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Estados Unidos cierra las negociaciones con Irán y planea una intervención militar

El 30 de octubre el diplomático estadounidense encargado de negociar un acuerdo nuclear con Irán, Robert Malley, declaró que Estados Unidos no “perderá el tiempo” intentando mantener vivo el acuerdo nuclear del Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA).

Malley reconoció que “no está en nuestra agenda. No vamos a centrarnos en algo inerte mientras ocurren otras cosas… y no vamos a perder nuestro tiempo en ello… si Irán ha tomado la posición que ha tomado”.

La insistencia de Malley en que “no vamos a centrarnos” en las negociaciones se hace eco de declaraciones anteriores del Departamento de Estado. El 12 de octubre el portavoz del Departamento de Estado, Ned Price, utilizó las mismas palabras, diciendo que las negociaciones “no son nuestra prioridad en este momento”.

Estados Unidos se ha alejado tanto de las negociaciones que recientemente un diplomático ha dicho que, debido a la respuesta de Irán a las protestas y su apoyo a Rusia en la Guerra de Ucrania, “aunque Irán volviera hoy a la mesa y dijera que quiere un acuerdo nuclear, era poco probable que Estados Unidos siguiera adelante”.

El diplomático continuó diciendo que Estados Unidos prácticamente considera muerto el acuerdo y “está tomando medidas para asegurarse de que tiene una opción militar preparada”, algo que Malley ha confirmado: la Casa Blanca “está dispuesta a utilizar medios militares como último recurso para impedir que Irán adquiera un arma nuclear”.

Que Irán no tiene armas nucleares ni tampoco planea fabricarlas se ha incluido en la Revisión de la Postura Nuclear, donde se puede leer que “Irán no representa actualmente una amenaza nuclear, pero sigue desarrollando capacidades que le permitirían producir un arma nuclear si tomara la decisión de hacerlo”. A continuación, formula su conclusión sobre Irán con la mayor claridad: “Irán no posee hoy un arma nuclear y actualmente creemos que no está persiguiendo una”.

Si Estados Unidos sabe que Irán no posee un arma nuclear y ni siquiera cree que esté persiguiendo una, entonces ¿a qué vienen la desestabilización del país, las amenazas, los asesinatos, el sabotaje y las sanciones? ¿Por qué asesinan a científicos y generales, se inutilizan las centrales nucleares y amenazan con la guerra?

Si a Estados Unidos le preocupa que las actividades nucleares iraníes continúen, no debería abandonar la renegociación del acuerdo nuclear, sino volver a la sentarse en la mesa.

Antes de que Estados Unidos se retirara unilateralmente del JCPOA, Irán estaba cumpliendo sus compromisos escrupulosamente. Once informes consecutivos del Organismo Internacional de Energía Atómica verificaron que Irán respetaba sus compromisos. Solo empezó a superar los límites prescritos por el JCPOA después de que Estados Unidos pusiera fin a sus obligaciones de manera unilateral.

—https://original.antiwar.com/Ted_Snider/2022/11/03/us-admits-iran-is-not-building-a-bomb/

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Europa quiere que la guerra se acabe ya y Estados Unidos quiere alargarla lo más posible

Decíamos ayer que es Estados Unidos quien negocia con Rusia el futuro de Ucrania y que las negociaciones han ido siempre en paralelo a las batallas. En el mundo moderno nadie se puede negar a reunirse y hablar porque queda feo ante las cámaras de la televisión, incluso para una país con la imagen de Rusia. Desde luego que eso resultaría absolutamente impensable si las conversaciones entre adversarios tienen por objeto poner fin a una guerra.

Los medios de comunicación presentan las negociaciones con el siguiente formato: Biden recomienda a su homólogo ucraniano que no se ciegue por sus triunfos militares en los campos de batalla y permanezca atento a las posibilidades de iniciar unas conversaciones de paz con Moscú.

Según el Washington Post las negociaciones son una farsa (*). Biden ha iniciado una campaña para apaciguar a sus aliados europeos que son los que presionan para que haya conversaciones de paz. El viaje de Scholz a Pekín sería el ejemplo más llamativo de esas desesperación europea por acabar con la guerra.

