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Día: 28 de agosto de 2021 (página 1 de 1)

Piratas informáticos canadienses revientan los pasaportes sanitarios de los políticos de su país

El ministro canadiense de Transición Digital, Éric Caire, declaró el martes que el código QR no podía ser falsificado ni copiado. Ayer, tres días después, un grupo de piratas informáticos ya lo habían reventado, apoderándose de sus datos sanitarios y de los de otros cinco políticos de Quebec.

Serían un hazmerreir, de no ser porque la información médica es confidencial y los piratas canadienses han demostrado, por si quedaban dudas, que se pueden recabar los historiales médicos de cualquiera.

Los pasaportes de vacunas carecen de seguridad; están a merced de los instrusos y, en consecuencia, pronto se convertirán en una mercancía apetecible para las compañías de seguros y las empresas que trafican con bases de datos.

“El apellido, el nombre, la fecha de nacimiento, el lugar de vacunación… Es fácil de conseguir. No es una información muy segura. Puedes descargar el código QR de cualquier persona”, explicaron los piratas, quienes añadieron que la configuración del sitio web facilita la captura de la información confidencial.

Los piratas canadienses mostraron la información relativa al Primer Ministro de Quebec, François Legault, de su ministro de Sanidad, Christian Dubé, y otros cinco miembros de su gabinete.

La acción demuestra que una persona que no se ha vacunado podría crear fácilmente una identidad digital falsa que le permitiera entrar en los locales para los que se exige el pasaporte sanitario, ya que los códigos QR no están asociados a una fotografía.

—https://www.journaldemontreal.com/2021/08/27/preuve-vaccinale-du-pm-piratee

Una ocupación militar rodeada por un cuento hadas: 20 años en la historia de Afganistán

Afganistán acabará siendo una leyenda, como Jauja, que fue una de las primeras ciudades fundadas por los colonizadores españoles en el actual Perú y acabó como sinónimo de prosperidad y abundancia. Pero no es seguro que los colonizados crean que por su calles corren ríos de leche y miel, como escribió el dramaturgo Lope de Rueda. Más bien al contrario.

El mundo moderno vive de las fantasías que alimentan los medios. Hasta Brzezinski admitió ante el Senado de Estados Unidos que la “guerra contra el terror” posterior a los atentados del 11-S era “una narrativa histórica mítica”. En tiempos de Nixon la “guerra contra las drogas” promocionó las drogas más que nunca; en los de Bush, la “guerra contra el terrorismo” ha llevado el “terrorismo” por todos los rincones.

La leyenda dice que en Afganistán todos los imperios han sido derrotados, en especial el soviético. Lo cierto es que las tropas del Ejército Rojo donde retrocedieron fue en Moscú, a causa de los manejos internos que se produjeron en el Kremlin durante la perestroika. Cuado abandonaron Afganistán, el “gobierno prosoviético” de Kabul se mantuvo por sus propias fuerzas durante varios años.

También dice la leyenda que, además de los talibanes, el Ejército Rojo se topó en el valle de Panshir con las fuerzas de Ahmed Massud, la Alianza del norte, a las que no pudo derrotar, como dice la Wikipedia. Lo cierto es que los soviéticos tampoco lo intentaron. Se limitaron a una serie de incursiones cortas, unas nueve, durante el primer periodo de su estancia en el país asiático.

Tras las incursiones, el KGB llegó a un acuerdo de alto el fuego con Massud. El ejército soviético cesaba sus ataques en Panshir y las tropas de Massud no volverían a impedir el tráfico militar a través del túnel de Salang, que conecta Kabul con el distrito militar del sur del Uzbekistán soviético, desde donde se dirigía la operación afgana.

El acuerdo se mantuvo hasta la retirada soviética de 1989, que se llevó a cabo a través del túnel de Salang precisamente, un auténtico embudo.

