La Organización de Cooperación de Shanghai (OCS) celebró en Bishkek su cumbre de dos días, que coincidió con el 25 aniversario del movimiento. Junto con el bloque BRICS, la OCS es la segunda agrupación más grande de países no occidentales.
21 países estuvieron en Bishkek. Además de los actuales diez miembros (China, India, Pakistán, Rusia, Bielorrusia, Irán, Kazajstán, Kirguistán, Uzbekistán y Tayikistán), más de una docena de otros estados, incluidos Arabia Saudita y Vietnam, están buscando actualmente acercarse a la organización como asociados.
A diferencia de los Brics, la OCS está limitada al espacio euroasiático. Sus diez países miembros representan más del 40 por cien de la población mundial y del 36 al 38 por cien de la economía. Es casi tanto como el bloque Brics, alrededor del 40 por cien, y significativamente más que el G7, que produce solo alrededor del 28 por cien de la producción mundial.
A la vista de las cifras y de la presencia del secretario general de la ONU, Antonio Guterres, el mundo debería estar muy interesado en conocer lo que ocurrió en Bishkek, pero ha quedado fuera del radar de los principales medios de comunicación.
En sus 25 años de existencia, la OCS ha demostrado que es un motor fiable de la integración económica y política de la inmensa masa continental euroasiática. Su importancia seguirá creciendo en los próximos años. Junto con el bloque BRICS, está en camino de convertirse en un actor poderoso en el nuevo escenario mundial.
Desde su fundación, tanto Putin como Medvedev invitaron repetidamente a los países europeos a participar en un espacio económico común que podía extenderse desde Lisboa hasta Vladivostok. La oferta fue rechazada porque socavaba la influencia transatlántica y acercaba Alemania a Rusia. Las potencias occidentales optaron por la actual política de bloques, sanciones y aranceles.
El libre comercio mundial fue una vez la doctrina angloamericana por excelencia porque apuntalaba su hegemonía. Hoy las potencias occidentales han puesto la fuerza militar por delante del comercio mundial. Estados Unidos impone aranceles punitivos a la mitad del mundo, mientras la OCS, y especialmente China, ha adoptado el libre comercio mundial como uno de sus pilares.
La declaración final de la cumbre de Bishkek condenó las “medidas coercitivas unilaterales” que violan las normas de la ONU y la OMC y podrían tener un “impacto negativo en la economía mundial”. Ahora los europeos han comenzado a asaltar en alta mar los mercantes de la llamada “flota fantasma” rusa y Estados Unidos ha iniciado el saqueo de países enteros, como Venezuela, ricos en petróleo.
Las interrupciones de las cadenas de suministro mundiales causadas por la guerra contra Irán, especialmente en torno al Estrecho de Ormuz, refuerzan la importancia de los nuevos corredores de energía y transporte y, por lo tanto, la integración económica del espacio euroasiático. El objetivo es establecer un “sistema de comercio multilateral abierto, transparente, equitativo, inclusivo y no discriminatorio”, dice la declaración final.
En el ámbito económico, los debates se centraron en nuevas rutas de financiación y transporte. El país anfitrión, Kirguistán, está trabajando para crear su propio fondo de desarrollo de la OCS y un fondo de inversión para proyectos importantes.
En particular, China está fortaleciendo su posición en Asia Central a través de la línea ferroviaria China-Kirguistán-Uzbekistán. Uzbekistán, por su parte, ha abogado por el corredor transafgano que conduce a los puertos del Océano Índico. Azerbaiyán y Armenia aprovecharon la cumbre para debatir su propio proceso de paz.