que en la atmósfera de bravuconadas de la actual campaña republicana indudablemente ninguna de las propuestas presentadas sea fruto de un pensamiento minucioso).

Es evidente que el bondadoso neurocirujano pediátrico Ben Carson piensa de la misma manera. Cuando en el último debate de los candidatos republicanos, Hugh Hewitt, moderador de la CNN, insistió sobre si acaso él era lo suficientemente “duro” para “dar el visto bueno a la muerte de miles de niños y civiles”, Carson respondió “Entendió bien, entendió bien”. Incluso expuso una futura campaña contra el Califato Islámico en la que podrían morir “miles” de niños como ejemplo del severo amor que algunas veces debe mostrar un cirujano cuando está frente a un caso difícil. Es como decirle a un niño, le aseguró a Hewitt, “vamos a abrirte la cabeza para sacar el tumor”. Ningún niño se siente feliz en este momento. Tampoco les caigo bien cuando digo eso. Pero después me aman”. Presumiblemente, lo mismo les pasará a “los inocentes niños muertos en Siria”, una vez que superen el shock de haber muerto.

El enfoque de Jeb Bush trajo a colación lo que, en los círculos republicanos, pasa por un matiz en la discusión de la futura política de los crímenes de guerra. Lo que Washington necesita, argumentó él, es “una estrategia”, y lo que caracteriza al gobierno de Obama es una excesiva preocupación por las sutilezas de la ley internacional. Tal como lo dijo él, “Necesitamos quitar los abogados de la espalda de los guerreros. Ahora mismo, con el presidente Obama, hemos creado… un estándar tan exigente que es imposible tener éxito en la lucha contra el Califato Islámico”. Mientras tanto, Jeb se ha rodeado de una camarilla de conocidos neocons que ofician de “asesores” –personas como Paul Wolfowitz, ex subsecretario de Defensa en tiempos de George W. Bush, o Stephen Hadley, ex asesor en Seguridad Nacional de Wolfowitz, quienes planificaron y defendieron la guerra ilegal de Estados Unidos contra Irak que desembocó en una guerra regional con devastadoras consecuencias humanitarias.

En su primera actuación como su comandante en jefe, Trump declaró sin pestañear que él volvería a utilizar la tortura. “¿Aprobaría la bañera?”, preguntó a una multitud entregada en un mitin en Columbus, Ohio, el pasado noviembre. “Podéis apostar el culo que lo haría. En cuanto sea presidente”. Tratándose de Trump, esto no es más que el comienzo. Aseguró a sus seguidores, sin precisar pero enfáticamente, que él “aprobaría más que eso”, dejando librado a su imaginación si acaso pensaba otros atroces procedimientos, como exposición ininterrumpida a sonidos a todo volumen, privación de sueño, sencillamente la muerte de prisioneros, o lo que la CIA acostumbra llamar delicadamente “rehidratación rectal”. Mientras, cada vez que surge la cuestión de la tortura, él machaca: “No os engañéis. Funciona, ¿vale? Funciona. Solo un estúpido diría que no funciona”.

Solo un estúpido –como, quizás, uno de los integrantes de la Comisión de Inteligencia del Senado de Estados Unidos que durante años estudió cuidadosamente los nefastos documentos sobre la tortura de la CIA, a pesar de la falta de disposición, la oposición y la directa interferencia (incluyendo la intrusión en los ordenadores) de la Agencia– diría eso. Pero, ¿por qué fastidia tanto discutir sobre la eficacia de la tortura? La cuestión, ha dicho Trump, es que la mera existencia del Califato Islámico indica que alguien necesita ser torturado. “Si no funciona”, le dijo a la multitud de Ohio, “de cualquier modo se lo merecen”.

Pocos días después, un triunfalista Trump avanzó aún más lejos en el territorio de la guerra criminal. Se declaró preparado para golpear de verdad al Califato Islámico donde más le duele. “Otra cosa que pasa con los terroristas”, le dijo a Fox News, “es que hay que eliminar a sus familiares; cuando coges a un terrorista, hay que eliminar a su familia. Ellos se preocupan por la vida de su familia, no nos engañemos. Cuando dicen que no se preocupan por sus familiares, tú debes matarlos”. Porque es un hecho muy conocido –al menos en Trumplandia– que no hay nada que haga que las personas sean menos violentas que matar a sus padres y a sus hijos. Y eso, ciertamente, no importa; cuando Trump defiende esa política, ese asesinato es un crimen.

El problema con la impunidad

Nada que no se sepa en este país, pero el denominador común de las amenazas presentes en todas esas propuestas de respuesta al Califato Islámico no es solo la típica línea dura del Partido Republicano. Cada una de ellas representa una grave violación de las leyes estadounidenses, de la ley internacional en caso de guerra y de las convenciones que Estados Unidos ha firmado y ratificado tanto durante gobiernos republicanos como demócratas. La mayor parte de los planes debatidos en la campaña electoral –tanto los republicanos como los demócratas– para derrotar al Califato Islámico se han enfocado solo en las cuestiones instrumentales: ¿Qué es lo que funcionará: el bombardeo de saturación, la tortura o hacer que resplandezca la arena en la oscuridad?

Candidatos y periodistas por igual han ignorado lo más importante: si, dada la situación, no estamos acaso viviendo en un país que se ha concedido a sí mismo un permiso respecto de la cuestión de los crímenes de guerra. El bombardeo de saturación en ciudades, la tortura de prisioneros y la tierra arrasada están contra la ley. De hecho, se trata de crímenes graves. El hecho de que ni siquiera los críticos de estos procedimientos sean incapaces de percibir estas acciones como crímenes de guerra sin duda puede atribuirse, al menos en parte, a que nadie –excepto algún personal militar de poca importancia o denunciante de la CIA que haya hablado públicamente sobre la agenda de torturas de la Agencia– ha sido procesado en Estados Unidos por la sorprendente serie de delitos cometidos en la llamada Guerra Contra el Terror.