La Alianza del Norte era una plataforma muy frágil de grupos enfrentados. Varios países, como Irán y Rusia, la apoyaron y sin ellos se habría derrumbado. Fue perdiendo territorio a manos de los talibanes y, de no ser por la intervención de Estados Unidos tras el 11-S, los talibanes habrían acabado con ella muy rápidamente.

Massud: un león en el valle de los leones

En persa la palabra “panshir” significa “cinco leones” y Massud fue otro “león”, el último y más venerado de ellos. El Wall Street Journal lo calificó como “el afgano que ganó la guerra fría”. En Europa le adoraban más que en Panshir. En abril de 2001 fue invitado al Parlamento de Estrasburgo por iniciativa de su presidenta francesa, Nicole Fontaine. Los parlamentarios franceses le nominaron al Premio Nobel de la Paz. En septiembre de 2003, el correo oficial francés emitió un sello postal con su efigie, en conmemoración del segundo aniversario de su muerte. En marzo de este mismo año la alcaldesa de París concedía su nombre a una calle.

El Presidente Hamid Karzai le declaró “héroe nacional”.​ En 2012 el Parlamento afgano declaró como Día de los Mártires el 9 de septiembre, aniversario de su muerte.

Afganistán es así: los portavoces del imperialismo quieren mucho a unos y a otros los desprecian profundamente. El pretexto es que unos (talibanes) son islamistas y otros (Alianza del Norte) no. Lo cierto es que Massud inició su carrera política en los años setenta del siglo pasado dentro de un partido que se llamaba Sociedad Islámica (Jamiat-e Islami). El nombre oficial de la Alianza del Norte era “Frente Islámico Unido por la Salvación de Afganistán”. Si estuviéramos hablando de Siria, diríamos que Massud era un “yihadista moderado”.

Junto con otros señores de la guerra, el 24 de abril de 1992 Massud firmó el Acuerdo de Peshawar para establecer el Estado Islámico de Afganistán que debía suceder al “gobierno prosoviético” de Kabul. El islamismo de Massud y de su partido nunca fue un obstáculo para obtener el reconocimiento oficial de la Asamblea General de la ONU. Al “León de Panshir” le nombraron ministro de Defensa del nuevo gobierno.

Cuando en 1996 los talibanes le echaron de Kabul, Massud volvió al embudo de Panshir, que transformó en un estudio de televisión, hasta que dos falsos periodistas le mataron en un atentado suicida. Sólo faltaban dos días para el 11-S.

La leyenda cuenta que ambas acciones fueron obra de Al-Qaeda que, a su vez, vinculan a los talibanes en una especie de revoltijo característico de la nebulosa yihadista. La versión oficial es: Estados Unidos invade Afganistán porque el gobierno talibán daba refugio a Bin Laden y Al-Qaeda.

Esa versión oficial se contradice con otra, igualmente oficial: a Bin Laden no lo mataron en Afganistán sino en Pakistán. ¿Por que no invadieron Pakistán? O mejor todavía: ¿por qué invadieron los dos países?

Después de 20 años ya nadie cree la leyenda oficial del 11-S, aunque hay distintos grados de escepticismo: los que se creen muy poco y los que no se creen nada. El asesinato de Massud corre la misma suerte y, hasta la fecha, las únicas pistas conducen a… Bruselas, donde se celebró un primer juicio en 2003, seguido de otro en… París en 2005.

Maaroufi: un terrorista que concede entrevistas a los medios europeos

Aunque muchos se imaginan que estas cosas ocurren muy lejos, que son ajenas, los tentáculos llegaban hasta aquí. Massud había recorrido Europa en olor de multitudes y sus asesinos también. Los autores materiales eran dos belgas de origen tunecino. Carne de cañón. En el juicio celebrado en Bruselas condenaron por la muerte de Massud a otro belga de origen tunecino, Tarek Maaroufi, considerado como el inspirador del atentado.

Maaroufi era un yihadista muy conocido, no sólo porque en 1995 ya le habían condenado por tráfico de armas sino porque era frecuente verle hablar en la televisión. Incluso un periódico como El Mundo le entrevistó en 2016. Hay ciertos “terroristas” a los que los medios no hacen ascos en publicitar. Son capaces de llevar a las primeras planas de los informativos tanto al asesino (Maaroufi) como a su víctima (Massud).

