La web más censurada en internet

Día: 13 de septiembre de 2021 (página 1 de 1)

El dirigente de Sendero Luminoso murió en la cárcel por una neumonía tras una huelga de hambre

La causa de la muerte de Abimael Guzmán, dirigente de Sendero Luminoso, fue una neumonía bilateral. La salud de quien fuera jefe del grupo armado Sendero Luminoso estaba deteriorada desde el 19 de julio pasado, cuando la dirección de la cárcel de máxima seguridad construida para él tras su captura en 1992, informó que estaba sometido a seguimiento médico.

Desde el 13 de julio se negaba a comer y fue sometido a diversos exámenes. Debido a una caída de la tensión y a su avanzada edad, 86 años, se determinó evacuarlo a un hospital, a lo que se negó.

El 20 de julio el recluso aceptó su traslado al hospital Naval, cercano a la base naval en la que está el presidio, y el 5 de agosto fue dado de alta y regresado a la cárcel.

La jefa del Instituto Nacional Penitenciario, Susana Silva, indicó que hasta el viernes último el preso fue atendido por un geriatra porque no comía y padecía un decaimiento extremo, por lo que una junta médica lo debía evaluar al día siguiente. Pero amaneció muerto.

El preso, que cumplía 30 años de la cadena perpetua a la que fue condenado, fue encontrado muerto el sábado a las 06:40,hora local, en la cama clínica que ocupaba en el presidio en el que permanecía aislado y era atendido por un geriatra.

La captura en 1992 fue un golpe importante contra Sendero Luminoso, cuya actividad armada decayó desde entonces, minado por las divisiones internas.

Comienza una investigación de las matanzas de niños indígenas de las poblaciones originarias de Estados Unidos

En Estados Unidos se ha iniciado una investigación de las matanzas de niños indígenas de las poblaciones originarias, que fueron, como en Canadá, arrebatados a sus familias y encarcelados en internados gestionados por el gobierno federal y las iglesias cristianas.

Decenas de miles de ellos desaparecieron entre 1820 y los años ochenta del siglo pasado. El número total todavía no se ha establecido, pero un erudito nativo, Preston McBride, ha estimado que la cifra podría superar ampliamente los 10.000 casos. En Canadá han encontrado los nombres de 6.000 niños que murieron o desaparecieron mientras estaban en internados cristianos.

En Estados Unidos pudo haber hasta 500 internados para niños indígenas y cada vez aparecen más fosas comunes en los cementerios de esos internados. En la última década se han producido varios descubrimientos. En 2015 la investigadora universitaria Marsha Small encontró varias fosas comunes en el emplazamiento del cementerio de la Escuela India Chemawa, en Oregón, tras registrar la zona con un radar.

La historiadora y experta en la tristemente célebre Escuela Industrial India de Carlisle, Barbara Landis, señaló las fosas comunes, así como el hecho de que los niños desaparecidos siguen siendo casos sin resolver. “De las 14 lápidas que encontramos, hallamos los nombres de todas menos de dos”.

La investigación del genocidio es independiente de las instituciones federales, que llevan más de 100 años encubriendo el crimen y carecen de credibilidad. Los que “juzgan” son los mismos que cometieron el crimen hace más de un siglo. La Comisión de la Verdad y la Reconciliación de Canadá no fue más que un intento de encubrir el genocidio.

Los dirigentes indígenas han hecho un llamamiento para obtener información sobre los niños que nunca volvieron a casa y desaparecieron después de ser enviados a internados de Estados Unidos. Quieren obligar al gobierno de Estados Unidos a proporcionar todos los registros sobre las escuelas y los niños que fueron encarcelados allí, incluidos los niños desaparecidos.

Varias organizaciones están reuniendo documentos y pruebas para presentarlos al Grupo de Trabajo de la ONU sobre Desapariciones Forzadas e Involuntarias (UNWGEID). A través del UNWGEID, los grupos indígenas pedirán a Estados Unidos que “proporcione un recuento completo de los niños indígenas que fueron enviados a los internados y cuya suerte y paradero siguen siendo desconocidos”, según el comunicado de prensa.

