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La Doctrina Primakov

La mayor parte de los países tienen protagonistas cuyas vidas resumen determinadas épocas de la historia. La del soviético Yevgeny M. Primakov, fallecido en el olvido el año pasado, se corresponde con la de la caída de la URSS y la Rusia actual.

Primakov nació en Ucrania en 1929, aunque se crió en Tiflis, la capital georgiana, un balcón desde el que se puede divisar Oriente Medio con una perspectiva privilegiada. A esa experiencia caucásica originaria hay que añadir su licenciatura en el Instituto de Estudios Orientales de Moscú, que obtuvo en 1953, coincidiendo con la muerte de Stalin.

Era un arabista experto que completó su formación con la corresponsalía de Pravda en Oriente Medio, donde fue captado para trabajar al servicio del KGB, una organización que reconvirtió tras la caída de la URSS, siendo el máximo dirigente del primer servicio ruso de espionaje.

En los últimos momentos de la URSS fue un estrecho colaborador de Gorbachov, que le envió durante la Primera Guerra del Golfo entre Irak e Irán como interlocutor privilegiado ante Sadam Hussein. En 2003 Putin hizo lo propio. Primakov intentó en Bagdad la misma mediación que diez años después emprendió Rusia en Damasco con el armamento químico, aunque sólo esta segunda tuvo éxito.

En 1996 Primakov dejó el espionaje para ocupar el cargo de ministro de Asuntos Exteriores, donde trabajó a las órdenes de Yeltsin durante dos años. En la Guerra de los Balcanes sostuvo al presidente yugoeslavo Milosevic y firmó con Javier Solana, secretario general de la OTAN, lo que entonces fue calificado como Acta Fundacional que inauguraba el final de la Guerra Fría, el señuelo de una era de paz perpetua en el mundo.

Primakov es el pionero de la actual política exterior rusa. En 1999 promovió un triángulo estratégico con China e India como contrapeso a la hegemonía de Estados Unidos que en aquel momento llevaba las “revoluciones de colores” a las antiguas repúblicas soviéticas de Asia central para despedazarlas.

Aquel mismo año fue nombrado Primer Ministro, teniendo que hacer frente a la peor cosecha de la historia, un verdadero desastre agrario, cuyos precedentes se remontan a las reformas de Jruschov de finales de los años cincuenta. Lo mismo que Jruschov, Primakov también tuvo que humillarse para pedir trigo a Estados Unidos y Canadá.

La breve presencia de Primakov al frente del gobierno ruso fue un interregno entre Yeltsin y Putin y hay un incidente que marca la transición de una etapa a la otra: el viaje a Washington de 24 de marzo de 1999. La OTAN desató los criminales bombardeos sobre la desaparecida Yugoeslavia en el preciso momento en el que Primakov iba en el avión y su reacción fue clara: ordenó al piloto dar media vuelta.

Fue el primer gesto de cierta dignidad de la política exterior soviético-rusa desde los tiempos de Gorbachov. En Washington aún lo llaman “The Primakov’s Loop” (La Media Vuelta de Primakov).

Yeltsin le despidió el 12 de mayo de 1999 porque tenía fama de estar bastante anticuado, es decir, de ser alguien cercano al viejo comunismo, un reproche que -entonces y ahora- recae sobre todos aquellos que se oponen a Estados Unidos y al imperialismo en general.

Como cualquier otro dirigente de la época, incluido Putin, Primakov no se oponía al imperialismo. Es posible que nunca supiera el significado de esa palabra, lo mismo que Putin. Nadie se puede enfrentar a algo que no sabe lo que es.

El núcleo de la política de Primakov al frente de la diplomacia rusa, que Putin ha seguido de manera cada vez más consistente, ni siquiera estuvo enfrentada a Estados Unidos, sino a su hegemonía, que es algo muy diferente. Lo que se acabó llamando la “Doctrina Primakov” que hoy impera tanto en Rusia como en China y otros países, es la “multilateralidad” de la política internacional.

La Doctrina Primakov y la multilateralidad están ligadas al nacionalismo ruso (y chino) que, en personajes como Putin, tiene un carácter estrictamente defensivo o reactivo. No es el viejo nacionalismo del periodo de entreguerras del siglo pasado sino un nacionalismo que ha ido surgiendo tras la caída de la URSS en 1990 como consecuencia del peso abrumador que Estados Unidos adquirió en los asuntos internacionales.

Es un nacionalismo generado por el “internacionalismo” (la famosa mundialización) impuesto en el que Estados Unidos es la única potencia que se beneficia de las reglas del juego. Como explicó Lenin, el imperialismo intensifica la opresión nacional. El capital financiero es una fuerza “tan considerable” que “subordina incluso a los países que gozan de una independencia completa”, escribió. El imperialismo, pues, genera dependencia y con ella fuerzas sociales, políticas, e incluso países enteros que pretenden escapar de ella.

Putin, que llega al gobierno ruso con la caída de Primakov y la posterior de Yeltsin, es el prototipo de las figuras políticas surgidas en el mundo como consecuencia de esa situación. Se trata de un político con un origen parecido al de Primakov: el espionaje soviético, el legendario KGB que durante las décadas más duras de la Guerra Fría fue la primera trinchera de combate contra el imperialismo, dentro y fuera de la URSS.

Sin embargo, Rusia renació para olvidar a la URSS. Fueron los primeros en soñar que “Otro mundo es posible” sin acabar antes con éste. En 1990 nació en la nueva San Petersburgo un círculo político en torno al hoy olvidado alcalde Anatoli Sobchak que soñaba con alejar a la OTAN de Europa (y a Europa de la OTAN). Empezaron calificando a los países de la Unión Europea de “nuestros socios” y, a cambio, sólo recibieron patadas en las nalgas, especialmente después del golpe de Estado fascista en Ucrania en 2014.

Ni Primakov, ni Putin, ni quien venga después en Rusia han elegido, pues, seguir la política exterior que siguen en la actualidad. Si Rusia (y China) quieren sobrevivir como naciones no tienen otro remedio que hacer lo que hacen. Su multilateralismo es una oposición a la hegemonía, o sea, al “unilateralismo” de Estados Unidos tal y como se configuró en 1945 y luego en 1990.

La segunda ingenuidad de la que se está desembarazando la Rusia actual a marchas forzadas es la creencia de que el cambio de la unilateralidad a la multilaterialidad (y por lo tanto su subsistencia como país) lo pueden lograr pacíficamente, mediante negociaciones o sumando sus fuerzas a la de otros países, como China. Es un error. Estados Unidos ya ha demostrado en numerosas ocasiones que no se va a desprender de la hegemonía por las buenas, sin desencadenar una nueva guerra mundial. “Si la correlación de fuerzas ha cambiado, ¿cómo pueden resolverse las contradicciones bajo el capitalismo, si no es por la fuerza”, escribió Lenin hace cien años.

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Estados Unidos construyó una base militar secreta bajo el hielo de Groenlandia

En 1959 el cuerpo de ingenieros de Estados Unidos construyó una base militar subterránea en Groenlandia. La obra se encubrió con el pretexto de investigar la viabilidad de trabajar bajo hielo. En realidad, Estados Unidos estuvo trabajando de 1960 a 1966 en el Proyecto Iceworm para construir una red de misiles nucleares móviles bajo hielo, que le permitiera atacar a la URSS.

La base que Estados Unidos construyó bajo hielo se conoce hoy en día como Camp Century. Tiene 8 metros de profundidad y recorre 1,6 kilómetros. En ella vivieron cerca de 200 soldados. En ella Estados Unidos almacenó toda clase de elementos biológicos, químicos y radioactivos. Al interrumpir el proyecto, dejaron abandonados los residuos tóxicos.

En la Guerra Fría, Groenlandia se convirtió en un punto estratégico para Estados Unidos, pues era el camino más corto para que los bombarderos y los misiles alcanzaran la URSS.

