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El móvil es el último cordón umbilical que nos une al mundo, sin él no existiríamos

En apenas veinte años los grandes monopolios tecnológicos han acumulado un enorme poder político y financiero. Su valor acumulado es superior al PIB de las mayores potencias económicas europeas.

En Europa han acuñado el acrónimo GAFAM (Google, Amazon, Facebook, Apple, Microsoft) y en Estados Unidos utilizan FAANG para referirse al mismo grupo monopolista, al que a veces añaden NATU para referirse a empresas como Netflix, Airbnb, Tesla y Uber. A ellos podríamos sumar Twitter o PayPal.

Las aplicaciones informáticas eliminan a los intermediarios para convertirse ellos en los únicos intermediarios, es decir, para imponer prácticas monopolistas.

Cada uno de los pasos que alguien da en este mundo, está bajo el control de esos monopolios. Una empresa, un banco, una institución, un partido político o una persona que no tiene un correo electrónico o una cuenta en Facebook, no existe. La declaración de la renta se hace en línea y las reuniones sociales y políticas también, así como los cursillos. Si sales de viaje, activas el GPS de tu móvil para que busques y para que te busquen.

La industria digital representa el 13 por ciento del PIB de los Estados Unidos. Sus monopolios no sólo recaudan dinero sino grandes masas de capital. Los fondos de capital de riesgo forman una piña con Silicon Valley.

Con las enormes masas de capital que acumulan compran empresas emergentes (start-up) para mantener su posición dominante. Facebook compró WhatsApp por 13.000 millones de dólares y Google compró DeepMind. La mercancía es la información y la información es poder.

Ninguno de esos monopolios es una empresa “privada”, en el sentido que se le da a este término en la ideología burguesa. Es puro capitalismo monopolista de Estado o, en otras palabras, otros tantos casos de “puertas giratorias”. Están muy estrechamente relacionadas con el imperialismo y el complejo militar-industrial. Desde 2016, Eric Schmidt, antiguo cabecilla de Google, preside el Consejo de Innovación en Defensa.

Durante el mandato de Obama los monopolios digitales han multiplicado por cinco sus gastos de cabildeo. Google ha reclutado a casi 200 funcionarios del equipo demócrata de gobierno.

Tanto en Wall Street como en la Casa Blanca no se está produciendo una mera sustitución de unos monopolios por otros, prueba de lo cual son los roces que estamos viendo a cada paso.

Con excepción de Peter Thiel, cofundador de PayPal y miembro de la junta directiva de Facebook, la banda de Silicon Valley está con los demócratas y los posmodernos que apoyaron a Hillary Clinton. Consideran a Trump como un personaje de la época de Eisenhower, cuando en las calles de Nueva York aún se paseaba con sombrero.

Por ejemplo, Silicon Valley no se opone a la política migratoria de Trump por razones humanitarias sino porque depende de la contratación de mano de obra extranjera. El 75 por ciento de los monopolios digitales no han sido son creados por estadounidenses sino por emigrantes. Lo mismo que Europa, Estados Unidos es un país muerto que no tiene otra vida que la que le dan los que llegan de fuera.

Silicon Valley se opone a Trump porque ha recortado los presupuestos federales de investigación en áreas estratégicas como la inteligencia artificial y la robótica, lo que va a repercutir en el mantenimiento de la supremacía militar de Estados Unidos.

Los monopolios tecnológicos han desempeñado un papel protagonista en la gestación del mito del “candidato manchú”, es decir, en la fabricación del bulo de la connivencia de Trump con Putin.

Las Operaciones Araña se han acabado porque no son necesarias. Ahora la censura la imponen los monopolios tecnológicos que eliminan las cuentas de un plumazo o sacan los artículos del buscador por antonomasia.

