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Categoría: Estrategia (página 119 de 152)

450 yihadistas de Al-Qaeda han llegado a Ucrania procedentes de Siria

Cerca de 450 yihadistas de Al-Qaeda han llegado a Ucrania desde Idlib, Siria, para luchar contra las tropas rusas. Los terroristas salieron de Siria y tres días después llegaron a Ucrania a través de Turquía.

Los cabecillas del grupo terrorista Hayat Tahrir Al-Sham, la marca comercial de Al-Qaeda en Siria, mantuvieron varias reuniones con los dirigentes del llamado Partido Islámico del Turquestán y de los grupos Ansar Al-Tawhid y Hurras al-Din, y acordaron permitir que varios de sus mercenarios entraran en Ucrania a través de suelo turco.

La mayoría de los mercenarios son veteranos de la Guerra de Siria, que han sido premiados con la oportunidad de seguir luchando contra Rusia y obtener unos ingresos adicionales.

Hayat Tahrir Al-Sham también aseguró a estos mercenarios que sus familias podrían reunirse con ellos más adelante.

Unos 300 de estos mercenarios son de nacionalidad siria, procedentes de las regiones de Idlib y Alepo, mientras que los otros 150 son de nacionalidad belga, francesa, china, marroquí, tunecina, chechena y británica.

En cuanto al sueldo, los yihadistas sirios percibirán entre 1.200 y 1.500 dólares, pero no se sabe lo que cobrarán los extranjeros.

El Presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, había dicho anteriormente que 16.000 mercenarios extranjeros lucharían por Ucrania.

En una reunión celebrada la semana pasada, Putin advirtió al canciller alemán, Olaf Scholz, sobre el creciente número de mercenarios extranjeros que operan en Ucrania, entre ellos los procedentes de Albania y Croacia, y en particular los militantes y yihadistas de Kosovo para utilizar su experiencia en operaciones militares en Siria.

Dichos mercenarios no tienen la condición jurídica de “combatientes”, por lo que en caso de ser capturados, no se les aplicarán las leyes de la guerra. Pueden ser juzgados y condenados a muerte.

La expansión de la OTAN sólo podía conducir a la guerra

La nueva guerra de occidente contra Rusia se ha puesto al rojo vivo a causa de la política provocadora de la OTAN durante el último cuarto de siglo. Los imperialistas fundaron la Alianza militar para acabar con la URSS y no la disolvieron cuando la URSS se acabó. Por el contrario, no hicieron más que acercarse y aquella política no podía acabar bien, como confirma la Guerra en Ucrania.

En 1993 Clinton tomó la fatídica decisión de impulsar la inclusión de algunos países del antiguo Pacto de Varsovia en la OTAN: Polonia, la República Checa y Hungría. Fue la primera de varias oleadas de expansión.

Incluso este primer paso provocó la oposición y la ira de Rusia, entonces sólo verbal, como reconoce Madeleine Albright, la Secretaria de Estado de Clinton, en sus memorias.

Strobe Talbott, Subsecretario de Estado, describió de forma similar la actitud rusa: “Muchos rusos ven a la OTAN como una reliquia de la Guerra Fría, intrínsecamente dirigida contra su país. Señalan que han disuelto el Pacto de Varsovia, su alianza militar, y se preguntan por qué Occidente no debería hacer lo mismo”.

George Kennan, el padre intelectual de la política de contención de la Guerra Fría, dijo algo parecido en una entrevista con el New York Times en mayo de 1998 sobre la primera ronda de expansión de la OTAN. “Creo que este es el comienzo de una nueva Guerra Fría”, dijo Kennan. “Creo que los rusos reaccionarán gradualmente de forma bastante negativa y esto afectará a sus políticas. Creo que es un trágico error. No había ninguna razón para ello. Nadie estaba amenazando a nadie más.

A pesar de las advertencias los imperialistas siguieron realizando ampliaciones, incluyendo la provocadora incorporación de las tres repúblicas bálticas. Estos países no sólo habían formado parte de la Unión Soviética, sino también del imperio ruso en la época zarista. Como resultado de esta oleada de expansión, la OTAN está ahora encaramada en la frontera de Rusia.

Entonces Putin aún se refería a los países occidentales como “socios” en sus discursos, hasta que la paciencia de Moscú con el comportamiento cada vez más intrusivo de la OTAN se agotó. La última advertencia razonablemente amistosa de Rusia de que la alianza debía retroceder fue en marzo de 2007, cuando Putin se dirigió a la conferencia anual de seguridad de Múnich. “La OTAN ha colocado sus fuerzas de primera línea en nuestras fronteras”, se quejó.

La expansión de la OTAN “representa una grave provocación que reduce el nivel de confianza mutua. Y tenemos derecho a preguntar: ¿contra quién va dirigida esa expansión? ¿Y qué pasó con las garantías dadas por nuestros socios occidentales tras la disolución del Pacto de Varsovia?”

En sus memorias, Duty, Robert M. Gates, que fue secretario de Defensa en los gobiernos de Bush [hijo] y Obama, dice que creía que “las relaciones con Rusia se manejaron mal después de que Bush [padre] dejara el cargo en 1993”. Entre otros errores, “los acuerdos de Estados Unidos con los gobiernos rumano y búlgaro para rotar las tropas en las bases de esos países fueron una provocación innecesaria”.

En una reprimenda implícita a Bush hijo, Gates dijo que “el intento de incorporar a Georgia y Ucrania a la OTAN fue realmente excesivo”. La medida suponía un “desprecio temerario por lo que los rusos consideraban sus propios intereses nacionales vitales”.

Al año siguiente, el descontento de Rusia llegó más allá de las objeciones verbales. Moscú aprovechó una provocación del gobierno de Georgia, tensó la cuerda con una guerra fulminante y empezó a proponer alternativas a sus antiguos “socios”.

Para evitar una guerra en Europa del este, la OTAN debía ofrecer garantías de seguridad. Debía reducir su presencia militar en Europa del este y no incorporar a Ucrania. Todos los llamamientos cayeron en saco roto y las provocaciones continuaron. Zelensky habló de recuperar Crimea y Rusia realizó maniobras militares en la península. Luego se burló de los Acuerdos de Minsk y las maniobras militares volvieron.

El trato que Washington ha dado a Rusia en las décadas posteriores a la desaparición de la Unión Soviética ha sido la de un país derrotado que sólo merece el desprecio. Los imperialistas sólo reaccionan cuando les enseñas los dientes y debes tener una dentadura en las mejores condiciones.

Estados Unidos investigaba en Ucrania la transmisión de la peste porcina y el ántrax

El Ministerio de Defensa ruso afirmó haber recibido documentos según los cuales Washington realizó un proyecto en Ucrania para estudiar la transmisión de patógenos a través de las aves silvestres que migran entre Ucrania y sus países vecinos.

El portavoz del Ministerio de Defensa de Rusia, Ígor Konashénkov, declaró este jueves que, según documentos descubiertos, Estados Unidos planeaba investigar en Ucrania patógenos de aves, murciélagos y reptiles para luego estudiar la posibilidad de transmitir la peste porcina africana o el ántrax a través de ellos.

El portavoz indicó que “la información detallada sobre la realización por parte de Estados Unidos en territorio de Ucrania de un proyecto para investigar la transmisión de patógenos a través de aves silvestres que migran entre Ucrania y Rusia y otros países vecinos” generó un “particular interés”.

En los laboratorios biológicos creados en Ucrania se llevaron a cabo experimentos con muestras de coronavirus de murciélagos. “El objetivo de estas y otras investigaciones biológicas, financiadas por el Pentágono en Ucrania, fue la creación de un mecanismo de transmisión oculta de patógenos letales”, afirmó Konashénkov.

Desde el Ministerio de Defensa ruso prometieron publicar en breve un nuevo paquete de documentos que fueron entregados por empleados de los biolaboratorios y presentar los resultados de su análisis.