El Proyecto Iceworm pretendía almacenar 600 misiles balísticos intercontinentales, que eran transportados por un sistema de rieles y túneles bajo la capa de hielo.

Para ocultarlo, el Pentágono engañó a todo el mundo hablando del proyecto Camp Century, que planeaba la construcción de una supuesta ciudad bajo el hielo en la que científicos, ingenieros y militares trabajarían juntos. Ni siquiera al gobierno de Dinamarca, bajo cuya soberanía está Groenlandia, le informaron de los verdaderos planes del Pentágono.

Excavaron 21 túneles de tres kilómetros de largo bajo la capa de hielo. Allí se construyeron laboratorios, una biblioteca, una iglesia, un café, salas de descanso, lavanderías y cuarteles. Gracias al reactor nuclear móvil Alco PM-2A, el primero en su tipo, el campamento contaba con energía, sistemas de filtrado de agua y calefacción para las 200 personas que allí vivían.

El Pentágono convirtió a Camp Century en parte de su propaganda acerca de la superioridad tecnológica de Estados Unidos. Pero fue un fracaso rotundo, tanto científico como militar, sobre todo teniendo en cuenta los millones de dólares invertidos. Los soldados debían retirar más de 120 toneladas de nieve y hielo para evitar que las paredes y el techo de la construcción se vinieran abajo.

En 1962 la estación de energía atómica se vio amenazada por la caída del techo y en 1964 por la deformación de los túneles, por lo que ese año fue desmontada. La estación trabajó un año más con generadores diésel, pero en 1965 fue totalmente evacuada.

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Estados Unidos fomenta la guerra en el Mar de China Meridional

Han surgido serias divisiones sobre las diferencias en la Mar de China Meridional durante la reunión de los ministros de Asuntos Exteriores de la Asociación de Naciones de Asia del Sudoeste (ASEAN) que se celebra en Laos, lo que aumenta las ya vivas tensiones en estas aguas estratégicas. La cumbre tiene lugar tras la decisión del 12 de julio del Tribunal Permanente de Arbitraje (CPA) de La Haya, apoyado por la ONU, que ha rechazado las pretensiones marítimas chinas en el Mar de China Meridional. Apoyados por Estados Unidos, Filipinas y Vietnam presionan para que el comunicado final incluya una referencia a la decisión del Tribunal, y a la necesidad de respetar el derecho internacional.

Estados Unidos, que no ha ratificado la Convención de Naciones Unidas sobre Derecho Marítimo (UNCLOS), han apoyado y ayudado a Filipinas a presentar su dossier ante el Tribunal de La Haya. China ha rechazado tomar parte en el proceso, insistiendo en decir que el Tribunal no tiene competencia, y ha declarado con insistencia que no prestará atención a la decisión. Aportando su apoyo a China, Camboya ha bloqueado toda atención a la decisión de la CPA en un comunicado de la ASEAN, y ha declarado su preferencia por que los litigios territoriales sean arreglados sobre bases bilaterales, postura adoptada por Pekín. Cuatro de los diuez miembros de la ASEAN, Malasia, Brunei, Filipinas y Vietnam, tienen desacuerdos antiguos sobre cuestiones marítimas con China.

En el transcurso de los últimos cinco años, el gobierno Obama ha intervenido directamente en estos conflictos, declarando que Estados Unidos tiene un “interés nacional” en el Mar de China Meridional, insistiendo en “conversaciones en foros multilaterales” tales como la ASEAN. En 2012, la ASEAN se dividió en torno a la cuestión, entre Filipinas y Vietnam por un lado, y Camboya por el otro.

Por primera vez en los 45 años de historia de la Asociación, la cumbre de aquel año finalizó sin el anuncio de un comunicado final.

Washington ha estado intensificando las tensiones en el curso de los últimos 18 meses, denunciando la creación de zonas de diques por parte de China y supuestas militarizaciones de arrecifes bajo su control en el Mar de China Meridional. Incluso antes de cualquier decisión del Tribunal de La Haya, la Marina norteamericana ha iniciado tres provocadoras operaciones de “libertad de navegación” (FONOPS), enviando destructores al límite territorial de 12 millas marinas que rodean los islotes administrados por China.

El refuerzo de las capacidades militares de los Estados Unidos en el Mar de China Meridional y de los lazos militares con los países vecinos, como Filipinas y Vietnam, forman parte de una cabeza de puente hacia Asia más grande para aislar diplomáticamente a China, cercándola militarmente y preparándose para la guerra.

Tras obtener la decisión del Tribunal de La Haya, Washington tiene la intención de extender su ventaja. El ministro Estadounidenses de Exteriores, John Kerry, es esperado en la capital laosiana de Vientiane, en donde participará en las negociaciones ampliadas de la ASEAN, y tal vez se reúna con su colega chino Wang Yi, para discutir cuestiones marítimas.

Un alto responsable anónimo norteamericano ha declarado a los periodistas que Kerry animaría a los países involucrados a “orientarse de manera constructiva hacia un esfuerzo para encontrar medios diplomáticos para interactuar pacíficamente en el Mar de la China Meridional”. De hecho, Estados Unidos está haciendo todo lo posible para meter una cuña entre China y sus vecinos. Este responsable ha declarado que era importante que los miembros de ASEAN “se pronuncien” y encuentren un terrreno de acuerdo en estas cuestiones.

Mientras que Kerry ha buscado reforzar un frente anti China en la reunión de la ASEAN, el vicepresidente Joe Biden estuvo en Australia y Nueva Zelanda para consolidar las alianzas militares. Australia, en especial, juega un papel central en la expansión militar norteamericana en Asia, abriendo sus bases a las fuerzas americanas, e integrando al ejército australiano con sus homólogos norteamericanos.

Tras la decisión del Tribunal de La Haya, el Pentágono ha reiterado su decisión de que el ejército norteamericano “navegue, vuele y opere” en todo el Mar de China Meridional. Sin duda, Biden ha presionado al gobierno australiano para dar luz verde a sus propias FONOPS navales en las aguas chinas reivindicadas, para dar así un aspecto de legitimidad a las acciones provocadoras de Washington.

La consejera de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Susan Rice, está actualmente en Pekín para realizar entrevistas sobre el Mar de China Meridional, supuestamente para hacer avanzar la cooperación en un período de tensiones incrementadas. Antes de las discusiones, otros funcionarios anónimos han declarado que “no buscamos hacer cosas que agraven la situación. Y al mismo tiempo, procuramos que ellos [los chinos] no hagan cosas inoportunas que puedan degenerar”.

En el período que precedió a la decisión de La Haya, el ejército estadounidense efectuó cierto número de acciones muy provocadoras, como ejercicios navales con dos portaaviones y sus grupos de ataque aeronaval en el mar de Filipinas, cerca de las aguas disputadas. El portaaviones USS Ronald Reagan y su grupo de ataque de destructores y cruceros patrullaban el Mar de China Meridional. La US Navy y los Marines comenzaron los ejercicios anuales de guerra marítima con las Fuerzas Armadas de Singapur, con 700 efectivos y navíos, submarinos y aeronaves de ambos países.

La demanda de Rice de que China se abstenga de medidas “agravantes” es en realidad un aviso amenazante de que toda acción china en el Mar de China Meridional será condenada y aprovechada para justificar la continuación de la expansión militar de Estados Unidos en esta región estratégicamente sensible. Mientras que Estados Unidos pretende proteger las rutas comerciales, su refuerzo militar es una amenaza implícita a la vez contra las bases chinas adyacentes al Mar de China Meridional y contra las rutas marítimas, de las que China depende para importar materias primas vitales y energéticas de Oriente Medio y de África.