Se acabó aquello de “pienso luego existo”. No es necesario pensar. Hay que abrir una cuenta de correo electrónico, o un blog, o un perfil de Facebook. El móvil es el nuevo DNI. No existe nadie que no esté en una red social y no merece la pena ningún contenido que no aparezca entre los primeros resultados de Google. Existir es figurar en las redes, cuanto más mejor. Nos daremos cuenta de que no somos nada en cuanto nos quiten el móvil o la conexión a internet, porque las nuevas técnicas digitales son el único cordón umbilical que nos une al mundo.

El próximo virus que inventen se transmitirá por wifi o por bluetooth y entonces la tasa de mortalidad sí que será realmente espeluznante.

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Nos acechan, nos vigilan, nos controlan, nos espían y… nos venden al mejor postor

Cuando hace 30 años en España se aprobó la ley de videovigilancia, nos tranquilizaron de la manera acostumbrada: es por nuestra seguridad, para salvar a los buenos y atrapar a los malos. No se podrá hacer un mal uso de la intromisión en la vida privada de las personas porque estará bajo control judicial, Usted podrá reclamar…

Es lo mismo de siempre: todo lo hacen por nosotros, se ocupan de nuestros asuntos, cuidan nuestros derechos… En 1992 se creó la Agencia de Protección de Datos, pero no sabemos si les preocupan nuestros datos o los suyos.

Fíjese bien: Usted no tiene cámaras de videovigilancia que cuiden su casa, pero Pablo Iglesias e Irene Montero tienen 12 en la suya.

Después llegó la ley de seguridad privada que, como su nombre indica, se refiere a su seguridad porque nosotros nunca hemos llevado guardaespaldas.

Nos juraron por lo más sagrado que las cámaras de vigilancia nunca enfocarían a la calle, pero todas las ciudades del mundo se han llenado de ellas, lo que divide a las personas en dos: unos vigilan y otros somos vigilados.

Con la llegada de internet, las viejas cámaras CCTV (circuito cerrado de televisión) se han conectado a las redes digitales y una de las mejores diversiones es engancharse a ellas para ver la casa de un vecino en albornoz que vive en sitios como… Melbourne, por poner un ejemplo.

Internet no es más que un gran “circuito abierto de televisión” en el que la vigilancia y el control cada vez dan un paso más adelante. El último ejemplo es el enganche de las técnicas informáticas de reconocimiento facial a las cámaras instaladas en la calle.

Aseguran que sólo la policía puede tener acceso a ellas, que es tanto como decir que sólo la policía puede traficar con ellas. ¿Las leyes? Ya deberían saber que sólo sirven para tranquilizar la conciencia de la casta, los juristas y los periodistas. Si no opinan lo mismo, vean los titulares de algunas informaciones:

“Marbella, el mayor laboratorio de videovigilancia de España. Las cámaras urbanas se mueven en los márgenes de la ley para usar inteligencia artificial sin llegar al empleo de ‘software’ de reconocimiento facial” (1).

Naturalmente que se preguntarán por qué ponen las cámaras en Marbella y no en Avilés. Por qué las cámaras que se ponen en Marbella son noticia y las de Avilés no. O quién maneja las cámaras en un sitio y en otro, quién se queda con las grabaciones… ¿El alcalde?, ¿el concejal de deportes?, ¿el sargento de la policía municipal?, ¿Securitas Direct?, ¿el CNI?

Vean otra perla de rabiosa actualidad:

“Australia y Corea del Sur rastrean los móviles de los pacientes para localizar los lugares en los que pudieron propagar la enfermedad” (2).

Ahora piensen quién se dedica a rastrear los móviles de los enfermos, si ha pedido autorización al juez para ello… En fin todas esas cosas que suelen exigir las leyes y de las que nadie se acuerda nunca.

¿Recuerdan que un juez reclamó a AENA las grabaciones del aeropuerto de Barajas que captaron la reunión de Ábalos con Delcy Rodríguez? Pero esas cosas no sólo ocurren en el aeropuerto, sino en todas partes, como lo demuestra esta otra perla:

“Las cámaras que leen la cara se extienden por Madrid. Ifema se sumará a estaciones de transporte o casinos, donde ya hay vigilancia capaz de identificar a personas” (3).

