Rumanía ha concedido cinco días a un diplomático ruso para abandonar el país, en medio de la paranoia de los drones que violan el espacio aéreo. El Ministerio de Asuntos Exteriores rumano tomó esta decisión el lunes tras detectar tres entradas de drones rusos en tres días.
El ejército rumano derribó tres drones entre el 24 y el 26 de julio. Un cuarto dron cruzó brevemente el espacio aéreo rumano el 27 de julio antes de ingresar en Ucrania, lo que provocó el despliegue de dos cazas F-16.
El embajador ruso en Bucarest, Vladimir Lipaev, fue convocado por la ministra de Asuntos Exteriores, Oana Toiu. La fiscalía rumana ha abierto una investigación sobre los restos recuperados tras la destrucción de un dron dentro del territorio rumano. Los componentes señalan a Rusia como el fabricante, pero ninguna información dice si el dron estaba armado o estaba siendo redirigido por la guerra electrónica.
Toiu declaró que “la parte rusa ha descubierto lo que ya sabía”, refiriéndose al origen de los drones. Bucarest calificó las incursiones de “ilegales e irresponsables”. Rumanía llamó a consultas a su embajador en Moscú. El país declaró que continuaría coordinando su respuesta con sus aliados de la OTAN y la Unión Europea.
La embajada rusa en Bucarest rechazó las acusaciones rumanas, calificándolas de infundadas. Afirmó que Moscú nunca había atacado ningún objetivo en territorio rumano, al tiempo que anunciaba medidas de represalia.
Miembro de la OTAN desde 2004, Rumanía comparte una frontera de casi 650 kilómetros con Ucrania. En mayo pasado, un dron se estrelló contra un edificio de apartamentos en Galati, al este del país, hiriendo a dos personas. Otro dron marítimo se autodestruyó en el puerto de Constanza casi al mismo tiempo, sin causar víctimas.
La semana pasada el gobierno de Chisinau convocó al embajador ruso tras un incidente inicial, antes de que otros dos drones entraran en el espacio aéreo moldavo el domingo por la noche, cerca de la frontera con Ucrania. La respuesta diplomática de Moldavia se concretó en dos medidas: el cierre del centro cultural ruso en Chisinau y la denuncia de un acuerdo cultural bilateral con Moscú. La inscripción Geran-2, hallada en fragmentos del dron —la designación rusa para el dron Shahed de fabricación iraní—, sirvió como prueba, aunque en realidad eso no prueba absolutamente nada porque puede tratarse de un dron ruso desviado por la guerra electrónica ucraniana.
Pero la intoxicación, tanto si son drones como espías, juega su papel, que consiste en tensar la cuerda en la frontera oriental. Los ministros de Defensa de los países de ese flanco de la OTAN han pedido recientemente una respuesta coordinada al creciente número de estas violaciones del espacio aéreo, incluyendo un sistema integrado de defensa aérea y antimisiles rotatorio.
Rumanía ya había sufrido una incursión de un dron supuestamente ruso a principios de septiembre, que coincidió con una violación del espacio aéreo letón, un episodio que -sea cierto o inventado- sirvió para avivar el miedo y reducir la oposición de los europeos al rearme.