La ofensiva diplomática de Washington sobre el Mar de China Meridional amenaza con romper el grupo de países de la ASEAN. Aunque es posible que se encuentre una fórmula para esconder la miseria de las profundas diferencias en el comunicado final, el “Wall Street Journal” ha informado que en Vientiane los diplomáticos discutían cambios fundamentales sobre la manera en que se toman las decisiones.

“La frustración [por el veto de Camboya] lleva a la discusión de ideas hasta ahora tabúes, sobre modificaciones en las reglas de la ASEAN que permitan una ruptura del consenso necesario y permitir la creación de pequeñas coaliciones que permitirían a la mayoría de la ASEAN avanazar en las «cuestiones en litigio”, explica el periódico.

Esa trayectoria podría llevar a una ruptura de la organización, ya sea en favor del campo proamericano o del campo prochino.

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La nueva alianza bizantina

El 9 de agosto en San Petersburgo, el presidente ruso Vladimir Putin se entrevistará con el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan. El momento es revolucionario. No ha existido un giro político comparable en los 67 años transcurridos desde el establecimiento del Tratado de la Organización del Atlántico Norte (OTAN); ni en los 100 desde que el Imperio Otomano se alineó con Alemania contra Rusia en la Primera Guerra [Mundial]; ni en los dos siglos desde que el sultán Mahmud II y el zar ruso Alejandro I se unieron contra Napoleón y los ingleses.

Las fuentes rusas dicen estar seguras de que los servicios secretos no avisaron a Erdogan ni ayudaron a vencer a sus fuerzas en el golpe del 15 y 16 de julio. Después de que Erdogan comenzara su contragolpe, y en la lucha que aún continúa entre las fuerzas islamistas de Erdogan y las fuerzas militares regulares, añaden las fuentes, sí que ha habido y habrá ayuda rusa. Está mas orientado hacia el futuro que hacia los hechos de las semanas pasadas lo que el primer ministro Mehmet Simsek dijo a su colega Arkady Dvorkovich en Moscú: “Me gustaría agradecerles el apoyo recibido en los pasados sucesos en Turquía, por apoyar la democracia y el gobierno turco”.

Las fuentes rusas dicen que ya están acordadas por ambas partes las contrapartidas, a través de un comercio de dos vías; el gas, energía nuclear y otros tipos de energía, más el turismo. Hay mucho mas en el tapete, sin embargo, añade una de las fuentes. “Putin y sus consejeros creen que Erdogan aún está en peligro. Le apoyan ahora por la oportunidad para reorganizar la relación con Turquía. Se están refiriendo al asedio de Rusia por la frontera sur y el Mar Negro, desmembramiento del Cáucaso, y ataque contra el Kremlin de sus enemigos. Ahora mismo, con Europa colapsando, el enemigo son Estados Unidos con el apoyo de la OTAN. Si Turquía rompe con Estados Unidos, la OTAN se queda parapléjica. Veremos como Putin y Erdogan presentan la nueva Roma, la nueva Bizancio”(*).

La agenda de la nueva alianza se formalizó en un encuentro del Consejo de Seguridad. El Kremlin anunció que “el presidente informó a los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de su reciente conversación telefónica con el presidente de Turquía Recep Tayyip Erdogan y el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, en el contexto de los preparativos de la visita del presidente turco a Rusia fijada para principios de agosto”.

Lo que se omitió fueron los informes militares y de inteligencia que Putin recibió del ministro de Defensa, Serguei Shoigu, y del jefe del Servicio de Inteligencia Exterior, Mijail Fradkov, del director del Consejo, Rashid Nurgaliyev y del director del Servicio Federal de Seguridad, Alexander Bortnikov.

Las fuentes rusas quitan validez a las narraciones de la prensa extranjera sobre el conocimiento previo del intento de golpe de Estado por parte de Arabia e Israel. “Maquinaciones, sobornos, ilusiones hubo”, comenta una de las fuentes, “pero nada de conocimiento y participación”.

En un análisis de las operaciones militares en Estambul y Ankara, Yevgeny Krutikov, corresponsal de Vzglyad en Moscú, informaba (1) de que no se dio coordinación entre el ejército turco, la marina y las fuerzas aéreas; pobre dirección y control dentro de cada uno de los servicios y unas inadecuadas tropas y potencia de fuego en las calles para combatir el vuelco a favor de Erdogan. “Simplemente, no hubo suficientes rebeldes. No había cadena de mando. Las ‘unidades de captura’ de diversas instalaciones consistían en un máximo de 10 personas bajo el mando de oficiales con rangos de capitanes a tenientes coroneles. Entre la dirección rebelde no había nadie por encima del rango de coronel. La ‘compañía rebelde’ hizo lo que pudo. Para intentar tomar el poder en un país altamente militarizado [necesitas] más que un batallón de tanques y un par de helicópteros. En divisiones mas grande [los rebeldes] no pudieron dar ninguna orden sin caer en el requisito de responder a una pregunta lógica: ‘¿y quién eres tu, por cierto’?”

¿Ayudaron los servicios de inteligencia rusos a Erdogan? Según Krutikov, “eso es irreal”. “No había en absoluto acuerdos entre los servicios ruso y turco. Además, todos los contactos estaban congelados desde el derribo del avión ruso [SU-24]. Las señales de radio de las maniobras de las fuerzas armadas golpistas estaban monitorizadas por nuestras tropas militares. Hay poca probabilidad de que esta información se transmitiera a los servicios especiales turcos”.

Las fuentes rusas no definen qué papel jugaron las agencias estadounidenses militares y de inteligencia durante los sucesos del 15 de julio en la base de Incirlik, si animaron o no desanimaron el intento de derrocar a Erdogan. Lo que es cierto mientras Erdogan intenta hacer limpieza, según analistas griegos y chipriotas, es que Turquía se ha enfrentado a la alianza de la OTAN y Estados Unidos. “Turquía esta saliendo ahora de la dependencia occidental”, dice una fuente bien informada de la región que pide no ser identificada. “Esto tiene sentido geopolítico, porque el oeste ha perdido control en Oriente Medio. Otros estrechos aliados en la zona, como Egipto, Arabia Saudita e Israel, se están haciendo autónomos, en el sentido de que no obedecen a Estados Unidos. La causa de ello es que Estados Unidos ya no pueden actuar hegemónicamente. Washington no puede dictar ni recomendar soluciones a los conflictos y rivalidades, como Irak, Siria, Libia o Palestina. Ahora, con implicación en el golpe o no, Erdogan ve su oportunidad para hacer una Turquía mas autónoma, y la está aprovechando”.

Las fuentes rusas están de acuerdo. Refiriéndose a la Secretaria Asistente de Estado Victoria Nuland, de cuyos planes de ataque contra Rusia en Ucrania, Turquía, Siria y Chipre ya hemos informado (2,3), una fuente de Moscú deduce: “Todas las conspiraciones de Nuland han fracasado. Estados Unidos ya no pueden hablar con los turcos. Perder ante Erdogan y sus islamistas significa que Estados Unidos ya no pueden dictar en la región. No podemos esperar que los norteamericanos lo acepten sumisamente. Ahora no hay gobierno en Washington. Pero si Clinton gana, habrá un contraataque de Estados Unidos. Será muy tarde”.

Como alguna reina francesa y Victoria Nuland han sugerido públicamente, las revoluciones requieren pasteles, o por lo menos galletas. Los beneficios a corto plazo de los objetivos comerciales de Erdogan y Putin fueron listados rápidamente en el encuentro del 26 de julio entre Dvorkovich y Simsek, y en los siguientes encuentros entre el ministro ruso de Energía Alexander Novak y los ministros de Economía y Energía turcos, Nihat Zeybekci y Berat Albayrak (4).

