La web más censurada en internet

Mes: febrero 2023 (página 9 de 10)

Europa embarga el petróleo ruso pero lo compra (más caro) a través de India

A partir de hoy la Unión Europea impone un embargo a los productos petrolíferos rusos. Pero esas sanciones no sirven para nada porque Rusia ha encontrado otros clientes para compensar sus pérdidas. Por lo demás, el crudo ruso sigue presente en las gasolineras europeas.

Rusia ha encontrado intermediarios para exportar hidrocarburos a los países que aplican sanciones. Entre esos países se encuentra India, que es el país que más ha aumentado sus compras a Rusia, porque el país prácticamente no importaba petróleo ni otros combustibles fósiles de Rusia antes de la Guerra de Ucrania.

Las exportaciones rusas de petróleo a India se han multiplicado por diez. En la actualidad, las importaciones procedentes de Rusia representan aproximadamente una cuarta parte del consumo total de petróleo de India. En 2021 la mayor fuente de importaciones de petróleo de India era Irak, con una cuota del 24 por cien, por lo que Rusia se ha convertido en el mayor proveedor de India.

Esta misma mañana, el gobierno indio ha anunciado de que también abandona el dólar para comprar crudo ruso.

Hace meses los “expertos” se preguntaban adónde podía ir el crudo ruso de los Urales si Europa no compraba. Cuando India sacó 1,2 millones de barriles diarios en diciembre, dijeron que el mercado se había agotado. Pero en enero han sido 1,7 millones de barriles diarios.

El aumento exponencial de las importaciones indias de crudo ruso se explica por los precios que Rusia se ve obligada a cobrar para seguir vendiendo su producción. Incluso antes de las sanciones europeas, el petróleo de los Urales ya tenía un descuento del 30 por cien.

India se beneficia de una reducción de unos 10 dólares por barril en el mercado. Frente a las presiones de algunos países occidentales, Delhi argumenta que el crudo es esencial para satisfacer la elevada demanda interna. “La producción india de petróleo es baja, en torno a 40 millones de toneladas anuales, mientras que su consumo es de 220 millones de toneladas anuales: es un importador neto.

Sin embargo, parte del crudo ruso que importa India se exporta tras ser refinado allí. El país envía derivados petrolíferos a la Unión Europea, Estados Unidos y Australia, entre otros países.

La capacidad de refinado india es relativamente pequeña, de 5 millones de barriles diarios, la mitad que la de China y tres veces menos que la de Estados Unidos. Por otra parte, India tiende a favorecer el sudeste asiático para exportar sus productos petrolíferos en lugar de zonas geográficas lejanas, como Europa, que depende más de Oriente Medio o incluso de Estados Unidos para abastecerse de gasóleo.

Estados Unidos también revende petróleo ruso

Tras imponer un embargo sobre el petróleo ruso, Estados Unidos repuso sus reservas estratégicas, que también se habían vaciado para limitar la subida de precios en los surtidores. Al romper el comercio con Rusia, Estados Unidos se quedó sin un producto refinado que tradicionalmente importa en masa: el gasóleo de vacío (VGO).

Para sustituir esta fuente de suministro, Estados Unidos recurre ahora a refinerías indias como Reliance Energy o Nayara Energie, que se abastecen masivamente de crudo procedente de Rusia. Mientras Reliance Energy compra a Rusia unos 600.000 barriles diarios de crudo, Estados Unidos compra a Reliance 200.000 barriles diarios de productos acabados, en su mayoría VGO. Algunas refinerías pueden descomponer el VGO en hidrocarburos más complejos. Es un producto intermedio para producir combustibles para el transporte. Es extraordinariamente bueno para los combustibles de transporte, especialmente el gasóleo. El gasóleo es especialmente demandado en Europa.

Los vasos comunicantes y reorganización de los circuitos del crudo a escala mundial demuestran que las sanciones contra Rusia han sido inútiles. Sigue obteniendo unos 640 millones de euros al día de las exportaciones de combustibles.

El mito de la ‘invasión no provocada’ de Ucrania por Moscú

Casi un año después de que Rusia entrara en Ucrania, la narrativa occidental de un ataque “no provocado” se ha vuelto imposible de sostener.

El pasado mes de febrero, parecía plausible, al menos desde una perspectiva superficial, describir la decisión del Presidente ruso Vladimir Putin de enviar tropas y tanques a su vecino nada menos que como un “acto de agresión no provocado”.

Putin era un loco o un megalómano que intentaba revivir la agenda imperial y expansionista de la Unión Soviética. Si no se contenía su invasión, supondría una amenaza para el resto de Europa.

La valiente y democrática Ucrania necesitaba todo el apoyo de Occidente -y un suministro casi ilimitado de armas- para resistir a este dictador sin ley.

Pero esta narrativa parece cada vez más carente de sentido, al menos si no te limitas a escuchar a los medios del establishment, que nunca han parecido tan serviles a los poderosos, tan decididos a tocar el tambor de la guerra, tan amnésicos y tan irresponsables.

Cualquiera que se distancie de los incesantes esfuerzos de los últimos 11 meses para intensificar un conflicto que está causando innumerables muertes y sufrimiento, precios de la energía por las nubes, escasez mundial de alimentos y la posibilidad de una confrontación nuclear, es acusado de traicionar a Ucrania y apoyar a Putin.

No se tolera la disidencia. Putin es Hitler, estamos en 1938, y cualquiera que pretenda rebajar la tensión no es mejor que el primer ministro británico Neville Chamberlain. Al menos eso es lo que nos han contado una y otra vez, borrando cuidadosamente el contexto que es la clave para entender lo que está pasando.

El fin de las ‘guerras eternas’

Sólo seis meses antes de que Putin invadiera Ucrania, Biden trajo de vuelta a casa al ejército estadounidense de Afganistán tras dos décadas de ocupación. Supuestamente para poner fin a las “guerras eternas” de Washington que, señaló, “han derramado mucha sangre y dinero estadounidenses”.

