Sigue la reorganización de los aparatos de propaganda del imperialismo

El despido del periodista de “60 Minutes”, Scott Pelley, por parte de la cadena CBS es otra demostración de la transformación de los medios de comunicación en agencias de propaganda al servicio de la Casa Blanca, es decir, del poder político.

“60 Minutes” es el programa de noticias más visto de la televisión estadounidense.

El despido de Pelley es el último episodio de la reestructuración de CBS tras su adquisición en agosto por David Ellison, hijo del multimillonario Larry Ellison, fundador de Oracle, uno de los mayores monopolios tecnológicos.

Ellison es un importante apoyo de Trump y el Partido Republicano. Como ya explicamos, contrató a Bari Weiss, una sionista furibunda, como redactora jefe.

Pelley es el último de la cadena. Fue despedido tras el de la productora ejecutiva Tanya Simon y las corresponsales Sharyn Alfonsi y Cecilia Vega. Alfonsi fue la corresponsal que denunció las torturas en la prisión de El Salvador a la que están deportando a los inmigrantes.

La inquisidora Weiss censuró la emisión en diciembre para permitirla en enero, cuado la audiencia es mucho menor.

En una carta de despedida, Pelley dijo que “la nueva dirección me ordenó introducir mentiras y parcialidad en un caso políticamente delicado”.

Se trataba de un reportaje sobre las movilizaciones contra la represión de la policía de fronteras en Minneapolis, desencadenadas por los asesinatos de Renée Good y Alex Pretti. Las protestas derivaron en manifestaciones masivas y llamamientos a la huelga general.

“Bari Weiss le envió un correo electrónico a mi supervisora, Tanya Simon. El correo contenía dos preguntas: ‘¿Podemos hacer que los manifestantes sean más violentos?’ (Parafraseo; no tengo la cita exacta, pero eso fue lo que me dijeron). La otra pregunta se refería al vehículo de Renée Good. Debía describirse como si estuviera conduciendo directamente hacia el agente de policía”, comentaba el periodista despedido.

Las revelaciones de Pelley sobre la manipulación del reportaje se alineaban con las declaraciones de Trump y sus asesores, quienes calificaron a Good y Pretti de “terroristas” y afirmaron que habían atacado a la policía.

Naturalmente, Pelley siempre ha formado parte del aparato de propaganda y sus críticas ocasionales pretenden perfeccionar y mejorar los mecanismos de dominación del imperialismo. Gracias a eso conocemos la tortura de prisioneros en Abu Ghraib y, más recientemente, en la prisión salvadoreña.

Esas críticas otorgan una cierta credibilidad a los principales medios de comunicación, pero ha llegado un punto en el que tambiñen se deben silenciar. No hay más que ver los pleitos iniciados por Trump contra algunos reportajes.

Las cadenas ABC y CBS han pagado 16 millones de dólares cada una para poner fin a la demanda multimillonaria de Trump por supuestas emisiones sesgadas.

Trump también ha presentado demandas similares contra el New York Times, el Wall Street Journal y la BBC en Reino Unido, que aún están pendientes. También se negó a otorgar credenciales de prensa a Associated Press, que continuó refiriéndose al Golfo de México por su nombre histórico, después de que él ordenara cambiarlo a “Golfo de América”.

Un proceso paralelo se ha desarrollado en las universidades, incluida la de Harvard, a la que Trump ha acabado sometiendo.

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