“El gobierno de Biden está alentando en privado a los dirigentes de Ucrania para que se abran a negociar con Rusia y abandonen su negativa pública a participar en conversaciones de paz a menos que el presidente Vladimir Putin sea retirado del poder”, dice el Washington Post.

La Casa Blanca no pretende empujar a Ucrania a la mesa de negociaciones. Se trata más bien de un intento calculado para que el gobierno de Kiev conserve el apoyo de otros países que temen alimentar una guerra durante muchos años.

El guión para consumo de los medios ya está escrito: si las negociaciones salen adelante será gracias a Biden, que podrá resultar reelegido, y si fracasan es culpa de la intransigencia de Putin. El Washington Post marca claramente la pauta:

“Estados Unidos comparte la opinión de Ucrania de que Putin no se toma en serio las negociaciones, reconoce que la negativa del Presidente Volodymyr Zelensky a firmar la paz está causando preocupación en algunas partes de Europa, África y América Latina, donde los efectos perturbadores de la guerra sobre la disponibilidad y el coste de los alimentos y el combustible se sienten con mayor intensidad”.

Que el Wall Street Journal haya destapado ahora las negociaciones entre Estados Unidos y Rusia, de las que Ucrania no ha formado parte, indica que el apoyo europeo hacia el gobierno de Kiev se ha resquebrajado notablemente, como muestra el viaje de Scholz a Pekín. Biden quiere aplacar el descontento de sus “socios” por una guerra que no podrían sostener ni aunque quisieran.

En consecuencia, la fractura es evidente: Europa quiere que la guerra se acabe ya y Estados Unidos quiere alargarla lo más posible. De ahí el envío continuado de voluntarios y suministros militares.

El Pentágono ha inaugurado un nuevo puesto de mando, llamado Grupo de Asistencia a la Seguridad de Ucrania, que es una señal de un programa a largo plazo para seguir ayudando a Kiev en su guerra contra Rusia, dijo la portavoz del Pentágono Sabrina Singh.

El nuevo puesto de mando que supervisará la asistencia estará encabezado por un oficial de tres estrellas de alto rango y contará con unas 300 personas con base en Alemania que vigilarán los programas de asistencia armamentística y de formación, dijo el portavoz del ejército estadounidense en Europa, el coronel Martin O’Donnell.

Esta orden indica un esfuerzo de varios años. Además, algunos de los sistemas de armamento que Estados Unidos ha prometido enviar a Ucrania aún no se han fabricado. No se entregarán a Ucrania hasta 2023 ó 2024, si es que llegan hasta entonces.

El secretario de Defensa estadounidense, Lloyd Austin, anima al ejército ucraniano a capturar Jerson y lo mismo hace Sullivan de puertas hacia fuera. Zelensky se ha comprometido ha seguir las instrucciones de sus jefes, pero el Estado Mayor ucraniano no lo tiene nada claro. Las tropas rusas se han reforzado y su artillería destruye el equipo posicionado para el ataque antes de que se acerque al frente.

El ejército ucraniano lleva semanas intentando atacar Jerson, sin ningún éxito. Ha sufrido muchas bajas. Las unidades desplegadas en la región llevan allí desde principios de octubre o más. Al frente sólo han llegado de refresco los restos del Batallón Azov para impedir la retirada de unas unidades que dan síntomas de agotamiento.

Ucrania no ha logrado ningún éxito en el campo de batalla y a Washington le gustaría mostrar alguno para decir a los europeos que pueden ganar la guerra. La presión para atacar Jerson es parte de la campaña general para convencer a los europeos de que deben apoyar los esfuerzos para rearmar a Ucrania.

Es una campaña engañosa. Ucrania está perdiendo la guerra de forma estrepitosa. Pero Estados Unidos quiere luchar contra Rusia hasta el último ucraniano, e incluso hasta el último euro.