La promesa implícita era que el gobierno de Biden no sólo sacaría a las tropas estadounidenses de los “cenagales” de Oriente Medio, Afganistán e Irak, sino que también garantizaría que los impuestos estadounidenses dejaran de llenar los bolsillos de contratistas militares, fabricantes de armas y funcionarios extranjeros corruptos. El dinero estadounidense se gastaría en casa, resolviendo nuestros propios problemas.

Pero desde la invasión de Rusia, hemos visto cómo ocurría lo contrario. Diez meses después, parece ridículo haber imaginado que Biden nunca tuvo esa intención.

El mes pasado, el Congreso estadounidense aprobó un colosal aumento del “apoyo” esencialmente militar a Ucrania, que eleva el total oficial a unos 100.000 millones de dólares en menos de un año, sin duda con muchos otros gastos ocultos a la opinión pública. Esta cifra supera con creces el presupuesto militar anual de Rusia, de 65.000 millones de libras.

Washington y Europa han estado vertiendo armas, y cada vez más ofensivas, en Ucrania. Envalentonado, Kiev ha extendido el campo de batalla cada vez más hacia el interior del territorio ruso.

Los funcionarios estadounidenses, al igual que sus homólogos ucranianos, hablan de una guerra contra Rusia que continuará hasta que Moscú sea “derrotado” o Putin sea derrocado, y que adoptará inevitablemente la forma de una nueva “guerra eterna” idéntica a las que supuestamente acaba de renunciar Biden, salvo que tendrá lugar en Europa y no en Oriente Próximo.

Este fin de semana, en el Washington Post, Condoleezza Rice y Robert Gates, dos ex Secretarios de Estado estadounidenses, pidieron a Biden que “aumente urgentemente el suministro de armas y capacidades militares a Ucrania… Es mejor detenerlo [a Putin] ahora, antes de que exija más a Estados Unidos y a la OTAN”.

El mes pasado, el jefe de la OTAN, Jens Stoltenberg, advirtió de que una guerra directa entre la alianza militar occidental y Rusia era una “posibilidad real”.

Pocos días después, el Presidente ucraniano Volodymyr Zelensky fue recibido como un héroe durante una visita “sorpresa” a Washington. La vicepresidenta estadounidense, Kamala Harris, y la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, desplegaron una gran bandera ucraniana detrás de su invitado, como un par de notorias animadoras, mientras se dirigía al Congreso.

Los legisladores estadounidenses saludaron a Zelensky con una ovación de tres minutos, incluso más larga que la que recibió el israelí Benjamin Netanyahu, también famoso “hombre de paz” y firme defensor de la democracia. El presidente ucraniano hizo un llamamiento a la “victoria absoluta”, utilizando las palabras del presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt durante la Segunda Guerra Mundial.

Todo ello no hizo sino subrayar el hecho de que Biden no tardó en hacer suya la guerra de Ucrania, aprovechando la “invasión no provocada” de Rusia para librar una guerra por delegación de Estados Unidos. Ucrania ha proporcionado el campo de batalla en el que Washington puede completar la labor de socavamiento iniciada durante la Guerra Fría.

Uno tiene que preguntarse, sin ser cínico, si Biden no se ha retirado de Afganistán no para centrarse finalmente en la recuperación de Estados Unidos, sino para prepararse para otra confrontación, para insuflar nueva vida al mismo viejo escenario estadounidense de dominación militar total del mundo.

Intenciones hostiles

¿Era necesario “abandonar” Afganistán para que Washington pudiera invertir su dinero en una guerra contra Rusia, sin el riesgo de que sus hijos volvieran a casa en bolsas para cadáveres?

La respuesta consensuada a la pregunta es que Biden y sus ayudantes no podían saber que Putin estaba a punto de invadir Ucrania. Fue decisión del dirigente ruso, no de Washington.

Políticos estadounidenses de alto nivel y expertos en las relaciones entre Estados Unidos y Rusia -desde George Kennan hasta William Burns, actual director de la CIA de Biden, John Mearsheimer y el difunto Stephen Cohen- llevan años advirtiendo de que la expansión de la OTAN encabezada por Estados Unidos a las puertas de Rusia acabaría provocando una respuesta militar rusa.

Putin advirtió de las peligrosas consecuencias de tal expansión en 2008, cuando la OTAN anunció que Ucrania y Georgia -dos antiguos Estados soviéticos fronterizos con Rusia- proponían su ingreso en la Alianza. Putin no dejó lugar a dudas al invadir Georgia casi inmediatamente, aunque por poco tiempo.

Fue esta reacción inicial “no provocada” la que probablemente retrasó la ejecución del plan de la OTAN. Sin embargo, en junio de 2021, la Alianza reafirmó su intención de acoger a Ucrania en la OTAN. Unas semanas después, Estados Unidos firmó con Kiev sendos pactos de defensa y asociación estratégica, concediendo a Ucrania muchos de los beneficios de la integración en la OTAN sin declararla miembro formal.

Entre los dos anuncios del inminente ingreso de Ucrania en la OTAN, en 2008 y 2021, Estados Unidos no ocultó sus intenciones hostiles hacia Moscú, ni que Ucrania podría contribuir a su agresivo avance geoestratégico en la región.

En 2001, poco después de que la OTAN comenzara a expandirse hacia las fronteras rusas, Estados Unidos se retiró unilateralmente del Tratado sobre Misiles Antibalísticos (ABM) de 1972, que pretendía evitar una carrera armamentística entre los dos enemigos históricos.

Estados Unidos, que ya no estaba vinculado por el tratado, construyó emplazamientos ABM en la zona más amplia de la OTAN, en Rumanía en 2016 y en Polonia en 2022. Afirmó que se trataba de emplazamientos puramente defensivos, diseñados para interceptar misiles disparados por Irán.

Pero Moscú no podía ignorar el hecho de que estos sistemas de armamento también eran capaces de operar de forma ofensiva y que, por primera vez, podían lanzarse misiles de crucero con armamento nuclear hacia Rusia sin que ésta tuviera tiempo de interceptarlos.

