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Mes: noviembre 2020 (página 14 de 15)

Sangre que no se desborda, juventud que no se atreve

Decenas de manifestaciones recorren todo el país, cientos de Jóvenes que se enfrentan a la Policía en los barrios obreros de Madrid, Barcelona, Vitoria, Logroño, Burgos, Alicante, Málaga, Sevilla… Miles de jóvenes descontentos que ven como su juventud se esfuma sin alternativa alguna, sin un lugar donde juntamos sin que seamos identificados, cacheados y detenidos.

Jóvenes perseguidos por la Policía del “gobierno del cambio”. Jóvenes perseguidos porque su delito es querer juntarse con sus amigos. Jóvenes que se convierten en peligrosos por hacer botellon. Pero los que no son peligrosos, son los 150 jerifaítes que estuvieron de fiesta con el Ministro de Sanidad el pasado domingo saltándose todas las medidas. En cambio, jóvenes y no tan jóvenes, sí que tenemos obligación de trabajar. De ir a nuestro puesto de trabajo en las condiciones que sean. De salir de nuestra casa al trabajo a primera hora y volver a última hora de la tarde. Eso sí, nada de divertirse, nada de ocio, nada de reunirse con amigos, nada de nada… El sueño húmedo del fascismo.

¿Respecto al ocio? Cientos de trabajador@s de la hostelería de nuestra ciudad ven como su puesto de trabajo pende de un hilo mientras no se vislumbra ningún cambio: les condenan al paro y al hambre. A cerrar. No saben qué va a ser de su vida. Y los únicos que sobrevivirán serán las grandes cadenas cuyos beneficios por explotar lícitamente son exorbitados.

Tampoco saben qué será de ellos los que han multiplicado por 5 las colas del hambre en Guadalajara. ¿Acaso alguien se ha lanzado en defensa de las necesidades de est@s trabajador@s? La juventud se ha lanzado a la calle harta de una izquierda irresponsable, que ha abandonado sus premisas y ha dejado en la estacada a millones de personas que, con la llegada del “gobierno más progresista de la Historia”, tuvo alguna esperanza.

Ahora, esta esperanza se diluye en porrazos, botes de humo y furgonetas de la UIP. Ni personal sanitario, ni profesorado, ni más seguridad en los puestos de trabajo. Nada. Sólo policía y Ejército en las calles. La juventud se enfrenta con piedras a las pelotas de goma. Como dijo Miguel Hernández: “Sangre que no se desborda, juventud que no se atreve, ni es sangre, ni es juventud, ni relucen, ni florecen. Cuerpos que nacen vencidos, vencidos y grises mueren: vienen con la edad de un siglo, y son viejos cuando vienen”.

Lejos de apoyar estas movilizaciones, la izquierda se ha lanzado a tacharles de neonazis, terraplanistas, negacionistas y un sinfín de adjetivos fabricados por el mass media. Como en numerosas ocasiones (incluído en el 15-M) intentaron adentrarse grupos fascistas. Pero no todo aquel que protesta porque le echan de su casa, del trabajo y porque no le dejan estar en la calle es un fascista.

No nos vamos a sumar a su represión. Desde este pequeño rincón de Guadalajara, no podemos más que mirar con simpatía las protestas contra esta situación que, lejos del barniz “progresista” de los miembros del Gobierno, recuerda a épocas funestas de nuestro país. No podemos dejar de apoyar a los miles y miles de jóvenes que se han plantado frente a las porras, cascos y escudos en Vallecas, Málaga, Barcelona, Burgos, Sevilla, Logroño, Bilbao, etc. Estos jóvenes: son la juventud de Miguel Hernández.

Desconocemos el rumbo que tomarán estas movilizaciones. Lo que sí vemos, es que la izquierda socialdemócrata se ha lanzado a criminalizarles de la misma manera que lo hizo el gobierno del Partido Popular. También vemos que ante un nuevo confinamiento, habrá quienes lo pasen en una mansión de cientos de metros cuadrados y quienes lo pasemos sin poder pagar la calefacción y con la amenaza del desahucio. Los últimos en aplicar un toque de queda en España fueron los fascistas del 23-F y los siguientes en aplicarlo los progresistas del «gobierno del cambio». Saquen sus propias conclusiones.

Centro Social Octubre

Ante las nuevas medidas de excepción

Después de una primera cuarentena en la que no podíamos salir de casa, con todos los trastornos que ello supuso para las familias trabajadoras: mientras la producción y la actividad en el trabajo seguía como si nada y sin apenas medidas de seguridad; después de ver cómo sacaban al ejército a la calle y la policía abusaba impunemente más a la luz del día que nunca; tras la segregación de los barrios obreros; ahora, nos imponen el toque de queda nocturno.