Rusia insta a Estados Unidos a aclarar qué actividad se estaba llevando a cabo en los biolaboratorios ubicados en Ucrania financiados por el Departamento de Defensa estadounidense, declaró este miércoles la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, María Zajárova.

En ese contexto, Zajárova descartó “ningún uso pacífico en los programas biológicos en Ucrania”.

La subsecretaria de Estado de Estados Unidos, Victoria Nuland, dijo este martes que en Ucrania hay laboratorios biológicos cuyo contenido Washington quisiera ocultar de Moscú. Al mismo tiempo, Nuland refutó las afirmaciones de Moscú de que Ucrania haya desarrollado armas biológicas, y calificó esa denuncia de “clásica técnica rusa para culpar a cualquier otro tipo por lo que planean hacer ellos mismos”.

—https://actualidad.rt.com/actualidad/423293-rusia-eeuu-planeaba-investigar-transmision-peste-antrax

La guerra moderna en la doctrina militar rusa

En el siglo XXI hemos visto una tendencia a difuminar los límites entre los estados de guerra y de paz. Las guerras ya no se declaran y, una vez iniciadas, se libran con un patrón desconocido. La experiencia de los conflictos militares -incluidos los asociados a las llamadas “revoluciones de colores” en el Norte de África y Oriente Medio- confirma que un Estado perfectamente próspero puede, en cuestión de meses o incluso de días, convertirse en un escenario de feroces conflictos armados, ser víctima de una intervención extranjera y descender a una red de caos, desastre humanitario y guerra civil.

Por supuesto, sería más fácil decir que los acontecimientos de la “primavera árabe” no son guerras y que, por lo tanto, no hay lecciones para nosotros en lo militar. Pero quizás sea lo contrario: estos acontecimientos son precisamente típicos de la guerra en el siglo XXI. En cuanto a la escala de víctimas y destrucción -las catastróficas consecuencias sociales, económicas y políticas- estos nuevos tipos de conflictos son comparables a las consecuencias de cualquier guerra real. Las propias “reglas de la guerra” han cambiado. El papel de los medios no militares para alcanzar objetivos políticos y estratégicos ha aumentado y, en muchos casos, su eficacia ha superado a la de la fuerza de las armas. La orientación de los métodos de conflicto aplicados ha cambiado hacia un amplio uso de medidas políticas, económicas, informativas, humanitarias y otras no militares, aplicadas en coordinación con el potencial de protesta de la población. Todo ello se complementa con medios militares encubiertos, incluyendo la realización de acciones de conflicto informativo y la actuación de fuerzas de operaciones especiales.

El uso abierto de fuerzas -a menudo bajo la apariencia de mantenimiento de la paz y gestión de crisis- sólo se utiliza en una determinada fase, principalmente para lograr el éxito final del conflicto. Esto plantea preguntas lógicas: ¿Qué es la guerra moderna? ¿Para qué debe estar preparado el ejército? ¿Cómo debe armarse? Sólo después de responder a estas preguntas podremos determinar la dirección de la construcción y el desarrollo de las fuerzas armadas a largo plazo. Para ello, es esencial tener un claro conocimiento de las formas y métodos de uso de la fuerza. Hoy en día, junto a los dispositivos tradicionales, se están desarrollando dispositivos no estándar. Se ha incrementado el papel de los grupos de fuerzas móviles de tipo mixto que actúan en un espacio único de inteligencia-información mediante el uso de nuevas posibilidades de sistemas de mando y control. Las acciones militares son cada vez más dinámicas, activas y exitosas. Desaparecen las pausas tácticas y operativas que el enemigo podría aprovechar. Las nuevas tecnologías de la información han reducido considerablemente las diferencias espaciales, temporales y de información entre las fuerzas y los organismos de control. Los enfrentamientos frontales de grandes formaciones de fuerzas a nivel estratégico y operativo se están convirtiendo gradualmente en algo del pasado. Las acciones de largo alcance y sin contacto contra el enemigo se están convirtiendo en el principal medio para alcanzar los objetivos de combate y operativos.

La derrota de los objetos del enemigo se lleva a cabo en toda la profundidad de su territorio. Se borran las diferencias entre los niveles estratégico, operativo y táctico, así como entre las operaciones ofensivas y defensivas. La aplicación del armamento de alta precisión adquiere un carácter masivo. Las armas basadas en nuevos principios físicos y sistemas automatizados se incorporan activamente a la actividad militar. Las acciones asimétricas se han generalizado, permitiendo anular las ventajas del enemigo en un conflicto armado. Estas acciones incluyen el uso de fuerzas de operaciones especiales y de la oposición interna para crear un frente operativo permanente en todo el territorio del Estado enemigo, así como acciones, dispositivos y medios de información que se perfeccionan constantemente. Estos continuos cambios se reflejan en las doctrinas de los principales Estados del mundo y se utilizan en los conflictos militares. Ya en 1991, durante la Operación Tormenta del Desierto en Irak, los militares estadounidenses hicieron realidad el concepto de “barrido general, poder general” y “operaciones aire-tierra”. En 2003, durante la Operación Libertad Duradera Irakí, las operaciones militares se llevaron a cabo de acuerdo con el “Punto de vista único 2020”. En la actualidad, se han desarrollado los conceptos de “ataque general” y “defensa general contra misiles”, que permiten derrotar objetos y fuerzas enemigas en cuestión de horas desde casi cualquier lugar del mundo, al tiempo que garantizan la prevención de daños inaceptables en caso de contraataque enemigo. Estados Unidos también aplica los principios de la doctrina de integración general de las operaciones para crear grupos de fuerzas altamente móviles y de uso mixto en muy poco tiempo.

En los últimos conflictos han surgido nuevas formas de llevar a cabo operaciones militares que no pueden considerarse puramente militares. Un ejemplo es la operación en Libia, donde se creó una zona de exclusión aérea, se impuso un bloqueo marítimo, [y] se utilizaron ampliamente contratistas militares privados en estrecha interacción con formaciones armadas de la oposición. Debemos reconocer que aunque entendemos la esencia de las acciones militares tradicionales de las fuerzas armadas regulares, sólo tenemos un conocimiento superficial de las formas y medios asimétricos. En este sentido, la importancia de la ciencia militar -que debe crear una teoría integral de estas acciones- es cada vez mayor. Los trabajos e investigaciones de la Academia de Ciencias Militares pueden contribuir a ello.

Las tareas de la ciencia militar

Al discutir las formas y los medios de los conflictos militares, no debemos olvidar nuestra propia experiencia. Me refiero al uso de unidades partisanas durante la Gran Guerra Patria y la lucha contra las formaciones irregulares en Afganistán y el Cáucaso Norte. Me gustaría subrayar que durante la guerra de Afganistán se desarrollaron formas y medios específicos para llevar a cabo operaciones militares. En el centro de todo ello están la velocidad, la rapidez de movimientos, el uso inteligente de paracaidistas tácticos y las fuerzas de cerco, que en conjunto permiten interrumpir los planes del enemigo y hacerle sufrir pérdidas importantes. Otro factor que influye en la esencia de los medios modernos de conflicto armado es el uso de modernos complejos automatizados de equipamiento militar y la investigación en el campo de la inteligencia artificial. Mientras que hoy tenemos drones voladores, los campos de batalla de mañana estarán llenos de robots que caminan, se arrastran, saltan y vuelan. En un futuro próximo, es posible que se cree una unidad totalmente robotizada, capaz de realizar operaciones militares de forma independiente. ¿Cómo luchar en esas condiciones? ¿Qué formas y medios deben utilizarse contra un enemigo robótico? ¿Qué tipo de robots necesitamos y cómo los desarrollamos?