Para agravar las preocupaciones de Moscú, en 2019, Trump se retiró unilateralmente del Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio de 1987. Esto dio a Estados Unidos la oportunidad de lanzar un primer ataque contra Rusia, utilizando misiles estacionados en los nuevos miembros de la OTAN.

Cuando la OTAN volvió a coquetear con Ucrania en el verano de 2021, el riesgo de que Estados Unidos lanzara un ataque preventivo, con la ayuda de Kiev, contra el que Moscú no pudiera tomar represalias y que destruyera su disuasión nuclear, debió de atormentar a los responsables políticos rusos.

Las huellas dactilares de Estados Unidos

La Ucrania postsoviética estaba profundamente dividida geográfica y electoralmente sobre si mirar hacia Rusia en busca de seguridad y comercio o hacia la OTAN y la Unión Europea. Esta cuestión estuvo en el centro de unas elecciones muy reñidas. Ucrania es un país sumido en una crisis política permanente y en una profunda corrupción.

En este contexto, en 2014 se produjo un golpe de Estado/revolución que derrocó a un gobierno en Kiev que había sido elegido para preservar las buenas relaciones con Moscú. En su lugar se instaló un gobierno abiertamente antirruso. Las huellas de Washington -disfrazadas de “promoción de la democracia“- estaban por todas partes en el repentino cambio de gobierno hacia uno estrechamente alineado con los objetivos geoestratégicos de Estados Unidos en la región.

Muchas comunidades rusoparlantes de Ucrania -concentradas en el este, el sur y la península de Crimea- quedaron conmocionadas por el golpe. Ante el temor de que el nuevo gobierno de Kiev, que le era profundamente hostil, intentara poner fin a su control histórico sobre Crimea y el único puerto marítimo de aguas cálidas de Rusia, Moscú se anexionó la península.

Según un referéndum posterior, la población local apoyó abrumadoramente esta decisión. Los medios de comunicación occidentales afirmaron que el referéndum había sido fraudulento, pero las encuestas posteriores demostraron que reflejaba fielmente la voluntad del pueblo de Crimea.

Pero fue la región de Donbas, al este, la que se utilizaría como pretexto para la invasión de Rusia el pasado febrero. La guerra civil que estalló rápidamente en 2014 enfrentó a las comunidades rusoparlantes de la región con combatientes ultranacionalistas y antirrusos, en su mayoría procedentes del oeste de Ucrania, incluidos neonazis descarados. Varios miles de personas murieron durante los ocho años de lucha.

Mientras Alemania y Francia negociaban los llamados Acuerdos de Minsk, con ayuda de Rusia, para poner fin a la masacre del Donbas prometiendo a la región una mayor autonomía, Washington alentaba el derramamiento de sangre.

Washington vertió enormes cantidades de dinero y armas en Ucrania. Entrenó a las fuerzas ultranacionalistas ucranianas y trató de integrar al ejército ucraniano en la OTAN mediante lo que denominó “interoperabilidad”. En julio de 2021, en plena escalada de tensiones, Estados Unidos organizó un ejercicio naval conjunto con Ucrania en el Mar Negro, la operación Sea Breeze, en el que Rusia realizó disparos de advertencia contra un destructor de la armada británica que había entrado en aguas territoriales de Crimea.

En el invierno de 2021, como señaló el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguei Lavrov, Moscú había “alcanzado el punto de ebullición”. Las tropas rusas se concentraron en la frontera de Ucrania, enviando una señal de que las provocaciones orquestadas por Estados Unidos en Ucrania estaban empezando a ir demasiado lejos.

Zelensky, que parecía incapaz de controlar a los elementos de extrema derecha de su propio ejército, hizo exactamente lo contrario de lo que prometió hacer si era elegido, es decir, la paz en el Donbas.

Las fuerzas ultranacionalistas ucranianas intensificaron el bombardeo del Donbas en las semanas previas a la invasión.

Al mismo tiempo, Zelensky suspendió los medios de comunicación críticos, prohibió los partidos políticos de la oposición y exigió que los medios ucranianos aplicaran una “política de información unificada”. A medida que aumentaban las tensiones, el presidente ucraniano amenazó con desarrollar armas nucleares y tratar de acelerar su ingreso en la OTAN, lo que implicaría aún más a Occidente en la masacre del Donbas y lo pondría en riesgo de enfrentamiento directo con Rusia.

Apagar las luces

Fue entonces, tras 14 años de injerencias estadounidenses en las fronteras rusas, cuando “sin ser provocado lo más mínimo”, Moscú envió a sus soldados al Donbas.

El objetivo inicial de Putin, digan lo que digan los medios occidentales, parecía consistir en hacer lo menos posible, dado que Rusia estaba lanzando una invasión ilegal. Desde el principio, Rusia podría haber llevado a cabo sus actuales y devastadores ataques contra la infraestructura civil de Ucrania, cortando las vías de comunicación y apagando las luces en gran parte del país.

Pero Rusia parece haber evitado deliberadamente embarcarse en una campaña de conmoción y pavor al estilo estadounidense.

En su lugar, se centró primero en una demostración de fuerza. Moscú parece haber supuesto, erróneamente, que Zelensky reconocería que Kiev había exagerado, que se daría cuenta de que Estados Unidos -a miles de kilómetros de distancia- no podía proporcionar seguridad, y que se vería obligado a desarmar a los ultranacionalistas que llevan ocho años atacando a las comunidades rusas del este.

No fue así como ocurrió. Desde el punto de vista de Moscú, el error de Putin no fue lanzar una guerra no provocada contra Ucrania, sino retrasar demasiado su invasión. La “interoperabilidad” militar de Ucrania con la OTAN estaba mucho más avanzada de lo que creían los planificadores rusos.

En una entrevista reciente, la ex canciller alemana Angela Merkel, que supervisó las negociaciones de Minsk para poner fin a la masacre de Donbas, pareció hacerse eco -aunque inadvertidamente- de esta opinión: las conversaciones eran una tapadera mientras la OTAN preparaba a Ucrania para la guerra con Rusia.

