A partir de 2025 la circulación de vehículos de combustión estará prohibida en 20 manzanas del centro de la ciudad de Estocolmo, que abarcan sus principales distritos financieros y comerciales. Únicamente podrán circular vehículos eléctricos. A principios de 2025 se tomará una decisión sobre la ampliación de la zona prohibida.
Al anunciar el plan, Lars Stromgren, vicealcalde de transporte de la ciudad, dijo que lo imponen porque están preocupados por la salud de los vecinos, especialmente los bebés y los ancianos.
Además de Estocolmo varias ciudades han introducido –o están introduciendo– planes para tratar de abordar la contaminación del aire, pero el de Estocolmo va más allá que la mayoría. París, Atenas y Madrid sólo han prohibido los coches diésel, y Londres tiene un plan de tarifas que cubre los motores de combustión más contaminantes.
“Muchas ciudades han implementado zonas de bajas emisiones donde los automóviles con altas emisiones pueden circular si pagan una tarifa”, dijo Stromgren. “El modelo de Estocolmo tiene mayor alcance. Los coches de gasolina y diésel están prohibidos y punto. Va más allá que la zona de emisiones ultrabajas de Londres”.
“Hemos elegido una zona donde un gran número de ciclistas y peatones están expuestos diariamente al aire insalubre. También es una parte de la ciudad que alberga empresas con visión de futuro que desean encabezar la transición hacia un futuro más sostenible”.
El plan tiene excepciones. Si bien su objetivo principal es permitir únicamente coches totalmente eléctricos, también se permitirán furgonetas más grandes con motores híbridos enchufables, y se harán excepciones para ambulancias y coches de policía, así como para coches en los que el conductor o pasajero tenga un permiso documentado por discapacidad.
El Ayuntamiento de Estocolmo está dirigido por el Partido Verde de Suecia, que forma parte de una coalición de partidos reformistas y ambientalistas. Los Verdes dijeron que esperaban que la zona de bajas emisiones impulsara la adopción de vehículos eléctricos.
El ayuntamiento de Oxford, en Reino Unido, quiere confinar a los vecinos en sus barrios en nombre de la lucha contra el calentamiento. Son las famosas “ciudades de los 15 minutos”, que empiezan a suscitar las primeras reacciones. Los concejales han tenido que llamar a la policía para quejarse de los mensajes “extremadamente ofensivos” que les habían enviado sus votantes (1).
Oxford es la primera ciudad británica que ha establecido un sistema de limitación del tráfico de automóviles en seis barrios o “zonas climáticas”. A partir del año que viene, los conductores están obligados a presentar un permiso de circulación que les permita atravesar los “filtros de tráfico” instalados en los límites de cada barrio, para obtener el derecho a cruzarlos en coche 100 días al año; ni uno más.
Dentro de cada distrito urbano los vecinos tienen que desplazarse a pie o en bicicleta para acceder al ambulatorio, la escuela, el parque, el teatro y los comercios. No se puede elegir un bar para tomarse un aperitivo; hay que ir al más cercano, tanto si te gusta como si no.
El ayuntamiento ha destinado 6,5 millones de libras esterlinas para instalar cámaras de vigilancia capaces de escanear las matrículas. El sistema funciona los 7 días de la semana, de 7 a 19 horas, lo que permite multar a cualquier vehículo privado que cruce las fronteras sin autorización, excepto las personas con discapacidad, los cuidadores y los titulares de permisos locales de 100 días. Los residentes del condado de Oxfordshire podrán obtener un permiso válido para 25 días cada año.
El lunes, en la conferencia del Partido Conservador que se celebra en Manchester, el ministro de Transportes, Mark Harper, dijo que el gobierno planea impedir a los ayuntamientos que sancionen con multas a los infractores de las normas de las “ciudades de los 15 minutos” (2).
“Lo diferente y siniestro, y lo que no debemos tolerar, es que los ayuntamientos puedan decidir cuántas veces se puede ir a comprar, y que puedan racionar el uso de las vías en el tiempo y según los usuarios, y que todo esto sea verificado por videovigilancia”, dijo Harper.