Ya hoy, nuestras mentes militares tienen que pensar en estas cuestiones. El conjunto de problemas más importante, que requiere una atención sostenida, está relacionado con el perfeccionamiento de las formas y medios de aplicación de los grupos de fuerza. Es necesario repensar el contenido de las actividades estratégicas de las Fuerzas Armadas de la Federación Rusa. Ya surgen preguntas: ¿es necesario un número tan elevado de operaciones estratégicas? ¿Cuáles y cuántas serán necesarias en el futuro? Hasta ahora, no hay respuestas. También hay otros problemas que encontramos en nuestras actividades diarias. Actualmente estamos en la fase final de la formación de un sistema de defensa del espacio aéreo (VKO).

En consecuencia, la cuestión de desarrollar formas y medios de acción utilizando las fuerzas y las herramientas de la OVM ha cobrado actualidad. El Estado Mayor ya está trabajando en ello. Propongo que la Academia de Ciencias Militares también desempeñe un papel activo en esto. El espacio informativo abre amplias posibilidades asimétricas para reducir el potencial de combate del enemigo. En el norte de África, hemos visto el uso de las tecnologías para influir en las estructuras estatales y en la población con la ayuda de las redes de información. Es necesario perfeccionar las actividades en el espacio de la información, incluida la defensa de nuestros propios objetos. La operación para forzar la paz en Georgia puso de manifiesto la falta de enfoques unificados en el uso de formaciones de fuerzas armadas fuera de la Federación Rusa. El atentado de septiembre de 2012 contra el consulado estadounidense en la ciudad libia de Bengasi, la activación de las actividades de piratería [y] la reciente toma de rehenes en Argelia confirman la importancia de crear un sistema de defensa armada de los intereses del Estado fuera de las fronteras de su territorio. Aunque las adiciones a la Ley Federal de Defensa adoptadas en 2009 permiten el uso operativo de las fuerzas armadas de Rusia fuera de sus fronteras, no se definen las formas y los medios de su actividad. Además, las cuestiones destinadas a facilitar su uso operativo no se han resuelto a nivel interdepartamental. Entre ellas, la simplificación del procedimiento para cruzar las fronteras estatales, el uso del espacio aéreo y las aguas territoriales de Estados extranjeros, los procedimientos de interacción con las autoridades del Estado de destino, etc. Es necesario organizar el trabajo conjunto de las organizaciones de investigación de los ministerios y agencias pertinentes sobre estas cuestiones. Una de las formas de utilizar la fuerza militar fuera del país es el mantenimiento de la paz.

Además de las tareas tradicionales, su actividad podría incluir tareas más específicas como las especializadas, humanitarias, de rescate, de evacuación, de saneamiento y otras. En la actualidad, no se ha definido su clasificación, esencia y contenido. Además, las complejas y múltiples tareas de mantenimiento de la paz que eventualmente tendrán que realizar las tropas regulares requieren la creación de un sistema fundamentalmente nuevo para prepararlas. Al fin y al cabo, la tarea de una fuerza de mantenimiento de la paz es desvincular a las partes en conflicto, proteger y rescatar a la población civil, cooperar en la reducción de la violencia potencial y restablecer la vida pacífica. Todo esto exige una preparación académica.

Control del territorio

En los conflictos modernos, es cada vez más importante poder defender a la población, los objetos y las comunicaciones contra la actividad de las fuerzas de operaciones especiales, dado su creciente uso. La solución a este problema pasa por la organización y puesta en marcha de una defensa territorial. Antes de 2008, cuando el ejército contaba con más de 4,5 millones de hombres en tiempo de guerra, estas tareas eran realizadas exclusivamente por las fuerzas armadas. Pero las condiciones han cambiado. Ahora, la lucha contra las fuerzas de desviación-reconocimiento y el terrorismo sólo puede organizarse mediante la compleja participación de todas las fuerzas de seguridad y de orden público del país. El Estado Mayor ha iniciado este trabajo. Se basa en la definición de los enfoques de la organización de la defensa territorial que se reflejaron en las enmiendas a la Ley Federal “Sobre la Defensa”.

A partir de la adopción de esta ley, es necesario definir el sistema de gestión de la defensa territorial e imponer legalmente el papel y la ubicación en este sistema de otras fuerzas, formaciones militares y órganos de otras estructuras estatales. Necesitamos recomendaciones bien fundadas sobre la utilización de fuerzas y medios interinstitucionales para la realización de la defensa territorial, los métodos de lucha contra las fuerzas terroristas y la distracción del enemigo en las condiciones modernas. La experiencia de la realización de operaciones militares en Afganistán e Irak ha mostrado la necesidad de elaborar -en cooperación con los órganos de investigación de otros ministerios y organismos de la Federación Rusa- el papel y el alcance de la participación de las fuerzas armadas en la regulación post-conflicto, elaborar la prioridad de las tareas, los métodos de activación de las fuerzas y establecer los límites del uso de la fuerza armada […]

No se pueden generar ideas por encargo

El estado actual de la ciencia militar rusa no puede compararse con el florecimiento del pensamiento teórico-militar en nuestro país en vísperas de la Segunda Guerra Mundial. Por supuesto, hay razones objetivas y subjetivas para ello, y no es posible culpar a nadie en particular por ello. No fui yo quien dijo que no era posible generar ideas por encargo. Estoy de acuerdo con eso, pero también tengo que reconocer otra cosa: en aquella época no había gente con títulos superiores y no había escuelas ni departamentos universitarios. Había personalidades extraordinarias con ideas brillantes. Yo los llamaría fanáticos en el mejor sentido de la palabra. Tal vez no tengamos suficiente gente así hoy en día. Gente como, por ejemplo, Georgy Isserson, que, a pesar de las opiniones que se había formado en los años de preguerra, publicó el libro “Nuevas formas de combate”. En este libro, este teórico militar soviético predijo:

“La guerra en general no se declara. Simplemente comienza con fuerzas militares ya desarrolladas. La movilización y la concentración no forman parte del período que sigue al inicio del estado de guerra, como ocurrió en 1914, sino que tienen lugar, sin saberlo, mucho antes”.

El destino de este “profeta de la patria” se desarrolló de forma trágica. Nuestro país pagó con mucha sangre el no escuchar las conclusiones de este profesor de la Academia de Estado Mayor. ¿Qué podemos concluir de esto? Una actitud despectiva hacia las nuevas ideas, los enfoques no estándar, otros puntos de vista, es inaceptable en la ciencia militar. Y es aún más inaceptable que los profesionales tengan esta actitud hacia la ciencia. Para concluir, quisiera decir que, sean cuales sean las fuerzas del enemigo, el nivel de desarrollo de sus fuerzas y sus medios de lucha armada, es posible encontrar formas y métodos para vencerlos. Siempre tendrá vulnerabilidades y esto significa que existen medios adecuados para oponerse a él. No debemos copiar las experiencias extranjeras y perseguir a los países cabeceros, sino que debemos ir más allá y ocupar nosotros mismos posiciones de cabecera. Aquí es donde la ciencia militar desempeña un papel crucial. El eminente científico militar soviético Alexander Svechin escribió:

“Es extraordinariamente difícil predecir las condiciones de la guerra. Para cada guerra es necesario desarrollar una línea particular para su conducción estratégica. Cada guerra es un caso único, que requiere el establecimiento de una lógica particular y no la aplicación de ningún modelo”.

Este enfoque sigue siendo correcto. Cada guerra es, en efecto, un caso único, que requiere la comprensión de su lógica particular, de su singularidad. Por eso es muy difícil predecir el carácter de una guerra en la que Rusia o sus aliados podrían verse envueltos. Sin embargo, debemos hacerlo. Cualquier afirmación académica en la ciencia militar carece de valor si la teoría militar no se basa en la función de predicción.

Valery Guerasimov, Correo Militar Industrial, 27 de febrero de 2013, http://vpk-news.ru/sites/default/files/pdf/VPK_08_476.pdf

Estados Unidos tenía laboratorios de guerra biológica en Ucrania

Los trabajadores de los laboratorios biológicos ucranianos han confirmado que se estaban desarrollando componentes de armas biológicas en Ucrania, muy cerca del territorio ruso, según ha declaró el portavoz oficial del Ministerio de Defensa ruso, el general Igor Konashenkov.

