Un gigantesco movimiento de protesta logra la reforma del sistema educativo de India

Un gigantesco movimiento de protesta popular ha logrado la reforma del sistema educativo de India y dimisión del ministro del ramo, Dharmendra Pradhan. La semana pasada, miles de jóvenes intentaron llegar hasta el parlamento. Llevaron pancartas, corearon consignas y pidieron la dimisión de Pradhan, por los repetidos fraudes en los exámenes.

Las protestas comenzaron tras un fradude masivo en los exámenes de acceso a Medicina, en el que participaron más de dos millones de aspirantes. La anulación de las pruebas provocó el suicidio de una veintena de estudiantes.

La policía respondió de la manera habitual: barricadas, golpes y gases lacrimógenos. Algunos manifestantes fueron detenidos, mientras que otros se reorganizaron en grupos más pequeños y se acercaron al parlamento. El movimiento había cruzado un umbral importante: lo que había comenzado como una sátira en las redes sociales, salió a las calles en un enfrentamiento político real.

En otras ocasiones hemos hablado del surgimiento del “partido de las cucarachas”, al que nadie hizo caso. El nombre surgió después de que un juez comparara a los manifestantes y jóvenes parados con los insectos. Los manifestantes lo adoptaron como símbolo de resistencia colectiva contra el paro y la corrupción académica.

El movimiento levantó un campamento de tiendas de campaña en Delhi y no ha parado de crecer y extenderse por las ciudades más importantes de India por la integridad de los exámenes de admisión y contratación, la compensación para las familias de los estudiantes que se han quitado la vida, la reforma de un sistema corrupto de exámenes y la dimisión del ministro.

Detrás de estas reivindicaciones hay una crisis social mucho más grande, porque una hoja de examen no es solo un pedazo de papel lleno de preguntas. Para millones de familias de clase trabajadora, representa años de salvación, sacrificio, aprendizaje y esperanza. Si se filtran los exámenes o se cancelan, las esperanzas de las familias proletarias se desploman.

La primera protesta generacional de India

Los medios de comunicación se refieren al movimiento como la primera “protesta generacional” de la India. Es cierto sólo en parte. Su lenguaje ha surgido de las redes sociales, y por lo tanto utiliza memes, sátira, parodias, vídeos cortos y humor. Su vocabulario político ha evolucionado en condiciones en las que las noticias de los medios están manipuladas y desfiguradas po su sumisión al gobierno. La disidencia está criminalizada y las redes sociales se han convertido tanto en una herramienta de vigilancia como en uno de los pocos espacios restantes donde la ira se difunde rápidamente.

Sin embargo, la referencia generacional es engañosa; incluye a los explotadores y a los explotados por igual. Las generaciones no se examinan, no buscan trabajo y no piden dinero prestado para pagar a la universidad. La pregunta no es cuándo nacieron estos jóvenes, sino qué tipo de orden capitalista han heredado.

Los jóvenes se rebelan porque el capitalismo no puede integrarlos en una vida económica digna. Se les dijo que estudiaran, que aprendieran, que alcanzaran títulos, que fueran competitivos y se convirtieran en “emprendedores”. Sus familias han recibido préstamos, vendido tierras y privado de tratamientos médicos para pagar la educación y el íulo académico.

Al final de esa carrera de obstáculos, muchos encuentran que el lugar de trabajo prometido no existe. Otros solo encuentran contratos temporales, tienen que trabajar gratis como becarios o en puestos con salarios muy por debajo de sus su calificación profesional.

Desempleo, subempleo y frustración

La encuesta sobre la fuerza de trabajo del gobierno del año pasado situó la tasa de paro entre los jóvenes de 15 a 29 años en el 9,9 por ciento; entre los jóvenes de las zonas urbanas, aumentó al 13,6 por ciento. Una cuarta parte de los indios de entre 15 y 29 años no están empleados ni en la formación o la educación superior.

Detrás de estas cifras hay un subempleo de gran alcance, el trabajo familiar no remunerado y la desesperación que obliga a las personas a aceptar cualquier actividad como un trabajo. Solo el 23,6 por ciento de los trabajadores indios están empleados con un salario regular. Más de la mitad están clasificados como “autónomos”, una categoría que va desde profesionales ricos hasta vendedores ambulantes y trabajadores no remunerados en granjas familiares.

Un informe de la Organización Internacional del Trabajo dibuja un panorama más claro. En 2022 la tasa de desempleo entre los jóvenes graduados universitarios era del 29 por ciento, nueve veces la tasa entre los jóvenes que no sabían leer ni escribir. Casi el 82 por ciento de la población activa trabajaba en negro, mientras que casi el 90 por ciento estaban empleados sin contratos de trabajo por escrito.

Los salarios reales de los trabajadores permanentes se estancaron o disminuyeron, y el trabajo para las plataformas digitales se había extendido como una parte del trabajo informal, en gran parte sin protección social. El período de espera promedio para encontrar un primer trabajo es de más de un año y muchos jóvenes calificados estaban haciendo un trabajo que no estaba relacionado con su titulación académica.

La educación ha ampliado las demandas y habilidades de los jóvenes trabajadores indios, pero la economía no ha ampliado el número de trabajos dignos a su disposición. Cuanto más estudian, más claramente ven la brecha entre lo que la sociedad capitalista promete y lo que realmente ofrece.

La desmonetización y el impuesto sobre bienes y servicios han perjudicado a las pequeñas empresas que tradicionalmente han acogido a un gran número de trabajadores. La contratación de servicios públicos se ha retrasado o reducido, las vacantes siguen sin cubrirse y los empleos fijos han sido reemplazados por trabajos precarios. El sector industrial no ha crecido en la medida necesaria para emplear a los millones de personas que entran en el mercado laboral cada año.

Mientras tanto, la educación pública se ha debilitado, y los negocios de adiestramiento (doctorados, masters) se han expandido, haciendo de la formación una mercancía extremadamente rentable. Cada estudiante debe pagar matrículas, viajar largas distancias, comprar material de estudio y, a veces, pasar años acumulando un título detrás de otro. Al estudiante no sólo le roban una parte de su juventud, sino que endeuda a su familia cada vez más.

La energía del movimiento de las “cucarachas” es importante, pero la espontaneidad y las redes sociales por sí solos no pueden ir más allá de lo que ya han logrado, que es mucho. Es especialmente importante vincular la reforma educativa con la lucha contra el paro y las reivindicaciones obreras.

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