En lugar de una victoria rápida y nuevos acuerdos de seguridad regional, Rusia está ahora inmersa en una larga guerra por poderes contra Estados Unidos y la OTAN, con los ucranianos utilizados como carne de cañón. Los combates y las muertes podrían prolongarse indefinidamente.

El futuro se presenta sombrío

Con Occidente decidido a no hacer las paces y a enviar armas tan rápido como puede fabricarlas, el futuro se presenta sombrío: o habrá una nueva y sangrienta división territorial de Ucrania en bloques prorrusos y antirrusos por la fuerza de las armas, o una escalada hacia la confrontación nuclear.

De no haber sido por la incesante intervención de Estados Unidos, hace tiempo que Ucrania se habría visto obligada a llegar a un acuerdo con su vecino, mucho más grande y fuerte, al igual que México y Canadá tuvieron que hacerlo con Estados Unidos. Se habría evitado la invasión. Hoy, el destino de Ucrania ya no está en sus manos. Se ha convertido en un peón en el tablero de ajedrez de las superpotencias.

Lo importante para Washington no es Ucrania, sino destruir la fuerza militar de Rusia y aislarla de China, aparentemente el próximo objetivo en la mira de Estados Unidos para la dominación global total.

Mientras tanto, Washington ha logrado un objetivo más amplio, al echar por tierra cualquier esperanza de compromiso en materia de seguridad entre Europa y Rusia, al reforzar la dependencia europea de Estados Unidos, tanto militar como económica, y al empujar a Europa a unirse a sus nuevas “guerras eternas” contra Rusia y China.

Se gastará mucho más dinero y se derramará más sangre. No habrá ganadores, salvo los halcones neoconservadores de la política exterior que dominan Washington y los grupos de presión de la industria bélica que se benefician de las interminables aventuras militares de Occidente.

Jonathan Cook https://www.middleeasteye.net/opinion/russia-ukraine-us-invasion-paved-how

Hungría y Bulgaria también se oponen a la entrega de armas a Ucrania

Algunos países de la Unión Europea expresan su temor a que la guerra entre Rusia y Ucrania adquiera mayores proporciones tras la nueva decisión de la Unión Europea y Estados Unidos de armar masivamente al gobierno de Kiev.

No sólo es Croacia. Hungría y Bulgaria son algunos de los Estados que también han expuesto su preocupación. Bulgaria se opone abiertamente a la estrategia estadounidense y europea de entregar cantidades masivas de armas a Ucrania. Al margen de una rueda de prensa celebrada el jueves en Sofía, el Presidente búlgaro, Rumen Radev, y su homóloga húngara, Katalin Novak, abogaron por una solución pacífica mediante el diálogo y la diplomacia.

Radev no se anduvo con rodeos: “Compartimos la misma preocupación por la evolución de la situación en Ucrania. Este conflicto se está convirtiendo en una choque económico mundial que ahora amenaza a toda Europa”.

“Se está convirtiendo en una guerra de desgaste no sólo para las partes implicadas, sino también para toda Europa, para nuestra economía y nuestro sistema social”, dijo. Refiriéndose a la entrega de armas a Kiev, el presidente búlgaro denunció una decisión que podría echar más leña al fuego.

“Estamos convencidos de que la solución a este conflicto no puede lograrse aumentando las entregas de armas, sino que sólo se conseguirá mediante el diálogo y la diplomacia. Hay que reducir las tensiones y poner fin a las hostilidades”, afirmó.

Katalin Novak, Presidenta de Hungría, se hizo eco de esta opinión. Se queja de que el conflicto dura ya casi un año y lamenta que no se haga nada para ponerle fin. Así, ante la prensa, hizo un llamamiento a relajar la tensión.

Las opiniones de ambos se suman a las que expuso recientemente el Presidente de Croacia, Zoran Milanovic.

A cambio de paz Estados Unidos ofrece a Rusia la quinta parte del territorio ucraniano

A mediados de enero Biden envió al jefe de la CIA, William J. Burns, en misión secreta a Kiev y Moscú. Burns debía explorar la disposición de ambas partes para negociar un acuerdo de paz.

Según la cadena suiza NZZ, la oferta en Kiev era de “paz por territorio”, mientras que la oferta en Moscú es “territorio por paz” (*). El territorio supone el 20 de la superficie de Ucrania. Es el tamaño aproximado del Donbas.

Ambas partes se negaron a un acuerdo en esos términos. Los ucranianos no quieren que se divida su territorio; los rusos suponen que ya lo tienen y que ganarán la guerra de todos modos.

Las revelaciones de NZZ confirman las divergencias que imperaban en la Casa Blanca en el momento del viaje de Burns. Biden quería evitar una guerra prolongada y estaba dispuesto a sacrificar partes de Ucrania.

Es lo que ya había expuesto la Rand Corporation: evitar una guerra prolongada es una prioridad mayor para Estados Unidos, más impoprtante que controlar todo el territorio de Ucrania.

La publicación del artículo de la Rand indicaría, como ya expusimos en otra entrada, una polémica dentro del gobierno estadounidense sobre la cuestión de la guerra.

Por un lado, están el consejero de Seguridad Nacional, Jake Sullivan, y el jefe de la CIA, Burns. Querían poner fin a la guerra rápidamente para poder concentrarse en China, que consideraban una amenaza mucho mayor para Estados Unidos.

Por el otro lado están el Secretario de Estado Anthony Blinken y el Secretario de Defensa Lloyd Austin. No quieren permitir que Rusia se salga con la suya y exigen un apoyo militar masivo a Ucrania.

Según NZZ, después de que Burns fracasara con su misión diplomática a Kiev y Moscú, Biden decidió autorizar la entrega de carros de combate Abrams.

En un principio, Biden quería entregar cientos de vehículos blindados de transporte de tropas y otras armas. Los carros de combate principales deberían haber sido suministrados únicamente por los europeos.

Scholz no se lo esperaba. A última hora de la tarde del 24 de enero, el día en que el canciller alemán tomó la decisión sobre la entrega de tanques, el Ministerio de Asuntos Exteriores en Berlín envió directrices oficiales confidenciales a los diplomáticos de las misiones en el extranjero.

