Las grandes multinacionales dictan la política sanitaria mundial a la OMS

Según sus estatutos, los ingresos de la OMS (Organización Mundial de la Salud) deberían proceder de los Estados miembros, cuya contribución depende del número de habitantes y el Producto Interior Bruto de cada uno de ellos.

Esa fuente pública de financiación se secó en 1980 cuando los imperialistas introdujeron en la ONU la política de crecimiento real cero, que en 1993 se convirtió en crecimiento nominal cero.

A partir de entonces la OMS ha tenido que recurrir a las “aportaciones privadas voluntarias” cuyos donantes pueden destinar sus fondos a las finalidades específicas que deseen. En otras palabras: quien decide el destino del dinero no es la OMS sino esos “donantes privados”, o sea, las multinacionales de la farmacia: Bayer, Glaxo, Merck, Novartis, Sanofi…

Si en 1970 las “aportaciones privadas” representaban la cuarta parte del presupuesto de la organización, en 2008 ascendían casi al 80 por ciento.

Los “donantes privados” tienen la última palabra en Ginebra; de ese modo imponen la política sanitaria mundial.

Las multinacionales de los fármacos son sólo la punta del iceberg de una industria “de la salud” que está absolutamente corrompida. Junto a ellas hay que poner a los fondos de inversión de alto riesgo que especulan con los tratamientos farmacológicos. La biotecnología moderna es inseparable de especuladores de esa calaña.

Un tercer tipo de buitres carroñeros que controlan la “salud” mundial con su dinero son “benefactores de la humanidad” harto conocidos: Soros, la Fundación Rockefeller y, especialmente, Bill Gates, que es quien más fondos aporta: 327 millones de dólares.

En Ginebra a Bill Gates le llaman “el médico más poderoso del mundo”. Ha sido la primera persona que ha pronunciado un discurso de apertura de la Asamblea Mundial, el máximo órgano de la OMS. En 2017 la designación del etíope Tedros Adhanom Ghebreyesus a la cabeza del organismo mundial la hizo su padrino Gates.

Si algún día tienen Ustedes la oportunidad de viajar a Ginebra, deben acercarse a la sede de la OMS, donde podrán contemplar un monumento a la memoria de Ryoichi Sasakawa, dirigente de un partido fascista japonés que creó un ejército privado para explotar Manchuria y Mongolia cuando en 1931 Japón invadió China, cometiendo numerosos crímenes de guerra, por los que fue condenado tras la guerra mundial.

¿Les extraña ahora que la OMS haya declarado una “pandemia mundial” a causa del coronavirus o lo siguen viendo normal?, ¿creen que esa decisión la ha tomado apoyada en criterios médicos y científicos o por algún asunto turbio relacionado con el dinero?, ¿les sorprende que en pleno desplome de las bolsas las acciones de las multinacionales farmacéuticas hayan subido o no?

La OMS rinde homenaje a la memoria de Ryoichi Sasakawa, un criminal de guerra japonés

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