No aumentan los recursos sanitarios, ni paran la producción, ni mejoran el transporte público para que los obreros no vayamos hacinados al trabajo. Pero nos prohíben circular libremente durante la noche. Es una medida propia de economías de guerra, en la que se busca asegurar la productividad recortando al máximo las actividades fuera del trabajo para los obreros.

Además, refuerza el control de la población y permite que esta lo naturalice, para que lo puedan usar más fácilmente en el futuro cuando quieran reprimir y evitar movimientos de resistencia contra su régimen de explotación y miseria. Y además, ya sin tapujos ni vergüenza, nos dicen que con el nuevo estado de alarma podrán prohibir manifestaciones “si no se garantiza la distancia de seguridad”.

El derecho de manifestación, ya bastante raquítico en el Estado español, sufre un nuevo ataque de manos del “Gobierno progresista”, que se vale de la pura ambigüedad para tener un recurso legal más con el que evitar las movilizaciones y las protestas. Mientras tanto no han aprobado ni una sola medida sanitaria: no han aumentado el número de personal sanitario suficiente, desplazando y dejando morir a pacientes con otras patologías, no se han habilitado las camas que cerraron durante los años de recortes, la Atención Primaria de Salud sigue desbordada, no se ha reforzado el transporte público para evitar los contagios durante los trayectos y, por supuesto, siguen sin aplicarse políticas que aseguren la vida de los trabajadores no esenciales, por lo que se ven obligados a ir a trabajar poniendo en riesgo su salud.

Sin medidas sanitarias efectivas, las medidas de control no sirven para nada, salvo para hundirnos más en la miseria y sofocar cualquier intento de luchar por nuestras vidas. Pero no debilitan al virus. Nada de esto ha sucedido. Ante una crisis sanitaria de este calibre lo único que imponen son medidas represivas, dejando más evidente el carácter autoritario y antidemocrático del Régimen. Cada vez vienen más a cara de perro.

Saben que se vienen tiempos difíciles, que nos tienen preparado al pueblo trabajador más despidos, más desahucios, más hambre, más miseria. Y, antes de que nos levantemos contra ello, ya se están dotando de las herramientas para reprimirnos y sofocar nuestras luchas. No se lo permitamos. No podemos quedarnos de brazos cruzados. Debemos organizarnos y responder, no cedamos ni un centímetro. La desobediencia y la resistencia activa, la lucha en la calle, son el único camino para hacer valer nuestros derechos. Nos seguiremos manifestando y preparando para conquistar los derechos y libertades democráticas que desde 1939 nos niegan. Ahora más que nunca. La implementación y reforzamiento de medidas sanitarias salvan vidas; los recortes y la represión generan abandono y muerte. Movilización y lucha hasta conquistar medidas sanitarias efectivas y no represivas.

¡La represión no es la solución!
Movimiento Antirrepresivo de Madrid, 3 de noviembre de 2020

Los muertos durante la pandemia no alcanzan para inflar las estadísticas de fallecidos de Francia

Los medios se han convertido en el ladrón que sale gritando del banco “¡Al ladrón!” para aparentar que el autor del atraco es otro. Por eso han inventado los detectores de mentiras: los que mienten son los demás.

Lo acaba de hacer el periódico francés Liberation, que tiene un detector de mentiras al que llama “CheckNews” con el lema de “La verdad molesta”. El 29 de octubre Liberation incluía entre las mentiras (de los demás) que a lo largo de la pandemia en Francia no se había producido un exceso de mortalidad, como denuncian los herejes.

Sin embargo, los datos oficiales del INSEE, el instituto francés de estadísticas, no dejan lugar a dudas: en el país galo no ha habido en los nueve primeros de este año un exceso de mortalidad en comparación con años anteriores, por más que le pese a Liberation:

2017    470.557
2018    481.462
2019    480.363
2020    481.747

El viejo periódico de los “progres” galos, baluarte hoy de una deleznable reacción, reconoce que no se trata de los datos sino de la “interpretación” de los mismos. Parece que los datos dicen una cosa, pero bien mirados, dicen otra distinta.

Después de quitar y poner cifras de un sitio y de otro, el periódico francés concluye que en los primeros nueve meses del año en curso, el exceso de mortalidad ha sido en Francia de 30.000 fallecidos más que el año pasado.

Aceptando que “pulpo es un animal de compañía”, deducimos un promedio de unos 3.300 muertos más cada mes de pandemia en Francia. Que cada cual piense lo que quiera sobre si las draconianas medidas adoptadas durante la pandemia tienen alguna proporción con esa cifra.

Pero hay más. Como suele ocurrir, lo bueno llega al final, cuando el periódico confiesa: “No se sabe, por supuesto, cuántas de estas muertes pueden atribuirse al Covid-19”.

Sabemos que hay un excedente de 30.000 muertos pero no sabemos de qué han muerto. Podían haber empezado por aquí porque si realmente ha habido un exceso de mortalidad, la población debería estar muy interesada en conocer los verdaderos motivos de las mismas, sobre todo porque hay que prevenir que se reproduzcan en el futuro.