Las fuentes militares consideran que la posición de Erdogan está aún lejos de ser segura. “El número y la extensión de las purgas indican que esto es un golpe continuo, que podría convertirse en revueltas étnicas o civiles en cualquier momento, o en una guerra civil. Rusia se posiciona, como hizo en el pasado, a favor de la estabilidad del Estado turco; ahora mismo esto significa Erdogan. El Kremlin está contra la ruptura. En los siglos XIX y XX una Turquía débil significaba que los enemigos de Rusia ganaban el control de los vitales intereses rusos de aquella época, tales como los Estrechos”.

Fuentes griegas, chipriotas y rusas preguntadas sobre el actual curso de los acontecimientos dicen que los principales intereses de Rusia son obvios. Erdogan debiera poner fin a la exportación de yihadistas, ISIS y sedición hacia el Cáucaso ruso bajo la forma de los chechenos. Debe también poner fin a su táctica de “cambio de régimen” en Siria, y lo mismo en los Balcanes y Asia central. Las fuentes creen que en su actual dilema, Erdogan es una apuesta mejor para el Kremlin que el ejército turco, o que los llamados grupos kemalistas o gulenistas, apoyados por Estados Unidos. Si los elementos pro-americanos o de la OTAN pueden ser desarraigados y destruidos, Rusia se sentirá más segura, en tanto que la orientación islámica suní de Erdogan hará las paces con Rusia, como los chiítas de Irán e Irak están haciendo.

Según un historiador militar ruso “Putin no puede ser distinto del Zar [Nicolás II] en 1914. La imprevisión y la inestabilidad en Turquía son amenazas para Rusia, porque permiten la entrada de enemigos poderosos” (5).

Los economistas en Moscú ven el recíproco beneficio para Moscú y Ankara si el South Stream (también llamado Turkish Stream), el proyecto de gaseoducto, se recupera. Gazprom asegurará la venta de grandes volúmenes de gas al sur y hacia el oeste; Turquía puede beneficiarse de convertirse en un nudo energético, no solo para el gas ruso, sino también para nuevos flujos de Israel, y tal vez del Líbano y potencialmente Chipre.

Un conocido analista chipriota observa: “Si, Chipre está al margen, pero la situación a nuestro alrededor es trágica. Por lo menos la hegemonía occidental está acabada. Esto es bueno, porque una amplia parte del problema chipriota vino de la hegemonía anglo-americana y sus esfuerzos para afianzarse. Su subversión de la modernización árabe ha sido el mayor crimen del final del siglo XX y principios del XXI”.

“Volviendo a Chipre, con múltiples garantías, no solamente del oeste, y con una Turquía más autónoma y sin ser peón de nadie, las garantías para un Chipre reunificado serán mas realistas. Reflejarán el balance de poder real geográficamente, y también el balance del futuro”.

Hay apoyo en la zona para el acercamiento de Putin y Erdogan, incluso entre los más amargos enemigos de los turcos. Ven al Kremlin como un freno más fiable para las aventuras militares y expansionistas turcas de lo que han sido los estadounidenses, los ingleses o la OTAN. Dice el analista chipriota que “el gas natural es el futuro de Chipre para todas las tendencias políticas. Pero ahora mismo lo que mueve la economía es el turismo y el creciente papel del capital ruso, y también la pequeña pero creciente comunidad rusa. Rusia tiene muchos papeles que jugar en Chipre. Es probablemente la fuerza que atrae a la mezcla más amplia del pueblo: a las masas de la izquierda, últimamente al centro, y a una fracción de la derecha religiosa, tras casi un siglo, a pesar de que no sean aún una fuerza autónoma. Si ahora Rusia estrecha lazos con Turquía, entonces podemos tener incluso la amistad de los turco-chipriotas”.

Notas:

(1) http://vz.ru/world/2016/7/16/821900.html
(2) http://johnhelmer.net/?p=15389
(3) http://johnhelmer.net/?p=15820
(4) http://www.dailysabah.com/economy/2016/07/27/russian-deputy-pm-relations-with-turkey-to-be-better-than-before-crisis
(5) https://www.amazon.co.uk/Towards-Flame-Empire-Tsarist-Russia/dp/1846143810
(*) La doctrina de la nueva o tercera Roma alude a la noción rusa ortodoxa de que, por voluntad divina, Moscú es el heredero del antiguo Imperio Romano y luego del Imperio de Constantinopla (Bizancio) como centro de la cristiandad.

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La OTAN mintió sobre Ucrania para provocar una guerra contra Rusia

Hace unos días, el diario alemán Der Spiegel reveló que el exjefe de las fuerzas armadas de la OTAN en Europa, el general Philip Breedlove, junto a su “red secreta de asociados”, ha estado avivando el conflicto de Ucrania.

Según los correos electrónicos intervenidos a Breedlove por piratas informáticos –y que se publicaron en el portal DC Leaks– el general exageró los datos sobre las acciones de Rusia durante el Golpe de Estado en Ucrania en 2014 con el fin de suministrar armas a Kiev, así lo explican en Der Spiegel los periodistas Von Christoph Schult y Klaus Wiegrefe tras analizar esos correos.

La publicación alemana indica que Breedlove presionó al gobierno estadounidense  para que iniciara con Rusia una guerra subsidiaria, es decir, un conflicto contra Rusia llevado a cabo desde el apoyo a Ucrania. Breedlove exageró las acciones de Rusia en el este de Ucrania para animar a Estados Unidos a que suministrara armas a Kiev.

En febrero de 2015 Breedlove y sus cómplices, entre ellos el comandante de las fuerzas de la OTAN Wesley Clark, recibieron la noticia del experto militar estadounidense Philip Karber sobre la oportunidad de suministrar armas a Ucrania, siempre que Estados Unidos no estuviera involucrado directamente.

Para hacer hincapié en la necesidad de sus soluciones y convencer a los dirigentes de los países occidentales, Clark afirmaba que si Occidente abandonaba a Ucrania, China pensaría que tenía derecho a expandirse en el Pacífico. Además, advirtió de la probable desintegración de la OTAN y destacó que solo la ayuda militar podría salvar la situación.

A principios de 2015, Karber informó a Breedlove de que el frente estaba “por todas partes” y que los agentes rusos y sus cómplices tratarían de desestabilizar a Kiev y otras ciudades de Ucrania a través de “atentados, asesinatos, secuestros y bombardeos”. Todo esto para despertar falsas alarmas en pro de sus objetivos.

Durante la crisis en Ucrania, Karber pasó a un senador de Estados Unidos unas imágenes que presuntamente mostraban las fuerzas rusas en Ucrania. Las fotos se hicieron públicas, y muy pronto quedó claro que se trataba de fotos tomadas durante la guerra de Georgia de 2008, recuerdan en el artículo.

El hecho de que el general Breedlove ya esté retirado no brinda ninguna calma, según los autores. En las elecciones presidenciales de Estados Unidos que se celebrarán el próximo 8 de noviembre podría ganar Hillary Clinton, partidaria de una política dura hacia Rusia.

Además, la cómplice de Breedlove, Victoria Nuland, podría obtener un papel importante tras las elecciones: es posible que sea la próxima secretaria de Estado, advierte el diario alemán.

—http://www.informacionsensible.com/news/9835/El-excomandante-de-la-OTAN-mintio-sobre-el-conflicto-en-Ucrania-para-avivar-una-guerra-contra-Rusia/

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¿Es inevitable la guerra en el Mar de China Meridional?

El fallo del Tribunal Internacional de la Haya favorable a Filipinas en su disputa marítima contra Pekín en el Mar de China Meridional agudizó este mes las tensiones en la región. Sin embargo, días después 11 países asiáticos decidieron sentarse a la mesa de negociaciones y llegar a un acuerdo.“Al menos en teoría, esto ha sido la demostración gráfica de cómo la negociación del tipo ‘todos ganan’ se hace en Asia”, escribe el periodista Pepe Escobar.