En otras entradas ya hemos hablado aquí de la empresa Clearview, que ha creado una base de datos con millones de fotos de personas incautas que las han publicado en internet.

Pero ni lo han hecho por nuestra seguridad, ni la policía maneja esa información en exclusiva porque Clearview se dedica a traficar con ella y, por supuesto, se la vende al mejor postor, a quien pueda pagarla, e incluso a los amiguetes de los dueños y los jefes, según cuenta BuzzFeed (4).

No hará falta añadir que eso es ilegal y que esos amiguetes que cometen ilegalidades forman parte de la reacción más negra que hay en Estados Unidos, el país por excelencia donde prevalece la paranoia de la “seguridad” (o sea, de “su” seguridad).

Clearview miente, los jueces mienten, los parlamentarios mienten, los policías mienten… La empresa ha vendido las bases de datos a 2.200 clientes, entre los que figuran el FBI, los aduaneros, la policía municipal, los bancos, los clubes deportivos, las cadenas de supermercados…

Entre los que han tenido acceso a la base de datos están los “amiguetes”, los “coleguis” y los “compiyoguis” de turno que, posiblemente, ni siquiera han pagado por utilizarla para espiar al vecino, al competidor, al hijo, al adversario… Destacan algunas empresas de las que ya hemos hablado aquí en otras entradas por cometer marranadas: un fondo soberano de Emiratos Árabes Unidos, el Fondo de los Fundadores de Peter Thiel (Facebook, Palantir), SoftBank…

También aparece John Ratcliffe, un congresista de Texas al que recientemente Trump ha nombrado para dirigir el servicio de inteligencia, o sea, la típica combinación del espionaje público con el privado.

Lo mejor de esta historia es lo siguiente: la revista que publica la noticia se ha enterado gracias a un pirata que ha metido el hocico en el servidor de Clearview. Hegel diría que es la negación de la negación: el que vigila al vigilante, el que roba al ladrón… En tiempos de pandemia hay quien necesita un poco de su propia medicina.

(1) https://elpais.com/tecnologia/2019/11/21/actualidad/1574348695_231540.html
(2) https://elpais.com/tecnologia/2020/02/10/actualidad/1581291759_848633.html
(3) https://elpais.com/ccaa/2019/11/26/madrid/1574801864_377093.html
(4) https://www.buzzfeednews.com/article/ryanmac/clearview-ai-trump-investors-friend-facial-recognition

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Obama autorizó el ataque informático contra las instalaciones nucleares iraníes en 2010

Fue Obama quien autorizó al espionaje estadounidense e israelíes a lanzar el ataque Stuxnet contra las instalaciones nucleares iraníes en 2010, dice el New York Times diez años después (*).

Inoculado por pinchos USB infectados, el virus Stuxnet usado contra Irán reprogramó los sistemas de control de procesos industriales de Siemens, que funcionan con Windows.

Irán cometió el error de utilizar programas informáticos privativos de origen estadounidense en sus instalaciones nucleares.

Stuxnet no es una herramienta para el espionaje industrial; es un arma de guerra. El virus informático buscó entre los miles de ordenadores a los que infectó para activarse con un objetivo específico: las centrifugadoras de la central nuclear de Natanz utilizadas para el enriquecimiento del combustible nuclear.

El virus informático tenía la capacidad de hacer lo que ningún programa había hecho hasta entonces: tomó el control de las centrifugadoras y les dio instrucciones que llevaron a su destrucción física al acelerar su rotación.

La empresa rusa de seguridad informática Kaspersky fue la primera en detectar e identificar Stuxnet. Su fundador, Eugene Kaspersky, había advertido de los graves peligros que entrañaban esos ataques, afirmando que “las armas cibernéticas son la innovación más peligrosa de este siglo”.