Si no sólamente no nos explican claramente la causa de dicho exceso de mortalidad, si es que existe, sino que además nos lo ocultan con explicaciones rocambolescas, entonces tenemos motivos más que sobrados para sospechar lo peor.

(*) https://www.liberation.fr/checknews/2020/10/29/les-donnees-de-l-insee-montrent-elles-vraiment-qu-il-n-y-a-pas-eu-de-surmortalite-liee-au-covid_1803730

Guerra económica entre España y Marruecos

Ha comenzado una guerra económica sin precedentes entre Marruecos y España, a raíz de las medidas adoptadas por las autoridades marroquíes para impedir las actividades de contrabando mediante la suspensión permanente de las actividades comerciales a través de los cruces de Ceuta y Melilla.

Madrid anunció recientemente la imposición de una multa de 700 dólares a los camiones que entraran en el territorio español con más de 200 litros de combustible, mientras que sólo se vigilaban los vehículos procedentes de Marruecos.

El periódico marroquí Akhbarna informó de que esas medidas coincidían con un período de exportación intensiva de productos agrícolas marroquíes a Europa, lo que causaba enormes pérdidas a las empresas de transporte marítimo internacional y afectaba a las fechas de entrega de las cargas a los clientes.

Marruecos respondió anunciando una nueva medida que exige que los camiones españoles muestren un contrato de asociación con una empresa marroquí para obtener el permiso para cruzar el territorio del reino.

Si se violan las nuevas normas, los vehículos españoles serán confiscados en el puerto de Tánger Med.

Esta decisión entró en vigor el martes.

ttps://www.monitordeoriente.com/20201029-signos-de-una-guerra-economica-entre-marruecos-y-espana/

La policía imputa a la ‘extrema izquierda’ la manifestación de Málaga contra el toque de queda

Dos supuestos miembros de un grupo “de extrema izquierda” fueron detenidos el domingo por la noche por su participación en las protestas que tuvieron lugar en la zona centro de Málaga, que incluyeron la quema de contenedores y que se enmarcan en las movilizaciones que desde el sábado se están produciendo contra el toque de queda decretado por el gobierno central.

Las detenciones se produjeron en torno a las 21.45 horas fueron realizados por efectivos de la Policía Local, que habían sido alertados por un ciudadano que señalaba que unos jóvenes habían incendiado dos contenedores en la plaza de La Marina, junto al edificio de La Equitativa.

Los policías se desplazaron al lugar y observaron que un grupo de jóvenes escapaba a la carrera. Los persiguieron hasta una zona de juego infantil situado en el paseo del parque, donde intentaron esconderse sin éxito.

Finalmente fueron interceptados S.P.C. y D.U.G., ambos de 18 años, a los que se les intervinieron una bandera comunista, un pasamontañas un encendedor y un rotulador.

El primero, presuntamente, incendió uno de los contenedores, mientras que el segundo hacía labores de vigilancia. Además, se investiga la participación de una tercera persona, a la que se señaló como la autora de los daños sufridos por un coche policial estacionado en la plaza de la Constitución al que le fracturaron un cristal.

Junto a los objetos aprehendidos, llamó la atención de la policía las serigrafías en las botas de los detenidos: una hoz y un martillo sobre las siglas CCCP -acrónimo de la Unión Soviética- y el símbolo de la anarquía. Esto refuerza la hipótesis de que forman parte de grupos de “extrema izquierda”.

Los detenidos fueron trasladados a la Comisaría Provincial acusados de un delito de incendio y daños, para su posterior traslado ante el juez.

La intervención policial viene a constatar que los incidentes que se están registrando en el país desde el sábado están siendo protagonizados por individuos de distintas ideologías y posicionamientos políticos; además de poner en un brete al Partido Comunista de Málaga, que horas antes había enviado un comunicado responsabilizando de los altercados ocurridos en la barriada de Huelin al “discurso de odio” de la extrema derecha.

El único individuo arrestado en estos primeros sucesos quedó en libertad con cargos tras prestar declaración ante el Juzgado de Málaga. El hombre, de 36 años, está investigado por los delitos de atentado a agente de la autoridad y delito leve de lesiones.

Al no conformarse el detenido con la condena solicitada por la Fiscalía, el asunto se ha remitido al Juzgado de lo Penal para celebración de juicio en marzo de 2021.

Los hechos ocurrieron en la noche del pasado sábado cuando una concentración convocada en las redes sociales contra las restricciones por el coronavirus, que no estaba comunicada ni autorizada, acabó en disturbios en la zona de Huelin.

Tras la previsión de la protesta, en la que participaron alrededor de 80 personas, se estableció un dispositivo policial. Los manifestantes se movilizaron por varias calles de la zona y provocaron diversos incidentes, destrozando parte del mobiliario urbano, ya que volcaron contenedores y algunos lanzaron objetos contra los policías.