(*) https://www.washingtonpost.com/national-security/2022/11/05/ukraine-russia-peace-negotiations

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Estados Unidos está negociando en secreto el futuro de Ucrania con Rusia

El ejército ucraniano sigue disparando contra la población civil. Los bombardeos rusos sobre Ucrania continúan, la movilización ha terminado, pero hay silencio en el frente. No ocurre nada militarmente significativo. No hay progresos ni retrocesos aparentes.

El asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Jake Sullivan, viaja a Kiev para levantar la moral de sus lacayos y Estados Unidos sigue anunciando más ayuda militar a Ucrania: “He informado al presidente Zelensky de que, en virtud de una delegación de autoridad del presidente, estoy autorizando nuestra vigésima entrega de armas y equipos estadounidenses para Ucrania desde septiembre de 2021. Esta liberación de fondos por valor de 675 millones de dólares incluye armas, municiones y equipos adicionales de las reservas del Departamento de Defensa de Estados Unidos que las fuerzas ucranianas utilizan con tanta eficacia en la defensa de su país”.

A principios de septiembre el Departamento de Estado anunció un paquete de ayuda de 2.800 millones de dólares. La ayuda militar no es sólo para Ucrania, sino también para los países vecinos, es decir, para la frontera xde Rusia, lo que subraya el deseo de desestabilizar la región:

“Hoy informamos al Congreso de nuestra intención de poner a disposición 2.200 millones de dólares adicionales en inversiones a largo plazo en financiación militar externa para reforzar la seguridad de Ucrania y de 18 de sus vecinos, incluidos muchos aliados de la OTAN, así como de otros socios de seguridad regional potencialmente amenazados por futuras agresiones rusas”.

En octubre el Pentágono siguió anunciando más ayudas: “Estados Unidos proporcionará 725 millones de dólares en ayuda adicional a Ucrania, lo que eleva el importe total del apoyo de Washington a Kiev a 18.300 millones de dólares. El nuevo paquete incluye munición para Himars -un lanzacohetes montado en vehículos blindados ligeros muy útil en la contraofensiva del ejército ucraniano-, 23.000 proyectiles de artillería, 5.000 minas antiblindaje, 5.000 armas antitanque y 200 vehículos de transporte”.

El viernes de la semana pasada se repetía cantinela: más ayuda militar estadounidense por valor de 400 millones de dólares a Ucrania. La portavoz del Pentágono, Sabrina Singh, dijo a los periodistas que Estados Unidos financiaría la mejora de 45 tanques T-72 y misiles Hawk para la defensa aérea de Kiev.

No cabe ninguna duda: la posición estadounidense es la de un país beligerante, es decir, que forma parte de la guerra. Sin embargo, al mismo tiempo, el Wall Street Journal asegura que Estados Unidos está manteniendo conversaciones secretas con Rusia para “evitar una escalada del conflicto” (*). Los interlocutores son Sullivan, Ushakov, asesor de Putin y el secretario del Consejo de Seguridad, Patrushev.

En el artículo la expresión “evitar una escalada del conflicto” explica la intoxicación mediática de los últimos días acerca del riesgo de guerra nuclear. Para el futuro la charlatanería periodística dirá que gracias a negociaciadores como Sullivan se evitó lo peor: que los rusos lanzaran bombas nucleares a la desesperada.

Este tipo de negociaciones no son nada nuevo en la Guerra de Ucrania; han existido antes y durante la guerra. Pero ahora la palabra “negociación” empieza a estar en boca de todos los políticos de renombre y ocupa las primeras planas de los grandes medios de comunicación.

Los periodistas de guerra rusos muestran su extrañeza: “La línea del frente no ha cambiado, los ataques del enemigo están siendo rechazados con confianza y pérdidas para las fuerzas armadas ucranianas. Sin embargo, siguen circulando rumores sobre la retirada a la orilla izquierda y la rendición de Jerson”.

Los rumores van acompañados de la evacuación de civiles de la orilla derecha de la ciudad, que preocupa a los habitantes, tanto más cuanto que precede a un abandono del territorio evacuado. La preocupación se vio reforzada por las declaraciones de Stremussov, vicegobernador de la región: “Siempre estoy con la gente, entiendo que la gente debe ser mi base, porque yo mismo soy un residente de Jerson. Lo más probable es que nuestras unidades, nuestras tropas vayan a la orilla izquierda de la región de Jerson. Las personas que no han tenido tiempo de salir de Jerson deben salir lo antes posible”.

