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La web más censurada en internet
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El servicio de urgencias de Azuqueca de Henares emitió la pasada semana un informe clínico donde, tras explorar a un paciente con tos y aparente fiebre, y hacerle una prueba de antígenos negativa, su juicio diagnóstico pasaba sí o sí por una enfermedad «asociada a coronavirus». Leer más
En los viejos tiempos, cuando escribías una carta, Correos no inspeccionaba el contenido. Era un mecanismo neutral de comunicación.
Lo mismo ocurría cuando llamabas por teléfono: el operador no se ponía a escuchar la conversación para valorar lo que decía alguno de los interlocutores.
Al llegar internet, los usuarios pensaron que todo seguiría igual y las plataformas digitales fomentaron esa ilusión. Twitter se declaró como el ala más radical del partido de la libertad de expresión (“the free speech wing of the free speech party”), según las palabras de su responsable en Gran Bretaña.
En un foro o una red social cabían todo tipo de contenidos. En 1996 Estados Unidos aprobó una ley curiosa, llamada “de Decencia de las Comunicaciones”, cuyo artículo 230 exoneraba de responsabilidad a las empresas digitales. Los responsables de los contenidos eran quienes los introducían. Las plataformas son neutrales. No crean contenidos, ni los editan, ni los censuran, ni los comentan.
La llamaron “sociedad de la información”. El universo virtual creció gracias a esa ficción de neutralidad, lo que favoreció la creación de grandes empresas monopolistas y buscadores, que hoy son una de las fuerzas más influyentes en el mundo, hasta el punto de que encumbran tantos gobiernos como derriban.
Su poder es tanto que se ha convertido en su punto más débil: los gobiernos necesitan controlar internet. La pandemia ha vuelto a demostrar que quien vigila internet, vigila la sociedad. Cuanto más internet, más control social. De ahí que la pandemia quiera transformar en virtual la vida social.
El fenómeno se ha convertido en su contrario: hay que controlar internet y para ello hay que controlar a las empresas que dirigen el tráfico de contenidos. En una red social la información ha pasado a ser tan selectiva casi como en cualquier otra cadena de comunicación.
En casos así hay que ponerse a analizar los tabués, ese tipo de contenidos que jamás prospera en un buscador o en una red social. No son diferentes que los de cualquier otro medio de comunicación convencional.
La pandemia actual, por ejemplo, está siendo uno de los mejores laboratorios de censura y lo mismo ocurre con las presiones sobre las cadenas rusas y con quienes difunden contenidos alternativos en esa misma línea, lo cual ha conducido a encargar a las centrales de espionaje el control de internet.
Pero hay también casos menos conocidos en los que la propia censura hace las delicias de los conspiranoicos, como es el caso de los fraudes cometidos por Biden, el nuevo Presidente de Estados Unidos, en Ucrania, algo que ya contamos aquí el año pasado. En una campaña electoral lo normal es que el fraude hubiera sido aireado a los cuatro vientos. No ha sido así.
No obstante, hasta la Wikipedia tiene una entrada sobre el chanchullo, donde se puede leer que, siendo vicepresidente con Obama, Biden “desempeñó un papel importante en la política de Estados Unidos hacia Ucrania” (1). El caso no puede ser más goloso: al mismo tiempo que en 2014 los fascistas daban un Golpe de Estado en Kiev, al hijo de Biden le nombraban miembro de la dirección de Burisma, el mayor productor de gas natural de Ucrania.
Mientras los neonazis del Batallón Azov masacraban a 46 manifestantes en Odesa, sus amigos “progres” del partido demócrata se llenaban los bolsillos. El hijo de Biden salió exculpado de cualquier acusación de fraude y los neonazis igual. Los fascistas y los socialfascistas siempre han ido de la mano.
Son los medios de comunicación ecuánimes, objetivos e imparciales los que tienen que lavar la cara a personajes como Biden y su hijo. “Durante semanas, Hunter Biden fue acusado por la candidatura de Trump de haber realizado negocios oscuros tanto en Ucrania como en China”, dice El Confidencial (2).
Quienes denuncian las corrupción de los Biden son, pues, sospechosos de apoyar a Trump y, por lo tanto, a las corrientes más reaccionarias del imperialismo estadounidese, o quizá se trata de mantener la equidistancia entre unos (republicanos) y otros (demócratas) que, una vez más, son esencialmente iguales.
De esa manera se genera el silencio, que es la peor forma de censura y que no es característica sólo de las grandes cadenas de comunicación. Quienes no siguen la corriente dominante aparecen como marginales que, además de conspiranoicos, le hacen el juego a lo peor de la reacción imperialista.