“Durante una operación militar especial, se descubrieron los hechos de una limpieza de emergencia por parte del régimen de Kiev de los rastros de un programa biológico militar implementado en Ucrania, financiado por el Departamento de Defensa de Estados Unidos”, dijo Konashenkov.

“Hemos recibido documentación de empleados de biolaboratorios ucranianos sobre la destrucción con carácter de emergencia, el 24 de febrero, de patógenos especialmente peligrosos de peste, ántrax, tularemia, cólera y otras enfermedades mortales”, añadió Konashenkov.

Moscú prepara la documentación, que presentará públicamente, así como los actos de barbarie y los crímenes de guerra del régimen de Kiev y sus asesores occidentales. El gobierno ruso prepara un nuevo Nuremberg: un juicio público contra los resposables de crímenes de guerra en el Donbas, los hordas neonazis y algunos dirigentes y oligarcas de Kiev.

Aprovechando la guerra, Kiev ha destruido las evidencias de un programa de armas biológicas financiado por el Pentágono.

No sólo Rusia está interesado por las armas biológicas en poder de Ucrania. Durante dos años el gobierno de China ha soportado un campaña por el laboratorio de Wuhan, al que la propaganda implicó en el origen de la pandemia.

El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Zhao Lijian, ha solicitado que Estados Unidos revele detalles sobre los laboratorios biológicos que tiene en Ucrania y el tipo de investigaciones que realizan.

https://ria.ru/20220306/biooruzhie-1776951830.html

Rusia nunca permitirá que los imperialistas le pongan de rodillas

En 1990 Helmut Kohl, Canciller de la entonces Alemania Occidental, y Mijail Gorbachov, último Presidente de la Unión Soviética, firmaron el acuerdo de reunificación de Alemania. Antes y después de la firma, James Baker, el Secretario de Estado de Estados Unidos bajo la presidencia de Ronald Reagan, prometió a Rusia, a través de Gorbachov, que la OTAN excluiría cualquier “expansión de su territorio hacia el Este, o que se acercara a las antiguas fronteras soviéticas”. Reiteró esta promesa en la firma, coincidiendo con la afirmación de Gorbachov de que la expansión de la OTAN era inaceptable ahora que la Guerra Fría había terminado y que Europa, Rusia y Estados Unidos debían encontrar un terreno común en el camino hacia la paz y la prosperidad. Baker respondió que los norteamericanos entendían que “no sólo para la Unión Soviética, sino también para los demás países de Europa, es importante tener garantías de que si Estados Unidos mantiene su presencia en Alemania en el marco de la OTAN, ésta no se desplace hacia el este, es decir, que no se expanda hacia los países del antiguo Pacto de Varsovia”. 

Para entender la posición actual de Rusia, tenemos que ver este punto como la “línea roja” que atraviesa el posicionamiento diplomático de Rusia. Desde que Putin y su partido, Rusia Unida, llegaron al poder en 2000, Occidente ha intentado controlar a Putin como lo hizo con su predecesor, Boris Yeltsin. La gran venta en Rusia estaba en pleno apogeo, desde el colapso de la Unión Soviética, y el país estaba asolado por la actividad de los grupos criminales, de los que surgieron muchos de los oligarcas contemporáneos; la mayoría de ellos se exiliaron (a Reino Unido) o acabaron en la cárcel, todos conocemos el ejemplo de Mijail Jodorkovski.

En 2007 Putin pronunció su famoso discurso de Múnich, en el que dejó claro que Rusia volvía a la carrera por recuperar su estatus de “superpotencia” y que el mundo se convertiría en multipolar, no en unipolar. Para disgusto de los asistentes al discurso, entre ellos John McCain, el “padrino” de la llamada “resistencia siria”, que apoyó al Ejército Sirio Libre (ESL), con un vídeo publicado en la CNN en el que se le ve sentado junto a un hombre con un gran parecido a Abu Bakr al-Baghdadi, que se convertiría en el cabecilla de Daesh (Isis). MacCain, de quien podemos decir que es culpable de crímenes contra la humanidad.

También estaban presentes Angela Merkel y Victor Yanukovich, que se convertiría en presidente de Ucrania como resultado de la primera Revolución de Colores instigada por Occidente (Fundación Open Society de George Soros), conocida como la Revolución Naranja; la segunda Revolución de Colores se produjo en 2013, instigada por Estados Unidos y la Unión Europea.

Otras personalidades presentes ese día fueron Jaap de Hoop-Scheffer (de nacionalidad holandesa), antiguo Secretario General de la OTAN, que más tarde admitió que deberían haber actuado “de otra manera” con Putin y Rusia, y que deberían haber escuchado mejor las quejas de Rusia, y mostrar comprensión por la “promesa rota”. Estos actores desempeñaron un papel para contrarrestar el “odio” (de los gobiernos) de Occidente hacia Rusia. La propaganda ha estado en pleno apogeo desde 2007 hasta hoy.

Nos encontramos en la fase final, en la que Occidente quiere poner a Rusia de rodillas. Occidente está desesperado y se aferra a su ideología unipolar. Tanto Rusia como China se han convertido en superpotencias, lo que supone una amenaza para la “vieja” ideología de Occidente, es decir, un mundo unipolar y el colonialismo. Occidente intenta compensar sus pérdidas impulsando los llamados nuevos planes, una sociedad libre de petróleo y otros recursos extraíbles en el mundo multipolar, que ya no pueden ser “robados”, sino que ahora deben ser comprados. Occidente lo llama “reconstruir mejor”, y lo vende a su público como necesario para salvar el planeta y el clima, y se llama “Green New Deal”. Occidente está desesperado por este nuevo orden multipolar, un nuevo orden mundial, que él mismo reclama desde hace años, y que ha visto cómo China, Rusia y sus aliados han tomado el relevo.

Rusia ya no permite que la OTAN avance hacia las fronteras rusas. Rusia recuerda a la OTAN su promesa de 1990 de “no expandirse hacia el este”, pero las promesas occidentales se incumplen sistemáticamente, como nos enseña la historia. Rusia se ha mantenido en silencio durante un tiempo, y ha estado ocupada limpiando el desastre causado en Siria por los países occidentales que apoyaron a los terroristas y casi comenzaron una guerra mundial. Rusia vio cómo se desarrollaba un golpe de Estado en Ucrania (2013-2014) e intentó, mediante negociaciones diplomáticas con Occidente, resolver el problema. Esto no funcionó. Occidente, la UE/OTAN y los Estados Unidos quieren la guerra y están inventando todo lo que pueden para provocar a Rusia. China, aliada de Rusia, también tiene que tomar su propaganda, ahora que el muy viejo George Soros ha vuelto a hablar y a acusar a China de tener un dictador en el presidente Xi.

Hemos llegado al punto más alto de la propaganda occidental, que acusa descaradamente a Rusia de apoyar a los neonazis de Ucrania, que se están abriendo camino hasta el gobierno de este país, si es que se le puede llamar gobierno “real”, claro. Pero Occidente olvida que muchos ucranianos se sienten cercanos a los rusos y no quieren la guerra en absoluto. Incluso el presidente Zelensky se pronunció contra Occidente, especialmente contra Estados Unidos, diciendo que nada ha cambiado en Ucrania y que Rusia no es una amenaza. Como he escrito antes, Occidente escucha la propaganda de los antiguos estados soviéticos como Lituania o Letonia, que siguen viviendo en el pasado soviético, cuando han cambiado muchas cosas desde 1990; Rusia ya no es comunista, y Ucrania está ahora bajo el yugo de la UE, los habitantes de Letonia y Lituania han emigrado a los países más ricos de la UE, porque no hay trabajo en su país. Donde los habitantes de estos países pensaban que podrían vivir una vida mejor, ahora parece que la situación ha empeorado en comparación con lo que era en la antigua Unión Soviética, y esto no era lo que se esperaba. Pero para la UE y su agenda mundialista, este es precisamente el efecto deseado: países de la antigua Unión Soviética vendidos para instalar fábricas. Al capitalismo no le importa la gente, sólo el “capital”.