Entonces Kaspersky abogó por un tratado internacional que prohibiera la guerra cibernética. Lo mismo propuso el gobierno ruso. Estados Unidos se opuso. Entonces Washington tenía ventaja en ciberguerra y pretendía utilizarla contra sus adversarios.

Los informáticos de Estados Unidos del Laboratorio de Idaho habían desarrollado contramedidas contra Stuxnet, pero el gobierno de Estados Unidos no quiso hacerlas públicas para aprovechar la ventaja del arma de guerra cibernética que había creado, junto con Israel. No obstante, la empresa de seguridad informática Symantec publicó un documento de 49 páginas sobre cómo se configuró Stuxnet y cómo desactivarlo. El 24 de junio de 2012 Stuxnet se desactivó en todos los ordenadores en los que se había instalado.

Ahora el código fuente de Stuxnet es accesible en internet para cualquiera que quiera usarlo. Una vez adquirido el código fuente, modificarlo e implementarlo cuesta menos que las armas convencionales, dice Kaspersky.

La posibilidad de un acuerdo internacional que prohíba el uso de armas cibernéticas es ahora prácticamente nula, pero debe quedar claro quiénes son los responsables de ello y, naturalmente, atenerse a las consecuencias.

(*) https://www.nytimes.com/2012/06/01/world/middleeast/obama-ordered-wave-of-cyberattacks-against-iran.html

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Una empresa pone miles de millones de fotos al servicio de la policía

Clearview es una empresa tecnológica que ha creado una aplicación de reconocimiento facial a partir de miles de millones de imágenes capturadas en las redes sociales.

Es ilegal, pero ha sido un chollo para más de 600 cuerpos de policía, FBI, servicios secretos y espías. Los propios usuarios facilitan la labor policial, aunque dentro de poco cualquiera podrá utilizarla: le tomas una foto en la calle al primero que pasa y averiguas su nombre; luego no tienes más que introducirlo en un buscador para saberlo todo sobre ella.

Fundada en 2016, Clearview ha construido una gigantesca base de datos de miles de millones de imágenes tomadas de Facebook, Twitter y YouTube. Cada imagen está vinculada a su fuente: la red social de la que procede.

De momento la empresa sólo vende su técnica (“smartcheckr”) a la policía, pero no descarta ponerlo a disposición de un mercado más amplio en el futuro.

La aplicación puede identificar a una persona aunque lleve sombrero o gafas, independientemente del ángulo desde el que sea fotografiada. La base de datos se ha formado con fotos en formato de retrato policial, de frente, con fines de identificación o durante una detención.

Pero la empresa también recopila imágenes de personas sin ninguna clase de antecedentes penales.

Desde luego que ni la policía ni la empresa pidieron permiso a los interesados para que utilizaran su imagen. Desde luego que aquí los jueces tampoco pintan absolutamente nada.

Para evitar las críticas, Clearview ha estado funcionado en secreto. Su sitio en internet, que es deliberadamente pobre en información, sólo fue lanzado en 2020, cuando su negocio ya estaba bien establecido. A pesar de ello, se han empezado a levantar voces que se oponen a esta manipulación.

https://www.nytimes.com/2020/01/18/technology/clearview-privacy-facial-recognition.html

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Micrososft participa activamente en la represión y los crímenes israelíes contra los palestinos

Los militantes palestinos se cubren la cara durante las manifestaciones contra la ocupación israelí, una práctica antigua que se remonta a varias décadas atrás. Esconder la cara con “keffiyehs”, los pañuelos tradicionales palestinos que se han convertido en un símbolo de la resistencia, no es una moda sino una técnica de supervivencia, sin la cual los militantes son detenidos en redadas nocturnas, y a veces incluso asesinados.

En el pasado Israel utilizó tecnologías básicas para identificar a los palestinos que participaban en las manifestaciones. Se centraban en las imágenes de las noticias de la televisión o en las fotos de los periódicos, a menudo con la ayuda de los colaboradores de Israel en el territorio palestino ocupado que se reunían con los espías del Shin Bet o se los detenía para ocultar su compicidad.