El ministro acusó a los ayuntamientos de abusar del sistema y les amenazó con prohibir el acceso a las bases de datos que contienen la información sobre los números de matrícula de los vehículos.
A pesar de la propaganda intensiva, el 42 por cien de los australianos son escépticos sobre el calentamiento. “El escepticismo climático está aumentando. ¿Qué pasaría si pudiéramos superarlo mediante la piratería?”, preguntaba el blog seudoecologista Zee Feed (1). La respuesta está en NewsJacker, lo último en manipulación de la información.
“El mundo ha entrado en la fase de ‘ebullición global’ de la emergencia climática; y el escepticismo climático ha aumentado en los últimos cuatro años en todo el mundo”, añadía.
“Es probable que conozcas a alguien que piense de esta manera. No podemos permitir que este grupo crezca más […] Por eso Zee Feed y la Coalición Juvenil por el Clima de Australia le piden que nos ayude, descarada y furtivamente, a cambiar de opinión con NewsJacker”.
“Los escépticos del clima son víctimas de una cámara de eco de la desinformación”. NewsJacker es la solución: “¡Es un intento de sacarlos de ahí sin que se den cuenta […] Es un sitio web descarado que aumenta encubiertamente la exposición de los escépticos del clima a noticias más objetivas y precisas. A primera vista, parecerá que simplemente estás compartiendo una receta en línea de galletas caseras fáciles. Pero cuando visitan el enlace, una tecnología especialmente diseñada e integrada en el sitio actualiza sus cookies en línea […] Es una acción seria a favor del clima. Debido a ello, a medida que navegan, verán más resultados de búsqueda de historias precisas sobre el cambio climático y serán dirigidos a más anuncios y contenido por el clima”.
No basta la televisión, ni los lavados de cerebro en las escuelas. Si la propaganda falla, hay que recurrir a más propaganda, aunque sea mediante el intrusismo informático. Hace un mes la Coalición Juvenil por el Clima de Australia pedía a sus afiliados que enviaran enlaces engañosos a amigos y familiares para que descargaran en sus móviles y ordenadores los programas informáticos de NewsJacker (2).
La Coalición recibe alrededor de 3 millones de dólares en donaciones e incluso visita escuelas para enseñar a los niños a mentir y hacer trampas para “salvar el planeta”.
El periódico The Australian destapó la corrupción de los seudoecologistas esta semana y la campaña de piratería ha quedado en suspenso (2).
La desesperación de los seudoecologistas muestra que su propaganda está fracasando y cada vez tienen que aumentar la presión ideológica un poco más, llenando sus discursos con retórica y nuevas expresiones, el último de los cuales es la “ebullición” del secretario general de la ONU, Antonio Guterres.
A partir de hoy las empresas europeas deben declarar las emisiones de gases de efecto invernadero de sus importaciones. Es el primer paso antes de que el arancel al carbono en las fronteras entre en vigor en 2026, llamado “Mecanismo de Ajuste en Frontera del Carbono”.
Cerca de 10.000 empresas en Europa podrían verse afectadas. La recaudación ascenderá a 3.000 millones de euros de aquí a 2030. Un parte entrará en las arcas de la Unión Europea y otra en la de los Estados miembros. Es una gota en el océano comparada con la gigantesca movilización de capitales que pondrá en marcha la transición energética y la descarbonización de la economía europea.
La transición se extenderá hasta finales de 2025 y forma parte de la política europea de “New Deal Verde”. Su objetivo declarado es la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero (“quien contamina paga”). Su objetivo real es proteccionista: defenderse de la competencia de China e India, calificadas como economías contaminantes.
El aumento de la recaudación fiscal ayudará a financiar una montaña de inversiones, pero no será suficiente. Habrá más impuestos. A un precio del carbono de 80 euros por tonelada se recaudarán 3.000 millones de euros.
El arancel se concentra en los sectores económicos de mayor riesgo (acero, aluminio, fertilizantes, cemento, hidrógeno, electricidad), pero no cabe duda de que se extenderá a otros para generar más ingresos fiscales.
Las consecuencias serán dramáticas. Los costes de producción van a aumentar y se van a trasladar a los precios de venta. En consecuencia, la inflación y la carestía de la vida van a subir aún más.