La importancia estratégica del Mar de China Meridional reside en las rutas que lo surcan y por las que cada día pasan la mitad de los buques comerciales del mundo, transportando la tercera parte del petróleo y las dos terceras partes del gas líquido, lo que se traduce en 5 billones de dólares anuales de comercio. Además, para Pekín este mar está fuertemente vinculado con el proyecto apodado “Nueva Ruta de la Seda”.

Esta semana representantes de China y de los 10 países que forman la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) -Malasia, Indonesia, Brunei, Vietnam, Camboya, Laos, Myanmar, Singapur, Tailandia y Filipinas- se reunieron en Laos y concluyeron sus negociaciones con el compromiso de “reducir las tensiones”. Pero para que esto fuera posible, Filipinas se vio obligado a aceptar una condición de Pekín: no mencionar el fallo de La Haya en la declaración final de la reunión.

Según el experto, llegar a un acuerdo, incluso entre los diez países de la ASEAN, ha sido una “tarea de Sísifo”, lo que resulta aún más notable teniendo en cuenta la política de China, que prefiere negociaciones bilaterales y aplica la táctica “divide y vencerás” para imponer sus intereses en la región.

El Pentágono no renunciará a su programa de Libertad de Navegación que, además de los pasos habituales de sus buques de guerra en el Mar de China Meridional, ahora incluye también los vuelos de los bombarderos B-52.

A esto Pekín responde, por ejemplo, presumiendo de sus bombarderos H-6K con capacidades nucleares, que sobrevuelan el Bajo de Masinloc (Scarborough), en disputa con Filipinas, lo que aumenta la “paranoia” del Pentágono, porque “el juego verdadero en el Mar de China Meridional gira principalmente en torno a estrategia militar aérea y submarina de China”, explica Escobar.

Más de la mitad del PIB de China procede del comercio mundial, que depende de su acceso al Mar de China Meridional. Sin embargo, este mar está salpicado de distintos islotes, arrecifes, y atolones con su mar patrimonial que, en caso de pertenecer a otros países, pueden impedirle a Pekín su acceso al mar abierto.

Asegurar su acceso estratégico a los mares abiertos ha sido el objetivo principal de Pekín durante años, según el presidente de Instituto Nacional de China para los Estudios del Mar de China Meridional, Wu Shicun. Occidente prefiere interpretarlo como la intención de China de convertir el mar en un “lago chino”, lo que genera una profunda desconfianza entre ambas partes.

Mientras Pekín tiene claro que su costa debe ser protegida cueste lo que cueste, Washington, fiel a su punto de vista excepcionalista, cree que tiene que tener acceso absoluto a los siete mares como “base para su imperio de bases militares”.

Sin embargo, el poderío militar de China ha traspasado la línea, no solo cuando tiene suficiente fuerza para defender sus intereses estratégicos, como la isla de Hainan, sino también para “proyectar su fuerza con el objetivo de amenazar el libre acceso al Pacífico”.

Washington sigue una estrategia de “denegación de acceso”, pero Pekín ha desarrollado su propia estrategia sofisticada, que incluye ciberataques, submarinos con misiles de crucero y misiles balísticos antibuques que -según Escobar- son “la pesadilla absoluta para los carísimos portaviones estadounidenses, blancos facilísimos para China”.

En respuesta y en el marco de su ultrasecreto programa Pacific Vision, el Pentágono elabora el concepto de batallas aire-mar, para ser capaz de atacar todos los centros del mando y control chinos a través de un cúmulo de “operaciones quirúrgicas”. A esto China responde con el desarrollo de “misiles balísticos de alcance muy largo que suponen una amenaza letal para el ‘imperio de bases’”.

Lo que quiere Estados Unidos es mantener la hegemonía militar sobre todo el Mar de China Meridional, por lo que ve a China como su segunda amenaza principal, justo después de Rusia y su poder nuclear.

China, en cambio, ya se ve en la posición de competir con esta hegemonía. A Pekín no le interesa ninguna intervención militar contra ningún país de ASEAN, ya que será dañino para los negocios, por lo que prefiere soluciones diplomáticas. “Pero no deje engañarse, en algún momento en el futuro habrá una confrontación muy seria entre China y Estados Unidos sobre el ‘acceso’ al Mar de China Meridional”, concluye el experto.

https://actualidad.rt.com/actualidad/214717-inevitable-guerra-mar-china-meridional-

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Erdogan escapó al golpe de Estado gracias a Rusia

Gracias a comunicaciones interceptadas de la base de la OTAN en Inçirlik por lo rusos en su base en Siria, Erdogan se pudo ir con 4 horas de anticipación fuera de Ankara, Erdogan solamente dejo fluir las cosas para poder tener más poder y realizar sus purgas contra elementos que lo quieren ver fuera del poder.

Para Estados Unidos el sultán ya es demasiado estorboso y se quieren deshacer de él, y es que nada puede pasar en el mayor almacén de armas nucleares de fuera de Estados Unidos, sin que Washington sepa o esté implicado.

El ataque contra el Sultán también viene desde la UE en donde con doble rasero se le paga con millones de euros por los campos de concentración para los refugiados que llegan en hordas a la UE desde Oriente Medio y África, y ahora se le critica y se le condena por la propuesta de restaurar la pena de muerte por ser inhumano, pero lo curioso es que no condenan en nada a los Estados Unidos o a su proveedor de petróleo Arabia Saudita.

Washington quiere fragmentar a su aliado para así derrocarlo rápidamente, pero en la fragmentación creará un grave problema al querer crear el estado Kurdo.

El otro país que ayudó a Erdogan fue Irán, que aunque es Sunni no puede dejar caer a ese país ya que causaría un gran caos en la región y también un Estado Kurdo que amenazaría fragmentar a Teherán también.

Rusia sale ganador con esto porque Erdogan se dio cuenta que sus “aliados” le pueden clavar varios puñales por la espalda. Con la ayuda de información rusa logró salvar la vida, y en agosto viajará a Moscú a negociar el reinicio del Turkish Stream, gasoducto que de materializarse sacará a Ucrania del negocio del transporte de combustible, y con esto Rusia puede convencer a ese país de impedir la creación de una base naval de EEUU en la región y desactivar el cerco militar de la OTAN en uno de sus flancos.

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Un punto de vista viciado sobre el golpe de Estado en Turquía

Las reflexiones que se van publicando sobre el golpe de Estado en Turquía se centran en la personalidad de Erdogan al que, naturalmente, presentan como un dictador, una especie de nuevo sultán que quiere reeditar las glorias perdidas del Imperio Otomano. A partir de ahora, la figura de Erdogan va a pasar a la primera plana de los portavoces del imperialismo.La impresión que quieren transmitir es que el golpe de Estado lo ha dado el propio Erdogan, que no es la víctima sino el victimario de la asonada.

A ello va unida la equidistancia de moda, “ni Erdogan ni los golpistas”, lo que oculta la importancia del antagonismo mutuo entre unos y otros, es decir, infravalora la trascendencia del golpe de Estado que, según dan a entender, no va a cambiar nada.

Este tipo de conclusiones pasa por encima de los hechos que tratan de explicar y sobre todo de las causas que ha conducido a ellos, es decir, el grado de antagonismo al que han llegado las contradicciones en Oriente Medio y cuáles son esas contradicciones (internas e internacionales).

Poner en primer plano a Erdogan es una muestra de idealismo histórico que conduce a eliminar uno de los términos de la ecuación en la que está inmersa Turquía y todo Oriente Medio, el imperialismo, todo ello después de cinco años de una salvaje guerra en las mismas fronteras del país.

Al mismo punto conducen todos esos artículos en los que parece que la población de Turquía se compone sólo de kurdos y que a partir de ahora a los kurdos les espera algo distinto a lo que ya han padecido desde hace muchos años.