El presidente Obama dispuso el escenario para este fracaso en enero de 2009, muy poco después de su primera investidura. Le dijo a George Stephanopoulos, de ABC News, cuando se trata del posible procesamiento de funcionarios de la CIA por la política estadounidense de torturas, “Necesitamos mirar hacia delante y no tanto hacia atrás”. Le aseguró a Stephanopoulos que él no quería las “personas extraordinariamente talentosas” de la Agencia “que están trabajando muy arduamente para mantener la seguridad de los estadounidenses… sientan de pronto que se deben pasar todo el tiempo mirando por encima del hombro y buscarse un abogado”. Tal como sucedió, lo de contratar un abogado nunca fue un problema. Al final, el ministro de Justicia Eric Holder rechazó presentar cargos contra cualquier funcionario de la CIA y cerró los dos únicos procesos abiertos por el departamento de Justicia. Tampoco necesitaron desperdiciar ni un centavo en abogados ninguno de los altos funcionarios responsables del programa de “interrogatorios mejorados”, entre ellos el presidente George W. Bush, el vicepresidente Dick Cheney, el secretario de Defensa Donald Rumsfeld y el director de la CIA George Tenet; cada uno de ellos está ahora publicando alegremente su autobiografía. O, en el caso de Jay Bybee y John Yoo, autores de los más infames “memorándums sobre tortura” del departamento de Justicia, están prestando servicio como juez federal u ocupando un bien remunerado puesto en la Facultad de Derecho de Universidad de California, Berkeley, respectivamente.

Posiblemente movido por la frustración por el último fracaso del gobierno de Obama a la hora de actuar, Human Rights Watch (HRW) publicó el 1 de diciembre de 2015 un informe de 153 páginas titulado “No más excusas”. En él, la organización hace una detallada relación de los delitos específicos del programa de tortura de la CIA por los cuales una docena de funcionarios del gobierno de Bush deberían haber sido llevados a juicio y procesados. HRW señalaba que, de hecho, esos enjuiciamientos no eran una cuestión discrecional. Debían responder ante la ley internacional (aunque los supuestos criminales hayan gobernado la última superpotencia del planeta). Por ejemplo, la Convención Contra la Tortura de Naciones Unidas, un tratado clave firmado por Estados Unidos en 1988 (durante la presidencia de Ronald Reagan) y ratificado finalmente en 1994 (durante la presidencia de Bill Clinton), conmina especialmente a nuestro país a tomar “medidas legislativas, administrativas, judiciales u otras igualmente efectivas para prevenir el ejercicio de la tortura en cualquier territorio bajo su jurisdicción”.

No importa si se está librando una guerra o si hay descontento interno. La Convención es explícita: “No podrá invocarse ninguna circunstancia excepcional para justificar el empleo de la tortura, sea un estado de guerra, una amenaza bélica, una inestabilidad política interna o cualquier otra emergencia pública”.

Siempre que se utilice la tortura habrá una violación de ese tratado; eso la convierte en un crimen. Cuando es ejercida contra prisioneros de guerra, también se violan las Convenciones de Ginebra de 1949, por lo tanto se comete un crimen de guerra. No hay excepciones.

Sin embargo, cuando Obama reconoció que “torturábamos a algunas personas”, reclamaba una excepción para la tortura estadounidense. Nos advirtió contra la posibilidad de reaccionar exageradamente. “Es importante que no seamos mojigatos respecto del duro trabajo que esos muchachos han hecho en el pasado”, dijo refiriéndose a los equipos de torturadores de la CIA. Obama invocó el miedo de Estados Unidos –del mismo tipo del que estamos viendo una vez más después de lo de San Bernardino– como una circunstancia atenuante y nos recordó lo asustados que estábamos todos –incluso los agentes de la CIA– en los días posteriores al 11-S.

Da la casualidad, más allá de lo que puedan creer el ex profesor constitucionalista de la Casa Blanca o el constructor de hoteles Donald Trump, que la tortura continúa estando fuera de la ley. El hecho de que la población esté asustada por los posibles terroristas no cambia las cosas. Después de todo, es debido en parte a que la gente hace cosas terribles cuando está asustada que aprobamos leyes, de modo que –cuando el miedo nos nubla la mente– podamos recordar lo que decidimos que era lo correcto cuando los tiempos eran menos aterradores. Es por eso que la Convención Contra la Tortura dice “No podrá invocarse ninguna circunstancia excepcional” para excusar semejantes actos.

Pero la Convención de Naciones Unidas es solo un tratado, ¿no es cierto? No es realmente una ley. De hecho, cuando Estados Unidos ratifica un tratado pasa a integrar el cuerpo legal estadounidense, según dispone el Artículo VI de nuestra Constitución, que declara que la Constitución en sí misma y “todos los tratados celebrados o que se celebren bajo la autoridad de Estados Unidos, serán la suprema ley del país; los jueces de cada Estado estarán obligados a observarlos, a pesar de cualquier cosa en contrario que se exprese en la propia Constitución o las leyes de cualquier Estado”.

Por lo tanto, aunque de verdad funcione la tortura, continuará siendo ilegal.

Los crímenes de guerra para los años venideros

¿Qué hay de las otras propuestas que hemos escuchado de boca de los candidatos republicanos? Algunas de ellas son ciertamente crímenes de guerra. “Bombardeo de saturación” es una metáfora que describe una auténtica pesadilla producida por el poder aéreo (como muchos vietnamitas, laosianos y camboyanos la vivieron en nuestras guerras en Indochina), implica la saturación de toda una zona con la cantidad suficiente de bombas como para que no quede nada en pie, sin tener en cuenta la vida de quienes puedan estar allí. Es ilegal en el contexto de las leyes de la guerra porque no distingue entre civiles y combatientes.

Dado que el bombardeo aéreo no había sido inventado cuando en 1907 se firmaron las Convenciones de La Haya, el bombardeo de saturación no se menciona específicamente en la lista de “medios de hacer daño al enemigo, asedios y bombardeos” prohibidos. No obstante, en el meollo de las Convenciones de La Haya, como también en las leyes y costumbres de la guerra, está presente la crucial distinción entre combatientes y civiles. La destrucción total de una zona poblada con el fin de eliminar a un puñado de militares viola el antiguo e internacionalmente reconocido principio de proporcionalidad.

En otra vergonzosa excepción, Estados Unidos nunca ha ratificado el párrafo agregado, en 1977, a las Convenciones de Ginebra que pone específicamente fuera de la ley el bombardeo de saturación. El Protocolo Adicional 1 se refiere concretamente a la protección de los civiles durante las acciones bélicas. Excepto los aliados de Estados Unidos como Turquía e Israel, 174 países han ratificado el Protocolo 1, que convierte explícitamente el bombardeo de saturación en un crimen de guerra.