Bajo el título “Líneas a seguir: Entrega de carros de combate Leopard a Ukr.”, el Ministerio de Annalena Baerbock explicaba que el gobierno aún no había tomado una decisión sobre la cuestión de la entrega de los carros de combate procedentes de Alemania. “Dentro de la coalición internacional de apoyo a Ucrania, sigue siendo necesario debatir la cuestión de la posible entrega de Leopard 2”.

(*) https://www.nzz.ch/international/kampfpanzer-fuer-die-ukraine-wurde-olaf-scholz-ueberrumpelt-ld.1724136

Rusia saldrá de la guerra como triunfador militar y político

Ucrania ha perdido la guerra. Es algo obvio desde el principio, pero es bueno que cada vez haya más que se rindan ante lo inevitable. Ahora el diario británco The Guardian admite que el ejército ruso está preparado para una ofensiva inminente en mayor medida que el ucraniano para la defensa. La moral de las tropas ucranianas, asegura el periódico, está por los suelos y la tasa de suicidios es muy elevada (1).

El diario alemán Die Welt también arroja la toalla: “¿Hasta qué punto es realista una victoria ucraniana? Es casi imposible que Ucrania salga victoriosa de esta guerra”, reconoce el periódico (2). Para Zelensky la victoria significa la reconquista de todos los territorios ocupados, incluida Crimea. Pero en las circunstancias actuales “eso es imposible. Rusia ocupa actualmente cerca del 18 por cien del territorio ucraniano. Es más probable que este valor aumente que disminuya en el futuro”, concluye Die Welt.

En los debates de las últimas semanas, por fin, ha quedado claro que Estados Unidos, Alemania y otros aliados de la OTAN sólo sostienen a Ucrania para que no tenga que capitular inmediatamente. Temen más la propagación de la guerra al territorio de la OTAN que la amenaza que suponen para la seguridad occidental las ganancias territoriales rusas. “Cuanto más potentes, letales y precisas sean las entregas de armas, mayor será el riesgo de que se produzca un efecto contagio”, sostiene Die Welt.

Rusia ha destruido hasta ahora entre el 60 y el 70 por cien de las infraestructuras críticas de Ucrania, que no va a recibir de Occidente suficientes sistemas de defensa antiaérea para detener los bombardeos rusos. El ejército ruso dispone de un enorme arsenal de misiles y drones. Por el contrario, Ucrania es cada vez menos capaz de reparar las infraestructuras destruidas: el material para ello es cada vez más escaso y tendría que ser suministrado por Rusia. Sin energía suficiente, cada vez será más difícil abastecer al ejército y la población ucranianos.

El ejército ruso está tratando de contrarrestar las armas de precisión occidentales a gran escala y dispone de recursos suficientes para ello. Esto es especialmente cierto en el sector de los tanques. Según el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, pronto Rusia dispondrá de 4.000 carros de combate, una masa le abrumadora que no sólo supone un gran riesgo para los carros Leopard occidentales, sino que también permite a Rusia continuar la ofensiva.

Ucrania se está quedando sin soldados mientras continúa la guerra. Ya ha iniciado la octava oleada de movilización, con el envío al frente de hombres de más de 60 años. Por su parte, Rusia desplegará en breve 200.000 nuevos soldados, y este verano, dice Die Welt, podrían llegar otros 500.000 más. Moscú tiene un potencial de movilización de unos 30 millones de reservistas.

Rusia saldrá de esta guerra no sólo como vencedor militar con ganancias territoriales, sino también como vencedor político. La recuperación económica de Ucrania será considerablemente más difícil de lo previsto. Tras un alto el fuego o las negociaciones de paz, la entrada en la OTAN quedará descartada indefinidamente, y la adhesión de Ucrania a la Unión Europea tardará, en el mejor de los casos, mucho más de lo que Kiev necesita actualmente.

Con las entregas prometidas de carros de combate -Ucrania había pedido 300, sólo recibirá unos 130-, es probable que no pueda lanzar con éxito contraofensivas cerca de Kreminna y, sobre todo, de Zaporiya para cortar los suministros a las tropas rusas en Crimea. Ucrania necesita más misiles de corto y largo alcance (ATACMS), más vehículos blindados de transporte de tropas (100 prometidos, 500-600 solicitados por Kiev), más sistemas de artillería (70 prometidos) y más equipamiento militar.

“A Kiev se le acaba el tiempo y Occidente está a la espera”, concluye el periódico alemán. Por temor a cruzar las “líneas rojas” fijadas por Rusia, Europa y Estados Unidos tampoco hacen nada para bloquear las comunicaciones por satélite rusas, lo que dificultaría gravemente la capacidad de ataque de Moscú.

Cualquiera que hable con diplomáticos occidentales oye hablar cada vez más del temor a una escalada y de la esperanza de un rápido alto el fuego. En ese alto el fuego es donde culmina el compromiso de Occidente. El resultado será una Ucrania amputada, pronostica Die Welt.

(1) https://www.theguardian.com/world/2023/feb/02/russian-forces-could-regain-initiative-as-ukraine-war-drags-on
(2) https://www.welt.de/debatte/kommentare/plus243530139/Ukraine-Warum-es-fast-ausgeschlossen-ist-dass-Kiew-noch-siegt.html

Una descarbonización de baja intensidad para Europa

Las etiquetas verdes y de cualquier otro color se quitan y ponen según las necesidades de cada momento, por decreto del gobierno o de la Comisión Europea. La energía nuclear ya ha logrado esa etiqueta y el hidróegeno va detrás.

El martes de la semana que viene lo van a discutir la Comisión Europea, el Consejo Europeo y el Parlamento Europeo. Las presiones arrecian para definir lo sostenible, lo limpio y lo renovable de lo que no lo es. Miles de millones de euros están en juego.

La directiva europea sobre energías “renovables” excluye de su etiqueta al hidrógeno “bajo en carbono”, que se produce a partir de la energía nuclear y varios países europeos no están de acuerdo porque en tal caso no se alcanzarán los objetivos de descarbonización de la Agenda 2030, al menos dentro del plazo.