Veremos cómo se desarrolla esto en las próximas semanas, aunque sigo pensando que no se producirá una guerra física “real”, ¡espero al menos que Europa y Estados Unidos tengan el sentido común de no iniciar una guerra!

Sonja van den Ende https://oneworld.press/?module=articles&action=view&id=2453

Rusia lleva más de una década advirtiendo contra la expansión de la OTAN

Occidente ha adoptado una posición extrema contra Rusia tras su invasión de Ucrania. Esta reacción expone un alto grado de hipocresía si se tiene en cuenta que las guerras dirigidas por Estados Unidos en el extranjero nunca han recibido la respuesta punitiva que merecían.

Si los actuales acontecimientos en Ucrania han demostrado algo, es que Estados Unidos y sus socios transatlánticos son capaces de librar una guerra despiadada en un planeta conmocionado -en Afganistán, Irak, Libia y Siria, por nombrar sólo algunos focos- con casi total impunidad. Mientras tanto, Rusia y Vladimir Putin son retratados en casi todas las publicaciones de los medios de comunicación principales como la segunda venida de la Alemania nazi por sus acciones en Ucrania.

En primer lugar, dejemos clara una cosa. La hipocresía y el doble rasero no justifican por sí solos la apertura de hostilidades por parte de ningún país. En otras palabras, el hecho de que los países del bloque de la OTAN se hayan dedicado a la destrucción gratuita en todo el mundo desde 2001 sin consecuencias graves no significa que Rusia, o cualquier otro país, tenga permiso moral para comportarse de la misma manera. Debe haber una razón de peso para que un país autorice el uso de la fuerza, entrando así en lo que podría considerarse una “guerra justa”. De ahí la pregunta: ¿puede considerarse “justa”, o al menos comprensible, la actuación actual de Rusia? Dejaré esta respuesta al lector, pero sería inútil ignorar algunos detalles importantes.

Sólo los consumidores de comida rápida de los principales medios de comunicación se sorprenderían al saber que Moscú lleva más de una década advirtiendo contra la expansión de la OTAN. En su ya famoso discurso en la Conferencia de Seguridad de Múnich en 2007, Vladimir Putin formuló una pregunta conmovedora a la asamblea de los poderosos del mundo: “¿Por qué es necesario instalar una infraestructura militar en nuestras fronteras durante esta expansión [de la OTAN]? ¿Puede alguien responder a esta pregunta? Más adelante en el discurso, dijo que la expansión de los activos militares hacia la frontera rusa “no está en absoluto relacionada con las opciones democráticas de los Estados individuales”.

No sólo las preocupaciones del líder ruso fueron recibidas con el previsible desprecio y el ensordecedor sonido de los grillos, sino que desde ese día la OTAN ha concedido el ingreso a otros cuatro países (Albania, Croacia, Montenegro y Macedonia del Norte). Como experimento mental que incluso un idiota podría llevar a cabo, imagine la reacción de Washington si Moscú construyera un bloque militar en constante expansión en, por ejemplo, Sudamérica.

Sin embargo, la verdadera causa de la preocupación de Moscú se produjo cuando Estados Unidos y la OTAN empezaron a inundar la vecina Ucrania con un deslumbrante arsenal de armas sofisticadas, como parte de las peticiones de adhesión al bloque militar. ¿Qué podría salir mal? En la mente de Moscú, Ucrania empezaba a suponer una amenaza existencial para Rusia.

En diciembre, Moscú, a quien se le estaba agotando la paciencia, entregó proyectos de tratados a Estados Unidos y a la OTAN exigiendo que detuvieran cualquier otra expansión militar hacia el este, incluso mediante la adhesión de Ucrania o de cualquier otro Estado. Esto incluía la declaración explícita de que la OTAN “no llevará a cabo ninguna actividad militar en el territorio de Ucrania ni de otros estados de Europa del Este, el Cáucaso Sur y Asia Central”. Una vez más, las propuestas de Rusia fueron recibidas con arrogancia e indiferencia por los líderes occidentales.

Aunque las opiniones varían en cuanto a las impactantes acciones que Moscú llevó a cabo a continuación, nadie puede decir que no estuvieran advertidos. Después de todo, no es como si Rusia se hubiera despertado el 24 de febrero y hubiera decidido de repente que era un día maravilloso para lanzar una operación militar en el territorio de Ucrania. Así que sí, se podría argumentar que Rusia estaba preocupada por su propia seguridad para justificar sus acciones. Desgraciadamente, quizá sea más difícil decir lo mismo de Estados Unidos y sus subordinados de la OTAN respecto a su comportamiento belicoso durante las dos últimas décadas.

Tomemos el ejemplo más notorio, la invasión de Irak en 2003. Esta desastrosa guerra, que los medios de comunicación occidentales hicieron pasar por un desafortunado “fallo de inteligencia”, representa uno de los actos más atroces de agresión no provocada de la historia reciente. Sin detenerse demasiado en los detalles oscuros, Estados Unidos, recién salido de los atentados del 11 de septiembre, acusó a Saddam Hussein de Irak de poseer armas de destrucción masiva. Sin embargo, en lugar de colaborar estrechamente con los inspectores de armas de la ONU, que se encontraban sobre el terreno en Irak intentando verificar estas acusaciones, Estados Unidos, junto con el Reino Unido, Australia y Polonia, lanzaron una campaña de bombardeo “de choque” contra Irak el 19 de marzo de 2003. En un abrir y cerrar de ojos, más de un millón de iraquíes inocentes fueron asesinados, heridos o desplazados por esta flagrante violación del derecho internacional.

El Centro para la Integridad Pública informó de que la administración Bush, en su esfuerzo por conseguir el apoyo de la opinión pública para la inminente carnicería, hizo más de 900 declaraciones falsas entre 2001 y 2003 sobre la supuesta amenaza de Irak para Estados Unidos y sus aliados. Sin embargo, los medios de comunicación occidentales, que se han convertido en los más rabiosos propagadores de la agresión militar, no han encontrado ni un solo fallo en el argumento para la guerra, es decir, hasta que las botas y la sangre están en el suelo, por supuesto.

Uno esperaría, en un mundo más perfecto, que Estados Unidos y sus aliados fueran objeto de severas sanciones como resultado de este prolongado “error” de ocho años contra personas inocentes. De hecho, hubo sanciones, pero no contra Estados Unidos. Irónicamente, las únicas sanciones que resultaron de esta loca aventura militar fueron contra Francia, un miembro de la OTAN que había declinado la invitación, junto con Alemania, a participar en el baño de sangre iraquí. La hiperpotencia mundial no está acostumbrada a este tipo de rechazo, sobre todo de sus supuestos amigos.

Los políticos estadounidenses, seguros de su excepcionalismo divino, han exigido un boicot al vino y al agua embotellada franceses por la “ingrata” oposición del gobierno francés a la guerra de Irak. Otros agitadores de la guerra traicionaron su falta de seriedad al insistir en que el popular artículo del menú conocido como “patatas fritas” fuera sustituido por el nombre de “patatas fritas de la libertad”. Así, la ausencia del Burdeos francés y la tediosa remodelación de los menús de los restaurantes parecen haber sido los únicos inconvenientes reales que han sufrido Estados Unidos y la OTAN por destruir indiscriminadamente millones de vidas.

Ahora comparen esta actitud despreocupada hacia Estados Unidos y sus aliados con la situación actual en Ucrania, donde la balanza de la justicia se inclina claramente a favor de Rusia, a pesar de las advertencias no poco razonables de este país de sentirse amenazado por los avances de la OTAN. Sea cual sea la opinión de cada uno sobre el actual conflicto entre Rusia y Ucrania, no se puede negar que la hipocresía y el doble rasero de los eternos críticos de Rusia son tan chocantes como previsibles. Sin embargo, la diferencia hoy en día es que las bombas explotan.