Esta vieja técnica fue finalmente reemplazada por una tecnología más avanzada, que utiliza innumerables imágenes transmitidas directamente por drones, el último instrumento de la “industria de seguridad” israelí. Miles de palestinos han sido detenidos y cientos asesinados en los últimos años como resultado de los datos de los drones analizados por las aplicaciones de reconocimiento facial.

Si en el pasado los militantes palestinos querían mantener oculta su identidad, hoy tienen razones mucho más convincentes para mantener su lucha en secreto, sobre todo teniendo en cuenta la implicación directa de monopolios empresariales, como Microsoft, que facilitan la represión del ejército israelí, cuyo único propósito es aplastar cualquier forma de protesta palestina.

El 27 de octubre, Olivia Solon escribió para NBC News sobre la financiación de Microsoft de la empresa israelí AnyVision, que utiliza el reconocimiento facial “para observar en secreto a los palestinos en Cisjordania” (1).

A través de su empresa de capital de riesgo M12, Microsoft ha invertido 78 millones de dólares para poner en marcha un sistema de reconocimiento facial israelí para controlar a los palestinos en Cisjordania (2).

AnyVision ha desarrollado una aplicación para la “vigilancia táctica avanzada” denominado “Better Tomorrow” (Mejor mañana), que, según una encuesta conjunta de NBC-Haaretz, permite a los clientes identificar a personas y objetos en cualquier flujo de vídeo en directo, como una cámara de vigilancia o un teléfono inteligente, y realizar un seguimiento de los objetivos a medida que se mueven entre diferentes flujos” (3).

“Según cinco fuentes familiarizadas con el tema -escribe Solón- la tecnología de AnyVision alimenta un proyecto secreto de vigilancia militar en Cisjordania. El proyecto se llama “Google Ayosh”, donde “Ayosh” significa territorios palestinos ocupados y “Google” indica la capacidad tecnológica de buscar personas (4).

Con sede en Israel, AnyVision tiene varias oficinas en todo el mundo, incluyendo Estados Unidos, Reino Unido y Singapur. Dada la naturaleza del trabajo de AnyVision y el vínculo intrínseco entre el sector tecnológico israelí y el ejército israelí, las aplicaciones de la empresa se están utilizando para localizar a los militantes palestinos.

En julio el periódico israelí Haaretz informó que “AnyVision está involucrada en dos proyectos especiales para ayudar al ejército israelí en Cisjordania. El primero es un sistema que ha instalado en los puestos de control del ejército que miles de palestinos cruzan todos los días para ir a trabajar desde Cisjordania” (5).

No es la primera vez que Microsoft participa en apoyo del ejército israelí. A diferencia de Facebook, Google y otros, que son constantes, Microsoft ha sido en gran medida excluido de las controversias que están surgiendo. Pero, al igual que otros, Microsoft también es responsable de la represión y los crímenes que comete Israel contra los palestinos.

(1) https://www.cnbc.com/2019/10/28/microsoft-funded-israeli-company-that-spied-on-west-bank-palestinians.html
(2) https://www.businessinsider.com.au/microsoft-funded-face-recognition-tech-reportedly-surveils-palestinians-2019-10
(3) https://www.cnbc.com/2019/10/28/microsoft-funded-israeli-company-that-spied-on-west-bank-palestinians.html
(4) https://en.wikipedia.org/wiki/Yesha
(5) https://www.haaretz.com/israel-news/business/.premium-this-israeli-face-recognition-startup-is-secretly-tracking-palestinians-1.7500359

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El declive de la hegemonía técnico-militar del imperialismo estadounidense

Al final de la Guerra Fría, la capacidad del Estado y del sistema productivo estadounidenses para imponer su superioridad tecnológica se presentó como una de las principales explicaciones de su victoria. Pero ante el ascenso de China, el mito de la superpotencia tecnológica estadounidense se está desmoronando.