En efecto, huele a negociación. La retirada rusa de Jerson sería presentada como un triunfo de la “ofensiva ucraniana”, que obligó a los rusos a ceder. Pero ese es el punto de vista occidental. El Kremlin va a tener muchos más problemas para vender la moto a su público porque ahora Jerson está bajo la soberanía de Rusia. El abandono de Jerson es el abandono de una parte del territorio patrio. En Rusia eso son palabras mayores.

(*) https://www.wsj.com/articles/senior-white-house-official-involved-in-undisclosed-talks-with-top-putin-aides-11667768988

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Kiev se prepara para un apagón total

El Ayuntamiento de Kiev prepara un plan de emergencia para la evacuación de unos tres millones de sus vecinos en caso de que se produzca un corte total de electricidad.

Roman Tkachuk, director de seguridad del Ayuntamiento, advirtió que la ciudad “podría perder todo su sistema de energía” si Rusia sigue atacando la infraestructura energética de Ucrania.

El Ayuntamiento de la capital ucraniana espera que, en el peor de los casos, tengan al menos 12 horas de aviso antes de que la red se colapse por completo. Tkachuk explicó que si hay signos de fracaso inminente, empezarán a informar a la gente y a pedirles que se vayan de sus casas.

Si Kiev sufriera un apagón total, tampoco habría suministro de agua y los sistemas de alcantarillado también se detendrían, advirtió Tkachuk. Sin embargo, actualmente la situación está controlada y no hay éxodo de personas de la ciudad.

A medida que se acerca el invierno, las autoridades de Kiev están preparando unos 1.000 refugios con calefacción, que pueden utilizarse como búnkeres durante los ataques rusos.

Según el gobierno ucraniano, hasta el 40 por cien de la infraestructura energética del país ha sido dañada o destruida.

En un intento de evitar apagones incontrolables, la empresa nacional de energía de Ucrania, Ukrenergo, ha impuesto en las últimas semanas cortes de electricidad en varias regiones, incluida la capital.

Ukrenergo ha explicado que las medidas eran necesarias para garantizar el equilibrio sostenible del sistema eléctrico y evitar la repetición de accidentes que afecten a la red eléctrica nacional.

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Estados Unidos agrupa sus satélites para reconocer las posiciones del ejército ruso en Ucrania

Estados Unidos está agrupando sus satélites para reconocer las posiciones del ejército ruso en Ucrania en vísperas de su ofensiva en el frente de Jerson.

La Dirección Nacional de Inteligencia Militar Espacial de Estados Unidos (NRO) ha agrupado sus satélites sobre Ucrania a expensas de las empresas de satélites comerciales.

La NRO ha recurrido tanto a los satélites militares como a los civiles de cinco empresas privadas: la división estadounidense de Airbus, las californianas Capella Space y Umbra, la de Florida PredaSAR y la rama estadounidense de la finlandesa ICEYE.

La NRO dispone de un conjunto de 50 satélites orbitales para la recopilación de información. La red de satélites vigila el movimiento de las tropas rusas, el curso de las hostilidades en Ucrania, y también supervisan la situación de la aplicación del acuerdo sobre el trigo en el Mar Negro.

Una de las razones del aumento de los satélites de reconocimiento es la necesidad de transmitir más rápidamente al Estado Mayor del ejército ucraniano los datos de inteligencia en vísperas de una ofensiva del ejército ruso en el frente de Jerson.

Para la transferencia de datos de inteligencia a Kiev, se necesita tiempo para desclasificarlos. Las fotos de las empresas privadas pueden transmitirse inmediatamente.

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Guerra nuclear: la destrucción mutua asegurada

Desde la crisis de los misiles de 1962 los medios de comunicación están hablando más que nunca de las armas nucleares. Pero eso sólo ocurre en Occidente, por lo que va implícito que serán los rusos quienes las lancen. Serán armas nucleares “tácticas”, añaden.