Además de las duras sanciones contra las personas y la economía rusas, tal vez resumidas por el ministro de Economía francés, que dijo que su país se comprometía a librar una “guerra económica y financiera total contra Rusia”, se ha producido un esfuerzo profundamente perturbador para silenciar las noticias y la información de fuentes rusas que podrían dar a la opinión pública occidental la oportunidad de comprender los motivos de Moscú. El martes 1 de marzo, YouTube decidió bloquear los canales de RT y Sputnik para todos los usuarios europeos, permitiendo que el mundo occidental se apodere de otra parte de la narrativa global.

Dada la forma en que Rusia ha sido vilipendiada en el “imperio de la mentira”, como Vladimir Putin ha apodado al país de sus perseguidores políticos, algunos podrían pensar que Rusia se merece las incesantes amenazas que está recibiendo actualmente. De hecho, nada más lejos de la realidad. Este tipo de bravatas globales, que se asemejan a una especie de campaña de señalización de virtudes sin sentido tan popular en las capitales liberales hoy en día, además de inflamar innecesariamente una situación ya volátil, supone que Rusia está totalmente equivocada, y punto.

Un enfoque tan imprudente, que no deja espacio para el debate, la discusión o la consideración del punto de vista de Rusia en esta situación extremadamente compleja, sólo garantiza nuevos puntos muertos, o incluso una guerra mundial, más adelante. A menos que Occidente busque activamente iniciar la Tercera Guerra Mundial, sería aconsejable poner fin a la horrenda hipocresía y al doble rasero contra Rusia y escuchar pacientemente sus puntos de vista y su versión de los hechos (incluso los presentados por los medios de comunicación extranjeros). No es tan increíble como algunos quieren creer.

Robert Bridge, TV Novosti

De la Guerra de los Balcanes a la Guerra de Ucrania

Para cualquier serbio que no haya perdido la cabeza o que simplemente haya sido atontado por tres décadas de incesante propaganda y mentiras antiserbias que emanan de los centros de poder y de los medios de comunicación del Occidente “libre y democrático”, la rapidez y el alcance totalitario de las medidas antirrusas y la intensidad de la censura antirrusa que se ha impuesto en Occidente no pueden ser una sorpresa. Como declaró el Presidente serbio Aleksandar Vucic unos días antes del inicio de la campaña de desnazificación y desmilitarización de Rusia en Ucrania, cerca del 85 por cien de los serbios “siguen” del lado de Rusia. Aunque en los últimos días Serbia se ha visto sometida a una inmensa presión occidental como único enclave independiente en Europa, una especie de Berlín Occidental del nuevo mundo multipolar en ciernes, rodeada de países de la OTAN y/o de la Unión Europea que han sido, en mayor o menor medida, absorbidos por la actual histeria antirrusa y las sanciones que la acompañan, el cierre del espacio aéreo a los aviones rusos, etc., el hecho de que Serbia siga estando del lado de Rusia no es sorprendente.

La razón es sencilla, incluso si se dejan de lado los lazos espirituales, étnicos y simplemente fraternales que han unido a los dos pueblos durante siglos. Porque los serbios fueron, por así decirlo, los canarios en la mina de carbón en los años posteriores a la proclamación de George Bush padre de un “nuevo orden mundial”. Poco después de la caída del Muro de Berlín, a principios de los años 90, cuando la gente inocente y de buena voluntad aún se maravillaba del anunciado “fin de la historia” y del glorioso triunfo de la “democracia liberal”, en las zonas serbias de Yugoslavia vivíamos, de primera mano, algo completamente diferente, algo oscuro y siniestro.

Asistimos al retorno gradual de la más pura y cínica de las brutales políticas de poder, pero esta vez envuelta en homilías políticamente correctas y diluidas sobre los “derechos humanos”, la “democracia”, la “integración europea” y la “paz”, que, como pronto se demostró, no eran más que una niebla de guerra “liberal”, como fuego de artillería retórico, diplomático y mediático preparatorio para legitimar el autoproclamado derecho de Occidente a definir lo que es bueno y lo que no lo es y, sobre la base de las nuevas definiciones prescritas, interferir y ampliar sus intereses centrales puramente pragmáticos allí donde pueda.

El Occidente victorioso era el amo del mundo, y la “expansión de la democracia” era su nueva cuasi-religión, dando un barniz moral a su flamante acción geopolítica, una versión modernizada de la “carga del hombre blanco” (1) formulada en la nueva terminología de una era supuestamente post-ideológica.

Así, durante el violento desmembramiento de Yugoslavia, sus principales instigadores y facilitadores externos -encabezados por Alemania y Austria, con la ayuda esencial del embajador de Estados Unidos en Yugoslavia- pudieron, gracias a su amplio dominio del espacio mediático-informativo, presentarse como “mediadores de la paz” y, lo que es aún más enfermizo, como árbitros morales.

La hipocresía de los propagandistas de la OTAN

El nuevo-viejo Occidente expansionista podía presentarse ante los desinformados y crédulos como una especie de fuerza del bien, mientras que presentaba al enemigo -los serbios entonces, los rusos ahora- como la encarnación del mal. Fue sobre las cenizas de la destrucción de Yugoslavia promovida por Occidente que el mito de la “indispensable OTAN”, la “benévola Unión Europea” y el “buen Occidente” recibió gran parte de su posterior afirmación y poder blando de la posguerra fría. Y es en gran medida por esta razón por la que no se han tomado en serio, o al menos no lo suficiente, los repetidos llamamientos y exigencias amables de Rusia -y no sólo de Rusia- para detener la continua expansión del pacto militar del Atlántico Norte hacia el este, por una masa crítica de personas que no tenían conocimiento directo de la realidad de estos lobos occidentales con piel de cordero, como sí lo tenían los serbios (y los sirios, libios, iraquíes, afganos, yemeníes, somalíes, venezolanos, etc.). En otras palabras, Occidente estaba empezando a gastar el enorme capital moral que había acumulado como vencedor en una lucha global contra un “imperio del mal”, y los resquicios de la armadura (fabricada artificialmente) eran todavía demasiado pequeños para que el ojo ordinario, inexperto y bienintencionado los detectara.

Ni siquiera el bombardeo ilegal de la OTAN sobre la República Federal de Yugoslavia en la primavera de 1999, en nombre de la “prevención del genocidio” en la histórica y sagrada provincia serbia de Kosovo -del que nunca se han presentado pruebas en los 23 años transcurridos desde entonces- ha despertado una masa crítica de la opinión pública y los responsables occidentales suficiente como para reconsiderar la conveniencia y la necesidad de continuar por el camino de, esencialmente, un nuevo “Drang nach Osten” (sin embargo, visto lo ocurrido con Trump mucho más tarde, es más que evidente que los resultados electorales y la toma de decisiones en Occidente han sido anexionados por el complejo militar-industrial, como predijo Eisenhower en 1961).

Pero finalmente despertó a Moscú, allanando el camino para la llegada de Vladimir Putin al más alto cargo de Rusia el último día de ese fatídico año.

Al igual que los serbios, los rusos aún recordaban los verdaderos horrores de la última guerra mundial y podían reconocer patrones demasiado familiares con mucha más facilidad que la mayoría de los habitantes del continente europeo. Desgraciadamente, Moscú no pudo hacer mucho al principio, salvo lanzar incesantes advertencias, empezando por Múnich a principios de 2007, pedir una reevaluación general y una renegociación de la seguridad común europea y -consciente de que sus advertencias, sugerencias y amables propuestas eran alegremente ignoradas en las principales capitales occidentales- rearmarse y prepararse para lo inevitable. Esto ocurrió finalmente con la negativa colectiva de Occidente a discutir la neutralidad de Ucrania y detener la expansión de la OTAN, junto con la amenaza del presidente títere ucraniano de adquirir armas nucleares para Ucrania.