“El gobierno de Estados Unidos nunca ha aceptado la responsabilidad de las repercusiones intergeneracionales de la política y el programa de internados, que apartaron a miles de niños indígenas de sus familias y comunidades desde 1869 hasta una fecha tan reciente como la década de 1980 con el propósito declarado de la asimilación forzosa. Estados Unidos aún no ha proporcionado cifras exactas sobre el número de niños que murieron mientras estaban bajo la custodia del gobierno bajo esta política, ni ha aportado pruebas de que las familias implicadas fueran informadas sistemáticamente de la muerte o desaparición de sus hijos, a pesar de los numerosos intentos de obtener esta información”, señala el comunicado.

La solicitud pide lo siguiente:

  • el número de internados establecidos para estudiantes nativos entre 1819 y 1972 que fueron apoyados por un presupuesto o por políticas federales

  • el presupuesto que fue asignada por el gobierno federal para el funcionamiento de los internados y la identidad de cada una de estas escuelas, iglesias, misiones u otros receptores de fondos federales

  • la ubicación geográfica de cada una de estas escuelas, el número de estudiantes para cada año de funcionamiento y la identidad de cada estudiante trasladado a estas escuelas, incluyendo su afiliación tribal

  • el destino de cada uno de estos alumnos, si volvieron a casa, si fueron trasladados a otros lugares para seguir formándose, o si murieron y fueron enterrados en las escuelas o en cualquier otro cementerio.

El número de desastres meteorológicos no se ha multiplicado por cinco

Con el transcurso de los años, el escenario internacional se ha llenado de organismos supranacionales. A ellos hay que añadir los organismos regionales: latinoamericanos, africanos, europeos… Algunos de los más recientes tienen pretensiones científicas y sus informes crean un canon, como ocurre en cualquier religión. Un documento respaldado por un organisno internacional, como la OMS, tiene un peso mucho mayor que cualquier otro, se reproduce con mayor frecuencia y, en el caso de resultar erróneo, es una pesadilla tratar de que se corrija un error.

Uno de esos organismos cientificos interncionales es la OMM (Organización Meteorológica Mundial), que hoy toca poner bajo la lupa en relación con el informe publicado a finales de agosto, titulado “Atlas Mundial de la Mortalidad y las Pérdidas Económicas Causadas por los Fenómenos del Tiempo, el Clima y el Agua” (*). En realidad, los organismos internacionales, como la OMM, no elaboran nada por sí mismos, sino que subcontratan los estudios a terceros. En este caso, el Atlas es obra de 12 autores, está avalada por 6 revisores y, naturalmente, por la cúpula de la organización.

Las tesis siguen el tópico posmoderno de que cada vez hay más desastres naturales y cada vez son más graves, aunque el estudio no se basa en ninguna fuente nueva. Todas las cifras utilizadas proceden de una base de datos establecida a lo largo de los años por el Cred, un instituto de la Universidad de Lovaina, en Bélgica. Se trata, pues, de un estudio nuevo con datos antiguos.

Con el paso de los años las bases de datos, como la del Cred, se van llenando. Cada vez hay más instituciones que informan de desastres, por lo que parece que cada vez hay más desastres. Al final cualquier acontecimiento meteorológico es un desastre. Es un desastre que llueva poco y es otro desastre que llueva torrencialmente.

En los años 80 y 90, Cred llegaba a 90 países y en 2019 a 120, pero eso es algo de lo que el Atlas Mundial no dice nada, por lo que induce al error.

Los tres parámetros que utiliza la OMM (número de sucesos, número de víctimas mortales, coste de los daños) no tienen ningún sentido y el número bruto de desastres naturales tampoco. Hasta el escolar más distraído sabe que sólo se pueden sumar cantidades homogéneas. No se puede sumar una ola de calor con una inundación catastrófica para obtener dos desastres.

Un país de ciclones tropicales, como Estados Unidos, los clasifica en 6 grupos diferentes, lo que no ocurre con el Atlas Mundial.

Es preferible recurrir al número de muertes como indicador porque es algo homogéneo, cualquiera que sea el desastre y, por lo tanto, se pueden sumar. Pero no en todos los países los registros de defunción son fiables. La fiabilidad de los registros va mejorando en muchos países, por lo que no se deberían comparar las cifras de muertos por un tornado en 1970, con los de la actualidad.

Las muertes plantean otro problema serio: demostrar que han sido causadas por el desastre. Por ejemplo, el Atlas Mundial considera que el desastre más mortífero del mundo en los últimos 50 años ha sido la sequía de 1983 en Etiopía, que causó 300.000 muertos. Pero la sequía coincidió en el tiempo con una violenta guerra contra el gobierno progresista que mató al ganado, destruyó los equipos agrícolas, quemó las cosechas y mató de hambre sistemáticamente a poblaciones enteras. Los 300.000 muertos no se pueden atribuir, pues, a la sequía y, en consecuencia, es posible que no haya sido el peor desastre mundian de los últimos cincuenta años.