Si Estados Unidos no ha ratificado el Protocolo 1, ¿significa eso que tiene la libertad de violar sus disposiciones? No necesariamente. Cuando la gran mayoría de los países asumen este acuerdo lo convierten en una “ley internacional de usos”, es decir, un conjunto de principios que tienen fuerza de ley, aunque no estén escritos ni ratificados. La Comisión Internacional de la Cruz Roja lleva una lista de esas reglas de uso. Una parte de ellas establece explícitamente que los “ataques indiscriminados”, entre ellos el “bombardeo de zona”, son ciertamente ilegales en el contexto del derecho consuetudinario.

La promesa del senador Cruz de averiguar si la arena resplandece en la oscuridad, presumiblemente mediante el empleo de armas nucleares, violaría las prohibiciones de la Convención de La Haya de 1907 sobre la utilización de “armas venenosas o con venenos” y sobre el uso de “armas, proyectiles diseñados para que produzcan sufrimiento innecesario”. Importa tanto que Estados Unidos no haya ratificado esta convención de hace más de un siglo como que la Constitución tiene más de 200 años de edad. Ante la sugerencia de Jeb Bush de que quitaremos los abogados “encaramados en la espalda de los guerreros”, ambas siguen siendo la ley de la tierra.

El que parezca no tener fuerza de ley en Estados Unidos que la descripción de un posible futuro de crímenes de guerra pueda enardecer a multitudes frenéticas en esta temporada política representa un notable fracaso de la voluntad política, particularmente de la disposición del gobierno de Obama de llamar como tal al crimen y actuar en consecuencia. En el ámbito mundial, es más un fracaso del poder que de la ley. Obviamente, procesar por crímenes de guerra a un ex autócrata africano o a un dirigente serbio es muy diferente y de una proporción inmensamente menor que llevar a los tribunales a altos funcionarios de la única superpotencia del planeta. Esto se ha hecho mucho más difícil porque, durante el gobierno de George W. Bush, Estados Unidos informó al mundo de que nunca ratificaría los acuerdos para crear el Tribunal Penal Internacional.

A la luz de San Bernardino

Human Rights Watch publicó su informe el pasado 1 de diciembre [de 2015]. Al día siguiente, el matrimonio formado por Syed Rizwan Farook y Tashfeen Malik atacó una fiesta en el Departamento de Salud Pública de San Bernardino (California) donde Farook trabajaba. Él y ella asesinaron a 14 personas antes de ser abatidos por la policía. Fue un crimen horrible; aparentemente –al menos en parte–, ambos habían sido motivados por el Califato Islámico, presente en las redes sociales (aunque de ninguna manera recibieran órdenes del Califato Islámico). Como es lógico, el informe de HRW desapareció de la vista del público como una piedra caída en un estanque. El informe incluye recomendaciones clave: que se designe un fiscal especial para investigar y llevar a juicio a los responsables de las prácticas de tortura en la CIA y que las víctimas de las torturas estadounidenses tengan garantías de resarcimiento judicial en tribunales de Estados Unidos, algo que en ambos casos fue rechazado ferozmente tanto por el gobierno Bush como por la de Obama, pese a que se trata de una exigencia clave de la Convención Contra la Tortura de la ONU.

Finalmente el año terminó y la maquinaria del miedo empezó a funcionar otra vez. Y, por parte de quienes aspiran a guiarnos, los estadounidenses recibieron el recordatorio de que ningún precio es demasiado alto cuando se trata de pagar nuestra seguridad… en la medida que sean otros quienes paguen. Para 2016 se espera más de lo mismo.

Sin embargo, es precisamente ahora, cuando estamos más asustados, el momento en que nuestros dirigentes –de hoy y del futuro– no deberían alimentar nuestros miedos. En lugar de eso, deberían recordarnos que hay algo más valioso –y más fácil de conseguir– que la seguridad perfecta. Deberían alentarnos a no tratar de logra una cobarde exención de las leyes de la guerra, sino a ser valientes y atenernos a ellas. Por lo tanto, éste es el reto: ¿seremos esta vez capaces de tener el valor de resistir a la maquinaria del miedo? ¿Tendremos la voluntad de llevar a juicio los crímenes de guerra del pasado y prevenir aquellos que nuestros candidatos proponen a viva voz? ¿O permitiremos que nuestro país siga siendo eso en lo que se ha convertido: una terrible y aterradora excepción en el cumplimiento de la ley internacional?

Rebecca Gordon http://www.tomdispatch.com/blog/176087/tomgram%3A_rebecca_gordon%2C_american_war_crimes%2C_yesterday%2C_today%2C_and_tomorrow

Los nazis de la marca Chanel no venden sus baratijas a los rusos

Las tiendas oficiales de Chanel se niegan a vender sus baratijas a los ciudadanos rusos. Los demás clientes deben firmar un formulario en el que declaran que no llevarán los artículos vendidos por la marca a Rusia.

“No vivo en Rusia y no lo llevaré en el territorio de Rusia”, prometen los compradores de Chanel.

80 años después, Chanel vuelve por sus fueros, que son nazis.

Durante la ocupación francesa por los nazis, Gabrielle “Coco” Chanel fue colaboracionista y espía del III Reich. Tenía vínculos muy estrechos con los alemanes: era la soplona F-7124, según los archivos de la Abwehr, la inteligencia militar alemana.

Su nombre en clave era “Westminster”. El espionaje alemán le llamaba así porque había sido la amante de Hugh Richard Arthur Grosvenor, el Duque de Westminster.

En 1933, tras su llegada al poder, Goebbels nombró al barón Hans Gunther von Dincklage agregado de la embajada alemana en París. Era una tapadera. En realidad Dincklage era la antena de la Abwehr en la capital francesa, donde conoció a Coco Chanel. Ambos fueron amantes.

Durante la ocupación francesa, mientras los demás franceses resistían y luchaban para salir adelante, Coco Chanel vivía en el Hôtel Ritz, que era el cuartel general del ejército alemán Según el periodista de investigación Hal Vaughan, “los nazis estaban en el poder y Chanel gravitó hacia el poder”.