¿Por qué aceptaría Moscú la posibilidad muy real de que se desplieguen misiles nucleares en sus fronteras que podrían alcanzarla en 7-8 minutos (y, en el caso de los futuros misiles hipersónicos, en 5-6 minutos)? ¿Por qué iba a confiar en los centros de poder (reales) de la OTAN, cuyos testaferros le aseguraron que no se tomaría ni un centímetro del este cuando el Pacto de Varsovia se estaba autodisolviendo, para luego hacer exactamente lo contrario?

Así que no, las interminables garantías verbales y la retórica vacía de las últimas tres décadas ya no funcionaron, porque todo lo que Rusia consiguió fue una alianza hostil similar a la del Eje en sus fronteras y una campaña de demonización cada vez mayor que en los últimos tiempos ha superado en muchos aspectos a la experimentada por la URSS en el punto álgido de la Guerra Fría. Cuando se le amenazó con misiles nucleares a las puertas de Cuba, Estados Unidos estuvo dispuesto a lanzar una guerra nuclear para evitarlo. Rusia no amenazó con nada de eso.

La posición de Serbia sobre la Guerra de Ucrania

Un día después del inicio de la campaña de desmilitarización y desnazificación rusa, el Presidente de Serbia anunció la posición oficial de Serbia sobre la situación en Ucrania, descrita en las conclusiones del Consejo de Seguridad Nacional serbio. En esencia, la posición de Serbia es que respeta la integridad territorial de Ucrania como respeta la integridad territorial de todos los Estados, de acuerdo con la Carta de la ONU y el Acta de Helsinki de 1975, que considera “muy mala” la violación de la integridad territorial de cualquier Estado, incluida Ucrania, pero que no impondrá sanciones a la Federación Rusa.

Basta con mirar el mapa político actual de Europa para ver la importancia, el valor y la dificultad de la decisión de Serbia. Serbia y la vecina Bosnia y Herzegovina (BiH) son islas en el mar de la OTAN que las rodea, y BiH no es miembro de la OTAN sólo por la oposición local serbia liderada por el miembro serbio de la presidencia de BiH, Milorad Dodik. Además, todos los Estados del entorno se han sumado a las condenas occidentales de la intervención rusa en Ucrania y se han asociado o han expresado su apoyo a las últimas sanciones impuestas a Rusia, incluido el cierre del espacio aéreo de la Unión Europea a los aviones rusos.

Como era de esperar, en los últimos días, tal y como atestigua el propio Vucic, Serbia ha estado sometida a una “intensa” presión occidental para que se sume al frente de sanciones y condenas contra Rusia. El ponente del Parlamento Europeo para Serbia, Vladimir Bilchik, ya declaró que la decisión de Serbia de no sumarse a las sanciones de la Unión Europea contra Rusia es una “decisión de política exterior decisiva para la relación mucho más amplia entre la Unión Europea y Serbia”.

El ex ministro de Asuntos Exteriores y primer ministro sueco y primer Alto Representante para Bosnia y Herzegovina, Carl Bildt, tuiteó que Serbia se había “descalificado de facto del proceso de adhesión a la Unión Europea”, ya que se supone que los nuevos miembros deben compartir los “valores e intereses fundamentales” de la Unión Europea. Los portavoces de la Comisión Europea Ana Pisonero y Eric Mamer también expresaron su esperanza de que Serbia se sume a la política de sanciones de la Unión Europea.

Estas palabras son ominosas, y no porque nadie en Serbia, salvo un puñado de incondicionales bien pagados y casos perdidos, crea realmente que el país vaya a ser admitido en el autoproclamado “proyecto de paz más exitoso de la historia de la humanidad” (que aprobó expresamente el envío de aviones de combate a los “demócratas” neonazis de Ucrania), sino porque la mentalidad de “o estás con nosotros o estás contra nosotros” de las élites occidentales fuera de control seguramente encontrará la manera de hacer pagar a todos los disidentes su disgusto. Especialmente para un asediado enclave amigo de Rusia que se niega obstinadamente a sumarse a la histeria antirrusa que se azuza en todo el panorama “liberal” occidental.

¿Quién lloró cuando Serbia fue sádicamente bombardeada por la OTAN en 1999?

Después de todo, Serbia fue sádica e ilegalmente bombardeada por la OTAN en 1999 por no aceptar voluntariamente su propia ocupación por la alianza de “valores democráticos”. Desde entonces, la alianza ha ganado 11 miembros más y unos mil kilómetros al este. Así que esperaremos a ver en los próximos días y semanas qué medidas concretas de castigo o censura aplicará la Unión Europea (y la OTAN) contra Serbia, que es candidata oficial a la adhesión a la Unión Europea desde 2012 y, por tanto, está obligada a armonizar progresivamente sus políticas, incluida la exterior, con la unión “pacífica”.

Rusia expresó su aprecio y comprensión por la posición de Serbia. En su reacción a la posición oficial de Serbia, el embajador ruso en Belgrado dijo que Rusia “entiende que Serbia está bajo presión y no pide nada”, siendo muy consciente del respeto y la confianza mutua entre el presidente Vucic y el presidente ruso Putin, y que Serbia “respeta el interés nacional de Rusia”. Rusia está “en paz” con la posición y la política exterior de Serbia.

Además, tal y como se recoge en las conclusiones del Consejo de Seguridad Nacional, la propia Serbia fue víctima de las sanciones occidentales durante la década de 1990 y, lo que es más importante, de la agresión de 19 Estados de la OTAN en 1999, precisamente por defender su propia integridad territorial. En otras palabras, Serbia no sólo se niega a sumarse a las sanciones occidentales contra un amigo y aliado tradicional, sino también a formar parte del tradicional doble rasero de Occidente, que ha experimentado de primera mano en el pasado y en el presente. Para ello, el presidente del Parlamento serbio, Ivica Dacic, ha declarado claramente que, a diferencia del resto de la Europa “democrática”, Serbia no se sumará a los métodos “totalitarios” y no cerrará ni censurará ni Sputnik ni RT. Por lo tanto, el último puesto europeo no ruso de Sputnik está en Belgrado, que todavía no es lo suficientemente “democrático” como para ser aceptado por los burócratas librepensadores de Bruselas.

En la misma línea, porque nunca se tiene demasiada hipocresía transatlántica, la embajada de Estados Unidos en Belgrado también reaccionó a la posición de Serbia sobre la intervención rusa en Ucrania tuiteando que Estados Unidos “celebra la reiterada posición de Serbia y del presidente Aleksandar Vucic de apoyar la integridad territorial de Ucrania, que ha sido violada por los ataques ilegales y totalmente irracionales de Rusia”.

Además de la desvergonzada distorsión y de la absoluta invención en la que ha incurrido la embajada de Estados Unidos -pues ningún funcionario serbio ha utilizado palabras duras para describir la intervención de Rusia-, los diplomáticos estadounidenses ignoran convenientemente el hecho de que su propio país ha violado sistemática y agresivamente la integridad territorial de Serbia desde febrero de 2008, cuando Estados Unidos reconoció la independencia de la histórica y sagrada provincia serbia de Kosovo (Kosovo y Metohija es el nombre completo de la provincia, según la constitución serbia).

Y, por supuesto, con la excepción de los cinco Estados de la Unión Europea que se negaron a reconocer la secesión del llamado Kosovo de Serbia (Grecia, Chipre, Rumanía, España y Eslovaquia), el resto de la Unión Europea, encabezada por sus miembros más poderosos (Alemania, Francia, Italia y los países del Benelux), también hace gala de su habitual hipocresía al esperar que Serbia condene las violaciones del territorio ajeno cuando la mayoría de sus propios Estados miembros también han reconocido la violación de la integridad territorial de Serbia al reconocer “Kosovo” y, de hecho, promoviendo activamente su “independencia” -que en la práctica es inexistente, ya que el territorio es un agujero negro de tráfico de drogas y personas, cuyos políticos reciben órdenes del extranjero, y que alberga una importante base militar estadounidense construida en tierras robadas a los serbios.