El operativo policial de vigilancia, formado por la Policía Local y la Policía Nacional, se encontraba desplegado en el entorno de Tomás Echeverría desde las 21.30 horas, siendo a partir de las 22.30 horas cuando los participantes comenzaron a desplazarse hacia calle Ayala ocasionando a su paso desórdenes públicos y volcando un total de 12 contenedores -de basura y vidrio- y nueve papeleras. La situación quedó normalizada sobre la medianoche.

https://www.elmundo.es/andalucia/malaga/2020/11/02/5f9fe9fdfdddff18468bf4a5.html

La izquierda domesticada se pasa a las filas de la reacción pura y dura

Mientras el estado de guerra adoptó una apariencia epidemiológica, el debate se pudo mantener en el terreno de las especulaciones, las redes sociales y los comunicados. Pero siete meses después la confusión se ha volcado a la calle y adquiere otro carácter, muy distinto del anterior. Lo que antes parecían concepciones más o menos erróneas, se han convertido en un apoyo descarado al toque de queda.

Si tenemos en cuenta que esas fórmulas represivas son típicas de todos los Golpes de Estado que ha habido en la historia, la conclusión es obvia. Es una toma de posición evidente, no sólo a favor del gobierno, sino de la fascistización galopante, la salida del ejército a la calle y la liquidación pura y simple de todos y cada uno de los derechos y libertades.

En ese lenguaje ridículo que hoy hace furor, dado que en España disfrutamos de un gobierno “de izquierda”, quienes nos enfrentamos al mismo somos “la derecha” e incluso “la ultraderecha”, como ha expresado Pablo Iglesias e incluso Erkoreka, jefe de los de la porra en Euskadi: la izquierda abertzale se ha sumado a los negacionistas que, naturalmente, son “fachas”.

Tanto al PNV como al PSOE/Podemos les va a costar mantener su ecuación “negacionistas = fachas” (“fachas = negacionistas”, como Trump o Bolsonaro) en la medida en que sigan prolongando en el tiempo el estado de guerra para intentar contener lo que no es más que una expresión de hartazgo social y político que, por cierto, no es de ahora, de la pandemia, sino que lleva décadas acumulándose.

En 2011 lograron contener y desviar ese malestar con el invento de Podemos, el legalismo y la gesticulación vacía. Ahora la crisis tiene otra envergadura mucho mayor por un motivo evidente: porque su origen no está en ningún virus.

Con el propósito de justificarse a sí mismos, los distintos gobiernos, tanto el central como algunos autonómicos, desatan una ola de represión típicamente fascista y acusan de fascismo a los que se oponen a ella. Es un cambio notable desde que en 1955 los franquistas impusieron el primer estado de excepción y su Ley de Orden Público.

Mientras tanto, quienes deberían salir a la calle a defender las libertades y derechos más elementales se quedan en casa con el pijama puesto por “responsabilidad”, para evitar “contagios” y seguir comiendo la sopa boba. Al quedar sorprendidos por las movilizaciones, adoptan la postura de la zorra y las uvas de la fábula: no están maduras. Los que salen a la calle ya no son los mismos de siempre.

Entonces vuelven a cambiar las etiquetas de sitio: es el lumpen, gentuza… Cualquier desprecio es bueno con tal de justificar la posición que han adoptado de sostener a ultranza el fascismo y el estado de guerra, dejando las calles y las protestas en manos de otros.

Su última contribución es la de desviar la atención del Estado y el gobierno, que son los responsables del toque de queda, hacia unas siglas u otras. Se pasan la vida luchando contra siglas, símbolos y estandartes para encubrir que la represión procede de los aparatos represivos oficiales.

No es que ahora la calle haya pasado a manos de los fascistas; es que la izquierda domesticada se la ha servido en bandeja porque, por encima de todo, hay algo más que evidente: la lucha contra el actual estado de guerra está más que justificada y quienes se quedan en casa con el pijama puesto son cómplices de esta ola de represión.

‘Mi cuñada no murió de covid, murió por abandono en su casa sin recibir atención médica presencial’

A Soledad Torrado se le quiebra la voz cuando piensa en los últimos días de vida de su cuñada Julia Rangel, de 47 años y vecina de Aceuchal (Badajoz). En menos de una semana, cuenta Torrado, pasó de tener un simple malestar a superar los 39 grados de fiebre, sufrir asfixia, echar espuma por la boca y delirar. Tras dar positivo el día 13 de octubre por coronavirus junto con su marido José Manuel y su hijo Ismael, se confinó en su casa a la espera de una pronta recuperación, pero su situación, precisan varios familiares, no paró de empeorar. Pese a las reiteradas llamadas al centro de salud, dicen sus allegados, no recibieron una visita de un médico hasta el 18 de octubre, cuando ya era demasiado tarde. “Ese día, primero por teléfono, la doctora le dijo que esos síntomas eran de los nervios, que se tomase otro trankimazin [medicamento que la ya fallecida tomaba desde hacía años por prescripción médica]. Volvieron a llamar porque no mejoraba y cuando fue por fin a su casa les dijo: ‘Ahora sí que está mal’”, cuenta Torrado, que ejerce de portavoz de la familia. Media hora más tarde de ese episodio, y tras llevarla en ambulancia al hospital Tierra de Barros (Almendralejo, Badajoz), Rangel murió.