Lo mismo que los golpistas, el AKP, los islamistas turcos y Erdogan no sólo son los mismos que antes del golpe de Estado sino que son los mismos que antes de llegar al gobierno en 2002. Exactamente los mismos. “Sólo” ha cambiado la situación interna e internacional.

Las depuraciones tampoco son una novedad. El gobierno de Erdogan no ha iniciado ahora una purga a gran escala de los aparatos del Estado (y de la prensa) sino que la viene implementado desde 2002, lo cual debe tener un significado preciso, a saber, que quiere -siempre ha querido- cambiar la dirección del Estado y que para ello había que cambiar el Estado mismo.

En una tradición viciada que procede de hace 60 años, es decir, de la liquidación del movimiento comunista internacional, ese tipo problemas ni se plantean siquiera porque el revisionismo cree que llegar al gobierno es llegar al poder, lo cual es un error que conduce a otro: analizar la situación política desde el punto de vista de un gobierno, una parte, y no desde el del Estado, el todo.

A partir de ahí los errores se encadenan. Los votos, por más que aúpen a un movimiento al gobierno, no son suficientes para cambiar una correlación de fuerzas; no son la causa sino la consecuencia del cambio en la correlación de fuerzas.

Para entenderlo bastará poner un ejemplo. Los imperialistas (como Obama, el Pantágono o el Fondo Monetario Internacional) no votan pero son parte del poder en un Estado burgués cualquiera. Se trata de componentes muy importantes que, como digo, no se cambian sólo con elecciones.

Como consecuencia de la crisis, en todo el mundo ese tipo de componentes, a los que antes se llamaba “poderes fácticos”, son cada vez más influyentes, lo mismo que los militares de los que, en las épocas recientes, nadie habla siquiera.

Por una serie de motivos, en Turquía esos “poderes fácticos” también tienen un protagonismo creciente y se concentran en el ejército que, a pesar del nacionalismo kemalista, es un apéndice de la OTAN. Asegurar que el reciente golpe de Estado contra Erdogan ha sido instigado por la OTAN no es ninguna novedad: todos los que se han producido desde 1960 han tenido ese mismo origen en el imperialismo, lo cual también debería desatar algunas preguntas porque si en Turquía el Estado y el poder son el ejército, y no el gobierno, ¿de dónde viene la necesidad de tantos golpes de Estado? Evidentemente de la existencia de antagonismos entre Turquía y el imperialismo, de la imposibilidad de resolverlos, ni acabar siquiera con ellos, así como de su desarrollo e intensificación.

El hecho de que en 2002 unos proscritos dentro de los aparatos del Estado de Turquía, los islamistas, ganaran las elecciones invirtió la situación, poniendo a los militares a la defensiva y, tras ellos, a la OTAN  y a los imperialistas.

La Primavera Árabe y la guerra de Siria han velado estas contradicciones que, por lo demás, no son diferentes de las que se han puesto de manifiesto en otros países, como por ejemplo en Latinoamérica, sin ir más lejos, lo cual es una constatación de que Lenin tenía razón cuando previno que bajo el imperialismo se agudizaban todas las contradicciones.

De la misma manera que las contradicciones, el golpe de Estado en Turquía no es ninguna ficción, ni es un autogolpe. No habría más que preguntárselo a los miles detenidos que están en la cárcel y a los que van a entrar en ella en un futuro inmediato, entre los cuales habrá numerosos revolucionarios e independentistas.

Lo mismo que otros países a los que el imperialismo ha conducido a un callejón sin salida, los islamistas turcos también han puesto sus ojos en Rusia, lo que ha empezado a desatar la típica campaña en los medios imperialistas que, en lo sucesivo, también se intensificará. Se ha iniciado con las críticas al plan de restauración de la pena de muerte y seguirá con la represión contra los kurdos.

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Estados Unidos está detrás del golpe de Estado en Turquía

El general Ismail Hakki Pekin, antiguo jefe de la oficina de inteligencia del Estado Mayor turco, acaba de confirmar esta mañana que es la inteligencia estadounidense la que ha orquestado el golpe de Estado en Turquía contra el gobierno de Erdogan (1).El general turco, que actualmente es adjunto a la presidencia del partido turco Vatan, asegura que, a la vista de la organización del golpe, Estados Unidos conocía los detalles del mismo.

“La organización nunca se hubiera atrevido a desencadenar el golpe de Estado sin informar a Estados Unidos. Considero que los servicios especiales americanos etán detrás de esta tentativa”, ha asegurado.

Según Hakki Pekin, la reacción de Estados Unidos a lo que estaba pasando en Turquía fue tardía. “El autor del mapa de remodelación para Turquía, Ralph Peters, declaró que era la última oportunidad para Turquía y que el golpe de Estado debía triunfar para que el país no se transformara en un Estado islámico”.

Al fracasar la tentativa, no se han vuelto a realizar declaraciones de ese tipo, la última de las cuales procedió de Obama, ha añadido el general.

El general asegura que antes del golpe había varios indicios de una próxima intentona procedentes de organizaciones internacionales, centros extranjeros de análisis y la prensa. A pesar de ello, las fuerzas armadas no reaccionaron adecuadamente.

“El hecho de que fuera inminente una tentativa de golpe de Estado no dejaba lugar dudas. Se esperaba al Consejo Militar, esa gente debía ser destituida y las listas ya estaban preparadas. Creo que lo desencadenaron porque sabían que no se presentaría una segunda oportunidad”, apunta el general turco.

A esta noticia se añade otra, también difundida hace unos minutos a la cadena de televisión CNN Turk por el ministro turco de Justicia, Bekir Bozdag, acerca de la detención por parte de la policía de Ankara de los pilotos que derribaron al avión ruso hace ocho meses (2).

(1) http://fr.sputniknews.com/international/201607181026788104-turquie-tentative-coup-etat/
(2) https://fr.sputniknews.com/international/201607191026800018-turquie-avion-abattu-pilote-mort-russie/

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El delirio militarista se apodera del Departamento de Estado

En el curso de las pasadas décadas, el Departamento de Estado de Estados Unidos ha sufrido un deterioro, pasando de ser una sede profesional de diplomacia y realismo a ser una guarida de guerreros de sofá, poseídos de delirios imperiales, un fenómeno peligroso subrayado por el reciente “desacuerdo” masivo a favor de eliminar a más gente en Siria.

Cincuenta y un “diplomáticos” del Departamento de Estado firmaron un memorándum distribuido a través del canal oficial “discrepante”, pidiendo golpes militares contra el gobierno sirio de Bashar Al-Assad, cuyas fuerzas dirigen la contraofensiva contra los extremistas islamistas que persiguen el control de esta importante nación de Oriente Medio.

El hecho de que un contingente tan amplio de funcionarios del Departamento de Estado abogue abiertamente por una guerra expansiva, en línea con los planes de los neoconservadores (planes que colocan a Siria en una lista de objetivos desde hace dos décadas), es un símbolo revelador de la locura que afecta al Departamento de Estado.

Este Departamento parece ahora una combinación de convencidos neocons e intervencionistas liberales, junto a algunos “trepas” que comprueban que lo inteligente es comportarse con el resto del mundo como procónsules mundiales, dictando soluciones o buscando “cambios de régimen”, en vez de comportarse como diplomáticos que tratan a los extranjeros respetuosamente en busca de compromisos sinceros.

Incluso algunos funcionarios que conozco personalmente y que no son “per se” halcones neoliberales, actúan como si hubieran bebido algún brebaje. Hablan con dureza y se comportan de forma arrogante hacia los habitantes de países bajo su supervisión. Los extranjeros son tratados como objetos estúpidos que pueden ser coaccionados o sobornados.