Pero la historia sigue su curso y, lamentablemente, cuando las elecciones han pasado y ya nadie se acuerda, siguen saliendo trapos sucios: la fiscalía de Delaware abre una causa contra el hijo de Biden por fraude fiscal, es decir, un paraíso fiscal persigue al hijo del Presidente de Estados Unidos por delito fiscal (3).
Así funciona Estados Unidos, tanto en el caso de los Biden como en el de Al Capone. No importa que los peores crímenes queden impunes, pero es intolerable dejar de pagar impuestos. “La fiscalía federal estudia si Hunter y sus socios violaron leyes sobre impuestos y lavado de dinero durante sus negocios en el extranjero”, dice Antena3.
La investigación fiscal contra el hijo de Biden empezó en 2018, pero nos acabamos de enterar ahora, cuando la campaña electoral ya ha pasado. La fuente es el propio Hunter Biden, que ha publicado un comunicado a través del equipo de transición de su padre.
Dentro de poco vamos a ver si las grandes cadenas dispensan a Baiden el mismo tratamiento informativo que han estado dispensando a Trump durante cuatro años o dejarán las noticias en manos de los conspiranoicos, de la censura y de los cazadores de bulos.
(1) https://es.wikipedia.org/wiki/Hunter_Biden
(2) https://www.elconfidencial.com/mundo/2020-12-10/hunter-biden-hijo-joe-biden-investigacion-fiscal_2866152/
(3) https://www.antena3.com/noticias/mundo/el-hijo-de-biden-investigado-por-temas-fiscales-en-delaware-eeuu_202012105fd1e1c4d4aa1e0001262f90.html
La propaganda de la CIA y la prensa occidental tomaron, a partir de 1945, el relevo de la Gestapo, a la hora de crear una gigantesca campaña contra la Unión Soviética. El llamado «macartismo» y el «antiestalinismo» son las dos caras de una misma moneda. El diario español La Vanguardia publicó una investigación en 2001 que a día de hoy cuesta localizarlo, a pesar de su importancia Leer más
Hace años que la Organización Mundial de la Salud (OMS) es un nido de corrupción y uno de los organismos internacionales más desacreditados. Por eso necesita periódicos lavados de cara, que contrata con agencias publicitarias, cadenas de comunicación y de relaciones públicas.
Una parte del dinero que percibe tiene ese objetivo: limpiar su deteriorada imagen pública.
El 1 de mayo la OMS contrató a la empresa de publicidad Hill & Knowlton Strategies, según un documento publicado por el Departamento de Justicia de Estados Unidos (1).
El contrato firmado con la empresa de relaciones públicas costó 135.000 dólares y estuvo vigente hasta el 15 de junio de este año.
En 2007 la OMS ya recurrió a Hill & Knowlton para gestionar un “programa de comunicación”, con la finalidad de buscar apoyos y financiación.
Hill & Knowlton es la empresa que en 1990 diseñó el montaje de los bebés kuwaitíes arrancados de sus incubadoras y arrojados al suelo por los soldados irakíes para justificar la agresión imperialista contra el país árabe (2). El presidente George Bush padre recurrió al fraude en varios discursos incendiarios.
El objetivo de la empresa de embustes es buscar “personas influyentes” que puedan difundir las alabanzas de la OMS en las redes sociales. Además, Hill & Knowlton ha buscado “microinfluyentes”, blogs, perfiles de Facebook o cuentas con menos seguidores o más especializados.
“Ha habido críticas y reclamaciones contra la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la cobertura de los medios de comunicación que podrían socavar a la OMS como fuente fiable y crítica de información sobre cuestiones de salud pública mundial”, escribió la empresa de relaciones públicas. El objetivo es “asegurar que se confíe en el asesoramiento de la OMS y que se sigan las directrices de salud pública”.
La OMS ya cuenta con una serie de “personas influyentes” muy conocidas, algunas de los cuales participaron en un concierto benéfico en abril para recaudar fondos para la organización y para la “lucha contra el coronavirus” en el mundo. Entre las estrellas que participaron en el concierto virtual se encontraban Lady Gaga y Elton John.
(1) https://efile.fara.gov/docs/3301-Exhibit-AB-20200714-38.pdf
(2) https://historico.prnoticias.com/comunicacionpr/541-prcomunicacion-1/20111702-hill-a-knowlton-mentir-para-invadir-irak
Las técnicas de manipulación de masas son muy conocidas desde hace muchísimos siglos. Hay numerosos manuales fácilmente accesibles, redactados por todo tipo de instituciones, por lo que no es necesario invocar a Goebbels o a la CIA por enésima vez. Basta con tener en cuenta que la tarea del espionaje no consiste sólo en obtener información sino en difundirla.