El miércoles Rumanía, Bulgaria, Polonia, Francia, Eslovenia, Croacia, Eslovaquia, Hungría y la República Checa enviaron una carta a la Comisión Europea en favor de la integración del hidrógeno en la etiqueta verde.

El hidrógeno “bajo en carbono” refuerza la legitimación de la energía nuclear, por lo que el movimiento seudoecologista acaba al otro extremo de su punto de partida. Por ejemplo, Bélgica estudia prolongar la vida útil de otros tres reactores nucleares más allá de 2025.

Si se excluye al hidrógeno “bajo en carbono” se frenaría el despliegue del hidrógeno, dicen los países firmantes de la carta, lo que conduciría a mayores costes de producción y, por lo tanto, reduciría la competitividad de la industria europea en los mercados mundiales.

El hidrógeno “bajo en carbono” permitiría descarbonizar “sectores difíciles de descarbonizar”, como el acero o el aluminio, y generaría nuevas dependencias en Europa.

La carta se presentó al día siguiente del anuncio del plan industrial ecológico de la Unión Europea para una industria descarbonizada y pocos días después de un acuerdo sellado entre Francia y Alemania en un Consejo de Ministros conjunto celebrado en París.

El dúo franco-alemán es partidario de incluir el hidrógeno “bajo en carbono” en los objetivos de descarbonización de la Unión Europea. Sería una descarbonización de baja intensidad.

Del mismo modo, la declaración conjunta franco-española del 19 de enero, adoptada en la cumbre de Barcelona, reconoce el hidrógeno como energía “limpia”. Sin embargo, ni Alemania ni España han firmado la carta dirigida a la Comisión, por lo que los partidarios del hidrógeno “bajo en carbono” están preocupados.

“Sería incomprensible que España y Alemania adoptaran posiciones diferentes ante Bruselas e incumplieran sus compromisos”, explica la ministra francesa de Transición Energética, Agnes Pannier-Runacher.

“El tema subirá sin duda con mucha fuerza”, dicen en París. “Los nueve países firmantes forman una minoría de bloqueo potencial en Bruselas”.

La Unión Europea va a devolver la ‘carne de cañón’ a Ucrania

La Unión Europea ayudará a Kiev a devolver a sus casas a los ucranianos movilizados. Los que no quisieron unirse al ejército ucraniano al principio de la guerra creyeron haber encontrado un refugio seguro en Occidente. Les prometieron el estatuto de refugiado, y con él una asistencia completa, incluida la seguridad.

La cuestión que plantea es si los países de acogida entregarán a sus refugiados al reclutamiento forzoso. Esto parece afectar más concretamente a aquellos cuyos gobiernos no ocultan su voluntad de ir a la guerra, como los países bálticos y Polonia. En su mayoría son jóvenes, hay niños, mujeres pero también muchos hombres en edad militar, y la policía se queja de que son ingobernables.

Occidente tiene poco o ningún interés en su difícil situación. Cuando, el otro día, se hizo pública la petición de Zelensky de reponer las muy mermadas filas del ejército con refugiados de entre 18 y 60 años, la Unión Europea se apresuró a responder positivamente.

Como de costumbre, las hermanas bálticas fueron las primeras en reaccionar, casi al mismo tiempo. Como si estuvieran esperando esta petición. ¿O tal vez fueron ellos mismos quienes sugirieron esta original decisión a Zelensky? El ex ministro de Justicia, ahora alcalde de la ciudad lituana de Vilna, Remigijus Simashyus, expresó públicamente su disposición a “ayudar a la parte ucraniana a buscar y devolver a los reclutas militares ucranianos”. El jefe del Liepaja letón, Gunars Ansins, fue aún más lejos, prometiendo “plena ayuda para el regreso de los hombres ucranianos a su patria” para “cumplir con su deber militar”.

No es la primera vez que se pide el compromiso de Ucrania con la Unión Europea durante la operación militar especial rusa. La primera fue en junio del año pasado. Sin embargo, los funcionarios de Zelensky echaron entonces el freno. Esperaban un avance del régimen de Kiev en el Donbas, alegando que las fuerzas armadas ucranianas podrían hacer frente a sus fuerzas actuales. En cambio, recibieron una serie de operaciones exitosas de parte rusa, incluida la de Artiomovsk, donde, según los medios alemanes, los autoproclamados combatientes “sufrieron enormes pérdidas”. El número de muertos diarios de los combatientes ucranianos se cuenta por decenas de centenares y el desdichado país se ha visto afectado por una nueva oleada de movilizaciones al acercarse el invierno.

Primero en la propia Ucrania. Hay numerosos vídeos en las redes sociales de hombres detenidos en las calles de ciudades y campos, en lugares de trabajo, cafeterías y edificios de apartamentos. A veces los cogen (¡es verdad!) completamente al azar.

Este caso le ocurrió a una mujer de Kiev, Lyubov Sh. Más concretamente, a su marido, de 63 años. Esta historia la contó la propia Lyuba cuando les deseé a ella y a su marido una feliz Navidad (ortodoxa). Su marido Shurik sufrió dos microictus en poco tiempo hace tres años, de los que aún no se ha recuperado.

— Ahora atrapan a todos los hombres de nuestro país, tengan la edad que tengan. El principio es: “Danos un hombre y nos las arreglaremos”, suspira Lubov, antaño una ucraniana traviesa y risueña.

Vinieron a nuestra casa a última hora de la tarde a finales de diciembre. No llamaron al timbre, sino que golpearon la puerta con los pies y las culatas de sus armas. Vieron a Shurik sentado en la cama en pijama, lo cogieron por debajo de los brazos y lo sacaron a rastras. Agarré a uno de ellos por el cinturón y le grité: “¿Adónde le lleváis? ¡Es un inválido! Y mi Shurka no puede decir nada claro, sólo sacude la cabeza. Finalmente, después de gritarles… recuperé a mi marido. Pero, ¿cuántos “voluntarios”, entre ellos personas con mala salud, no pudieron escapar…?