En los viejos tiempos, o sea, antes de la loada Primavera Árabe, a Maroufi el gobierno de Túnez le perseguía por ser uno de los dirigentes yihadistas que preparaba los atentados en el norte de África, incluidos los del GIA argelino, que en los noventa estaba en su apogeo. La policía italiana le consideraba como cabecilla del GSPC, los salafistas que cometían las masacres por Europa.

En 2003 a Maaroufi le volvieron a condenar en Bruselas por segunda vez a seis años de cárcel y le privaron de la nacionalidad. En 2011 la Primavera Árabe llegó en su ayuda. En Túnez cayó una horrible “dictadura” y llegó la “democracia”, que liberó a ciertos “presos políticos” que, como Maarufi, habían luchado por ella (tanto en Túnez como en Europa).

Las leyendas son culebrones como estos, que empiezan en un remoto embudo del norte de Afganistán y terminan en Bruselas, sede de a Unión Europea y de la OTAN. ¿Será todo pura coincidencia?

Mueren dos japoneses por inyectarse las dosis de Moderna con partículas magnéticas fabricadas en España

Dos jóvenes japoneses han muerto tras recibir las vacunas de Moderna que formaban parte de los lotes fabricados en España por la empresa Rovi en Granada.

Dichas vacunas fueron suspendidas tras descubrir partículas contaminantes, según informó el sábado el Ministerio japonés de Sanidad. Se cree que los contaminantes encontrados en algunos viales en Japón son partículas metálicas, informó la NHK, citando fuentes del Ministerio japonés de Sanidad.

Los jóvenes, de unos 30 años de edad, murieron a los pocos días de recibir su segunda dosis de Moderna, dijo el ministerio en un comunicado. Cada uno recibió una inyección de uno de los tres lotes de fabricación española suspendidos el jueves.

Japón suspendió el uso de 1,63 millones de dosis de Moderna enviadas a 863 centros de vacunación de todo el país, más de una semana después de que el distribuidor local, Takeda Pharmaceutical, recibiera informes sobre contaminantes en los viales.

Hasta el 8 de agosto, 991 personas habían muerto en Japón tras recibir las inyecciones de la vacuna de Pfizer y 11 tras recibir la de Moderna. En los casos mortales notificados el sábado, cada uno de ellos tuvo fiebre al día siguiente de su segunda dosis y murió dos días después de contraer la fiebre. Se han notificado reacciones adversas con una frecuencia del 0,01 por ciento para la inyección de Moderna.

El Miisterio de Sanidad tranquiliza a la población asegurando no hay relación de causalidad entre las inyecciones y las muertes. Tampoco hay pruebas de que las vacunas contengan contaminantes, dijo un funcionario de dicho Ministerio a los periodistas. No se han identificado problemas de seguridad o eficacia y la suspensión de los lotes de Moderna fabricados en España sólo fue una precaución.

Fumie Sakamoto, directora de control de infecciones del Hospital Internacional St. Luke de Tokio, también advirtió que no debía establecerse una relación entre las inyecciones y las muertes registradas el sábado. “Puede que sólo haya una relación temporal entre la vacunación y la muerte”, dijo Sakamoto. “Hay muchas cosas que aún desconocemos para sacar conclusiones sobre estos dos casos”.

“En este momento no tenemos ninguna evidencia de que estas muertes sean causadas por la vacuna de Moderna”, dijeron la farmacéutica y su distibuidora en un comunicado difundido el sábado. “Es importante llevar a cabo una investigación formal para determinar si hay alguna conexión”.

Japón ha administrado más de 124 millones de inyecciones de las vacunas contra e coronavirus y tiene a casi la mitad de la población totalmente inoculada.

—https://www.japantimes.co.jp/news/2021/08/28/national/japan-moderna-vaccine-deaths/

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