En el mundo moderno la manipulación de masas ha alcanzado cotas insospechadas por varias razones que tienen que ver con la fase de la historia en la que vivimos. La primera es la transformación de la prensa en una industria. No es posible mantener un fraude sin crear un negocio a su alrededor, con sus empresas, sus subvenciones, su profesionales y su mercado.
La segunda es que, en la medida en que hoy la industria es monopolista, la información también está monopolizada, es decir, acaparada por grandes cadenas capaces de operar en el mundo entero. Hay varios operadores que difunden un mismo mensaje. El pluralismo informativo no está en que circulen varios mensajes sino en que haya varias cadenas de difusión de los mismos contenidos.
La tercera es que, como sabemos desde que el chino Sun Tzu escribiera “El arte de la guerra”, una obra que es más vieja que la Biblia, la manipulación es una técnica militar. Forma parte de la guerra, no del periodismo. Por eso, no basta con dar una noticia, sino que hay que denostar a quien la niega. Es la clave para convertir el negacionismo en un insulto.
El responsable de la noticia es el portador de la misma. Si desacreditas al informador, desacreditas la información. Se llama “matar al mensajero” y no falla nunca. De ahí que nadie pregunte, por ejemplo a The Guardian, por sus fuentes. Eso sólo se hace a un medio independiente. Una noticia que choca con la ideología dominante requiere aclarar su origen; una noticia que la confirma se propaga por sí misma, sin necesidad de un respaldo.
Recientemente hemos tenido dos intoxicaciones que han circulado de esa manera. La primera ha sido la muerte de Kin Jong-un y la segunda la compra por Bashar Al-Assad de un cuadro en Sotheby’s por 25 millones de libras esterlinas para hacer un regalo a su mujer.
Las múltiples técnicas de intoxicación informativa se resumen en un principio militar: son maniobras de distracción. Los submarinos y los aviones de combate llevan señuelos a fin de que los torpedos y misiles que les apuntan se desvíen de su trayectoria, encaminándose hacia otros objetivos, que son ficticios. El torpedo o el misil confunden el blanco; no diferencian la mentira de la verdad.
“Gobernar es hacer creer”, escribió Maquiavelo hace 500 años. Es fabricar un mundo de suposiciones y de ilusiones, como la de que durante la transición España inauguró una nueva etapa de su historia, diferente a la anterior.
Del mismo modo, ahora suponemos que el gobierno está preocupado por nuestra salud y no le ha importado paralizar la marcha de la economía porque “lo primero es la salud”. Nunca se ha preocupado del hambre, ni de que los niños desfallezcan en medio del patio de la escuela, pero sí se preocupa en cambio por un catarro, o un resfriado, o una bronquitis, o una neumonía.
A partir de ese señuelo, es evidente que las medidas adoptadas tienen su origen en la salud, que la ley marcial se ha impuesto por motivos sanitarios y que la crisis económica deriva de ahí. Millones de trabajadores irán al paro en todo el mundo creyendo que quien les ha enviado a la calle es un virus.
El papel asignado a los sindicatos y a los antisistema, en general, forma parte del sistema que dicen combatir: sostener la ficción hasta el último minuto, impedir que aparezcan herejes que nos saquen del estupor, e incluso despreciarlos, porque están quedando en evidencia hoy como quedaron en evidencia en 1977.
En el mundo moderno lo virtual ha dado nuevas alas a los señuelos y las ilusiones. Lo único real es que aunque las calles siguen vacías, en el Primero de Mayo hemos tenido más mítines virtuales que nunca.
Las imágenes de los féretros en las calles de Guayaquil, en Ecuador, en medio de la pandemia mundial, han impactado al mundo entero que, por asociación de ideas, supone que habrán muerto de lo único que se mueren hoy las personas: por culpa del coronavirus.
Los medios van de un engaño a otro. Hace ya un año, al menos, que los vecinos decidieron abandonar los ataúdes de sus difuntos en las calles porque la muerte es otro negocio privado y la población no puede pagar los exorbitantes gastos funerarios.
No hay dinero ni siquiera para morir tranquilo. Desapareció aquello del “Descanse en paz”. Sólo descansas si puedes pagar el coste, que oscila entre 600 y 3.000 dólares, según los deudos quieran un agujero con vistas al mar o a la montaña. En Ecuador casi nadie puede pagar esos precios, por lo que desapareció el RIP (“Requiescant In Pace”) de los cristianos sin que el Vaticano haya alzado la voz.