En 1941 el espionaje nazi la envió a Madrid durante unos meses para reclutar espías. Viajó  con otro francés que trabajaba para espionaje alemán, el baron Louis de Vaufreland, con la excusa de hacer negocios. Según Vaughn, existe un registro de su cena con el diplomático británico Brian Wallace.

La diseñadora de moda se aprovechó de los nazis para lograr sus objetivos empresariales. En 1924 la familia judía Wertheimer había apoyado el lanzamiento de su línea de perfumes a cambio de la mayor parte de los beneficios. Pero cuando los nazis expropiaron los negocios a los judíos, Chanel vio la oportunidad de aprovecharse del momento y apoderarse del negocio de quienes le habían ayudado.

Tras la derrota de Stalingrado, el general Walter Schellenberg, de las SS, le encargó otra misión, la “Operación Modellhut”, para negociar una paz por separado con Churchill. Chanel organizó la liberación de Vera Lombardi, una amiga común de Churchill y ella, de una prisión italiana. Viajaron a Madrid con Dincklage, donde Lombardi recibió instrucciones de entregar la carta de Chanel a Churchill en la embajada británica.

Sin embargo, este plan fracasó cuando Lombardi denunció a Chanel y a sus socios como espías alemanes. Lombardi fue detenida de nuevo y Chanel consiguió volver a París sana y salva.

Tras la liberación de Francia, le pidieron cuentas. En setiembre de 1944 fue detenida e interrogada por el Comité de Depuraciones de la Francia Libre. La liberaron posteriormente como un favor personal a Churchill por el intento de negociaciones durante la guerra.

Francia la desterró y durante 10 años tuvo que residir en Suiza con el nazi Dincklage. Toda su vida, Coco Chanel fue una nazi repugnante que aborrecía a todos lo que significara progreso, sindicalismo o revolución. Hoy sería la reina del pijerío.

Su marca comercial nunca ha criticado las deportaciones, ni los campos de concentración, ni las masacres, ni los crímenes de guerra perpetrados por las divisiones de la SS y la Gestapo.

Propaganda de guerra: Putin y la Memoria Histórica

Desde el comienzo de la operación especial rusa en Ucrania, se han empleado todo tipo de argumentos para justificar el apoyo al gobierno del neonazi Zelensky. El empleo de la propaganda de guerra mostrando al temible oso ruso frente a un pobre corderito ucraniano condiciona a la población para tomar partido en defensa del gobierno ucraniano, nacido las protestas democráticas del Euromaidán y que hoy, con los pocos medios que tiene, hace frente a un enemigo muy superior. El gobierno de Zelensky queda a la altura de los héroes macedonios frente a los malvados persas del rey Darío que pretendían invadir su nación.

La propaganda de guerra atlantista, otánica u occidental  tiende a personificar todos los males en un único individuo, para que la población sepa identificar a su enemigo. Cuando EEUU tuvo que intervenir en la Segunda Guerra Mundial contra el Eje (después de financiarlo), la propaganda se dirigió contra Hitler, Mussolini y el emperador Hiroito. Durante la Guerra Fría, la propaganda occidental se dirigió en personalizar sobre los líderes soviéticos y chinos.

Con la Revolución Cubana, Fidel Castro se convirtió en su objetivo. En los 80 y 90, el objetivo fue Yugoslavia. Cuando ocurrió el 11-S, el enemigo número uno de la Humanidad fue un saudí llamado Osama Ben Laden. Cuando en 2003 se invadió Iraq bajo la excusa de las “armas de destrucción masiva” que nunca se encontraron, el enemigo fue Sadam Hussein. Lo mismo ocurrió en 2011 cuando se invadió Libia con Gaddafi. Lo mismo más tarde en Siria con el presidente Bashar Al Assad.

Pero en el caso español se ha ido más allá, se ha querido tocar la fibra más sensible de una parte de la población. Bajo la comparación del gobierno Zelensky/Frente Popular vs. Vladimir Putin/Hitler, Mussolini y Franco, se dirige la opinión hacia el puerto que quiere este gobierno. Si eres un demócrata y defiendes un modelo republicano para España, tienes que estar con los ucranianos. Mira lo que pasó con la República por dejarlos abandonados

Una afirmación simple a la vez que falsa que ha posicionado a una parte de la población española, sobre todo aquella que miró con esperanza la llegada del gobierno de UP-PSOE en 2019 (entre otras cosas, por su compromiso con la investigación de los crímenes del franquismo). Con esta propaganda, tenemos en el imaginario de la población un Franco (Putin) que quiere invadir un país y un gobierno democrático (Zelensky) que se defiende sólo con la ayuda de las democracias europeas. ¿Acaso no les enternece esta historia?

Desde hace varios años estudio la Guerra Civil en una región de la provincia de Guadalajara. Una región fría donde los fascistas la ocuparon con cierta rapidez y donde los campesinos que huyeron se organizaron en guerrillas para hacer frente a caciques y patrones que venían con el ejército golpista. Los primeros que vinieron a entrenar a estos campesinos de Molina de Aragón fue un grupo de soviéticos (1) que no tenían ninguna relación con España: lo único que les unía era la solidaridad y la lucha contra el fascismo.

No vinieron las democracias occidentales a ayudar al sí elegido democráticamente gobierno del Frente Popular. Esas democracias que hoy sí ayudan a Ucrania armando y financiando batallones de neonazis bloquearon cualquier ayuda contra la República Española. Mientras los soviéticos sí enviaban armas y tropas al gobierno  legítimo, las democracias europeas ejecutaban un embargo en su contra. Mientras el embajador franquista en Londres era el Duque de Alba Jacobo Fitz-James Stuart y se reunía con toda la élite británica, el embajador republicano Pablo de Azcárate era ninguneado por el gobierno de Su Majestad. Mientras Francia permitió operar a los agentes franquistas en su territorio, los barcos soviéticos con armas para la República eran requisados por la autoridad francesa (2) en Marsella o Toulon. Éstas son las democracias con las que se alinea España.