Como queja, Ana Belén Rosa, nuera de Rangel, envió este lunes una carta al consejero de Salud de Extremadura, José María Vergeles, donde relataba lo sucedido y le solicitaba que se abriera un expediente disciplinario y sancionador a los responsables “que omitieron las llamadas reiteradas”. La Junta de Extremadura solicitó este jueves al Servicio Extremeño de Salud (SES) que abra una investigación para esclarecer los hechos. En un comunicado, la Junta reiteró “su puesta a disposición de la familia de la fallecida”. No obstante, los familiares precisaron que ni el consejero de Salud ni el centro médico han contactado con ellos.

La familia, que está estudiando poner una denuncia contra el SES, afirma que ha intentado contactar con el centro médico para conocer el nombre de la doctora que supuestamente cometió la negligencia, pero los responsables, asegura Torrado, desconocen quién estaba de guardia el día que falleció. “Me dijeron que lo mejor que podía hacer era rellenar una hoja de reclamaciones. ¿Lo ves normal? Como si fuera un bar y la comida estuviera mala”, comenta la familiar. Preguntada por estos detalles, la Junta de Extremadura respondió que, hasta no terminar la investigación, prefieren guardar silencio.

La familia asevera que desde el primer momento que Rangel se encerró en casa, el centro de salud “le daba largas” diciendo que sus dolencias eran comunes y que, al ser joven y no tener patologías previas, no era una persona de riesgo. “En una ocasión la médico le dijo a mi hermano que, cuando dieran todos negativos, lo que tenía que hacer era llevar a mi cuñada a un psiquiatra”, cuenta Torrado.

La afectada llegó sola al hospital, su marido y su hijo Ismael se tuvieron que quedar en casa al ser positivos. Cuando sus otros dos hijos, José Manuel y Francisco Javier, alcanzaron el hospital Rangel ya había muerto. “Llegué allí y me encontré a uno de ellos y se me tiró al cuello. Los médicos le acababan de comunicar cómo había muerto mi cuñada, pero estaba paralizado. Me dijo: ‘Tata, solo sé que mi madre está muerta’”, cuenta Torrado, que no deja de pensar que si un doctor hubiera visitado a su familiar un solo día antes, aún seguiría viva. “Es muy duro. Pensar en mi sobrino Ismael de 22 años limpiándole, como estuvo haciendo, la espuma de la boca a su madre y que la doctora le dijera a mi hermano por teléfono que eso era de los nervios”, dice.

Las personas cercanas a Rangel no dudan de la valentía y dedicación del resto de médicos. “En el hospital Tierra de Barros lo dieron todo por salvarla, pero era tarde. Nos preguntaron si queríamos hacerle la autopsia para conocer de qué había muerto, pero dijimos que no. Todos lo sabemos. Mi cuñada no ha muerto de covid, ha muerto por abandono”.

El Ayuntamiento de Aceuchal ha puesto una queja ante las autoridades sanitarias extremeñas por la “situación deficitaria de la atención primaria en la localidad”. En una misiva dirigida al consejero de Salud, José María Vergeles, el Consistorio ha mostrado el malestar general que ha provocado la muerte de Julia Rangel. El alcalde, Joaquín Rodríguez, señala que los vecinos no dejan de quejarse “por la atención que se les presta en el centro de salud”, donde los médicos están “desbordados”, cuentan con una sola línea de atención telefónica y una única ambulancia para más de 5.500 vecinos. “Están asustados e impotentes ante la falta de medios para ser atendidos”, explica Rodríguez. Soledad Torrado se queja: “La ambulancia tardó muchísimo y solo iba el conductor. Mi hermano y mi sobrino, ambos con covid, tuvieron que salir a la calle para ayudarle porque solo no podía. Si hubiera llegado antes tal vez mi cuñada se habría salvado”.

https://elpais.com/sociedad/2020-10-23/mi-cunada-no-murio-de-covid-murio-por-abandono.html

Profetas, científicos y medios de comunicación

“Sí, pero ¿sabe usted una cosa…? ¡He fingido ser profeta!” (Henrik Ibsen. Peer Gynt. Acto V. 1867)

Y así andamos, de profetas en profetas como en la obra de Ibsen, profetas, los cuales anuncian grandes males si no cumplimos con los sagrados deberes que imponen “manu militari” desde los vértices políticos, económicos y mediáticos. Una troupe de científicos y periodistas que nos emiten permanentemente la máxima de “sé razonable”, apropiándose de la razón como si fueran sus amos absolutos.