El coste de los daños es otra de las varas de medir que utiliza el Atlas Mundial, pero supone salir del terreno meteorológico para ir al económico, a los precios y a la inflación. La OMM pasa ampliamente de indicarlo siquiera.

Con el tiempo se han producido cambios en cada país. Unos son demográficos, otros suponen crecimiento del PIB y, finalmente, cada vez se implementan más medidas contra los desastres. Desde 1975, que el Atlas se toma como referencia inicial, la población mundial aumentó un 81 por ciento. Si la frecuencia y la violencia de las desastres naturales se hubieran mantenido constantes, el número de muertes también se habría duplicado. Sin embargo, el número de muertes ha disminuido un 67 por cien.

El coste de los daños está en función del desarrollo económico, de los edificios, fábricas, puentes o cultivos. A más desarrollo, más daños causará una inundación o un tornado. El Atlas de la OMM tampoco menciona esta circunstancia.

A pesar de las chapuzas, el Atlas Mundial coincide en el tópico posmoderno de la intimidación seudocientífica: el número de desastres naturales se ha quintuplicado. Es el típico documento destinado a la propaganda, a los medios y a comer la cabeza a los estudiantes menos atentos.

—https://public.wmo.int/en/media/news/atlas-of-mortality-and-economic-losses-from-weather-climate-and-water-extremes-1970-2019

El 80 por ciento de las muertes atribuidas al ‘covid’ en Escocia son de personas vacunadas

En el mes de agosto, el 80 por ciento de las personas que han muerto “por covid” en Escocia se habían vacunado, según los datos oficiales del Instituto Escocés de Salud Pública (PHS, Public Health Scotland). El programa de vacunación contra el coronavirus es, pues, un fracaso. Las vacunas no previenen la circulación del virus, lo cual es algo que ya estaba admitido, y aumentan el riesgo de hospitalización y muerte, en lugar de reducirlo.

Como los demás organismos públicos, el PHS presenta las cifras de manera que el asunto quede convenientemente tapado. En lugar de hacer un balance semana a semana, incluyen las muertes hasta el 29 de diciembre del año pasado. Según esos datos, hubo 3.102 muertes en la población no vacunada, 279 muertes en la población parcialmente vacunada y 298 muertes en la población totalmente vacunada. Parece, pues, que la mayoría de las muertes “por covid” se producen en la población no vacunada. En cosecuencia, las vacunas previenen las hospitalizaciones y muertes “por covid”, como era de esperar.

Sin embargo, esos datos incluyen el momento cumbre de la llamada “segunda ola”, cuando sólo el 9 por ciento de la población había recibido una dosis y sólo el 0,1 por ciento de la población total estaba totalmente vacunada. De ahí resulta que la mayor parte de los muertos y hospitalizados no estaban vacunados.

Pero el análisis tiene que ser mucho más fino, recurriendo a los informes más recientes en los que la mayor parte de la población ya está vacunada. De esa manera se deduce que entre el 5 y el 26 de agosto de este año el número de muertes atribuidas al “covid” ha sido el siguiente:

  • población no vacunada: 25 muertes
  • población parcialmente vacunada: 6 muertes
  • población totalmente vacunada: 92 muertes

Esto significa que en agosto de este año la población no vacunada representó sólo el 20 por ciento de las muertes atribuidas al “covid”, mientras que la población totalmente vacunada representó el 75 por ciento.

Entre el 19 y el 26 de agosto de este año el número de muertes atribuidas al “covid” se distribuye de la siguiente manera:

  • población no vacunada: 6 muertes
  • población parcialmente vacunada: 2 muertes
  • población totalmente vacunada: 34 muertes

Los porcentajes son, pues, aún más mayores: el 86 por ciento de las muertes “por covid” corresponden a personas vacunadas contra el “covid”.

La conclusión es que, en lugar de reducir el riesgo de muerte “por covid”, las vacunas lo aumentan en un 566 por ciento.

—https://theexpose.uk/2021/09/08/exclusive-80-percent-of-covid-19-deaths-in-august-were-people-who-had-been-vaccinated/

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies