Nos acechan, nos vigilan, nos controlan, nos espían y… nos venden al mejor postor

Cuando hace 30 años en España se aprobó la ley de videovigilancia, nos tranquilizaron de la manera acostumbrada: es por nuestra seguridad, para salvar a los buenos y atrapar a los malos. No se podrá hacer un mal uso de la intromisión en la vida privada de las personas porque estará bajo control judicial, Usted podrá reclamar…

Es lo mismo de siempre: todo lo hacen por nosotros, se ocupan de nuestros asuntos, cuidan nuestros derechos… En 1992 se creó la Agencia de Protección de Datos, pero no sabemos si les preocupan nuestros datos o los suyos.

Fíjese bien: Usted no tiene cámaras de videovigilancia que cuiden su casa, pero Pablo Iglesias e Irene Montero tienen 12 en la suya.

Después llegó la ley de seguridad privada que, como su nombre indica, se refiere a su seguridad porque nosotros nunca hemos llevado guardaespaldas.

Nos juraron por lo más sagrado que las cámaras de vigilancia nunca enfocarían a la calle, pero todas las ciudades del mundo se han llenado de ellas, lo que divide a las personas en dos: unos vigilan y otros somos vigilados.

Con la llegada de internet, las viejas cámaras CCTV (circuito cerrado de televisión) se han conectado a las redes digitales y una de las mejores diversiones es engancharse a ellas para ver la casa de un vecino en albornoz que vive en sitios como… Melbourne, por poner un ejemplo.

Internet no es más que un gran “circuito abierto de televisión” en el que la vigilancia y el control cada vez dan un paso más adelante. El último ejemplo es el enganche de las técnicas informáticas de reconocimiento facial a las cámaras instaladas en la calle.

Aseguran que sólo la policía puede tener acceso a ellas, que es tanto como decir que sólo la policía puede traficar con ellas. ¿Las leyes? Ya deberían saber que sólo sirven para tranquilizar la conciencia de la casta, los juristas y los periodistas. Si no opinan lo mismo, vean los titulares de algunas informaciones:

“Marbella, el mayor laboratorio de videovigilancia de España. Las cámaras urbanas se mueven en los márgenes de la ley para usar inteligencia artificial sin llegar al empleo de ‘software’ de reconocimiento facial” (1).

Naturalmente que se preguntarán por qué ponen las cámaras en Marbella y no en Avilés. Por qué las cámaras que se ponen en Marbella son noticia y las de Avilés no. O quién maneja las cámaras en un sitio y en otro, quién se queda con las grabaciones… ¿El alcalde?, ¿el concejal de deportes?, ¿el sargento de la policía municipal?, ¿Securitas Direct?, ¿el CNI?

Vean otra perla de rabiosa actualidad:

“Australia y Corea del Sur rastrean los móviles de los pacientes para localizar los lugares en los que pudieron propagar la enfermedad” (2).

Ahora piensen quién se dedica a rastrear los móviles de los enfermos, si ha pedido autorización al juez para ello… En fin todas esas cosas que suelen exigir las leyes y de las que nadie se acuerda nunca.

¿Recuerdan que un juez reclamó a AENA las grabaciones del aeropuerto de Barajas que captaron la reunión de Ábalos con Delcy Rodríguez? Pero esas cosas no sólo ocurren en el aeropuerto, sino en todas partes, como lo demuestra esta otra perla:

“Las cámaras que leen la cara se extienden por Madrid. Ifema se sumará a estaciones de transporte o casinos, donde ya hay vigilancia capaz de identificar a personas” (3).

En otras entradas ya hemos hablado aquí de la empresa Clearview, que ha creado una base de datos con millones de fotos de personas incautas que las han publicado en internet.

Pero ni lo han hecho por nuestra seguridad, ni la policía maneja esa información en exclusiva porque Clearview se dedica a traficar con ella y, por supuesto, se la vende al mejor postor, a quien pueda pagarla, e incluso a los amiguetes de los dueños y los jefes, según cuenta BuzzFeed (4).

No hará falta añadir que eso es ilegal y que esos amiguetes que cometen ilegalidades forman parte de la reacción más negra que hay en Estados Unidos, el país por excelencia donde prevalece la paranoia de la “seguridad” (o sea, de “su” seguridad).

Clearview miente, los jueces mienten, los parlamentarios mienten, los policías mienten… La empresa ha vendido las bases de datos a 2.200 clientes, entre los que figuran el FBI, los aduaneros, la policía municipal, los bancos, los clubes deportivos, las cadenas de supermercados…

Entre los que han tenido acceso a la base de datos están los “amiguetes”, los “coleguis” y los “compiyoguis” de turno que, posiblemente, ni siquiera han pagado por utilizarla para espiar al vecino, al competidor, al hijo, al adversario… Destacan algunas empresas de las que ya hemos hablado aquí en otras entradas por cometer marranadas: un fondo soberano de Emiratos Árabes Unidos, el Fondo de los Fundadores de Peter Thiel (Facebook, Palantir), SoftBank

También aparece John Ratcliffe, un congresista de Texas al que recientemente Trump ha nombrado para dirigir el servicio de inteligencia, o sea, la típica combinación del espionaje público con el privado.

Lo mejor de esta historia es lo siguiente: la revista que publica la noticia se ha enterado gracias a un pirata que ha metido el hocico en el servidor de Clearview. Hegel diría que es la negación de la negación: el que vigila al vigilante, el que roba al ladrón… En tiempos de pandemia hay quien necesita un poco de su propia medicina.

(1) https://elpais.com/tecnologia/2019/11/21/actualidad/1574348695_231540.html
(2) https://elpais.com/tecnologia/2020/02/10/actualidad/1581291759_848633.html
(3) https://elpais.com/ccaa/2019/11/26/madrid/1574801864_377093.html
(4) https://www.buzzfeednews.com/article/ryanmac/clearview-ai-trump-investors-friend-facial-recognition

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