Poco antes de Año Nuevo, la ONU publicó datos sobre el número de refugiados ucranianos en Europa. En el periodo comprendido entre el 24 de febrero y el 4 de octubre de 2022, más de 4,7 millones de personas. El mayor número se encuentra en Polonia: 1.422.482. En Alemania: 997.895. En la República Checa: 442.443. A continuación, en orden descendente, Italia, España, Turquía, Bulgaria, Reino Unido y Francia. Las personas que han huido a estos países están registradas en los programas nacionales de protección y asistencia.

Pero esto no impide que las autoridades locales los traten como personas de “tercera clase”. En Bulgaria primero se les alojó en pensiones y colonias de vacaciones para niños, pero poco después se les trasladó a contenedores y barracones de aspecto dudoso. Les recortaron las dietas. Se les negó la ayuda humanitaria.

En España los ciudadanos ucranianos (125.000 personas) se encontraron al borde de la inanición. La culpa la tienen los bajos salarios y el elevado coste de la vida. Desde agosto, los refugiados regresan de España. En Francia existen verdaderos complots contra sus compatriotas, lo que les obliga a cambiar continuamente de lugar de residencia. En Polonia, desde hace varios meses, se descarta a los ucranianos que han encontrado trabajo en el país, con el pretexto de que “ya no hay trabajo para los polacos”…

¿Qué ocurrirá ahora, después de que Zelensky y su gabinete hayan pedido capturar (literalmente) a sus reclutas? ¿Cómo y quién llevará a cabo esta “caza del hombre“? ¿Podrán esconderse y dónde? El analista político Serguei Markov cree que inicialmente se pedirá a los ciudadanos ucranianos que se pongan en contacto con las autoridades y se presenten voluntariamente en las oficinas de registro y alistamiento militar. Si desobedecen, se endurecerán las medidas. Esto puede incluir la detención por la policía y, a continuación, el traslado a la frontera y la entrega a funcionarios ucranianos. En cuanto a la legalidad de estas acciones, esta legalidad “está en proceso de semidescomposición, porque está corrompida por los grupos de poder”.

Otro destacado politólogo, Oleksiy Anpilogov, natural de Dnipropetrovsk, uno de los dirigentes de la resistencia en esa ciudad en 2013/2014 y ahora presidente del Fondo de Apoyo a la Investigación Científica y el Desarrollo de Iniciativas Civiles “Fundaciones”, tiene su propia opinión:

— Está absolutamente claro que la decisión diseñada por Zelensky y apoyada por la Unión Europea de deportar a Ucrania a refugiados ucranianos en edad de reclutamiento y enviarlos al frente es ilegal y cruel, comentó.

A Bruselas le gusta proclamar la libertad de expresión, la libertad de elección, la libertad de circulación de los ciudadanos, incluidos los que les han pedido ayuda… y ellos mismos pisotean abiertamente esta libertad. No sólo no están horrorizados, sino que ni siquiera les sorprende la petición de Kiev. Hasta ahora, son hombres. Pero seguro que también habrá mujeres.

¿Quiere decir que los políticos europeos estaban preparados para semejante giro de los acontecimientos?

— Son muy buenos “descodificando” la situación. Y, además, “en el otro lado”, que ahora nos es hostil, están evidentemente cansados de los ucranianos. Son demasiados. En consecuencia, hay demasiados gastos presupuestarios para ayudarles. El ardor de los dos o tres primeros meses se evaporó en pleno verano. El mercantilismo pasó a primer plano. La iniciativa del ex artista en el sillón presidencial es muy oportuna. Con el pretexto de… ¡a que no te lo crees! – el establecimiento de una vida pacífica en Ucrania y la necesidad de mano de obra para reconstruir las regiones.

¿Y la Unión Europea le creyó?

— No, claro que no. Todo el mundo entiende muy bien que necesitamos “carne de cañón” para el frente. Tanto como sea posible, y tan rápido como sea posible. Apenas quedan voluntarios. Hay que reconocer el mérito de Zelensky: ha encontrado políticos tramposos y corruptos entre los funcionarios de la Unión Europea, dispuestos a cualquier cosa que contribuya a su bienestar personal. Pueden estar seguros de que buscarán con celo posibles reclutas.

Algunos refugiados también pueden resistirse a la coacción, organizarse, incluso en grupos paramilitares, “enseñar los dientes”…

— Esto es poco probable. No se convertirán en guerrilleros. En un entorno extranjero, sin conocer el idioma local, sin conocer las leyes, sin poder recurrir a los servicios de un abogado por falta de dinero, ¿qué pueden hacer? Sobre todo porque su presencia en la Unión Europea ya es bastante difícil de soportar. La única solución es huir a través del océano hasta México, por ejemplo. O a Turquía. O a Rusia, el único país del continente europeo donde los refugiados gozan del estatuto más liberal. Con la posibilidad de obtener la nacionalidad con bastante rapidez. Lo sé por experiencia propia.

¿Qué gana Rusia con la captura de posibles combatientes ucranianos?

— En primer lugar, es una ventaja moral, que muestra respeto por las personas, incluidos los ciudadanos ucranianos. Su imagen a sus ojos crecerá. ¿Y la imagen de los europeos? Ya está comprometida. Están serrando la rama en la que están sentados.

Ludmila Nikolaeva https://svpressa.ru/war21/article/360428/

¿Quién tuvo interés en desnuclearizar Ucrania tras la caída de la URSS?

Las recientes declaraciones de antiguos funcionarios rusos del entorno del Presidente Boris Yeltsin refutan la narrativa propagandística occidental de que Ucrania se desnuclearizó a cambio de garantías de seguridad.

En Ucrania el ejército soviético había desplegado misiles balísticos intercontinentales fijos y móviles, así como misiles nucleares de corto y medio alcance o municiones de artillería nuclear. En 1991, con la separación de Ucrania de la antigua URSS y su declaración de independencia, el mundo se enfrentó de repente a una nueva potencia nuclear, que resultó ser la tercera del mundo.