Los países más afectados por el arancel serán China e India, que ocupan un lugar preponderante en el mercado internacional y están desplazando a la industria europea.
La seudociencia de origen anglosajón ha llegado a cotas de estupidez como la siguiente: los seres humanos, junto con otros mamíferos, podrían desaparecer de la Tierra en los próximos 250 millones de años. Es un artículo de la Universidad de Bristol publicado por la revista Nature Geoscience y reproducido por Newsweek (1). Si quieren saber los motivos de nuesta desaparición, ya tienen la respuesta de antemano: el calentamiento.
Ahora bien, nos queda un hilo de esperanza: podríamos tener posibilidades de sobrevivir en el apocalipsis climático gracias a los avances tecnológicos. Por lo tanto, hay que invertir en eso que llaman “ciencia”, o sea mejorar, los sueldos de los “científicos”, “académicos”, “universitarios” y demás para que sigan publicando bobadas.
Naturalmente, la “lucha” contra el calentamiento también debe proseguir porque la subida de los termómetros no causa más que desgracias. Es más, todas las desgracias tienen su origen en el aumento del calor ambiental.
Ya lo explicó en portada la revista Time en 2021. Fue un número completo dedicado al cambio climático bajo un título revelador: “El clima lo es todo” (2). La subida de las temperaturas afecta a todos los aspectos de la naturaleza y la sociedad, desde la educación hasta la delincuencia y la inmigración.
Antes el calor era sinónimo de “buen tiempo”. Ahora es todo lo contrario. Del calentamiento sólo cabe esperar desgracias, una detrás de otra: inundaciones, sequías, incendios, huracanes, terremotos, emigración, extinciones… Basta recurrir a un buscador para comprobar que al calentamiento se le han asociado 900 desgracias de todo tipo.
Si alguien quiere saber el origen de alguna calamidad, natural o social, la respuesta la tiene en el bolsillo: todo es culpa del cambio climático. Es un ejercicio de reduccionismo y simplismo como pocas veces se ha visto en ninguna ciencia que, por lo demás, se convierte en autodemostrativo: lo que prueba la subida de temperturas son el cúmulo de desgracias que provoca por todas partes.
En las corrientes seudoecologistas, todo va mal siempre y, además, en el futuro todo irá a peor.
El gobierno de Varsovia se opone a la prohibición de los vehículos de combustión interna por la Unión Europea a partir de 2035. En julio presentó una denuncia ante el Tribunal de Justicia Europeo para intentar salvar su industria automovilística y sus minas de carbón.
Polonia es el principal taller de la Unión Europea para la producción de componentes de automóviles, que luego los principales fabricantes ensamblan en sus plantas de montaje. El coche eléctrico representa una grave amenaza para la industria manufacturera polaca. Un motor eléctrico es infinitamente más simple que un motor de combustión interna y requiere menos mano de obra para producirlo. Además, los vehículos eléctricos no necesitan caja de cambios ni embrague, e incluso frenar es más sencillo, porque el freno motor es potente. Es comprensible que los polacos se opongan firmemente a la obligación de no poder vender vehículos con motor de combustión interna a partir de 2035, ya que esto arrojaría a la calle a miles de trabajadores que tienen empleo en el sector de la automoción.
Durante un tiempo, Alemania se unió a Italia y Polonia para oponerse a esta extraña decisión. Luego, el vicepresidente primero de la Comisión Europea, el holandés Frans Timmermans, sacó de su sombrero de mago verde una solución para convencer a Alemania: “No os preocupéis, vamos a autorizar los vehículos de combustión interna que funcionen con combustibles electrónicos”. Pero tal cosa no existe y, en todo caso, deben fabricarse a partir de hidrógeno producido a partir de energía eólica y fotovoltaica.
De momento, la energía eólica sólo produce el 2,2 por cien de la energía primaria consumida en la Unión Europea, pero se promete que en el futuro será suficiente para producir electricidad 100 por cien verde y, además, combustibles sintéticos. El alquimista verde ha conseguido convencer a Berlín. Abandonadas a su suerte, Italia y Polonia no pudieron oponerse a la destrucción del sector del automóvil en Europa.