A día de hoy, 83 años después de terminada la guerra en España con la victoria de los fascistas y 77 de la victoria del Ejército Rojo sobre los nazis en Berlín podemos resumir que: 1) los soviéticos que vinieron a entrenar a campesinos españoles siguen siendo recordados en Rusia con todos los honores por su labor antifascista (3). En Rusia no existe un Valle de los Caídos y, 2) que los que se levantaron en 1936 contra la penetración judeobolchevique y masónica traída por agentes de la Komintern y la III Internacional son los mismos que azuzan ahora el odio contra todo lo ruso. Se vistan del color que se vistan. Desde los diputados de Vox a los ministros de Unidas Podemos: todos se han mostrado a favor del envío de armas a los batallones neonazis.

Los discursos de Franco y Serrano-Súñer culpando al comunismo y su penetración en España del caos y del hundimiento económico en postguerra, se han transformado en los discursos de Pedro Sánchez, Yolanda Díaz o Gabriel Rufián culpando a Putin de la subida de los carburantes, la subida de la luz o del paro de los camioneros.

La memoria histórica no puede convertirse en un instrumento para la guerra contra un pueblo hermano. Un pueblo que enterró en España a cientos de compañeros que lucharon contra el fascismo junto con nuestros abuelos. Un pueblo que sufrió en sus carnes la barbarie y perdió a 27 millones de personas. No caigamos en los argumentos banales y absurdos. En Ucrania gobiernan neonazis y quien se diga un defensor de la Memoria Histórica no puede estar del lado de fascistas, tiene que estar del lado de quienes liberan a los pueblos del fascismo.

(1) La Brigadista de Elizaveta Parzhina, traductora y guerrillera soviética destinada a Zaorejas, frente del Alto Tajo (Guadalajara). En sus memorias, recuerda con mucho cariño su etapa en España y su paso por Guadalajara.

(2) Existen registros de que estos tanques requisados por el gobierno francés en 1938, acabaron siendo transferidos por el gobierno de Vichy y utilizados por el ejército alemán en el frente soviético.

(3) En el caso del destacamento que estuvo en el frente de Guadalajara, su mando más inmediato fue el osetio Haddji Umar Mamsurov al que se le recuerda en su ciudad natal de Vladikavkaz con un mural de varios metros y la bandera republicana de fondo https://www.alamy.es/un-edificio-residencial-con-una-gran-imagen-pintada-de-khadzhi-colonel-general-umar-mamsurov-1903-1968-heroe-de-la-union-sovietica-uno-de-los-comandantes-clave-del-servicio-de-inteligencia-militar-sovietico-en-vladikavkaz-la-ciudad-cap

Las raíces históricas del problema del Donbas, la ‘Tierra Salvaje’

Los acontecimientos actuales han vuelto a poner en el punto de mira al Donbas, una región histórica en la frontera entre Ucrania y Rusia. En términos históricos, esta región ha surgido hace poco y siempre ha sido un poco atípica. Es importante entender su evolución al analizar esta crisis, que comenzó en 2014.

Hoy en día, Donbas es una región industrial y minera, pero durante mucho tiempo estuvo prácticamente deshabitada. La zona esteparia situada a lo largo de las fronteras meridionales de la “Rus” medieval (que aún no estaba dividida en Rusia, Ucrania y Bielorrusia) se denominaba “Tierra Salvaje”. Era el hogar de pueblos nómadas y los agricultores se desplazaban hacia el sur con gran dificultad. Tras la invasión de los mongoles en el siglo XIII, el desierto era un lugar peligroso.

Hace unos cuatrocientos años, algunos agricultores de Rusia y Ucrania comenzaron a instalarse gradualmente en el futuro Donbas.

En el siglo XIX se produjo un gran avance, cuando los yacimientos de carbón descubiertos allí se hicieron necesarios para la industria. Fue entonces cuando se fundaron muchas de las ciudades sin las que es imposible imaginar el Donbas actual. En 1869, el industrial británico John Hughes construyó una fábrica en torno a la cual creció el pueblo de Yuzovka, que recibió varios nombres, entre ellos Stalino, antes de que un residente lo rebautizara como Donetsk en 1961.

En 1868, apareció Kramatorsk, y en 1878, Debaltseve. Las ciudades se desarrollaron rápidamente. Los yacimientos de carbón y el creciente número de fábricas constituían la “cara” única de la región. Lo mismo ocurre con el paisaje: vayas donde vayas en el Donbas moderno, los gigantescos vertederos llaman la atención. El Donbas se formó como una región industrial y sus ciudades y fábricas se encuentran a menudo, incluso hoy. La región estaba habitada por varias corrientes de colonos procedentes de Rusia y Ucrania y su población era muy diversa, pero sus pueblos se mezclaban fácilmente debido a la proximidad de sus lenguas y culturas.

Su desarrollo meteórico a finales del siglo XIX y principios del XX, cuando se convirtió en una enorme mina y forja para el Imperio Ruso, la convirtió en el Donbas que conocemos hoy.

Mucho cambió en 1917. Dos revoluciones y una guerra civil dividieron la historia de toda Rusia en “antes” y “después”.

Tras la revolución de febrero, cuando cayó la monarquía, un comité provisional gobernó la región. Mientras tanto, la Rada Central de Kiev declaró a Ucrania autónoma, antes de hacer una declaración de independencia tras la Revolución de Octubre. La Rada formuló amplias reivindicaciones territoriales, que incluían el territorio de Donbas. Sin embargo, esto no es del todo así. Yuzovka era una ciudad fronteriza, según las estipulaciones de la Rada. El matiz es que la Rada no tenía autoridad sobre la mayoría de estos territorios, y rápidamente se enemistó con el gobierno provisional de Petrogrado.

La Revolución de Octubre

Toda la disputa podría haberse acallado en el debate parlamentario, pero el 7 de noviembre de 1917 tuvo lugar la revolución socialista. Después, los acontecimientos se sucedieron rápidamente. En Kiev, el levantamiento comunista fue reprimido y los oficiales rusos, que consideraban a la Rada un mal menor que los rojos, participaron activamente en él.

Mientras tanto, en el este de la autoproclamada Ucrania, se formó una coalición muy inusual. Su centro era Jarkov, una gran ciudad industrial que no formaba parte de la región de la cuenca de Donetsk, pero que estaba estrechamente vinculada a ella. Para entonces, ya había surgido la identidad propia del Donbas. Aunque la región estaba dividida administrativamente en tres entidades, tenían una economía e intereses comunes.