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Represión, guerra e ‘inteligencia artificial’

La teoría militar clásica afirma que la fuerza de un grupo armado aumenta según el cuadrado de su tamaño. En consecuencia, las estrategias militares basadas en la técnica o en el número de combatientes pretenden compensar una inferioridad.Sin embargo, en ambos casos el objetivo de la guerra es lograr un objetivo o impedir que lo alcance el adversario.

El primer desafío de este enfoque bélico fue el advenimiento de la disuasión nuclear, cuyo objetivo ya no es impedir que el otro alcance un objetivo, sino impedir que lo intente. De ahí el interés obvio de las pequeñas potencias como Pakistán, Corea del norte e Irán por disponer de armas atómicas para disuadir cualquier ataque de potencias mayores.

Pero incluso en el contexto nuclear, la decisión de actuar recae en un operador humano y los desastres se han evitado debido a la capacidad de contextualización política del ser humano.

En 1962 Kennedy resolvió la crisis de los misiles “cubanos” reduciendo la presión militar de la OTAN sobre la URSS, lo que condujo a un período de distensión.

En 1983 Stanislav Petrov no aceptó la alerta de un ataque nuclear estadounidense desencadenada por la defensa antimisiles soviética. El escaso número de misiles y la falta de contexto para un ataque de ese tipo indicaban que se trataba de una falsa alarma, lo cual resultó cierto.

Ahora hay un segundo reto en la forma de hacer la guerra: la sustitución del operador humano, un militar, por máquinas equipadas con eso que llaman “inteligencia artificial”.

Los dos elementos intrínsecos al desarrollo de la “inteligencia artificial” en el terreno militar son la lógica del ataque preventivo o primer ataque, y la creación del enemigo perpetuo.

El objetivo de la “inteligencia artificial” de combate es identificar las debilidades del enemigo y optimizar los beneficios que se pueden obtener de ellas, una optimización que lógicamente conduce a un ataque una vez que se sabe que es eficaz. Así es como funcionan los drones cuando sobrevuelan ciertas zonas de combate en Afganistán y en otros lugares. También funcionarán así los sistemas militares en general en un futuro próximo, simplemente porque desde el momento en que dos sistemas basados en la “inteligencia artificial” se enfrentan, las cosas se mueven tan rápido que ya no hay suficiente tiempo para que un ser humano pueda intervenir.

Esto lleva a la conclusión lógica de que la “inteligencia artificial” de combate autónomo no tendrá otra alternativa que destruir a un oponente tan pronto como perciba la posibilidad, y la inacción conduce a su propia destrucción. Por lo tanto, se opone a la disuasión nuclear, que tenía por objeto disuadir de la intención misma de lanzar un ataque y, al mismo tiempo, pone a los países en los albores de una nueva carrera armamentista basada en la inteligencia artificial.

El desarrollo de herramientas militares tiene repercusiones en el ámbito civil. La militarización de la policía americana está directamente relacionada con el desarrollo de métodos militares en el contexto de las guerras libradas por Estados Unidos y Occidente en Oriente Medio en los últimos veinte años. La militarización transforma a la policía en un fuerza de ocupación, robocops armados y blindados que operan en nuestras ciudades y zonas rurales como si fueran territorio enemigo.

Aunque en una versión menos letal, ahora los drones están en manos de la policía, mientras que la ciberguerra y las sofisticadas técnicas de espionaje, inicialmente dirigidas a enemigos externos, se están utilizando ahora contra todas las poblaciones con el pretexto de la seguridad.

En China la vigilancia, combinada con un sistema de calificación y seguimiento del comportamiento de cada ciudadano, ya es omnipresente, una distopía dopada con técnicas de inteligencia artificial.