Por ello, no es del todo sorprendente que bastantes docenas de “diplomáticos” de Estados Unidos ataquen la posición más templada del presidente Obama sobre Siria, mientras se colocan a sí mismos y toman posiciones proclives, anticipándose a un gobierno bajo Hillary Clinton, de la que se espera que autorice una invasión ilegal de Siria, bajo la tapadera de establecer “zonas de exclusión aérea” y “zonas de seguridad”, lo que significa la masacre de jóvenes soldados sirios. Los “diplomáticos” muestran su disposición al “uso de armas aéreas y de largo alcance”.

El deseo de estos halcones de nuevas guerras es tan intenso que no calculan el riesgo de un conflicto directo con Rusia, quitando levemente importancia a esta posibilidad de choque con una potencia nuclear diciendo que “no son partidarios de una pendiente resbaladiza que acabe en un enfrentamiento militar con Rusia”. Algo que reconforta de veras…

Abrir el camino a una victoria yihadista

Existe también el peligro de que una intervención directa norteamericana colapse al Ejército sirio, despejando el camino a una victoria del Frente Al-Nosra, de Al-Qaeda, o del Califato Islámico. El memorándum no clarifica el delicado equilibrio entre hacer a Siria el daño suficiente, evitar una victoria total de los yihadistas y evitar un choque con Rusia.

Presumiblemente, cualesquiera que sean los líos producidos, el ejército estadounidense se quedaría solo para arreglarlos, asumiendo que abatir algunos aviones de guerra rusos y matar a personal militar ruso no supondría una escalada hacia una conflagración termonuclear.

En resumen, parece que el Departamento de Estado se ha convertido en un manicomio colectivo dirigido por sus internos. Pero esta locura no es una aberración a corto plazo que pueda ser fácilmente revertida. Lleva en marcha largo tiempo, y podría requerir una limpieza desde los cimientos hasta el tejado del cuerpo “diplomático” para restaurar al Departamento de Estado a su papel tradicional de evitar guerras en vez de exigirlas.

Aunque siempre han existido locos en el Departamento de Estado, normalmente entre las filas de los más veteranos, el fenómeno de una locura institucional ha tenido lugar en las últimas décadas. Y yo he visto ese cambio.

He cubierto la política exterior estadounidense desde los últimos 70, cuando había mucha más cordura en el cuerpo diplomático. Había gente como Robert White y Patricia Derian (ambos ya fallecidos), que luchaban por la justicia y los derechos humanos, representando a lo mejor de Estados Unidos.

Pero el descenso del Departamento a ser un núcleo de poco más que bien vestidos y bien hablados matones, que apoyan la hegemonía USA, comenzó con el gobierno de Reagan. El presidente Ronald Reagan y su equipo tenían un odio patológico hacia los movimientos sociales de los países centroamericanos que buscaban la libertad de sus opresivas oligarquías y sus brutales fuerzas de seguridad.

Durante la década de los años 80, los diplomáticos norteamericanos con integridad fueron marginados de forma sistemática, acosados o destituidos. La coordinadora de Derechos Humanos Derian cesó al final del gobierno de Carter y fue sustituida por el neoconservador Elliot Abrams; White fue despedido del puesto de embajador norteamericano en El Salvador, explicando que “rechacé una petición del secretario de Estado Alexander M. Haig Jr. para que yo usara los canales oficiales para tapar la responsabilidad del ejército salvadoreño en los asesinatos de las cuatro monjas norteamericanas”.

El ascenso de los neoconservadores

A medida que los profesionales de la vieja guardia iban abandonando, una nueva camada de neoconservadores agresivos entró, como Paul Wolfowitz, Robert McFarlane, Robert Kagan y Abrams. Tras ocho años de Reagan y cuatro años de George H.W. Bush, el Departamento de Estado fue reformado en un hogar de neocons, pero algunos rasgos de profesionalidad aún aguantaban los ataques.

Aunque se pudiera haber esperado que los demócratas del gobierno Clinton hubieran revertido estas tendencias, no lo hicieron. Por el contrario, la “triangulación” de Bill Clinton se aplicó a la política exterior estadounidense tanto como a los programas interiores. Siempre se buscaba el “medio” políticamente seguro.

A medida que avanzaban los 90, la aniquilación de expertos en política exterior del tipo de White y Derian dejó a muy pocos en el bando demócrata que tuvieran la suficiente valentía y habilidades para desafiar a los neocons atrincherados. Muchos demócratas de la era de Clinton se acomodaron al dominio neocon reinventándose a sí mismos como “intervencionistas liberales”, compartiendo el amor de los neocons por la fuerza militar, pero justificando las matanzas en motivos “humanitarios”.

Este enfoque era la forma de los “liberales” de protegerse a sí mismos contra acusaciones de la derecha de “debilidad”, una acusación que ha marcado profundamente a los demócratas durante los años de Reagan y Bush, pero esta postura de “chicos duros” marginó a los diplomáticos serios que favorecían el tradicional toma y daca con los dirigentes extranjeros y sus pueblos.

Así teníamos a demócratas como la entonces embajadora en las Naciones Unidas (y más tarde secretaria de Estado) Madeleine Albright justificando las brutales sanciones de Bill Clinton contra Irak, a las que las Naciones Unidas culparon de la muerte de 500.000 niños iraquíes, y considerando que “fue una elección muy difícil, pero pensamos que el precio valió la pena”.

Los ocho años de “triangulación” de Clinton que incluyó la brutal guerra aérea contra Serbia, fue continuada por ocho años de George W. Bush que acomodaron aún más a los neocons en el entorno de la política exterior estadounidense. Por entonces, lo que quedaba de los viejos republicanos “realistas”, como Henry Kissinger y Brent Scowcroft, estaban envejecidos o estaban tan íntimamente comprometidos que los neocons no tuvieron una oposición significante dentro de los círculos republicanos. Los funcionarios demócratas en política exterior se han hecho indistinguibles de los neocons, excepto en su uso de argumentos “humanitarios” para justificar guerras de agresión.

La capitulación de los medios de comunicación

Antes de la invasión de Irak por parte de Bush, gran parte del “establishment” de los medios liberales (desde el New York Times al New Yorker) se puso de forma unánime del lado de la guerra, planteando pocas cuestiones difíciles y no presentando casi ningún obstáculo. “Favorecer” la guerra se convirtió en la postura cómoda.

Pero emergió un naciente movimiento antiguerra entre los demócratas de base, impulsando a Barack Obama, un demócrata contrario a la guerra de Irak, a la nominación presidencial en 2008, por encima de una Hillary Clinton que apoyaba la guerra. Pero estos sentimientos pacíficos sobre la “base” demócrata no alcanzaron de forma intensa a los expertos demócratas en política exterior.

Cuando Obama entra en la Casa Blanca, se encuentra con un difícil desafío. El Departamento de Estado necesita una profunda purga de neocons y halcones liberales, pero había pocos expertos demócratas que no se hubieran pasado a los neocons. Toda una generación de políticos demócratas se había educado en un mundo controlado por los neocons en seminarios, reuniones, cumbres y “think tanks”, en donde un estilo verbal duro sonaba bien, mientras que el que hablaba de la diplomacia tradicional sonaba blando.

Por el contrario, la mayoría del ejército e incluso la CIA favorecían enfoques mundiales menos beligerantes, en parte porque habían combatido una “guerra mundial contra el terror”, de Bush, sin ningún futuro. Pero unos altos mandos elegidos por Bush y proclives a los neocons, como el general David Petraeus, seguían en su sitio e impulsaban las guerras tanto en Irak como en Afganistán.

Obama hizo entonces una de las más funestas decisiones de su presidencia. En vez de limpiar la casa en el Pentágono y el Departamento de Estado, escuchó a algunos consejeros, y mantuvo en su sitio a los dirigentes militares de Bush, incluyendo a Robert Gates como Secretario de Defensa, y llegó a nombrar a la agresiva Hillary Clinton como Secretaria de Estado. En otras palabras, Obama no solo no tomó el control del aparato de política exterior, sino que reforzó el poder de los neocons y de los halcones liberales. Dejó a ese poderoso bloque de Clinton-Gates-Petraeus conducirle a un temerario brote de “contrainsurgencia” en Afganistán, que lo único que consiguió fue más de 1.000 muertos entre los soldados norteamericanos junto a muchos más afganos.

