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Día: 15 de septiembre de 2021 (página 1 de 1)

1.000 instructores militares rusos adiestrarán al ejército de Mali

El gobierno de Malí está a punto de firmar un acuerdo para la llegada de instructores rusos al país de África Occidental para entrenar al ejército en la lucha contra los yihadistas, una guerra que se prolonga desde hace ocho años.

El acuerdo se firmará con la empresa de seguridad rusa Wagner y el gobierno maliense, cuyas tropas están padeciendo numerosas bajas en sus filas como consecuencia de los ataques yihadistas.

Los instructores rusos sustituyen a los soldados franceses, que se retiran del Sahel. El Presidente francés Macron anunció el fin de la Operación Barjan y una reducción de los efectivos militares franceses.

El gobierno francés considera que la participación de Wagner en Malí es incompatible con el mantenimiento de una fuerza francesa, por lo que está tratando de impedir la firma del acuerdo y ha enviado a Christophe Bigot sobre el terreno para lograrlo.

Reuters afirma que unos 1.000 instructores rusos participarán en este acuerdo. Además de entrenar a los soldados del ejército maliense, los instructores del grupo de seguridad privada ruso Wagner también deberían encargarse de proteger a los dirigentes malienses.

La empresa de seguridad Wagner se embolsará 6.000 millones de francos CFA al mes por la formación de los militares. El grupo de seguridad privada Wagner está dirigido por Yevgeny Prigozhin.

Si se firma el acuerdo, no será la primera vez que los instructores rusos aterricen en África. Ya están presentes en la República Centroafricana, donde llevan a cabo misiones de vigilancia y seguridad, tanto de particulares como de funcionarios. La semana pasada, uno de ellos fue tiroteado por milicianos armados.

El cambio climático según China

En China la ciencia no parece ser la misma que en occidente, al menos en lo que al clima se refiere. El principal especialista chino en climatología, Ding Zhongli, vicepresidente de la Academia de Ciencias, sostiene que no hay pruebas científicas fiables de la interdependencia entre el aumento de las temperaturas y la concentración atmosférica de CO2. La temperatura también está determinada por la radiación solar.

Si se observan los cambios en el clima del planeta de los últimos 10.000 años, las temperaturas actuales son normales, escribió en la revista Earth Science Magazine. Pero Ding Zhongli va más allá. ¿Por qué las grandes potencias defienden una teoría científica tan dudosa? Porque su verdadera intención no es limitar el aumento de la temperatura mundial, sino limitar el crecimiento económico de los países emergentes.

Las políticas económicas de países como China, Rusia e India no pueden admitir, pues, las propuestas “verdes” que quieren imponer las grandes potencias occidentales. El Presidente chino Xi Jinping repite una y otra vez que todos los países tienen derecho a un “desarrollo económico y social”, al que añadió el adjetivo “sostenible” para no dañar demasiado los oídos de los más sensibles.

Hay países que quizá puedan buscarse otras alternativas, pero para la mayoría, el desarrollo económico significa quemar más carbón y, por tanto, emitir más CO2 a la atmósfera. La moderna “lucha contra el cambio climático” conduce al decrecimiento y, por lo tanto, a la postración perpetua de los países del Tercer Mundo.

Pero junto a los argumentos económicos están los estratégicos: la energía no es sólo un mercado sino un sector clave de la economía, sobre todo para los países que, como China, dependen de la importación y, en consecuencia, de terceros países. China se ha convertido en el mayor importador mundial de petróleo y pronto se convertirá en el mayor importador mundial de gas licuado, cuyas remesas aumentan todos los años.

La Nueva Ruta de la Seda cumple la función prioritaria de acceso a las fuentes exteriores de energía. Por encima de todo, China tiene que asegurarse de que dispone de toda la energía que necesita y para ello diversifica las fuentes existentes y busca otras alternativas. Además de garantizar el suministro, la diversificación de fuentes energéticas asegura su independencia política ante las grandes potencias.

China es el mayor productor mundial de los llamados “gases de efecto invernadero”. Si el CO2 provocado por la industria hiciera subir la temperatura mundial, el cierre de las centrales eléctricas de carbón y la construcción de innumerables turbinas eólicas y plantas solares en la Unión Europea no servirían para nada. Las emisiones de CO2 no dependen de la Unión Europea sino de China. Hace ya quince años, el país asiático superó a Estados Unidos en emisiones y no deja de ampliar su ventaja. Si China no está en el barco de los salvadores del clima, el ahorro en otros países será en vano.