Max Horkheimer, el autor de Crítica de la razón instrumental, en el prefacio de la segunda edición en alemán (1) anota: “Si bien la obediencia a Dios ha servido siempre como medio para conquistar sus favores, y por otra parte como racionalización de todo tipo de dominio, de expediciones conquistadoras y de terrorismo, los iluministas, tanto teístas como ateístas, interpretaron los Mandamientos, a partir de Hobbes, como principios morales socialmente útiles, destinados a fomentar una vida en lo posible libre de tensiones, un trato pacífico entre iguales, y el respeto del orden existente. Liberada de connotaciones teológicas, la sentencia “sé razonable” equivale a decir: observa las reglas… La razón se realiza a sí misma cuando niega su propia condición absoluta”. Y, en caso de no seguir las reglas, para esto están los aparatos coactivos del supuesto Estado de Derecho el cual, siguiendo las órdenes emanadas desde otras instancias se olvidan de sus cacareados Derechos Fundamentales.

Horkheimer, en su estudio titulado Observaciones sobre ciencia y crisis (1932), ya lo tenía claro: “La ciencia moderna tiene el papel de un medio de producción, y por este motivo, funciona para Estados y empresas burguesas” (2).

Volviendo a la obra antes citada (Crítica de la razón instrumental) nos anota: “Cuanto más pierde su fuerza el concepto de razón, tanto más fácilmente queda a merced de manejos ideológicos y de la difusión de las mentiras más descaradas” (3).

“El intelecto humano, que tiene orígenes biológicos y sociales, no es una entidad absoluta, aislada e independiente. Sólo fue declarado como tal a raíz de la división social del trabajo, a fin de justificar esta división sobre la base de la constitución natural del hombre. Las funciones directivas de la producción —dar órdenes, planificar, organizar— fueron colocadas como intelecto puro frente a las funciones manuales de la producción como forma más impura, más baja del trabajo, un trabajo de esclavos” (4).

Para analizar y poder hacer frente a este gran experimento de comportamiento y control social que estamos viviendo, es preciso no perder la memoria ni el hilo conductor de la constante lucha de clases, en la cual, el proletariado está cada vez más abatido y humillado. Y razonar, indispensable para disponer de las bases argumentales, teóricas, sobre las cuales construir la fuerza organizativa que se oponga a la ofensiva del capital, razonar para pensar, aunque como dice Gómez Pin: “Pero pensar es durísimo, supone vencer constantemente la inercia y la costumbre, supone vencerse constantemente a sí mismo” (5). Aunque sea una tarea ardua, conocer, estudiar, analizar, sacar las propias conclusiones es un antídoto eficaz contra las epidemias ideológicas que van paralelas a la destrucción de puestos de trabajo, a la precariedad, a la humillación, a la represión.

El actual ministro de sanidad de Gran Bretaña, Matt Hancock, cuando en 2017 era ministro británico de Digital, Cultura, Medios y Deporte, pronunció un discurso durante una reunión del Grupo Parlamentario Tory sobre la Cuarta Revolución Industrial. Unos fragmento de dicho discurso nos pueden dar ciertas claves de lo que se estaba preparando:

“Una de las funciones del Parlamento es adelantarse y abordar los grandes desafíos de nuestro tiempo… La naturaleza de las tecnologías es materialmente diferente a lo que ha sido antes. En el pasado, pensamos en el consumo como algo único y en la inversión de capital como aditivo.

… Estoy encantado de hablar junto a tantos colegas impresionantes que realmente entienden esto, y junto al profesor Klaus Schwab, quien literalmente ‘escribió el libro’ sobre la 4ª Revolución Industrial. Su trabajo, que reúne a las mejores mentes del planeta, ha informado lo que estamos haciendo… Nuestra estrategia digital, integrada en la estrategia industrial más amplia, establece los siete pilares sobre los que podemos construir nuestro éxito”.

¿Quién es Klaus Schwab? Ni más ni menos que el fundador y presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial, quien, como lo mencionó Hancock en su discurso de 2017, escribió el libro sobre la Cuarta Revolución Industrial. Schwab anunció la “Iniciativa del Gran Reinicio” del Foro Económico Mundial en junio de 2020. Schwab en su libro “COVID-19: The Great Reset”, coescrito con Thierry Malleret publicado en español en septiembre de 2020, señala: “Si ninguna potencia puede imponer el orden, nuestro mundo sufrirá un ‘déficit de orden global’. A menos que las naciones individuales y las organizaciones internacionales logren encontrar soluciones para colaborar mejor a nivel global, corremos el riesgo de entrar en una ‘era de la entropía’ en la que la reducción, la fragmentación, la ira y el provincianismo definirán cada vez más nuestro panorama global, haciéndolo menos inteligible y más desordenado” (6).