Mientras la Rada estaba reunida, los consejos locales del este de Ucrania anunciaron la unificación de los yacimientos de carbón de Donbas y Krivbass. Esto incluía también ciudades pertenecientes a la región del ejército cosaco del Don, como Mariupol y Krivoy Rog, que administrativamente formaba parte de la provincia de Jerson, así como Jarkov. Esta estructura, llamada informalmente “Donkrivbas” o simplemente “Donbas”, no reclama la independencia y considera absurda la idea de separarse de Rusia, considerándose autónoma dentro de ella. Además, sus creadores no estaban interesados en los planes de independencia de Ucrania.

Nikolai von Ditmar, presidente del Consejo de Congresos Mineros del Sur de Rusia, señaló: “Desde el punto de vista industrial, geográfico y práctico, toda esta región es completamente diferente de Kiev. Todo este distrito tiene una importancia fundamental completamente independiente para Rusia y vive una vida aparte. La subordinación administrativa del distrito de Jarkov a Kiev no está en absoluto justificada, sino que, por el contrario, no se corresponde con la realidad. Esta subordinación artificial no hará más que complicar y entorpecer la vida del distrito, sobre todo porque esta subordinación está dictada por cuestiones de conveniencia y exigencias estatales, y exclusivamente por las reivindicaciones nacionales de los dirigentes del movimiento ucraniano”.

La República Soviética de Donetsk-Krivoy Rog

En febrero de 1918, Fyodor Sergueyev, un bolchevique conocido por el seudónimo de Artyom, proclamó la República Soviética de Donetsk-Krivoy Rog (RKK) como región autónoma dentro de la RSFSR, o Rusia Soviética.

¿Era legítimo el DKR? Ni más ni menos que cualquier otra entidad autoproclamada formada sobre las ruinas del Imperio ruso, donde los estados proclamaron su independencia sólo para colapsar en una semana. Otro ejemplo fue la “Ucrania Verde”, un intento de fundar un estado ucraniano independiente cerca del Océano Pacífico. Este proyecto se centró en la ciudad de Jabarovsk, que se encuentra a 8.924 kilómetros de Kiev.

El proyecto del DKR no fue una idea de la dirección del partido bolchevique. Surgió precisamente sobre la base de una identidad regional que ya se había formado. El dirigente Vladimir Lenin estaba al tanto de la próxima creación del DKR y no se opuso a ella. Las fronteras reclamadas por Artyom para la república eran más modestas que las trazadas por la Rada, pero seguían siendo muy amplias. El problema del DKR es el mismo que el de la Rada: el control real sobre el territorio es muy tenue, si no inexistente. El DKR tenía su propio gobierno, que incluía representantes de tres partidos de izquierda: los bolcheviques, los mencheviques y los socialrevolucionarios. Algunos de los matices de su legislación parecen muy inusuales y suaves para los estándares de la época y el lugar. Por ejemplo, la pena de muerte estaba oficialmente prohibida. En general, Artyom y su equipo tenían fama entre los bolcheviques de ser liberales de corazón blando que obstaculizaban la represión y liberaban a los “burgueses” de la cárcel.

En resumen, en la escala de la Rusia devastada por la guerra civil, el DKR era un verdadero bastión de la humanidad. En realidad, no todo salió tan bien como los creadores de la república hubieran querido. Por ejemplo, las represalias arbitrarias están prohibidas, pero las autoridades locales las practican en secreto. Sin embargo, la tendencia general fue más benévola que en otros lugares.

El principal problema era que Artyom y sus camaradas no podían mantener el poder. El ejército alemán, que proseguía su ofensiva en la Primera Guerra Mundial, entraba por el oeste y las fuerzas de Berlín destruyeron el DKR en mayo de 1918.

El Donbas y toda Rusia se hundieron en el abismo. Al principio los alemanes saquearon la región. Luego se convirtió en el escenario de las batallas entre los rojos y los blancos, los principales protagonistas de la guerra civil.

Sin embargo, la “especificidad” del Donbas no desapareció. El debate sobre cómo tratar la región continuó hasta 1923. El lugar de la región en el nuevo orden no estaba nada claro. Sus ciudades eran predominantemente rusas, tanto en lengua como en identificación. Sin embargo, las fuerzas de ocupación alemanas instalaron un gobierno ucraniano colaboracionista. Los alemanes y los ucranianos fusilaron a los opositores políticos y a los sospechosos de simpatizar con los rojos.

Al mismo tiempo, el gobierno ucraniano comenzó a aplicar una política de “ucranización”, es decir, un intento de imponer su propia lengua e identidad a la población local. Una de sus primeras exigencias fue: “En todas las instituciones públicas de la región de Járkov, todos los asuntos deben llevarse a cabo sólo en la lengua ucraniana”. Otra exigencia fue “que todas las instituciones sustituyan toda la escritura de los carteles, pósters y anuncios por la lengua ucraniana en un plazo de tres días”.

Las declaraciones de los dirigentes de que es imposible sustituir la escritura en tres días no se consideran convincentes porque algunas instituciones ya han cumplido esta orden. “Si los carteles, pósteres, anuncios, etc. no han sido sustituidos por los que contienen la lengua del Estado en el plazo previsto, los jefes designados de los distritos, los departamentos de transporte y las oficinas de correos serán severamente castigados de acuerdo con las leyes de la República Popular de Ucrania”.

Estos intentos fracasaron por una razón trivial: no había suficientes expertos en lengua ucraniana para introducir el idioma en las escuelas y oficinas. La situación alcanzó el nivel de comedia cuando el jefe de la comisión de ucranización saludó a sus subordinados en ucraniano, tras lo cual todos cambiaron al ruso.

Los rojos contra los blancos

Tras la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial, el Donbas fue fácilmente despejado de formaciones ucranianas, y comenzó la verdadera lucha: entre los rojos y los blancos. Sin embargo, la cuestión del estatus de Donbas sigue sin resolverse.

Ni los rojos ni los blancos reconocieron un Estado ucraniano independiente. Los bolcheviques, por su parte, acogieron la creación de Ucrania, pero sólo una Ucrania estrictamente roja. Sean cuales sean los deseos de la Rada, no podía asegurar sus reivindicaciones por la fuerza de las armas, y la autoridad sobre las ruinas de Rusia sólo podía imponerse bajo la amenaza de las armas.