De Guayaquil no se sale nunca; no se puede ir ni al cielo ni al infierno. Una cremación cuesta 600 dólares.
Naturalmente, hace un año ningún medio publicó la noticia, que ahora están rescatando convenientemente en un contexto diferente, para seguir con el cuento de la pandemia.
El diario “El Universal” contaba (1) la historia de un anciano fallecido que pasó cuatro días en el velatorio porque sus vástagos no podían costear un entierro. Cuando el hedor del cadáver se hizo insoportable, los vecinos no lo pudieron soportar más, reunieron el dinero necesario, alquilaron una furgoneta entre todos para trasladar el cadáver a la morgue, donde permaneció casi tres meses.
Finalmente, los restos fueron enterrados en el cementerio de Lomas de Sargentillo. La subida de los precios del mercado mortuorio en Guayaquil desplaza las tumbas a dicho lugar, donde son más asequibles.
Algo parecido ocurrió un mes atrás en la ciudadela Kennedy Vieja, en el norte. Un ataúd en cuyo interior estaba el cuerpo sin vida de una mujer fue abandonado por su hijo en la puerta de una vivienda. El hijo pretendía que fuera su hermana quien pagara los 500 dólares del funeral, como ocurrió finalmente.
Este tipo de noticias son corrientes en los periódicos ecuatorianos desde antes de la pandemia:
“Donaron dinero para sepultar a vecino por hedor en Nueva Prosperina”
https://www.eluniverso.com/noticias/2019/03/29/nota/7256879/donaron-dinero-sepultar-vecino-hedor-nueva-prosperina
“En Guayaquil, sepultaron cadáver de hijo luego de siete días”
https://www.eluniverso.com/noticias/2018/01/08/nota/6557445/guayaquil-padres-velan-8-dias-su-hijo-casa-no-tener-dinero
“Abandonan féretro con el cuerpo de una mujer en el norte de Guayaquil”
https://www.eluniverso.com/noticias/2019/03/14/nota/7232870/abandonan-feretro-cuerpo-mujer-norte-guayaquil
“Los entierros en Guayaquil van de $ 1.700 a $ 30.000”
https://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/sociedad/6/entierros-costos-guayaquil
Ahora vean los titulares de los periodistas canallas que hay por aquí y juzguen Ustedes mismos:
La Vanguardia: “Los cadáveres se amontonan en Guayaquil por el coronavirus” (2).
Público: “El coronavirus golpea la ciudad de Guayaquil. En la provincia ecuatoriana del Guayas el colapso a causa de la covid-19 ha empeorado por la imposibilidad de enterrar a muchas personas que han fallecido en sus hogares, donde han permanecido durante días” (3).
El Mundo: “La pandemia ha transformado a Guayaquil en una gran morgue al aire libre, sitiada por el pánico al contagio del coronavirus” (4).
¿Necesitan más ejemplos de la intoxicación?, ¿hay algún medio que se salve del fraude? ¡Cómo se ríen de nosotros, especialmente todos esos cazadores de “noticias falsas”!
El cuento de la pandemia también oculta la miseria en la que vive la población ecuatoriana.
(1) https://www.eluniverso.com/guayaquil/2019/04/08/nota/7274486/gastos-mortuorios-oscilan-600-3000-urbe https://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/sociedad/6/entierros-costos-guayaquil
(2) https://www.lavanguardia.com/internacional/20200402/48275164261/cadaveres-amontonan-guayaquil-ecuador-coronavirus.html
(3) https://www.publico.es/internacional/coronavirus-ecuador-cadaveres-abandonados-calles-covid-19-golpea-ciudad-guayaquil.html
(4) https://www.elmundo.es/internacional/2020/04/01/5e84d472fdddffd4618b45c6.html
“Es una tragedia humanitaria excepcional la que está golpeando el noroeste de Siria. Decenas de miles de personas, en su mayoría mujeres y niños, han vuelto a huir de sus pueblos y aldeas en los últimos días para dirigirse al norte y escapar así de los bombardeos rusos y del avance de las tropas sirias hacia el oeste”, asegura Viento Sur en un artículo (1).
En otro no menos absurdo lamenta la “despiadada masacre del régimen en Idlib” (2) porque cada vez que “el régimen” se dispone a aplastar a los yihadistas y a sus amos imperialistas, Viento Sur se echa a llorar.