Por eso las grandes potencias tienen que comprometer al gobierno de Pekín en su “lucha contra el calentamiento”, lo mismo que las ONG y los burócratas de la ONU. Los dirigentes chinos han alimentado esa ilusión, sobre todo desde que en 2016 Trump desvinculó a Estados Unidos de los Acuerdos de París. A Washington el clima le dejó de interesar desde el momento en que ninguno de los acuerdos internacionales firmados hasta la fecha han logrado comprometer a China a frenar su crecimiento económico.

A partir de la nueva postura de Estados Unidos, China se dispuso a rellenar el vacío… con retórica. Se convirtieron en estandartes de la “lucha contra el cambio climático”. La agencia pública de noticias Xinhua calificó la decisión de Trump de “enorme revés” en la batalla mundial contra el cambio climático, y lamentó que Estados Unidos se desvinculara de “la aspiración común de la humanidad de un futuro con bajas emisiones de carbono”.

China mantuvo la compostura, como era de esperar, de puertas afuera. En el Congreso del Partido Comunista de 2017, Xi Jinping aseguró que su país “tomará un asiento de conductor en la cooperación internacional contra el cambio climático”. Había aparecido otro motivo: como los acuerdos internacionales no obligan a ningún país en desarrollo, como China, a reducir sus emisiones de CO2, las grandes potencias han recurrido al soborno en forma de subvenciones. Había 100.000 millones de dólares para repartir a cambio de las reducciones y China quiso apoderarse de una parte de ese dinero, aunque no lo consiguió, ni lo va a conseguir en el futuro, entre otras cosas porque Trump se encargó de cerrar el grifo.

Quienes mejor lo saben son los propios dirigentes chinos, que a duras penas mantienen ya la retórica climática. “Objetivamente, seguimos siendo un país en vías de desarrollo”, dijo a los periodistas Xie Zhenhua, enviado especial de China para el clima, en la cumbre de Katowice. A Xi Jinping el cambio climático le importa un bledo. Lo que mira por la mañana, después de levantarse de la cama, son los índices de crecimiento económico, no los de CO2. Así lo demuestran 30 años de política climática china, expuesta tanto en los foros internos como en los internacionales.

Actualmente China planifica la construcción de 259 gigavatios de nuevas centrales eléctricas de carbón y sigue disparando en todas las direcciones: desarrolla las energías convencionales y las renovables, lo mismo que la energía nuclear.

Golpe de Estado en Conakry: en busca de la mano que mece la cuna

Como todo lo demás que sucede en África, el Golpe de Estado en Conakry no interesa y, en consecuencia, ha pasado desapercibido. Ni siquiera los medios “alternativos” se han preocupado por informar y son muchos los que ignoran la noticia: el 5 de septiembre un comando de operaciones especiales del ejército guineano, dirigido por el coronel Mamadi Doumbouya, secuestró al Presidente del país, Alpha Condé, causando 20 muertos entre los guardaespaldas que lo custodiaban.

Las fuerzas especiales guineanas no actuaron solas. El New York Times confirmó que, desde mediados de julio, el mando africano del ejército de Estados Unidos (Africom) había destinado una docena de boinas verdes al coronel golpista. La operación fue dirigida, además, por militares franceses e israelíes.

Tres días después del golpe, un vídeo mostró a los soldados estadounidenses sonrientes, acompañados por los golpistas guineanos en un 4×4, entre una multitud jubilosa. Un diplomático estadounidense en Guinea escribió en su cuenta de Twitter: “Para los que comparten el vídeo de los soldados estadounidenses en un 4×4 me gustaría señalar que se trata de la escolta de la embajada de Estados Unidos en Conakry nada más”.

Sin embargo, las imágenes mostraban claramente al vehículo acompañando al convoy de los golpistas que transportaba al Presidente Condé desde el palacio presidencial hasta la base de las fuerzas especiales.

El Africom tuvo que justificarse: “El gobierno y el ejército de Estados Unidos no están en absoluto implicados en esta aparente toma de posesión militar”. Las torpes justificaciones se sucedieron una tras otra. El portavoz de Aricom añadió: “El domingo, una vez que los boinas verdes se dieron cuenta de que había un golpe de Estado, se dirigieron directamente a la embajada de Estados Unidos en Conakry”.