Es otra invención. Rusia no ha dicho ni una sola vez que se plantea utilizar armas nucleares, ni siquiera “tácticas”. Ni en Ucrania ni en ningún otro lugar.

La guerra nuclear es otro de los grandes mitos del mundo moderno. A nadie le caben dudas de que un choque de esa naturaleza acabaría con el planeta porque lo dijo el Pentágono: dos años despues de la crisis de los misiles, el Secretario de Defensa, Robert McNamara, estableció el canon de la “destrucción mutua asegurada” en un discurso.

Se suponía que existía un cierta paridad estratégica entre ambas partes. Un primer golpe nuclear por parte de cualquiera de ellos, Estados Unidos o la URSS, contra el otro, daría lugar a una respuesta equivalente que dejaría a ambos países devastados y un mundo inhabitable.

Desde entonces ha pasado medio siglo, pero la doctrina perdura y, además, ha calado, a pesar de los cambios en la correlación de fuerzas y en la técnica militar.

En 2001, antes de los atentados del 11 de septiembre, Estados Unidos abandonó unilateralmente el Tratado de Misiles Antibalísticos y optó por la “guerra contra el terrorismo”, marcada por la invasión de Afganistán, Irak y otros países de la periferia. La política de defensa de Estados Unidos cambió; los aspectos tácticos empezaron a dominar.

Los rusos no siguieron ese camino. Siguió imperando la estrategia. Se adaptaron al abandono del tratado sobre misiles y desarrollaron diversos sistemas de defensa, de los cuales las armas hipersónicas, presentadas en 2018, son las más conocidas.

En Ucrania los misiles hipersónicos Kinzhal han alcanzado sus objetivos antes de que saltaran las alarmas de los sistemas antiaéreos de la OTAN. Ningún sistema de defensa aérea de la OTAN puede interceptar hoy en día un ataque de esas características, como ha expuesto un reciente estudio de la Sociedad Americana de Física.

En los próximos 15 años los sistemas de interceptación de misiles balísticos intercontinentales de Estados Unidos y la OTAN no podrán contrarrestar ni siquiera un ataque nuclear limitado procedente de Rusia.

Por el contrario, Rusia puede destruir la respuesta nuclear estadounidense con un daño limitado, por grande que sea, para su país. En consecuencia, Rusia tiene más posibilidades de sobrevivir a un intercambio nuclear con Estados Unidos. Estados Unidos no puede asegurar que la destrucción sea “mutua”.

En enero de este año las cinco principales potencias nucleares, miembros permanentes del Consejo de Seguridad, firmaron un documento conjunto en el que se afirmaba que no se podía librar una guerra nuclear porque conduciría a una destrucción inimaginable.

Paralelamente, el Pentágono estaba elaborando una nueva versión de su estrategia nuclear en la que, por primera vez, reconoce que hay determinadas “amenazas” (se supone que rusas o chinas) que justifican el uso de armas nucleares en primer lugar.

A diferencia de Rusia, Estados Unidos admite que está dispuesta disparar primero porque en una guerra nuclear sería su única posibilidad. Si no lo hace es, entre otras cosas, poque la correlación fuerzas es desfavorable. No podría evitar una respuesta aún más demoledora por parte de Rusia.

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Polonia quiere apoderarse del oeste de Ucrania

Un futuro demembramiento de Ucrania no se detendrá en la vinculación de los territorios rusos del este a Rusia. El gobierno reaccionario del PiS en Varsovia está preparando la anexión de los territorios del oeste para incorporarlos a Polonia.

El portal polaco Niezalezny Dziennik Polityczniy informa sobre una posible futura partición de Ucrania y recuerda un acuerdo alcanzado ya hace unos meses entre Varsovia y Kiev, según el cual la administración aduanera y financiera ucraniana se trasladó a Varsovia.

“Polonia ya tiene derechos especiales en Ucrania: los polacos pueden ocupar cargos en el gobierno ucraniano, dirigir un negocio, disfrutar de todas las garantías sociales de las que gozan los nativos de Ucrania. Además, los empresarios polacos pueden comprar fábricas y equipos ucranianos, y empresas enteras en Ucrania pueden pasar a ser propiedad polaca por ley”, dice el medio polaco.