Durante los años que Idlib estuvo en poder de los yihadistas no parece que se cometieran masacres o, al menos, Viento Sur no dijo nada. Las masacres comienzan con la llegada del “régimen” y a los plumíferos trotskistas se les ve el plumero.
Viento Sur no es nada diferentes de los demás altavoces del imperialismo; sólo le da su toque personal, “izquierdoso” e hipócrita. Por ejemplo, Viento Sur no dice nada diferente de Associated Press, un típico portavoz del Pentágono que justifica la agresión contra Siria.
Pero Viento Sur no tiene corresponsales ni fotógrafos en Idlib. ¿De dónde saca sus historias? De los yihadistas que han permanecido en la provincia. Por eso durante ocho años ninguna de sus informaciones explica la plácida dominación terrorista sobre sus habitantes.
Pero hay otro tipo de fuentes: las que están en la nómina del gobierno británico desde 2012, un aspecto de la guerra, la guerra sicológica contra Siria, del que ya hemos hablado aquí varias veces y que nunca ha sido mencionado ni por Viento Sur, ni por Associated Press; como si no existiera. Se callan porque ambos forman parte de la misma, uno (Associated Press) en su versión reaccionaria, y el otro, Viento Sur, en la seudoizquierdista.
“Varios documentos filtrados consultados por Middle East Eye muestran que la historia de la propaganda comenzó en 2012 y se aceleró al año siguiente, poco después de que el Parlamento británico se negara a autorizar la acción militar británica en Siria. Utilizando fondos británicos, estadounidenses y canadienses, los contratistas del gobierno británico establecieron oficinas en Estambul y Ammán, donde contrataron a miembros de la diáspora siria, que a su vez contrataron a periodistas ciudadanos sirios […] En 2015, Free Syria, Syrian Identity and Undermine se financiaron con libras esterlinas y dólares canadienses, y se gastaron el equivalente a unas 410.000 libras al mes” (3).
Se llama escribir al dictado. Como buenas marionetas las fuentes han sido contratadas y adiestradas por el gobierno británico y tienen nombres y apellidos que aparecen en los propios reportajes. El director de esta orquesta mediática es el MI6, la inteligencia militar británica.
“Unas nueve empresas fueron invitadas a licitar por los contratos. Incluyeron una serie de empresas creadas por ex diplomáticos británicos, oficiales de inteligencia y oficiales del ejército. Aunque los contratos fueron adjudicados por el Ministerio de Relaciones Exteriores británico, fueron gestionados por el Ministerio de Defensa británico y, a veces, por oficiales de la inteligencia militar. Estas empresas establecieron oficinas en Ammán, Estambul y, durante un tiempo, en Reyhanli, en el sudeste de Turquía. A partir de ahí, emplearon a sirios que a su vez contrataban a periodistas ciudadanos sirios, que creían trabajar para las oficinas de los medios de comunicación de los grupos de oposición sirios”, añade Middle East Eye.
El espionaje británico también contrató a periodistas para escribir artículos de propaganda sobre “los rebeldes sirios” y, naturalmente, el gobierno organizó y dirigió a los portavoces de la famosa “oposición moderada”:
“Documentos filtrados consultados por Middle East Eye muestran que el gobierno británico adjudicó contratos a empresas de comunicación, que seleccionaron y capacitaron a portavoces de la oposición, dirigieron oficinas de prensa que funcionaban las 24 horas del día y crearon cuentas de la oposición en las redes sociales. Se informó al personal británico que dirigía esas oficinas de que los empleados sirios podían hablar con periodistas británicos -como portavoces de la oposición siria-, pero sólo después de recibir el permiso de los funcionarios del consulado británico en Estambul. Una de las responsabilidades de las oficinas de noticias creadas en secreto por el gobierno británico en virtud de esos contratos era mantener una red eficaz de corresponsales autónomos en Siria para informar sobre las actividades de la MAO”, que es como llaman a la “oposición armada moderada”.
De este modo, entre bastidores, el gobierno británico podía influir en las conversaciones que los medios de comunicación británicos mantenían con individuos que se hacían pasar por representantes de “la oposición siria”.