Por definición, lo mismo que un estado policial considera que su población es una amenaza, las técnicas de control social la consideran de la misma manera, fabricando así el principio del enemigo perpetuo que actúa tanto dentro como fuera de sus fronteras. La tarea principal de la “inteligencia artificial” integrada en este tipo de concepciones es, por lo tanto, detectar cualquier rastro de comportamiento “peligroso” en cada individuo y, a continuación, actuar para eliminarlo.

La policía ya lo hace hoy, pero la “inteligencia artificial” promete hacerlo con una profundidad, velocidad y precisión que actualmente sólo están limitados por los sueños húmedos de los “expertos”.

De cada viaje, de cada retirada de fondos bancarios, de cada visita a internet, de cada publicación en las redes sociales, la “inteligencia artificial” de la policía dibuja patrones y predicciones sobre nuestras motivaciones, nuestros pequeños secretos, nuestras pequeñas o grandes desviaciones de la norma e informan a la autoridad en consecuencia.

El contagio se está extendiendo como un reguero de pólvora, ya que cada país invierte cada vez más en inteligencia artificial y, en particular, los países con altos intereses militares y policiales, entre los que se encuentran los Estados Unidos, China e Israel.

Como casi siempre, hay que prevenir de las explicaciones que para justificarse dan los “expertos” de su propia tarea y de sus “juguetes”, que siempre son del tipo “un arma es un instrumento neutral, todo depende del que lo utiliza”, es decir, de categorías morales como el bien, el mal y otras parecidas.

Las llamadas “leyes de robótica” que se sacó Isaac Asimov de la manga son propias de gilipollas. Las categorías éticas, politicas y culturales no son neutrales, iguales a todos seres humanos o ajenas a las clases sociales, sino que vienen impuestas por las fuerzas económicas, políticas o ideológicas que dominan en una determinada sociedad, y que son -además- cambiantes. La llamada “inteligencia artificial” no hace más que reforzar esa dominación de una clase contra otra o de un país contra otro.

—https://zerhubarbeblog.net/2018/09/20/principes-de-guerre-et-intelligence-artificielle/

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Una empresa sueca injerta microchips de identificación bajo la piel de sus trabajadores

La empresa sueca Epicenter ha injertado microchips de identificación bajo la piel de sus trabajadores. La empresa se justifica diciendo que les quiere hacer “la vida más fácil”. Por ejemplo, pueden pasar por las puertas de seguridad o pagar sus comidas en la cafetería de manera más sencilla.

No más insignias, tarjetas, llaves y códigos. La empresa sueca ha encontrado una solución para simplificar la complicada vida de sus trabajadores y ha equipado a algunos voluntarios con chips RFID, un dispositivo del tamaño de un grano de arroz que se injerta bajo la piel de la mano.

Entre otras informaciones, los chips RFID contienen un identificador con los datos personales del trabajador.

Una vez injertado, el chip permite a los trabajadores atravesar las puertas de seguridad, pagar sus comidas rápidamente con un simple gesto de la mano e incluso utilizar la fotocopiadora con un chasquido de su dedo (o casi).

450 trabajadores de la empresa, más de la mitad de la plantilla, se prestaron voluntariamente para convertirse en ganado y acudieron a un tatuador que les implantó el dispositivo subcutáneo en el dorso de la mano, entre los dedos pulgar e índice.

Hasta ahora esta técnica estaba reservada para el ganado, los borregos, las mascotas y los animales de compañía. En forma de códigos de barras también se utiliza las mercancías de los supermercados, los pasaportes o las tarjetas bancarias.

Por fin, se empieza a experimentar con seres humanos y para ello no hay nada mejor que los trabajadores de una empresa.

Los implantes actuales pueden funcionar de manera autónoma durante 10 años y con el tiempo adquiriran nuevas funciones. Se utilizarán para rastrear al trabajador, averiguar si llegó a la oficina a la hora, si se toma demasiados descansos…

Sin embargo, algunos como la Comisión Nacional de Informática y Libertades, han mostrado su preocupación por la nueva técnica de control, que se convertirá en una herramienta de seguimiento y vigilancia.