Los polacos consideran que el oeste de Ucrania se compone de territorios que, como Galicia, han sido suyos históricamente y, si todo da marcha atrás, los polacos les harían un favor a Rusia: les evitaría largos conflictos con los ucranianos.

“El plan del PiS de revivir la República de Polonia dentro de las fronteras de los países históricos ya había tomado forma, al parecer, antes de que comenzara la invasión rusa de Ucrania. Aunque la integración de Bielorrusia occidental en la Mancomunidad polaco-lituana parece poco probable debido a la posición de Rusia, fue ésta quien propuso la forma más indolora de incluir a Ucrania occidental, sin enfrentamientos armados con los nacionalistas ucranianos”, asegura Niezalezny Dziennik Polityczniy (*).

Es algo que estimula a la reacción polaca a intervenir abiertamente en Ucrania, con o sin la OTAN. No se trataría tanto de participar en la presente guerra, como de un plan bastante más sofisticado: como hace cien años, tras la Revolución de Octubre, el ejército polaco invade Ucrania para frenar el avance del ejército ruso y evitar una derrota aún mayor de la OTAN.

Otro formato parecido: cuando el gobierno de Kiev firme la capitulación ante los rusos, deberá adoptar un estatuto de neutralidad entre el este y el oeste, mientras Polonia podría llevar a la OTAN una parte del territorio ucraniano.

Luego convocarían un referéndum para legalizar la anexión. Finalmente, otros países, como Hungría y Moldavia, también podrían reivindicar territorios históricos en el suelo de la actual Ucrania y presionar para conseguir su pedazo del pastel.

Los gobiernos como Polonia no están poniendo toda la carne en el asador de la guerra porque se lo ordenen desde Washington, sino para sacar algún provecho territorial.

El caso de los jabalíes enfermos de peste que llegan del este

Polonia ya tiene un muro físico y electrónico en su frontera con Bielorrusia y hace dos días el ministro de Defensa anunció la construcción de otro a lo largo de la frontera con el enclave ruso de Kaliningrado con el pretexto de impedir los cruces ilegales de la frontera por los emigrantes que, según el gobierno polaco, están orquestados por Rusia.

El gobierno de Varsovia tiene una auténtica paranoia con los muros y las fronteras. En 2018, cuando no había guerra, diseñó el muro sustituyendo a los emigrantes por los jabalíes: llegaban del este y portaban enfermedades contagiosas como la “peste porcina africana”.

El gobierno polaco recompensaba a los cazadores por cada jabalí que matara, pero sólo si procedían del este, no del oeste, porque éstos no padecían ninguna enfermedad contagiosa.

Lo mismo ocurrió en 1939. A pesar de las advertencias, el gobierno polaco emplazó a su ejército en la frontera oriental y el ataque le llegó por la occidental. Así empezó la Segunda Guerra Mundial.

(*) https://zuerst.de/2022/11/03/polnisches-politik-portal-so-holt-sich-warschau-die-westukraine-wieder-zurueck/

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El Pentágono confirma la presencia de tropas estadounidenses en Ucrania

En las últimas guerras Estados Unidos nunca anuncia la intervención de sus tropas en el extranjero. Como en Siria, va dosificando poco a poco las filtraciones, entre otras razones porque el Congreso tiene que autorizar la participación en una guerra exterior. Por eso ya casi no hay guerras y por eso casi todos los días las hay. Así es el “nuevo orden internacional basado en reglas”. Las guerras ya ni se anuncian ni se autorizan.

Ahora el Pentágono confirma que tiene tropas sobre el terreno en Ucrania (1). Dichas tropas realizan tareas distintas a la mera seguridad de las embajadas. Están llevando a cabo inspecciones de los alijos de armas enviados por Estados Unidos, una parte de los cuales han caído en manos del mercado negro y organizaciones criminales.