No sólo los medios británicos recurrían a este tipo de sujetos. Todo el movimiento de “oposición civil” era, como los Cascos Blancos, un frente bien organizado y pagado del gobierno británico. Pero cuando Turquía intensificó su protagonismo en Siria, la operación de desinformación británica comenzó a apagarse:
“El entusiasmo del gobierno británico por gran parte del trabajo parece haber comenzado a disminuir cuando se hizo cada vez más evidente que el gobierno de Assad y sus aliados rusos e iraníes estaban ganando la guerra civil, y la financiación de los contratos comenzó a agotarse. A principios de 2019, la Policía Siria Libre, una organización respaldada por los británicos, cesó finalmente sus operaciones tras la toma de la provincia de Idlib por parte de Al-Qaeda a principios de 2019, para gran disgusto de los civiles y los activistas de la sociedad civil. Según se informa, el Gobierno turco también se volvió menos tolerante con las iniciativas de propaganda coordinadas desde su territorio. Un hombre de negocios británico fue expulsado después de que las autoridades turcas descubrieran que había entrado en el país con un visado de turista”.
El hecho de que el gobierno turco se haya vuelto menos tolerante con la operación británica de intoxicación quizá pueda explicar la muerte el año pasado de James Le Mesurier, el espía británico que dirigía el grupo de propaganda de los Cascos Blancos desde Estambul.
(1) https://vientosur.info/spip.php?article15635
(2) https://vientosur.info/spip.php?article15597
(3) https://www.middleeasteye.net/news/revealed-british-government-covert-propaganda-campaign-syria
Más información:
— Los imperialistas británicos crearon una agencia de prensa para la guerra sicológica contra Siria
— El espionaje británico supervisa la contratación de los periodistas de la BBC
— ‘Dejé los servicios secretos británicos cuando el MI6 decidió financiar a Osama Bin Laden’
— Los Cascos Blancos están dirigidos por espías británicos
— El MI6 acelera los planes de evacuación de los peones que aún mantiene en Idlib para evitar su captura
— Otro yihadista británico que trabaja para su gobierno
— El gobierno de Londres confiesa su apoyo a los yihadistas libios
— Espías y periodistas: se le atrapa antes al mentiroso que al cojo
— Los Cascos Blancos están dirigidos por espías británicos
— Las operaciones secretas del espionaje británico para apoyar a los terroristas sirios durante la guerra (1)
— Las operaciones secretas del espionaje británico para apoyar a los terroristas sirios durante la guerra (2)
— Las operaciones secretas del espionaje británico para apoyar a los terroristas sirios durante la guerra (3)
— Las operaciones secretas del espionaje británico para apoyar a los terroristas sirios durante la guerra (y 4)
No descubrimos nada nuevo al decir que Ucrania es uno de los vertederos que utiliza la OTAN, junto a otros como Afganistán. Entre otras cosas, las guerras imperialistas y los golpes de estado sirven para destruir determinados países que sirven de retaguardia para el elenco de sicarios de la peor calaña, nazis y yihadistas, que no están tan lejos unos de otros como algunos suponen porque a ambos los une la OTAN.
Ni Afganistán es el paraíso sólo del yihadismo ni Ucrania el del nazismo exclusivamente. Tanto Rusia como las Repúblicas del Donbas han venido denunciando desde hace años que la OTAN utiliza a Ucrania como escondite de los yihadistas. La intervención de Rusia en la Guerra de Siria sólo se produce después de las lecciones aprendidas por el Kremlin en 2014 con el Golpe de Estado de Maidan.
Nadie hizo caso nunca a algo que estaba considerado como pura “propaganda rusa” (1), hasta que la semana pasada lo publicó The Independent en grandes titulares: “Cómo se ha convertido Ucrania en el hogar de los dirigentes del Califato Islámico que han huído de Irak y Siria” (2).
El detonante del artículo fue la detención en Ucrania el 15 de noviembre de Al-Bara Shishani, un dirigente yihadista que huyó de Siria tras fingir que había muerto en un bombardeo aéreo. En realidad llevaba varios años viviendo escondido en Ucrania y, naturalmente, no es el único.
Shishani, “ministro de la Guerra del Califato Islámico”, como lo llamó el Pentágono (3), salió de Siria a través de Turquía con documentación falsa, desde donde llegó a Ucrania. Hace tres años, uno de los que le reclutaron para el Califato Islámico, Shatayev, fue detenido en Uzhgorod, Ucrania occidental, y llevado ante un juez, por una petición de Rusia dirigida a la Interpol. Naturalmente, Shatayev nunca fue extraditado a Rusia y pudo volver a esconderse en Georgia.
A nadie le puede extrañar que este tipo de cosas ocurran cuando Rusia está por medio. El responsable del juicio de Shatayev fue Yuri Lutsenko, a quien luego ascendieron a Fiscal General del Estado por presiones de Joe Biden sobre Poroshenko y el gobierno ucraniano. Para presionarle, a Lutsenko le acusaron de corrupción y liberó al dirigente yihadista buscado por la Interpol.