Artyom insistió en que la región debía formar parte de la Rusia soviética, basándose en los vínculos económicos y el idioma de la población. Sin embargo, esta idea fue torpedeada nada menos que por Lenin, quien inmediatamente se burló de la idea de recrear el DKR, declarando que era “jugar con la independencia”. La lógica en la que los dirigentes soviéticos basaron la inclusión de Donbas en Ucrania es interesante: “Separar de Ucrania las provincias de Jarkov y Ekaterinoslav (actual Dnepropetrovsk) creará una república campesina pequeñoburguesa y provocará el temor perpetuo de que la mayoría campesina se imponga en otro Congreso de los Soviets, porque los únicos distritos puramente proletarios son las zonas mineras de la cuenca de Donetsk y Zaporozhye”.

La ucranianización del Donbas

Los bolcheviques, que contaban con el apoyo mayoritario de los obreros, machacaron literalmente la zona de Ucrania, precisamente porque la región industrial era muy diferente del resto de la república. Artyom murió en un accidente ferroviario en 1921 y, por supuesto, no pudo evitarlo. Donbas se incorporó a la Ucrania soviética sin ningún estatus especial y se lanzó una campaña de “indigenización” en la región. La ideología soviética exigía que la cultura, la lengua y las tradiciones de los pueblos considerados autóctonos se implantaran literalmente en las repúblicas nacionales. La URSS, especialmente en los primeros tiempos, mantuvo una especie de política gubernamental de “discriminación positiva”. Uno de los líderes de la naciente Unión Soviética, Nikolai Bujarin, formuló la tarea de la siguiente manera:

“Ni siquiera se puede abordar esta cuestión desde el punto de vista de la igualdad de las naciones, y Lenin lo ha demostrado repetidamente. Por el contrario, debemos decir que nosotros, como nación ex-grande potencia, debemos… ponernos en una posición desigual haciendo concesiones aún mayores a las tendencias nacionales… Sólo con una política así, cuando nos ponemos artificialmente en una posición inferior en relación con los demás, podemos comprar para nosotros a este precio la verdadera confianza de las naciones antes oprimidas”.

La ucranianización del Donbas se llevó a cabo de forma sistemática y con la rigidez típica de la URSS. Se prohibió cualquier mención a la época en que la región era autónoma, se intentó introducir la lengua ucraniana en todas partes y, en 1930, se detuvo a varios profesores universitarios por negarse a cambiar a la lengua ucraniana y adoptar la “cultura ucraniana”. La ucranización de la prensa, la educación y la cultura continuó hasta la segunda mitad de la década, cuando José Stalin dio una dirección diferente a la política nacional.

Sin embargo, el carácter distintivo del Donbas, aunque algo difuminado, no había desaparecido por completo. El modo de vida de la región seguía siendo muy diferente al del resto de Ucrania. Esta región industrial, de habla rusa y mayoritariamente rusa, conservó su carácter distintivo tanto durante las increíbles convulsiones de la primera mitad del siglo XX como en el periodo de estancamiento del final de la URSS. Y también se ha conservado desde el colapso de la Unión Soviética en 1991.

Evgeniy Norin https://www.rt.com/russia/552285-Donbas-russia-ukraine-history/

Ucrania: ¿por qué lo llaman ‘nacionalismo’ cuando quieren decir fascismo?

Cuando Putin emitió el mesaje previo al ataque por televisión, en el que negaba a Ucrania como nación y decía que era una creación de los bolcheviques, artificiosa se podría decir, el New York Times salió en defensa de… los bolcheviques: Ucrania es una nación.

Las guerras tienen estas cosas y en medio de los bombardeos mediáticos los conceptos se difuminan porque estamos ante “la continuación de la política por otros medios”. Pero ocurre que algunos tampoco saben de qué política están hablando cuando se refieren al “nacionalismo ucraniano” para referirse al fascismo. Lo mismo que España, Ucrania tampoco es un Estado fascista.

Para eludir cualquier compromiso con la verdad, las peroratas se llenan de esos adjetivos sacados de las facultades de ciencias políticas. En Ucrania no hay fascismo sino “extrema derecha”, o quizá “ultranacionalistas”, que son una minoría… Son los recursos típicos de los charlatanes, tan en boga ahora mismo.

En Ucrania las organizaciones que se califican a sí mismas como “nacionalistas” surgen en los años veinte de la misma manera que todos los demás grupos fascistas: como una tropa de choque contra el movimiento obrero y contra la URSS. La OUN (Organización de Nacionalistas Ucranianos) no se funda en el interior de Ucrania sino en Praga y basta leer sus estatutos para encontrar términos como “caudillo” (vozhd).

Lenin tenía plena razón cuando sostuvo que Ucrania era una nación y que, como tal, tenía derecho a la autodeterminación. Como tantos otros países de centroeuropa, Ucrania consiguió su independencia gracias a la Revolución de Octubre. Los campesinos ucranianos combatieron en las filas del Ejército Rojo en la guerra civil y tras la victoria de 1919 pusieron fin a la “carcel de pueblos” que había sido el zarismo.

Al formarse la URSS, Ucrania se incorporó. Entonces era un país agrario muy atrasado, el terreno propicio para la colectivización agraria, previa a los planes quinquenales. Contra ella se levantaron los “kulaks”, los campesinos más acomodados que se pasaron a las filas de la reacción y el sabotaje. Muchos de ellos huyeron fuera de la URSS, creando organizaciones claramente fascistas como la OUN.

En tiempos de la URSS, a pesar de que ciertos sectores políticos han acusado al partido bolchevique de “rusificación”, Ucrania fue tratada con la más exquisita de las deferencias. Los planes quinquenales invirtieron cuantiosas sumas de dinero para industrializar al país, cuyas fronteras no cesaron de extenderse hacia regiones, como Crimea o Besarabia, que jamás tuvieron nada que ver con Ucrania.

El proceso culminó en 1945 cuando Ucrania se sentó con voz propia entre los países fundadores de la ONU. Se lo merecía porque fue uno de los territorios en los que la guerra mundial causó más estragos.