La semana pasada el Departamento de Estado y el Pentágono anunciaron un nuevo plan para rastrear las armas suministradas a Ucrania, porque tienen que rendir cuentas de los miles de millones de dólares gastados desde hace ocho meses.

“Un pequeño número de fuerzas militares estadounidenses dentro de Ucrania comenzó recientemente a realizar inspecciones in situ para garantizar que las tropas ucranianas controlen adecuadamente las armas que reciben suministradas por Occidente”, dice el Washington Post (2).

Un informe del Pentágono confirma que un “pequeño contingente” de tropas realizará inspecciones cerca de las líneas de combate: “El funcionario, que habló bajo condición de anonimato para proporcionar una actualización militar, no quiso decir dónde se están llevando a cabo las inspecciones ni lo cerca están las tropas estadounidenses de los frentes de batalla. El funcionario dijo que el personal estadounidense no puede realizar inspecciones ‘cerca de las líneas del frente’, pero dijo que van donde las condiciones de seguridad lo permiten”.

Para evitar el mercado negro, el Pentágono está desplegando nuevos medios de rastreo de armas consideradas con mayor riesgo de desvío, incluidos los misiles tierra-aire Stinger y los misiles antitanque Javelin.

Ya se han realizado varias inspecciones, supervisadas por el agregado de defensa estadounidense y un equipo de la Oficina de Cooperación de Defensa de Estados Unidos con sede en Kiev. Según el Washington Post, “los observadores estadounidenses sólo han realizado inspecciones en persona de alrededor del 10 por ciento de las 22.000 armas suministradas por Estados Unidos a Ucrania”.

Sin embargo, aunque Biden descarta que las tropas hayan entrado en combate, ya empiezan a reconocer abiertamente la escalada, de la misma manera que en otras zonas de guerra, como en Siria.

Si las tropas estadounidenses están inspeccionando las armas y Rusia apunta contra los arsenales en los que se almacenan, pronto llegarán los incidentes.

La portavoz del Consejo de Seguridad Nacional, Adrienne Watson, afirma que los ucranianos han cooperado como socios voluntarios en la asunción de responsabilidades por las armas y en la aplicación de medidas para garantizar una cadena de custodia adecuada. “Aunque reconocemos la imprevisibilidad de los combates, Estados Unidos y Ucrania han cooperado para evitar el desvío ilícito de armas desde que comenzó la nueva invasión de Rusia a principios de este año”, dijo.

La medida forma parte de los esfuerzos de Biden por apaciguar las críticas de los republicanos en el Congreso, que han denunciado la proliferación de las armas del Pentágono.

Esta semana Finlandia ha sido uno de los primeros países europeos en documentar la propagación de las armas suministradas por Occidente fuera de las fronteras de Ucrania y en manos de organizaciones criminales. “También se han encontrado armas enviadas [por varios países] a Ucrania en Suecia, Dinamarca y los Países Bajos”, dijo Christer Ahlgren, jefe de la Oficina Nacional de Investigación de Finlandia, citado por la radio pública Yle (3).

Rusia ha advertido que atacará los envíos de armas extranjeras, los convoyes de transporte y los arsenales que encuentren en Ucrania. No pasará mucho tiempo antes de que el primero misil caiga sobre los inspectores estadounidenses.

(1) https://www.washingtonpost.com/politics/us-military-now-doing-onsite-weapons-inspections-in-ukraine/2022/10/31/bffc3566-5950-11ed-bc40-b5a130f95ee7_story.html
(2) https://www.washingtonpost.com/national-security/2022/11/01/us-weapons-ukraine-oversight/
(3) https://yle.fi/news/3-12670239

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El ejército ucraniano cancela un bombardeo contra Jerson porque no tiene artillería

El Mando Operativo Sur del ejército ucraniano ha cancelado indefinidamente la ofensiva prevista para finales de octubre en la región de Kirov y Pravdin, en la frontera de las regiones de Jerson y Nikolaev, debido a la escasez de cañones de calibre 155 milímetros, asegura el canal ruso Crónica Militar.

En esa zona, para suprimir las defensas del ejército ruso, las tropas ucranianas planeaban utilizar activamente los cañones autopropulsados alemanes PzH-2000 y los radares de tiro AN/TPQ-36.