Desde que se unió a la Unión Europea, Polonia ha rondado el 5 por cien de crecimiento económico, casi el doble que la de la Unión Europea. En el sector del automóvil, Polonia optó por convertirse en subcontratista de grandes empresas del oeste de la Unión Europea. Ha logrado organizarse para que sus trabajadores especializados produzcan las piezas que las empresas alemanas, italianas y francesas montan en sus propios países o en otros lugares. Según la PZPM (la asociación polaca de la industria automovilística), en 2019 trabajaban en este sector 153.900 personas. Pero la presión de la Unión Europea sobre el sector automovilístico ha reducido esa cifra a 141.400 trabajadores. Del mismo modo, en 2019 Polonia produjo 434.700 motores, pero solo 255.100 en 2022. Estas caídas del 41 por cien en la producción de motores y del 8 por cien en el empleo son preocupantes.
No sólo el sector automovilístico de Polonia es crucial, sino que lo es aún más su sector del carbón y, por tanto, su sector minero, ya que el país genera alrededor del 70 por cien de su electricidad a partir del carbón, que produce principalmente en Silesia.
En la mayor parte de Estados Unidos este verano ha sido más frío que el promedio de años anteriores, y California no ha sido una excepción. Ha conocido el verano más fresco desde 2011, según el Western Regional Climate Center.
El sur de California se mantuvo particularmente fresco durante los meses de verano, lo que, según explicó el investigador del Centro, Dan McEvoy, se debió a la persistencia de sistemas de baja presión y también al efecto de enfriamiento del huracán Hilary.
La región estuvo inusualmente nublada este verano y las nubes son la protección solar de la Tierra. Si el manto de nubes cambia por cualquier motivo, se produce un calentamiento o un enfriamiento.
El New York Times lo explica de la manera retorcida a la que nos tiene acostumbrados: “No hay mucho que hacer sobre el alivio estacional del calor en California, aparte de que hay fluctuaciones de un año a otro dentro de una tendencia general de calentamiento […] En otras palabras, California todavía está experimentando los efectos del cambio climático y, en general, se está calentando, incluso si este verano no estableció récords de clima abrasador en todo el estado” (*).
El invierno y la primavera anteriores también fueron históricamente fríos y nevados a través de Karlamangla, una combinación que llevó a que una larga lista de estaciones de esquí registraran las caídas de nieve más altas jamás registrados.
Mammoth Mountain, por ejemplo, recibió 18 metros de nieve en su albergue principal, una medida que rompió el récord anterior de 17 metros establecido en 2010-2011. En la cumbre se registró un récord de más de 23 metros.
Toda esta nieve mantuvo a Mammoth abierto hasta el mes de agosto por tercera vez en su historia desde 1954. Los esfuerzos de limpieza de nieve persistieron hasta bien entrado el verano.
El sector de la construcción es responsable del 37 pr cien de las emisiones de CO2, en particular debido a la proporción de hormigón utilizado, según un informe de la ONU publicado esta semana. La organización quiere una “revolución” para descarbonizar ese sector.
El plan es utilizar menos hormigón y más materias primas locales procedentes de la biomasa. Para que los resultados sean buenos, la proporción de hormigón en la construcción mundial tendría que reducirse a la mitad entre 2020 y 2060. Además, dos tercios del hormigón restante debería proceder del reciclaje, la reutilización o estar compuesto por cementos bajos en carbono. .
En otras palabras, el sector de la construcción “necesita una reducción drástica” del volumen de hormigón nuevo utilizado. Pero este descenso será “gradual”, señala Anna Dyson, directora del centro de ecosistemas de la Universidad Americana de Yale.
Los materiales de construcción no siempre han sido emisores de carbono como lo son hoy el acero, el aluminio, el vidrio, el plástico o el hormigón. Hasta mediados del siglo XX procedían principalmente de fuentes renovables, biológicas u orgánicas (madera, piedra o de agricultura como paja, cáñamo, etc.) y sobre todo locales.
“Sólo en las últimas décadas la mayoría de los materiales de construcción proceden de procesos extractivos, tóxicos y no renovables”, subraya Dyson.