Debieron de hacer un salto en el camino para acompañar al convoy de los golpistas.

El coronel golpista no es un desconocido para el Pentágono, ya que en 2018 posó orgulloso frente a la embajada de Estados Unidos en Conakry y al año siguiente participó en las maniobras militares “Fintlock” en Uagadugu, organizadas por Africom.

El coronel, de 41 años, es un antiguo soldado de la Legión Extranjera francesa y tiene doble nacionalidad franco-guineana. Su mujer es comandante de la gendarmería francesa. Eso explica el silencio guardado por el gobierno francés sobre el golpe. Desde el 5 de septiembre, sólo ha difundido un comunicado de prensa condenándolo.

Israel ha permanecido en silencio, pero también está en el punto de mira. Después de 49 años de relaciones diplomáticas rotas, tras la Guerra de los Seis Días (1967), Alpha Condé y Benjamin Netanyahu restablecieron los lazos entre ambos países en 2016. Como en otros países africanos, los israelíes entrenaron a las fuerzas especiales de Conakry, un mercado que dominan en el continente, como ha demostrado el Caso Pegasus de vigilancia informática.

La intervención de Israel es una traición, no sólo al Presidente Condé, que les abrió las puertas, sino al país. Israel no es un país fiable, ni siquiera aparenta una ayuda.

Las condenas de la CEDEAO, la Unión Africana y la ONU son retórica en estado puro. Piden la liberación inmediata del Presidente Condé, pero no su regreso a la Presidencia, por lo que no puede estar más claro: están de acuerdo con el relevo, naturalmente después de guardar las formalidades debidas, o sea, elecciones y demás.

Tras el golpe, la cotización de las materias primas se disparó. En una semana, el precio de la bauxita subió casi un 30 por ciento, ya que Guinea posee una cuarta parte de las reservas mundiales del mineral, del que se extrae el aluminio.

Las reacciones fueron muy diferentes en Pekín, Moscú y Ankara. Pekín es el principal socio económico de Conakry. El 7 de septiembre, en una rueda de prensa, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Wand Wenbin, dijo: “China se opone al golpe de Estado y pide la liberación inmediata del presidente Alpha Condé”.

Por su parte, el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, difundió un comunicado, en el que decía: “Esperamos que los intereses comerciales de nuestros empresarios y empresas no se vean afectados y estén garantizados”. El embajador ruso en Guinea se reunió con el coronel golpista el 7 de septiembre.

Turquía, que también tiene muchos intereses empresariales en el país africano, se apresuró a denunciar el golpe de Estado enérgicamente: “Turquía se opone a los intentos de sustituir ilegalmente a los gobiernos elegidos”.

Los portavoces del imperialismo pronto calificaron al golpista como “el nuevo hombre fuerte en Guinea”. No habían transcurrido 24 horas del golpe, cuando quiso tranquilizar a los inversores. “La comisión asegura a los socios que respetará todas sus obligaciones en virtud de los convenios mineros y recuerda su compromiso de promover la inversión extranjera en nuestro país”.

Poco después de llegar al poder en 2010, Alpha Condé, asesorado por Soros, reescribió el código minero y redistribuyó las concesiones, lo que dio lugar a reclamaciones, negociaciones y pleitos entre las grandes empresas mineras, que aún no se han resuelto.

Los golpistas han hecho correr el rumor de que permanecerán en el poder durante cinco años. Han puesto el listón muy alto para obtener un mandato de tres años, sabiendo que en la historia de los Golpes de Estado en África Occidental, la CEDEAO nunca concede a los golpistas más de dos años. Sin embargo, es tiempo más que suficiente para darle la vuelta a la tortilla.

La caravana de la muerte de Pinochet y su significado para la memoria chilena

El 11 de septiembre de 1973 en Chile trajo un final brutal al gobierno socialista de Salvador Allende. A su paso, la violencia impregnó a la sociedad chilena, a través del golpe militar respaldado por Estados Unidos, que proporcionaría una inspiración espantosa para la posterior vigilancia regional sistemática, consistente en la eliminación de socialistas y comunistas, conocida como Operación Cóndor, en la que participaron varios países latinoamericanos. Leer más

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