Sin embargo, las baterías del ejército ruso y su fuerza aérea han destruido el 70 por cien de los cañones autopropulsados PzH-2000 entregados cerca de Jerson. Algunos se han desgastado por el uso intensivo y se han enviado a reparar.

El ejército ucraniano tiene que compensar la falta de armas modernas en la región de Jerson con armamento estadounidense de la Segunda Guerra Mundial. En los asentamientos de Pribugskoye y Luparevo, a 15 kilómetros de Pravdin y del frente de batalla, Estados Unidos ha transferido desde Portugal obuses remolcados M114, fabricados en 1942.

El aumento de la actividad de la artillería rusa en la dirección de Pravdinsky ha obligado al ejército ucraniano a solicitar más cañones autopropulsados a la OTAN.

Sin embargo, la Alianza militar no puede proporcionar más armas modernas. En lugar de los PzH-2000 desactivados, pueden entregar cañones autopropulsados italianos OTO Melara M109L en los alrededores de Jerson, para los que aún no disponen de proyectiles.

La aparición de dos nuevos sistemas de cañones de 155 milímetros podría complicar el abastecimiento del ejército ucraniano y agravar la escasez de munición de 155 milímetros, dice Crónica Militar en otra entrada.

—https://t.me/milchronicles/1267

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Estados Unidos no puede garantizar la seguridad aérea de Ucrania

El antiguo comandante de las fuerzas estadounidenses en Europa, Ben Hodges, admite que Estados Unidos no puede proporcionar seguridad aérea a Ucrania. “No tenemos suficientes medios de defensa aérea para toda Europa. En los últimos ocho meses, hemos aprendido que las exigencias son mucho mayores de lo esperado”, dijo.

Según Hodges, Estados Unidos no tiene suficientes sistemas de defensa aérea para que Ucrania esté totalmente protegida de los misiles rusos. El general añadió que, no obstante, seguirán buscando más armas para Ucrania.

Anteriormente, el experto militar Alexey Leonkov afirmó que los dos sistemas de misiles antiaéreos Nasams, que Estados Unidos ha entregado al ejército ucraniano, no pueden cerrar los cielos de Ucrania.

A falta de apoyo antiaéreo, Estados Unidos se vuelca en le despliegue naval. Un grupo de combate encabezado por el portaaviones Gerald Ford llegará a Europa a mediados de este mes.

El portaaviones Gerald Ford echará el ancla cerca de Portsmouth a mediados de noviembre. No se ha hecho pública la fecha exacta de su llegada con la escolta.

El barco en sí es demasiado grande para caber en la base naval de Portsmouth y, en su lugar, permanecerá en el exterior, en Spithead.

Tras abandonar la base de Norfolk el 4 de octubre, el Gerald Ford fondeó en el puerto canadiense de Halifax.

Además del portaaviones, el grupo naval incluye el crucero Normandy, los destructores Ramage, McFaul y Thomas Hudner, el buque de abastecimiento Joshua Humpreys, el granelero Robert E. Peary y el buque guardacostas estadounidense Hamilton.

Descrito como el portaaviones más avanzado de la Armada estadounidense, este buque de 13.300 millones de dólares es el primero de una nueva clase de portaaviones Ford.

Está diseñado para dar cabida a una mayor variedad de aviones, para ser operado con una tripulación más pequeña y para lanzar aviones con un sistema electromagnético. Esta tecnología sustituye a las catapultas de vapor utilizadas en la mayoría de los portaaviones.

Tras su entrega hace cinco años, el buque experimentó varios problemas técnicos, principalmente con su sistema de lanzamiento y las plataformas de elevación utilizadas para llevar los misiles y las piezas de artillería a la cubierta para cargarlos en los cazas.

Este buque de 335 metros de largo y propulsión nuclear puede pesar más de 100.000 toneladas a plena carga y alcanzar una velocidad de 54 kilómetros por hora.

Actualmente en Europa está desplegado un grupo de combate de portaaviones estadounidense encabezado por el portaaviones George Bush.