El Presidente ruso Boris Yeltsin no estaba en absoluto interesado en Ucrania porque Rusia estaba, en aquel momento, muy sedienta de dinero. Se alegró de no tener ya tantos misiles que desmantelar y destruir en virtud del Tratado sobre Misiles de Corto y Medio Alcance de 1987 y del Tratado Start.

Pero George Bush tuvo un ataque de nervios porque Ucrania no renunciaba a sus armas nucleares. Sugirió que Estados Unidos firmara primero tratados de reducción nuclear con Ucrania, como había hecho con la URSS, ahora Rusia. Kiev también ha reclamado el sexto asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU, con derecho a veto. Ante esta situación, Estados Unidos tuvo que pedir ayuda a Yeltsin.

Los generales rusos enviaron al Pentágono detalles de las especificaciones de las cabezas nucleares rusas que mostraban que caducarían en los próximos 7 años. Estados Unidos y Rusia unieron sus fuerzas para impedir que Ucrania obtuviera recambios para el material radiactivo de las cabezas nucleares.

Finalmente, en 1994 Ucrania cedió a la presión estadounidense y aceptó el Memorándum de Budapest, redactado en Washington, sin previo aviso a Rusia. El acuerdo estaba garantizado por Rusia, Ucrania, Estados Unidos y Reino Unido. La razón aducida por Kiev para renunciar a las armas nucleares fue la falta de capacidad para mantenerlas.

La victoria rusa en la guerra no va a traer la paz a Europa

El ejército ruso se prepara para una ofensiva a gran escala. Al mismo tiempo, el flujo de armas y equipos modernos hacia Kiev aumentará. Estados Unidos y sus aliados están empezando a entregar modernos tanques al ejército ucraniano, así como vehículos de transporte, equipos antiaéreos, lanzacohetes múltiples de largo alcance, municiones “inteligentes” y otros tipos de armamento.

Las tropas rusas operan en varios ejes al mismo tiempo. Probablemente serán tres para impedir al ejército ucraniano reforzar la defensa proyectando unidades desde otras partes del frente.

Los objetivos de los ataques también están claros. En primer lugar, se trata de la zona central del frente, en la que actualmente se vislumbra un éxito táctico al alcanzar próximamente las fronteras de las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk. En segundo lugar, es el eje sur con la liberación de Nikolayev y Odessa llegando hasta la frontera de Transnistria. Por último, el eje norte desde Bielorrusia es objeto de debate.

Un golpe brusco desde el norte podría resolver el problema de las entregas occidentales de armas a la zona de hostilidades y organizar una especie de cerco gigantesco, privando de facto al ejército ucraniano de municiones y capacidad de resistencia.

El factor más importante en el análisis de una posible ofensiva desde Bielorrusia es hasta dónde planea avanzar el ejército ruso: hasta la frontera ucraniana o más al este, por ejemplo el río Zbruch.

La probabilidad de la segunda opción se ve respaldada últimamente por las filtraciones sobre una inminente partición de Ucrania. Los imperialistas saben que Ucrania no tiene ninguna posibilidad de ganar.

Por ello, Estados Unidos trata de infligir el máximo daño a Rusia al tiempo que evita su derrota militar. De ahí las entregas comedidas de armas, principalmente defensivas.

El principal deseo de Polonia es la partición de Ucrania. Hungría y Rumanía también querrán su trozo del pastel territorial en la medida de lo posible. Si el ejército ruso no llega a la frontera ucraniana, los polacos podrían entrar en sus antiguos dominios. Varsovia y Kiev han desarrollado suficientes fundamentos jurídicos para ello.

Rusia no quiere la guerra con ningún país de la OTAN. Quizá por eso Estados Unidos ha empezado a proyectar activamente tanques M1 Abrams y vehículos de combate de infantería M2 Bradley a Polonia y Lituania. Sólo al puerto de Vlissingen (Países Bajos) han llegado más de 1.200 vehículos blindados. Estados Unidos envió a Europa el material blindado de la Primera División de Caballería desde Fort Hood (Texas). En diciembre llegaron a Polonia casi 700 vehículos de combate, incluidos tanques. La 101 división aerotransportada estadounidense Screaming Eagles ha sido transferida a Rumanía.

El refuerzo de la OTAN en Europa oriental se produce bajo el típico lema de la “amenaza militar rusa”. Pero los imperialistas saben que Rusia no tiene intención de atacar a ningún país de la Alianza. Es un mero argumento para la división de Ucrania y la entrada del ejército polaco en su parte occidental.

Occidente participará así en el reformateo de Ucrania e indirectamente legitimará que Rusia se haya apoderado del Donbas y las regiones orientales de Ucrania. En la región se podría crear un Estado tapón desmilitarizado que no suponga una amenaza para la seguridad de Rusia.

Pero en esta guerra sólo hay una cosa cierta: la victoria de Rusia no va a traer la paz a Europa. En el mundo moderno las guerras llegan para quedarse. La ausencia de noticias sobre ellas no es sinónimo de paz.

Los países de la OTAN deben entrar en una economía de guerra

Según el presidente del Comité Militar de la OTAN, almirante de la Marina Real de Países Bajos, Robert Bauer, la guerra se nos viene encima. Los socios de la Alianza deben dejar de producir para las necesidades civiles y concentrarse en las necesidades militares.

Rusia tiene la iniciativa y elegirá el momento de la extensión de la guerra. Es obvio: fue Rusia quien decidió invadir Ucrania y es Rusia quien decide cuándo será o no su próxima ofensiva.

Por su parte, las fuerzas de la OTAN tendrán que reaccionar, no cabe duda, añade Bauer, que hace un llamamiento a todas las fuerzas europeas para que estén preparadas para el combate. Además, explica también que es necesario entrar en una economía de guerra y movilizar nuestras capacidades de producción para las necesidades militares.

Esto significa que mira a largo plazo con una guerra de gran intensidad y duración.

Bauer fue director de la defensa holandesa desde octubre de 2017 hasta abril de 20211, y subjefe de las Fuerzas Armadas de los Países Bajos desde el 1 de septiembre de 2015 hasta el 13 de julio de 2017.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies