El capitán Cody Khork, oficial de la reserva del ejército de Estados Unidos, acababa de regresar de una misión en Polonia cuando se incorporó, junto a su prometida, al 103 Mando de Apoyo. Durante nueve meses debía ocupar el puesto de oficial adjunto encargado de la protección de las fuerzas en Camp Arifjan, Kuwait.
Ante la inminencia de la agresión militar contra Irán, en febrero la mayoría de los militares destacados en Camp Arifjan fueron evacuados. Khork formaba parte del grupo trasladado a un centro de operaciones tácticas en el puerto de Shuaiba. El 1 de marzo, un día después del inicio de la guerra contra Irán, un dron iraní Shahed impactó contra aquella posición, causando la muerte de Khork y de otros cinco soldados estadounidenses.
Según sus padres, Khork había advertido en repetidas ocasiones a sus superiores, incluido el general de brigada Clint Barnes, sobre el riesgo de un ataque iraní contra una posición situada a unos 100 kilómetros de la frontera. Los servicios de inteligencia militar también habían señalado el peligro en el mes de enero.
El día del ataque, mientras la unidad permanecía escondido debido a una alerta, Khork aconsejó al general que no declarara el final de la alerta, a pesar de la pausa en el bombardeo iraní. “Un capitán solo puede decirle que no a un general un número limitado de veces”, dice su padre.
El ejército estadounidense confirmó a la familia Khork que la investigación interna ordenada para esclarecer los hechos concluyó a principios de julio. Sin embargo, hasta la fecha, el informe no se ha hecho público.
La exigencia de transparencia se produce en el contexto de una controversia más amplia sobre los preparativos del ataque. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, calificó al día siguiente al dron iraní de “squirter”, un objetivo que logra escabullirse,, sugiriendo que había logrado eludir las defensas antiaéreas de una posición fortificada.
Sin embargo, un soldado afirma que la unidad no estaba fortificada en absoluto. Desde entonces, algunos senadores han iniciado su propia investigación, después de que varios testigos aseguraran que los servicios de inteligencia militar ya tenían a esta posición específicamente en el punto de mira.
Otros supervivientes han denunciado la falta de recursos médicos en el lugar. El mayor Stephen Ramsbottom considera que la sargento mayor Nicole Amor, una de las seis víctimas, podría haber sobrevivido a sus heridas si hubiera habido un médico, un puesto de socorro fijo o más de una ambulancia disponibles.
Ante la falta de medios, los soldados tuvieron que curarse con vendajes improvisados antes de requisar vehículos civiles para trasladar a los heridos a hospitales kuwaitíes. “Mi hijo murió en vano”, resumió la madre de Khork. Se llama carne de cañón. Los soldados desfilan en uniforme de gala cuando van a la guerra y vuelven en féretros de madera.