También permitió a Clinton sabotear su intento de compromiso con Irán en 2010, que buscaba limitaciones a su programa nuclear, y también sucumbió a su presión en 2011 para invadir Libia, bajo el falso pretexto de establecer una zona de exclusión aérea para proteger civiles, que se convirtió en un desastroso “cambio de régimen”, calificado por Obama como su mayor error de política exterior.

La guerra contra Siria

Obama resistió a los llamamientos de Clinton a favor de otra intervención militar en Siria, aunque autorizó algún apoyo militar limitado a los supuestamente “moderados” rebeldes, y permitió a Arabia saudí, Qatar y Turquía dar mucho más apoyo a los yihadistas relacionados con Al-Qaeda e incluso con el Califato Islámico.

Bajo la secretaria Clinton, el bloque neocon-liberal consolidó su control del cuerpo diplomático en el Departamento de Estado. Bajo la dominación neocon, el Departamento de Estado se movía desde un “grupo de pensamiento” a otro. Sin aprender nada de la guerra de Irak, la conformidad se siguió aplicando hacia Libia, Siria Afganistán, Ucrania, Rusia, China, Venezuela, etc., etc.

En todos los lugares la meta era la misma: imponer la hegemonía USA para obligar a los dirigentes locales a plegarse a los dictados estadounidenses, llevándoles hacia las soluciones propias del “libre mercado” neoliberal, que fueron asimiladas con “democracia” aunque la mayoría de la población de los países afectados estaba en desacuerdo.

La ambigüedad en el lenguaje y en el pensamiento reemplazó a las políticas realistas. “Las comunicaciones estratégicas”, es decir, el uso agresivo de la propaganda para impulsar los intereses norteamericanos, era la consigna. “El poder inteligente”, la aplicación de sanciones financieras, amenaza de detenciones, golpes militares de corto alcance y otras formas de intimidación, fue otra.

Cada episodio de propaganda, tales como el ataque con gas sarín en Siria en 2013, o el derribo del Vuelo 17 de Malaysia Airlines sobre el este de Ucrania, fueron manipulados a fondo para poner a los adversarios a la defensiva, aunque los análisis de la inteligencia norteamericana dudaron de que las pruebas apoyaran las acusaciones.

La mentira en los más altos niveles del gobierno, pero especialmente entre los funcionarios veteranos del Departamento de Estado, se hizo epidémico. Tal vez algo peor, los “diplomáticos” parecían creerse su propia propaganda. Mientras, el grueso de los medios informativos estadounidenses experimentaban una caída en la órbita de la dominación neocon y el “trepe” en lo profesional, eliminando importantes noticias que controvertían las falsedades oficiales.

Victoria Nulland: ha nacido una estrella

La nueva estrella del Departamento de Estado, a la que se supone un apoyo de alto nivel por parte del presidente Clinton, es la neocon asistente a la Secretaría de Estado para Asuntos Europeos, Victoria Nulland, quien organizó el golpe de 2014 en Ucrania, derribando a un presidente electo con simpatías en Rusia y reemplazándole con un nacionalista de la línea dura, que lanzó violentos ataques militares contra la etnia rusa en el este que se resistió al golpe.

Cuando Rusia vino en ayuda de estos ciudadanos ucranianos enfrentados, lo que incluía aceptar la petición de Crimea para volver a Rusia, el Departamento de Estado y los mass media norteamericanos hablaron con una sola voz, lamentando la “invasión rusa”, y apoyando las maniobras militares de la OTAN en las mismísimas fronteras rusas para detener la “agresión rusa”.

Cualquiera que ose cuestionar este enfoque, que hunde al mundo en una peligrosa nueva Guerra Fría, se ve calificado como “apologista del Kremlin” o como “secuaz de Moscú”, lo mismo que los escépticos sobre la guerra de Irak eran despreciados como “apologistas de Saddam”. Virtualmente todas las figuras importantes del Washington oficial marchan en formación cerrada hacia guerras y más guerras (Victoria Nulland está casada con Robert Kagan, lo que les hace una de las parejas del poder supremo en Washington).

Este es el contexto de la última rebelión del Departamento de Estado contra las políticas más templadas de Obama en Siria. Con vistas a una probable presidencia de Hillary Clinton, estos 51 “diplomáticos” han firmado una “disconformidad”, que aboga por bombardear al ejército sirio para proteger a los rebeldes “moderados” que, en la medida en que existen, luchan principalmente bajo el paraguas del Frente Al Nosra de Al Qaeda, y sus cercanos aliados, Ahrar Al Sham.

El embrollo de esta “discrepancia” es que bombardeando al ejército sirio, el gobierno de Estados Unidos puede aumentar el poder de los rebeldes, y supuestamente obligar a Assad a negociar su propia sustitución. Pero no hay motivos para pensar que este plan pudiera funcionar.

A principios de 2014, cuando los rebeldes ostentaban una posición relativamente fuerte, Estados Unidos organizó una conferencia de paz dominada por los rebeldes que hicieron de la marcha de Assad una precondición y excluía la presencia de los aliados iraníes de Siria. No sorprendentemente, los representantes de Assad se fueron a casa y las conversaciones fracasaron. Ahora, mientras Assad mantiene una postura relativamente fuerte, respaldada por la potencia aérea de Rusia y las fuerzas de tierra iraníes, los diplomáticos “discrepantes” dicen que la paz es imposible, porque los rebeldes no están en condiciones de producir la salida de Assad. De esta forma, los “discrepantes” recomiendan que Estados Unidos aumente su papel en la guerra para aupar de nuevo a los rebeldes, pero esto solo significaría más exigencias maximalistas de los rebeldes.

La locura continuará y se hará aún más peligrosa

Esta proposición de una guerra más amplia acarrearía algunos graves riesgos, incluyendo la posibilidad de que el ejército sirio colapsara, abriendo las puertas de Damasco al Frente Al-Nosra de Al Qaeda y a sus aliados, o al Califato Islámico, un escenario que, como indica el New York Times, “el escrito no trata”.

Actualmente, el Califato Islámico, y en menor grado el Frente Al-Nosra, están en retirada, atacados por el ejército sirio y la fuerza aérea rusa, y por algunas fuerzas kurdas con apoyo norteamericano. Pero estas ganancias pueden ser fácilmente perdidas. También existe el riesgo de encender una guerra más amplia con Irán y/o Rusia.

Pero tales riesgos no son nuevos para los halcones neocons y liberales. Tienen esquemas ideados que pueden sonar bien en la conferencia de un think tank o en un artículo, pero fracasan ante la cruda verdad cuando normalmente los soldados norteamericanos se suponen que van a arreglar los problemas.

Hemos visto salir mal a las buenas intenciones en Irak, Afganistán, Libia, Ucrania e incluso en Siria, en donde la aquiescencia de Obama en proporcionar armas y entrenar a los denominados “unicornios”, los difíciles de detectar rebeldes “moderados”, contempló a esos combatientes y a sus armas absorbidos en las filas de Al Qaeda o del Califato Islámico.

Sin embargo, los halcones que controlan el Departamento de Estado, y que persiguen activamente la presidencia de Hillary Clinton nunca abandonarán estas locas ideas hasta que se haga un esfuerzo concertado que evalúe todos los fracasos que han causado a la política exterior de Estados Unidos.

Mientras esa evaluación no se haga, mientras el presidente de Estados Unidos no domine a estos belicistas, la locura continuará y se hará aún más peligrosa.

Robert Parry https://consortiumnews.com/2016/06/17/the-state-departments-collective-madness/