La investigación del periodista James Corbett de 16 de octubre de 2020, analiza las propuestas de The Great Reset (el gran reinicio) llegando a la conclusión que el “gran reinicio” no tiene nada que ver con virus ni pandemias ni salud pública. Que es un proyecto de largo alcance construido desde hace años. Y que una vez amansados los movimientos sociales de protesta, crear una caricatura de democracia traspasando el poder real a nivel global y en muy pocas manos: “Es una toma de poder de magnitud sin precedentes, e involucra la reestructuración de clases sociales para desmantelar la democracia, borrar las fronteras nacionales y permitir el gobierno de las comunidades a distancia por parte de un grupo de líderes no electos… es una agenda tecnocrática que busca integrar a la humanidad en un aparato de vigilancia tecnológica supervisado por una poderosa inteligencia artificial”.

El 29 de octubre la web Bitcoin publicaba un artículo con el título de “Una mirada a la agenda fascista detrás del Gran Reajuste” en el cual desvela que “Hace menos de dos semanas el director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) pidió un ‘nuevo momento de Bretton Woods’. Mientras tanto, el FMI no es la única entidad que está presionando por un ‘gran reinicio’, ya que el Foro Económico Mundial (FEM) y otras entidades principales han estado promoviendo la propaganda del reinicio financiero. El status quo prepara el ‘gran reinicio’ a través de una intensa propaganda” (7).

Propaganda, es la palabra clave en todo este entramado, pues. “¿Y para quién no es placentero contemplar en la pequeña pantalla como los males se ceban en los otros, desde la seguridad que ofrecen las cuatro paredes del hogar, debidamente protegido por una puerta blindada?” (8).

“La incertidumbre del saber se compensa con un acentuado no-querer-saber. Esto permite posponer ad calendas graecas la cosa y emplear de otra manera el biotiempo ganado. Ver la cosa de un golpe, de una sola mirada… le ahorra biotiempo al receptor de un mensaje; pero el ahorro se hace a costa de la reflexión, y habría que preguntarse si el ahorro vale el precio que se paga por él” (9).

“El fascismo, y sobre todo la sociedad nazi, glorificaron la técnica, hasta el punto de plantearse el exterminio científico de 100 millones de europeos. Los defensores actuales de las tecnologías, viejos y jóvenes, debieran tener en cuenta estos hechos históricos” (10).

En esta epidemia de propaganda salvaje, falaz y emfermiza se arremete contra aquellos que ponen dudas e interrogantes a la multitud de incógnitas y los caracteriza con el apelativo de paranóicos o cosas por el estilo. Nada nuevo bajo el sol, el periodismo canalla está acostumbrado a estos quehaceres desde hace muchísimos años . Ya Horkheimer, en su Crítica a la razón instrumental aludía a ello con las siguientes palabras: “Como en los días de la magia, cada palabra es considerada una peligrosa potencia capaz de destruir la sociedad, hecho por el cual debe responsabilizarse a quien la pronuncia. Por consiguiente, bajo el control social se ve muy menguada la aspiración a la verdad” (11).

Propaganda que viene avalada por firmas de científicos eminentes o no eminentes, pero todos con estrechos lazos en el mundo corporativo, ya sea biotecnológico, químico, farmacéutico y en muchas ocasiones militar; defensores todos ellos de la “neutralidad de la ciencia”. Ante tales desmanes se alzan voces por parte de otros científicos, sin intereses económicos a defender y críticos con la subordinación al capital.

“Lo que aquí se cuestiona es si la ciencia no debe revisar supuestos de otro orden que están en la base de sus prácticas: su modo de apropiación del saber, su modo de cortarlo y aislarlo de la comunidad de la cual lo extrae para encerrarlo asépticamente en un laboratorio… ¿No es hora de que un aire de democracia barra esos ambientes viciados de elitismo?

Así, la neutralidad planteada como virtud por la ciencia clásica deviene intencionalmente falaz ya que desde esta posición puede realizarse cualquier tipo de aplicación —desde bombas guiadas por láser o armas bacteriológicas hasta satélites de comunicación— sin el riesgo de ser estigmatizado por la sospecha de alianza con el poder. Lo que hasta aquí se expuso puede sintetizarse de este modo:

a) En primer lugar, la neutralidad ética de la ciencia pertenece al orden del discurso y no así a sus prácticas que aparecen siempre vinculadas a intereses de grupos de poder.
b) Además, la proclamada neutralidad científica no se limita sólo al ámbito de la ciencia pura, sino que ‘avanza’ sobre áreas de aplicación tecnológica configurando el orden tecnocrático de los especialistas” (12).

La producción de conocimiento, la dirección de la investigación, los procesos de desarrollo científico están estrechamente ligados a procesos productivos. La reducción de los datos empíricos a meros hechos, sin conexión con lo social, lo político y lo económico, es un método que hay que romper para poder realmente hacer teoría. La crítica debe caer tanto sobre la teoría como sobre el conocimiento.