Una periodista de Kiev, Katerina Sergatskova, investigó el caso y la presencia de Shatayev en Ucrania pero no hizo ningún caso a las informaciones que procedían de Rusia de que en su país, Ucrania, hay campos de entrenamiento para yihadistas dirigidos por la OTAN.
Ni siquiera The Independent es capaz de llegar ahora hasta el fondo de los hechos. Más bien los encubre recurriendo a los tópicos: la falsificación de los pasaportes y la estancia de los yihadistas en Ucrania está favorecida por la corrupción y la incompetencia de la policía y los tribunales ucranianos. Sin embargo, uno de los entrevistados en el reportaje reconoce que el gobierno de Kiev no quiere acabar con la corrupción y la incompetencia de los policías a su servicio. No le interesa.
A pesar del cambio a los pasaportes biométricos, los yihadstas los obtienen sin problemas por unos 5.000 dólares en el mercado negro, dice The Independent. Pero ese mercado negrono existe, no es nada diferente del SBU y la propia policía ucraniana, que se los entregan a los yihadistas de manera encubierta, lo cual explica que los pasaportes biométricos de los yihadistas son auténticos y no pasaportes falsos comunes, fácilmente detectables.
Pero eso no es todo: los yihadistas están luchando en el Donbas, como viene denunciando la “propaganda rusa”, y por eso disfrutan de la tutela del servico secreto ucraniano. Lo mismo que los nazis, los yihadistas son carne de cañón a los que la OTAN puede recurrir en cualquier guerra, sea sagrada o no. Son el Gladio del siglo XXI.
Ya que hablamos de los pasaportes auténticamente falsos del SBU, hay que advertir que la Unión Europea ha eximido a Ucrania de visados, por lo que los yihadistas pueden llegar muy fácilmente a Europa occidental, que es de lo que se trata. Por lo tanto, cuando se cometa un atentado yihadista en Bruselas, o en Madrid, o en Viena, no se sorprendan al leer que los autores habían llegado en un avión procedente de Kiev o que tenían pasaporte ucraniano; no digan que no sabían nada, no se encojan de hombros como hará el ministro de Interior en la rueda de prensa.
Al-Bara Shishani no sólo estaba escondido en Ucrania sino que desde Ucrania continuaba dirigiendo las acciones del Califato Islámico en Siria, y no es el único. Como bien dice The Independent, en Ucrania hay cientos de veteranos experimentados del Califato Islámico que siguen en activo bajo la tutela de la OTAN, el servicio secreto de Kiev y, naturalmente, las organizaciones nazis.
(1) http://euromaidanpress.com/2018/12/06/ukraine-related-narratives-dominate-russian-propaganda/
(2) https://www.independent.co.uk/news/world/europe/isis-leaders-ukraine-tukey-syria-caliphate-al-bara-shishani-a9211676.html
(3) https://www.nst.com.my/world/world/2019/11/539108/ukraine-says-detains-deputy-slain-islamic-state-minister-war
Si uno se da cuenta de que le roban la cartera se revuelve, pero no ocurre lo mismo cuando lo que le roban es el lenguaje, y todo saqueo ideológico empieza por cambiar el lenguaje, por imponer un nuevo vocabulario, que no es otra cosa que la introducción subrepticia de una ideología.
El lenguaje expresa el pensamiento. La mayor parte de las veces basta atender a las palabras que alguien utiliza para conocer su manera de pensar. Un vocabulario pobre, por ejemplo, indica un pensamiento rudimentario. “Díme cómo hablas y te diré quién eres”.
Hace cien años existía el racismo, que se apoyaba en el color de la piel y escondía una discriminación de clase social. A partir de los años setenta el racismo adquiere una forma cultural que progresivamente se transforma en religiosa.
Hoy internet es un filón para el análisis del lenguaje y sus cambios. En tiempos de las Cruzadas se hablaba de los “sarracenos”, luego de los moros y ahora las alusiones se dirigen hacia el islam.
En España las diferentes alusiones proceden del mito de la “Reconquista” medieval y en otros países europeos del colonialismo y de la descolonización, hasta que finalmente se han vinculado a la explotación de la fuerza de trabajo de origen “extranjero”.
La Universidad de Montpellier ha creado un laboratorio llamado “Praxiling” que estudia el habla corriente (1). A partir de una muestra de artículos de todo el mundo de 1944 a 2015, que comprende 350 millones de palabras, han creado una base de datos del léxico empleado corrientemente y, en consecuencia, de los conceptos que la ideología dominante transmite.