—https://dailygeekshow.com/puce-implant-suivre-employes-entreprise-vie-privee-personnelle/

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Google diseña los crímenes que el Pentágono comete por medio de drones

Google está diseñando aplicaciones para el programa ilegal de guerra de drones del ejército estadounidense. La denuncia del New York Times el mes pasado causó indignación entre los trabajadores del monopolio informático. Más de 3.000 de ellos firmaron una carta a la dirección exigiendo el fin de sus vínculos con el Pentágono.

El programa, conocido como Proyecto Maven, involucra el uso de sistemas de inteligencia artificial para analizar imágenes de aviones no tripulados, que ayudan al Pentágono a identificar objetivos para cometer asesinatos con drones. El programa ya ha costado la vida a decenas de miles de personas en Oriente Medio y el norte de África. La participación de Google en el programa asesino fue revelada por Gizmodo el mes pasado.

La carta de los trabajadores, dirigida al director general, Sundar Pichai, afirma: “Creemos que Google no debería estar en el negocio de la guerra. Por lo tanto, exigimos que el proyecto Maven sea cancelado, y que Google escriba, publique y haga cumplir una política clara de que ni Google ni sus contratistas construirán nunca tecnologías de guerra”.

Respondiendo a críticas anteriores de los trabajadores de Google, Diane Greene, ejecutiva de la subsidiaria de computación en nube de la multinacional, dijo el mes pasado, que las aplicaciones no se utilizarán “en la operación o pilotaje de aviones no tripulados” y “no será utilizado para disparar armas”.

La carta rechaza estas débiles excusas, afirmando: “Aunque esto elimina un conjunto limitado de aplicaciones directas, la tecnología está en construcción para los militares y, una vez entregada, podría utilizarse fácilmente para colaborar en esas tareas”.

El programa de asesinatos con drones del gobierno de Estados Unidos, que implica el asesinato de personas sin juicio, viola el derecho internacional e involucra a Google en actividades que podrían conducir a un procesamiento criminal. No obstante, el New York Times, que difundió la carta por primera vez, no pudo encontrar ni un solo trabajador dispuesto a testificar públicamente, como consecuencia del clima de intimidación y represión dentro de la multinacional.

La carta advierte que las actividades de la multinacional “dañan irreparablemente la marca Google”. El argumento de que otras empresas informáticas, como Microsoft y Amazon, también participan no excusa la responsabilidad de Google.

Los vínculos de Google con los militares no son nuevos. Eric Schmidt, presidente ejecutivo de Google de 2001 a 2017, ocupa un puesto en la Junta Asesora de Defensa del Pentágono, junto con el vicepresidente de Google, Milo Medin.

La relación de Google con los militares está vinculada a su participación, con Facebook y otras multinacionales tecnológicas, en la campaña de censura de internet. Ya en abril, Google modificó sus algoritmos de búsqueda para “resaltar el contenido autorizado” para contrarrestar la divulgación de noticias falsas.

Los censura introducida por Google en su buscador ha limitado el acceso a sitios independientes, progresistas y antimperialistas. La caída en el número de visitas a este sitio, que no es nada fiable para Google, ha sido del 90 por ciento desde enero de 2017.

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El Pentágono creó Google para dominar la guerra de la información en el mundo (y 4)

En 1994, el mismo año en que la Secretaría de Defensa, la ONA y DARPA fundaron el Highlands Forum, dos jóvenes estudiantes de doctorado en Stanford, Sergey Brin y Larry Page, estrenaron su primer buscador y clasificador automatizado en la web. Esa aplicación sigue siendo el núcleo de lo que se convertiría en el servicio de búsqueda de Google. Brin y Page hicieron el trabajo con la financiación de la Digital Library Initiative (DLI), un programa multiagencia de la National Science Foundation (NSF), la NASA y DARPA.