“Bajo una visión marxista, la Teoría crítica presenta a la ciencia como un momento histórico que depende de relaciones de trabajo, es decir, que depende de las actividades del hombre en la historia. La actividad científica es histórica y no puede dejar de serlo” (13).

La ciencia también funciona como creadora de valores y cuando está al servicio del capital cumple un rol ideológico de primera magnitud. Pero este tipo de ideología, desde el análisis marxista, podemos denominarla como la táctica de representar lo irreal mediante una negación de lo real y haciendo de lo irreal lo real.

Así, en los momentos actuales, la caracterización de fascismo a todo el entramado alrededor de la pandemia, prometiendo un mundo feliz una vez hayamos acatado todas las órdenes y nos hayamos sometido al dictado de la técnica, hayamos clamado por más medicamentos –en lugar de más salud-, no es tanto un apelativo despectivo sin base analítica, sino un modo determinado de funcionamiento técnico e ideológico en el cual podríamos parafrasear las palabras de Marinetti, uno de los fundadores del fascismo italiano en los años 20 del siglo pasado: “Después del reino animal, he aquí que da inicio el reino mecánico. Con el conocimiento y la amistad de la materia, de la cual los científicos no pueden conocer más que las reacciones físico-químicas, nosotros preparamos la creación del hombre mecánico de refacciones intercambiables. Nosotros lo liberaremos de la idea de la muerte, y por ende, de la muerte misma, suprema definición de la inteligencia lógica” (14). Palabras nada alejadas de las pronunciadas con motivo de la concesión del premio Nobel de Quimica relativas a la posibilidad de “editar” personas humanas según las necesidades de la reproducción del capital.

Enfrentarnos hoy a esta gran ofensiva coordinada por Profetas, Científicos y Periodistas, no es tarea fácil. Los que nos arriesgamos a ello seremos anatematizados, perseguidos, acosados y condenados al fuego eterno, mientras que los mansos, los elegidos para este gran experimento de control social nos miraran a semejanza de lo escrito por Santo Tomás de Aquino en Summa Theologiae en referencia a los condenados a sufrir torturas en el infierno y a los que se ven libres de ellas: “… ut de his electi gaudeant, cum in his Dei iustitiam contemplantur, et dum se evasisse eas cognoscunt” (“… a fin de que los elegidos se regocijen frente a ellos, al contemplar en ellos la justicia de Dios y al reconocer que ellos han escapado a semejante destino”).

De forma similar, los modernos científicos tomistas junto a la tropa política que los acompaña, nos augoran un trágico destino a quienes no deseamos ser elegidos para las aventuras biotecnológicas de los modernos dioses científicos. Estudiemos, pensemos, razonemos, actuemos, y así tal vez nos salvemos.

(1) Zur kritik der instrumentellen vernunft. Mai 1967 S. Fischer Verlag, Frankfurt am Main
(2) Max Horkheimer, Observaciones sobre ciencia y crisis, en Teoría crítica, p. 15.
(3) Max Horkheimer. Crítica de la razón instrumental. Editorial Sur, 1973. Pág. 26.
(4) Íb. Pág. 52
(5) Víctor Gómez Pin. Reducción y combate del animal humano
(6) https://www.amazon.es/COVID-19-Gran-Reinicio-Klaus-Schwab/dp/2940631158/ref=pd_lpo_14_img_0/262-3963456-4170850?_encoding=UTF8&pd_rd_i=2940631158&pd_rd_r=66eb25ae-645d-4a98-b95b-4f119b9697c1&pd_rd_w=DQpJQ&pd_rd_wg=kbrUd&pf_rd_p=4221015a-01c7-4a3d-a84d-985d938e9995&pf_rd_r=J9CVBQXVFMJ7EWZ7CZ9A&psc=1&refRID=J9CVBQXVFMJ7EWZ7CZ9A
(7) https://news.bitcoin.com/a-look-at-the-fascist-agenda-behind-the-great-reset-and-the-wefs-reboot-propaganda/
(8) Vicente Romano. El tiempo y el espacio en la comunicación. Pág. 298
(9) Vicente Romano. El tiempo y el espacio en la comunicación. Pág. 380
(10) Vicente Romano. El tiempo y el espacio en la comunicación. Pág. 425
(11) Crítica de la razón instrumental. pág. 25
(12) Angelina Uzín Olleros. Ciencia neutra versus ciencia crítica
(13) http://www.agoraphilosophica.com/Agora29-30/agora29-30.florito.pdf
(14) Filippo Tommaso. Marinetti (Manifiesto técnico de la literatura futurista. Milán, 11 de mayo de 1912

(*) La imagen de portada corresponde a Matt Hancock, ministro británico de Sanidad

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