El presidente argelino tiende la mano a Mali

El levantamiento del 25 de abril prueba que el imperialismo ha decidido intervenir en el Sahel desde su punto más débil, que es Mali. El ejército francés estuvo en la región durante años con el pretexto de la “lucha contra el terrorismo” y de la noche a la mañana, tras la llegada de los rusos, el lenguaje ha cambiado. Los terroristas de antes ahora son libertadores.

Al gobierno argelino el cambio político en Mali también le sorprendió con el pie cambiado y las relaciones entre ambas partes son pésimas desde entonces, lo que ha afectado al Sáhara y a Marruecos. Argel tiene menores relaciones con los terroristasa que con la junta militar de Bamako.

El presidente argelino, Abdelmadjid Tebboune, ha tratado de mejorar ese clima durante una rueda de prensa periódica, transmitida el sábado por la televisión pública. Tebboune se ofreció como mediador entre ambasa partes, si la junta militar de Bamako se lo solicita.

Tebboune estableció una clara distinción entre Assimi Goita, el dirigente de la transición maliense, y los demás miembros de la junta militar, cuyas posturas hostiles han contribuido al deterioro de las relaciones diplomáticas.

Esta interpretación contrasta notablemente con el discurso habitual de Argel, que hasta ahora se había abstenido de diferenciar públicamente a Goita de los demás miembros de la junta militar.

El jefe de Estado argelino considera que la situación en Mali se encamina hacia una inestabilidad duradera y que el uso exclusivo de la fuerza militar no puede ser una respuesta suficiente a la crisis. Hizo un llamamiento a adoptar un enfoque basado en el diálogo con la población local.

La oferta de diálogo de Argel se produce en un momento de tensión sin precedentes en las relaciones entre ambos países. El sábado Mali se retiró oficialmente del Comité Ejecutivo Conjunto (CEMOG), una estructura de cooperación antiterrorista creada en 2010 y con sede en Tamanrasset, que también incluía a Mauritania y Níger. Esta retirada priva a ambos países de un marco de coordinación de seguridad que había estado activo durante quince años a lo largo de su frontera común de casi 1.400 kilómetros.

Bamako también había denunciado el Acuerdo de Argel de 2015, del que Argelia era el principal garante, tras un deterioro gradual de las relaciones diplomáticas marcado por los enfrentamientos verbales en la ONU y los incidentes fronterizos.

A finales de abril el ministro de Asuntos Exteriores argelino, Ahmed Attaf, reiteró el apoyo de Argel a la integridad territorial e institucional de Mali.

El Sáhara es el nudo gordiano del Sahel

Poco antes del reciente levantamiento en Mali, la junta militar de Bamako retiró oficialmente su reconocimiento a la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) para apoyar la soberanía de Marruecos, lo que estuvo acompañado del restablecimiento de relaciones diplomáticas con Israel.

Mali “apoya el plan de autonomía propuesto por Marruecos como la única base seria y creíble para resolver esa disputa y considera que la autonomía genuina bajo soberanía marroquí es la solución más realista”. La nueva postura fue proclamada por Abdoulaye Diop, el ministro de Asuntos Exteriores, tras una reunión con su homólogo marroquí.

Por el contrario, Burkina Faso, uno de los principales aliados de Mali en el Sahel, ha abierto un consulado en la RASD, lo que demuestra que la estrategia a largo plazo de la alianza de los tres países del Sahel (Mali, Burkina Faso y Níger) no es coherente.

Para Mali, la retirada del reconocimiento a la RASD fue un giro radical en su política regional. De esa manera creyeron propinar un golpe a Argelia e impedir que Marruecos apoyara a los yihadistas.

Tuaregs y bereberes

Los tuaregs se han asociado a los yihadistas malienses en el levantamiento del 25 de abril, lo que también ha tensado las relaciones entre Mali y Argelia.

La población del norte de Mali (Azawad) está emparentada con los bereberes, que representan el 30 por cien de la población argelina. Apoyando la independencia de Azawad, Argelia quiere ganarse a sus bereberes y crear zona de amortiguación entre Argelia y el Sahel, conteniendo los procesos desestabilizadores (yihadismo, contrabando, delincuencia) lejos de las fronteras.

Marruecos aparece como el país más beneficado por estos movimientos, verdadero baluarte del imperialismo en el Sahel y el Estrecho de Gibraltar. La declaraciones en contra de la RASD y en favor de su sobernía sobre el Sáhara están aumentado en Estados Unidos y la Unión Europea, incluyendo a España.

Sin embargo, tanto Francia como Argelia respaldan el proyecto de un Azawad independiente, un castillo de naipes que puede caer en el momento más insospechado, afectando a las posiciones coloniales de España en la región, es decir, a Canarias, Ceuta y Melilla.

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