Bajo el III Reich los “nacionalistas” ucranianos pusieron de manifiesto su verdadera naturaleza política al inventar un estado títere y reclutar tropas para combatir contra el Ejército Rojo y ejecutar operaciones de castigo contra la guerrilla antifascista. Aquellos “nacionalistas” tan condecorados hoy procedieron a una limpieza étnica, asesinando masivamente a numerosas poblaciones. Por ejemplo, las matanzas entre los polacos se calculan entre 40.000 y 60.00 personas, y si el gobierno de Varsovia ahora necesita olvidarse de ellas, aún están calientes en la conciencia de las masas.

Los vínculos entre los nazis alemanes y los “nacionalistas” ucranianos son anteriores a la guerra. En 1933 dos dirigentes de la OUN, Yevhen Konovalets y Richard Yari, iniciaron las negociaciones con la Gestapo. Ese mismo año Stepan Bandera fue nombrado jefe de la zona occidental de la OUN en Berlín y al año siguiente se convirtió en agente de la Gestapo. Casi todos los dirigentes “nacionalistas” ucranianos, como Yari y Bandera, eran miembros de la Abwehr, la inteligencia militar del III Reich.

A partir de 1933 la OGPU soviética inició una caza implacable por Europa para localizar y ejecutar a los dirigentes de la OUN. En 1938 voló por lo aires con explosivos a Konovalets en Rotterdam.

Mark PaslawskyEn 1941 los nazis entregaron 2,5 millones de marcos a sus colegas ucranianos de la OUN, que crearon la Legión Ucraniana, compuesta por los batallones Nachtigall y Roland, una fuerza de choque de la Wehrmacht que capturó Lvov el 29 de junio, proclamando la “independencia” de Ucrania al día siguiente. Con ella llegaron los pogromos y las matanzas. En abril de 1943 se inició la limpieza étnica de Galicia para exterminar a los polacos, entre otras poblaciones.

Algunos creen que el “nacionalismo” consiste en venderse al mejor postor, así que cuando en 1945 tras el III Reich llegó Estados Unidos, comenzaron las diversas operaciones de sabotaje contra la URSS que ya hemos referido aquí en entradas anteriores.

Pero el falso nacionalismo ucraniano no sólo se retrata en sus organizaciones, sino también en sus personajes, del cual el más conocido es Stepan Bandera. Otros como Mykola Lebed no lo son tanto, a pesar de haber sido condenado a muerte en Polonia en 1934 por el asesinato del ministro del Interior, Bronislaw Pieracki.

En 1945 la CIA refugió a Lebed en Estados Unidos, donde murió en 1998, aunque la fecha no se conoce con exactitud porque su expediente sigue siendo confidencial. Pero de Lebed hablaré en otra ocasión. Ahora me conformaré con decir que un sobrino de Lebed, Mark Paslawsky, alias “Franko”, que aparece en la foto anexa, murió en 2014 cerca de Donetsk combatiendo contra las milicias del Donbas.

¿Les suena eso de “Franko”? La historia dibuja estos círculos curiosos, como un rizo que empieza y acaba en el mismo sitio.

Matanza de Baguz, en Siria: un bombardeo estadounidense asesinó a 80 civiles, en su mayoría mujeres y niños

Es muy probable que no hayan oído hablar nunca de la matanza de Baguz, ocurrida en Siria, en marzo de 2019, cuando los F-15 estadounidenses bombardearon a la población civil, asesinando a 80 personas al menos, en su mayoría mujeres y niños.

No han oído hablar de ello porque los medios de intoxicación callaron, como es costumbre entre los portavoces de la OTAN. Utilice un buscador a ver si encuentra algo por algún rincón de internet.

Los medios tejieron la consabida cortina de humo: en Baguz se entabló una “batalla por el último reducto” del Califato Islámico, dijo El País (1). Ahora a las masacres las llaman así: batallas.

No hubo tal batalla. Los mismos medios que promovieron la falsa historia difundida por el Pentágono, que se trató de una “batalla por el último reducto” del Califato Islámico, cambiaron luego de lenguaje: fue sin querer, un error lamentable en el que murieron decenas de civiles.

Después del engaño, el New York Times se enorgulleció de haber destapado el fraude (2). El lenguaje había cambiado y dieron la oportunidad al Pentágono de edulcorar la matanza. Fue un bombardeo con las mejores intenciones. Se produjo “en los últimos días de la batalla contra el Califato Islámico, cuando los miembros de la otrora feroz organización estaban acorralados en un campo de tierra junto a una ciudad llamada Baguz”.

También era mentira.

Lo que bombardeó la Fuerza Aérea de Estados Unidos fueron los emplazamientos del ejército regular sirio en las afueras de Baguz, en un intento de eliminar su presencia en esa parte de la frontera para entregársela a sus sicarios kurdos de las FDS.

En marzo de 2019 no había terroristas del Califato Islámico en Baguz. Era entonces y sigue siendo ahora una ciudad dominada por los kurdos, aunque hay puestos de control de ejército regular sirio en las afueras, algo muy común en el este de Siria.

Mientras que el ejército estadounidense se posicionó a lo largo de toda la frontera sirio-irakí, desde Hasakah en el norte hasta Al-Tanf en el sur, para dividir a las fuerzas de la resistencia siria, la zona de Baguz fue y sigue siendo el único cruce que no lograron controlar.

A causa de ello, ha habido y sigue habiendo muchos ataques con misiles y aviones no tripulados estadounidenses e israelíes en esa zona fronteriza estratégica, tanto antes como después de la masacre de Baguz, todos dirigidos a las fuerzas sirias, iraníes e irakíes.

La masacre de Baguz recuerda el bombardeo de Estados Unidos en septiembre de 2016 contra las tropas sirias apostadas en la montaña de Thardeh, detrás del aeropuerto de Deir Ezzor, que ayudó al Califato Islámico a apoderarse de esa posición estratégica.

Entonces, un bombardeo cuidadosamente planificado por las fuerzas aéreas estadounidenses y australianas, que duró una hora y mató a más de 120 soldados y fue calificado simplemente de un “error”. Los medios de comunicación occidentales no cuestionaron esa absurda explicación, ni preguntaron cómo no se corrigió un “error”, que permitió al Califato Islámico tomar la montaña.

En todo el mundo los medios de comunicación lavan la cara de las sanguinarias guerras de agresión de la OTAN.

(1) https://www.elpais.com/elpais/2019/03/10/album/1552223612_290043.html
(2) https://www.nytimes.com/2021/11/13/us/us-airstrikes-civilian-deaths.html

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