El plan es animar a la industria de la construcción a «cooperar con el sector forestal y la agricultura» para gestionar los recursos de madera y biomasa, que deberían ser los materiales del futuro, como lo han sido los materiales del pasado…
«Se trata de iniciar una especie de revolución de regreso al futuro» para eliminar el carbono de los edificios y construirlos «más ligeros», admite Dyson: evitar la producción de residuos gracias a un enfoque circular de los materiales, eligiendo materiales de origen biológico como madera o bambú, y mejorar la descarbonización de materiales convencionales que no pueden ser sustituidos.
Los autores del informe destacan la importancia de la biomasa vegetal viva, es decir, paredes o tejados verdes, que “constituye un material con bajas emisiones de carbono”. Incluso imaginan que este tipo de suelo podría dar lugar a una nutritiva agricultura urbana en las metrópolis del mañana.
Reino Unido impondrá multas de hasta 15.000 libras esterlinas (17.455 euros) y penas de un año de prisión a los propietarios de viviendas que incumplan las normas de neutralidad de carbono al negarse a instalar bombas de calor y otros cambios energéticos.
Es una sanción detrás de otra que acabará atosigando a la inmensa mayoría de la población británica. Los infractores ya están pagando hasta 14,60 euros al día para poder conducir un coche que no cumple los criterios de la zona “ulez”. La sangría no ha hecho más que empezar.
Según la nueva legislación, que fue aprobada por la Cámara de los Comunes, los propietarios de inmuebles podrían terminar tras las rejas si no instalan una bomba de calor.
Cualquiera que venda o alquile una propiedad deberá obtener un certificado de eficiencia energética. Los inspectores tendrán la facultad de ordenar “mejoras” e impedir la venta o alquiler del inmueble si no se cumplen al pie de la letra. Estas mejoras incluirán la instalación de bombas de calor, aislamiento de habitaciones, doble acristalamiento y “dispositivos inteligentes”.
La instalación obligatoria de refrigeradores, lavadoras, calentadores de agua y más, todos conectados a internet, permitirá al gobierno y a las compañías de energía monitorear el consumo de electricidad y cortar el suministro si creen que el usuario está consumiendo demasiado.
Los debates parlamentarios sobre la nueva ley no han podido ser más delirantes. La diputada Caroline Lucas pidió el fin de toda exploración de gas y petróleo, con el argumento de que Reino Unido debe liberarse de la dependencia de Putin.
Ed Miliband, Secretario de Estado de Energía y Cambio Climático, propuso una enmienda para obligar a la red eléctrica a deshacerse de todos los combustibles fósiles para 2030.
Sólo 19 diputados votaron en contra del proyecto de ley.
Hemos pasado el verano soportando falsas noticias acerca de que las temperaturas son las más altas de los últimos cien años, o mil años, o un millón de años… Da igual porque el efecto publicitario es el mismo. El País vuelve a la carga con el mismo fraude: “La crisis climática lleva al planeta al verano más caluroso jamás registrado” (1).
La revista Forbes repite la monserga y ElDiario.es se empacha de sensacionalismo: “Este mes de julio ha sido el más caluroso de nuestra historia documentada y, muy probablemente, de los últimos 120.000 años” (2).
Naturalmente, el calor ha estado acompañado de toda clase de calamidades naturales, desde los incendios de Canadá, hasta inundaciones “sin precedentes” porque, como en las olimpiadas, no hay noticia si no se supera un registro anterior.
Por supuesto, la intoxicación asegura que quienes no tragan con ese cúmulo de imbecilidades son unos reaccionarios “de derechas”, mientras que “los socialdemócratas de todo el mundo comparten un diagnóstico correcto de la crisis climática”, pontifica ElDiario.es.
Este tipo de declaraciones altisonantes son una manipulación desde el principio hasta el final. El aumento del vapor de agua en la atmósfera no está provocado por el calentamiento, como asegura ElDiario.es, sino por la erupción del volcán submarino Hunga Tonga, en el Océano Pacífico, que ha lanzado gigantescas masas de agua a la estratosfera y que explica las altas temperaturas de este verano en ciertas regiones del Hemisferio norte (3).