Cuando se segmenta el lenguaje en función de la ideología política se observa que en los años setenta ni siquiera los sectores europeos más reaccionarios, esos que hoy llamaríamos “extrema derecha”, hacía ninguna alusión al islam o a los musulmanes. Los racistas están hablando de una parte de la clase obrera y, fundamentalmente, de los emigrantes de origen norteafricano.
Las expresiones religiosas se comienzan a introducir porque los reaccionarios no quieren que se les acuse de ser lo que son y han sido siempre: racistas. La prensa dejó de hablar de “trabajadores árabes” y comenzó a referirse a ellos como musulmanes o islamistas. Naturalmente a la ideología dominante, manifestada a través de los medios, les importaba un bledo que lo fueran o no.
La ideología burguesa supone que un musulmán puede dejar de serlo; le basta con afiliarse a otra religión, mientras que consideran que el árabe es una raza (o una etnia, para ser más finos) y eso es algo que no cambia nunca. Luego no se le puede acusar de racismo a alguien que califica a otro como “musulmán” porque eso no es una raza.
Los lingüistas han creado una aplicación informática, el buscador Ngram (2), que muestra los vasos comunicantes que hay entre la palabra “árabes”, por un lado, y “musulmán”, por el otro. La aplicación analiza el contenido de casi cinco millones de libros, es decir, alrededor del 4 por ciento de los libros publicados entre 1500 y 2018, el mayor corpus lingüístico de todos los tiempos. Ngram muestra un pico en el uso de la palabra «árabes» a mediados de la década de 1970, seguido de un declive y un aumento casi concomitante de la palabra musulmanes.
En materia de lenguaje siempre hay que recurrir a Nebrija para recordar que el idioma va con el imperio. El “habla” es ideología, es ciencia, pero también es colonialismo. Los conquistadores se refieren a los conquistados de una determinada manera; no los llaman por su nombre sino que los clasifican, como quien calsifica a las especies y les pone un nombre en latín.
Por ejemplo, como a Argelia los colonislistas la consideraban como una parte de Francia, no podían llamar a los argelinos por su nombre. En Argelia no había franceses y argelinos porque todos eran franceses. Por eso los llamaron “musulmanes” y siempre les importaba un bledo que no lo fueran. Tenían que aguantarse que los clasificaran así.
Tras la descolonización ocurrió al revés porque el término “árabe”, que fue despectivo hasta entonces, se revalorizó a partir de 1960, el nasserismo, la lucha palestina y el tercermundismo. No puedes despreciar a alguien que se pone a tu altura y se sienta contigo en una asamblea de la ONU. Necesitan otras palabras despectivas.
Ni siquiera las palabras pueden escapan de la historia, la lucha contra el imperialismo o la lucha de clases, que el motor de todo. Por ejemplo, en 1983 en Francia había un gobierno “socialista” enfrentado a una oleada de huelgas (en Citroën, en Aulnay, en Talbot, en Poissy, en Flins, en Renault) protagonizadas por trabajadores, una parte importante de los cuales eran de origen norteafricano (Marruecos, Argelia, Mauritania, Malí) e incluso de Turquía.
Maestros en el arte prestidigitador, los “socialistas” hicieron lo que mejor saben saben: sacaron la lucha del terreno sindical y la llevaron al campo de la religión, acusando a los obreros de ¡fundamentalismo! Entonces nadie sabía muy bien lo que aquello significaba, pero no tenía buena pinta. El gobierno de Mitterrand se refería a que los obreros no estaban manipulados por los comunistas, un tópico de la posguerra, sino por los imanes.
Ahora la “yihad” (guerra sagrada) ya nos resulta muy familiar, pero entonces fue muy sorprendente escuchar al ministro de Interior, el canalla de Gaston Defferre, referirse a las “huelgas sagradas” que habían emprendido musulmanes y chiítas fundamentalistas. En torno a la revolución iraní (1979) los altavoces del imperialismo habían creado la correspondiente alarma y los “socialistas” franceses supieron a aprovecharse de ello (1983) para romper la solidaridad con los trabajadores en huelga, dividir y enfrentar a unos con otros por motivos religiosos, tras los cuales se escondía el racismo.
A partir de entonces la lucha contra el yihadismo, en cualquiera de sus formas, crea yihadismo, tanto en el interior de Europa como en los países musulmanes. No es la causa sino la consecuencia, una criatura fabricada a imagen y semejanza de su creador.
(1) http://www.praxiling.fr/
(2) http://biblioteca.uoc.edu/es/recursos/recurso/google-books-ngram-viewer