En 1944 Yugoslavia se liberó de la ocupación nazi con la ayuda del Ejército Rojo

La decisión inicial de los dirigentes serbios fue apoyada por la gran mayoría de la opinión pública serbia, que sin embargo es muy consciente de la difícil posición de Serbia. Sin embargo, el 2 de marzo, Serbia se unió a la mayoría de la Asamblea General de la ONU y condenó la “agresión rusa contra Ucrania”. En una penosa postura pública de victimismo, Vucic trató de justificar este voto en una rueda de prensa explicando que Serbia seguía rechazando los llamamientos a sumarse a las sanciones antirrusas, y resistiendo a las nuevas presiones occidentales para nacionalizar las propiedades rusas en Serbia. Aun así, su popularidad se resentirá, pero los intereses occidentales saldrán ganando en Belgrado, ya que siempre prefieren a los líderes débiles, a los que hablan poco y, por tanto, son susceptibles de recibir presiones externas.

La posición actual de Serbia recuerda inquietantemente a su posición en la primavera de 1941. También en aquella época, la élite serbia del Reino de Yugoslavia era la única voz del país que se oponía a unirse a las potencias del Eje, aunque la propia Yugoslavia estaba, junto con Grecia, rodeada de países que habían caído bajo la ocupación o la dominación política de las potencias del Eje. Tras el golpe de Estado del 27 de marzo de 1941, organizado por oficiales serbios opuestos a un pacto con el Eje, Yugoslavia fue atacada por Alemania y sus aliados el 6 de abril de 1941, el propio país fue desmembrado y ocupado, y la población serbia fue sometida a la represión política y a la aniquilación genocida durante los cuatro años siguientes. Aunque los serbios organizaron dos grandes frentes de guerrilla para la liberación, sólo con la ayuda del Ejército Rojo soviético se liberó totalmente el territorio de Yugoslavia en el otoño de 1944. Sólo los serbios de los antiguos pueblos de Yugoslavia (que también incluían a croatas, eslovenos y musulmanes eslavos, así como grandes minorías albanesas y húngaras) siguen recordando esto, al igual que muchos rusos recuerdan que sólo los serbios se negaron a unirse a las tropas alemanas nazis en el Frente Oriental contra la URSS.

¿No es esto, en palabras inmortales de Yogi Berra (2), otro déjà vu?

Aleksandar Pavic https://www.strategic-culture.org/news/2022/03/03/understanding-ukraine-crisis-from-last-free-enclave-in-europe-outside-russia-and-belarus-that-is/

(1) La “carga del hombre blanco” es una expresión acuñada por Rudyard Kipling. Significa que, según él, los blancos tienen la dura tarea de civilizar a los salvajes.
(2) Yogi Berra fue un jugador de béisbol estadounidense.

China advierte a Estados Unidos contra la creación de una OTAN en el Pacífico

Aunque China ha dejado claro que no existe una correlación directa entre Ucrania y Taiwán, señalando que Taiwán es parte integrante de China, su silencio sobre el ataque ruso debería hacer reflexionar a quienes dudan de la voluntad de Pekín de recurrir a una acción similar cuando defiende sus propias reivindicaciones territoriales.

Mientras Estados Unidos y la OTAN se esfuerzan por gestionar la crisis de Ucrania, el ministro de Asuntos Exteriores chino, Wang Yi, ha advertido al gobierno de Biden que no debe repetir los errores cometidos en Europa al intentar crear una versión de la OTAN en el Pacífico para contener a China. Las declaraciones de Wang se produjeron en su conferencia de prensa anual, en el marco de la convocatoria de la Asamblea Popular, el máximo órgano legislativo del país, celebrada el lunes en Pekín. Calificando los planes de “acciones perversas” que “van en contra de la aspiración común de la región a la paz, el desarrollo, la cooperación y los resultados beneficiosos para todos”, Wang dijo que, si los aplica Estados Unidos, “están condenados al fracaso”.

Wang también criticó a Estados Unidos por ampliar sus lazos con Taiwán, incluyendo la cooperación militar y la venta de armas. Tales políticas, advirtió Wang, “no sólo empujan a Taiwán a una situación precaria, sino que también conducen a consecuencias insoportables para la parte estadounidense”, añadiendo que “Taiwán acabará de nuevo en los brazos de la madre patria”.

China nunca ha ocultado su reivindicación de Taiwán, ni su ambición de conseguirla por cualquier medio, incluida la fuerza militar. Si bien las perspectivas de una acción militar china a corto plazo contra Taiwán se consideraban remotas, la ofensiva rusa en Ucrania ha llevado a muchos observadores a reconsiderar esa postura.

Las preocupaciones chinas no son imaginarias, sino que se derivan de una lectura directa de las orientaciones emitidas por el gobierno de Biden en la primavera del año pasado. “Nuestras alianzas democráticas”, dijo Biden en su guía estratégica provisional de seguridad nacional, “nos permiten presentar un frente común, producir una visión unificada y aunar nuestras fuerzas para promover normas elevadas, establecer reglas internacionales eficaces y hacer que países como China rindan cuentas”.

“Por eso reafirmaremos, invertiremos y modernizaremos la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y nuestras alianzas con Australia, Japón y la República de Corea, que, junto con nuestras otras alianzas y asociaciones mundiales, son el mayor activo estratégico de Estados Unidos”, añadió.

Estados Unidos busca una alianza al estilo de la OTAN en el Pacífico, centrada únicamente en “pedir cuentas a China”, a través de alianzas como “Quad”, una asociación militar entre Estados Unidos, Japón, India y Australia, y la recientemente formada “Aukus”, con Australia, Reino Unido y Estados Unidos. Ambas organizaciones existen únicamente para coordinar una respuesta militar a la creciente presencia de China en la región del Pacífico.

La semana pasada China anunció que no se quedará de brazos cruzados mientras Estados Unidos conspira contra ella y comenzó maniobras militares de una semana de duración en el Mar de China Meridional, cerca de las aguas territoriales de Vietnam. Aunque el alcance y la escala del ejercicio fueron limitados -a un radio de seis millas náuticas- su mensaje era claro: China está dispuesta a usar la fuerza, si es necesario, para defender sus reclamaciones territoriales en la región.

El ejercicio se produjo tras una serie de maniobras militares cerca de Taiwán, en las que el paso de un buque de guerra estadounidense por el estrecho de Taiwán fue contrarrestado por la salida de aviones militares chinos hacia la zona de identificación de defensa aérea de Taiwán.

“La cuestión de Taiwán es el mayor barril de pólvora entre China y Estados Unidos”, dijo el 28 de enero Qin Gang, embajador chino en Estados Unidos en declaraciones a los medios de comunicación estadounidenses. “Si las autoridades taiwanesas, envalentonadas por Estados Unidos, siguen avanzando hacia la independencia, lo más probable es que China y Estados Unidos, los dos grandes países, se vean envueltos en un conflicto militar”.

Los comentarios de Qin Gang se produjeron una semana antes de que Putin y Xi Jinping se reunieran en Pekín, donde emitieron una declaración conjunta de 5.000 palabras en la que reafirmaban “su firme apoyo mutuo a la protección de sus intereses fundamentales, su soberanía estatal y su integridad territorial”.

“La parte rusa reafirma su apoyo al principio de una sola China, confirma que Taiwán es una parte inalienable de China y se opone a cualquier forma de independencia taiwanesa”, decía la declaración. Rusia sabe que China está dispuesta a recurrir a la fuerza militar para defender sus reivindicaciones sobre Taiwán.

La respuesta de Occidente al ataque de Rusia está siendo estudiadas de cerca por los dirigentes chinos para determinar cómo podría responder a cualquier futura acción militar en Taiwán.

Scott Ritter https://www.rt.com/news/551435-china-us-taiwan-pacific-ukraine/

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