Los socialdemócratas se cuidan mucho de explicar el lugar en el que han calculado las temperaturas de hace 120.00 años, ni la manera en que la han calculado. Hablan de unas “mediciones directas” que se iniciaron “en el planeta” en 1850, una fecha mágica en la que sitúan el inicio de la revolución industrial y, con ella, del desastre climático.
Las temperaturas se han medido con termómetros, sobre todo desde que Daniel Fahrenheit creó en 1714 un modelo canónico de mercurio y una escala para medir los cambios. Era muy sencillo y bastante preciso. Pero hasta hace muy poco tiempo, casi nadie en el mundo tenía termómetro y, desde luego, no se dedicaba a registrar periódicamente las temperaturas.
Para poder comparar las temperaturas actuales con las de hace 100, 1.000 ó 100.000 años hacen falta series homogéneas de datos que no existen. No hay mediciones directas ni tampoco indirectas obtenidas con un atisbo de fiabilidad. No se sabe cómo se ha podido calcular con un mínimo de certieza la evolución de las temperaturas de los océanos, que suponen el 70 por cien del planeta.
La vara de medir ha cambiado. Desde los años ochenta las temperaturas ya no se obtienen con termómetros sino con sensores de resistencia eléctrica. En otras ocasiones recurren a satélites espaciales, de los que hay varios, y cada uno de ellos muestra tempraturas que no coinciden entre sí. Finalmente, unas mediciones se entremezclan con otras y los datos se barajan como si fuera una partida de cartas con naipes diferentes.
El resultado es aún peor que en los sondeos electorales. Cada empresa obtiene datos diferentes y arroja previsiones muy distintas porque la “cocina estadística” cambia notablemente según el tratamiento de la información bruta. En consecuencia, no sólo ha cambiado la vara de medir; el procedimiento de obtención de las temperaturas es distinto y su tratamiento estadístico también lo es.
Garita de Stevenson
Para ilustrar la precaución con la que se deben obtener las temperaturas, hay que recordar artilugios curiosos, como la “garita de Stevenson”, inventada a finales del siglo XIX por el padre del novelista británico para establecer un canon de medida de las temperturas, que consistía en introducir los termómetros en una especie de jaula de madera, a una cierta altura del suelo, con techo y rejilla lateral.
“La garita de Stevenson está hecha de madera con láminas pintadas de color blanco para facilitar la ventilación y, a la vez, proteger a los aparatos de medida de la radiación solar y de la lluvia. La puerta de la garita se orienta al norte con el fin de que el sol no perturbe la medida cuando se hacen las lecturas de las distintas variables”, dice MeteoGalicia.
La inmensa mayoría del mundo ha carecido de mediciones con termómentro y, desde luego, casi nunca se han utilizado el tipo de garitas propuestas por Stevenson, a pesar de lo cual han ingresado en los registros oficiales y se las tiene por buenas mediciones.
Hasta los años setenta del siglo pasado, las garitas estaban en las ciudades, donde el urbanismo ha formado “islas de calor”. Las series históricas están afectadas por su emplazamiento en grandes metrópólis que apenas representan el 4 por cien de la superficie terrestre. Por ejemplo, en Madrid la isla de calor del centro sube las temperturas 8,5ºC por encima de la periferia (4). Se ha tomado la parte (las ciudades) por el todo (el planeta).
Lo que se discute es hasta qué punto las “islas de calor urbano” han alterado las mediciones. En su último informe el IPCC estimó que las “islas de calor urbano” suponen menos del 10 por cien del aumento de la temperatura. Sin embargo, un reciente estudio de 37 investigadores de 18 países diferentes eleva ese porcentaje hasta el 40 por cien (5).
Según los autores, en un siglo la temperatura ha subido 0,89ºC, teniendo en cuenta las áreas urbanas y las rurales. Pero si sólo se tienen en cuenta estas últimas, la subida se reduce a 0,55ºC únicamente.
“La comunidad científica aún no está en condiciones de establecer con seguridad si el calentamiento desde 1850 es causado principalmente por el hombre, en su mayor parte natural o alguna combinación de ellos”, concluyen también los autores del estudio.
Si en todos los países del mundo las garitas se traladaran a las zonas rurales y los bosques, nos sorprenderíamos al escuchar que nos ha invadido una ola de frío intenso.
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