Por primera vez China ha activado la “ley de antibloqueo” contra las sanciones estadounidenses, lo que supone un punto de inflexión en la guerra económica entre ambos países. En un comunicado emitido el 2 de mayo de 2026, el Ministerio de Comercio de China ha dado el gran salto adelante desde la aprobación de sus normas antisanciones de 2021.
El Ministerio ordena a todas las empresas y ciudadanos chinos que no reconozcan, implementen ni cumplan las sanciones estadounidenses impuestas a cinco refinerías chinas independientes acusadas de comprar petróleo iraní.
La decisión coloca a las empresas multinacionales en un dilema: si cumplen con las sanciones estadounidenses, van a ser procesados en China, y a la inversa.
Es un endurecimiento significativo de la estrategia de China frente a la ilegalidad y el alcance extraterritorial de la legislación estadounidense. Las sanciones, dice el Ministerio, constituyen un “uso injustificado e inapropiado” del derecho internacional, por lo que ordena explícitamente a todas las empresas chinas que no las reconozcan, que no las apliquen y que no las cumplan. Las cinco refinerías afectadas deberán seguir operando con normalidad.
Las refinerías chinas independientes, apodadas “teteras” por su pequeño tamaño y flexibilidad, son un eslabón clave en el comercio paralelo de petróleo. Han aumentado significativamente sus importaciones de crudo iraní en los últimos años, eludiendo parcialmente las sanciones estadounidenses.
Estados Unidos acusa a las cinco refinerías chinas de financiar los programas nucleares y de misiles balísticos de Irán mediante estas compras. Por consiguiente, para cortar una fuente vital de ingresos para Teherán, Washington decidió sancionarlas.
Hasta ahora, Pekín se había limitado a condenas diplomáticas. Ahora ha impuesto una muralla económica. La guerra económica entra en una nueva fase, más abierta.
La activación de la “ley antibloqueo” es un verdadero quebradero de cabeza para bancos, aseguradoras y grupos internacionales expuestos al dólar: cualquier banco que se niegue a financiar transacciones con estas refinerías chinas se arriesga a sufrir consecuencias legales en China.
A la inversa, cualquier institución que continúe trabajando con ellos corre el riesgo de ser objeto de sanciones secundarias estadounidenses, sobre todo la prohibición de acceso al sistema financiero de Estados Unidos.
El mercado internacional ha quedado fragmentado definitivamente: o las empresas aceptan la legislación estadounidense y su alcance extraterritorial, o se someten a la legislación china.
El clima internacional no puede ser más tenso: guerra comercial, restricciones tecnológicas, rivalidad en el Mar de China Meridional y, por supuesto, profundos desacuerdos sobre la guerra contra Irán.
Por supuesto, China defiende sus intereses, asegurando el suministro de petróleo, y además envía un mensaje a sus socios comerciales y a los países en desarrollo: en Pekín están dispuestos a proteger a sus empresas frente a la jurisdicción extraterritorial estadounidense.
Para Estados Unidos, la medida complica aún más la aplicación efectiva de sus sanciones contra Irán, que ya se eluden en gran medida mediante canales paralelos.
Asistimos al fin gradual del monopolio occidental sobre las reglas del juego del mercado internacional, donde varias potencias han venido imponiendo sus propias normas a los demás.
Con sus propios bloqueos y sanciones, que en gran medida no ha aplicado, la Unión Europea queda a la espera porque la decisión china podría alentar a otros Estados a seguir el ejemplo ante las sanciones unilaterales.
Las multinacionales, los bancos y los gobiernos de todo el mundo tendrán que aprender a desenvolverse en un mercado cada vez más fragmentado y enfrentado.